Mía por despecho
Eva no quería a su novio, pero quería que él la viera con otro. Gonzalo aceptó el desafío del despecho, sin saber que cada beso dado por venganza lo arrastraba más profundo en una dinámica de poder donde el riesgo no era solo emocional, sino físico.
Eva no era mía desde un principio, pero tenía que hacer todo lo posible para que lo fuera.
Capítulo 1
-¿Me llevas a mi casa? -Me pidió Eva y yo me quedé ojiplático sin saber qué responderle.
Tanto duró mi vacilación que ella tuvo que volver a interpelarme, esta vez acompañado de un toque con la palma de su mano en mi hombro. Al fin pude reaccionar ante esa chica que era la buenorra del grupo y novia, por supuesto de Raúl, el buenorro también de nuestro grupo de amigos.
-¿Qué le pasa a Raúl, no te puede llevar él? -Le pregunté todavía sorprendido.
-¡No! Ese capullo ya no me va a llevar nunca más a mi casa. ¿Nos vamos? -Me apremió ante mi desconcierto por la rotundidad de su respuesta.
-Sí... ¡Claro que sí! Guapetona-le respondí intentando ser más determinante.
Ella sin pronunciar una sola palabra más, solo le dedicó un gesto de despedida a Rocío, su mejor amiga y cogiéndome de la mano, se dispuso a salir de la disco con la persona que había elegido para joder a su novio, osea yo. Aquello en cierto modo suponía un peligro para mí, pues Raúl era el mejor atleta universitario y sabía que además era también el más chulo y peor acompañado de todos y por supuesto, la persona más respetada por el resto de los estudiantes, yo incluido, que aunque no era su amigo, aceptaba su liderazgo.
Eva era una preciosa criatura de 19 años, estudiante universitaria interesada en diseño, muy rubia y casi siempre con ese pelo mostrado en una coleta que iba de un lado al otro cuando caminaba, parecía que lo hacía al contrario del balanceo de su culo respingón, pero en total armonía entre ellos. Sus tetas eran de tamaño estándar, muy apropiadas para llenarme la mano si eso pudiera ser posible, pero la redondez de esos pechos destacándose en su torso era lo que más llamaba la atención. Sus largas piernas también destacaban en su anatomía, además de lo perfectos que eran sus muslos y ese triángulito que dejaba pasar la luz justo debajo de su chochito cuando se ponía esas mallas... ¡Joder! Nos tenía muy malitos a mí y a Carlos, mi mejor amigo, ese cabrón con el que me intercambiaba todas las exuberancias de Eva y alguna que otra más que no se deben especificar.
Yo soy Gonzalo, de veintiún años y 1,84 centímetros de altura, con cuerpo también forjado por el deporte, aunque lo mío era jugar partidos de baloncesto cada vez que podía y no lo hacía nada mal, también llevaba varios años practicando boxeo y king boxing en el gimnasio de mi tío Juan, aunque nunca llegué a combatir contra nadie que no fuera un contrario del propio gimnasio. Nada que ver con Carlos de 1,73, algo dejado físicamente y también muy delgado después de que su deporte favorito era comer en restaurantes de comida rápida, a pesar de ello nada le hacía engordar, tener unos michelines en consonancia con todo lo que se tragaba, nada de nada, era un caso digno de estudio, pero se distinguía de los demás por ser el mejor amigo que uno podía tener, siempre que no le hicieras caso a sus desastrosos consejos.
Llegados a la altura de mi coche un Toyota Auris híbrido y con cambio automático, del que estaba totalmente enamorado y que me lo regaló mi padre por las buenas notas del curso anterior, nos acomodamos en él y antes de arrancar, quise saber algo más de lo que se traía entre manos mi amiga Eva.
-¿Pero qué es lo que te ha pasado con Raúl? -Le pregunté.
-Lo normal en él, según parece, el cabrón se estaba besando con otra chica detrás de una columna, creyendo que nadie lo iba a pillar allí, pero yo pude verlos antes de que se ocultaran y eso... que lo he mandado a la mierda. A mí no me pone los cuernos ningún cabrón.
-Desde luego que no sé qué coño hacía ese imbécil con otra, teniéndote a ti que eres la chica más atractiva de la Uni.
-Pues mira, él se lo pierde, bueno que ya se lo ha perdido para siempre...
Yo solté unas risas por el dato contrario a la razón que me hizo, que para nada fueron imitadas por ella que seguía con el gesto adusto.
Arranqué el auto definitivamente y en menos de veinte minutos estaba delante de la puerta de su casa, un chalet adosado en una de las mejores zonas de la ciudad. Allí terminaba el servicio que ella me requirió.
-Oye Gonzalo, ¿Te importa recogerme el lunes para ir a la Uni? Tú vives dos calles más abajo.
Por supuesto que no me importaría llevarla y traerla cuantas veces ella me lo pidiera. Es que no me creía que ella estuviera interesada en mí aunque solo fuera para hacerle de chófer.
-¿Que si me importaría? Si hasta sería capaz de llevarte en brazos, guapísima, total si ya sé que solo sería por tres días como mucho.
-¿Crees que voy a tardar tres días en hacer las paces con ese cabrón?
-O menos, él no va a encontrar otra chica mejor que tú en la vida. Tú sabes que eres la número uno de la Uni y que los estudiantes estamos por todos tus huesos.
-¡Ah! Pues no lo sabía, mira tú por donde. ¿Y tú también estás entre ellos?
-No, entre ellos no, yo soy el que está al frente de todos esos admiradores.
-No eres zalamero tú, ni nada.
-Si no me crees, pregúntale a mi amigo Carlos lo mucho que le hablo de ti. Lo único es que yo no estoy solo por tus huesos, también me gusta mucho tu pelo, tus ojos, tus piernas... no sigo para que no te enojes conmigo, pero imagínate todo el resto y acertarás.
-Corta el rollo tío, que se nos va a hacer de noche. ¿Entonces?
-Vale, te recojo a las ocho y cuarto, ¿Te parece bien? -Le ofrecí.
-Claro que sí, gracias y hasta el lunes. -Se despidió de mí mientras acercaba su cara a la mía para darme un beso en la mejilla, pero en el último momento giré un cuarto mi cara para recibirlo en los labios, llevándome un pellizco en el brazo antes de que saliese del coche.
El domingo tenía un partidillo de baloncesto como casi siempre a las diez de la mañana y allí me fui con Carlos, al que le conté tres veces lo que me pasó el sábado con la tía más buena de la Uni y el compromiso de llevarla al menos el día siguiente a esa Uni.
-Pues ten cuidado con Raúl, que ese tío no es de los que les gusta que alguien se quede con lo que cree que es suyo. Yo que tú lo buscaría y le pediría disculpas.
-Ni de coña Carlos, ¿Yo pidiéndole disculpas al gilipollas ese por hacerle un favor a su ex?
-Tío, que ese cabrón tiene muy malas pulgas, por las buenas es un buen tío, pero por las malas mejor estar alejado de él.
Hombre, la verdad es que Raúl era un cachas de mucho cuidado, de eso no tenía ninguna duda, con su metro noventa y esos bíceps de atleta que se gastaba, podría ser que tuviese amedrantado a todos los compañeros universitarios, pero no a mí, que aunque un poco más bajo, no tendría ninguna dificultad para soltarle dos piñazos que lo disuadieran de volver a enfrentarse conmigo. Por ese lado estaba tranquilo, pero el problema no era ese, que va, el auténtico problema era Eva y qué era lo que le rondaba por la cabeza para escogerme a mí cuando se cabreó con su novio.
Tenía muy claro que aquella chica, ni ninguna otra sería capaz de dejar a un novio de dos años y acto seguido buscarse un sustituto, eso era una idiotez y yo tenía que tener los pies en el suelo para no caer en falsas ilusiones, sabiendo que aquella separación podría ser momentánea y se arreglaría después de que Raúl le pidiera las consabidas disculpas. Era lo más lógico y probable que así sucediera y mientras yo la disfrutaría llevándola de su casa a la Uni y viceversa.
Dos días más tarde estando en mitad de otro partido de baloncesto, vi llegar a Raúl acompañado de dos de sus inseparables amigos y enseguida me pidió que me acercara, si bien yo terminé de jugar el último minuto que nos quedaba para el descanso.
-Hola Raúl, ¿Qué pasa? -Le saludé.
-Cuando te digo que quiero hablar contigo no me puedes hacer esperar, -me exigió-, te acercas y escuchas lo que te tenga que decir.
-Relájate Raúl que te veo muy tenso, ¿Qué es eso me quieres decir con tantas prisas? Sé breve que el partido se reanuda en un minuto. -Le respondí.
Se me quedó mirando y luego les echó una miradita a sus muchachos con mucha socarronería. Después se decidió a largarme lo que tenía en mente.
-Sé lo que estás haciendo con Eva, chaval y solo quiero advertirte que no se te ocurra pasarte de la raya, pues aunque ella crea otra cosa, todavía sigue siendo oficialmente mi novia, no se te olvide. Te dejaré que le sigas haciendo de chófer y nada más. ¿Me has entendido?
-Mira Raúl, yo creo que es a tu ex-novia a quien te tienes que dirigir, no a mí, si tienes que pedirle disculpas y solicitar su perdón, díselo a ella. Lo que yo haga o deje de hacer estará siempre bajo lo que ella me permita y ahora, lo siento pero se va a reanudar el partido y estamos los justos.
Me estaba girando para volver a la cancha de baloncesto cuando por el rabillo del ojo vi que Raúl se abalanzaba sobre mí. Me bastó una pequeña cinta y un derechazo a su vientre para dejarlo retorciéndose en el suelo mientras buscaba aire con toda la boca abierta, incapaz incluso de proferir el más mínimo grito de dolor. Cuando los otros dos quisieron intervenir ya estaban todos los compañeros del partido rodeándome para que no se pudieran acercar.
-Iros a tomar por culo, chulos de mierda. -Ese y otros improperios les iban soltando todos mis amigos a esos capullos que ante esa demostración de fuerza, no tuvieron más remedio que ayudar a ponerse en pie a Raúl y marcharse los tres por donde habían venido, no sin antes amenazarme debidamente.
-Ya nos veremos capullo, -decía uno de ellos y luego seguía el otro-, ésto no se va a quedar así, pedazo de mamón.
Nosotros no tuvimos mejor reacción que carcajearnos a sus espaldas, mientras ellos seguían alejándose sin dejar de mirar hacia atrás, no fuera a ser que nos diera por amenazarlos con una carrerilla.
Esa tarde me llamó Eva, no sé si enfadada o eufórica, la verdad es que no lo tenía nada claro.
-Me acabo de enterar de lo ocurrido esta mañana en la cancha de baloncesto, -me decía-, ¿Es verdad que le has pegado un puñetazo a Raúl?
-A ver, vecina, él fue quien vino a amenazarme y luego cuando vio que le di la espalda, quiso aprovecharse de esa ventaja para abalanzarse sobre mí, entonces fue cuando le di el puñetazo en el estómago, no quise hacerlo en su cara porque eso hubiera sido muy vergonzoso para él, figúrate casi diez días con el ojo amoratado.
-¿Pero cómo es que a ti no te llegó a pegar? O es que al final sí lo hizo. -Quiso saber.
-No, no pudo hacerlo. Anda Eva, no le des más importancia, igual mañana volvemos a ser amigos como siempre y ya está.
-No lo creo, sé que es un canalla vengativo y ya procurará devolverte ese golpe.
-Que no, mujer, mañana hablo con él y lo arreglamos, te lo prometo.
-No sé yo... ¿Me recoges mañana entonces?
-Claro, Eva, a la misma hora.
Al día siguiente fui yo el que se acercó a Raúl que justo se encontraba en compañía de los dos amigos del día anterior.
-¿Podemos hablar los dos solos? -le pedí mientras les echaba una mirada a sus acompañantes.
Él no dijo nada, solo les hizo una señal con la mano a esos dos que se alejaron lo suficiente para no poder oírnos, pero quedando alertas por si el jefe necesitara su ayuda.
-Mira Raúl, lo de ayer no fue una casualidad, yo estoy practicando boxeo y no me costó nada propinarte ese puñetazo y dale gracias a Dios que tengo un temperamento de lo más prudente, porque te juro que te podría haber hecho mucho daño. Además lo que te dije fue algo de lo más razonable. Pídele disculpas a Eva, hacéis las paces y retomáis vuestra relación.
-Y si no lo hago ¿Qué vas a hacer tú? -La verdad es que no sé con qué intención me lo dijo.
-Si vosotros no os arregláis, voy a hacer todo lo posible por iniciar una relación con ella, aunque no creo que llegue a nada porque a Eva la veo a un nivel muy superior a mí, pero la esperanza es lo último que se pierde y espero que eso no afecte al respeto, que no amistad, que siempre ha habido entre nosotros.
-De acuerdo, pelillos a la mar entre tú y yo, no voy a tomar represalias contra ti por haber tenido la suerte de acertarme con ese puñetazo, pero si quieres empezar a ligarte a mi ex, ya estás tardando, jamás le voy a pedir disculpas a la mema esa.
Iba a reprocharle ese insulto, pero ya se había dado la vuelta para acercarse a sus dos compinches y allí en medio de los jardines de la Universidad con todo el mundo delante, no quería entablar una nueva bronca.
Lo que sí noté es que cada día me saludaban más compañeros que antes no lo hacían o que simplemente pasaban de mí. Carlos me decía que a él también le pasaba lo mismo y que eso era debido a que todos sabían que él era mi mejor amigo en la Uni. El cabrón estaba súper contento con su nuevo rol y no paraba de proponerme que les contara a ciertas chicas todas sus valías. No sabía cómo era posible que fuese tan simplón en sus apreciaciones, a la vez que tan listo para sacar las mejores notas entre todos los estudiantes.
Lo cierto y lo que a la postre fue lo que más me impactó era que Eva comenzó a buscar una relación más estrecha conmigo y sin que yo tuviera que iniciar nada de nada. Primero era quedar alguna tarde para que la ayudara con las matemáticas que eran lo que más le costaba, luego que si la podía acompañar a alguna fiesta con sus amigas y por último ir juntos a la disco con nuestro grupo de amigos, pero ahora pidiéndome un tratamiento exclusivo para con ella, pues no le molaba que bailara con otra de las amigas de ese grupo. Al final y casi sin formalizar nuestra relación, actuábamos como una verdadera pareja de novios y hasta una tarde tomando una cerveza en un pub, me lo quiso aclarar.
-Gonzalo, ¿Como ves nuestra relación actual? -Me preguntó.
-No lo tengo muy claro, actuamos como novios, pero no lo somos. -Le respondí sin más.
-Ya... ¿Sí, verdad?, es que ni nos hemos besado todavía. -Me dijo algo que era totalmente cierto.
Ganas no me faltaban para hacerlo, pero si no lo intenté fue porque estimaba que le tenía que dar tiempo para definirse en cuanto a lo que quería hacer con Raúl y es que tanto en la Uni como en la disco no dejaban de tener sus charlas a solas, unas veces con algo de bronca y otras de mejor ver y hasta de muchas risas y complacencia entre ellos, aunque también era evidente que no había ningún atisbo de arreglo, ya que él siempre iba bien acompañado por buenas féminas y sobre todo en la disco, allí era donde solía darse unos buenos besos con la acompañante de turno delante del resto del grupo.
-Eva, es que no sé si tu relación con Raúl está totalmente finiquitada, hablas mucho con él y no lo tengo muy claro, te lo digo en serio.
-Ya lo sé, Rocío no para de decírmelo también, ella es muy lista y me ha hecho esa misma observación varias veces, osea, que tú no vas a formalizar nuestra relación si yo no dejo de hablar tantas veces con mi ex.
-Es que no lo entiendo Eva, no sé a qué vienen tantas charlas, además estoy muy seguro que luego las continuáis por teléfono, nadie os va a importunar si lo hacéis en esos momentos.
-No hablamos de nada importante, solo de cómo nos van las cosas, los asuntos de su familia, sabes que son cuatro hermanos y eso siempre genera algunos conflictos entre ellos y sus padres, te juro que son cosas sin importancia, nosotros no vamos a volver Gonzalo, pero seguiremos manteniendo una buena amistad.
-Es que habéis sido novios dos años, Eva, y ya me dijiste que desde el principio mantuvisteis relaciones sexuales, por eso no me siento seguro de que de vez en cuando no lo hayáis repetido, dada la confianza que os tenéis mutuamente.
-No lo hemos vuelto a hacer Gonzalo, es más, desde que nos separamos no he vuelto a tener sexo con nadie.
-Yo sí lo he hecho varias veces al poco de comenzar a llevarte a la Universidad, pero luego lo dejé todo por respeto a ti y lo que parecía que estaba surgiendo entre nosotros.
-Tengo la llave del apartamento de la playa de mis padres. -Me dejó caer Eva.
Ninguno dijo nada más y cogidos de la mano nos dirigimos a mi coche y pusimos rumbo a ese apartamento al que llegamos en unos cuarenta minutos. En el mes de diciembre no tuvimos problemas de aparcamiento y poco después estábamos dentro los dos. Ella propuso tomarnos una copa que nos desinhibiera un poco, porque la verdad es que estábamos un poco tensos, no nos habíamos dado ni un beso en toda la vida y en unos minutos íbamos a estar follando como descosidos.
Las copas nos vinieron bien y a mí no es que se me había olvidado eso de follar, pero desde luego notaba que ese momento y ese lugar donde con toda seguridad Eva se habría follado no sé cuantas veces a Raúl... ¿Y no lo habría hecho recientemente?
Dejé todos los malos augurios que me rondaban por la cabeza y me dispuse a disfrutar de esta tarde con esta hermosa chica que era la deseada por todos y que ahora la tenía toda entera para mí.
Me pidió que no entráramos al dormitorio de sus padres, que mejor lo hiciéramos todo en el propio sofá del salón y a mí me daba igual, lo que quería era hacerla mía de una vez y dar un cien por cien de mi capacidad sexual con Eva.
Lo primero que hice fue desnudarla por entero y luego fue ella la que hizo lo propio conmigo. Descubrir ese cuerpo tan fantástico me puso a mil, de verdad que era la mayor de mis fantasías desde que la conocí y ahora todo se hacía una realidad, la tenía a mi disposición para disfrutar de toda ella. Eran unos momentos muy hermosos y quería ir despacio para poder guardar en mi memoria todo lo que iba acariciando, ahora la tenía de espalda contra mi pecho, lo que me facilitaba poder amasar sus preciosas tetas, su vientre, su pubis con su línea de vellos que me indicaban donde estaba el inicio de su rajita... Ahora mis cuatro dedos bajaban hasta el final de su raja donde alojé dos de ellos en su interior, mientras el pulgar se quedó más arriba frotando su botoncito del placer. Mi polla incrustada entre sus glúteos estaba en la gloria haciendo de las suyas y Eva se restregaba una y otra vez contra mí moviendo sus caderas de forma lasciva. La mordida que le di en su nuca fue el desencadenante de su primer orgasmo.
-Sigue dándome ahí, sigueee... más rápido mi amooorrr... aaahhh... uhmmm... aaaggg...
Su cuerpo se cimbreaba sacudido por el orgasmo que la desbarataba una y otra vez y en mis dedos recibí una gran cantidad de fluidos que manaban desde lo más adentro de su interior. El pulgar fue el que mantuvo la armonía de ese orgasmo hasta el final, suave, muy suave hasta que ella dio su última sacudida y mis brazos la sujetaron allí de pie para que no cayera de bruces contra el sofá.
Ahora tocaba la siguiente fase, la que culminaría con nuestra primera follada y lo primero que hice fue colocarla en la posición que a mí más me apetecía en ese momento.
-Cielo, pon una rodilla encima del sofá y coloca tus manos en el espaldar, sí, eso es, en la parte de arriba, abre un poco más tus piernas y vuelve tu cara y dime si te gusta lo que te va a entrar en unos instantes.
Ella me obedeció en todo lo que le pedía y por último giró su cabeza hacia atrás para mirarme a mí, pero con un gesto le hice ver que mirara más abajo y lo hizo, claro que sí y al parecer le gustó mucho lo que pudo ver en todo su esplendor.
-¡Joder Gonzalo! Es muy grande... y muy gorda...
-Tengo un preservativo aquí en la mesa, ¿Me lo pongo?
-¡Nooo...! -Le salió esa exclamación de repente- Bueno... por mí no tengo problemas si tú de verdad no lo has hecho en estas semanas. Ya sabes que yo tampoco y que me tomo la píldora.
Esto último no lo sabía y me alegraba de que no hubiera follado con nadie desde que salía conmigo, no pensaba ponerle más pegas y follármela a pelo era una gozada, que de eso sí que llevaba mucho tiempo sin hacerlo.
Eva parecía que no podía esperar más e hizo intención de tomarse la justicia por su mano, pero no la dejé, eso que tocaba ahora lo quería hacer yo por cuenta propia, llevaba mucho tiempo deseando hacerlo.
-Deja, Eva, deja que te la meta yo... -le dije mientras flexionaba mis rodillas y restregaba mi glande por toda su raja hasta que lo centré en la entrada de su vagina-, mira como te penetro, cielo, mira como va entrando, ¿La sientes?
Sabía que cualquier chica que se metía mi pollón necesitaba de una buena lubricación, ¿Pero cual mejor que sus propios fluidos después de su corrida de antes? La verdad es que entraba rozando bastante esa vagina que me parecía perfecta para mí y conseguí meterle más de la mitad sin que ella se llegara a quejar.
-Sí, mi amor, claro que la siento ¿Cómo no voy a sentir esa tranca? Sigue hasta el final, párteme en dos, cabrón. -Me pedía y yo echándole una mano al hombro hice la presión suficiente para que todo se fuera para dentro.
Ahí me quedé quieto para que la sintiera bien, que se acoplara a lo que le acababa de meter. Eché mi cuerpo un poco hacia atrás para poder verle bien ese culito tan redondo, sí ese que tanto quise imaginar, lo tenía ahora a mi entera disposición, casi no podía moverme porque no sabía si sería capaz de aguantar mi eyaculación, pero eso no podía ser de ninguna manera hasta que ella no se corriera al menos dos veces más.
Poco a poco me fui moviendo hacia atrás hasta dejar otra vez la mitad fuera y se la volví a meter de un tirón provocándole un gran gemido que le salió del alma.
-¿Te gusta mi polla, cariño? -La quise provocar a ver por donde me salía.
-Es la mejor, cielo, es la mejor que me han metido nunca, sigue follándome más rápido, me gusta fuerte, hazme gritar, mi amor, hazme gritar...
Aquello fue para mí una orden de lo más placentera, así que incrementé el ritmo de mis penetraciones más y más, hasta que sus gemidos sonaron muy estridentes y no tuve otra que meterle mis bóxers en la boca, para evitar avisos a urgencias por parte de los vecinos. Cuando noté que el segundo orgasmo lo tenía cerca, le solté unas cuantas nalgadas y eso fue más que definitivo para que lo alcanzase de inmediato.
-Aaaggg... cabrón qué me haces... me vas a matar... uhmmm... qué gustooo.. me corrooo... me corrooo...
Ella quería gritarlo hacia todas las paredes del salón, pero sus gritos sonaban sofocados gracias a mis calzoncillos en su boca. Otra vez le di su tiempo de gozo y recuperación, disfrutándola con besos por toda su espalda y algunas caricias a sus tetas que ella casi no me dejó, seguro porque la distraía de su momento de éxtasis.
En cuanto se recuperó se tendió boca arriba en el asiento del sofá, pero me pareció muy vulgar hacerlo de esa manera y la volví a recolocar. Ahora le pedí que nos fuésemos a la parte de atrás del sofá y la senté en el filo del espaldar, cogiendo la altura suficiente para que la pudiera penetrar de frente, pero yo de pie delante de ella. Cogiendo mi polla por la base, no tuve otra que darle unos cuantos pollazos sobre su pubis y luego otros más centrados sobre su raja y ahí sí que me soltó de nuevo los primeros gemidos de nuestro último polvo, pero todavía no se la había metido y ya era una urgencia para mí el hacerlo.
-Abre un poco más las piernas, mi vida, y mira hacia abajo que no quiero que te lo pierdas. -Le decía y ella obedecía.
Un leve empujón fue suficiente para que todo el glande y el propio tallo se fuese introduciendo lentamente, pero sin llegar a parar hasta tenerla toda en su interior.
-¿Qué tal, mi amor? Espero que te haya gustado ver lo bien que te ha entrado toda la polla.
Ella solo asentía y cerraba los ojos porque había momentos en que se le quedaban en blanco y ver sus dientes mordiéndose el labio inferior me dio un morbo tremendo. Estaba claro que ella gozaba sobremanera con mi polla, de eso no tenía ninguna duda. En esa postura podía comerle sus preciosas tetas, otra parte de su anatomía que solo había podido disfrutar hasta ahora en mis grandes momentos de fantasías. Me la estaba follando y no me podía creer que aquel pibón de chica por la que todos los universitarios suspiraban noche y día, fuese yo el que ahora se la estaba follando y parecía que al mismo tiempo, estábamos firmando nuestro acuerdo de relación de pareja para toda la vida.
Este nuevo orgasmo lo hice coincidir con el mío y los dos quedamos abrazados allí de pie, pues no había manera de tendernos en parte alguna, así que los dos unidos por mi miembro en su interior, aguantamos abrazados unos minutos hasta que por fin me la llevé en brazos con sus piernas rodeando mi cintura, hasta sentarme en el puñetero sofá, aún unidos por mi pollón que no terminaba de rendirse. Nuestros besos se sucedían uno tras otro con ella ahora a horcajadas sobre mí y comenzando a moverse de una forma insinuante. Parecía que no había tenido bastante y ahora era ella la que quería tomar el mando de las acciones y mi polla ya no se iba a doblegar, por supuesto que no.
Ese nuevo polvo fue único para ambos, pues no me quise alargar más porque ella estaba deshecha y seguro que no soportaría ningún orgasmo extra después de éste.
Nos encontrábamos los dos abrazados y Eva entonces miró hacia abajo y cuando vio como la leche se iba acumulando en el asiento del sofá, se desmontó de mí y dio una carrerita al cuarto de baño de donde cogió una toalla para limpiarnos a nosotros y hacer lo propio con el sofá.
-Joder Gonzalo, no veas lo que has echado. -Me culpabilizó al ver el cuerpo del delito y ahí Eva llevaba toda la razón y es que el tiempo de sequía también tuvo mucho que ver en esa enorme cantidad de semen que allí se había derramado.
-Nos damos una ducha y nos vamos a cenar por ahí. -Le dije al notar que mi estómago se encontraba vacío.
-Espero que te hayas quedado satisfecho. -Me dijo cuando nos estábamos duchando.
-Satisfecho no, cielo, lo siguiente. Pero nos quedan muchas facetas por explorar, apenas hemos tenido tiempo de saborearnos.
-¿Saborearnos es sexo oral? -Me preguntó con unas risas.
-Oral, follarme tus tetas, tu culo... en fin todas esas cosas que hoy no nos ha dado tiempo a disfrutar.
-Anal con ese pollón ni se te ocurra, me romperías el culo para siempre.
-Si te has metido otras más pequeñas, verás que no vas a tener problemas con la mía.
-Algo me ha entrado por ahí, pero eso que tú tienes, ni hablar. -Quiso concluir.
-Eso lo veremos.
Nos fuimos a cenar a un wok que había por allí cerca y estuvimos hablando de lo que acabábamos de hacer, las posturas que según ella le gustó un montón, sobre todo porque ninguna fue nada rutinaria y que se había enamorado para siempre del pollón que yo gastaba. De la misma forma le describí que ver su hermoso cuerpo fue algo sublime para mí y que disfrutarlo con total libertad de movimientos fue muy especial, más que nada por haberlo deseado tanto tiempo.
Luego hablamos sobre lo que acababa de nacer entre nosotros, nos prometimos una y mil veces que nuestro amor sería definitivo y por último entramos en la parte donde ambos teníamos más dudas, ella por querer mantener su extraña amistad con Raúl y yo por exigirle que aquellas conversaciones se habían terminado, era un asunto innegociable, por ahí no pasaba y ella terminó por comprometerse a no hacerlo nunca más, ni en persona ni por teléfono, solo me pidió permiso para una última charla donde le haría saber nuestro compromiso y que esas charlas tan imprudentes se terminaban ahí.
Cuando la fui a llevar a su casa, nos paramos en un sitio recóndito de la carretera y allí nos volvimos a besar no sé cuantas veces, había sido mucho tiempo de auto contención por parte de los dos y ahora nos desbordábamos por todos nuestros poros para compensarlo. Por fin nos decidimos a reemprender la marcha y ya no paramos hasta que llegamos a su casa. Un último beso nos sirvió para despedirnos esa noche.
No pude reprimir mis ansias de hacer público nuestro compromiso y llamé a mi amigo Carlos para hacérselo saber.
-Oye tío, que sí, que ya nos hemos comprometido Eva y yo. Esta tarde hemos estado en su apartamento de la playa, ya sabes, por fin nos hemos estrenado, joder, Carlos, ha sido el no va más y todo lo que te decía que me imaginaba de ella se ha quedado corto cuando se ha hecho realidad.
-¡Qué cabrón! Pues me he quedado esperándote para ir a la pizzería, -me tuve que reír al ver que toda su preocupación era esa y que el resto le importaba un pimiento-, bueno ¿Y qué tal folla? Supongo que será de lujo.
-Carlos no querrás que te de detalles sobre eso, pero en resumen todo ha ido muy bien y ella ha quedado con muchas ganas de repetirlo. Después ha sido cuando nos hemos puesto de acuerdo y eso, que ya somos novios oficialmente.
-¿Y lo de sus charlas con el cabrón de Raúl? -Quiso indagar.
-Se han acabado, me lo ha prometido, solo van a tener una última conversación para dejárselo muy clarito y ya está.
-¿Donde va a ser esa charla? A ver si se lo lleva también a su apartamento.
-Serás cabrón, ¿Cómo va a ser eso hombre? Seguro que lo hará por teléfono, Carlos, ¡Joder! A veces eres un mamonazo de cuidado.
La verdad es que me metió las cabras en el corral con esa posibilidad que yo ni la había pensado. No se lo había preguntado a Eva y no tenía ni idea de donde ni cómo pensaba tener esa charla, pero tenía que darle su espacio a ella, no me parecía bien querer controlarle todos sus pasos, ya me lo diría mi novia cuando la charla se hubiera producido y lo más importante, cómo le había ido.
Los días iban pasando y ella me decía que todavía no había quedado con Raúl para tener esa charla, pero que de momento ella lo había cortado, que ya ni le llamaba por teléfono y que se sentía muy cómoda con esta situación.
-Entonces, ¿No piensas tener esa última charla? -La verdad es que no me aclaraba con lo que me decía.
-Sí, pero no quiero tenerla así en un aquí te pillo, aquí te mato, creo que nos merecemos acordarlo con antelación y despedirnos entonces definitivamente de nuestras charlas. -Quiso cerrar ella ese tema.
Y en verdad creo que llevaba razón, me había prometido que todos esos diálogos se terminarían con ese último que le quedaba pendiente y yo tendría que dejar que ella lo hiciera a su manera y cuando lo viera conveniente.
-Está bien, pero no dejes de tenerme al tanto cuando lo hagas. -Acepté su último parecer.
Ese sábado quedamos nuevamente en la disco todo el grupo y cómo no, tuvo que aparecer también el cabrón de Raúl y ésta vez sin acompañante que lo entretuviera. Eva estaba a mi lado cuando se acercó a saludarnos y como el que no quería la cosa, pretendía volver a llevársela para tener otro de esos diálogos con ella, pero yo no soltaba el brazo que le rodeaba la cintura, de forma que a él le quedara claro que eso no iba a ser posible.
-Tío, deja que le cuente a tu novia el problema que tengo con Ángel, mi hermano mayor. Eva siempre me da buenos consejos sobre esos asuntos.
-No Raúl, si le tienes que contar algo a mi novia, se lo cuentas delante mía, aunque la verdad es que yo estoy poco interesado en lo que te pasa a ti con tu familia o con quien sea, mejor te buscas a otro confidente para que te aconseje con tus problemas y ahora perdona, pero quiero ir a la pista a bailar con mi novia.
El muy capullo se quedó con la boca abierta sin saber qué decir ante el ímpetu de mi respuesta y nuestra disposición de alejarnos de él cogidos de la mano, mientras nos dirigíamos a la pista, donde el cabrón de Carlos pegaba saltos sudando como un pollo entre varias chicas del grupo.
-Joder, Gonzalo, -me decía ella cuando empezábamos a movernos-, has sido muy duro con Raúl, además que yo misma le iba a decir que ahora no era el momento y no hacía falta que le echaras ese sermón.
-Eva es que estas cosas hay que cortarlas así, de un tajo, vamos, que si no, nunca va a ser el momento de hacerlo como tú dices. Anda mueve tus caderas como sabes que me gusta. -Le dije con un doble sentido que ella entendió perfectamente, haciéndome caso y dándome con sus glúteos en todo mi pollón que ya se estaba despertando.
Luego ella se fue al baño y yo me quedé hablando con Carlos que me preguntaba por lo que había pasado con Raúl, porque en cuanto nos fuimos a bailar él se marchó inmediatamente con cara de pocos amigos. Entonces le conté muy por encima lo que pretendía y mi negativa.
-Mejor que eso sirva para que Eva ya no tenga que tener esa última charla, porque éste cabrón va a ir a por todas.
-Ya... pero es que no quiero meterme más en ese asunto, si ella quiere tener esa charla, que la tenga y desde ahí se acabó ese asunto para siempre, ¡Joder! Carlos, coño, siempre terminas poniéndome mosca.
Soltando unas risas, el cabronazo se fue a seguir pegando saltos, dejándome allí con la mosca dando vueltas detrás de mi oreja. Encima Eva regresaba del baño mirándome seriamente.
-Al final se ha ido de mala leche con nosotros, ya te lo dije que habías sido muy duro con él.
-¿Y tú como lo sabes? -Le pregunté.
-Me ha enviado un mensaje.
-Por mí que le vayan dando Eva, cielo. Ahí tienes la excusa para no tener esa última charla, ahora lo tiene muy clarito y no hace falta que insistas en despedirte de él. -Le dije aprovechando el argumento que me dio Carlos.
Ella volvió la cara para mirar hacia la columna del fondo y me lo soltó muy bajito, pero fue suficiente para que me quedara muy clarito.
-Ya hemos quedado.
Relatos similares
- Hetero: General
Mi vecino me hace gozar
Él le prometió solo un dedo, pero la noche que fue a su casa, la puerta se cerró y las reglas cambiaron.
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualRuptura de inhibicion
- Hetero: Infidelidad
Mis fantasías abusaron de mí.
Carol siempre supo que Javi no podía resistirse a sus tetas, pero esta noche la cosa se sale de control.
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Marta y su vecino
Marta solo quería un número de teléfono, pero lo que buscaba era una excusa para volver a sentirse viva.
Comparte:Infidelidad consentidaRuptura de inhibicionDespedida sexual
- Hetero: Infidelidad
Siendo infiel en video
Descubrió que él la engañaba grabándose con otras mujeres. Ahora, ella decidirá devolverle la moneda, pero esta vez será ella quien se venda a un…
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualVenganza erotica
- Hetero: Infidelidad
Deuda de juego
Manolo creyó que venderla sería la forma más barata de salir del apuro. No imaginó que, al llegar a la sala, la humillación pactada se transformaría…
Comparte:Infidelidad consentidaDespedida sexualPoder y control
- Hetero: Infidelidad
La cena del Idiota
Él solo quería leer su periódico en paz, pero ella lo miraba como si pudiera verlo por dentro.
Comparte:Despedida sexualVenganza eroticaPoder y control