Y los sueños, sueños son. - Cap. 5
Joan creía conocer a Nat, pero una noche descubrió que su vida era un espejo roto de infidelidades. Ahora, mientras intenta reconstruirse con Katy, el pasado regresa con puños y humillaciones, obligándolo a elegir entre huir o luchar.
Joan - (Liberar el dolor)
- Cariño, ya estoy en casa.
Al oír su alegre voz, por un momento pensé que nada había cambiado y que lo que presencié en aquella casa la noche anterior simplemente era un mal sueño, pero cuando entró en el comedor y vi su cara, automáticamente volvieron las imágenes de esos actos sexuales en los que participaba con esa gente a mis espaldas. Si hasta hace unos momentos estaba temblando como un flan y dudaba de como la confrontaría sin derrumbarme, una sensación de firmeza y tranquilidad se apoderó de mí al instante, como un escudo protector que evitaba cualquier intento de agresión hacia mis sentimientos y mi corazón.
Nat dejó su pequeña bolsa de viaje en el suelo y avanzó con decisión para abrazarme y besarme como hacía habitualmente a su regreso. Alcé mi brazo para detener su acercamiento y al ver el gesto y la seria expresión de mi cara, se detuvo a un metro de mí.
- Que ocurre mi amor, ¿estás resfriado o tienes algo contagioso? – su cara estaba entre intrigada y sonriente -.
- No se te ocurra tocarme – mi voz sonaba fría y enfadada – y aléjate de mí.
- Joan, ¿a qué viene todo esto?, me estás asustando – la parte divertida de su rostro desapareció al detectar el tono de mi voz - Creo que no son maneras de recibirme y si es una broma, no me hace gracia en absoluto.
- No Nat, esto no es ninguna broma, quiero que te largues de mi casa inmediatamente y que desaparezcas de mi vida.
- Pero que tonterías son estas, Joan, ¿por qué me estás diciendo esto mi amor?
- No me llames amor, maldita zorra, sé que has estado todo el fin de semana follando por los descosidos, al igual que en los demás viajes para ver a tu “querida tía”.
- No sé de dónde ha sacado eso, ¿quién te ha contado semejante patraña? Y lo que es peor, que te la creas alegremente y dudes de mí.
- Vale, según tú, ¿dónde has estado todo el fin de semana?
- Pues en Fresno con mi tía, y por si te interesa está mejorando poco a poco.
- Me alegro mucho de ello, pero no entiendo cómo puedes estar en Fresno y en una casa de Beverly Hills al mismo tiempo.
- ¿Pero qué estás diciendo? – su cara había cambiado claramente a un rictus de preocupación absoluta que intentaba disimular - ¿de qué casa me hablas Joan? Yo no he estado en ninguna casa de…
- ¡Basta ya! – la corté de forma seca y fría – viernes noche, casa en la Av. *** de Beverly Hills, segunda planta, pasillo izquierdo, última puerta, dos zorras y tres cabrones follando juntos en la habitación, una de las zorras eras tú con una polla en el culo y otra en la boca, por cierto, sin ningún condón. Y el resto de fin de semana con más participantes… ¿o piensas negarlo?
- Pero… cómo… sabes que… yo… quién te ha… como... yo no…
El terror de su cara indicaba que el detalle de mi descripción de la escena la había desarmado completamente y la perplejidad ante lo revelado, impedía que articulase las palabras con un mínimo de coherencia. Se sabía descubierta y su mente debía estar intentando procesar la magnitud y consecuencias de sus actos. Unas gotas empezaban a escurrirse de sus lagrimales y descendían por su hermosa carita de niña buena. Pero sus lágrimas y su evidente angustia no me impresionaron en absoluto, el desprecio que sentía por ella en ese instante era tan grande que erradicaba cualquier atisbo de pena en mí.
- Nadie me lo ha dicho Nat, estuve allí y lo vi con mis propios ojos, como follabas con todos ellos, como sé que lo haces desde siempre con tu grupito de la preparatoria y con muchos otros, como también sé que te follas a tu profesor enamorado y vete tú a saber con cuantos más.
- Yo… lo siento amor…, yo solo…no puedo evitar… te juro que solo es sexo… no tiene nada que ver con nosotros, yo te quiero a ti, te amo con locura y… por favor yo…
- Ahórratelo, si así es como me demuestras tu amor, no hay más que decir. Lárgate de mi vida de una puta vez, tienes todas tus cosas abajo, en el cuarto del conserje. No quiero volver a verte, me das asco…
- Pero te prometo que lo dejaré todo, haré lo que tú quieras, pero por favor, no me dejes, te amo, podemos arreglarlo… jamás volveré a…
- ¡Que te largues! – grité -, metete tu amor donde te quepa, “el tontito que bebe de tu mano y que no se entera de nada” ya se ha dado cuenta de todo. Has roto mi confianza y jamás la recuperarás. Ni a mí. Me has mentido en la cara, cada día, cada hora… para mí estás muerta.
Se puso de rodillas intentando abrazarse a mis piernas, pero yo retrocedí unos pasos para evitarlo. Luego se acurrucó en posición fetal en el suelo emitiendo un llanto realmente desgarrador. La verdad es que mi corazón se encogió al verla de esa manera, pero seguramente estaba fingiendo como había fingido su amor todo ese tiempo mientras me apuñalaba por la espalda. Me senté en el sofá mirándola con una expresión de desprecio, como quien mira un papel tirado en el suelo y piensa lo guarra que es la gente. Estuvo unos 10 minutos en esa posición hasta que consiguió levantarse del suelo, controlando sus sollozos.
- Por favor… Joan, deja que me quede esta noche contigo, quiero que me escuches, te amo… te lo explicaré… por favor no me dejes… no tengo a donde ir a estas horas…
- Ese no es mi problema, vete con tu grupo de amigos folladores que seguro tendrán una cama para compartir contigo. Por mi parte eres libre de hacer lo que te dé la gana como lo has hecho siempre, pero a mí ya no me importa en absoluto. Ya sabes dónde está la puerta.
Le di la espalda y me encerré en mi habitación, la misma donde habíamos compartido tanta complicidad íntima y momentos de sexo sublimes. Durante media hora estuvo al otro lado de la puerta suplicando que la perdonara, llorando con desesperación hasta que debió entender lo inútil de sus ruegos y oí como se cerraba la puerta de casa. Entonces fui consciente de que la mujer a la que tanto había amado acababa de salir de mi vida, dejándome con una tristeza y con un dolor que en ese momento desconocía si sería capaz de superar algún día.
A partir de ese instante desapareció mi aparente entereza y me hundí en la oscuridad. Los siguientes días dejé de asistir a clases, de programar nada que no fuese ir al baño a vomitar, de responder a las llamadas de Frank ni de Katy que a estas alturas ya debía de saber lo que había ocurrido con Nat. Tampoco me comuniqué con mi tío ni con Michael, que evidentemente fueron informados por mis amigos. Pronto acabé toda la cerveza y licores que tenía en casa y fui incapaz de comer nada, solo lloraba y mal dormía, y cuando no hacia eso me dedicaba a compadecerme de mi mismo. Sé que suena patético, pero no era capaz de remontar la empinada pendiente que suponía mi desesperación.
Al cuarto día se abrió la puerta y aparecieron todos los componentes del equipo de rescate, supongo que dejaron ese tiempo prudencial respetando mi voluntad de estar solo, pero ya se habían cansado de eso. Los cuatro empezaron a decidir por mí ya que yo no era capaz de nada. Limpiaron la vergonzosa dejadez del apartamento y de mi apestoso cuerpo enemistado con la ducha. Compraron comida y me obligaron a tragarla, verificaron en qué punto estaba de mis estudios y de mis programaciones para que Frank y Michael se ocuparan de ello respectivamente. Felipe se dedicó a la labor de reactivarme psicológicamente, su innata especialidad, y cuando todo estaba más o menos en su lugar, Katy los echó a todos de casa diciendo que ella se ocuparía de mí a partir de ahora y hasta nuevo aviso. Y nadie tuvo huevos a contradecirla.
Hasta entonces no había revisado mi correo electrónico ni los mensajes del contestador automático de casa, cuya cinta estaba repleta en toda su capacidad con mensajes de Nat, a los que se sumaban muchos e-mails con extensas parrafadas que borré sin leer al igual que todos sus mensajes del contestador.
- Joder, ¿qué es lo que no ha entendido con lo de desaparecer de mi vida para siempre? – le decía a Katy como si ella tuviese la respuesta -.
- Déjalo Joan, es normal que reaccione así, se ha dado cuenta de lo que ha perdido y necesitará un tiempo para asimilarlo. Creo que se arrepentirá toda su vida de perder a un hombre como tú. Yo en su lugar haría lo mismo, arrepintiéndome de mis actos e intentar recuperarte, aunque supiera que es tarea inútil.
- Tu jamás me hubieses traicionado de esa forma, Katy…
- Claro que no, soy tu amiga en la que puedes confiar – se quedó pensativa y me sonrió - debería habérmela tirado antes que tú… los dos hubiésemos salido ganando…jeje.
No puede evitar reírme de su broma, Katy tenía la habilidad de levantarme el ánimo. Ella se quedó conmigo todo el día y los siguientes, intentando que pensara en Nat lo menos posible y la verdad es que llegó a conseguirlo. Pero cuando llegaba la noche y me tendía en mi cama, no podía dejar de llorar y maldecir mi patética existencia. Esto se repitió por tres días con sus noches hasta que la cuarta noche noté como Katy se metía en mi cama y me abrazaba pegando su cuerpo desnudo al mío. Me quedé paralizado al sentir unos grandes senos amoldándose en mi espalda. No sabía que pensar de aquello y tampoco fui capaz de decir nada. Ella me susurró al oído con una voz tan dulce que nunca antes había escuchado salir de su boca.
- Tranquilo Joan, llora y desahógate todo lo que quieras, pero ya es hora de que te relajes y dejes de pensar en lo malo, y que te centres en lo bueno que te espera el resto de tu nueva vida. Duerme tranquilo que yo estaré a tu lado todo el tiempo que necesites.
Aquellas palabras sonaron hipnóticas en mis oídos, y unidas al perfume dulzón que desprendía su cálido cuerpo, me tranquilizaron de tal manera que prácticamente me dormí al instante. Me desperté con la luz del día que entraba por la ventana, sin ser consciente donde me encontraba. Por primera vez desde la ruptura con Nat había dormido totalmente relajado y me sentía moderadamente feliz. Me di cuenta que Katy seguía pegada a mi espalda y me levanté con mucho cuidado de no despertarla. Estaba claro que mi amiga había causado un fantástico efecto tranquilizador en mí, ayudándome a dormir tan bien como lo había hecho toda la noche.
Jamás hasta entonces la había visto desnuda tal como ahora estaba en mi cama, y lo que vi me dejó totalmente perplejo. Era muy bella, extremadamente bella, aunque desde hacía tiempo ya intuía un cuerpo muy diferente al que imaginaba cuando la conocí, ahora podía constatar de primera mano que ese cuerpo era simplemente espectacular. Sus pechos grandes y firmes, de aureola oscura y pezones redondeados, un vientre liso y de marcados abdominales que ya quisiera para mí. Sus piernas esbeltas y torneadas descendían hasta unos graciosos pies desde un trasero poderoso como pocos. Una cara de facciones realmente hermosas y unos labios carnosos, unidos a sus ya conocidos ojos color de clara miel, ahora cerrados, conformaban a una mujer de bandera.
No entendía su obsesión para ocultar un cuerpo que la naturaleza había dotado de semejante esplendor y perfección. La verdad es que estaba embobado mirando a esa preciosidad de mujer que mi inoperante imaginación no había sido capaz de situar al nivel que se merecía. Y había estado ahí todo ese tiempo y yo sin enterarme. No me di cuenta de que estaba despierta mirando atenta a mis expresiones al observarla desnuda.
- Buenos días Joan, ¿estás interesado en algo de mi cuerpo? Pareces un estudiante de zoología analizando una especie rara en extinción – reía divertida -.
- Buenos días Katy… la verdad es que no tengo palabras para describir lo que estoy viendo.
- Joder Joan, no sé si eso es bueno o malo…
- Bueno Katy, más que bueno. Estoy impresionado de tu belleza, y te lo digo con toda la confianza que nos tenemos. Eres preciosa, de verdad…
- Vaya, eso que dices me gusta oírlo… y sin que se te suban demasiado los humos, siempre he pensado que estás muy bueno – sus palabras hicieron que me ruborizara ligeramente - Y además me doy cuenta de que te has levantado contento, no sé si es por mí, pero lo que se vislumbra bajo tus boxers tiene muy buena pinta…
En un acto reflejo miré hacia abajo descubriendo una erección que ponía en aprietos la elasticidad de mis calzoncillos. No me di cuenta de que mi “amigo” se tomaba la desnudez de mi compañera de forma diferente a la de mi cerebro, y había decidido por su cuenta homenajear la belleza de Katy. Levanté la mirada cruzándome con la suya que parecía contenta por mi reacción.
- Perdóname Katy, no sé qué me ha pasado… yo… no pienses mal de mí… yo…
- Tranquilo Joan, no podemos poner trabas a la naturaleza… - su voz emanaba sexualidad en todos sus tonos – ven a la cama, no sé si tú me necesitas, pero te aseguro que en este momento yo te necesito a ti.
No me lo pensé dos veces y fui hasta ella ilusionado como un niño hacia una bolsa de caramelos. Follamos, follamos mucho, hicimos el amor y volvimos a follar tanto que nuestro sudor transpiraba por las paredes de la habitación. Hasta ahora había conocido a bastantes mujeres en mi corta vida, muchas de ellas fueron colosales en el sexo, y reconozco que Nat había sido la mejor de todas, con seguridad aumentado por el componente amoroso, pero aquello con Katy fue… simplemente excelso. Acabamos derrotados sobre la cama, intentando recuperar el aliento por el agradable esfuerzo realizado durante tantas horas.
- ¿Esto ha sido un error, Katy?
- En otro momento seguro que sí. Ahora pienso que no, si eché fuera a todo el mundo fue para convertirme en esa terapia que necesitas y lo estoy haciendo muy a gusto, por ti y también por mí. Las cosas últimamente tampoco me van especialmente bien y estoy necesitada de apoyo y de cariño. Creo que será algo recíproco.
- ¿No te fue bien con aquella chica el fin de semana?
- Pues no, fue un verdadero desastre. La química entre nosotras fue una mierda y del sexo mejor no hablar… sentimentalmente, bueno… me dijo cosas que me dolieron mucho. Por suerte ya estoy acostumbrada a ser rechazada cuando abro mi corazón a los demás. Pero ahora el que está más jodido eres tú, por eso estoy aquí, y de paso, aprovechar para obtener un buen sexo de un tío buenorro. Y la verdad es que ha sido fantástico, debo pedirte disculpas.
- ¿A mí, de qué?
- No te acuerdas que me burlé de tu micro pene y de que Frank seguro que follaba mejor que tú…
- Pero ya sé que eso era una broma…
- Aunque lo fuera, rectificar es de sabios… tu polla es de un tamaño perfecto y puedo afirmar que la sabes utilizar fabulosamente, por lo menos tan bien como Frank, que es mucho decir.
- Vale… muchas gracias – dije con cierta timidez -. Por mi parte también he de confesar que el sexo contigo ha sido… el mejor de mi vida, a veces nos creemos que lo hemos visto todo y descubrimos algo o alguien que nos sorprende gratamente. Y esa sorpresa has sido tú.
- Jeje… no es por presumir, pero estaba segura de ello.
- Vaya, la modestia no es lo tuyo… jeje… Ahora en serio, que vamos a hacer a continuación, quiero decir, después de lo que hemos hecho.
- Creo que a partir de ahora y durante un par de semanas, solo debemos pensar en nosotros dos, pasemos del mundo exterior y olvidémonos de Nat, de la zorra de Cloe, perdona, pero no puedo evitar desahogarme un poco del fracaso con mi chica deseada. Olvidémonos de la universidad, de las obligaciones, y solo pensemos en follar, comer, dormir y fumar un poquito de hierba para relajarnos, solo la justa… ehh…
- Me parece un plan perfecto, pero… ¿solo dos semanas?, creo que necesitaré más tiempo para recuperarme, quiero decir que seguro que tres o cuatro semanas de sexo contigo me iría mejor como terapia – le mostré una cara de angelito que no ha roto nunca un plato -.
- Dos semanas – dijo tajante – es el tiempo suficiente para que vuelvas a ser persona y se te quiten las tonterías de la cabeza. Y por favor Joan… no te enamores de mí, sería un fracaso y destrozaría nuestra amistad, y eso es lo único a lo que no estoy dispuesta a renunciar. Después de estas dos semanas, no volveremos a follar nunca más.
- Puedes estar tranquila que no me enamoraré, y estoy de acuerdo que lo más importante y por encima de todo es nuestra amistad, y tampoco voy a renunciar a ella por nada del mundo.
- Bien, ahora que el pacto es firme, vamos a preparar algo para comer y luego seguiremos comentando la situación en la cama… aún tengo algún secreto escondido que te sorprenderá y espero que mantengas el nivel mostrado, ya habrás comprobado que soy muy exigente…jeje…
- Pues podríamos dejar lo de comer para más tarde e ir directamente a la cama, hay que aprovechar el tiempo, que dos semanas pasan muy rápido…
Fueron dos semanas maravillosas de sexo fantástico, de charlas y discusiones apasionadas, de secretos compartidos, de relajación de cuerpo y mente, de divertidas peripecias culinarias, de más sexo fantástico. Solo salíamos de casa para ir a comprar para regresar de inmediato a la cama. Los mensajes de Nat se fueron difuminando y la segunda semana prácticamente desaparecieron. Frank nos cubrió en nuestros trabajos de la universidad y recopiló todo el contenido que nos perdimos al no asistir a clase. También duplicó las horas dedicadas en los trabajos para Michael, aunque este le dijo que no era necesario, pero discutir de trabajo con el grandullón era tarea inútil.
Por fin llegó la última noche de “terapia” en la que hicimos el amor de la manera más dulce de la que los dos fuimos capaces, entregándonos el uno al otro con toda el alma. Al terminar hablamos con total sinceridad para comprobar que seguíamos de acuerdo con el plan establecido de mantener nuestra relación exclusivamente en el ámbito de la amistad, y ambos nos reafirmamos en ello.
Mentiría que dijese que esta conexión tan íntima lograda con Katy esas dos semanas tan intensas, no había sembrado algunas dudas con respecto a mis sentimientos por ella, y estoy seguro de que a ella también le debía de pasar algo similar. Pero solo la idea de que nuestra amistad se acabase por un movimiento erróneo, me convenció de desestimar esos sentimientos.
Evidentemente no había podido olvidar a Nat, ni su amor, ni su traición, pero sí que había conseguido relegarla bastante al fondo de mis preocupaciones.
Regresé a la rutina habitual, solo que me trasladé temporalmente a la mansión de mi tío para no estar solo y evitar recordar constantemente el sexo con Nat y con Katy en esa cama de mi apartamento. Tanto Felipe como Michael me brindaron su apoyo en todo lo que necesitase, y Frank y Katy continuaron a mi lado incondicionalmente, más que nunca.
Salimos los tres varias veces de fiesta, a beber y a bailar como en los buenos tiempos. Frank seguía con su habilidad de conquistador, pero yo me mantenía en un perfil absolutamente bajo. Pasaba de buscar rollos de una noche, y mucho más después de haber probado las mieles del sexo con Katy, convencido de que no conseguiría a ninguna chica capaz de superar aquello.
Unas semanas antes de los exámenes finales de carrera y de la exposición del proyecto final, salí a festejar la noche con Katy, la última libre antes de sumergirnos en la vorágine de las evaluaciones. Estábamos en una nueva discoteca en la zona de “Little Tokio” de Los Ángeles, tomando unas cervezas mientras discutíamos sobre el ambiente del local. Katy me dejó solo para ir un momento al aseo y mientras tanto me dediqué a mirar a un grupo de chicas que no estaban nada mal. Noté como unos dedos golpeaban mi espalda para llamar mi atención y me di la vuelta pensando que era Katy de regreso del lavabo.
Pero no era ella sino Nat, con un rostro que evidenciaba nerviosismo e incertidumbre por mi reacción inmediata. La miré con cierto desdén, como si su presencia me provocase un molesto cansancio.
- Hola Joan – su voz era todo menos segura – te he visto cuando has llegado con Katy y… me he armado de valor para venir a hablar contigo…
- Nat, no creo que tengamos nada de qué hablar, ya te dije todo lo que tenía que decirte la última vez. Así que déjame en paz y vuélvete por dónde has venido – mi voz era neutra, sin transmitir ninguna emoción, aunque enmascaraba lo que sentía por dentro -.
- Por favor Joan, he intentado disculparme por lo que te hice, necesito que me entiendas que lo último que deseaba era hacer daño.
- Pues no te salió demasiado bien, tal vez follar con tu grupito a mis espaldas no era la mejor manera de no hacerme daño.
- Lo sé… lo sé… quiero que sepas que te quiero, aunque mis actos digan lo contrario, yo te amo, y siento mucho el daño que te he causado. Entiendo que no puedas perdonarme, pero solo quiero que sepas que me arrepiento de haber actuado así de mal. Si pudiese revertirlo todo te juro que lo haría.
- Bueno ahora ya es demasiado tarde, no crees. Mira Nat, estoy intentando curarme y tu presencia no me ayuda. Necesito pasar página de lo nuestro y cuando lo consiga, tal vez pueda perdonarte, no… seguro que podré perdonarte Nat… pero ahora mismo no puedo.
- Lo entiendo Joan – su cara de tristeza me conmovía, pero no estaba dispuesto a que se diese cuenta de ello – y te agradezco que me hayas permitido decirte lo que siento. Estoy mal… muy mal, me siento una basura y la peor de las mujeres…
- Hombre, aquí tenemos a la parejita de tortolitos jeje…
De la nada apareció Tom, el “líder” del grupo de amigos de Nat y sus primeras palabras burlonas me pusieron en alerta. Con él venían tres tipos más y Betty, la otra hembra del grupo. La actitud de todos ellos era igual de burlona y desafiante que la de Tom. La cara de Nat se volvió más preocupada al notar la llegada de sus amigos, lo que me indicó que no esperaba su presencia.
- Por favor Tom, déjanos hablar tranquilos, volveré con vosotros en unos minutos…
- Vamos Nat, porque no nos presentas al cornudito al que tanto amas - era muy desagradable como hablaba ese tipo -. Si nos cae bien lo podemos invitar a nuestras reuniones para que tome apuntes y aprenda como se folla a una puta jeje.
Los otros tres tíos y Betty soltaron unas carcajadas imitando a Tom mientras a Nat se la veía muy cabreada. Estuve a punto de perder los nervios y pegarle un puñetazo a ese gilipollas, pero inmediatamente pensé que no valía la pena perder el tiempo con ellos y dejar que me afectasen sus provocaciones.
- Vete a la mierda Tom, a mí no me llames puta y no te metas con Joan que es más hombre de lo que serás tú en tu puta vida –.
Nat lo soltó con mucha rabia y sus amigos dejaron de reír de inmediato al no esperar esa reacción de su parte. En ese momento llegó Katy que al instante se hizo su composición de lo que estaba ocurriendo.
- ¿Ocurre algo Joan? ¿las dos zorras y estos machitos necesitan algo de ti?
Katy entró como un elefante en una cacharrería, sin cortarse ni un pelo, lo cual no sentó nada bien al grupo. Necesitaba poner fin a la situación que podía volverse peligrosa e incontrolada.
- No pasa nada Katy, ya no tenemos nada más que hablar y quiero tomar un poco de aire puro, que el de aquí está demasiado cargado. Vámonos.
No esperé a que nadie dijese nada y empecé a alejarme de allí cogiendo a Katy por la cintura y arrastrándola a mi lado.
- Maldita bollera – se oyó a Betty gritando tras nuestro – ninguna lesbiana de mierda me llama zorra.
- Betty por favor – suplicaba Nat-, déjalos en paz y vosotros también… ya basta…- ahora les gritaba con desesperación -.
Katy quería revolverse por las palabras de Betty, pero me mantuve firme y continué tirando de ella hacia la salida de la disco. Una vez afuera ella se soltó de mi placaje y me miró muy cabreada.
- Joder Joan, me has dejado con las ganas de partirles la cara a todos esos imbéciles – estaba muy furiosa -.
- Ni hablar, esos capullos no merecen ni un minuto de nuestra atención, que se jodan… larguémonos de aquí que necesito alejarme de Nat y su grupo de amigos.
Seguí caminando por la calle sin saber exactamente hacia donde, con Katy refunfuñando a mi lado. Entonces cometí el error de girar por una callejuela que resultó no tener salida. Al dar la vuelta apareció el grupo de los cuatro tíos, seguidos por Nat que intentaba detenerlos pero que no podía al estar sujeta por su amiga Betty. Ocupaban totalmente la entrada del callejón, avanzando hacia nosotros con la clara intención de pelear conmigo.
Estaba seguro que intentar una conversación razonable con ellos sería inútil, por lo que no me quedaba otro remedio que liarme a hostias con ellos. Tenía todas las de perder porque eran cuatro contra uno, pero aunque me diesen una buena paliza, más de uno se iría a casa calentito.
- No corras cobarde – Tom parecía contento, sintiéndose ganador – No te escondas bajo las faldas de esa zorra. ¿Sabes porque Nat prefiere que nos la follemos nosotros a que lo haga un mariquita como tú? Porque somos hombres y no una niñita cobarde como estás demostrando que eres.
- Por favor Tom, dejadlo ya - gritaba llorando histérica Nat – Vamos a divertirnos por ahí, tengo ganas de follaros a todos, olvidaros de estos dos, que se pudran ahí solitos, pero vámonos… por favor…
Estaba claro que Nat quería alejarlos de allí, pero sonaba tan poco convincente y desesperada que podían más las ganas de venganza de sus amigos que la fuerza de sus palabras.
- No te preocupes que luego montaremos una buena orgía, pero primero vamos a darles a estos dos una lección para que aprendan cuál es su lugar…
La pelea era inevitable y mi única preocupación era que no hiciesen daño a Katy, por lo que me puse delante de ella indicándole que se retirase al fondo del callejón, a cubierto tras unos contenedores. Entonces ocurrió algo totalmente inesperado…
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