Mía por despecho (Capítulo 8)
Eva le confesó que su ayudante se corrió en el agua, pero eso fue solo el preludio. Ahora, con el embarazo en curso y la confianza rota, ella propone un juego peligroso: otro hombre, sus reglas, y él como testigo o participante. ¿Podrán sobrevivir a la tentación sin perderse el uno al otro?
Capítulo 8
-¿Quééé...? -Fue lo único que me salió de dentro cuando me confesó que le acababa de hacer una paja a su ayudante.
-Nada, que hemos ido a comer a un restaurante al lado de la playa y como siempre llevamos bañadores, nos hemos dado un chapuzón antes de volver a casa y que estábamos jugando en el agua y ha ocurrido, ya sabes.
Y dale con el latiguillo de los cojones, pues no, otra vez me quedaba en fuera de juego sin saber nada.
-Si no me lo cuentas como quieres que lo sepa, -le dije francamente indignado-, ¿Cómo ha sido eso?
-Ay cielo, pues que en una de sus ahogadillas se me ha salido una teta y Rudolf me la ha cogido y además se ha empalmado que no veas. Entonces me ha dado un poco de lástima que se quedara así, le he tocado un poco y se ha corrido al momento, pero dentro del agua. Si vieras como salía su esperma haciendo zigzag, muy blanquito... oye y no se disolvía, todos los chorreones iban uno detrás de otro hasta que se dejaban de ver un par de metros más allá.
No sabía qué decirle, aquello me dejó como atontado y se me ocurrían más de mil preguntas que hacerle a mi esposa, pero no me atrevía con ninguna.
¿Sería como un accidente sin más repercusiones?
¿Le habría gustado follárselo en esos momentos?
¿Pensaba repetir más veces esa paja?
¿Volvería a las andadas con su grupo de chicas?
¿Se tiraría a Vicente en el fitness?
¿Concertaría otra cita con Raúl?
¿Haría un trío con Martín y Rocío?
Dios mío, estaba aterrado y seguía sin poder reaccionar. Ella subía ya a darse una ducha y yo me cambié y me fui al gimnasio de mi tío Juan a darle puñetazos al saco, que era la mejor forma de sacarme toda la adrenalina y el disgusto que tenía en el cuerpo. Mi tío desde luego que me conocía mejor que la madre que me parió y viendo como le atizaba al saco, prefirió que mejor le diera un repaso al figura del gimnasio y nos preparó un combate de entrenamiento.
Desde el primer segundo nos empleamos los dos a fondo y nos dimos ostias hasta en el carnet de identidad. Cuando volví a casa tenía magulladuras por todo el cuerpo, aunque la cara la tenía inmaculada, no porque no me diera el cabrón ese unos cuantos golpes en ella, sino porque ambos nos la habíamos protegido con el casco durante el combate.
Eva se vino detrás de mí hasta que llegamos al dormitorio y sin ningún problema, me desnudé para ponerme la camiseta del pijama y ella que estaba muy pendiente ya no se pudo aguantar.
-¿Qué has estado haciendo? -Me preguntó al ver todos los moratones en mi cuerpo, principalmente en el pecho donde ese cabrón me castigó con su derecha una y otra vez.
-No es nada, Eva, he tenido un combate de entrenamiento con uno de los boxeadores del gimnasio de mi tío Juan, ya sabes. -Mira por donde le solté yo ese latiguillo que tan familiar se me estaba haciendo.
Ella se acercó a mí para repasarme de cerca el cuerpo buscando más marcas, acariciando todas ellas con las yemas de sus dedos y besando incluso la más señalada del pecho.
-Te fuiste sin decirme nada... -Me susurró mientras repasaba mi muslo enrojecido por las patadas que me soltó ese cabrón, era bastante bueno tal como se acreditaba en lo rojizo que tenía ese muslo.
No quería responderle en ese momento, que me molestó que le hiciera una paja, o casi un leve tocamiento como ella decía para que su empleado se corriese bajo el agua, aunque suponía que Eva estaría al tanto de lo mal que me sentó.
Cenamos como siempre en la cocina, ella una ensalada tropical y yo me hubiera comido un camello... de los de cuatro patas, por la mucha hambre que sentía, pero me conformé con un campero de atún, al que le agregué algo de jamón ibérico, queso manchego y un montón de mayonesa, que luego me escurría hasta por los codos.
Hablábamos poco, ella me contaba los proyectos en los que estaba trabajando en esos momentos y yo le decía que la semana siguiente viajaba a Roma, donde trabajábamos con un par de empresas que importaban bastante de nuestros productos. Eva se interesó por cómo me iba en materia sexual en los últimos viajes y yo le respondí que no me había vuelto a acostar con ninguna desde que retomé esos desplazamientos. Tampoco se interesó por los motivos que me llevaron a comportarme de esa manera y yo no se los quise explicar de motu propio.
Ese viernes no hubo salida con sus amigas y ya iban unos pocos que no lo hacía, aunque también era cierto que estuvo hablando con Rocío justo en las horas de marcha de ésta. Estábamos los dos acostados y acabábamos de echar un buen polvo, cuando Eva recibió el mensaje de su amiga para que si estaba despierta, la llamara y ella se marchó al salón después de advertirme de la petición que le hizo Rocío.
La verdad es que me quedé frito y ni me enteré de cuando regresó, pero tuvo que ser tarde porque por la mañana le costó levantarse para desayunar una hora después de hacerlo yo.
-No veas la que organizaron anoche Rocío, Lola, Martín y Vicente en la casa de éste, -me decía, mientras intentaba peinarse su melena utilizando los dedos extendidos de su mano derecha-, me tuvieron hasta las tantas contándome lo que hacían y enviándome fotos y vídeos para que no me perdiera nada. Luego te lo enseño todo.
-Ya... cuando quieras, -le respondí, sin mucho interés por ver esas imágenes-, tendremos que arreglarnos para ir a comer a casa de tus padres. -Terminé cambiando de tema radicalmente.
Esa noche cuando estábamos acostados, aprovechó para mostrarme lo que había recibido de Rocío la noche anterior y la verdad es que su amiga Lola estaba tan buena como mi propia esposa, que ya es un decir. Menudas tetas, piernas y culo, se gastaba la Lolita de los cojones, ¡Joder! Y cómo se la follaba el puto Vicente, mientras los otros dos no cesaban de cambiar de postura, según pude ver entre las fotos y los vídeos cortos que se sucedían en una perfecta armonía con los tiempos reales.
La mano de Eva acariciaba suavemente mi polla que estaba toda erecta y luego se fue hacia abajo para darme una rica mamada. Pronto acabaron aquellas tórridas grabaciones y pude por fin dedicarle toda mi atención a mi esposa. El polvo estuvo más que bien diría yo y seguramente lo corroboraría mi mujer si se lo preguntara.
-Ufff... no has estado nada mal. -Le dije con unas risas.
-Serás cabrito, seguro que mejor que tú. -Me respondió con el consiguiente pellizco en mi brazo.
Luego nos abrazamos y retornamos a las caricias y besos como si no hubiésemos hecho nada hacía unos instantes. Entonces fue cuando me lo susurró justo pegada a mi oreja.
-Quiero un hijo tuyo.
La verdad es que tuve una reacción un poco brusca, pues hasta llegué a retirarme de ella colocando mis manos sobre sus hombros. La quise mirar a los ojos, pero ella no terminaba de levantar sus pestañas.
-Yo también lo deseo. Ya viste a tu hermano como disfrutaba con su parejita. Te juro que me da una envidia sana, cielo y me encantaría poder hacer lo mismo dentro de poco, ¿Te imaginas? Nosotros disfrutando de nuestros hijos...
Seguíamos hablando en voz baja, como si alguien pudiera oírnos y desbaratar nuestras intenciones.
-El lunes pediré cita para ver a mi ginecóloga y que sea ella la que me asesore para que todo salga como los dos queremos. -Me decía.
Sin decirnos nada más, volvimos a hacer el amor, esta vez sin la intensidad de la primera, pero amándonos como hacía tiempo que no lográbamos hacerlo.
-Te quiero, Gonzalito de mi vida, -halagaba ella mis bíceps, mientras los acariciaba con las yemas de sus dedos-, te voy a dar una niña y un niño preciosos.
-O primero un niño y luego una niña. -Le rebatí con una sonrisa.
Entre más besos y caricias terminamos durmiendo como dos tortolitos que se acababan de declarar.
El domingo amaneció siendo un buen día y nos fuimos a la playa a pasar un rato al sol y luego comer en el mismo restaurante que nos proporcionaba las hamacas. Estábamos allí tendidos y embadurnados de crema solar, cuando saqué el tema que tanto me rondaba por la cabeza.
-¿Seremos buenos a partir de ahora? -Le entré de la manera más leve que se me ocurrió en ese momento.
Ella me miró sin nada de extrañeza en su rostro, parecía incluso que ella también quería acometer ese asunto que los dos nos reservábamos desde hacía unos meses.
-Yo estoy siendo buena desde hace tiempo, con solo ese pecadillo del otro día con mi ayudante.
-Yo también lo estoy siendo desde que tuvo lugar nuestro encuentro con Rocío y Martín y... tú, que también estabas ahí, pero es que me da miedo saber que todavía tenemos vigente nuestro acuerdo y que en cualquier momento decidas volver a verte con tus amigos.
Ella se sentó en su hamaca y quedó a unos centímetros de mí que la miraba fijamente a sus ojos, esperando una respuesta que o bien me mataba, o bien me elevaba a los cielos para siempre. Su mano se posó en mi pecho para deslizar sus dedos alrededor de mis pezoncillos.
-No voy a hacer eso nunca más, cielo, -me dijo un tanto bajito para que no la escuchasen la pareja que volvía a tenderse en las hamacas contiguas a las nuestras, después del chapuzón que se acababan de dar-, incluso lo del pecadillo lo resolví con Rudolf el otro día, bueno que le dije que eso no llegó a pasar y que si le quedaban algunas reminiscencias, tendría que ir buscándose otro trabajo.
-¿Y nada con Martín, Raúl o Vicente? -Le insistí.
-Solo en mi colección de fotos y vídeos, a eso no pienso renunciar y además tú lo tendrás que disfrutar viéndolo conmigo. -Me respondió la muy perra.
-No me gusta ver como te folla otro tío. -Le dije muy tajante, pero un pellizco en mi pezón me hizo perder esa compostura. Eva y sus pellizcos, joder.
-Esta noche veremos a Martín, que ese canalla me pone un montón y esta vez serás tú el que me caliente a mí, cabronazo. -Me amenazó con otro pellizquito y yo asentí antes de que siguiera por ese camino tortuoso.
Esa noche solucioné el problema comiéndole el coño mientras ella se deleitaba con el cabrón del Martín, pero al menos no tuve que verlo follándose a mi esposa durante el primer asalto, vamos, hasta que ella se corrió pegando gritos como una loca. Luego sí tuve que ver lo que restaba en su compañía, la culpa la tuve yo por hacer que se corriera tan pronto.
-Estoy empalmado por la comida de coño que te acabo de hacer. -Le dije al ver su cara de sorpresa cuando posó su mano en mi entrepierna.
-No te pierdas la corrida que me suelta Martín en un par de minutos. -Me animó a ver esa escena que estaba claro que se produciría enseguida, viendo la urgencia con la que el cabrón se la meneaba a cinco centímetros de la mejilla de Eva.
La explosión fue apoteósica y el primer disparo le rebotó en la cara, saliendo con gran fuerza hacia arriba por encima de su cabeza, pero regresando por la fuerza de la gravedad para aterrizar en su melena. Los seis o siete que le siguieron la dejaron con el rostro desfigurado por la cantidad de colgajos que no terminaban de caer y cuando lo hacían se esparcían por sus tetas que también se llevaron lo suyo. Cuando por fin terminó, no tuvo ningún inconveniente en darse un morreo con mi esposa, llegando a compartir ambos una buena parte de ese líquido lechoso y blancuzco.
-¡Joder, cielo! -Le tuve que dar la razón por ponerme en alerta-, ¿Y dices que yo me corro más?
-Sí, mi vida, bastante más. Mañana te muestro una de tus corridas y luego otra con Raúl. Vale, vale... -Sonreía al ver la cara que puse-, lo dejaré para la semana que viene.
Sabía que todo eso que me enseñó ya era agua pasada y hasta me estaba dando morbo ver las grabaciones sabiendo que nos servían para darnos un buen calentón y que nos ayudaban a acabar echando unos buenos polvazos, pero que llevarlos a la realidad de nuevo, eso se había acabado y verlo desde ese punto de vista me tranquilizaba bastante.
Todos los meses recibía Eva un par de grabaciones de las juergas que se pegaba su amiga Rocío y en casi todas esas ocasiones intervenía Martín con sus caudalosas corridas y a veces con su marido Quique o formando parte de otras agrupaciones diversas.
Eva se encontraba ya de seis meses de embarazo de la que sería nuestra primera hija y para nada se le iban las ganas de follar, lo cual me parecía muy bien, además que ahora teníamos la posibilidad de visualizar sus grabaciones de siempre, con las que le iba enviando su amiga.
-¿Abrimos un poco nuestra relación? -Me insinuó un día la perversa de mi esposa y es que ya lo veía venir y que mucho me extrañaba que no me lo hubiese pedido con anterioridad.
La verdad es que no había polvo en que no visualizáramos algunas de sus grabaciones, o como mínimo, que no hablásemos de sus amigos, incluido el cabrón de Raúl, al que ya no le ponía ninguna pega si lo quería sacar a colación, tanto en vídeos, fotos o charlas.
-Solo si es para que tu amiga Rocío se venga a pasar alguna noche con nosotros, -le dije con unas risas-, nadie más te va a follar que no sea yo.
-Muy listillo tú... -me dijo mientras me daba un buen pellizco en el brazo-, tú te follas a mi amiga y yo me quedo a dos velas. Tendrías que elegir a uno de mis tres amigos para compensarme.
-Yo solo reconozco a dos, -le corregí su exposición-, al otro que le vayan dando.
-Pues nos ha invitado a su boda y todo, -me dijo, como si eso fuese una justificación suficiente como para que yo le condonase la pena que le impuse por mi cuenta-, ¿Entonces con cual me dejarías?
-Con ninguno, sabes que acordamos no volver a participar en esos encuentros. -Aduje al pacto que hicimos meses atrás.
-Por eso te lo digo ahora, porque el cuerpo me está pidiendo un poco de caña, nada que no estuviese concertado de antemano entre nosotros, en todo caso algo suave, tranquilo, pero morboso, contigo delante o yo sola, lo que tú prefieras, aquí en la casa para nosotros mejor, sin descartar otras opciones.
-¿Eva, tu me amas de verdad? -le pregunté porque es que había veces que hasta terminaba planteándomelo.
-Más que a mi vida, mi amor, te juro que lo que te pido no tiene nada que ver con el amor que siento por ti. Sabes que me gusta mucho el sexo y gracias a Dios, tú me lo ofreces a raudales, pero siento que de vez en cuando me gustaría tenerlo con otro, aunque no como antes que los dos íbamos por libre, no, ahora sería con nuestro pleno consentimiento y de esa forma hacerlo con la tranquilidad de que no estamos cometiendo una infidelidad.
Pensé en irme al gimnasio de mi tío Juan a partirme la cara con otro de sus mejores boxeadores, pero lo descarté por absurdo, me faltaba el plus de cabreo que sentí cuando Eva me contó lo de la paja a Rudolf. ¿Estaba gilipollas o qué? Ahora se trataba de que ella podría ser follada por otro y me quise cabrear a fondo, pero no encontraba motivos para ese cabreo y eso no era lo peor, teniendo en cuenta lo que me crecía en la entrepierna y como mi esposa no quitaba la vista de ese bulto improcedente.
-¿Entonces...? -Me preguntaba sin mirarme a los ojos, pues no apartaba la vista de lo otro. ¿Vicente mejor?
Ahora sí que me encontraba en un grave aprieto y le iba a decir que ni hablar, pero cualquiera de los tres me era ya tan familiar después de haberlos visto follar con Eva tantas veces, ¡Joder!
-Tenemos que hablar antes de las condiciones. ¿Qué es lo que me estás proponiendo?
-Una vez al mes con uno de ellos y tú eliges donde y si quieres participar o decidir tú si con Rocío o Lola, esa que tanto te gusta cuando la ves en uno de los vídeos. Una vez al mes yo y otra tú, o los dos al mismo tiempo en un cuarteto o un trío, lo que salga en esos casos y por último, el límite de tiempo sería una noche completa si alguno de los dos lo necesitara, nunca más.
-Eso no tiene nada que ver con tu primera propuesta de tener un polvete suave, tranquilo y ya está, -le dije-, y sabes que estás embarazada y no me parece bien que alguien te folle con brusquedad.
-Eso se lo haré saber al que esté de turno ese mes, total serán solo dos nada más, porque en tres meses estaré de parto.
-Entonces dos polvos de aquí a que nazca nuestra hija. -Quise que me confirmara.
-Exacto. -Me respondió categórica.
-Pues escoge tú al primero y yo me adapto esa noche para hacerlo con Lola, pero no sé si ella estaría dispuesta a aceptar el trato que me ofreces.
-Lola no para de decirnos a Rocío y a mí que está loca porque la folles, de todos modos, hablaré con ella por si hubiese alguna pega.
Lo cierto es que ella llevaba razón y Lola pasó la noche del sábado conmigo y Eva se fue a pasar también su noche a la casa de Vicente y hasta se llevó un pequeño trípode para hacer más fáciles las grabaciones con su móvil. Lo peor fue ver como se estuvo arreglando toda la tarde y como ella no se llegaba por el barrigón que tenía, me pidió que le dejara los pelos del pubis como le gustaba a su amigo, teniendo que renunciar a mis propios gustos al respecto. Al final yo mismo la acerqué a la casa de Vicente antes de ir a por Lola que vivía en la otra parte de la ciudad.
Nosotros nos habíamos visto en la discoteca alguna vez, pero nunca intercambiamos algo más que un leve saludo, pero esta vez fue distinto pues ella con su enorme simpatía me ganó desde el primer segundo. Luego entró más en materia.
-Gonzalo, estaba impaciente porque llegara este sábado, no sabes la de veces que le he dicho a tu mujer lo mucho que me pones y más sabiendo que yo también te pongo, según me ha confesado Eva en algunas ocasiones, por lo visto salgo en algunos de los vídeos que ella ha grabado.
-Supongo que habrás visto algo más de mí también en alguno de esos vídeos. -Le respondí.
-No, cielo, ya quisiera pero en vídeo no, aunque sí en unas fotos donde sale tu pene muy bien expuesto y desarrollado. -Me confirmó con unas carcajadas.
Venía muy bien preparada para pasar toda la noche conmigo, pues hasta traía un bolso de tamaño medio con alguna lencería y ropa para poder cambiarse según conviniera en un momento determinado. De momento se presentaba con una mini falda de cuero negra, súper sexy por esas hermosas piernas que no llegaba a tapar, al igual que el triángulo del tanga, negro también y que sentada a mi lado podía verlo asomar cada vez que cruzaba sus piernas.
El trayecto desde su casa a la mía fue de casi media hora, suficiente para que perdiera la calma y le metiera la mano por el interior de sus muslos, hasta llegar a ese ínfimo tanga que me estaba matando. En el siguiente semáforo que pillamos en rojo, no quiso retrasar tampoco el beso que deseaba darme y una vez que lo logró no paró hasta que el coche de atrás nos espabiló con una buena pitada el muy cabrón, joder, es que la gente no entiende que hay que respetar a las parejas cuando se están besando.
-Estás sabrosa, putita mía, -le dije relamiendo mis labios con la lengua-, qué ganas te tengo, coño.
Ella seguía con su jijí, jajá a todo lo que yo le decía y el colmo fue cuando levantó el borde de la camiseta para mostrarme el sujetador de seda que quizás sujetara algo sus tetas, pero tapar, no tapaba nada y sus pezones me fueron expuestos claramente en esa transparencia.
-No hagas eso que nos vamos a estrellar. -Tuve que prevenirla, aunque con esa mínima velocidad a la que nos desplazábamos no iba a estrellarme con nadie.
Por fin llegamos al parking donde dejamos el coche y enseguida nos dirigimos imprudentemente cogidos de la mano, acompañados por el enorme resonar de los tacones de sus sandalias, sobre todo cuando entró en la casa con ese suelo de tarima flotante que elevaban al cubo el volumen sonoro.
En el salón preparé dos copas y nos dimos un primer abrazo sin llegar a sentarnos siquiera. Ahora sí que nadie nos molestaría si nos besábamos y la verdad es que lo hicimos con mucha entrega por ambas partes. Mi mano se atrevió a buscar esas tetazas que me acababa de insinuar no hacía ni diez minutos y ella no perdió el tiempo en tocamientos insulsos y se dirigió directamente a manosear mi polla. Y cuando más entusiasmado estaba, se despegó un poco de mí y me lo soltó sin más.
-Hazme varias fotos con tu móvil.
¿Pero qué coño pasaba aquí? Era como si mi esposa estuviese presente de alguna manera dirigiendo el cotarro. La muy cabrona le había dejado instrucciones a Lola para que no me olvidase de hacerle fotos y vídeos que luego ella metería en no sé qué carpeta, ¡Joder! Como no podía ser de otra manera, le hice caso, la encuadré bien y obtuve varias fotos sacando lo mejor de ella. Luego seguimos con la tarea de besuquearnos y todo eso.
Después de follar en el sofá por encima de una hora, sacándole varios orgasmos y corriéndome profusamente en sus tetas tal como ella misma me pidió y que grabé en un corto vídeo, nos fuimos a la cocina donde tenía ya preparada una pizza de esas que solo hay que calentar y nos la comimos con mucha necesidad por recobrar fuerzas, porque la noche prometía, de eso no cabía ninguna duda y después de adecentar la cocina, nos fuimos a nuestro dormitorio a continuar nuestra velada.
La cama ya nos la había dejado preparada mi esposa, al igual que la iluminación led en el cabecero, suficiente para una buena intimidad y poder hacer unas buenas fotos y vídeos.
Eva se hizo presente en mitad de una buena follada con la que nos estábamos deleitando los dos y fue para enviarnos varias imágenes de ella y sobre todo de Vicente con muchos detalles de su polla en tal o cual manera de verla, aunque la última fue con una buena corrida sobre su enorme vientre y un gran goterón saliendo de su orificio, que casi llegaba a lo más encharcado de su eyaculación.
-Anda que no es guarra tu mujer, -me soltó Lola con otra de sus carcajadas-, ¿Porqué no le envías una de tus corridas? A ver si es capaz Vicente de superarla.
No tuve ningún problema en enviarle mi primera corrida en el sofá, que desde luego fue muy abundante. Que se joda su entrenador si ella se lo enseñara.
Serían las tres de la madrugada cuando hartos de follar, dimos por finalizada la sesión de sexo por esa noche y al rato nos quedamos dormidos. Lo curioso es que fue Eva la que se presentó en casa cuando todavía estábamos desayunando nosotros después de acabar de echar el último polvo en la ducha.
-Vaya dos, todavía en paños menores, -nos decía mi esposa cuando entraba a la cocina-, tápate las tetas guarra, que estás provocando a mi marido.
-Tu marido ya no echa ni gota, so puta, -le respondió con otra risotada su amiga-, me acaba de echar lo último que le quedaba hace un rato.
-Eva nos acompañó en el desayuno tomándose un zumo de naranja y poco después nos arreglamos Lola y yo para que la acercara a su casa en mi coche.
A la vuelta, Eva se encontraba echada en la cama descansando de la noche que le dio su entrenador.
-Deberías tener cuidado, cielo, estás de seis meses y sabes que tienes que cuidarte.
-Te juro que lo primero que le dije a Vicente es que lo hiciera con suavidad y me ha hecho caso, solamente en una ocasión tuve que hacerle rectificar por lo fuerte que empezó a darme, pero todo muy bien con él y deseando repetirlo cuando toque.
-En ese sentido Lola y yo también hemos quedado satisfechos con nuestro encuentro y por supuesto que también repetiremos cuando volvamos a acordarlo, luego te pasaré todo lo que hemos grabado para que lo archives en una de tus numerosas carpetas en el portátil.
De resultas de esta experiencia ambos quedamos convencidos de que con estos acuerdos podríamos seguir con nuestra vida ordenada, además de echar esa cana al aire que los dos deseábamos tener de vez en cuando.
Ya no hubo más problemas en ese sentido entre nosotros y Beatriz, nuestra preciosa hija nació a su debido tiempo, haciéndonos todo lo felices que una bebé tan bonita puede hacer a todos los padres que se precien.
Beatriz acaba de cumplir los cinco meses de vida y eso nos ha dado pie desde hace dos meses a retomar nuestro acuerdo de antes del parto y Eva quiere que el próximo encuentro sea nuevamente un cuartero con Martín y Rocío. De momento no me ha vuelto a hablar de Raúl, lo cual me parece algo estupendo, a ver si se le olvida para siempre el cabrón ese, aunque no podré evitar que se cite a solas con él en alguno de los meses venideros.
En cuanto a los agresores de aquella noche nefasta, todo marcha de acuerdo con los plazos algo lentos de la justicia, pero ya ha podido ser demostrado por los ADN que ellos fueron los que violaron a mi esposa y ahora estamos a la espera de la sentencia del juez. Creemos, por lo que nos dice el abogado, que estos dos pasarán unos cuantos años en la cárcel.
Eva tiene ahora cuatro empleados, pues se reforzó con dos chicas que le han cumplido perfectamente en su descanso por maternidad y ahora ella está retomando nuevamente su reducida jornada laboral, a la espera de que tomemos una decisión sobre si la vamos a llevar a una guardería, o bien, contratamos una niñera para que se haga cargo de ella en nuestra casa por unos meses, ya veremos. Es curioso que su mayor demanda de trabajo se produce ahora en organizar grandes eventos, bodas sobre todo.
Mi empresa sigue por el buen camino que conseguimos después de tantos esfuerzos y cada mes exportamos alguna tonelada más de nuestros productos. A mis clientas habituales les he tenido que pedir serias disculpas por los cambios en nuestras relaciones sexuales, pero salvo Charlize las demás se lo han tomado bien y han continuado siendo tan buenas clientas como antes.
Ahora nos sentimos súper felices paseando los días que podemos por nuestra querida alameda, llevando a Beatriz en su cochecito mientras nosotros hablamos de nuestro futuro y del amor que nos profesamos.
FIN
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Espero vuestras valoraciones y comentarios.
Gracias
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