Xtories

Carmen, mi esposa II

Jaime no es un marido celoso, es un espectador privilegiado. Mientras Carmen entrega su cuerpo a otros, él esconde su mirada en la oscuridad, disfrutando del morbo de verla feliz y excitada con extraños. Pero esta vez, la línea entre el placer de Carmen y el de él se vuelve borrosa, y Jaime se pregunta si ella realmente sintió lo que él esperaba ver.

Bennasar17K vistas8.5· 13 votos

Lo que voy a contar me produce, a partes iguales, excitación y asco, y ambas a la vez o en momentos alternativos. Y no es para menos, hay algo de depravado en lo que hacemos pero también algo por encima de lo convencional y estando de acuerdo ¿porqué no vamos a hacerlo si nos gusta?

Carmen, mi mujer disfruta exhibiéndose, le da un plus de morbo que la vean desnuda, realmente tiene el cuerpo bonito y ocultarlo sería casi pecado, aunque curiosamente otros dicen que pecado es enseñarlo pero si existe el pecado ¿como va a serlo compartir? Dar, regalar. Ya he hablado de su afición a ayudar, de vez en cuando, a algún necesitado sexual, de los que tantos hay en esta sociedad nuestra con fama de represiva.

Han pasado unos cuantos meses desde el día del suceso con su amigo Fernando en el que le dejó meterle el glande. Al poco, terminé confesando que lo había visto, no lo vi todo porque llegué tarde, pero si una parte substancial y le confesé que en cierto sentido me resultó algo excitante. Carmen a su vez se lo terminó contando a Fernando, en absoluto era mi idea, y éste desde ese día me miraba de otra forma. Como con intriga y con cierta simpatía. Sabiendo esto, otro día le pidió a Carmen otra paja y ella me contó la conversación y lo que pasó:

—Y si le gusta a Jaime, no me importa que esté presente. —Carmen se rió.

—No importa que esté o no esté, pero sé que está muy ocupado y no podría. Si quieres y te hace falta te hago la paja pero esta vez sin que me metas nada, si quieres paja, tiene que ser a palo seco, extraña expresión para definir precisamente la ausencia de palo.

—Bueno, una paja me vendría muy bien, estoy muy salido y todavía no he conseguido encontrar alguien con quien ligar. —Carmen me contó que le observó en ese momento como le crecía un buen bulto. Me contó que le pasó una mano por el bulto dándole un pellizquito cariñoso.

—Vamos un rato a mi casa y te bajo ese bulto.

Se acercaron a casa y se metieron en la habitación. Según me contó, lo primero que hizo fue desabrochar su pantalón y quitárselo, luego le quitó los calzoncillos, viendo su pene morcillón, una vez con el pene a la vista se quitó ella misma la camiseta y el sujetador mirando de reojo el pene para ver como reaccionaba, luego se quitó el pantalón quedando en bragas.

—Me quito la ropa para que no me la manches, me dejo las bragas para que no tengas tentaciones. ¿Vale? —Por lo visto, Fernando le dijo que sí con la cabeza con los ojos pegados a las tetas, me contó: me dio tanto gusto ver el gusto con el que me miraba las tetas que casi caigo en quitarme las bragas pero no lo hice, le pedí que se tumbara en la cama, le subí la camisa para no mancharla; primero le acaricié el pecho y el vientre que tenía a la vista y fui acercando la mano al pene, el primer roce fue con el dorso de la mano al acariciar la barriga, di la vuelta a la mano y se lo agarré y me puse a hacerle la paja, alguna vez sabes que me gusta chupar un poco el glande y pasar la lengua por el frenillo.

—Me estás dando mucho gusto, lástima que hoy no quieras que te meta un momento el glande. —Decía “un momento” para indicar que sería poco tiempo y tentarme. Me dio un poco de pena.

—Méteme si quieres un dedo, uno solo y sin quitarme las bragas. —Estaba húmeda así que no le costó meter el dedo, le dejé que hurgase un poco mientras le hacía la paja, me metió el dedo corazón que es el mas largo y consiguió llegar al punto G, de manera que sin que yo lo buscase me consiguió arrancar un orgasmo que coincidió con el suyo, quedé un poco perpleja. Le esparcí el semen por la tripa. —Cuando me lo contaba no entendí porque le esparció el semen pero no pregunte, alguna vez me lo ha hecho a mi.

—Anda, ve a lavarte… y búscate una novia que no siempre voy a estar para hacerte pajas.

—¿Se la contarás a Jaime?

—Sí, se lo cuento todo a Jaime.

—Me parece bien. —Y se metió en el baño a lavarse. Yo me limpié la mano con un pañuelo de papel (Yo, Jaime, no lo llamo así pero por no poner marcas) y cuando se fue me lave las manos— Por cierto ¿sabes que nunca le he dejado que me bese en la boca? Te pido disculpas por haber tenido un orgasmo.

—No te preocupes, eso no se puede evitar.

Sé por Carmen que después de esto no hubo más pajas a Fernando y en unos meses se echó una novia llamada Inés.

En esos meses no pasó gran cosa en cuanto a este tema de Carmen, hasta que le hizo una paja, luego la paja fue ampliada, a un tal Tony, un compañero del trabajo. Tony es una de las mejores personas que he conocido. Como siempre me contó todo.

Me contó que tomaron un café en el bar de enfrente de su oficina.

—¿Sigues sin novia?

—Sí, sigo, ja ja, soy muy feo, no gusto a las chicas, y eso que tengo un pene muy gordo, ja ja, —eso me lo dijo en voz más baja— pero para que lleguen a verlo les tiene que gustar mi cara.

—Alguna vez habrás ligado, eres una persona estupenda, de lo mejor que he conocido y no eres tan feo.

—Gracias, pero de verdad no he ligado, bueno, de niño, pero no hicimos nada.

—¿Nunca te ha tocado una chica?

—Aparte de un beso, en la mejilla, de saludo o despedida o de un apretón de manos no, nunca. Pero no te preocupes, estoy acostumbrado, ja ja, pareces más preocupada tú que yo.

—También ha sido un poco culpa tuya, has pasado demasiado tiempo esperando a esa amiga tuya.

—Y sigo. Bah, prefiero no hablar de ella, además nunca hablo de ella, a ti una vez pero no lo cuentes, por favor.

—Vale, no te vuelvo a hablar, perdona ¿de qué?

—Ja ja

—No te ofendas, te voy a proponer algo, si te parece mal no he dicho nada.

—Cuenta.

—Vente un día a casa y te hago una paja, así por lo menos sabrás que es que te toquen y si te preguntan podrás decir que te han tocado.

—Me gustaría mucho, te puedes figurar, pero no me gustaría hacer eso a Jaime, tu marido. —Le expliqué que a ti no te importaba.

—De hecho, estoy muy ocupado, tengo un examen difícil. Me da miedo que te aficiones pero si tiene la polla muy gorda y por lo visto las pollas gordas tienen fama de gustaros, sea verdad o no y quieres sentirla dentro, hazlo. Al menos sabemos que está limpio de enfermedades sexuales, sé que no te gustan los condones, asegúrate que se tome en serio no correrse dentro.

—¿De verdad? ¿no te importa? Nunca he desvirgado a un tío y me hace más ilusión eso que la polla gorda… y podrías mirar, como con Fernando, me gustaría mucho que mirases.

—Queda con él el domingo, estaré estudiando en el estudio sin hacer ruido, y si puedo es posible que mire. —Me estaba convirtiendo en un voyeur,

El domingo llegó, yo estudiaba encerrado. Oí el timbre, no terminaba de concentrarme pendiente de lo que harían y cuando estuve seguro de que estaban en el dormitorio abrí con cuidado. Oí a Carmen.

—Tengo permiso de Jaime para hacer todo, menos que te corras dentro, ¿Vale?

—Claro, ¿que hago?

—Desnúdate, ¿Quieres que lo haga yo? Ven. —Yo ya estaba mirando, y se puso a desnudarle, primero la parte de arriba, dejó al descubierto un tórax poderoso, era muy fuerte, eso ya se intuía. Al quitarle los calzoncillos se tapó con las manos. Era un niño con cuerpo de muy hombre, si atendemos al tamaño

—Déjame ver eso tan grande que tienes. —le cogía las manos para apartarlas riendo— Espera, me desnudo yo. —Se desnudó dejándose la ropa interior— Lo que queda me lo tienes que quitar tú si quieres, y vas a necesitar las manos, jaja. Tony se acercó para pasar las manos detrás de ella y desabrochar el sujetador, al acercarse Carmen no pudo ver el pene pero yo sí y lo tenía enorme. Desabrochó y con un borde en cada mano y con mucho cuidado le pasó los tirantes por los brazos y se quedó admirándole las tetas mientras terminaba de sacarlo, luego siguió mirando.

—¿Puedo tocarlas?

—Y besarlas, gracias por pedir permiso, Tony, eres un encanto. —Y miró por primera vez abajo observando el pedazo de polla— No sé como las otras chicas no caen rendidas a tus pies. Túmbate, primero te voy a hacer una paja para que te desfogues, si no, te vas a correr enseguida. —Tony dejó las tetas de momento y se tumbó obediente. Carmen se sentó a su lado pero del lado en que él no mirase la puerta por si yo estuviese escondido, le cogió la polla con una mano, supongo que pensó que era mucha polla para una mano y sonriendo le puso la otra mano, y empezó a subir y bajar las manos, al rato acercó la boca y le lamió el glande y se lo metió en la boca. Tony alternaba entre no perderse lo que estaba pasando y cerrar los ojos para disfrutarlo y en algún momento se puso a jugar con un pezón de ella. Tardó poco en correrse. Carmen se quedó mirando absorta como salía el semen y cuando dejó de brotar lo esparció por la barriga, un poco como si fuese una niña jugando a las muñecas, empezaba a secarse y cogió un pañuelo y se lo limpió.

—¿Quieres descansar un poco para recuperarte?

—Tengo más ganas de abrazarte y acariciarte las tetas. —Carmen le miró y se tumbó a su lado, le abrazó mientras él metía la mano y le cogía la teta derecha y se la acariciaba con veneración, a la vez con el otro brazo la apretaba contra él. Debía sentir la otra, la teta izquierda, en su pecho. Acariciando la espalda fue recorriéndola centímetro a centímetro hasta que se encontró el reborde de la braga y paró como si le hubiese dado un calambre. Carmen se quitó las bragas y le apretó la pelvis contra ella. Yo no veía el pene pero estaba seguro que estaba totalmente repuesto. El acarició sus nalgas, las piernas, la espalda, yo, desde mi observatorio le acompañaba sintiéndola con mis dedos; la mano de la teta bajó a acariciar el abdomen y tras acariciar toda la extensión de su piel, llegó a la vulva y se la debía estar recorriendo porque Carmen empezó a gemir. Esto no era una paja, estaban haciendo el amor con mayúsculas. Carmen echó la cabeza para atrás y le miró, sentí que quería besarlo, entonces cayó en que yo estaría quizás mirando y me buscó, era algo nuevo lo de besarse, yo le hice una seña de que le besase y ella se fue a por su boca y se besaron como si se acabase el mundo, mientras la mano de él exploraba la vulva y debía haber encontrado el clítoris porque los gemidos de Carmen se oían por toda la casa hasta que la que se corrió fue ella con grandes alaridos y contracciones de cadera. Cuando terminaron las convulsiones Carmen le pidió que la penetrara.

—Méteme poco a poco tu pene, pero muy despacio que es demasiado gordo, y córrete, pero fuera, no tomo nada, no me dejes embarazada. —Se subió encima de él y ella misma, dudando que supiera hacerlo, se colocó el pene en la entrada de la vagina— Ven cómeme la boca mientras empujas suavemente. —Ahhhhh. Más poco a poco. Uaauuu. ¿Te gusta? A mi me gusta mucho. —Su voz tenía algo de desfallecimiento y de ansia— Cuando llegues al fondo quédate un rato quieto y luego empieza a sacarlo y meterlo. —Al cabo de un rato vi que paraba, o sea estaba totalmente dentro, aún así empujaban ambos hasta que al rato comenzó a salir y entrar, ambos dejaron de besarse para chillar. Estuvieron varios minutos así hasta que aceleraron y Carmen empezó nuevamente a convulsionar, y Tony bruscamente la sacó del todo. Todo el semen fue a parar al blanco abdomen de ella. El mio me lo guarde en el puño que rodeaba mi glande. No pude aguantarme. Muy despacio me retiré en silencio a mi estudio, estoy seguro que se hicieron arrumacos, habían disfrutado ambos mucho.

Más tarde, cuando percibí que se despedían abrí con cuidado la puerta para escuchar.

—Me ha gustado mucho, quizás demasiado, a partir de ahora creo que es mejor que te busques la vida, ya puedes ligar con cualquiera sabiendo que se lo vas a hacer pasar bien. Chico, ¡fuera complejos! eres estupendo. —Oí un pico largo o un muerdo.

Esa noche, a pesar de la paja que me había hecho y de que Carmen ya había disfrutado hicimos el amor como salvajes.

Tony ligó en un par de meses, le va muy bien y nos alegra. Él no sabe que les vi, alguna vez ha venido por casa con su novia y se nota que siente devoción por Carmen pero no la mira con deseo sino más como a una madre. También vino Fernando con la suya pero con otras intenciones.

Habló con Carmen y le pidió hacer un intercambio, dijo que había convencido a Inés y que me admiraba y deseaba que yo me acostase con su novia. No sé que pajas mentales se habría hecho. Carmen me lo comentó.

—A mi, —me dijo— me da un poco lo mismo, a Fernando le veo más como de hacerle un favor como le he hecho hasta ahora, pero que en sí no me vuelve loca pero en cambio sí me gustaría mucho que tú lo hagas con Inés, ya es hora que lo hagas tú, lo he pensado muchas veces. Ya sé que tú no buscas compensación por dejarme llevar la vida tan guarrilla que he llevado. Además, sería otra vez hacerle un favor, no sabes como habla de ti y de la ilusión que le haría que te follaras a Inés. ¿Qué me dices?

—¿Y qué lo haríamos?, ¿unos delante de los otros?

—Creo que sí.

—Bueno diles que vengan un día, ahora estoy más desahogado con los estudios. —La verdad es que Inés es una chica mona, no es despampanante pero me agrada, es pequeña y con una cara muy dulce, ¿Porqué no?

Vinieron a comer un domingo, comimos, bebimos un poco para desinhibirnos, o por costumbre y como estaba ya hablado nos subimos al dormitorio y nos tumbamos en parejas cambiadas. Esta vez, pensé que Carmen no se escapaba de que se la metiese del todo, no correrse dentro seguía siendo condición. A mi me apetecía casi más mirar a los otros pero también me apetecía hacer el amor con Inés que me dijo en voz baja.

—Me da un poco de vergüenza, ¿me ayudarás? ¡Fernando me ha hablado tan bien de ti!

—Claro, ¿como te ayudo? De momento me inspira darte besitos. —La cogí por la barbilla mirando sus labios y fue ella la que se acercó y plantó sus labios en los míos. A partir de ahí fue coser y cantar. No me extenderé mucho. Me gustó besarla, me gustó acariciarla y me gustó follarla, lo tenía todo pequeño, espalda pequeña, omóplatos casi de juguete, tetas pequeñas coño pequeño, vagina estrecha, lo único que tenía más grande era su culito carnosillo que mordí a gusto, me pareció que se extrañaba cuando me deleité lamiéndole el ano, pero no se quejó, al contrario. Meter el pene en una vagina es gustoso, cuando es la primera vez en esa vagina, más, si encima es estrechita, el sumun. En algún momento pude mirar a los vecinos. Carmen le estaba trabajando su pene, Fernando tenía, lógico, una erección. Su erección tenía otra categoría. La verdad es que no he visto muchos penes en erección, al no ser homosexual, ves pocos; en estado flácido si ves, en vestuarios, en playas nudistas, cambiándote con amigos… Pero tengo la mía y las pocas que he visto por casualidad, o las pocas veces que he espiado a Carmen. Pues, hablando de categorías, hay pollas flácidas, pollas en semierección, pollas en erección y pollas en tal estado que si el mundo se desmoronase en ese momento, al sujeto dueño de la tal, le importaría poco. Fernando la tenía así, no solo era el estado de una polla a punto de soltar la leche, eso también, sino el de alguien que está en situación y momento casi único con la excitación a tope que no se da siempre. Quizás no se entienda lo que estoy diciendo, quiero decir que intuí que esa polla estaba disfrutando como pocas veces y, creo que aún no había entrado en Carmen, me tuve que desentender para dedicarme a Inés.

Con la polla dentro les vi solo de refilón, creo que estaban así porque con el encima no puedes estar seguro. Aparentemente todos nos corrimos, yo tuve la suerte de correrme dentro, Inés me lo permitió, mientras descargaba me pareció ver que Fernando miraba y le propició correrse a él que tuvo que salir y se corrió en el muslo de Carmen, creo que todos miramos esa descarga. Se me pasó por la cabeza una tontería: Inés tan dulce me dejaba correrme dentro y Carmen, digamos más guarrilla, no dejaba ni a mí. Yo había escuchado un orgasmos de Carmen pero luego, en la intimidad me dijo que lo había fingido, que se lo había pasado bien pero de lo que más había disfrutado era de vernos a Inés y a mí, que era bonito vernos desnudos y juntos, y como estaba un poco distraída la cosa no dio para correrse.

Cuando se fueron nos contamos y al contarnos nos excitamos y ahí si tuvo su orgasmo, o fingió pero espero que no.