Xtories

Piso de alquiler y cama

Buscaba un nuevo hogar, pero lo que encontró fue una cama que prometía más que solo descanso. Con la mirada de Mari cruzándose con la suya, la búsqueda de un piso se transformó en la búsqueda de un placer prohibido.

jase21K vistas9.2· 18 votos

Llevaba ya 6 años viviendo en el mismo piso, había pasado muy buenos ratos; pero era hora de cambiar, así que me puse a buscar nuevo piso de alquiler. Todo lo que encontraba era peor que lo que quería dejar.

Aquella noche había cenado con mi buena amiga Estela (Relato: Un amigo para todo), estábamos en el sofá, muy juntitos, se lo comente.

- El piso donde vivo se me queda pequeño - dije.

- No tienes sitio para las amantes... – dijo Estela.

- Ja, ja, ja me parto y me troncho.

- Si quieres te puedes quedar aquí. Tengo espacio de sobras para que vengan tus “amigas”.

La casa de Estela era un chalecito en las afueras.

- No creo que este bien visto que viva en casa de mi jefa.

Estela rió.

- Pero si es lo que haces, entras y sales cuando quieres... follamos cuando te da la gana.

Desde hacia 6 años que se separo de su marido nuestra relación había ido creciendo, hasta el punto que cuando estaba en la ciudad pasaba mas tiempo en su casa que en la mía.

- No te gusta - dije.

- Me encanta – dijo echándose sobre mi.

Aquella noche terminamos follando como siempre. Por la mañana al despertarme ella me estaba mirando.

- Quieres... como anoche - dije.

- Por supuesto – dijo besándome – pero pensaba en lo de tu nuevo piso.

- Descartado lo de vivir aquí. Tu sabes bien por que lo digo - dije.

- Claro que lo se, estaba pensando en el departamento de inmobiliaria de la compañía – su mano me acariciaba la parte interna de mi muslo, acercándose a mi polla.

- No se me había ocurrido.

- Allí esta Joaquín, podíamos hablar con el.

La mire sonriendo.

- ¿Joaquín y tu...? – lo dije acompañado de mímica.

- Hay pelusilla... – dijo tirándose encima mío.

Un revolcón matutino antes de ir a trabajar nunca se esta mal.

Ya en el trabajo, Estela me llamo para que la acompañara a ver a Joaquín.

- José Antonio vamos a ver a Joaquín, tenemos que bajar al segundo.

- Estas arrebatadora – le dije susurrando – estas para follarte.

- No has tenido suficiente... – dijo también susurrando y mirando el reloj -...hace una hora.

- Contigo nunca es suficiente – le dije mientras bajamos las escaleras.

Llegamos al segundo piso.

- Joaquín – llamo Estela.

- Si – dijo el aludido.

- Este es Joaquín, te presento a José Antonio.

Nos estrechamos la mano. Me sorprendió su juventud, yo esperaba que fuese mayor, pues debía tener la misma edad que yo, 31 años.

- Nos hemos visto alguna vez – dijo Joaquín.

- Creo que si – dije – en alguna reunión.

- José Antonio esta buscando piso – dijo Estela - Os dejo que lo habléis.

Estela se fue. Le explique a Joaquín lo que quería.

- Ahora mismo los pisos destinados a alquiler los tenemos ocupados – dijo Joaquín.

Pero se quedo pensando.

- Espera – dijo cogiendo el teléfono – mi mujer tiene una inmobiliaria..

- “Mari”

- “...”

- “Si soy yo, Mica pásame con mi mujer” – dijo Joaquín, se volvió hacia mi tapando el auricular – Mica es la socia de mi mujer.

- “...”

- No veas lo buena que esta la socia de mi mujer, además es un encanto, desde hace dos meses esta sin novio – dijo guiñándome un ojo.

- “...”

- “Mari, no pasa nada. Tengo delante mío un compañero que esta buscando un piso de alquiler” – dijo Joaquín.

- “...”

- Ponte al teléfono y le explicas lo que buscas – dijo ofreciéndome el teléfono – mi mujer se llama Marita, todos la llaman Mari.

Cogí el teléfono.

- “Mari, soy un compañero de tu marido”

- “Me ha dicho que buscas un piso, ¿como lo quieres” – dijo Mari.

Tenia una voz aterciopelada, diría que conquistadora.

- “Como le he comentado a tu marido...” – le comente como quería el piso.

- “Vale, tenemos varios, da la casualidad que uno se quedó libre el fin de semana pasado”

- “Vale como quedamos” – dije.

- “Mi marido te dirá la dirección, ¿Te va bien esta tarde después de comer?”

- “Perfecto, pediré la tarde libre”.

- “Hasta luego” – se despidió Mari.

Yo hice lo mismo y le pase el teléfono a Joaquín.

- “...”

- “Sigue en pie, luego nos vemos, besitos”

- “...”

- ¿Esta tarde vas a ver los pisos? – dijo Joaquín.

- Si, ha hecho hincapié en uno que han dejado este fin de semana – conteste.

- Me imagino cual es. Ese es el que usó su hermano hasta que se ha ido al extranjero. En el vivimos Mari y yo los primeros años de casados, que recuerdos.

- ¿Por que lo dejasteis?

- Nos fuimos a vivir al chalet de mi suegro cuando este murió el año pasado.

- Dime la dirección – dije

- Mejor aun, yo voy a comer con mi mujer al medio día, ¡Vente!

- No se, tendréis que hablar de vuestras cosas.

- Mas de lo que ya lo hacemos.

- Perfecto, al medio día bajo y nos vamos a comer.

Me dirigí a mi departamento, estando en las escaleras mire hacia tras vi a Joaquín cogiendo el teléfono. Ya en mi departamento me vino a ver Estela.

- Que ha habido suerte – dijo Estela.

- Eso espero esta tarde voy a ver varios pisos.

- Bien, ¿Te espero esta noche en casa?

- ¡Para que! – dije sonriendo.

- Después de cenar jugaremos a “mete y saca” en la cama.

- Me gusta ese juego, antes pasare por mi piso a coger ropa.

- Mas me gusta a mi – dijo guiñándome un ojo.

A las dos en punto fui al encuentro de Joaquín, me esperaba en la salida con una mujer, de pelo largo y rubio, muy buena figura, vestía con vaqueros ajustados y una blusa celeste, algo traslucida, permitiendo ver la parte trasera de sujetador, llevaba un bolso y una chaqueta vaquera colgando de el.

- Ya estoy aquí – dije.

Entonces se giró la mujer, si por detrás parecía espectacular por delante era impresionante, eran perfección pura. Por delante la blusa no era traslucida pero marcaba perfectamente el sujetador.

- José Antonio, te presento a mi mujer, Mari – dijo Joaquín.

- Es un gusto conocerla – dije estrechando su mano.

Era difícil predecir su edad, debía estar entre 25 y 30 años.

- Había pensado comer por aquí cerca – dijo Joaquín - después os acercáis al piso, aunque no esta cerca, en coche se llega rápido.

- Por mi no hay inconveniente – dije.

Ella se encogió de hombros.

- He preparado la visita a cuatro pisos, están cerca uno de otro.

El restaurante estaba cerca, nos sentamos a comer, mientras lo hacíamos estuvimos conversando, sobretodo de los pisos que iba a ver.

Al final de la comida Joaquín se separo de nosotros, y yo me fui con Mari.

- Antes de ir a ver los pisos pasaremos por la oficina a recoger las llaves – dijo Mari.

Su oficina estaba a unas dos manzanas. Entramos y en una mesa estaba otra mujer.

- Esa es mi socia, Micaela – dijo Mari – es el compañero de Quino.

- ¿Que tal? – dijo levantándose, alargando la mano.

Le estreche la mano. Debía tener la edad de Mari, aunque parecía mas joven y algo mas delgada y a diferencia de Mari bestia mas juvenil, con un top y una minifalda. Mari cogió las llaves.

- Ya las tengo.

Fuimos en el coche de ella, por el camino me fue comentado cosas de los pisos. Lo cierto es que no estaba nada cerca, casi veinte minutos de recorrido, aunque eso si por carretera ancha y sin muchas complicaciones. Después de enseñarme un par de pisos.

- ¿Que te parece lo que has visto hasta ahora? – dijo Mari.

Pensé, tienes un buen culo y unas mas que interesantes tetas.

- No se, es mas o menos lo que tengo.

- Pues este ultimo te encantara, hasta hace un año vivimos Joaquín y yo en el, y este fin de semana pasado lo dejo mi hermano.

No tardamos ni 5 minutos en llegar al piso.

- Lo único malo es que es un tercero, pero hay ascensor.

- ¿Que tal los vecinos?

- Vecinos de toda la vida, solo se alquilan los dos terceros, el que te voy a enseñar y el de enfrente.

Con nosotros subieron matrimonio mayor que saludaron a Mari, eso hizo que Mari y yo quedásemos muy cerca uno de otro, sus pechos casi me rozaban, y su cara muy cerca de la mía. Cuando salimos del ascensor.

- El ascensor no es muy grande, es para tres o como máximo cuatro personas.

- Ya me he dado cuenta.

Entramos en el piso.

- Como veras es espacioso, y mas cuando mi hermano hizo obras para dejar un gran salón comedor con cocina.

Realmente era amplio, muy amplio.

- Tienes una terraza con lavadero... al otro lado tienes un cuarto de baño completo y un cuarto que se puede utilizar como oficina – dijo – pero tiene un secreto.

Le dio un empujón a un panel y bajo una cama.

- Se puede usar de habitación adicional si tienes invitados de mas. Porque aun hay otras dos habitaciones mas, una de invitados con dos camas y la grande de matrimonio con una cama grande con su propio baño.

Entramos en las dos, ya en la grande ella se sentó en la cama.

- Esta cama es muy cómoda – dijo ella tumbándose – anda pruébala.

Me senté en el filo, del lado contrario, ella se puso de rodillas detrás de mi.

- Túmbate – dijo.

Parecía que estaba jugando, entre risas me cogió de los hombros tiro hacia ella, obligándome a tumbarme. Mi cabeza quedo entre sus rodillas, sus manos a los lados de mi cintura. Nos miramos, yo desde abajo ella desde arriba, entonces se echo hacia tras bajando su cabeza, coincidiendo su boca con la mía, lo que al principio fue un pequeño roce, se convirtió en un beso apasionado. La lujuria nos invadió a los dos, y unos minutos después estábamos desnudos sobre la cama. Mientras yo me entretenía chupando sus pezones, ella acariciaba mi polla haciendo que creciera mas si era posible, mi mano busco su entrepierna, acariciando su clítoris.

- Estoy... – dijo soltando un gemido.

Debía estar muy excitada, sus gemidos aumentaron cuando introduje mis dedos en su vagina.

- Métemela, quiero sentirla dentro – dijo con dificultad Mari.

Me situé entre sus piernas, hice que mi polla acariciara su clítoris antes de entrar en su vagina, los gemidos y jadeos se hicieron constantes, cada vez mas sonoros. Cogí sus piernas las hice que las pusiera sobre mis hombros haciendo que las penetraciones fuesen mas lentas pero mas profundas. Movía la cabeza de un lado a otro mordiéndose el labio inferior con los dientes superiores. Pronto sentí como su cuerpo se estremecía.

- He llegado – dijo soltando un grito – sigue no pares.

Le cogí las piernas por los tobillos, mi polla dentro de su vagina, moví sus piernas arriba y abajo como si la sacudiera, haciendo que la penetración fuera mas fuerte y profunda. Había metido las manos debajo de la almohada, juntó las manos haciendo que la almohada le tapara la cara ahogando los gemidos. No tardo mucho en alcanzar un nuevo orgasmo, caí sobre ella exhausto, sin haberme corrido.

- Déjame...

Se giro haciendo que yo quedara boca arriba, ella me cogió la polla para que volviera a tener rigidez, y lentamente se sentó sobre mi, introduciéndose mi polla nuevamente en su vagina. Al sentir mi polla dentro por completo comenzó a moverse a delante y atrás, una y otra vez, yo le agarre las tetas, pellizcándole los pezones, no tarde en sentir que me corría.

- Estoy llegando... – dije.

- Córrete – dijo exagerando mas aun los movimientos quiero sentir tu leche dentro.

Y me corrí, ella que estaba a punto de alcanzar un nuevo orgasmo, se dejo caer sobre mi alcanzando el orgasmo. Unos minutos después permanecimos los dos desnudos boca arriba.

- ¡Que polvazo! De los mejores de mi vida – dijo ella.

- Me alegro.

Dije girándome haciendo que mi polla tocara su muslo, acaricie sus pechos.

- No sigas estoy súper sensible – dijo.

Entonces metí mi mano en su entrepierna, acariciándole el clítoris.

- Es una locura – dijo gimiendo.

- ¿Quieres que pare?

- Aun tienes ganas – dijo con dificultad.

- Creo tu si.

Metí mis dedos índice y anular en su vagina mientras con el pulgar seguía acariciando su clítoris. Cerro las piernas pero eso no impidió que siguiese con mi cometido. No tardo mucho en volver a estremecerse para seguidamente relajarse.

- A sido increíble.

Se giro hacia mi.

- Cuando esta mañana me llamo después de haber hablado contigo y me dijo que iríamos a comer juntos no pensé que terminaríamos follando, pero cuando te he visto tumbado sobre la cama... me he excitado no lo he podido resistir.

- Me ha gustado este piso... – dije.

- Lo que te ha gustado ha sido la cama.

- Has traído a muchos a probar la cama.

- A ninguno, soy una mujer bastante fría mientras trabajo. Pero contigo ha sido... tal vez porque te ha presentado mi marido, el morbo... no se

Se había levantado, se acerco al baño, unos segundo después salía y comenzó a vestirse, yo seguía en la cama desnudo.

- Si no te gusta el piso podemos ver otros... – dijo agarrándome la polla

- ¡y otras camas!

Me miro sonriendo.

- Me gustaría que esto no quedase en una prueba - dije.

- A mi también. ¿Vamos a la oficina a firmar el contrato? – dijo soltándome la polla.

- ¡Ya!

- Mejor en caliente.

- ¿Aun estas caliente? – pregunte levantándome.

Me acerque a ella, desnudo. Ella aun no se había puesto los pantalones.

- Mejor que te vistas o no respondo

- Pues no respondas – dije abrazándola y restregando mi polla en su muslo.

- Es mejor que nos vayamos se ha hecho tarde – dijo separándose de mi.

Me vestí y nos fuimos en coche a su oficina, durante el trayecto ninguno de los dos hablo, tras aparcar, aun en el coche.

- Espero que seas discreto. Ni a Quino ni a Mica ni una palabra.

- ¡Quino!... tu marido – dije saliendo del coche.

- Si mi “marido” – dijo.

Nos dirigimos a su oficina.