Y los sueños, sueños son. - Cap. 6
Nunca imaginó que la chica de la que estaba enamorado escondiera bajo esa blusa entallada la precisión de un arma letal. Cuando la violencia estalla en un callejón oscuro, la fachada de inocencia se rompe y revela una disciplina que lo deja sin aliento. Ahora, la verdadera batalla no es contra los agresores, sino contra el pasado que los ata a todos.
Joan – (Descubrimientos)
Estaba adoptando una posición defensiva, esperando que avanzasen los cuatro a por mí cuando Katy pasó por mi lado, caminando tranquilamente hacia ellos. Pensé que se había vuelto loca pero lo que más alucinado me dejó fueron sus palabras cuando estuvo a mi altura.
- Joan quédate donde estás que estos idiotas ya me han inflado los ovarios, no tardaré…
- Vaya vaya con la bollera, ¿vienes a dar batalla o quieres probar nuestras pollas? – todos se rieron ante la ocurrencia de Tom -. Hay que reconocer que tienes más huevos que Joan… jeje…
- Dejad de decir tonterías y venid a por mí, con esos cojones de los que tanto presumís.
Aquellas palabras hicieron que Tom le lanzase un puñetazo a Katy con toda su furia. En ese momento pensé que aquel golpe la mataría, pero lo que ocurrió durante los tres minutos siguientes fue la pelea más injusta y desproporcionadamente abusiva que he podido presenciar en mi vida. No puedo explicar lo que hizo, como lo hizo, la velocidad, la precisión, fuerza, técnica, que empleó Katy de una manera deliberadamente cruel y despiadada. Golpes en articulaciones, caras, partes nobles, duras y blandas. Sonidos horribles de huesos rotos, gritos, gesticulaciones, lamentos, lloros. Cuando terminaron esos larguísimos tres minutos el panorama en aquel callejón era cuanto menos que dantesco. Cuatro hombres hechos y derechos chillando de dolor y retorciéndose tendidos en el suelo, con algún brazo quebrado o pierna o nariz, o todo ello al mismo tiempo.
Acababa de presenciar una coreografía de técnicas de combate cuerpo a cuerpo, ejecutadas con una precisión y rapidez inusitada, por una chica que siendo optimista llegaba al 1.72mts. y un peso de poco más de 55kg. Y esa chica era mi amiga Katy, a quien apenas se le había arrugado su blusa de tirantes.
Ella levantó la cabeza donde hacía unos instantes estaba Betty sujetando a una horrorizada Nat, pero Betty ya no estaba, había salido corriendo despavorida mientras Nat permanecía paralizada con la boca más abierta que yo mismo.
- Será mejor que nos larguemos antes de tener que dar explicaciones a la policía – Katy decía con una tranquilidad pasmosa –.
- Tienes razón - apenas pude balbucear -.
- Nat… Nat… - Katy la zarandeaba para sacarla de su estado de shock - Nat… muévete, no puedes hacer nada por ellos aparte de llamar a emergencias para que los atiendan… tranquila que no se morirán.
- No…no… me voy a quedar con ellos hasta que vengan las asistencias… marchaos… yo me ocupo.
Nat hablaba como un autómata, sin dejar de mirar a sus amigos que se retorcían de dolor en el suelo. Al pasar por su lado nuestras miradas se cruzaron y pude ver sus lágrimas de angustia, como solicitando mi perdón, aunque fui incapaz de regalarle ningún gesto ni palabra que diesen a entender que la perdonaba por lo que me hizo ni por tener semejante basura de amigos.
Al salir del callejón pudimos ubicarnos mejor esta vez para dirigirnos hasta donde estaba mi moto. Fuimos hasta el apartamento de Frank para estar más tranquilos, sin la certeza de que él estuviera allí. Entramos, ya que en confianza los tres teníamos las llaves de los domicilios de los demás. Nuestro amigo no estaba en casa y fui directo al frigorífico a coger una cerveza, realmente la necesitaba para remojar mi garganta reseca. Katy actuaba como si no hubiese pasado nada fuera de lo normal, y tras sentarnos en el sofá, empecé a pedirle unas explicaciones que necesitaba con urgencia.
- Creo que tenemos que hablar de lo que ha pasado esta noche y espero que seas lo suficientemente sincera para contarme lo que he visto con mis propios ojos y aún soy incapaz de comprender.
- No sé si estoy de humor para remontarme al pasado…
- Por favor Katy, necesito saber porque mi amiga, una persona sensible, que cuando se entrega de corazón es increíble, la programadora con mejor capacidad analítica que conozco, una mujer inteligente como pocas, resulta que también es una máquina de matar ambulante.
- Vale, te lo contaré todo, pero no quiero volver a hablar nunca más de esto.
En ese momento se oyó como entraba Frank en su casa y temimos que apareciese con alguno de sus ligues, pero estaba solo, con aspecto de cansado y extrañado de lo que estábamos haciendo a esas horas de “okupas” en su sofá.
- Hola chicos, ¿interrumpo algo? – dijo con mirada pícara -.
- No amigo – le contesté – llegas a tiempo para que te pongamos al día sobre la intensa noche que acabamos de pasar.
- Pareces cansado Frank – Katy siempre preocupándose por nosotros -, ¿estás bien?
- Sí estoy bien, solo es que vengo de hacer de canguro a mi sobrina, mi hermana necesitaba una noche romántica con mi cuñado. La niña es un terremoto agotador y no se ha dormido hasta que han vuelto sus padres. ¿Pero qué es lo que ha pasado con vosotros?, me tenéis intrigado.
Le expliqué con todo lujo de detalles el encuentro con Nat y sus amigos, la encerrona en el callejón y la actuación de Katy, paliza incluida. A medida que avanzaban mis explicaciones, la cara de Frank pasaba del asombro a la estupefacción, pero al llegar a la ejecución y resolución de la pelea por parte de Katy, la expresión de nuestro amigo ya se había convertido en alucine total.
- Pero… ¿cómo es posible, Katy, que tú…? ¿cuándo?, ¿dónde has aprendido a luchar así?
- Tal como le dije a Joan, voy a explicároslo todo, pero no quiero volver a hablar de ello nunca más, ¿entendido?
- Claro que sí… somos todo oídos.
- Bien. Empecemos por mi infancia. Como sabéis mi padre fue un Marine muy condecorado por demostrados actos de valor en combates oficiales y… “no tan oficiales”. Todo lo que tenía de valiente y buena persona, también lo tenía de confiado con las mujeres y eso fue su perdición, lo que le destrozó más que la cruel enfermedad que acabó con su vida. Mi madre era una mujer muy hermosa que apenas nacer yo, nos abandonó para irse con un viejo ricachón, dejando a mi pobre padre a cargo de un bebé. Aquello destrozó su corazón, pero su espíritu combativo le hizo esforzarse en salir adelante, a centrarse en su trabajo y en mí, a quien amaba con toda su alma. Hasta que murió, fui su única preocupación en este mundo y luchó para que fuese feliz en todo momento y que no me faltase de nada. Desde que era un bebé hasta que murió cuando yo tenía 18 años, viajamos por todo el país, de base en base, luego en bases en el extranjero, creo que llegué a vivir en más de 10 países diferentes, lo cual era toda una experiencia, pero al mismo tiempo impedía que hiciese amigos de mi edad de forma duradera, por lo que mi infancia apenas lo fue, obligada a madurar con rapidez. Nunca estuve sola, cuando él tenía que marchar a una misión sus amigos se ocupaban de mí, cuidándome y protegiéndome como si de sus hijos se tratase. Así fue como me enseñaron a pelear, al principio como un juego, pero más tarde como disciplina necesaria. Mis maestros, a parte de mi propio padre fueron sus amigos militares, de todos ellos aprendí técnicas diferentes de combate cuerpo a cuerpo, que al combinarlas adecuadamente, me convirtieron en una buena arma. Aprendí de Boinas Verdes, Navy Seals, Rangers, Delta Forces, Marines, lo mejorcito del ejército norteamericano, amigos de papá que me “adoptaron” como su niña de oro. Me enseñaron a moverme con rapidez, a aprovechar a mi favor la fuerza y el tamaño de mi oponente, el factor sorpresa de mi aspecto inofensivo, a no tener piedad en una situación extrema y golpear donde más duele. Así es como puedo hacer lo que Joan ha visto hoy en ese callejón. Aunque estoy en baja forma, aun soy capaz de defenderme de cuatro machitos gilipollas.
- Joder Katy - decía un Frank boquiabierto -, y yo creyéndome por mi tamaño ser el “defensor” de los tres mosqueteros, a tu lado soy un flojeras…
- Pues yo mejor que no abra boca… - dije humildemente -.
- Por favor chicos, que esta historia quede entre nosotros. Y ya que estoy sincerándome, os contaré porque siempre he vestido de forma tan “especial”, camuflando mi cuerpo de esa manera. Ahora ya conocéis como soy por dentro, quiero decir que los dos me habéis visto desnuda, sé que siempre os habéis preguntado el porqué de mis rarezas. Simplemente es por un trauma que aún no he conseguido superar, aunque voy avanzando en ello. El caso es que soy físicamente una copia casi exacta de mí madre, la mujer que destrozó el corazón de mi padre y siempre me he sentido culpable de recordarle en todo momento a esa hija de puta que nos abandonó. Puede pareceros una tontería, pero desde pequeña he percibido esa similitud con mi madre como algo negativo que le causaba dolor a mi padre. Sé que nunca fue así, ya que él siempre me quiso como era yo, tal vez incluso me quería por esa similitud, pero nunca he podido dejar de sentirme culpable. Ahora ya lo sabéis todo de mí… o casi todo, jeje.
- Venga Katy, nunca has sido culpable de ser como eres y tu padre lo sabía, la prueba es lo mucho que siempre te quiso.
- Eso ya lo sé, pero por ahora no puedo evitarlo, aunque estoy segura de que pronto lo superaré. Últimamente me visto un poco más guapa, ¿no?
- Sí, es verdad – afirmaba Frank – pero para nosotros siempre estás guapa, ¿verdad que sí, Joan?
- Claro que sí… pero aún puedes mejorar. Me gustaría poder presumir de ir al lado del pedazo de mujer que eres y ser la envidia de todos, jeje.
- Y yo también – se apuntaba Frank -.
Katy nos hacía caras de burla, como diciendo lo tontitos que éramos hablando de ella y de su imagen. Entonces un pensamiento pasó por mi mente y tuve la necesidad de exponerlo.
- Ahora que caigo Katy, ¿es posible que esos cabrones te demanden por agresión?, o que quieran vengarse de ti ellos o alguno de sus amigos y quieran hacerte daño.
- Por encima de mi cadáver – Frank saltó al instante -. Si alguien se atreve a tocarte un pelo se las verá conmigo.
- Tranquilos chicos, creo que no va a pasar nada y van a tragar, quizás por vergüenza a que se sepa que una chica les haya dado una paliza, o quizás porque Nat les convenza de no hacer nada. O tal vez porque reciban una visita en el hospital de alguno de mis “padrinos”, militares amigos eternos de papá que les pueden recordar la conveniencia de olvidar el asunto y tragarse su orgullo. Podéis estar tranquilos de que no va a ocurrir nada. Conozco a ese tipo de cobardes que solo se atreven con el más débil, lo he sufrido toda mi vida cuando tipos como ellos querían abusar de la “rarita” en la escuela o en el instituto. Un par de hostias bien dadas y se les quitaban las tonterías. La contrapartida es que eso también me alejaba de poder tener amigos y estar siempre sola. Pero aprendí a vivir así y no sabéis lo feliz que fui al conoceros a los dos y que me aceptaseis tal como soy. Siempre estaré en deuda con vosotros.
- No digas tonterías, los afortunados somos nosotros de contar contigo – dije emocionado – no tengo que recordarte lo que has hecho por mi… jamás lo olvidaré…
- Estoy con Joan – dijo Frank suscribiendo mi agradecimiento a Katy -, y respecto a las posibles represalias de esos tíos, espero que tengas razón.
- Seguro que sí – dijo Katy convencida – Ahora es muy tarde y todos estamos cansados. ¿por qué no nos vamos los tres juntitos a la cama de Frank? El recordar todo mi pasado me ha puesto tontita y me gustaría dormir en medio de los dos y que me abracéis. Solo abrazos, ¡no os hagáis ilusiones que os conozco, las manos quietecitas… ehh!
Los tres nos reímos y nos fuimos juntos a la cama a descansar, contentos de poder reconfortar a Katy en un momento de nostálgica vulnerabilidad, si es que esa mujer tenía algo de vulnerable.
Las semanas transcurrían y ya estábamos de pleno inmersos en los exámenes finales y en la defensa de nuestros proyectos de fin de carrera. Intenté concentrarme en lo académico ya que eran el último escollo tras años dedicados al estudio y práctica de mi apasionante vocación, y estaba convencido de que todo saldría bien al igual que a mis amigos.
Conseguí extraerme de pensar en el terrible varapalo que representó el fiasco con Nat y el posterior incidente con su grupito de amigos. Si en un principio temía por las posibles represalias vengativas de esos capullos o de algún susto en forma de demanda por agresión, pero nada de eso sucedió. Nos enteramos que todos ellos habían salido del hospital y se limitaron a denunciar que habían sido atacados por una banda de pandilleros que les atracaron en ese callejón. Actualmente estaban en sus casas ocupados en su recuperación que se preveía de larga duración. Respecto a mis sentimientos hacia Nat podía decir que el dolor había desaparecido y la rabia y desprecio inicial también. Aún quedaba un pequeño poso de amor hacia ella, eso no era fácil de eliminar así como así, pero podía afirmar que la luz en mi corazón era mucho mayor que la oscuridad. El impagable apoyo de mi tío y su pareja, el de Frank, y sobre todo el de Katy, me habían sacado del fondo de un pozo del que al principio pensé que no sería capaz de salir.
Y por fin se acabó nuestro periplo universitario con una graduación meritoria, rozando la excelencia y con el reconocimiento de tutores y profesores que nos acompañaron en este periodo de aprendizaje. Michael también se encargó de transmitirnos su franca satisfacción por ser unos excelentes colaboradores en sus desarrollos y no escatimó esfuerzos en difundir y publicitar nuestras capacidades entre todos sus conocidos dentro del mundillo, lo cual representaba un espaldarazo importante para nuestro futuro laboral.
Quería añadir perspectiva sobre mi vida hasta ese momento para estar en posición de tomar las decisiones cruciales que decantarían el camino a mi futuro próximo. El sexo y el amor habían pasado a un plano totalmente secundario y necesitaba eliminar el estrés acumulado por los estudios y la traumática ruptura con Nat antes de tomar esas decisiones. Para ello opté en tomarme unas merecidas vacaciones, viajando por toda la costa oeste con la sola compañía de mi moto y una mochila cargada con lo mínimo imprescindible.
Tenía dinero de sobras, por lo que el alojamiento y manutención no me preocupaba, y afronté ese viaje con el objetivo de ver cosas y lugares nuevos, obtener otras miradas para entender, asimilar y disfrutar de lo diferente, abriendo la mente a lo que se escapa de nuestro mundo conocido y cerrado. Ya conocía la Baja California porque había estado en Tijuana (México), pasando por San Diego, por lo que me encaminé hacia el norte hasta San José, San Francisco, Sacramento y saliendo de California para entrar en Oregón visitando Eugene, Salem y Portland, hasta llegar a Seattle en el estado de Washington, finalizando en Vancouver, ya en Canadá. Durante esos 46 días que duró mi viaje conocí a mucha gente, la mayoría fantástica, amable y simpática, con costumbres diferentes que asimilé en cada ocasión con buena actitud, con ansias de conocer y aprender. Comía y dormía sin grandes lujos, allí donde me apetecía o el cansancio me lo exigía.
Durante el viaje tuve sexo con tres chicas, aunque ninguna de ellas fue especialmente satisfactoria, no porque las chicas no lo diesen todo sino más bien porque yo no me esforcé demasiado al no tener excesiva motivación y pocas expectativas. Creo que el sexo con Nat y sobretodo con Katy, había marcado un antes y un después en lo referente a la obtención de un placer pleno. Estaba convencido que no podría superarlo si no lo combinaba con una fuerte componente de amor, lo cual, tal como estaba en ese momento de mi vida, lo veía muy lejano.
Volví a casa de mi tío con un buen sabor de boca por las experiencias vividas en ese intenso viaje, prácticamente todo había sido positivo y me sirvió para despejar mi mente de negatividad y convencido de lo que iba a hacer a partir de ahí con mi vida. Había resuelto regresar a Barcelona para replantar las raíces en mi tierra y afrontar los desafíos de una nueva vida aprovechando el bagaje adquirido durante esos años lejos de allí.
A mis casi 23 años me sentía lo suficientemente preparado para sortear cualquier contratiempo que surgiera, y crecer frente a las adversidades con las herramientas adquiridas. Mi autoconfianza estaba al 100% y estaba convencido de la ventaja que representaba mi preparación en el campo del desarrollo de aplicaciones informáticas respecto a cualquier profesional que trabajase en mi país natal. Les conté a todos mi decisión y recibí su apoyo incondicional, aunque a Katy se la veía triste pese a sus esfuerzos de aparentar que estaba muy contenta por mí.
Contacté con la inmobiliaria que gestionaba el alquiler de mi piso de Barcelona y me comentaron que aún les quedaban 6 meses para finalizar el contrato. Les dije que preavisaran rápidamente a los actuales inquilinos de que no habría renovación, para que tuviesen tiempo de encontrar otra vivienda. También les pedí que me buscasen un pequeño apartamento para vivir temporalmente hasta que pudiese recuperar mi piso y se pusieron de inmediato manos a la obra.
En un par de semanas ya tenía preparada todo lo necesario para mi regreso a Barcelona, y solo quedaba esperar al día de mi partida. Felipe quiso asegurarse de que no hubiese ningún problema a nivel económico, que tuviese un pequeño colchón de dinero para poder vivir tranquilamente hasta iniciar mi camino en el aspecto laboral. Le dije que no necesitaba nada, que ya tenía los dólares suficientes para vivir sin trabajar durante casi un año, aunque la idea era empezar pronto en la creación de un pequeño negocio propio ofreciendo desarrollos de software a medida, adaptado a diferentes tamaños de empresas locales, y poco a poco ir creciendo para ocupar el mayor trozo posible de la cuota del mercado en España, en competencia a las grandes corporaciones norteamericanas, europeas y asiáticas que estaban implantándose allí.
Creía tener la ventaja que al ser inicialmente una empresa pequeña, podía ser mucho más flexible y adaptable al cliente que las grandes empresas del sector con su pesada infraestructura. Tanto mi tío como Michael me propusieron ser socios en la nueva empresa, ya que al principio necesitaría de un capital para hacer las primeras inversiones en el local, equipos informáticos, recursos en general y en el personal mínimamente imprescindible. Su propuesta era que ellos tendrían un 24% cada uno frente a mi 52% del accionariado, que me aseguraba el control final de cualquier decisión a tomar. Sabía perfectamente que en realidad no les importaba en absoluto el dinero invertido en la futura empresa y que lo que querían era facilitar que mi despegue fuese lo más cómodo posible y sin demasiados contratiempos, al menos en el aspecto financiero. Acepté que así fuese al principio, pero con la opción de poder comprarles sus acciones en un futuro, y ellos estuvieron de acuerdo. Felipe también se comprometió en ocuparse de todos los trámites necesarios para transportar a Barcelona la moto que me regaló en su día.
Y llegó el día en que los cuatro me acompañaron al aeropuerto para despedirse, y todos estábamos realmente tristes. Eran muchas las vivencias compartidas y la idea de que pasaría mucho tiempo antes de volver a encontrarnos, provocaba esta sensación de melancólica tristeza. Tras facturar mi equipaje, retrasé al máximo mi entrada al control de pasaportes para poder estar más tiempo con ellos. Felipe me llamó en un aparte para señalar la presencia de Nat a unos metros de distancia, esperando temblorosa que notara su presencia. Miré cabreado a mi tío.
- ¿La has avisado tú? – le dije visiblemente enfadado -.
- Cálmate Joan, solo quiere despedirse de ti y disculparse por última vez. Sé que tú ya tuviste tu cierre, pero ella necesita el suyo. En las dos últimas semanas ha venido a mi oficina cada día hasta que por fin la recibí. Sabía que regresabas a Barcelona y necesita verte por última vez. Sé que es posible que no lo merezca, pero dedícale unos minutos, aunque solo sea para liberarte del resentimiento, por favor. Te irá bien, créeme.
Aprecié el convencimiento en las palabras de mi tío y me dirigí caminando lentamente hacia la posición de Nat. Cuando llegué frente a ella las lágrimas ya se desbordaban por sus mejillas y su nerviosismo era evidente.
- Nat, ¿por qué has venido? Creí haberte dejado bien clara mi postura.
- Lo sé Joan, solo necesitaba decirte una vez más que lo siento con el alma, ahora que sé que no volveré a verte nunca más, no podía vivir sin decírtelo por última vez y suplicarte que me perdones algún día por todo el dolor que te he causado.
- Bien ya lo has dicho, como también te dije que acabaría por perdonarte, pero no ahora. Mira Nat, entiendo que te sientes arrepentida, aunque no sé si es por ser descubierta o porque has recapacitado sobre las decisiones que conscientemente tomaste. Ahora eso ya no me importa, aunque si me aceptas un consejo, yo en tu lugar analizaría qué fue lo que te llevó a tomarlas sin sopesar las consecuencias, y también me replantearía continuar con la toxicidad de esas amistades tuyas.
- Eso dalo por hecho, ya me he desvinculado completamente de ellos y de mi dependencia al sexo con el grupo y con mi profesor. También te prometo que no cejaré en mi empeño de mejorar mi conducta en el futuro y buscaré ayuda para conseguirlo. El precio que tendré que pagar al perderte es demasiado alto.
- Nat, no te deseo ningún mal y espero que todo esto te haya servido como piedra de toque para mejorar y pensar en los demás antes de hacerles daño.
- Gracias por tus palabras – lloraba de nuevo – solo espero que no me odies y deseo que encuentres a alguien mucho mejor que yo y que te haga feliz. Ahora ya te he dicho todo lo que necesitaba decirte, me voy… te dejo con tus amigos… y… Joan… ya sé que no quieres que te toque, pero… ¿puedo abrazarte?, por favor…
Asentí con la cabeza y ella se fundió con mi cuerpo abrazándome con tal fuerza que dificultaba mi respiración. El abrazo no duró mucho, tal vez 6 o 7 segundos. Sorprendentemente para mí no significó apenas nada, pero creo que a ella le sirvió de catarsis para sus sentimientos. Se separó de mí y sin decir nada más, se alejó caminando hacia la salida.
Regresé junto a mis amigos y Katy fue la primera en interesarse por mi estado:
- ¿Todo bien Joan?
- Si, ha sido raro, pero estoy mejor de lo que pensaba.
- Creo que ha sido positivo – Felipe se unió a la conversación – es importante tener un cierre en estos casos.
- Opino lo mismo – decía Frank -.
Dejamos el tema para continuar hablando de anécdotas divertidas que compartimos durante esos años, hasta que llegó el momento inevitable de la despedida. Me abracé con todos, lloré con todos, incluido el grandullón de Frank al que jamás había visto llorar, los besé y volvimos a abrazarnos. Con gran tristeza por dejar a esas personas que habían influenciado tan positivamente en mi vida, y caminé hacia el control de seguridad, con la certeza de que jamás me desvincularía de ellos, por lejos que estuviésemos y por mucho tiempo que transcurriera. Subí al avión que me trasladaría a iniciar una nueva etapa en mi vida convencido de ello.
N.A.: Agradezco vuestras valoraciones (aunque parece que no las cuentan) y los comentarios.
Continúa en
- Relato #205531— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
Relatos similares
- Hetero: General
Mi chica quince 1
Siempre creyó que ella estaba en otra liga, fuera de su alcance. Pero cuando Raquel le pide que la acompañe a una cena, Ismael descubre que su…
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: General
Alex - 1
Todos lo veían como el pagafantas del grupo, hasta que él apareció cuando ella no tenía nada.
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: Infidelidad
Gabriela una Adorable Mujer Casada 2
Gabriela creía que su pesadilla era solo un sueño, hasta que despertó con el sudor frío y la certeza de que había cruzado una línea que no debía.
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: General
El Veneciano - 1
Bajo la máscara, el miedo desaparece y solo queda el deseo. Sergio descubre que el anonimato le permite decir y hacer lo que nunca se atrevería a…
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Dominación
Feminizado en cuarentena por mi compi de piso II
La cuarentena rompió las barreras de la normalidad. Lo que empezó como un ritual mecánico entre amigos se transformó en un juego de poder donde la…
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos
- Hetero: General
El Premio III (Final)
Javi creía conocer a Laura, pero una desaparición en la piscina del hotel revela una faceta oscura y desenfrenada que lo deja helado.
Comparte:Amor apasionadoConexion inesperadaEncuentros repetidos