Xtories

El precio del alquiler (4)

Elena camina por el Retiro sintiendo la vibración que Juan controla a distancia, sabiendo que cada mirada es un desafío. Pero cuando Sofía, la fotógrafa, les ofrece las llaves de un club secreto, la frontera entre su juego privado y la exhibición pública se desdibuja. ¿Están listos para cruzar el umbral?

Extremeno1012K vistas9.0· 16 votos

Nos levantamos de la cama y nos dimos una ducha los dos juntos después de aquel polvo y aquella confesión. Eran casi las 5 de la tarde, no me había dado tiempo a comer tras llegar de trabajar, solo a follar, lo mismo que Elena, por lo que nos fuimos a la cocina y nos preparamos algo ligero para llenar el estómago.

Así, serían las 6 cuando nos levantamos de la mesa del comedor y fuimos a la habitación para cambiarnos, era viernes y nosotros nunca perdonábamos no salir con aquella temperatura que hacía en Madrid.

- Elena…

- Dime Juan

- Estaba pensando que podías ponerte algo ligero para salir hoy, ¿no?

- ¿Algo ligero?, ¿un vestido quieres decir?

- Pues sí jaja, además estaba pensando en uno en especial

- ¿En cuál?

- En ese que es color verde pistacho

- ¿Y por qué en ese?, no es el más sexy que tengo, creía que me ibas a pedir algo más atrevido

- ¿Te gustaría llevar algo más atrevido?

- No me importaría la verdad, después del polvo que hemos echado y de las fantasías que nos hemos confesado estoy muy caliente Juan, no quiero mentirte así que si me quieres pedir que me ponga algo más atrevido creo que aceptaré, aunque tampoco te pases.

- Está bien, ponte la minifalda vaquera y el top blanco ese semitransparente que solo te pusiste aquella vez

- Juan...pensaba que te había dicho que no te pasaras

- Pues no he terminado, quiero que también te pongas un tanga y el vibrador que compramos el miércoles. Te voy a tener toda la tarde y noche caliente, eso te lo garantizo

Elena había puesto una cara entre sorpresa, rechazo y morbo porque sabía que, si se vestía de aquella manera, iba a ser el centro de todas las miradas desde el momento que saliera de casa, aunque su respuesta a mi petición me sorprendió.

- Está bien Juan, pero no quiero ni un reproche luego eh, sé que me van a mirar todos los tíos esta noche así que espérame ahí en el salón y luego te cambias tú.

Con una sonrisa pícara en la cara se fue a la habitación y yo me quedé como un pasmarote sentado en el sofá del salón. Sabía que se iba a vestir de forma espectacular, con un físico también trabajado como el suyo era lo normal, pero aun así estaba deseando ver cómo le quedaban la falda y el top a Elena.

De hecho, tardé en averiguarlo unos cuarenta y cinco minutos y la espera mereció la pena ya que, cuando Elena entró en el salón, me quedé con la boca abierta. Y me quedé así porque describirla como espectacular se quedaría corto, llevaba puesto el topo blanco de tirantes finos y semitransparente que le hacía un escote brutal y dejaba su estómago al aire, así como la mini falda vaquera que le quedaba como un guante con aquel culo tan redondo. El toque final se lo daban unos tacones negros de unos 5 o 6 cm que le realzaban sus largas piernas.

- ¿Qué guapo, te gusta cómo voy?

- Joder Elena, te has superado, estás para comerte entera por completo

- Jajaja, lo sé, además me he puesto el vibrador así que espero que te portes bien conmigo

- Jeje, ya veremos, de momento lo voy a encender mientras me voy a vestir

Y eso hice, saqué el móvil y me fui directo a la aplicación para poner la vibración en el segundo nivel. Nivel que le provocó una risa a Elena mientras se llevaba las manos a la cara para luego mirarme como diciendo “hoy me vas a matar”.

Disfrutaba de aquella situación, no me podía quitar de la cabeza todo lo que quería hacer con Elena, pero no contaba con todo lo que nos sucedería a partir de aquel día, aunque eso no lo sabía cuándo me fui a cambiar para ponerme unos vaqueros, unos zapatos y una camisa azul marino de Ralph Lauren para salir aquella tarde – noche con Elena.

- ¡Qué guapo está mi niño!, creo que no voy a ser la única a la que van a mirar hoy

- No lo creo Elenita, tú estás insuperable, ya verás hacia donde van todas las miradas

- Jaja, ya lo veremos

- Por cierto, ¿qué tal vas con el vibrador?, ¿ya está haciendo su efecto?

- Joder, sí, apágalo por favor, luego seguimos jugando

- Está bien, está bien, pero esto solo ha sido el aperitivo eh, luego voy a ser malo contigo y vas a tener que aguantarlo

Elena no dijo nada más, le salió una sonrisilla de la boca y se fue a por una chaqueta marrón de cuero, unas gafas de sol y un bolso para completar su outfit. Outfit que provocó el efecto esperado porque nada más salir de casa, nos cruzamos con dos hombres de mediana edad que se quedaron mirando y devorando con la mirada a Elena, a lo que ella me comentó:

- Pues sí que parece que va a tener éxito mi indumentaria, sí, jajaja

- En el fondo estás hecha toda una exhibicionista, tienes que admitirlo

- Jajaja me gusta sentirme sexy, pero para nada soy una exhibicionista

- Ya lo veremos, ya

Así, una vez más, nos dirigimos al metro, pero si el otro día nuestro destino era La Latina, hoy el destino iba a ser el parque del Retiro, más concretamente un bar que hay justo al lado del lago y que cualquier madrileño podrá corroborar que es un sitio ideal.

Durante todo el tiempo que duró el trayecto en metro el número de hombres que posaron su mirada en Elena y su indumentaria fueron incontables, todos la miraban como un lobo mira a su presa segundos antes de devorarla. Era simple, Elena era una chica muy guapa que se cuidaba y yo tenía una suerte tremenda de tenerla a mi lado y disfrutar de su compañía y de los ratos de sexo.

Serían las 8 de la tarde cuando llegamos a la terraza del bar, había bastante gente y una vez más, la mayoría de los que estaban allí sentados se quedaron mirando a Elena debido a su vestuario y a que no llevaba puesta la chaqueta que había cogido para no pasar frío más tarde.

Nos sentamos en una mesa y comenzamos a hablar de todo un poco, cosa que a mí me encantaba porque aquellos planes de terraza con Elena los disfrutaba un montón, aunque más disfrutaba cuando nos escapábamos los dos de vez en cuando a hacer una ruta en bici o las veces que nos íbamos de fin de semana, que no eran muchas porque nuestra situación económica no era la mejor para realizar aquel tipo de planes, pero siempre que podíamos nos escapábamos.

- Qué bien se está aquí Juan, es una maravilla el tiempo que hace ahora mismo en Madrid, estoy en la gloria

- La verdad es que no se puede pedir más, bueno sí, podríamos ganar más dinero y hacer más cosas

- No te preocupes Juan, yo soy muy feliz con la vida que llevo

- Y yo Elena, pero de vez en cuando hay que salir de la rutina así que mira lo que tengo aquí

Me refería a dos billetes de avión que había sacado hace ya un tiempo con destino a Fuerteventura, aunque el plan también incluía ir a Lanzarote, y que acababa de ponerle sobre la mesa a Elena.

- ¿Y esto Juan?

- Esto son dos billetes de avión para irnos del 1 al 10 de agosto de vacaciones a Canarias

- No sé qué decir Juan, ¿podemos permitírnoslo?

- No te preocupes por el dinero, lo tengo todo pensado, tú sólo preocúpate de seguir yendo al gym y seguir moldeando ese cuerpo para que yo luego te pueda pedir que te compres unos bikinis que me tengan todo el día con una erección

- Jajajaja, ¡mira que eres bruto!, todo el día pensando en lo mismo, no tienes remedio

- Mmmmm, no sé yo a quién le gusta más el sexo, si a ti o a mí

- Jajaja, cierto, creo que estamos empatados

- Pues entonces está todo dicho, de hecho, es hora de que empecemos a jugar tú y yo, ¿no crees?

- Juan…

No le di tiempo a decir nada, desbloqueé el móvil, me metí en la aplicación y le di directamente al nivel 3 de vibración de los 6 que tenía. Acción que hizo tensarse directamente a Elena y llevarse otra vez las manos a la cara debido a la sensación tan placentera que recorría su cuerpo en ese momento.

- Juan, eres un auténtico cabrón, me vas a matar con el cacharro este

- Jaja, eso no es nada Elena, de hecho, vamos a ver cómo te las arreglas con más nivel de vibración

- Ni se te ocurra Juan, te mato, te lo juro

Yo no hice caso a aquella amenaza y le di directamente al nivel 5 para ver cómo reaccionaba Elena a semejante nivel de vibración. Y su reacción fue la de ahogar un gemido que casi llegar a salir de su boca, además, se tensó por completo y cruzó fuerte sus dos piernas mientras que sus manos volvían a tapar su cara.

Para mí la situación era muy divertida y excitante, Elena no podía articular palabra ya que únicamente podía concentrarse en no gemir y pegar un grito debido a la vibración que atravesaba su vagina mientras que a mí me salía una sonrisilla de triunfo. La tuve así un minuto más o menos hasta que paré la vibración y cerré la aplicación, aunque para entonces, la cara de Elena era todo un poema.

- Juan, cómo me vuelvas a hacer eso, te mato, lo juro por lo que más quieras. Me has destrozado joder, ¿no te doy pena o qué?

- - ¿Pena?, en absoluto, de hecho, como me vuelvas a amenazar voy a poner el máximo de vibración y te voy a hacer pegar un grito para que le demuestres a todo el bar lo zorra que puedes llegar a ser

- Encima me llamas zorra, tu vergüenza y falta de educación no tienen límites, ¿verdad?

- Pues no, pero yo sé que te gusta y por eso lo hago

No me equivocaba, Elena y yo nos queríamos con locura y aquel lenguaje que utilizaba con ella era parte de nuestra vida sexual porque a ella, aunque dijera lo contrario, le gustaba aquel lenguaje y le gustaba que jugara con ella todos los días, incluyendo la utilización de aquel vibrador. Se podía decir que le gustaba que la dominaran y que le dieran caña, Elena era una mujer muy sexual y aquello le encantaba.

En términos generales creo que seguíamos descubriendo lo que nos gustaba a ambos de nuestra parte sexual, parte que íbamos a mejorar gracias a Sofía. Una Sofía a la que distinguí haciendo fotos al otro lado del estanque mientras estábamos sentados en aquella terraza.

- Elena, ¿aquella de allí no es Sofía?

- ¿Quién, aquella de camisa verde con puntos negros?

- Exacto

- Joder, sí, es ella, parece que está haciendo fotos del parque, voy a saludarla

Y eso hizo, se levantó y fue enseñando ese pedazo de cuerpo que poseía a todo el parque, era una delicia verla andar con aquellos tacones de espalda ya que el top que llevaba dejaba prácticamente al aire toda su espalda.

Así, llegó hasta donde estaba Sofía y se dieron un abrazo intenso para luego empezar a hablar y señalar Elena hacia donde estábamos sentados. Acto seguido, las dos se dirigieron hacia el bar haciendo gala Elena de nuevo de esa pavonería que se tiene cuando se posee un físico como el suyo.

- Hola Juan, ¿cómo estás?, menuda coincidencia volver a encontrarnos en apenas tres días

- La verdad es que sí Sofía, ¿qué estabas haciendo?, ¿algún reportaje en particular?

- Qué va, los viernes por la tarde siempre me gusta salir por Madrid a hacer fotos y hoy he acabado por aquí, aunque he tenido suerte porque espero que Elena me deje hacerle alguna foto viendo el outfit que lleva.

- Ya os vale a los dos eh, siempre estáis igual con mi ropa y con mi cuerpo, soy también persona degenerados

- Jajaja a ojos de la cámara eres más modelo que persona guapa así que repito, ¿me vas a dejar hacerte alguna foto?

- Solo por lo pesada que eres, te voy a dejar hacerme alguna foto aquí en el parque, pero nada más eh

- Pues entonces vamos, que se está poniendo el sol y esta es la mejor hora. ¿Tú qué opinas Juan?, ¿me dejas que le haga alguna foto a Elena?

- Por supuesto

- Jajaja esa es la respuesta que esperaba

Y eso hicimos, pagué la cuenta de las consumiciones en el bar y nos fuimos a buscar un sitio para hacerle las fotos a Elena que tanto quería Sofía. Sitio que Sofía ya tenía pensado porque nos llevó directamente junto al palacio de cristal al lado del estanque.

- Bueno, podemos empezar, ¿estás preparada Elena?

- Sí, lo estoy, ya puedes sacar buenas fotos eh, que con lo pesada que te has puesto más te vale que merezca la pena

Vaya que si mereció la pena, durante la siguiente media hora Sofía no dejó de disparar su cámara haciéndole fotos a Elena. Hizo que se pusiera en todas las posiciones posibles, de pie junto a la valla del estanque, sentada en las escaleras del palacio, asomando su cabeza por detrás de unos arbustos, de pie junto a mi…en resumen, tenía un buen repertorio y lo más importante, Elena en todo momento se había mostrado relajada y a gusto en la sesión.

- Bueno, ¿qué te ha parecido Elena?, ¿no era para tanto, verdad?

- Calla, que menuda vergüenza he pasado con toda la gente mirándome todo el rato

- Pero eso no ha sido por la sesión guapa, eso ha sido por esa ropa que me llevas, que deja poco a la imaginación. De hecho, quería proponeros algo más.

- Lo sabía Sofía, sabía que no ibas a contentarte con una sesión como la que acabamos de hacer. No voy a desnudarme ni a hacer nada raro, te lo advierto.

- Jajaja siempre a la defensiva Elenita, quería proponeros que cenáramos en mi casa y así aprovecho para haceros unas fotos mejores que las de ahora, ¿qué os parece?, ¿estás de acuerdo Juan?

- Sofía, yo haré lo que diga Elena, no quiero crear más polémica

- ¿Lo ves Sofía?, este siempre está pensando en lo mismo, te dice que va a hacer lo que yo diga, pero realmente está deseando que vayamos para allá y me hagas fotos desnuda, si le conoceré yo…

- Jajaja pues entonces Elena, creo que somos dos contra uno y te ganamos así que no puedes negarte

Estaba claro que Sofía tenía unas garras terribles de hacerle aquellas fotos a Elena y a mí me la idea de que Elena se desnudara para hacer aquella sesión, también me ponía mucho. Lo que no tenía tan claro era a lo que estaba dispuesta Elena, pero pronto lo descubriría porque acompañamos a Elena hasta su casa, la cual era su casa, pero también su estudio de fotografía.

Su casa / estudio estaba situada en el cercano barrio de Lavapiés hasta el que fuimos andando, se trataba a primera vista de un local comercial con dos puertas, pero aquel local escondía mucho más. De hecho, entramos por la puerta de la izquierda y accedimos a un pasillo estrecho de apenas un par de metros de largo que daba a una puerta por la que accedimos a la casa de Elena, si se le podía llamar casa porque aquello era un espacio diáfano bastante grande con una pequeña cocina y un fregadero en la pared de la izquierda junto con una mesa pegada a la esquina de la izquierda con cuatro sillas. Sin embargo, en la pared de la derecha solo había una cama de matrimonio, un armario marrón alto y antiguo y un perchero portátil en el recoveco de la derecha donde también había una puerta que imagino que daba directamente al estudio de fotografía.

La estancia la completaba una cristalera en la pared del fondo que daba a un patio interior que debía tener poca luz, claramente era un local comercial que había transformado en su casa, pero dejaba mucho que desear para ser habitable, aun así yo quise ser educado con Sofía.

- Sofía, me gusta mucho tu casa, has aprovechado muy bien el espacio

- Gracias Juan, eres un sol, lástima que Elena no opine lo mismo

- Pues sinceramente no, Sofía, me parece muy agobiante el hecho de que no puedas mirar directamente a la calle y de que haya una sola estancia

- Jajaja, ¿lo ves Juan?, tu novia siempre pone alguna pega, pero no entiende que estamos en Madrid y que si quieres tener una casa en esta zona tienes que ajustarte a lo que haya y yo lo he hecho gracias a una herencia y a mucho esfuerzo, pero al menos este local es mío así que yo estoy muy contenta

- Pues me parece genial Sofía, yo opino igual

- ¡En fin...! ¡hay que ver cómo sois los dos!, siempre os compincháis para poneros en mi contra…

- Bueno Elena, vamos a dejar la polémica, que ya es hora de cenar y tenéis que probar mis platos vegetarianos.

Y eso hicimos, nos pusimos a cenar y a probar los distintos platos que tenía preparados en la nevera Sofía, ya que nos había comentado que ella siempre dejaba comida preparada en la nevera para no tener que cocinar de forma continua.

Me sorprendieron gratamente los 4 platos que sacó, nunca había sido de seguir una dieta parecida a la de un vegetariano, pero aquello estaba muy bueno. Además, había sacado una botella de vino y ya empezaban a notarse sus efectos porque la conversación pronto giró hacia temas más íntimos.

- Bueno Sofía, ¿entonces ahora tienes pareja o sigues siendo un alma libre como siempre?

- Jajaja, ay Elenita, yo creo que no estoy hecha para tener pareja, pero sí para tener mucho sexo y disfrutar como una perra

- Jajaja, mira que eres bruta Sofía…

- ¿Bruta?, ¿vosotros no folláis?,¿no os gusta el sexo?

- Claro que follamos guapa, y mucho, además, en ese aspecto no tengo queja con Juan

- Vaya vaya Juan, ¿entonces eres un empotrador?, ¿se la metes muy a menudo a este pibón que tienes por novia?

- Jajaja, tal y como te acaba de decir ella, no tiene queja y sí, se la meto a menudo, aunque menos de lo que me gustaría

- Oyee Juanito, nuestra vida sexual es buena, no se te ocurra decir lo contrario

- No he dicho lo contrario Elena, solo he dicho que me gustaría follar más

- Y a mí también me gustaría, pero ya sabemos lo que pasa

- Jajaja anda parejita, yo os veo muy bien, aunque lo de ser monógama no va conmigo y creo que a vosotros os pasa lo mismo

- ¿Cómo dices?

- Pues eso Elena, que creo que los dos tenéis más ganas de sexo de lo que os podéis dar los dos solos, ¿nunca habéis pensado en hacer intercambios, tríos y cosas por el estilo?

En ese momento, tras aquella pregunta, Elena y yo nos miramos y no pudimos evitar esbozar una sonrisa pícara de la que Sofía fue muy consciente.

- Vaya parejita…aquí hay algo que no me estáis contando y quiero saberlo

- No sé qué quieres decir Sofía

- Venga ya Elena, ya tenemos una edad y no soy tonta

- Pues verás...

Y tras aquel verás Elena procedió a contarle a Sofía tanto lo del vibrador como lo de los vídeos porno que veíamos Elena y yo cuando íbamos a follar.

- Vaya…la verdad es que me sorprende viniendo de vosotros, pero os digo una cosa, creo que deberíais explorar el mundo liberal y dejaros llevar un poco más

Entonces fui yo el que habló para dirigirme a Sofía:

- No sé si estamos preparados para algo así Sofía, los dos disfrutamos de esas fantasías y de esos juegos, pero una cosa es pensarlo y otra muy distinta llevarlo a cabo

- Pues yo creo que estáis preparados y que os iba a gustar la verdad

- Mmm no lo sé Sofía, ¿tú qué opinas Elena?

- ¿Yo?, opino que es una conversación que deberíamos dejar si no queremos decir cosas de las que luego podríamos arrepentirnos

La cara de Elena lo decía todo, aquella conversación le había molestado a pesar de que había sido ella la que le había contado a Sofía nuestro juego y nuestras fantasías.

- Está bien Elena, discúlpame, ya sabes que yo soy muy directa para esas cosas, pero sí que te voy a hacer una recomendación, conozco aquí cerca un club de intercambios donde podéis llevar a cabo distintos tipos de juegos y muchas fantasías y creo que deberíais daros una vuelta por él para ver el ambiente

Tanto a Elena como a mí nos dejó un poco descolocado aquel comentario, pero a Sofía no le importó, se levantó y fue a buscar su bolso para intentar encontrar algo en él. Y vaya que si lo encontró, sacó dos tarjetas de un club llamado “El círculo rojo” y nos las dio a cada uno de nosotros.

- Tomad, cuando estéis preparados creo que deberíais visitarlo y no admito que me devolváis las tarjetas por favor

Y no lo hicimos, de hecho, no dijimos nada y nos las guardamos, Elena en su bolso y yo en el bolsillo

- Así me gusta, que seáis agradecidos jajaja

- Eres de lo que no hay Sofía

- Anda Elenita, no me la has tirado ni te has puesto hecha una furia, lo cual quiere decir que te ha gustado

- Yo…

- Tú nada, vamos a dejar ese tema y vamos a lo importante, ¿cómo queréis la sesión de fotos?

- ¿Disculpa?

- ¿No habíamos venido a eso?, pues vamos a hacerlo, ¿no?

- No sé Sofía, no estoy muy segura de esto

- Confía en mí y déjate llevar un poco

- Está bien, pero quiero que sean unas fotos normales

- ¡Que sí pesada!!, vamos anda…

Elena accedió a hacer la sesión, aunque fuera a regañadientes así que nos levantamos y fuimos hacia la puerta por donde se accedía al estudio y donde cambiarían algunas cosas aquel día…

Continuará…

Continúa en