Un show para Pedro
Llevan dos semanas hablando sin parar, pero la pantalla ya no basta. Cuando la puerta se abre, la tensión virtual se vuelve carne y piel en un apartamento donde las reglas del juego se escriben con gemidos.
Desde que desperté esta mañana, sentía una calentura que aumentaba cada vez más por su llegada. Llevábamos dos semanas hablando incesantemente desde que nos conocimos transmitiendo en la web. Ambos estábamos llenos de deseos y yo ardía en llamas de pasión. Habíamos planeado juntarnos el miércoles por la tarde para entregarnos sin restricciones a un encuentro sexual intenso y exquisito, sin ninguna prisa…
Permíteme presentarme para quienes no tengan el placer de conocerme. Soy Pamela, una mujer de 30 años y 1,60 de altura, tengo el pelo oscuro, rizado y relativamente largo. Tengo piel clara. Soy gorda, pero con todo en su lugar: enormes pechos redondos, talla 105E, si sabes lo que es…. Cuando bajes por mi cuerpo, veras que tengo una cintura delgada, pero una cola prominente y culito voluminoso y nalgueable. Creo que si te voy a gustar;).
Para comprender mejor este relato, es importante que sepas que realizo en transmisiones públicas en plataformas en línea. Estas transmisiones son totalmente gratuitas y en ellas, el morbo de que decenas de personas me vean masturbarme y disfruten de mi cuerpo, eleva mis niveles de excitación y me brinda orgasmos placenteros en solitario, vista hasta por cientos de extraños. Es una experiencia intensa que despierta mi lado más salvaje y me permite liberar mi pasión.
…El hecho de que él se hubiera tomado la tarde libre solo para estar conmigo aumentaba mi excitación y anticipación. Sabía que el momento de satisfacer nuestras necesidades más íntimas estaba próximo y no podía esperar para sentir sus manos recorriendo cada centímetro de mi cuerpo, su aliento caliente en mi piel y su pene en lo más profundo de mi cuerpo.
Mientras la mañana transcurría, el deseo se intensificaba con cada mensaje provocativo que intercambiábamos. Las palabras subidas de tono y las insinuaciones eróticas alimentaban nuestra pasión compartida. Cada interacción virtual parecía encender el fuego que ardía en nuestros cuerpos, creando una tensión eléctrica entre nosotros que solo podía ser liberada en el encuentro físico que se aproximaba.
La espera se hizo eterna, pero cada segundo valdría la pena cuando finalmente nos encontráramos cara a cara. No había límites ni barreras en nuestra mente, solo el anhelo mutuo de entregarnos a la pasión desenfrenada y disfrutar del placer más intenso que solo nosotros dos podíamos compartir. El miércoles sería el día en que nuestras fantasías se hicieran realidad, un día para culiar sin límites y deleitarnos en cada momento sin ninguna prisa.
En esta ocasión, decidí invitarlo a mi apartamento. Algo en mí me dio la confianza para citarlo aquí, quizás fue la comodidad de no tener que desplazarme a otro lugar o tal vez simplemente era el deseo ardiente que me consumía.
Aquella mañana, el frío era intenso y decidí quedarme en pijama. A pesar de ser vacaciones, me levanté muy temprano ese día. Recordé que había comprado unas tangas de hilo en el centro de Viña la tarde anterior. Adquirí una de color blanco y dos de color rojo. La blanca era para combinar con el babydoll que tenía planeado usar esa tarde, mientras que las rojas las reservaría para un nuevo arnés que estrenaría en alguna de mis próximas transmisiones.
Decidí probarme la tanga. Como era de esperar, me quedaba un poco ajustada en las caderas, pero ya había previsto esa posibilidad. Así que dediqué la primera hora de la mañana a ajustar los hilos de los costados para que me quedara más cómoda y a medida.
Tomé mi tiempo, asegurándome de que la tanga se adaptara perfectamente a mi figura. Cada ajuste era una oportunidad para excitarme aún más, imaginando cómo se vería y sentiría en mi cuerpo cuando finalmente nos encontráramos. Sabía que la lencería era una parte importante de nuestro encuentro y quería asegurarme de que cada detalle estuviera cuidadosamente planeado para provocar el máximo placer y deleite.
Una vez terminado el proceso de ajuste, lo observé frente a mí con una sonrisa de satisfacción. Estaba lista para recibirlo y dejar que nuestras pasiones se desataran en una explosión de deseo y placer. La anticipación de lo que vendría a continuación me mantenía ansiosa y llena de excitación.
Las horas de la mañana transcurrían lentamente y mi ansiedad iba en aumento. Decidí enviarle un mensaje por Skype para asegurarme de que no hubiera ningún contratiempo. Afortunadamente, recibí una respuesta minutos después, lo que me tranquilizó. Con eso en mente, comencé a preparar algunas cosas para su llegada.
Empecé ordenando mi dormitorio, dejando la cama abierta y meticulosamente organizada. Ubiqué una silla frente a la cama y la cubrí con una frazada de polar para asegurar su comodidad, ya que la silla era de metal. Quería que se sintiera a gusto durante nuestro encuentro.
La hora de su llegada se aproximaba. Sabía que saldría del trabajo a las 12:30 y tomaría la micro hacia mi hogar. Decidí meterme en la ducha para esperarlo fresca y me envolví en una toalla, sentándome en el sillón.
Cuando el reloj marcaba las 12:30, decidí enviarle un mensaje para asegurarme de que estuviera en camino y todo marchara según lo planeado. La excitación y la anticipación llenaban el aire mientras esperaba ansiosamente su respuesta.
Pame: Hola
Como vas bb?
Pedro: Holi en unos momentos salgo
Creo q a las 1 podré salir
Y tu????
Pame: Oh, Ok
Yo estoy lista esperandote
Si vendrás, no?
Pedro: Siip
Tengo ganas de ver cómo te tocas 🤤
Aunque me desanimé un poco, decidí ser paciente y continuar esperando. Comenzó a hacer frío, así que me volví a abrigar. Dejé el babydoll y la tanga cuidadosamente dispuestos sobre la cama y se me ocurrió una idea. Tomé una foto de ellos y se la envié.
Envié la imagen con la intención de provocarlo aún más y avivar el fuego de nuestra pasión compartida. Quería que viera lo que le esperaba y despertar su deseo de estar junto a mí en ese momento. Sabía que esa imagen despertaría sus fantasías y lo incitaría a apresurarse para llegar a mi lado lo más pronto posible.
Mientras esperaba su respuesta, la emoción y la anticipación crecían en mi interior. Estaba decidida a hacer de esta velada un momento inolvidable, lleno de intensidad y placer desenfrenado. Seguí esperando, con la esperanza de que su reacción a la foto fuera exactamente lo que esperaba: un impulso irresistible para apresurarse y estar a mi lado lo antes posible.
Pame: (Foto) Avísame cuando vengas en camino para cambiarme
Pedro: uyy bb, ya tomé la micro y voy en camino.
Pame: me cambiaré entonces, te espero.
Con cuidado, me quité el pijama de polar y lo guardé en el ropero. Luego, procedí a ponerme el hilo que había elegido para la ocasión. Consistía en un triángulo blanco adornado con dos argollas en los costados, de donde se desprendían los hilos que se conectaban con un adorno de piedras brillantes. Este último estaba estratégicamente ubicado en la tercera esquina del triángulo, creando una conexión sensual. El hilo se ajustaba perfectamente entre mis nalgas, realzando mis curvas.
A continuación, me puse el babydoll que había seleccionado para completar mi atuendo. Era de color blanco, con copas blancas y transparentes de encaje rosado. Estas copas apenas lograban contener mis generosos pechos. Desde el borde inferior de las copas se desprendían dos capas de tela suave blanca, cuyos bordes también estaban adornados con encaje rosado. El babydoll cubría la tanga y se ajustaba de manera justa y precisa a mi figura, resaltando mis curvas y dejando al descubierto solo lo necesario.
Me observé en el espejo, admirando la combinación perfecta entre el hilo y el babydoll. Cada detalle estaba cuidadosamente elegido para realzar mi sensualidad y despertar el deseo en quien tuviera la fortuna de contemplarme. Sentía una confianza arrolladora mientras me preparaba para recibir a mi invitado especial, sabiendo que estaba lista para explorar los límites del placer y la pasión.
Me quedé frente al espejo, admirando mi apariencia, cuando de repente sonó el citófono. Instintivamente, respondí con entusiasmo al interlocutor del otro lado.
- ¿Sí? - contesté al citófono, anticipando la emoción de su llegada.
- Está aquí abajo, don Pedro - me informó el conserje.
- ¡Perfecto! ¡Que suba! - exclamé emocionada, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a recorrer mi cuerpo.
En ese preciso instante, los nervios comenzaron a hacerse presentes. Era la etapa en la que la excitación se mezclaba con la incertidumbre. ¿Le gustaré? ¿Lograré calentarlo? ¿Seré capaz de excitarlo de la manera que espero? Y lo más importante, ¿me saciará en todos los sentidos?
No pasaron más de cinco minutos cuando escuché unos golpes en la puerta. Con calma, me acerqué y la abrí por completo, revelando mi figura vestida con el atuendo elegido para la ocasión. También lo vi a él de inmediato. Era un poco más alto que yo, de contextura menuda, con tez clara, cabello negro corto y una barba completa negra, adornada con algunas canas. Venía abrigado y llevaba una mochila grande a sus espaldas.
- Hola, adelante, adelante - le dije con una sonrisa mientras lo invitaba a entrar. Cerré la puerta tras él y nos saludamos de beso en la mejilla.
- ¿Fue difícil llegar? - pregunté curiosa, mientras él se quitaba la mochila.
- Jeje, sí, un poco - respondió mientras se retiraba la mochila de la espalda.
- Déjala ahí por ahora - indiqué, señalando el lugar.
- Permíteme que me deshaga de esto, estoy un poco asfixiado - comentó mientras comenzaba a quitarse al menos dos chaquetas.
- Por supuesto, siéntete libre de hacerlo - respondí amablemente.
Luego, mencionó que le apetecía tomar un vaso de agua.
- ¡Si, si! - dije, dirigiéndome a la cocina, que estaba justo enfrente de la entrada. Él me siguió y me estiré para alcanzar un vaso del estante superior, deliberadamente, dejando que mi babydoll se levantara ligeramente y revelara la tanga que llevaba puesta. Le serví un vaso de agua y se lo ofrecí con una sonrisa.
Mientras él bebía agua apoyado en el mesón de la cocina, bloqueando la entrada, yo me encontraba frente a él, con mi babydoll que dejaba mis pezones visibles. Aunque no sabía cómo reaccionar ante esa situación, seguía mostrando confianza y seguridad en cada movimiento que realizaba.
- Dime, yo te sigo - me dijo apenas terminó de beber el agua, rompiendo el breve silencio que nos rodeaba.
- Ven, vamos a mi habitación - le tomé suavemente de la mano y tiré ligeramente de él para que me siguiera por el pasillo hasta el final. Al entrar en mi dormitorio, me acerqué a él y puse mis manos en sus hombros.
- ¿Te puedo besar? - le pregunté suavemente, buscando su consentimiento antes de continuar.
- Claro que sí - respondió de inmediato.
Nos acercamos y nos besamos lentamente, colocando una mano en su nuca para atraerlo hacia mí. Atrapé suavemente su labio inferior entre los míos y lo succioné ligeramente. Luego me separé un poco de él, mirándolo a los ojos y planteándole la pregunta:
- ¿Quieres verme hacer mi show? - le susurré de manera coqueta, acercándome a él con una sonrisa traviesa en los labios.
- Sí, sí... - respondió emocionado - ¿Dónde me pongo?
- Siéntate aquí - le indiqué la silla que había preparado con anterioridad. Él tomó asiento mientras yo me posicionaba frente a él. Comencé a amasar mis pechos delante de su rostro, tomando uno en cada mano y moviéndolos arriba y abajo, sin sacarlos completamente de mi babydoll. Él extendió sus manos para colocarlas sobre los tirantes de mi prenda y deslizarlas suavemente por mis hombros. Sonreí y liberé mis manos, permitiendo que los tirantes se deslicen por mis brazos y dejando al descubierto mis grandes tetas. Eran redondas, blancas, con pezones rosados y en ese momento, apretados y pequeños debido a la excitación.
Él me agarró los pechos y deslizó las palmas de sus manos sobre mis pezones mientras me miraba a los ojos, provocando gemidos de placer en mi boca.
- ¿Estos son los pechos que querías tocar a través de la pantalla? - le pregunté mientras continuaba acariciándolos sensualmente.
- ¡Sí! - respondió con entusiasmo, acercando su boca para chupar uno de mis pezones. Emití un gemido suave al sentir su cálida lengua envolviendo mi pezón, y luego se dirigió al otro, cubriéndolos con su saliva. Me alejé un poco de él y esparcí su saliva con mis manos por mis tetas, disfrutando de la sensación húmeda y resbaladiza.
- Así es, querías verme en cuatro, ¿verdad? - le dije con una mirada traviesa mientras seguía acariciando mis tetas frente a él, aumentando la excitación en el ambiente.
- Sí, no pude ver esa parte el lunes - respondió, mostrando su deseo por presenciar esa posición en la que tanto ansiaba verme. Sin perder tiempo, me giré para darle la espalda, inclinándome ligeramente y elevando mi cola para que pudiera apreciar mis nalgas y la tanga blanca enterrada en ellas.
- ¡Tremendo culazo! - exclamó mientras acariciaba suavemente mis glúteos. Yo me agaché aún más, permitiendo que sus ojos se perdieran en el hilo que se adentraba en mi entrepierna, realzando la belleza de mi trasero con los destellos de la pedrería del hilo.
Sin embargo, la posición me hizo perder un poco el equilibrio, por lo que me aparté de él y me apoyé en la cama, manteniendo mi trasero en una posición tentadora.
Mientras meneaba mi cola tentadoramente para él, miré sobre mi hombro y noté cómo su mirada se clavaba en mi trasero, su excitación evidente al rozarse la entrepierna con una mano. En ese momento, decidí dejar atrás cualquier vergüenza y entregarme completamente al deseo que me consumía.
Subí ambas rodillas sobre la cama y me incliné, apoyando mi pecho contra las sábanas. Sentí cómo él comenzaba a despojarse de su ropa, lo que me incitó a separar mis rodillas y abrir mi rajita, dejando al descubierto mi intimidad. Una brisa fresca acarició mi zona húmeda, provocando una sensación deliciosa en mi piel.
Deslicé mi mano por debajo de mis piernas y comencé a acariciar suavemente mi vulva sobre el hilo de la tanga, que apenas cubría mi sexo. Mis dedos se mojaron con los fluidos que salían de mi vagina, y los esparcí ligeramente antes de retirar mi mano. Me acomodé nuevamente en la cama, hundiendo mis rodillas en ella y aferrando mis nalgas con ambas manos para separarlas, mostrándole mi intimidad de manera abierta y tentadora.
Mientras movía mis nalgas con las manos, pude escuchar su bufido de excitación. Giré la cabeza para mirarlo en reversa y lo vi sentado, solo con su calzoncillo puesto, observándome con deseo. Me acomodé nuevamente en la cama y deslicé una mano por debajo de mí, acariciando mi botón de placer. Mis gemidos llenaron el aire y, de repente, sentí un calzoncillo junto a mi rostro.
Sin demora, sentí sus manos acomodándose en mis nalgas mientras su lengua exploraba mi culito. Un gemido escapó de mis labios ante ese contacto tan erótico. Él se alejó y volvió a su silla.
Me volví para mirarlo y pude ver su pene completamente erecto en su mano. Bajé lentamente de la cama, acercándome a él mientras agarraba su miembro con mi mano. Sentí su grosor normal, una longitud considerable y una dureza palpable que aumentaba mi excitación.
- ¿Quieres que te lo coma? - le pregunté inclinándome sobre él, buscando su deseo en su mirada.
- ¿Te gustaría comértelo? - me respondió con otra pregunta. Nuestras miradas se encontraron, le sonreí y asentí con la cabeza, dejando claro que sí, que quería saborearlo. Pero él tenía otros planes para el momento.
- No, sigue tocándote - me indicó con voz ronca. Su respuesta me encantó, así que me acerqué nuevamente a la cama y me senté frente a él, abriendo mis piernas de par en par. Comencé a acariciar mi vulva por encima del hilo de la tanga, deslizando mis dedos fácilmente debido a la excitación que emanaba de mi vagina.
Mientras yo me rozaba y gemía, él se masturbaba y yo observaba cómo movía su pene duro frente a mí, mientras mis dedos jugueteaban con mi clítoris. Decidí quitarme la tanga, cerré las piernas y apoyé uno de mis pies en el borde de la cama, mientras el otro simulaba estar sobre el velador. En ese preciso instante, miré su rostro y vi que sus ojos estaban fijos en mi pie. Asintió con la cabeza, como si me estuviera indicando que lo apoyara allí y que me mostrara completamente abierta frente a él.
Así lo hice, apoyé mis pies quedando completamente abierta ante sus ojos.
Me entregué por completo al placer que recorría mi cuerpo. Mis dedos se deslizaban hábilmente por mi vulva, llevándolos a mi boca para saborear mis fluidos. Mis movimientos se volvían más intensos, trazando círculos alrededor de mi clítoris mientras observaba cómo él seguía masturbándose su pene duro. Con una mano, apretaba uno de mis pechos, mientras que con la otra separaba mis labios, permitiéndome acariciar mi clítoris con mi dedo medio.
La excitación se apoderaba de mí, y podía sentir cómo el calor se propagaba por todo mi cuerpo. Él no dejaba de mirarme, observando cada movimiento, cada expresión de placer que se dibujaba en mi rostro. Olvidé por completo que estábamos en medio de un espectáculo en vivo, que los vecinos podrían escuchar mis gemidos. Mis gemidos de placer se volvieron más fuertes y prolongadas a medida que mi dedo acariciaba mi clítoris con más intensidad.
- Estoy tan caliente, bebé - le susurré, transmitiéndole mi deseo de seguir explorando el éxtasis.
- Sí, sigue, dale bien rico - respondió él, dándome su total aprobación y alentándome a continuar.
Mis gemidos llenaban el ambiente, olvidando cualquier preocupación exterior. Dejé caer mi cabeza hacia atrás, arqueando mi espalda mientras mis caderas se movían en sincronía con el ritmo de mis dedos. Cada caricia en mi clítoris me llevaba más cerca del clímax. Sentí cómo mi vagina se contraía, preparándose para liberar un delicioso orgasmo. Un largo gemido escapó de mis labios mientras mi espalda se arqueaba, entregándome por completo a las sensaciones abrumadoras. Mi vagina se contraía y relajaba en oleadas de placer, mientras mi cuerpo se relajaba después de la liberación de energía. Lentamente, dejé de mover mi mano y cerré levemente las rodillas, disfrutando de la calma que sucede al clímax.
En ese momento, Pedro se posicionó entre mis piernas y continuó estimulando mi clítoris mientras introducía un dedo en mi vagina. Aunque sus intenciones eran placenteras, después del orgasmo, mi sensibilidad había aumentado y su toque se volvía incómodo en lugar de placentero. Gemí suavemente, indicándole que la estimulación era suficiente, y le sonreí.
Dejé escapar una risa coqueta mientras Pedro subía a la cama y se colocaba a mi lado. La señal estaba clara: quería que le diera una deliciosa mamada. Sin embargo, mi posición al borde de la cama dificultaba mi postura para complacerlo. Me incorporé torpemente de lado y, aprovechando mi equilibrio, comencé a chuparle su verga. Su sabor salado no se hizo esperar, mientras lamía su glande con la lengua y lo succionaba con dificultad debido a la posición incómoda. Decidí incorporarme completamente de la cama para estar en una posición más cómoda y darle un mayor placer.
Me acomodé sobre la cama, dejando que Pedro se recostara cómodamente mientras yo me situaba entre sus piernas. Con una sonrisa traviesa en los labios, comencé a deslizar mi lengua por toda la longitud de su pene, desde la base hasta el sensible glande. Mientras lo succionaba con entusiasmo, generaba una abundante cantidad de saliva que envolvía su miembro en una capa de lubricación babosa y deliciosa.
No contenta con solo la mamada, aproveché mi posición para brindarle una experiencia aún más placentera. Ajusté mis tetas alrededor de su pene erecto, creando un canal cálido y apretado. Comencé a deslizar mis pechos arriba y abajo, proporcionándole una excitante y jugosa rusa. El contacto de mis pezones duros contra su piel, combinado con la presión y el movimiento constante, incrementaba su placer y lo hacía gemir de satisfacción.
Con cada succión y movimiento de mis tetas, buscaba llevarlo al límite del éxtasis. Mis labios se aferraban firmemente a su pene mientras mis manos acariciaban sus testículos, generando una estimulación completa. Me entregaba por completo a su placer, disfrutando de la sensación de tener su miembro en mi boca y entre mis pechos, asegurándome de que cada movimiento fuese intenso y satisfactorio para ambos.
Continué con mi intensa sesión de sexo oral, deleitándome con cada gemido y suspiro de Pedro. Mis habilidades bucales no conocían límites mientras me entregaba por completo a su placer. Alternaba entre succionar su pene, apretarlo con mis tetas, hundiéndolo hasta el fondo de mi garganta, y lamer y acariciar sus testículos con delicadeza, disfrutando del sabor salado y la textura suave de su piel.
Decidimos cambiar de posición para mayor comodidad. Le sugerí que se sentara en la silla mientras yo me arrodillaba en el suelo frente a él. Aunque inicialmente había planeado hacerle sexo oral de pie, encontramos que la silla era lo suficientemente cómoda para nuestros deseos. Con una mirada coqueta, comencé a lamer su glande y lo atrapé entre mis labios, introduciéndolo lentamente en mi boca. Sentí lo largo que era su pene cuando no logró entrar completamente en mi boca de una sola vez. Sin embargo, no me detuve y sonreí mientras continuaba con determinación, ansiosa por demostrarle mis habilidades.
Tomé una profunda bocanada de aire y deslicé su grueso miembro dentro de mi boca. Su gemido de placer fue inmediato. Presioné mi rostro contra su abdomen, permitiendo que su pene se adentrara hasta el fondo de mi garganta. Mientras lo hacía, moví hábilmente mi lengua debajo de su pene, simulando que lo estaba tragando por completo. Saqué su miembro de mi boca brevemente para tomar aire, pero aún podía sentir su humedad y el rastro de mi saliva en él. Sin perder tiempo, lo volví a introducir completamente en mi garganta. Repetí esta maniobra varias veces, llenando su pene de saliva mientras disfrutaba de su gemidos de satisfacción. Notaba cómo mi saliva se deslizaba por sus testículos, y cada vez que retiraba su pene de mi boca para respirar y tragar con tranquilidad, los hilos de saliva lo conectaban a mis labios.
Pasé a lamer sus testículos, uno a uno, succionándolos con delicadeza mientras lo miraba fijamente a los ojos. Él se masturbaba suavemente mientras mis labios rodeaban sus testículos. Sus gemidos de aprobación me motivaban a seguir estimulándolo, asegurándome de brindarle el máximo placer posible.
- ¿Quieres que te lo meta? - me interrumpió mientras se lo lamía.
- Sí - le respondí con su miembro aún en mi boca, dejando claro mi deseo.
- Tengo que ir a... - dijo señalando hacia el living con la mano.
- Está bien - le dije mientras me ponía de pie. Él se dirigió al living y yo lo seguí. Buscó en su mochila los condones.
- ¿Nos quedamos aquí? - me preguntó.
- Sí, siéntate, quiero montarte - le respondí. Él se sentó en el sofá y se colocó el preservativo. Yo me acomodé sobre él, montándolo a horcajadas sobre sus piernas. Su pene estaba tan duro que encontró fácilmente la entrada de mi vagina y me dejé deslizar suavemente sobre él. No pude evitar gemir al sentir cómo su miembro me abría delicadamente. Él también gimió mientras nos movíamos suavemente el uno sobre el otro.
- No tan rápido - me decía con voz entrecortada - no quiero cargarla tan rápido.
Disfruté de su comentario y nos adentramos en un juego donde nos movíamos lentamente. La excitación me mantenía húmeda y poco a poco aumentaba el ritmo de mis movimientos. Él, de vez en cuando, me susurraba al oído palabras como "despacito" o "no seas mala", lo que me hacía reír coquetamente. En ocasiones, me detenía con casi todo su miembro dentro de mí para que se calmara y así poder tomar un breve respiro.
A su vez, él también era implacable conmigo. Levantaba sus caderas ocasionalmente para introducir su larga y erecta virilidad hasta lo más profundo, rozando mi cérvix. Esto provocaba en mí una mezcla de placer, sorpresa y dolor, y mis gemidos eran una clara señal de que disfrutaba de aquellos movimientos, lo cual parecía excitarle aún más, pues de vez en cuando repetía esa acción.
Mientras me movía sobre él, susurraba provocativamente en su oído:
- Qué rico me penetras... se siente increíble dentro de mí –
Mis palabras calientes y mis susurros suaves en su oído lo excitaban aún más. En cada ocasión en la que nos separábamos, él aprovechaba para devorar mis tetas.
- ¿Puedo morderlas?- me pregunto. Mi respuesta afirmativa le dio vía libre para comenzar a morder mis pezones. Mis gemidos ante sus mordiscos continuaban mientras seguía moviendo mis caderas sobre él.
- ¿Podrías sentarte al revés? - me pidió mientras me penetraba nuevamente hasta lo más profundo.
- Jejeje, claro - le respondí con una sonrisa mientras me incorporaba y le daba la espalda.
Él separó sus piernas y me acomodé con las piernas juntas sobre él. Dirigió su miembro hacia mi intimidad y me dejé caer, manteniendo la columna recta. Sentirlo dentro de mí era realmente placentero y estimulante. Comencé a mover mi cadera en círculos, apoyando mis manos en sus muslos, mientras él se incorporaba un poco para sujetarme de los senos. Aunque no me sentía del todo cómoda, notando cierta tensión en mi vagina debido a su pene, decidí inclinarme un poco hacia adelante y apoyar mis manos en sus rodillas.
- Sí, quédate así - me dijo, refiriéndose a que me mantuviera inclinada, y comenzó a penetrarme lentamente. Yo movía mi trasero sobre él, emitiendo gemidos de placer por lo increíble que se sentía. En un momento dado, él me advirtió: - Me voy a levantar, así que estate preparada para no caerte.
- Está bien - le respondí, anticipándome a su movimiento.
Él se levantó lentamente, y yo hice todo lo posible para mantener el equilibrio. Tuve que inclinarme aún más hacia adelante, casi tocando el suelo con las manos, mientras él comenzaba a bombear lentamente. Mis gemidos revelaban lo caliente y placentera que era la situación. Con mis manos, buscaba alcanzar el respaldo del sillón que estaba enfrente para tener un punto de apoyo. Finalmente, lo logré y dimos unos pasos para conseguirlo. Una vez que pude apoyarme, Pedro tomó más confianza y comenzó a embestirme con mayor firmeza. Ambos gemíamos con cada penetración, y él apretaba mis caderas con fuerza contra él. Nuestra respiración se volvía cada vez más agitada, hasta que él se detuvo para tomar un breve descanso. Yo me incorporé y regresé al sillón original, colocándome en posición de cuatro patas.
- Métela en cuatro - le dije mientras terminaba de colocar la otra rodilla en el sillón. Él se acomodó detrás de mí y continuó penetrándome profundamente, de manera suave. Levantó uno de sus pies hasta el borde del sillón y siguió disfrutando de la sensación.
- ¿La altura está bien? - le pregunté, buscando su opinión. - ¿Debería estar más arriba o más abajo?
- Vamos a la cama- me dijo mientras me sacaba el pico de la zorrita – demos un paseo.
Sonreí ante su propuesta y nos dirigimos a mi habitación. Apoyé mis manos en el borde de la cama y le pregunté cómo quería que me posicionara. Él me indicó que me acostara, así que obedecí. Él se acomodó entre mis piernas y comenzó a penetrarme. Levantó mis piernas por las rodillas y me penetró con fuerza hasta el fondo.
- Ufff, así sí que entra toda - me decía con excitación.
- Sí, entra toda, se siente delicioso - respondí extasiada.
Él continuó bombeando dentro de mí, a veces sacaba su miembro y lo dejaba en la entrada de mi vagina mientras se masturbaba. En esos momentos, deslizaba mi mano hacia mi clítoris y me estimulaba. Luego, él volvía a penetrarme hasta el fondo y yo retiraba mi mano. Repetimos ese juego varias veces hasta que, en un instante, él se alejó un poco más mientras se masturbaba y yo volví a estimular mi clítoris. Extendió sus piernas debajo de las mías y nos masturbamos frente a frente. Hasta que le pedí que él se recostara.
Él se echó hacia atrás y juntó sus piernas, mientras yo me incorporaba y volvía a montarlo. Me acomodé sobre él y lo penetré nuevamente metiéndome todo hasta el fondo. Mis rodillas descansaban sobre la cama, lo que me permitía estar sentada verticalmente sobre él.
- Apriétame las tetas - le dije mientras me movía sobre su pene. Él rápidamente las atrapó con sus manos y yo dejé caer levemente mi cuerpo sobre ellas, permitiéndole sostenerme mientras me penetraba por completo - Sostenme mientras me lo meto todo - le pedí mientras movía mis caderas de arriba abajo y de adelante hacia atrás, sintiendo cómo su miembro rozaba el interior de mi vagina. Suavemente, fue soltando mis tetas para que dejara de recaer mi peso sobre él, y en su lugar, me agarró de las caderas y redujo un poco el ritmo.
- ¿Puedo ponerme detrás? - me preguntó mientras me daba leves nalgadas, refiriendo se a culearme en cuatro.
- jeje claro - respondí rápidamente entre risitas. Levanté lentamente una pierna para que él pudiera salir de dentro de mí, y ágilmente se deslizó por debajo de mí para colocarse detrás de mío.
Permanecí en esa posición y ajusté mis caderas para que mi trasero quedara bien levantado. Él se acomodó y comenzó a penetrarme desde atrás. Gemía con cada embestida, sintiendo cómo rozaba mi interior y me hacía disfrutar plenamente. Estábamos un poco torcidos en la cama, por lo que él me pidió que me acomodara más hacia adentro de ella. Ambos nos reajustamos, y él me penetró nuevamente. La diferencia fue abismal, y gemí más fuerte ante la nueva y excitante sensación.
- Notaste que estábamos chuecos - me decía entre embestidas y gemidos.
- Sí, bebé, sí que lo noto - le respondí entre gemidos. Movía mi trasero contra él, colaborando en cada penetración. Sentía el choque de sus testículos contra mi clitoris, y mi vagina se encontraba empapada de excitación.
- Estoy a punto de correrme - me dijo mientras seguía embistiéndome.
- Sí, lléname, rico - le respondí entre gemidos.
- Móntame - me pidió. Yo me moví hacia adelante en señal de aprobación. Él se recostó en la cama y yo me puse de pie, con él entre mis piernas. Me agaché y me lo introduje por completo, sintiendo una penetración profunda y placentera.
Apoyé los pies firmemente en la cama, lo cual me proporcionaba un mejor punto de apoyo para moverme sobre él. Me incliné sobre su cuerpo, con mis manos en sus hombros y mi rostro en su cuello, y comencé a moverme suavemente al principio.
- Qué rico se siente, bebé - le susurraba en el lóbulo de su oreja - Se siente increíble tenerlo todo dentro
Seguí moviéndome en diagonal, hacia arriba y adelante, hacia abajo y hacia atrás.
- Dale duro - me pidió entre gemidos - Me voy a correr, dale fuerte.
No necesité que me lo dijera dos veces. Aumenté el ritmo, sin volverse frenético. Gemía en su cuello y él gemía en mi oído. No pasaron más de 5 a 7 movimientos antes de que él gimiera profunda e intensamente. Sentía cómo su miembro palpitaba en mi interior, liberando su esencia en mí. Yo no dejé de moverme, aunque lo hice más lentamente, disfrutando de cada movimiento que lo exprimía cada vez más.
- Hasta se oscureció - me dijo cuando estaba en mis movimientos más suaves, haciendo referencia al hecho de que coincidentemente se nubló el ambiente. Me reí suavemente y me levanté lentamente, asegurándome de sujetar el condón para que no se quedara dentro. Él se movió un poco hacia el lado, indicándome que me acostara junto a él. Mi cama es de plaza y media. Me acurruqué a su lado, descansando mi cabeza en su pecho, y nos quedamos dormitando durante unos 20 minutos. Ambos estábamos exhaustos y extasiados, esa breve siesta resultó revitalizante.
Yo estaba en el borde de la cama que no daba a la pared, por lo que después de un rato acurrucados, él me pidió permiso para ir al baño. Cuando regresó, me había acomodado junto a la pared y le hice un gesto para que se acostara a mi lado. Me recosté nuevamente sobre su pecho y comencé, lentamente, a acariciar su cuello, su oreja, para luego deslizar mis dedos hacia su pecho, sus hombros y su abdomen. Mis caricias luego regresaban a su cuello, su oreja y su nuca. Descendía nuevamente hacia su pecho, hasta que él tomó su mano y la llevó hacia su miembro, que ya se encontraba duro nuevamente. Lo agarré firme y empecé a estimularlo suavemente, apretando hacia la punta y observando cómo pequeñas gotas emergían de allí. Luego, mis manos se desplazaron hacia sus testículos, acariciándolos delicadamente. Mientras yo lo acariciaba, él comenzó a estimularse el pene. Había leído en su perfil que era bisexual, así que lentamente llevé mi mano hacia su ano. Él no mostró resistencia y presioné suavemente contra su entrada.
- ¿Puedo? - pregunté para asegurarme.
- Sí... - me susurró él.
Continué moviendo mi dedo alrededor de su entrada, pero noté que estaba seco para ejercer presión. Así que, lentamente, llevé mi dedo a mi boca y lo humedecí con saliva antes de volver a su ano. Esta vez, gracias a la ayuda de mi saliva, pude introducir mi dedo lentamente en su interior. Él separó más las piernas para facilitar mi tarea. Mientras metía el dedo, presionaba suavemente contra su próstata, lo cual le provocaba gemidos que interprete como aprobación de lo que estaba haciendo. Lentamente, cerró las piernas y se incorporó, colocándose encima de mí. En respuesta, saqué mi dedo, me coloqué de espaldas y abrí mis piernas.
Él comenzó a estimular su pene delante de mí mientras yo me frotaba el clítoris y lo observaba.
- ¿Quieres que lo meta de nuevo? - me preguntó mientras nos masturbábamos frente a frente.
- Sí - respondí. Él se levantó y fue al comedor a buscar otro condón. En el camino, se lo colocó, y cuando regresó a la habitación, yo seguía con las piernas abiertas, acariciándome los senos. Se acomodó entre mis piernas y las levantó sobre mis hombros. Mi vagina estaba completamente abierta para él. Se acomodó y lentamente deslizó su pene hacia mi interior.
Sentía cómo mi vagina se abría, notaba la estrechez a medida que entraba dentro de mí. Él introducía parcialmente su miembro y luego lo retiraba.
- Parece que me toqué mucho - dijo con el pene afuera, dándome a entender que si continuaba metiendomela, iba a correrse - Estás muy apretadita.
- Métemela toda, bebé - le dije - Lléname rico.
Siguió con su juego lento y placentero de entrar y salir, hasta que finalmente me penetró por completo, hasta el fondo. Cada roce me hacía gemir, pero cuando logró introducirlo por completo, solté un grito de sorpresa y arqué involuntariamente mi espalda. Él, con un gemido grave, me indicó que se estaba corriendo. No dejé de mover mis caderas contra él, siguiendo el ritmo que lo llevó al clímax.
Lentamente, nos separamos y le indiqué que se recostara nuevamente a mi lado, pero antes él se dirigió al baño para limpiarse.
Me preguntó por la hora, ya que tenía que irse a las 17:00. Miré el reloj y vi que eran las 16:55, por lo que nos acurrucamos juntos un rato antes de vestirnos. Él buscó su ropa por el dormitorio mientras yo me puse un vestido ligero que tenía a mano para cubrirme después de la intimidad.
Nos despedimos con un beso apasionado y él se marchó. Cuando se fue, revisé mi celular y vi un mensaje de Jorge. Cuando él me escribía, significaba una sola cosa y, a pesar de haber tenido ese encuentro caliente, aún seguía sintiendo deseos ardientes...
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Espero hayan dosfrutado tanto como yo, feliz recibo sus comentarios y si me queiren escribir, quedan completamente invitados a hacer al correo [email protected], besos ricos a todos
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