Xtories

Encuentro con una EX que está casada

Silvia siempre fue su primer amor, pero ahora es la esposa perfecta de otro hombre. Sin embargo, una noche de alcohol y provocaciones en un curso de verano rompe todas las barreras. Lo que empieza como una charla entre viejos conocidos se transforma en una serie de encuentros sexuales crudos y arriesgados, donde el riesgo de ser descubiertos y la traición al marido se convierten en el mayor excitá

Valenciano36K vistas9.5· 38 votos

Por culpa del trabajo y una movida que ha habido se han producido turbulencias severas. Acabamos el curso que impartimos, donde los asistentes eran demasiado pasotas e incluso irrespetuosos, eso los que asistieron, que algunos pasaban de ir todas las horas. Por eso los que impartían los cursos, me propusieron no dar el certificado de capacitación, siempre que no me causara un quebradero de cabeza. Se suponía que este certificado era casi un mero trámite, pero les dije que me hicieran un informe individualizado de cada asistente. Una vez tuve en mi poder todos, el último día estaban todos esperando el dichoso certificado.Le entregué a cada uno un documento que a su vez remití a quien correspondía, diciéndoles a cada uno que, por falta de interés, por su desgana y en algunos casos por su falta de asistencia no se podía certificar la capacitación del curso desarrollado, esto fue en resumen lo que les entregué. Recibiendo todo tipo de adjetivos “afectuosos” y alguno que fue más allá de los adjetivos, siendo denunciados donde correspondía. Esto fue la primera parte porque temblaron los cimientos y más con las denuncias, porque había personas que lo justificaban por la edad, la inexperiencia, etc, etc,.

El martes 1 de agosto empezaba el segundo y acordamos que, con tres faltas de asistencia se iban para su casa y no se permitiría ni una sola falta de respeto. Un compañero me comunica que esta vez va a ser distinto porque los asistentes van desde los 30 a los 52 y es otro tipo de curso. Ya están todos los asistentes y les voy a dar la bienvenida, para luego explicarles en qué va a consistir el curso. Nada más salir veo a Silvia (nombre real) que es una mujer de mi edad. Salimos cuando teníamos 15 años y duramos aproximadamente un año. Silvia en aquel entonces era una chica que físicamente estaba muy desarrollada para su edad. Muy tímida y por la educación recibida o mi torpeza o inexperiencia, nunca logré pasar de los calentones metiéndonos mano. Estudiamos en distintas universidades y lo único que supe de ella es que se casó con un compañero de carrera, un cerebrito. Sabía más de él que de ella, pero a nivel profesional. Ahora Silvia estaba más bella. Su melena castaña la llevaba por los hombros, un poco más abajo, con pequeñas ondulaciones, sonrisa encantadora y hablando con otros asistentes, ni me había visto. 1.65 su pecho que a los 15/16 era más que llamativo de la hermosura que tenía, se le notaba igual de bien. El escote lo reafirmaba.

Cuando digo BUENOS DIAS, se quedan en silencio, me miran y es cuando veo la mirada de Silvia con esos ojos grandes y de color ámbar intenso. Sorpresa y algo más, sin poder decir si era bueno o malo. Me hacen algunas preguntas, que voy indicando que me las hagan en el orden que levantan la mano. Cuando me la hacen me dicen su nombre y cuando le toca a Silvia, me dirijo a ella por su nombre, le contesto a la pregunta y al terminar le digo que me alegra mucho verla. Después de ese briefing, iniciamos el curso. Como en el otro, doy la primera o la última, según me interese. En este caso daría la última porque ya lo habíamos establecido así. Al terminar se me acerca Silvia, nos damos dos besos y me llega su perfume arrebatador, decidimos ir a comer juntos, la verdad que partió de los dos a la vez. Nos reímos mucho recordando tonterías y a amigos de esa época, hasta que ella me pregunta:

— Ya hemos dejado nuestra época de adolescencia, estoy bien casada, ya sé que tu no, que me tienen al día Marisa y Pablo, amigos de chavales que no es que estén casados ni sean pareja. A lo que iba ¿Por qué me plantaste?

— Vete tú a saber, ya ni me acuerdo, que teníamos 16 años. (estaba mintiendo como nunca)

— Pelayo, Pelayete, que estás hablando conmigo, me dices que no me lo quieres decir y ya está, pero mírame a los ojos y no me mientas.

— No quiero resultar desagradable y lo sería respondiéndote.

— Te voy a recordar que cuando salíamos juntos nos juramos no mentirnos y cuando lo dejamos, quedamos en que siempre nos seríamos sinceros y que, si alguno necesitaba del otro, allí estaríamos, pues cumple tu juramento.

— Pues va. No había manera de llegar a más contigo, era un imposible y lo peor que me dabas la charla y me marchaba además de con el calentón, con unos remordimientos bestiales.

— Jajajajaja, ahora si te creo. Que sepas que no eras tu solo el que se marchaba con calentones y la verdad que con el tiempo pensé que tonta que fui, pero si no llegamos a más fue por el miedo a tu “COSA” que con tu edad era algo fuera de lo normal, que los novios de las demás eran cositas más normales. Hasta la de mi marido, que me hizo daño la primera vez, pues fíjate si hubieras sido tú.

— Ya te has sacado la espinita de saber el motivo, pues me alegro. ¿Y cómo se te ocurre apuntarte a un curso de esto en agosto?

— Porque me viene muy bien en mi trabajo y fue una sugerencia de los de arriba, sugerencia por decir algo y como mi marido se iba a la central de su empresa en EEUU Durante más de un mes, pues aprovecho este tiempo y así cojo las vacaciones a la misma vez que él y no me aburro.

— Por lo que comentas no has tenido hijos.

— Pues no. (zanjó el tema de conversación y no continúe)

— Es hora de irnos, si un día quieres tomar algo, solo tienes que decírmelo, que estoy a tu disposición.

No iba con segundas, la proposición era de buen rollo. No intente forzar un encuentro. Nos intercambiamos los números de móviles y nos marchamos. Más que darme alegría o resultarme indiferente el encuentro, lo que me impactó, es que estuviera tan buena y lo que me extraño es que no tuviera hijos, porque ella siempre decía una y otra vez, que como mínimo quería ser madre de cuatro. Los días pasaban y no coincidimos a tomar nada solos, siemprehabía alguien del curso, donde había varias mujeres muy atractivas, entre ellas una que no era muy atractiva de cara, pero tenía cara de “guarrona” y eso me pone mucho. Una noche que salimos de cena, esta mujer decía constantemente —esto es como en Las Vegas, lo que ocurra en las noches valencianas se quedara en Valencia— lo acompañaba con grandes risas y mirándome descaradamente. Hasta Silvia con un tono de indignación —cuidado con esa que, aunque está CASADA, está claro que quiere cepillarte— y mi comentario no era el que esperaba —pues no me había dado cuenta, si intenta algo gritare— la cena acabo de forma “pacifica” y no porque lo quisiera así, pero, aunque sabía que había posibilidades con alguna, no quería abrir ese melón, si alguien quería abrirlo que fuera alguna de ellas.

A la siguiente noche Silvia quiso quedar a solas conmigo y quedamos. Unas tapas, porque ella come como un pajarito y luego nos fuimos a una terraza que quedaba cerca de su hotel a tomar unas copas. Había pensado que al quedar cerca de su hotel era para algo más, pero conforme fue transcurriendo la noche me fui dando cuenta de que no iba a pasar nada. Suena su móvil, es su marido, habla con él tranquilamente, en su tono de voz, en lo que se dicen, porque se escucha la voz de su marido algo, todo muy normal, solo una pequeña mentira, cuando es preguntada por donde está y que hace, su respuesta fue que estaba tomando una copa con unos compañeros del curso. Una vez que terminó de hablar pidió otra copa y no comento nada de su conversación. La confianza lejana se recuperó, tal vez algo tuvo que ver el alcohol y primero hablamos de mi vida más personal e íntima. Sus preguntas, la mayoría de ellas eran muy certeras, lo que significaba que sabía mucho más de mí que yo de ella. Después de un buen rato respondiendo a sus preguntas de forma muy sincera, le pregunto:

— Ahora me toca a mi saber algo más de ti, por ejemplo, ¿cómo va tu matrimonio?

— Pues supongo que como todos los matrimonios que llevan el mismo tiempo casados. Bien, pero con altibajos. Nos llevamos muy bien, nos contamos todo, nos apoyamos en nuestro trabajo, nuestras familias se llevan muy bien, somos muy piña todos.

— Si todo os va tan perfecto, ¿cuáles son los altibajos?

— Pues no sé, los altibajos de una pareja, claro como tu eso lo desconoces, jajajaja, no lo puedes imaginar.

— Venga, voy a hacer un esfuerzo y voy a tratar de imaginarlo, si me equivoco me lo dices, porque lo mismo me pierdo. ¿Te parece bien?

— Jajajajajaja, venga visionario.

— Que ha pasado el tiempo y según pasa, el sexo flojea. Si no es que flojea desde el principio, que no lo sé porque no conozco a tu marido. Lo que sí sé es que tú eras muy caliente, aunque reprimida y supongo que con los años has ido siendo menos reprimida. Con ese cuerpo de devoradora de hombres, te tienen que haber dicho de todo, conocidos y no conocidos, incluso me atrevo a decirte que hasta alguna mujer. Las tentaciones son muchas y te torturan. Te lo resumo para no seguir incidiendo en lo mismo. Qué necesitas que te follen como a una yegua salvaje en celo. ¿Me he equivocado mucho?

Aguanta bien su gesto, dice que ya se ha hecho muy tarde, pone una ligera sonrisa y aunque no quería la acompaño hasta la puerta de su hotel. Una despedida de lo más normal, aunque ella se despidió contenida, no porque quisiera algo, sino porque se quedó con ganas de responderme a lo que le había dicho. Por la mañana todo iba como siempre, a eso de las diez se fue la luz. Se estuvo un tiempo impartiendo el curso, aunque no se podían usar los recursos interactivos, lo peor era el calor al no haber climatización. Hicimos unas gestiones donde nos comunicaron que sobre las 13:00 o 13:30 esperaban tener solucionada la avería. Por ese motivo se suspendió todo hasta el día siguiente, me quedé en el despacho terminando un trabajo pendiente y apareció Silvia. Entró me pidió disculpas por la huida de la noche anterior y en compensación quiso invitarme esa noche, aceptando de inmediato. Se marchó y en su marcha pude ver lo bien que contoneaba su culo. La cena transcurrió de lo más normal, tal vez hasta bastante aburrida. Cambiamos el lugar de las copas y fuimos a un lugar más movido. Al llegar no quiso entrar, porque quería un sitio tranquilo para hablar porque tenía unas cosas que decir. A poca distancia había un sitio tranquilo y fuimos allí. No tardo nada en empezar a soltar lo que necesitaba decirme.

— Me sentó muy mal lo que me dijiste ayer noche. No porque sea verdad o sea mentira, es que no me esperaba ese resentimiento por tu parte.

— Espera Silvia, que no albergo ningún resentimiento hacia ti, no te confundas. Dije algo que pensaba y lo terminé con una pregunta, que me podías haber dicho que me equivocaba del todo y me hubiera callado. Ahora no vale que lo hagas, porque si no lo dijiste quiere decir que en gran parte acertaba. Aun así, sabes que no lo dije para hacerte daño.

— No es que antes fuera reprimida, es que éramos unos mañacos como quien dice, aunque tú eras muy lanzado. En una cosa te equivocabas y es que mi matrimonioestá al mismo nivel, nunca ha flojeado.

— Jajajajajaja, perdona que me ría, pero si no habéis avanzado en nada...

— Te voy a ser sincera. Somos muy conservadores, siempre lo hacemos en nuestra cama y nuestro dormitorio. Ni en hoteles porque mi marido sospecha que nos pueden grabar, no a nosotros solos, a cualquiera. Pero tenemos un buen matrimonio. Es verdad que de adolescente era “HOT” pero eso cambió. Me normalice un poco más. También que viajamos mucho por trabajo, tanto él como yo. La vida no es ni blanco ni negro, nosotros estamos en el gris.

— Pínchame que no me saldrá sangre. No me puedo creer lo que estoy oyéndote. TÚ EN EL GRIS... cuando contigo se verían todos los colores. Es que no me puedo creer que no tengas ni tentaciones, ni fantasías, ni nada de nada.

— Que te crees, pues claro que tengo, pero hay que saber controlarse. Como también me han tratado de seducir, como dices tú, muchos hombres y alguna mujer. Pero en algo nos tenemos que distinguir de los perros, que se lo montan en cualquier sitio.

— Pues tal vez eso sea lo que te falte. Vámonos al otro lado, que no quiero escucharte más hablando de esto.

Pero Silvia sin salir corriendo, dijo que esa noche tenía una videollamada con su marido. Fuimos caminando tranquilamente y hablando de momentos pasados. Hasta que me pregunta si se sigue conservando bien y le respondo que muy bien. Entonces como dudando de mi me dice que si digo la verdad —mira Silvia, se te ha puesto un culo mucho más rico, que seguro que esta desaprovechado, por lo que me has contado y tus tetas que se nota que te han crecido, buaf como las recuerdo y como te ponías— se sonríe, se pone algo roja y me responde —sigues igual, no has cambiado, sigues siendo un guarro, no te cortas nada y lo de mi trasero tú que sabrás— de cachondeo y para meterme con ella —eso se sabe de sobre, cuando un culo está bien trabajado, ya me entiendes, tiene una forma distinta y lo mismo ocurre al caminar, se nota diferente— aunque me dice que me lo invento, sé que alguna duda le he creado, hasta que para no seguir hablando de su culo me dice —de todas maneras, es que no tiene por qué gustarle a todo el mundo lo mismo, reconoce que es algo que puede resultar asqueroso al hombre, pues igual que el sexo oral, no tiene que ser algo obligatorio— cuando se dio cuenta de lo que había dicho añadió, lo digo porque tengo conocidas que no le gustan esas prácticas, que no lo digo por mí.

Termine de sentenciar el momento —Silvia quien te ha visto y quién te ve. Con lo que te gustaba que te comiera tu... (no quiso que lo dijera) cómo te ponías y lo bien que tú me comías a mí y que tristeza que no tengas un marido que te profane ese culo que tienes de...— me mandó callar y cambio de conversación —Pelayo lo que no me esperaba de ti, que fueras tan poco cortés, que no me has ofrecido ver tu casa. Si tu vinieras a Barcelona es lo primero que hubiera hecho— y le dije que era imposible que la invitara a mi casa, al preguntarme el motivo, no pude ser más directo —porque si vienes a mi casa te follare y con lo recatada pudorosa que te has vuelto, tendríamos un serio problema— su única respuesta, supongo que como defensa —JAJAJAJAJA, QUE BRUTO QUE ERES— llegamos a su hotel y en la despedida fui muy claro —no vamos a volver a quedar solos para tomar nada, porque si lo hacemos, quiero ver a esa Silvia que conocí y no quiero que vayas vestida tan recatada, así que ya sabes, si quieres que volvamos a tomar algo...— se vuelve a reír y me dice que a qué llamo yo no ir recatada, contestándole que si necesitaba una respuesta es que ha perdido hasta la sensualidad.

Se que pasados unos días lo mismo se anima y me da una sorpresa. No tuve que esperar unos días ese jueves, algunos se pusieron muy pesados para ir a tomar algo el viernes noche y me tocaba a mi elegir donde ir. No me tuvieron que insistir mucho, aunque me hice un poco de rogar, sobre todo cuando la de cara de “guarrona” se puso a enfiestarme. Podía ser una noche muy buena. El viernes se marcharon todos y quedamos en un punto intermedio, ya que estaban en distintos hoteles. De las primeras en llegar Mercedesla de cara guarrona, que me impactó lo buena que estaba y como venía vestida. Mi rabo se alteró de forma notable nada más verla. Luego fueron llegando el resto y todas/os venían muy arreglados. Por fin apareció Silvia que no tenía muy claro que fuera a venir, pues vino y como vino. Top ajustado con un gran escote y una falda amplia pero corta, donde se podían ver bien sus piernas y sus muslos tonificados. Lo único es que su cara me decía lo veras, pero no lo catarás. Para cenar había elegido un sitio que es como una taberna, rústico, pero muy buen sitio. Se sentaron y el único hueco que me quedó fue junto a Mercedes, que seguro no fue casualidad. Se pasó toda la noche tocándome el brazo y el muslo, siempre que me tenía que decir algo y en cuanto podía me hablaba al oído con la excusa de que había mucho ruido. De la cena fuimos a las copas, para eso elegí un sitio curioso, donde se podía hacer cualquier cosa, desde bailar a hablar tranquilamente en una terraza, pero igual se podía jugar al pin Ball, a los dardos, etc.

No llegó a pasar media hora y cada uno fue a lo que le gustaba. Mercedes se fue al aseo y le acompañó otra de las mujeres, fue cuando Silvia me dijo que le enseñara el sitio y lo primero que hice fue llevarla a la planta de arriba. La planta superior que ya la conocía muy bien, tenía todo tipo de recovecos donde poder hacer lo que se quisiera, como asientos muy adecuados para estar en pareja, que suponía que ya estarían ocupados. Solo con subir los dos a esa planta ya nos subió la temperatura. Mas cuando hice que ella subiera delante y el meneo de su culo y la visión que me regaló, pusieron mi rabo preparado para la guerra. Justo cuando pisa el último escalón, gira su cabeza y con algo de guasa me pregunta que miraba —pues que ya se me había olvidado el buen culo que tenías y esas piernas tan esculpidas, que me atrapan mi cabeza— me llamó guarro, pero no me lo decía ni enfadada ni disgustada. Como había pensado no había ni un sitio donde poder sentarse, pero caminando llegamos a un sitio muy bueno, que hay un ventanal que tiene un pequeño saliente. Desde allí se puede ver la terraza de abajo. Me quise quedar y Silvia dijo que no, fue cuando le dije que era por si subía Mercedes que no me pudiera ver, porque en ese recodo era imposible que nos viera, por eso Silvia aceptó.

Me apoyé en el saliente, la atraje hacia mí, quedando su culo sobre mi rabo. La noté nerviosa y dentro de ese nerviosismo me dice —tenía que estar ofendida, porque mira que no acordarte de mí trasero, jajajajajaja— lo dijo como una broma y lo tuve claro, pero aproveché para ir por todas. Tenía una mano acariciando su tripa por encima del top, hasta que la metí por debajo diciéndole —lo que, sí recuerdo, que no tenías esta tripa tan bien trabajada, son muchas horas de ejercicios— solo me respondió orgullosa con un ya te digo. Mi rabo fue creciendo y obviamente su culo lo tenía que notar. Cuando ya la tenía completamente arriba, decía que sería bueno bajar con los demás. Mi respuesta fue comerme y lamer su cuello. Se le escapó un gemido caliente. Acaricie sus tetas hasta notar sus poderosos pezones bien duros, seguía gimiendo y entre sus gemidos repetía un NO constante, pero sin voluntad. Hasta que sin fuerza de voluntad se le escapó mientras comía su cuello y sus lóbulos, —sigues teniendo una lengua endiablada— lleve una mano por debajo de su falda y en ese momento cerró las piernas como si fueran unas tenazas, me atrapó la mano y no había manera de continuar, pero había cometido un fallo, mi pulgar no quedó atrapado.

Poco a poco mi pulgar jugó bien sus bazas y la presión de sus muslos cedió, hasta que pude apartar sus bragas y comprobar que su coño estaba empapado pidiendo a gritos una follada. Le estaba acariciando el clítoris, cuando se aparta bruscamente y se da la vuelta, mirándome y diciéndome —esto no está bien, estoy casada, NO PUEDE SER— abro mis brazos haciendo un gesto de que no pasaba nada, que lo que ella dijese y de pronto vino como un huracán, me comió la boca y agarro mi rabo por encima del pantalón. Sabía que serías más cachonda que antes, no me equivocaba, te voy a follar. Ella con voz muy cachonda me decía —SI, SI, PERO VÁMONOS DE UNA PUTA VEZ A TU CASA O A MI HOTEL— y la apoyé en el cristal, donde ella podía ver a los de abajo, pero ellos no podían vernos. Me abrí el pantalón, saqué mi rabo, aparté sus bragas y puse mi rabo en la entrada de su coño, se puso con cierta agresividad —ESTAS LOCO, NOS VAN A VER, VAMONOS A OTRO SITIO— pero no se quitaba como hizo antes. Metí una parte de mi rabo y entro bien, estaba muy mojada, según fui metiendo el resto me costó un poco más, ella solo decía un caliente —oh, oh, oh ohoh, OHHHHHH— cuando mi rabo estaba todo dentro. Para ponerla más cachonda le decía —mira a tus compañeros, como miren para arriba te van a ver bien ensartada— ella ya no decía nada hasta que se dio cuenta de algo y entre asustada, pero cachonda decía —no te puedes correr dentro que no tomo nada, POR FAVOR, POR FAVOR, NO, NO— y meneaba el culo hasta que se corrió, saqué mi rabo y se quedó apoyada con la respiración super acelerada.

Cuando se recuperó un poco me mandó irme con los demás y que no dijera que habíamos estado juntos. Muy sutilmente me preguntaron diciendo que creían que me habían secuestrado. Solo tuve que decirles que me había encontrado con unos amigos, algo creíble porque al entrar con ellos me saludaron varias personas. Lo que no me esperaba es que Silvia al volver con nosotros dijera que se iba, que había algo que no le había sentado muy bien. Quisimos acompañarla y se negó en redondo. Suponía que en verdad se sentía mal, por lo que habíamos hecho y por eso decidió marcharse. Entre 10 y 15 minutos después recibo un wasap de ella —si el zorrón de Mercedes no te ha abducido te espero en mi habitación que es la 441— intente llamarla, pero había apagado el móvil. Muy poco después dije que me retiraba y se quedaron tan frescos. Tardé poco en llegar y al abrirme la puerta, lo hizo vestida tal cual se había vestido esa noche. Esperaba que estuviera de otra manera. Se quedó mirándome apretando los labios, seguro que pensando ¿y ahora que pasara? termino de entrar y con un pie cierro la puerta. Su mirada era de deseo, aunque estaba completamente firme.

Me acerco a ella, toco con mis labios los suyos y su boca se abrió con hambre, porque me metió la lengua y me comió toda la boca. Llevé su mano a mi polla, no le costó acariciar mi rabo, lo apretaba con muchas ganas y soltaba gemidos tímidos. Creo que no se dio ni cuenta de que la había desnudado, lo que había cambiado es que se había quitado la ropa interior. Aunque lo intentó, no le permití quitarse las sandalias, me gustaba verla subida a esos tacones. Azote con ganas su culo y la reñía por haberme recibido vestida, ella ni pestañeaba, estaba tan cachonda que se dejaba hacer lo que fuera. Hice que se arrodillara y me desnudase, hasta que quedó mi rabo delante de su cara. Se quedó petrificada, hasta que puse mi mano detrás de su cabeza y la empujé hacia mi rabo. —Vamos Silvia, no te quedes con las ganas, cómetela y demuéstrame que eres una puta viciosa— paso de su estado de petrificación, a meterse mi rabo en la boca, quería metérselo entero. Dio alguna pequeña arcada, pero no desistió en su intento, me recordaba a sus primeras mamadas, que decía que tenía que lograr metérselo entero. Me inclinaba un poco y pellizcaba, acariciaba y estiraba sus pezones, lo aguantaba todo y por eso le dije —es increíble lo putita que te has vuelto, seguro que ya has corneado a tu marido— paro de comerme el rabo para decirme —TE JURO QUE NO, ES MI PRIMERA VEZ— le digo que la creo y continua.

Me inclino más y acaricio su culo, que todavía está caliente en parte, por los azotes que le he dado. Está bastante mojada y mojo uno de mis dedos, para poder jugar con su culo, no protesta, no me dice nada, pero mueve su culo de una manera indicándome que lo deje. Le doy unos azotes y esta vez meto mi dedo hasta donde quise, su respiración era de queja. Notaba que quería algo y no me lo decía, hasta que le digo —vamos a ver putita, ¿Qué es lo que quieres? ¿quieres que vayamos a la cama y te folle?— y me dice que tiene ganas de sentarse sobre mí y que en cualquier sitio menos en la cama. Me siento en un sillón que hay y ella quiere que me ponga un condón, le digo que primero un poco sin él. No pone pegas, se sienta y se coloca ella misma el rabo, una vez que ha encajado el capullo, me abraza por el cuello, me mira con intensidad, me come la boca y se lo clava ella sola. Me está montando de forma salvaje, por lo que le digo que ahora sí sería bueno colocarse el condón y echa una furia cachonda —DE ESO NADA, AHORA VOY A TERMINAR ASI Y SI ME PREÑAS, PUES ME PREÑASTE, EL CORNUDO SERÁ CORNUDO SUPREMO— con la voz tomada y a punto de correrse —LA CULPA ES DE ÉL POR NO FOLLARME BIEN... ah, ah, AHHHHHHH, ME CORRRO— y le dieron como convulsiones y su coño me estrangulaba mi rabo de una forma perfecta.

Nada más correrse me pregunta si me había corrido o casi, le digo que no y esta vez sí me dice que me lo ponga. Mientras ella torpemente me ponía el condón, mis dedos acariciaban su coño y su culo, dando unos meneos como si estuviera dándole electricidad, no dejaba de gemir y de quejarse que así no había manera de colocarme el condón. La levanté y la quise colocar apoyada en un mueble con espejo, para que se viera mientras me la follaba y ella al ver el espejo no quería, como es lógico no se lo permití y me la iba a follar. Ya asumió lo que iba a pasar y agachaba la cabeza para no verse en el espejo. Le pregunto —¿hace cuánto no te dan una buena follada?— no contesta, pero porque le avergüenza y después de un pequeño tirón de su melena para que levante la cabeza y se vea en el espejo, me responde —tenía dudas, pero después de lo de antes y de lo del sillón, ahora te puedo decir que NUNCA— y me pongo a follármela, primero lo hago con movimientos suaves pero profundos, trato de saber hasta dónde llegar. Mientras me la follaba de esa manera, ella iba emitiendo cada vez gemidos más profundos, pero sin levantar la cabeza. Empiezo a jugar con su culo y no protesta, pero tampoco colabora y es cuando le digo —no me puedo creer que el cornudo de tu marido no te folle todos los días y que todavía te tenga el culo sin probar— estaba tan cachonda que me contestó de forma instintiva —pues créetelo— y le dije que me pone muy cachondo solo pensando que iba a desvirgar ese portentoso culo.

En ese momento me puse a follar más rápido, hasta empezar a empotrarla, no le disgustaba, todo lo contrario, y la prueba es que levanto la cabeza para verse y ver como la empotraba. Quería seguir viendo sus reacciones que me ponían cachondo, por eso aun sabiendo la respuesta le pregunto —¿estas cachonda zorra?— y no me contesta, me mira desafiante, levantando más su culo y empotrándolo contra mi rabo, cierra sus ojos, aprieta sus labios, su cara se pone roja y al poco abre la boca estallando en un ruidoso gemido, se estaba corriendo. Acto seguido me corro y se me oye muy bien, porque la penetro fuertemente hasta que me quedo pegada a ella gritando de tal manera qué seguro me han escuchado en todo el hotel. Silvia se tambalea hasta la cama y se deja caer —esto sí que es FOLLAR cariño y no lo que, hecho hasta ahora, que brutal que eres, te imagina fogoso, pero no de esta manera— nos tumbamos juntos y hablamos un poco. En la conversación le deje claro que me quería follar su culo y me confeso que hace mucho se lo pidió a su marido, más por curiosidad y por lo que había hablado con amigas, respondiéndole que eso era una guarrada y que él no era homosexual. Me marché del hotel sin una respuesta afirmativa por parte de ella para intentar lo de su culo, pero tampoco para tener otro encuentro.

El lunes todo parecía normal, aunque ella había venido tan “belicosa” como su compañera, con unos buenos escotes. Cuando se terminaba la mañana, unos se iban a comer juntos y otros no sé dónde irían. Me quedaba el último, bueno menos los de la planta baja y los de seguridad. Silvia quería hablar conmigo. Pasa al despacho y se sienta, en ese momento estoy hablando por teléfono y me suena el móvil, me despido de con quién estaba hablando y cojo rápidamente el móvil. Es uno de los jefazos de la central, llamándome y en agosto. Escucho con atención y me doy cuenta de que la conversación va a ir para largo por el tema del que se trata. Me coloco el auricular de oído, para tener las manos libres. Ahora me acerco por detrás de Silvia y acaricio su cuello, sus hombros y mis manos entran con facilidad por su escote. Los pezones no están todo lo duros que pueden estar, pero eso no tarda mucho en suceder. Los acaricio con diferentes “durezas” y se contiene para no gemir. Ahora voy con una de mis manos por debajo de su falda y como ella abre las piernas, llego pronto a su coño que está muy mojado. No me cuesta nada apartar su braga y llegar con mis dedos, que entran con suma facilidad en su coño. Oigo que alguien sube y me quedo de pie hablando. Es una administrativa que me pasa una nota, donde me dice que están esperando abajo una visita, que son personas de la central que ya me ha avisado mi interlocutor que estarían a punto de caer y se lo digo. Dejo de hablar un momento con él y le digo que los suba a la sala de espera y que ahora los recibo.

Esta vez sí cierro la puerta y acabo la conversación, puedo escuchar murmullos en la sala de al lado. Lo que quiere decir que ya está la visita en la sala de espera. Lo siguiente que hago, aunque Silvia se había puesto de pie para marcharse, es meter mi mano de nuevo por debajo de su falda. —Pelayo ahora no se puede y menos habiendo gente al lado, no me voy a poder llegar, que tardo mucho— no hago ni caso y de pie, empiezo a hacerle una paja especial. Empieza con un movimiento de piernas, como si se flexionara, no se lo cree, porque cada vez está más cachonda, aunque parece que ha llegado al tope que puede llegar, porque me lo dice con un simple —ya te lo dije, no puedo— entonces es cuando aplico mi “magia” y con dos de mis dedos aumento las revoluciones y se corre prácticamente en segundos, para evitar que se oigan sus gemidos, beso su boca y me echa las bocanadas dentro. —Eres el demonio de la perversión, no sé cómo lo has logrado, pero como me he puesto, voy chorreando— y es cuando le pregunto antes de que se marchara que era lo que quería decirme y me suelta —jajajajaja, pues que lo de anoche no se podía volver a producir— y mi respuesta serena —pues esta noche estoy libre, si quieres que no se produzca lo de anoche, puedes venir a mi casa— y le pase mi dirección. Me responde que ni lo sueñe y como me ve sonreír me pregunta el motivo —pues porque si sigues tan puta, seguro que vendrás a follar y en cuanto te descuides te desvirgaré el culo, ya que no pude desvirgarte y sabes que me lo merezco— se pudo un dedo en la sien haciéndome ver que estaba loco y me dijo que no la fuera a esperar.

Tuve la reunión con los que habían llegado, tanto la reunión como la llamada del jefazo (y no lo digo por lo que sucedió con Silvia) fueron por temas profesionales que me afectaban de lleno y eran muy buenas noticias. Les invité a comer y eso sí, cerca de las ocho de la tarde, con la excusa de una cena de trabajo, los despedí por ese día y me marché a mi casa. Aparte de las buenas noticias también me confirmaron que septiembre lo iba a tener de vacaciones, si no todo el mes por lo menos según mis cálculos 25 días. Una buena noticia, no porque tuviera pensado unas vacaciones especiales, de desfase, que no. Porque iba a tener esas vacaciones con mi madre, que me necesitaba porque estaba pasando un bache importante. A las nueve en punto de la noche me llama Silvia.

— Hola precioso, te llamo para decirte que no voy a ir, que no me esperes. (la interrumpo, porque algo me dice que no quiere, pero está loca por venir)

— ¿Qué es ese ruido? ¿Dónde estás?

— Estoy en el coche y me queda poco para llegar a Tarragona.

— Estarás de broma.

— No estoy de broma.

— ¿Ha pasado algo en tu familia?

— Ha pasado lo que ha pasado. Eres un vicio peligroso.

— Pero podíamos haberlo hablado.

— Ya, ya... si hubiera hablado esta noche algo contigo, da igual el lugar, hubiéramos acabado en el “lio” y es que, además, los remordimientos me pueden, no sé cómo voy a mirar a mi marido.

— Pero sigo que podíamos haberlo hablado, porque esto quiere decir que ya no vuelves.

— Exacto, pero es que además solo de pensar hacerlo por detrás, que sé que tú eres muy persistente, en parte, aunque me da mucho morbo, me da pánico con “eso” que tú y yo sabemos.

— Te hacía más valiente.

— Por eso te he llamado llegando a Tarragona, para que no me diera la ventolera y regresara. ¿Te puedo hacer una pregunta?

— Pregunta miedosa.

— ¿Crees que se lo debo de contar a mi marido? Porque sería lo más honrado.

— Quien mejor lo conoce eres tú y solo tú puedes contestarte a esa pregunta. Porque yo no tengo pareja y contestarte sería un canto al sol.

— Es que creo que se lo debo de contar.

— Pues si estás convencida hazlo, no te puedo decir otra cosa.

— Si he estado a punto de llamarle antes que a ti y decírselo.

— Ves aquí si voy a opinar. Creo que eso se tiene que decir mejor cara a cara, si es que cuando llegue sigues pensando lo mismo.

— Seguro que voy a pensar lo mismo, porque, aunque no te lo creas, le amo mucho, aunque en una parte no me satisfaga.

— Silvia lo que ha pasado ha sido simple y llanamente puro sexo. Que no tiene nada que ver con el amor.

— Solo te pido una cosa, no me llames ni mensajes tampoco.

Como es lógico y normal, le dije que no se preocupara y que no la pensaba molestar para nada, es más, le dije que en el momento que acabara de hablar con ella, borraría su contacto y que ella hiciera lo mismo.