Teresa, mi vecina, me ayuda a superarlo (lV).
La cena prometía ser una velada tranquila, pero bajo la mesa, los secretos se tocan y las palabras se vuelven lascivas. Mientras Elena narra su pasado con una inocencia engañosa, Jacinto descubre que la verdadera diversión está ocurriendo justo debajo del mantel, y que su propia vida sexual está a punto de cambiar para siempre.
En episodios anteriores
Hola, soy Jacinto, estoy jubilado, vivo solo en un apartamento y por desgracia enviude hace unos meses. He tenido la suerte de tener unos vecinos muy bondadosos y amables, que me ayudan y se ocupan de
que no me falte ayuda y compañía.
Teresa es mi vecina de toda la vida, y fue una buena amiga de mi esposa. Junto a Miguel, su esposo, forman una pareja muy bien avenida y simpática que me presta todo su apoyo.
Continuación.
Una pareja para mi
Es tan grande la felicidad que invade a Miguel que no puede resistir la tentación de intentar compartirla conmigo. Las lecciones a Teresa le han servido para aprender a hacer unas pajas a su marido que lo hacen saltar de gusto. Su relación ha evolucionado en sofisticación y morbo, a la vista de los resultados está clarísimo que han merecido la aprobación del cliente.
Miguel, cada vez que me ve me recuerda que tenemos pendientes no se cuántas salidas, no se cuántas cenas y no se cuántas citas con conocidas suyas, que es seguro que me devolverían la alegría a mi solitaria vida de viudo. Se preocupa por mi felicidad y quiere buscar una solución a mi evidente problema de soledad.
Una y otra vez insiste para que acepte alguna de las citas a ciegas que me propone con conocidas suyas, familiares y toda mujer de buen con la que me pueda emparejar. Por mi parte, debo admitir que las visitas de “mi perrita” Teresa me han sacado del estado melancólico donde me encontraba desde el fallecimiento de mi esposa. Junto a ella o gracias a ella, estoy viviendo las experiencias más alucinantes de toda mi vida, por lo que no necesito las parejas que me propone Miguel.
Mi vecino no puede imaginar que mis negativas están directamente ligadas a las esmeradas atenciones que me proporciona Teresa. Y ella no se creería que es su marido el que continuamente me anima para que me folle a cualquier mujer que pase a mi lado.
Cuando viene Teresa a mi casa se empeña en convertirme en “su papá”. Pronunciar esa palabra mientras jugamos hace que el morbo se apodere de ella. Para mí, verla tan seducida y caliente por las situaciones que nos planteamos, es el detonante de una lujuria sin control. Viene a casa de forma disimulada, derrochamos emociones y excitación, libero mis fantasías…juego con ella como si fuera mía…hago que ella estalle en mil orgasmos. Luego se va a su casa a cuidar de su marido, quien recoge una buena parte de su libido.
A mi no me apetece demasiado el aceptar una cita a ciegas. Soy un hombre corriente, el típico maduro que durante prácticamente toda su vida solo ha conocido una mujer, su esposa. He sido feliz así, hemos ido mucho más allá que la mayoría de las parejas, experimentando hasta allí donde nuestra personalidad nos ha conducido.
Reconozco que ahora, a estas alturas de mi vida, he descubierto que hay otras cosas y variantes que no había vivido con anterioridad. El sexo es relato, es imagen y también es fruto del cerebro. Mi papel de “papá” degenerado con Teresa, el que hace todo lo que le viene en gana y tiene derecho a cumplir cualquiera de los caprichos me tiene seducido. Le estoy enseñado a hacer unas pajas espectaculares, y recojo el fruto. Hay muchas mas cosas para descubrir y practicar, y eso me hace pensar que no necesito ninguna pareja surgida de una cita a ciegas.
Hoy Miguel me ha pillado en la escalera. Ha insistido mucho en que este sábado vaya a cenar a su casa, me ha prometido que no se trata de ninguna encerrona, tendrán como invitados una pareja muy especial, y me promete que me va a encantar. Finalmente me dejo convencer, creo que no habrá peligro de encontrarme emparejado con una tigresa salida. Se trata de una pareja donde no hay espacio para un tercero y eso me tranquiliza.
Al entraren casa de Teresa poco antes de la hora acordada me llama la atención el que han cambiado la distribución de los muebles del comedor, han quitado adornos y todo parece más espacioso. Al ver mi cara de sorpresa, Teresa me advierte:
—En unos minutos comprenderás porque lo hemos reorganizado todo, necesitamos más espacio.
Tenía razón, diez minutos más tarde llegan los invitados: Elena y José. De inmediato veo la explicación a los cambios en la distribución de los muebles. Elena es una mujer extremadamente atractiva y sofisticada, tiene todos los atributos y complementos para cautivar a cualquier hombre… y va en una silla de ruedas.
—Te presento a Elena y su pareja José, y este es Jacinto— dice con todo el ceremonial posible mi querida Teresa.
Tras la sorpresa inicial descubro que forman una pareja muy especial. Elena parece una persona de otro planeta. Me seduce su forma de hablar, me gusta como le da un toque de intriga o suspense a sus vivencias según convenga. Casi siempre termina sus historias dándole un final gracioso o al menos simpático. Es una mujer desenfada que vive la vida con optimismo. La aparente desgracia de ir en silla de ruedas no parece que haga mella en su buen humor.
Durante la cena, se convierte poco a poco en el centro de la reunión. Todos estamos interesados en oír sus aventuras y divertidos episodios, y más como ella las cuenta, con su toque personal distendido.
—Tenía veinte años y seguía siendo virgen. Mis amigas perdieron la virginidad mucho antes, era la moda. Yo, como solo salía con mis padres y no íbamos a discotecas, lo tenía francamente difícil. No creáis que no lo deseaba…jejeje… a mí también me picaba aquí abajo…igual que a todas mis amigas… pero no se me ocurría la forma de hacerlo teniendo a mis padres cerca.
—Pobrecita… mi querida niña… en esa época ya me estabas deseando, a tu macho, verdad? — dice José, su pareja, a lo que Elena responde con un manotazo en el hombro como reprochando su comentario algo inapropiado y algo machista.
—No te rías de mi…que es muy serio… no te puedes imaginar lo duro que es eso…los chicos parece que nacéis con la lección aprendida y en cuanto podéis os tocáis el gusanito, la primera paja cae pronto casi de “forma natural”.
—Jajaja— reímos todos— ¡qué razón tienes!... eso viene con el ADN…sois unos pajilleros compulsivos— dice Teresa poniéndose de su lado y mirando de reojo a Miguel que capta su velada insinuación (qué buenas pajas le está haciendo últimamente).
—Menos mal que las nuevas tecnologías vinieron en mi ayuda, internet, los chats, las redes sociales me permitieron hacer lo mismo que todos los demás, fantasear y ligar todo lo que quería. El inconveniente era que cuando revelaba mi condición de discapacitada y que iba en silla de ruedas, todo salían corriendo asustados...
—Yo no desistía fácilmente e iba detrás de ellos hasta que desaparecían… con la silla de ruedas no podía alcanzar grandes velocidades… ahora con esta eléctrica sería otra cosa bien distinta— dice para ridiculizar la situación y forzar nuestras risas.
—Seguro que si…no se te escaparía ninguno… tengo que decir que ahora sería lo contrario, ¿no?... con lo buena que estas…serías tú la que saldría corriendo ante tanto moscón persiguiéndote…— afirma Miguel.
—jajaja…—reímos todos—
—La verdad es que ahora no estoy tan necesitada… José es un buen amante… y cuando lo dejo agotado todavía me quedan las pollas de plástico que tengo, y una buena colección de vibradores. Otro día os los traigo para que los conozcáis…son muy buenos “compañeros”, los mejores que he tenido.
—jajaja…—reímos todos de nuevo ante las ocurrencias y salidas de Elena.
En medio de la animada charla de sobremesa, en la que las ocurrencias de Elena siguen captando nuestro interés, me llama la atención lo ausente que parece estar ahora José. Sus pequeños cambios de expresión que no pasan desapercibidos para mí que soy buen observador. Apenas participa en la conversación y su mirada parece perdida.
Pronto descubro la causa. Mientras Miguel y Teresa se afanan por ser unos buenos anfitriones, Elena y yo seguimos con nuestra animada conversación. El “pobre” José está sufriendo…ausente…en silencio.
Elena mantiene una mano oculta bajo el mantel y le esta haciendo una paja de campeonato…¡quien me lo iba a decir a mí!...con lo juiciosa y responsable que parece…En casa ajena, en presencia de desconocidos no ha dudado en sacar la polla de su pareja para darle un soberano repaso.
Estoy seguro que a Teresa le llenaría de morbo el saber lo que sucede bajo el mantel. Algun dia le pedire que lo haga cuando estemos los tres juntos…
El morbo que le produce la situación a nuestra invitada compensa los convencionalismos y el decoro debido a los anfitriones de la cena. No me queda otra que repartir mi atención entre lo que Elena nos cuenta para entretenernos, y lo que sucede bajo la mesa. Menuda sorpresa, y yo que pensaba que iba a ser una velada aburrida.
—Mi primera vez fue con un profe de la facultad…estaba tan nerviosa que no podía ni comer, ni mear…esto último me hacia esta todavía más excitada— nos cuenta Elena para capturar de nuevo toda nuestra atención.
—Me llevó a un hotel. Allí me dio mi primer beso con lengua… luego, haciendo algunos malabarismos, también me beso aquí ¡en el coño!...fue tan intenso que casi perdí el control al correrme… y mas con la vejiga llena a tope…casi me meo encima de él.— dice sin pestañear, contando la historia como si fuera lo más normal del mundo.
—Qué bruta…¿Cómo se te ocurre?....jejeje— dice Teresa apostillando la escena.
Yo observo a Elena con atención y disimulo. Mientras relata sus peripecias con ese toque incisivo y gracioso a la vez. Atento a sus explicaciones, no dejo de mirar como José se deshace ante los tocamientos que recibe.
La miro de arriba abajo una y otra vez, ¡qué bonita es! Ha venido a nuestra cena vestida con blusa camisera con los botones de la parte superior desabrochados para mostrar una generosa parte de su pecho. No lleva sujetador, sus pezones se marcan sobre la tela. Son dos tetas bien hermosas que parecen querer salir a saludar.
Una faldilla negra completa el atuendo, es realmente corta, deja a la vista medio muslo, sus rodillas y toda la pantorrilla hasta terminar en los pequeños pies recogidos en unas bonitas sandalias.
Recuperamos a José a la conversación, ahora se le ve muy relajado y satisfecho. Estoy convencido que se ha corrido en la servilleta o en un pañuelo. Elena recupera las dos manos que ahora están a la vista.
Pero lo que ha desaparecido bajo la mesa es la mano derecha de José. Si la intuición no me falla creo que voy a presenciar como José le mete mano hasta que se corra como una bendita delante de nosotros.
A nuestra pareja invitada le va la excitación y el morbo. Seguro que nosotros no somos los primeros en estar presentes en sus tocamientos.
Procuraré ser discreto y no delatarlos ante mis amigos. Ellos dos están convencidos que la sobremesa discurre por los cauces habituales, con algún comentario subido de tono pero nada que no puedan decir personas adultas y con toda una vida a las espaldas.
—y la vida sexual ¿qué tal?...¿que posturas son las mejores?— pregunta Miguel haciéndose el interesante y con ganas de desatar un respuesta contundente y graciosa de nuestra amiga sin atisbar lo que ha sucedido y lo que puede suceder a continuación.
—Pues que te voy a decir…pues lo normal…lo que hace todo el mundo… follar y follar, así y asá, mucha felación, mucho cunnilingus… a mi me gusta chupar una buena polla hasta que se corre en mi boca…por cierto…tú ¿cómo la tienes?— responde un tanto desafiante para sorpresa de mis vecinos.
—A mi Miguel…ni tocarlo— responde rápidamente Teresa atrayéndolo hacia ella como si temiese que se lo robasen— para eso tienes a Jacinto…que está disponible y muy en forma. Donde tú lo ves está muy solicitado…dicen que tiene un “excelente miembro”— añade sin cortarse nada y mirando a su marido para hacer ver que es todo una broma.
A pesar de mi edad, siento que me ruborizo un poco al sentirme aludido. Miro a Elena, ella me mira a mí, hace una mueca con la boca fingiendo que se relame al pensarlo cuando en realidad lo que sucede es que los tocamientos de José han dado sus frutos… o se ha corrido o está a punto de hacerlo.
—Pues habrá que probarlo antes de que se me adelanten las que caminan sin ruedas— dice con mucha sorna.
—Eh, que nadie se pase ni un pelo… aquí está “el José”, y algo tendré que decir ¿no?..que soy su pareja.
—Elena es muy guarrilla y le gusta probar cualquier cosa…no lo sabéis bien… eso si, solo cuando le apetece y quiere ella. Así que si estáis dispuestos a poneros bajo su mando podemos hacer un pase de modelos y que ella elija…—dice Miguel apuntándose al juego de despropósitos.
—Uy!...esto se nos está yendo de las manos— dice Teresa frotando su mano sobre la entrepierna de Miguel viendo que se está animando en exceso.
—Mejor lo dejamos así…que aquí el único que no tiene donde agarrarse soy yo — digo esperando su consideración a mi grito de auxilio, ya que yo soy el único que no tiene pareja para poder desfogarse a gusto
—¡Perdonaaaa!… que sepas que las personas discapacitadas ni somos ángeles, ni somos diablillos, y no nos comemos a nadie…bueno algunas veces si, pero solo a veces.
—jajaja…—reímos todos—
—Vaya calentón que me habéis dado. Sois unos putos degenerados— digo fingiendo un gran enfado—Ya que todos andáis bien servidos…me temo que me voy a tener que masturbar yo solito.
—Eso lo querría ver yo— dice Elena con desparpajo— a ver ese cipote, si merece la pena o no.
—Yo también, yo también quiero verlo— remacha Teresa y nos reímos todos.
Hoy me iré con el calentón, el consiguiente dolor de huevos, pero…mañana Teresa se va a tener que comer este trozo de carne… diga lo que diga. Así otra vez que me inviten a una fiesta en su casa sabrá que todas las acciones tienen sus consecuencias.
Deverano.
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