El Príncipe y la Periodista 5 - De Compras
Rose llegó a Kanaan para escribir sobre la modernización, pero el palacio tiene otros planes para ella. Cuando la noche cae y la curiosidad la lleva al jardín, descubre que su reportaje se convertirá en una lección de sumisión que no pidió.
(Nuevo capítulo de esta serie, continuando con la estancia de Rose en el Emirato. Decir que tiene menos sexo y dominación del acostumbrado, pero he querido desarrollar un poco más la historia, y no quería alargar más el capítulo o cortarle en un sitio inadecuado. Prometo ración doble en el próximo capítulo.
Gracias por leer mis relatos y traducciones, por vuestros comentarios y valoraciones)
El Príncipe y la Periodista 5 – De Compras
(punto de vista de Rose)
Debería estar durmiendo, pero hace ya dos horas que regresé a mis habitaciones, después de la cena y del espectáculo erótico, (y de correrme viéndolo), pero soy incapaz de conciliar el sueño.
Decido sentarme en el pequeño escritorio y encender el ordenador, escribir mis artículos siempre me ha relajado y espero que en esta ocasión ocurra lo mismo, por desgracia lo único que consigo recordando todo lo ocurrido durante el día anterior es que todo mi cuerpo comience a excitarse.
Desde el escritorio observo a Teresa dormida en su jaula, está desnuda y sus tetas suben y bajan en su pecho debido a su respiración. Sé que podría despertarla y usarla para hacer desaparecer mi excitación, pero he venido a Kanaan a escribir sobre sus cambios para modernizarse y olvidarse de las antiguas leyes y costumbres, no para distraerme con las esclavas que pululan por el palacio por mucho que parezca que es lo que pretende Caleb.
Finalmente decido ir en busca de la tercera cosa que más me relaja, después de escribir y del sexo, un poco de helado, que estoy segura que puedo encontrar en este palacio.
Camino por los inmensos pasillos del palacio sin encontrarme a nadie, dándome cuenta de que no tengo ni idea de dónde se encuentra la cocina o algún sitio donde pueda encontrar lo que busco.
Al girar en uno de los pasillos choco con algo enorme y caigo de culo al suelo, al levantar la vista me encuentro con un enorme hombre oscuro como la noche, tardo unos segundos en reconocerle como el hombre que ví al llegar al palacio y con el que Teresa se enfadó.
“¿Está bien señorita Wagner?” me pregunta ofreciéndome la mano para ayudarme a levantarme, sorprendiéndome de que sepa mi nombre.
Mientras me levanta me doy cuenta de que está desnudo, la enorme polla que ya ví hace unas horas cuelga semi flácida, pero con un tamaño intimidante.
“No debería andar sola por los pasillos del palacio a estás horas;” me dice con un tono de enfado como si estuviese riñéndome. “Podría encontrarse con alguno de los guardias del palacio que viéndola vestida como va, podría pensar que es una de las esclavas del palacio a la que puede usar sin problemas.”
Ni siquiera me he dado cuenta de que para salir de la habitación me he vestido con el traje del harem, y que ni siquiera me he abrochado la parte de arriba dejando mis pechos a la vista.
“Solo buscaba la cocina para comer algo;” le digo al hombre cruzando los brazos delante de mi cuerpo para cubrirme los pechos, provocando que muestre sus dientes en lo que debe de ser una sonrisa.
“Rina le acompañará a la cocina y luego a sus habitaciones;” me dice el hombre moviéndose a un lado dejándome ver a dos esclavas que se ocultaban tras su enorme cuerpo.
Ambas esclavas son de origen local, muy parecidas al grupo de jóvenes que esperaban su prueba de admisión a la entrada del palacio, cuerpos esbeltos y delgados de piel aceitunada, con largas piernas y tetas pequeñas, y ojos de tono entre verde y marrón, las dos están desnudas y puedo observar los piercings de sus pezones y su clítoris similares a los que ya he visto en Teresa.
“Te espero en el jardín después de que acompañes a la señorita Wagner a sus habitaciones;” le comenta el hombre a Rina, agarrando por la cintura a la otra esclava, llevándosela en volandas.
Al caminar junto a Rina por los pasillos del palacio, me doy cuenta de que sin su ayuda no solo no habría encontrado la cocina, si no que seguramente no habría podido ni regresar a mis habitaciones.
Por fin llegamos a una enorme cocina llena de armarios, arcones y frigoríficos.
“Lady Rose, ¿Quiere que le prepare algo de comer?” me pregunta Rina.
“No hace falta, solo quiero comer algo de helado;” le contesto, quedándome con las ganas de preguntarle como parece ser que todos saben mi nombre.
Rina abre uno de los arcones y saca varias tarrinas de helado de diversos sabores, y los deja sobre una de las mesas. “Lady Stephanie nos ha informado tanto a las esclavas del palacio como al resto del personal de su llegada y nos ha pedido que atendamos todas sus necesidades;” me comenta Rina indicándome que me siente, “Y también nos ha pedido que nos comportemos e intentemos no escandalizarla demasiado.”
Me siento y abro una tarrina de helado de chocolate, y mientras me llevo la primera cucharada a la boca, pienso en lo que vi hace unas horas y en lo que acabo de ver por parte del enorme negro.
“Bungami hace lo que quiere;” me comenta Rina adivinando lo que estoy pensando, “Solo Lady Stephanie se atreve a darle órdenes, y no siempre las obedece;” añade permaneciendo de pies a un lado de la mesa.
“Puedes sentarte y comer helado si te apetece;” le digo a Rina, “Además así aprovecho y te pregunto algunas cosas.”
La joven esclava me mira sorprendida, relamiéndose al mirar las tarrinas de helado, “¿Seguro que puedo?”
Abro otra tarrina de helado y se la ofrezco a Rina, que rápidamente se sienta a mi lado y comienza a comerlo, saboreándolo como si nunca lo hubiese probado.
“¿Nunca has comido helado?” le pregunto.
“Solo una vez a los pocos días de llegar al palacio;” me contesta, “Pertenezco a una de las tribus nómadas del desierto, y el helado es algo de lo que no disponemos.”
“¿Qué hiciste para acabar como esclava?” vuelvo a preguntarle.
“No hice nada Lady Rose;” me responde un poco asustada por mi pregunta, “Todas las jóvenes de Kanaan tenemos que servir durante tres años como esclavas en el Emirato, por desgracia no fui seleccionada para el harén del Emir, pero ser esclava en palacio es mejor que ser vendida a alguno de los clubes o burdeles de la capital.”
“Lo siento;” le digo a Rina, pensando en lo que tiene que ser pasar tres años como esclava sirviendo los caprichos de los hombres y mujeres del palacio.
“No lo sienta Lady Rose, todas las jóvenes de Kanaan estamos orgullosas de nuestro periodo de esclavitud;” me comenta Rina, “Cuando acaba nuestro tiempo como esclavas podemos encontrar fácilmente trabajo y un esposo.”
“No lo entiendo;” le comento, asombrada por todo lo que me está comentando.
“Desde que hace unos diez años el difunto Emir comenzó la apertura y cambió algunas leyes, todas las esclavas reciben educación en la especialidad que ellas escogen, las esclavas del harem, son educadas por profesoras universitarias contratadas por el gobierno, y una vez liberadas acaban trabajando como ejecutivas en algunas de las empresas públicas, y si lo desean se casan con altos cargos del gobierno o del ejército.”
“¿Y las esclavas de palacio como tú?” le pregunto antes de que acabe su explicación.
“Acabamos como secretarias, dependientas o enfermeras;” me responde sonriendo, “Yo estoy estudiando enfermería y dentro de seis meses cuando acabe mi periodo de servicio, pasaré a ser parte del servicio médico del palacio y me casaré con uno de los guardias, un joven apuesto llamado Shariff.”
Muevo la cabeza, sorprendida por la naturalidad con que Rina habla de su esclavitud, como si fuese algo normal.
“Creo que será mejor que regrese a mis habitaciones;” le digo a Rina tapando las tarrinas de helado y guardándolas en su sitio, “Además creo que Bungami estará esperándote.”
“No se preocupe por Bungami, Lady Rose;” me dice Rina. “Atiya se estará encargando de entretenerle, solo espero que haya usado su culo, así cuando yo llegue se follará mi coño.”
Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al imaginarme la enorme polla que he visto follándose el coño o el culo de cualquiera de las dos esclavas.
Caminamos diez minutos por los pasillos del palacio, hasta que al girar en una esquina Rina se detiene.
“Su habitación esta al final del pasillo;” me comenta Rina, “Justo al otro lado de la puerta del jardín donde están Bungami y Atiya.”
"Gracias por acompañarme y contestar a mis preguntas;” le señalo a Rina.
“Soy una esclava, no tiene que darme las gracias, Lady Rose;” me responde Rina bajando la mirada al suelo, “Soy yo quien tiene que dárselas por el helado.”
Comienzo a caminar hacia mis habitaciones, pero unos metros después me detengo y me giro hacia el otro lado, viendo como Rina se aleja hacia la puerta del jardín. No sé qué se me pasa por la cabeza, pero decido dirigirme hacia el jardín con la intención de ver que hace Rina con Bungami y la otra esclava.
Salgo al jardín en silencio y no tardo en escuchar los primeros gemidos, me dirijo hacia su procedencia, y me quedo parada al ver a Bungami tumbado en el suelo con Atiya colocada encima de él, subiendo y bajando en su enorme polla. La esclava parece minúscula sobre el enorme cuerpo negro, y me parece increíble que esa enorme polla pueda entrar en ese pequeño cuerpo.
Miro a mi alrededor buscando a Rina pero no la encuentro, iba delante de mí y ya debería estar con Bungami, pero no la veo por ningún lado.
“Sabía que ibas a seguirme;” me dice alguien a mi espalda agarrándome por la cintura, girando mi cuerpo hacia ella.
Antes de que pueda decir nada siento unos labios sobre los míos, y una lengua intentando entrar en mi boca. Intento resistirme hasta que noto unos dedos acariciando uno de mis pezones y abro la boca para protestar, dejando paso a la lengua.
“¡Sabes a fresa y chocolate!” me dice una sonriente Rina rompiendo el beso pero sin dejar de jugar con sus dedos en uno de mis pezones.
“¿Qué haces?” le digo sin hacer nada para que se detenga.
“Obedecer las órdenes de Lady Stephanie de atenderla en lo que necesite y sobre todo darle las gracias por el helado;” me dice llevando su boca a mis tetas.
“¡Para, Rina!” le ordeno.
“¿Seguro que quiere que me detenga, Lady Rose?” me responde con otra pregunta, volviendo a besar y chupar mis tetas sin esperar mi respuesta.
La única respuesta que sale de mi boca es un ligero gemido cuando Rina muerde uno de mis pezones provocando que mi excitación aumente.
Antes de que me de cuenta, y sin dejar de chuparme las tetas y acariciar todo mi cuerpo con sus manos, Rina me ha sacado del lugar donde estaba escondida y me ha llevado al medio del jardín, dejándome a unos pocos metros de donde Bungami continúa follándose a Atiya.
Suelto un grito de sorpresa al ver al enorme negro sonriéndome, con la esclava todavía empalada en su polla. Intento alejarme de él, pero mi cuerpo no parece obedecerme y más cuando Rina se arrodilla a mis pies, y bajándome los pantalones lleva su boca a mi coño.
El gemido que sale de mi boca cuando siento la lengua de Rina entrando en mi coño, es tan intenso, que me olvido de que si salí a buscar el helado es precisamente para olvidarme de la excitación que sentía.
Joder, me gusta el sexo, y aunque prefiero una buena polla llenando mi coño, no me importa comer un coño y que me coman el mío, aunque siempre como segunda opción, pero en las últimas cuarenta y ocho horas, Rina es la cuarta mujer que juega conmigo.
Agarro a Rina del pelo y tiro de su cabeza hacia atrás, “Llévame al orgasmo en menos de cinco minutos, o haré que Bungami se fólle tu culo;” le digo recordando lo que me dijo en la cocina.
“Te llevaré a dos orgasmos antes de los cinco minutos, y si lo hago será a ti a quien se fólle Bungami;” me responde enterrando su cabeza en mi coño.
“¡Ni lo sueñes!” le grito a Rina, aunque en vez de alejar su cabeza de mi coño la agarro con fuerza para evitar que se escape.
El primer orgasmo llega en poco más de un minuto, provocando que mis gemidos rompan el silencio del jardín. A pocos metros de mí, Bungami vuelve a sonreír, levantándose tranquilamente del suelo manteniendo a Atiya empalada en su polla.
La lengua de Rita no está dejando un rincón de mi coño sin explorar, centrándose principalmente en la zona alrededor de mi clítoris, aunque prestándole menos atención de la que yo desearía, aunque cuando lo hace resulta peor y me lleva al segundo orgasmo.
“Es toda tuya Bungami;” comenta Rina poniéndose de pies.
El gigante negro levanta a Atiya, desmontando su pequeño cuerpo de su polla y se acerca a nosotras, aunque tanto para mi sorpresa como para la de Rina, es a ella a quien agarra de la cintura y empuja al suelo.
“Aquí soy yo quien da las órdenes;” grita Bungami, “Vosotras dos sois esclavas y la señorita Wagner una mujer libre, aunque si cuando me corra sigue aquí no tendré problema en follármela.”
Bungami se arrodilla detrás de Rina y empuja sus caderas hacia adelante, noto como el cuerpo de la joven esclava se tensa y un pequeño gesto de dolor se dibuja en su rostro, lo que hace que no me sea difícil imaginarme que Bungami se está follando su culo, aunque pocos segundos después el placer llena su cara.
“Atiya, túmbate en el suelo para que Rina te coma el coño;” ordena Bungami, “Y tú, mastúrbate o vete de aquí;” me dice a mí.
Obedezco sin dudar, llevando mi mano derecha a mi coño, completamente empapado después de los dos orgasmos, comienzo a meter tres de mis dedos, moviéndoles dentro, sacándolos luego para volverlos a meter, follándome con ellos como si fuesen una polla.
Mientras tanto no puedo dejar de mirar a Bungami y a las dos esclavas, Atiya ya ha tenido un orgasmo gracias a la lengua de una Rina que hace rato que ha llegado a un clímax gracias a la polla de Bungami en su culo, clímax del que no parece querer bajarse.
Después de los dos orgasmos que he tenido, tardo más de cinco minutos en llegar a otro, coincidiendo con el momento justo en que Bungami se cansa de follarse el culo de Rina y se sale de él dirigiéndose hacia mí.
“Su turno señorita Wagner;” me dice.
No reacciono en unos segundos, pero cuando lo hago salgo corriendo del jardín hacia la puerta del palacio, me detengo al oír una fuerte carcajada, y al mirar hacia atrás veo a Bungami con las dos esclavas arrodilladas a sus pies corriéndose sobre sus caras.
No me detengo hasta llegar a mis habitaciones, me tumbo en la cama y comienzo a llorar sobrepasada por todo lo ocurrido.
(punto de vista de Lady Stephanie)
Suspiro tranquila al ver a Rose saliendo del jardín, se que Bungami no iba a follársela, pero eso ella no lo sabe, sigo mirando las pantallas esperando que regrese a sus habitaciones cuando oigo a alguien entrar.
“¿No pensaba que fueses una mirona?” me dice una voz a mi espalda que me obliga a desviar la atención de la pantalla y ver cómo Rose entra finalmente en sus habitaciones.
Me giro y sonrio a Lady Nabila, es agradable verla en palacio después de tanto tiempo ausente.
“No soy una mirona, me gusta observar lo que sucede en el palacio;” le respondo invitándola a sentarse a mi lado.
“¿Observar o controlar?” me pregunta Lady Nabila sonriéndome.
Sonrio sin contestarla, observando unos segundos las pantallas, comprobando que nada ocurre en el resto del palacio.
“Controlar;” afirma Lady Nabila respondiendo a su propia pregunta, “Todo menos a Bungami;” añade sonriendo.
“No puedo con Bungami, ya sabes que le aprecio mucho, pero a veces me saca de quicio;” le comento a Lady Nabila. “Será mejor que hable con Caleb para que le mande a alguna misión en el desierto para librarme de él. Si antes le digo que se comporte y no arme ningún escandalo mientras la periodista americana esté en el palacio, antes agarra a dos esclavas de palacio y las obliga a que le chupen la polla justo a la entrada del palacio.”
“Por suerte cuando hace un rato se ha encontrado con la señorita Wagner en los pasillos del palacio, se ha comportado, por unos momentos mientras observaba las imágenes en las pantallas, me temí que al verla vestida como una esclava se dejase llevar e intentase follársela.”
“¿Qué te parece la señorita Wagner?” le pregunto con interés curioso.
“Es guapa y muy inteligente, tal vez demasiado;” me contesta, “Le va a ser difícil a Caleb controlarla y controlarse.”
“Por eso voy a ocuparme personalmente de la estancia de la señorita Wagner durante su tiempo en Kanaan, para controlarla y alejar a Caleb de las tentaciones;” le comento.
“Seguro que no tienes ningún interés añadido;” me insinúa Lady Nabila.
“Ya se verá;” señalo. “Es evidente como dedujo Teresa, que la señorita Wagner es una lesbiana reprimida con un lado sumiso al que está deseando rendirse, pero sospecho que aunque disfruta más con un hombre que con una mujer, solo está dispuesta a someterse a una mujer, y estoy pensando en comprobarlo.”
“Eso encaja con la manera en que la señorita Wagner se ha comportado con las dos esclavas y en cómo ha salido corriendo cuando se le ha acercado Bungami;” señala Lady Nabila.
“Veo que alguien más ha estado viendo las pantallas;” le digo.
“Esta mañana he hablado con Caleb y me he ofrecido a ayudarle con el reportaje, ahora te traslado ese ofrecimiento a ti;” me dice desviando el tema de la conversación.
No puedo evitar sonreír ante la propuesta de Lady Nabila, soy tan solo seis años mayor que ella, y aunque es la hija mayor de mi marido el difunto Emir, pasamos mucho tiempo juntas en el harén a mi llegada, sobre todo después de que tras el nacimiento de Caleb, fui nombrada Primera Esposa, por desgracia tuvo que abandonar el palacio y refugiarse con las tribus nómadas cuando se negó a contraer matrimonio y le dijo a su padre que era lesbiana. Solo después de la muerte del Emir ha regresado a palacio, aunque reside la mayor parte del tiempo con las tribus.
No sé por qué el recordar el pasado de Lady Nabila hace que una extraña idea surja en mi cabeza y decida aceptar su ofrecimiento.
“Teresa se encargará de hacer todo lo que le diga y me irá informando de todo;” comento “Además visto lo de esta noche ordenaré que Rina esté cerca de la señorita Wagner, además con dos esclavas atendiéndola, espero que lo de esta noche no vuelva a repetirse, aunque tengo que decir que no me esperaba que después de comerse el helado y hablar con Rina, en vez de regresar a sus habitaciones, la señorita Wagner siguiese a la esclava hasta el jardín para espiar como Bungami se las follaba.
“Mañana voy a ir de compras con la señorita Wagner y con Yaiza y quiero aprovechar para averiguar alguna cosa más sobre ella, puedes unirte si quieres;” le propongo.
“No tengo ningún interés en la señorita Wagner;” me comenta, aunque no deja de mirar la imagen de la periodista en una de las pantallas, “Pero hace casi seis meses que no veo a Yaiza, y quiero pasar tiempo con ella antes de que Caleb se la lleve a los Estados Unidos.”
“Perfecto, nos vemos mañana a las once;” le digo apagando las pantallas antes de retirarme a dormir.
(punto de vista de Rose)
“Despierte señorita Wagner, Lady Stephanie nos está esperando para ir de compras;” me despierta una voz que no reconozco como la de Teresa.
“Al diablo las compras y al diablo Lady Stephanie;” protesto intentando cubrirme la cara con la almohada.
“Lady Stephanie y mi hermano siempre me dicen que no hay que decir esas cosas;” replica la voz.
Es entonces cuando recuerdo que había quedado con la Princesa Yaiza para ir de compras, y reconozco su dulce voz.
“¡Mierda!” grito al darme cuenta de que me metí en la cama desnuda después de salir corriendo del jardín, e intento cubrirme con las sábanas.
“No hace falta que se cubra señorita Wagner, estoy acostumbrada a ver a las esclavas desnudas, y usted tiene un cuerpo y unas tetas más bonitas que la mayoría de ellas;” me dice la niña tranquilamente sin dejar de mirarme.
“¡Yaiza!” grita una voz desde la puerta, “Deja a la señorita Wagner que se levante y se vista para que podamos ir de compras;” le ordena Lady Stephanie desde la puerta de la habitación.
“Lo siento señorita Wagner, esperare fuera;” me dice Yaiza agachando la cabeza.
“No se lo tenga en cuenta Rose;” me comenta Lady Stephanie acercándose a la cama, dejando ropa sobre ella, “Esta acostumbrada a no llamar a las puertas.”
“No pasa nada, no me di cuenta de la hora que era, anoche me costo dormirme;” le contesto, “¿Tengo tiempo para una ducha?”
“Una ducha rápida sin ningún tipo de juegos;” me contesta, provocando que sienta algo de vergüenza al saber a lo que se refiere.
Apenas tomo cinco minutos en ducharme y vestirme, aunque cuando me miro al espejo muevo la cabeza al volver a verme con el traje chaqueta gris y la blusa blanca. Salgo de la habitación y sonrio al ver que Lady Stephanie está vestida de la misma manera que yo, y aunque a ella debido a su edad le queda bastante mejor que a mí, estoy segura de que con otra ropa resultaría mucho más atractiva.
Me acerco a Yaiza que permanece con la mirada baja después de la regañina de Lady Stephanie, y paso mi mano por su cabeza despeinándola.
“No pasa nada porque me hayas despertado;” le digo “Y quiero que a partir de ahora me llames Rose, pero tienes que acostumbrarte a llamar a las puertas, imagínate que hubiese estado acompañada por un hombre;” le comento.
“¿Por mi hermano Caleb, por ejemplo?” me suelta provocando que ahora sea yo quien baje la mirada al suelo.
“¡¡Yaiza!!” exclama Lady Stephanie.
“¡Que pasa, a Rose le gusta Caleb y a Caleb le gusta Rose, ayer comiendo se miraban como tu mirabas a mi padre, o como ahora miras a Bungami;” señala Yaiza encogiéndose de hombros.
“¡Ya basta Yaiza! Olvidémonos de esto y vayamos al patio, tengo una sorpresa esperándote.”
La cara de Yaiza se ilumina ante las palabras de Lady Stephanie y sus hermosos ojos verdes parecen brillar, aunque la ropa que lleva resulta demasiado infantil para una niña de trece años.
Atravesamos de nuevo el palacio, y aunque intento fijarme en los detalles de los pasillos, no encuentro nada diferente a los que recorrí ayer, tanto por el día como por la noche. Finalmente salimos del palacio, aunque no por el sitio por donde entramos el día anterior, el enorme patio, con una bandera del Emirato y una estatua de un león me dan a entender que se trata de la entrada principal.
En cuanto salimos al patio, a pesar de que Lady Stephanie le dice que no lo haga, Yaiza echa a correr hacia una mujer que se encuentra apoyada en un Audi A7 Sportback blanco, y cuando llega a ella se arroja a sus brazos.
“Es su hermana la Princesa Nabila, son hijas de la misma madre, y por circunstancias son la hija mayor y la más pequeña del difunto Emir;” me comenta Lady Stephanie sin dejar de mirar la escena.
Según me acerco al coche observo la figura de Lady Nabila, no cabe ninguna duda de que ella y Yaiza son hermanas, sus caras son prácticamente idénticas, salvando los veinte años de diferencia, y la sonrisa de Yaiza en contraposición con el rostro serio de su hermana.
“Rose, te presento a la Princesa Nabila ib Ghazi al Kanaan, primogénita del difunto Emir Yussuf Al Dilial, representante de las Ocho Tribus y Heredera al Trono del Emirato;” señala Lady Stephanie.
“Steffi, te he dicho que no…” comienza a hablar Nabila antes de verse interrumpida por Lady Stephanie.
“Hasta que tu hermano Caleb sea coronado y nombre a su heredera, tú ostentas ese cargo, te guste o no;” comenta Lady Stephanie con voz seria.
“Te presento a la periodista de Los Ángeles Times, Rosalyn Wagner.”
Me acerco a Lady Nabila sin saber si darle la mano o dos besos, al final es ella la que primero me da la mano y luego me acerca para darme un beso en cada mejilla.
“No muerdo señorita Wagner;” me dice Lady Nabila.
“Puede llamarme Rose;” le comento algo intimidada por ella, mientras Lady Stephanie y Yaiza se suben al coche.
(punto de vista de Yaiza)
Me alegró mucho al ver a mi hermana Nabila esperándonos en el coche, hace más de seis meses que no la veo y la echaba de menos. Echo a correr hacia ella a pesar de que Lady Stephanie me dice que no lo haga y me tiro a su brazos en cuanto llego a su altura abrazándola con fuerza, Nabila me sonríe y me da muchos besos antes de que lleguen Lady Stephanie y Rose y todas se pongan muy serias.
El viaje hasta el centro comercial no está siendo divertido, primero porque Lady Stephanie se ha empeñado en conducir, y por lo que le he entendido a mi hermana, lleva años sin conducir eso si tiene algo llamado licencia de conducción. Además la conversación está siendo muy aburrida, no dejan de hablar de números y de otras cosas parecidas.
Me gusta que venga Nabila, pero creo que va a estropear mis planes de hablar con Rose de ciertas cosas que nadie quiere explicarme, quiero hablar con ella de los Estados Unidos, y de las cosas que salen en la televisión, y quiero hablar de chicos. Rose es vieja, pero no tanto como Lady Stephanie o mi hermana, y viendo como mira a Caleb creo que entiende algo de chicos.
No es que yo conozca a muchos chicos, tan solo a dos, Jake y Vincent, y son mayores que yo, pasan temporadas en palacio, Jake es muy simpático y me ayuda mucho con los deberes, creo que es mi primo o algo así, me parece haberle visto por palacio el otro día, aunque no se ha acercado a saludarme, aunque claro teniendo en cuenta que la última vez que nos vimos hace unos meses, se coló en una de las piscinas del harén donde estaba yo bañándome y fuimos descubiertos por Lady Stephanie, normal que no quiera verme si recibió la misma azotaina que yo.
Vincent es hijo de Bungami, un amigo de mi hermano y de Lady Stephanie, es muy grande y se mete mucho conmigo, pero luego es muy amable y me trae muchos regalos de los sitios donde viaja. Creo que me he enamorado de él.
Por fin el coche se detiene en el Centro Comercial, es enorme, por fin he conseguido que me traigan, sabía que ordenar a Enke que llamase al hotel de Nueva York para que enviasen el equipaje a otro lado funcionaría, solo espero que Lady Stephanie no se entere.
(punto de vista de Rose)
Cuando Lady Stephanie detiene el Audi, lo primero que hago después de bajarme del coche es respirar aliviada, lo segundo es mirar asombrada a mi alrededor. En el trayecto de ayer en limusina desde el aeropuerto al palacio, apenas puede ver nada de la City, pero ahora puedo admirarla en todo su esplendor.
No tiene nada que envidiar a otras capitales de países árabes como Doha, Abu Dhabi o Kuala Lumpur, más de una docena de enormes rascacielos se elevan hacia el cielo, y al menos otra veintena de ellos se encuentran en construcción. Tiendas de moda de las mejores marcas, cafeterías, cines, todo lo que puedes encontrar en una capital europea o americana puedo verlo a mi alrededor.
Solo una cosa me dice que no estoy en una de esas ciudades, las esclavas semi desnudas que guiadas por una correa puedo ver siendo paseadas por sus dueños, la mayoría de ellas en top less, pero ninguna desnuda.
“Dime Rose, ¿Te gusta lo que ves?” me pregunta Lady Stephanie.
“Investigue un poco en el hotel y en el avión;” le contesto, “Pero para nada esperaba algo así, es increíble.”
“En tan solo veinte años y costando miles de millones de dólares;” comenta Lady Nabila en un tono que me da a entender que no le gusta todo lo que nos rodea.
“Todo ese dinero podía haberse empleado de otra manera, pero no puedo negar que la inversión y los cambios están funcionados;” añade confirmando mis sospechas.
“Pero sigue habiendo esclavas;” comento sin pensarlo.
“Y las seguirá habiendo;” me dice Lady Stephanie, “Ese es uno de los objetivos principales de tu reportaje, que entiendas que las esclava son parte de la cultura, la tradición y la economía del Emirato, no solo simples esclavas sexuales, que lo entiendas y lo expliques en el reportaje.”
Continuará…
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