Xtories

Bruno pilla de nuevo a su esposa con los obreros

Bruno creyó que descubrir a su esposa con los obreros sería el fin de su matrimonio. Pero al ver las grabaciones, algo oscuro despertó en él. Ahora, la casa está llena de cámaras y el castigo se ha convertido en un juego de tres, donde la línea entre la venganza y el placer se desdibuja con cada embestida.

perenquen31K vistas9.5· 29 votos

Ya en la cama, me di cuenta de que tenía una erección de campeonato. Miré los muslos desnudos de mi señora, viendo que solo tenía puesta una braguita minúscula. Al instante, recordé como se la cogieron aquellos obreros, y especialmente la enculada que le dio el muchacho. Excitado, me saqué la verga, y me di cuenta de que tenía una de las erecciones más potentes de las que acordaba. Mi sable no es tan largo como el del muchacho, pero si un poco más grueso, aunque no tanto como la del albañil.

Pasé mi mano por los muslos de Natalia, y separé un poco la braguita y observé el ano de la misma. Se notaba inflamado, aunque tenía restos del gel hidratante que aquella se había untado, pero aun así se percibía claramente la violencia de la penetración del joven. No me contuve, y dirigí mi pene hacia aquel agujero. Antes de que mi esposa se diera cuenta, presioné viendo como la cabeza de mi verga se introdujo dentro, con una facilidad que no me esperaba.

-Bruno… ¿qué haces?... oh por ahí noo… oooo

-Relájate Natalia. ¡Esta noche serás mía por ahí!

Ella se giró mirándome asombrada, mientras sentía como penetraba más de dos tercios de mi verga dentro de su culito. La follada que le había dado el muchacho y el gel hidratante, habían dilatado al máximo el esfínter de mi señora y las paredes del ano, por lo que mi verga, aunque con esfuerzo, comenzó a alojarse dentro del culito de mi señora más fácilmente de lo previsto.

-¿Pero que te paso esta noche…?. Oh no…. Bruno… ¡me estás enculando! Oh que daño….

-¡Pues te entra de maravilla Nati.!. Uf… Oh si… uf nena que culito tienes.

-¡Oh Bruno tienes que salirte!. Te dije que me dolía la cabeza. Oh bruto. Oooo

-¡Seguro que con esto se te va el dolor de cabeza.! Exclame encolerizado por su contestación. Además, yo tengo un dolor de huevos que solo se me alivia echando un polvo. Oh...si nena. ¡Ya la tienes toda dentro!…. Uf… ¿me sientes Nati?... ¿sientes mi polla dentro de tu culito? Le incite viendo como mi pene se había alojado completamente dentro del ano de mi mujer.

-Oh si cabron… ¡me vas a reventar!... Oh… pero… ¿qué te tas tomado hoy? Me preguntó soportando el dolor de mi penetración.

-Nada Nati. ¡Que verte así desnudita en la cama! Me ha entrado ganas de meterte una buena follada. ¿Nunca me habías dado este culito ¿. Uf… parece que lo tienes bien dilatado… te entra de maravilla…le comenté sabiendo a lo que me refería.

-Oh Bruno… me vas a hacer daño.…ooo

Lejos de amilanarme, comencé a penetrar el culito de mi esposo con gran intensidad, viendo como mi pene salía casi totalmente para luego volver a entrar en aquella cueva. Le estaba dando con mucha fuerza, quizás violentamente, pero en el fondo, necesitaba castigarla por su infidelidad.

Mi pene entraba con tal potencia en el ano de mi esposa, que en cuanto le cogí las tetas, sentí como contrajo las paredes del ano, y sorprendentemente mi esposa alcanzó un orgasmo.

Aquello, me dio pie, para colocarla totalmente boca abajo, y subiéndome encima de ella, volví a encularla con gran fuerza, viendo como mi pene taladraba sin remedio el anito de mi mujercita. Oh..termina ya… me vas a….

Lejos de retirarme, con furia contenida, comencé a penetrar su culo con una fuerza desmedida, colocándome encima de ella, aunque incorporando un poco mi cuerpo, mientras el taladraba el ano. Hasta yo mismo me sorprendí de mi vitalidad y la forma en que la cogí esa noche. Sabía que en cierto modo le estaba haciendo un daño importante. No solo tenía su ano dolorido de las cogidas de la mañana, sino que mi pene más grueso que el del joven, entraba dentro de aquella cavidad destrozando todo lo que encontraba a su paso.

Mi excitación fue tal, que, sin poder contenerme más, comencé a eyacular dentro del culito de mi señora. Oh Nati… oooo si me vengo… ooo te voy a llenar ese culito. oooo

Pese a estarme corriendo, mi pene no perdió su dureza y a medida que eyaculaba, la continuaba bombeando con suma fuerza. No me daba crédito a lo que me ocurría, pero era evidente que el recordar la grabación y la forma en que aquellos obreros tomaron a mi esposa, fue un estimulante perfecto para mantener una erección permanente.

Al final termine de eyacular, totalmente agotado, y satisfecho. No solo me había vengado de su infidelidad, sino que además había tenido mi primera experiencia anal, la cual me había resultado sumamente gratificante.

Cuando salí de su trasero, ella se miró, observándose el boquete de su dolorido e inflamado ano, y los restos de mi semen, que salían del mismo. ¡Oh bestia… me has roto el culo! ¿pero qué te has tomado hoy? ¿te has tomado una viagra?

-Verte así me ha excitado. Pero nena. Ha sido delicioso. No pensé que follarte por el culito fuera tan placentero.

En el fondo, ella le reconfortó mis palabras. Aunque luego me dijo: Eres un cabronazo…. ¡mira el boquete enorme que me has dejado! Mañana no voy a poder caminar.

-Pero Nati…¿me sorprendió lo bien dilatado que tenías el culito?. ¿No te habrán follado ese culito antes? Le pregunte medio sonriendo para ver la reacción de mi esposa.

-¿Como se te ocurre?. ¿estás loco o qué? - me contesta, algo sonrojada, nerviosa, quizás pensando que pudiera sospechar lo ocurrido con los obreros.

-¡Es que lo tenías tan dilatadito!.

No quise ponerla más nerviosa, le di un beso, y nos dejamos dormir abrazados.

Al día siguiente la empresa de construcción que realizaba la obra de la terraza me indicó que había tenido un problema en otra obra, y que había tenido que enviar a todos los trabajadores disponibles a la misma. Haciendo hincapié que a la semana siguiente volverían para acabar el trabajo. Cuando se lo comunique a mi esposa, cambio la expresión de su cara diciéndome: Pero…¿ y van a dejar la obra a la mitad?

-Tranquila. Serán unos días. La próxima semana volverán de nuevo.

Mi esposa tuvo que resignarse. Durante esa semana, no ocurrió nada de particular. Pasaron los cuatro días, y el domingo, mi esposa me pregunta: ¿Sabes si mañana vendrán los obreros?

Le he enviado un wasap al empresario y me ha dicho que comenzarán el miércoles siguiente. Según me refirió continúan con el problema. Le conteste, viendo la cara de decepción de mi esposa.

Obviamente, el martes me volvió a preguntar, y le conteste que me habían asegurado que al día siguiente volverían. Esa noche la note intranquila. Percibí que esa desasosiego era debido a que estaba ansiosa por volver a ver aquellos obreros. Obreros que seguramente se la volverían a follar de nuevo. Agitado, programe de nuevo la grabación de las cámaras, para poder recoger lo que ocurriera en la mañana y tarde del miércoles.

Al regresar esa tarde a la casa, le pregunté si habían llegado los obreros, y me contestó que sí. Aunque, indicó que habían cambiado de peón, y que la empresa había enviado a un trabajador de color. Ella medio insistió en que el trabajo deberían terminarlo los mismos obreros y no cambiar. Insistió tanto que tuve que llamar al contratista.

El empresario, me indicó que el joven peón, se le había acabado el contrato, y que, por ello, solo podía enviar como peón ayudante al hombre de color. Mi esposa, quedó decepcionada, maldiciendo al dueño de la empresa,.. que eso no estaba bien…etc.

No obstante, visione las cámaras en mi despacho, comprobando que era cierto que el joven no había acudido. No obstante, me sorprendió comprobar el aspecto físico del peón de color que había enviado la empresa. Este era un joven de un negro intenso, posiblemente migrante, de una altura considerable. No solo era más alto que el albañil, sino que parecía que todo su cuerpo era puro musculo, pura fibra. En la propia cámara se notaba el brillo de la piel en contraste con el sudor que emanaba de su cuerpo. Pensé para mis adentros: ¡Si este negro se folla a mi esposa, la va a destrozar! ¡Seguro que debe tener un pene como un mandingo! Solo pensarlo, note como se me endureció la verga.

Había visto las miradas de mi esposa al mismo, y al albañil, pero no hubo nada de importancia ese día. Ella le preguntó al albañil por el joven, y esté le contestó que ya no trabajaba en la empresa. Vi la decepción de mi esposa en el rostro.

Esa noche volví a notar a mi esposa nerviosa, y moviéndose en la cama, levantándose constantemente y yendo al baño. Ello me constató que estaba excitada. ¡Seguro que de haber llegado el joven se hubiera entregado de nuevo a los obreros, pero la presencia del joven negro la retuvo! No obstante, mi pensamiento estaba centrado en la posibilidad de que fuera penetrada por el aquel joven negro. No estaba seguro de que accediera a copular con semejante ejemplar.

Para volver a ponerle las cosas más fáciles, le volví a indicar a mi esposa que ese día volvería bien tarde, ya que tenía que asistir a una reunión. Me di cuenta de que eso iluminó el brillo de sus ojos. Lo que me llevó a la convicción de que algo iba a ocurrir al día siguiente.

Regrese bastante tarde, más de las diez y media de la noche. Observé que mi esposa estaba dormida en la cama, con una camisa de dormir, y casi ni me respondió cuando la besé. Continuó durmiendo. Me pareció agotada. Con la tenue luz de la lampara de noche, pude comprobar, los nuevos hematomas o magulladuras en parte de sus muslos, y en sus nalgas. Como tenía una piel tan blanca y sensible, la posible violencia de los obreros, le dejó marcada su piel.

Tremendamente excitado me dirigí al despacho para visualizar las cámaras. ¡Estaba completamente seguro de que mi esposa me había vuelto a ser infiel nuevamente! Curiosamente, a media que encendía el ordenador, en el fondo, ansiaba ver reflejada una nueva infidelidad de mi esposa. Me estaba empezando a comportar como un cornudo, al que le excitaba ver como se cogían a su esposa.

Fui adelantando la grabación, hasta que, al poco tiempo, verifico la llegada d ellos obreros a la casa. Tiempo después, casi a media mañana, observó como mi esposa entró varias veces al dormitorio, y volvió a salir. Al final, en una de ellas, comprobé que se dirigió a la cómoda y extrajo unas braguitas minúsculas. Poco después, recreándose en el espejo de la habitación, se fue desnudando completamente hasta colocarse aquella braguita, que parecía más una tanga. Se miró al espejo, observando sus hermosos pechos desnudos, duros y desafiantes. Luego se abrió un poco de piernas, y observó el contorno de la braguita que se había colocado. Se le notaban claramente los abultados labios vaginales, y hasta era tan tenue la tela, que traslucida su arreglado monte de venus.

Luego decidió colocarse una blusa, pero al ver como le quedaba, se la retiró y optó por ceñirse una camiseta sumamente ajustada, donde destacó al instante, el marcado volumen de sus pechos, y unos pezones que se revelaban sobresaliendo destacadamente en la suave tela de aquella prenda. Al tener los pezones empitonados, estos destacaron como dos granos negros en la camiseta. Luego se colocó una faldita de cuadros, que, aunque no era muy ajustada, resultaba pequeña y tan corta, que pensé que en cuanto se agachara un poco mostraría sus bragas. ¡Me quedó claro que Natalia estaba bien caliente, y que se iba a mostrar ante los obreros de aquella forma! La forma en que iba vestida era de lo mas sensual y provocadora. ¡Mi esposa quería guerra!

Como en otras ocasiones busco la disculpa de unos refrescos, para luego ver como se dirigió a la terraza. A medida que caminaba hacia ellos, observe el cuerpo de mi esposa, reconociendo que “estaba como un bombón”. Y, ¡con aquella indumentaria, de seguro, podría las herramientas de los obreros a tope!

Note la cara de satisfacción del albañil al verla aparecer en aquella lid. El joven de color, por su parte, se quedó parado, no comprendiendo como aquella señora se presentaba ante ellos con aquella excitante indumentaria.

-Como en otras ocasiones, les he traído unos refrescos para que puedan aliviar el calor. Les comentó dirigiéndose principalmente al albañil, dejando sobre la mesa los refrescos.

-Muchas gracias, señora- contesto el albañil. ¡Como siempre es vd. muy gentil!

Mi esposa algo agitada ante las miradas de los obreros decidió acercarse hasta la chimenea de la barbacoa que estaba construyendo en la terraza. Luego se hizo la que estaba verificando el trabajo, agachándose un poco, dejando a la vista del joven negro una buena parte de sus pantorrillas y sus hermosas posaderas.

Fue entonces, cuando observé que el albañil se le acercó y le pregunto: ¿le gusta como está quedando? Falta unos acabados, pero… podemos adaptarla como Vd desee.

-Si si me encanta. Le contesto algo agitada mi esposa al ver la cercanía del obrero.

Como estaba un poco alejado del peón de color, que resultó llamarse Yasir, el albañil, se acercó más a mi esposa y diciendo: ¿Me encante ver cómo va vestida esta mañana?

Mi esposa, se sonrojó, mirándole de reojo. Viendo como el obrero volvía a decirle: ¡Veo que tiene los pezones en punta! ¡esta claro que anda bien caliente! ¿seguro que me ha echado de menos?

Natalia vuelve a mirarla, se mira sus pechos, observando claramente que los pezones sobresalían desafiante. ¡Oh que está mirando...!

El obrero entonces, le acaricia el brazo y le dice: Señora. ¡No se retraiga por el joven de color! “Se que tiene ganas de que le eche un buen polvo”. Desde que sabía que venía de nuevo a la casa, llevo unos días sin correrme. ¡Tengo los testículos a tope!

Natalia, se sonrojó al escuchar las palabras del obrero. Aunque era evidente que con aquel tenía confianza, lo que me motivo a preguntarle. Oh por favor que esta el joven peón al lado….

El albañil la miró y le contesto: No se preocupe por el. Pero ¿se ha fijado en el cuerpo de ese joven? Es todo fibra. ¡Seguro que debe tener una buena pieza!

-pero que dice..

Me di cuenta de que Natalia, se puso agitada. Quería, pero a la vez no estaba convencida. El albañil, que final descubrí que se llamaba Fefe, viendo su indecisión, tomó la mano de mi esposa y la llevó hasta depositarla sobre el bulto de su pantalón. Natalia quedó como electrocutada cuando palpó la pieza del obrero. Llevaba más de una semana sin follar con el mismo, y seguro que estaba ansiosa por volver a sentir su pene dentro de su vagina. La satisfacción de su rostro me lo confirmo.

-¿Señora ha visto como la tengo?. Y al instante, sin permiso de mi esposa, procedió a bajarse el cierre del mono de trabajo, dejando que éste cayera al suelo, quedando nuevamente casi desnudo, únicamente con un bóxer.

Natalia no dijo nada, miró para todos lados, e incluso al peón de color. Pese a su indecisión inicial, casi sin querer, alargó su mano y la metió dentro del bóxer del albañil y extrajo su pene del mismo. Aquel hombre mostraba una erección importante. Mi esposa no solamente se recreó acariciando aquel sable, sino que alargó su mano, y palpó los testículos del mismo. Me percaté de la expresión de su rostro al sentir el contacto con aquellos. Aquel semental llevaba sin correrse varios días.

-Joder… ¡parece que los tienes bien repletos! - exclamó mi esposa, quien parecía haberse olvidado de la presencia del joven negro en la terraza.

El albañil excitado le susurró al oído: ¡Se supone como quedará su coñito cuando me corra dentro! ¡Esta vez la voy a inundar! Exclamo excitado el obrero.

Note que Natalia, sin soltar el pene, igualmente se excitó, como si se hubiera estremecido ante aquellas palabras. No obstante, le contesto: ¿correrte dentro?.. Ya la otra vez se pasaron…. Y, esta vez…. ¿parece que los tienes repletos? Todo ello, sin soltar el falo del obrero. Miró al mismo a la cara y añadió: Ya le dije que no estoy protegida. Tengo que ir al ginecólogo para que me recete las pastillas anticonceptivas. Por ello, no puedes hacerlo dentro.

Esas palabras me confirmaron, como así lo entendió el albañil, que mi esposa, le estaba solicitando que volviera a follarla.

Al instante el albañil comenzó a manosearla, pasando sus grandes manos por los pechos de mi esposa, los cuales pronto liberó retirándole la camiseta allí mismo. Al instante Natalia quedo con sus pechos al aire, completamente libres, voluminosos, y desafiantes. Al verse desnuda de medio arriba, se ruborizó y dirigió su mirada hacia el joven negro, comprobando que éste, se estaba pasando la mano por su paquete.

Acción que excito a Natalia, quien sin dejar de mirar al joven Yasir, permitió que el albañil tomara sus desnudos pechos, y se apoderara de los mismos, pasando su lengua por los pezones, mamándolos con deleite, sin que ella dejara de manipular la enorme verga. Fue excitante ver como Natalia pasaba su mano por el pene, desde la cabeza hasta la base, para luego, volver a recrearse manoseando los grandes testículos de este. Me resultó patente, que mi esposa se encontraba sumamente excitada con el tamaño de los testículos del obrero en esa mañana. Seguro que pensaba en la gran cantidad de semen que debía acumular aquel semental en ellos.

Pronto, el albañil, levantó la falda de mi señora hasta la cintura, y agachándose delante de sus piernas, comenzó a lamer los labios del coño aún sobre la braguita, levantado los suspiros de Natalia. Los gemidos de mi esposa aumentaron, cuando el obrero, separó la braguita a un lado, y comenzó a lamer directamente la vagina de la mi señora. Ello terminó con las posibles reticencias de mi esposa: -Oh si… así… oh cómemelo… siii

Mi esposa se tuvo que apoyar en el cuerpo del propio albañil, para no desvanecer ante la comida de coño que este le estaba propinando. Mientras gemía, y se recreaba con lo que le hacia el albañil, Natalia no dejaba de mirar al joven negro. Éste, igualmente excitado ante la escena que estaba contemplando, se comenzó a tocar abiertamente su pene sobre el pantalón. Pude detectar en la propia visión de la cámara, el tremendo bulto que se había formado en el mono que portaba, que amenazaba con romper el mismo. Lo que me dio a imaginar que debía calzar una buena verga. Extremo que igualmente estaba contemplando mi esposa.

Tras unos minutos lamiendo y comiendo el coño de mi señora, el albañil, le bajó totalmente las braguitas a la misma, quedando ésta únicamente con la corta falda, subida a la cintura. El obrero, entonces la forzó a que se recostara apoyándose sobre la mesa de la terraza, y a que abriera bien sus muslos, para luego acercar su pene completamente envarado hacia la vagina de mi señora. De dos golpes le clavó la totalidad de su falo. Oh despacio ooo… joder como la tienes hoy… oo me vas a romper…

-¡No sabes las ganas que tenía de volver a clavarla!. Uf señora me tienes bien arrecho. Le voy a reventar ese coñito. ¡Uhm señora… que caliente tiene ese coño esta mañana! exclamó el albañil.

Las palabras del albañil me dejaron desconcertado, ante la posibilidad de que mi esposa verdaderamente estuviera en sus días fértiles. ¿Y si era verdad y Natalia estaba ovulando? No quería ni imaginármelo.

El hombre se la comenzó a follar a buen ritmo, penetrando el coño una y otra vez, con embestidas que obligaron a mi esposa a tener que sujetarse bien a la mesa. Tras unos momentos, fallándola a buen ritmo, observé como éste le hace una seña al joven negro para que se acercara hasta ellos.

Este, animado por la petición del albañil, se dirigió hacia la mesa. Note la excitación y sorpresa de mi esposa al ver acercarse aquel tremendo joven de color hasta ella. Una vez a su lado, el albañil le dice a mi esposa:

-Vamos señora, ¡sáquele la pieza a ese joven! ¿es que no ve que se le va a reventar el pantalón? ¿seguro que esta deseosa por conocer la dimensiones de su tranca. – le dijo abiertamente el obrero a mi mujer, sin sacarle su instrumento de la vagina.

Mi esposa, se ruborizo. Dudo unos momentos. Sin embargo, ante la insistencia del albañil, alargó su mano, y bajó el cierre del mono de trabajo del joven, quien quedó al instante con un slip coloreado, que mostraba un paquete descomunal. Una vez que el mono de trabajo cayó al suelo, mi esposa contempló el tremendo ejemplar negro que tenía ante ella. Su rostro evidenció su máxima excitación Los enormes bíceps de aquel semental, su enorme estatura, aquellos músculos fibrosos, y el color negro intenso de su piel, me pusieron los pelos de punta.

Mi esposa, pese a su reticencia, nuevamente instado por el albañil que le continuaba penetrando sin pausa, bajó el slip del joven, quedándose petrificada. Ante su mirada, apareció un tremendo sable de color negro, con la punta algo color rojiza, y unos testículos a la par con el tamaño de su pene, que colgaban majestuosos entre las piernas de aquel semental. Oh..joder…. -exclamó mi esposa.

El albañil, igualmente se excitó al ver los genitales de aquel ejemplar. Este, sin dejar de perforar el coño de mi mujer le dijo a mi señora: ¡vaya pieza calza ese joven! ¡Hoy señora se va a poner las botas!

Aunque indecisa, mi esposa alargó la mano y tomó el cipote del joven negro, comprobando no solo su longitud, sino el extremo grosor de aquel sable. Era de un grosor bastante más grande que el del albañil, y por supuesto más larga. Natalia, pese a todo, tomó aquel pene en su mano, y lo mantuvo apretado, como si estuviera comprobando su extrema dureza, mientras soportaba los embates del albañil.

Ver los genitales del joven negro, y la fuerza con la que la tomaba el albañil, propiciaron el primer orgasmo de mi esposa, que terminó apoyándose en el cuerpo del joven de color para soportar las embestidas del obrero.

Oh.. ooo me revientas ooooo siiii

El joven Yasir, al ver apoyado sobre su cuerpo, el desnudo cuerpo de mi esposa, comenzó a acariciarlo, mientras el albañil se la seguía culeando. Natalia, sin aún recuperarse el primer orgasmo, observó como el joven de color comenzó a manosear sus pechos blancos, dándole pequeños mordiscos a sus pezones, que alternaba con lametones.

Tras recuperarse de su orgasmo, mi esposa con una cara de morbo total dirigió su mano hacia los enormes huevos del joven, mientras los palpaba, para luego volver a tomar la descomunal estaca. El joven hizo amagos para que se la metiera en su boca. Natalia dudó. Aquel no era un pene cualquiera. Estaba claro que solo le cabría un poco. Pero, al final pese a su reticencia inicial, comenzó a lamer aquel manubrio de color, hasta conseguir meterse un poco dentro de su boca ante la insistencia del albañil. Logro introducir poco más que el capullo. Mientras le mamaba esa parte, pasaba la manita por debajo del sable, hasta alcanzar el tronco, teniendo varias arcadas, ante los embates que aún continuaban por parte del albañil.

-vamos señora. Tráguese la polla del negro.

Mi esposa hacía lo que podía, soportando estoicamente la embestidas del obrero, y lamiendo más que mamando, la enorme polla del joven. Se agitó cuando observó que el obrero le retiró su pene, para colocarse delante de ella, instando a que se la mamase al mismo. Luego hizo señas al joven para que ocupara su anterior lugar, detrás de mi esposa.

Mi esposa al comprobar que aquel semental negro se la iba a culear, exclamo: -No… ¿no pretenderás que me meta es tremendo falo? Me va a reventar.

-Relájese señora. Hoy viene Vd. bien caliente. Necesita tener la polla de ese joven negro dentro. Ya verá cómo va a disfrutar con ella.

Oh por favor… detente- le decía al joven negro, colocando su mano intentando evitar que se acercara.

Yasir, pese a su indecisión, hostigado por el albañil, se olvidó de las protestas de mi señora, y decidió colocarse detrás de la misma. Me di cuenta de cómo abrió bien las piernas de Natalia, pese a los intentos de ésta por impedirlo. Observe la cara del joven negó contemplado el hermoso como de mi mujer, recreándose con la mata de vello, y los grandes labios carnosos que sobresalían algo enrojecidos, y que daban acceso al interior de la cueva. El negro le dio un par de pasadas a su verga con su mano derecha, para terminar de ponerla a punto, y dirigió su tranca hacia el coño de mi esposa.

Me quedé sin hablar. Me arrepentí de haber permitido que aquello ocurriera. Quizás me había dejado llevar por el morbo, y ahora veía que el joven negro, podría dañar completamente el coño de mi señora.

CONTUNUARA