Xtories

Borracha y caliente

La fiesta de la oficina termina, pero el viaje de regreso apenas comienza. Edgar no la lleva a casa; la lleva a un límite que nunca había cruzado. Con dos compañeros de trabajo como testigos cómplices, Margarita descubre que su insatisfacción conyugal tiene una solución mucho más caliente y peligrosa.

MagoTraviesaMX46K vistas8.4· 21 votos

Hace algunos años, yo aún estaba casada, hubo una fiesta de fin de año en la oficina, la verdad acabó siendo una buena peda, ya saben cómo son las fiestas de las oficinas de gobierno: mega peda y sexo “discreto”. Toda la noche nos estaban diciendo a mi y a otras compañeras, que qué tal chupábamos y yo decía que bastante, que desde joven había aprendido –obvio en doble sentido, pero yo me hice la que no entendía- los hombres sólo se reían y decían pues a ver si es cierto, y de vez en vez mientras tomábamos algo las mujeres de la bolita con la que estábamos, repetían “pues a ver qué tal chupan, van bien”. Con uno de ellos –Edgar- hacía tiempo que nos dábamos nuestros besos, pero nada más, en esta ocasión cuando bailábamos me daba sus buenos arrimones o me manoseaba lo que podía cuando tenía oportunidad. Me decía cosas como “me gustaría saber qué traes debajo de esa faldita, Margarita”, “no seas curioso, Edgar”. Ya con la noche avanzada y yo algo pasada de copas me dijo “entonces no me vas a ensañar lo hay debajo de la faldita? Nomás me vas a antojar?”, “ya párale o se me va a antojar a mi también”; jajaja le brillaron los ojitos.

De regreso, la amiga que me iba a regresar se puso muy mal y tuvieron que llevarla a su casa, así que pregunté quién podía llevarme y Edgar se ofreció, me dijo “yo te llevo, Margarita, sólo que vienen Gustavo y David conmigo”, le dije que no había problema obviamente. Mi sorpresa fue cuando Edgar le pidió a Gus que manejara, y me dijo que me fuera atrás con él. Poco después de haber salido, Edgar se puso cariñoso y como yo andaba bastante pasada de copas respondí a su manoseo, a sus besos, además en la casa tenía muy poco sexo y muy malo, así que andaba muy ganosa.

Me besaba y me agarraba las tetas bruscamente, no tardó en bajarme uno de los tirantes de la blusita para poder agarrarme bien las tetas y pellizcarme los pezones, que por cierto son mi punto débil; por eso me calenté muchísimo y porque andaba urgida de una buena sesión de sexo. Él jugueteaba con mi pezón y yo me calentaba cada vez más.

Edgar - Tienes unas tetas riquísimas, Mago.

Yo - Te gustan?

Edgar - Me encantan, siempre se me han antojado.

Yo - Chúpamelas, Edgar –se inclinó y me las chupó, me bajó el otro lado de la blusa y me comió las tetas- qué rico –no importó que no estuviéramos solos, en parte por la borrachera, en parte por lo caliente que estaba-.

Edgar - Qué rico pezones, Mago –me los chupó; yo le agarré el paquete e intenté abrirle el pantalón, él me ayudó, entonces metí la mano en su ropa interior y le agarré su herramienta, era una verga deliciosa, muy dura, empecé a jalársela-.

Yo - Déjame probarte, Edgar.

Edgar - Toda tuya, Margarita –entonces me incliné, se la jalé frente a mi cara, y empecé a mamársela todita- ay, cabrón, no pues sí chupa, Margarita, eh, todita se la come la cabrona –Gustavo y David se reían y decían cosas como “ay, no mames, sí ando ganosa Mago”, “ah, que Margarita, tan calladita y tan putita jajajaja”.

Yo - Mmmmmmmmm…sssssssccccchhhhhlllllpppppp….mmmmmmmmm.

David - No, mames, se la devora.

Yo - Mmmmmmmmm…sssssssccccchhhhhlllllpppppp….mmmmmmmmm –Edgar me jalaba el cabello hacia atrás para ver mejor cómo se la estaba mamando, después me levantó la falda para dejar mis nalgas al aire, se llevó una sorpresa-.

Edgar - Ah, cabrón, no traes calzones, Margarita.

David - No, mames, es cierto jajaja

Gus - Ay, hija de la chingada! Pues qué anduviste haciendo, Margarita?

Yo - Mmmmmmmmm…sssssssccccchhhhhlllllpppppp….mmmmmmmmm.

Edgar - Qué ricas nalgas, Mago –me las agarró bien rico y a veces deslizaba uno de sus dedos en mi conchita- así venías o estuviste de traviesa, Margarita?

Yo - Mmmmmmmmm…sssssssccccchhhhhlllllpppppp….mmmmmmmmm…así vine…mmmmmmmmm…se me atojó andar así…-no era cierto, me los había roto mi jefe cuando se las di en su oficina- mmmmmmmmm...-hacía meses que era su amante-.

Edgar - Eres una calienta güevos, Mago –me levanté y se la estuve jalando-.

Yo - Por?

Edgar - Porque estás bien buena y lo sabes…te gusta provocar, calentar…traes ropa pegada, escotes…cómo las mueves cuando caminas.

Yo - Se te antoja?

Edgar - No sólo a mi, Mago, un chingo quieren darte, cabrona.

Yo - Ah sí?

Edgar - Hoy te le antojaste a un chingo, con esa playerita y esa faldita, sin medias…paraste más de una reata, canija.

Yo - Mmmm qué rico.

Edgar - Jajajaja ya ves, cabrona, te gusta parar vergas. Me encantan tus tetas, Mago –me volvió a pellizcar los pezones y entonces volví a mamársela- te la comes de poca madre; mira nada más cómo la saboreas.

Yo - Mmmmmmmmm…sssssssccccchhhhhlllllpppppp….mmmmmmmmm.

Después de estar mamándosela un rato, me levanté y se la jalé.

Edgar - Móntame, Margarita, quiero metértela.

Yo - Aquí? Enfrente de ellos?

Edgar - A poco te da pena? Ya te vieron las nalgas, ya te vieron mamándomela; ya les dimos show, Mago.

Yo - Que no saquen su cel, eh.

Edgar - Tranquila, yo los vigilo. Ándale, súbete que bien que quieres –le hice caso, me acomodé poniéndole mis tetas en su cara y me fui sentando metiéndome su verga poniendo mi carita de “ay, no mames qué rica verga me estoy metiendo”- qué rico te entra, Mago –me agarraba las nalgas y me jalaba hacia él, yo lo cabalgaba moviéndome hacia atrás y hacia delante; Gus y David veían todo porque mi blusita y mi falda estaban enrolladas en mi cintura-.

Gus - Qué ricas nalgas tienes, Margarita, mira nada más; a ver si un día me toca.

David - Uy, aflójame, Mago, te caes de buena, cabrona. Pinche suertudo, Veneno –así le decían sus amigos-.

Yo - Te gusta? Me sientes?

Edgar - Te siento deliciosa, Margarita; tú la sientes, preciosa? –asentí-.

Yo - La siento hasta adentro, Edgar.

Edgar - Pones una carita de puta bien pinche rica cuando montas, Mago.

Yo - No manches, estoy bien caliente, Veneno. Ando urgida.

Edgar - No te dan rico en casa, Mago?

Yo - No, mi esposo es de weva…por eso tengo que buscar con quién.

Edgar - Cuando quieras te hacemos el favor, Margarita; verdad, weyes?

Gus - De una vez, Mago, para qué esperar; ya que andamos entonados –sentí otra mano en mis nalgas-.

David -Tú dices, Margara.

Yo - Me están dando ganas, pero es muy tarde…nunca lo he hecho con tres.

Gus - Sí, anda bien ganosa la vieja esta! Jajaja.

Edgar - Anímate, Mago, vamos a coger rico los cuatro, putita.

Yo - Es que me espera mi esposo.

Edgar - Que se chingue el pendejo; dile que se alargó la fiesta. Ándale, te vamos a dar mucha verga y mucha lechita, Mago. Ándale, andas bien ganosa y la vas a pasar bien chingón, Margarita.

David - Sí, anímate, Mago; de paso hay un motel chingón.

Edgar - Vamos, putita, para llegues bien atendida con el cornudo. Vamos? –asentí-

Yo - Vamos.

Continuará…