Xtories

Lo siento mucho amiga

Llevaba meses imaginando sus manos sobre mi piel, pero nunca pensé que la mujer que amaba como a una hermana sería la última en detenerme. Cuando la oportunidad llegó, la traición fue inevitable... o al menos eso creía, hasta que la puerta se abrió y el verdadero juego comenzó.

Jane Cassey Mourin20K vistas9.2· 17 votos

Había admirado a tu esposo desde hacía mucho tiempo atrás, desde el día que lo llevaste a mi casa para presentármelo. Cuando fuimos a la playa con él, no logré contener la excitación de verlo casi desnudo y me metí al mar para masturbarme mientras mi vista se fijaba en sus hermosos músculos, humedecidos por el sudor, brillando ante la luz del sol.

Me metí los dedos con tanta violencia que tuve que hundir la cabeza para ahogar mis gemidos, mientras mi cuerpo temblaba ante al placer de imaginarlo penetrando mi cuerpo, cogiéndome con fuerza y haciéndome gritar en medio de un orgasmo intenso.

Pasaron muchos meses antes de que tuviera la oportunidad, no me malentiendas, te amaba como la mejor amiga que eras, como la hermana de otra madre que siempre fuiste para mí, pero tu hombre era hermoso, quería ser suya al menos por una noche, al menos por un par de horas, por una sola vez.

Entonces llegó al fin mi oportunidad. Viajamos a la casa de campo de mis padres y justo un día antes dijiste que tendrías que dejarnos ir solos, que te nos unirías al siguiente día al verte obligada a presentarte un par de horas al trabajo.

Él y yo hacía mucho nos habíamos hecho amigos, no era raro que conversáramos durante todo el camino riendo y platicando, felices por tener en frente una semana de descanso, mientras en mi cabeza maquinaba la mejor forma de llevarlo a la cama y hacerlo mío.

Llegamos a la cabaña algunas horas más tarde, él te llamó para informarte que todo estaba bien. Al otro lado del teléfono escuché tu voz diciendo que lo extrañabas, que querías estar ahí con nosotros.

Comimos algo antes de ir a desempacar. Miré los bikinis que había llevado, todos eran diminutos, provocativos y sensuales, quería despertar el mismo deseo que tu encendías en él, la misma clase de lujuria que lo hacía cogerte como lo hacía, convirtiéndote en su perra en aquellas noches en que tenía que masturbarme escuchando tus gemidos mientras él te hacía suya.

Escogí el bikini más revelador, aquel que apenas lograba cubrir mis senos, del que mis pezones escapaban ante el más mínimo movimiento. Sentí un poco de culpa cuando me vi en el espejo decidida a bajar de esa forma, me incomodaba coger con tu hombre, pero la necesidad que tenía de tenerlo dentro de mí, me sobrepasaba por mucho.

Bajé las escaleras y lo encontré sin playera, vistiendo solamente un traje de baño y unas sandalias. Vi que sus ojos se perdieron en la imagen de que le brindaban mis tetas, vi que su miembro se ponía duro pues se marcaba su bulto en la tela de su bañador. Sonreí nerviosa y mis piernas temblaron al recordar que estábamos solos, que nadie nos interrumpiría sin importar lo que llegáramos a hacer.

- ¿Me acompañas a la piscina? - le pregunté a tu hombre, él solo afirmó con la cabeza, tragando saliva, nervioso; estaba logrando lo que quería.

Caminé delante de él para deleitarlo con la vista de mi trasero, completamente descubierto a excepción de un pequeño hilo que quedaba oculto bajo mis nalgas.

Me metí de clavado a la alberca, sintiendo la refrescante sensación del agua fría rodeando mi cuerpo, un aliciente muy pequeño para la excitación que me gobernaba, que me hizo llamar a tu hombre para que se metiera a nadar conmigo.

Cuando al fin se metió en la piscina, ambos nadamos un poco, pero minutos después nos quedamos quietos. Nadé hacía él, era tan alto que aún en la parte profunda, el agua no lograba cubrir ni siquiera su cuello.

No lo pensé un segundo antes de abrazarme a su cuerpo, rodeando su cuello con mis brazos y su cintura con mis piernas, sintiendo de inmediato el contacto de su verga con mi concha, dejando mis labios a tan solo un par de centímetros de los suyos, sintiendo su corazón palpitar con fuerza mientras sus manos me tomaban del culo con el pretexto de sujetarme para que no me hundiera.

No los soporté más, el calor de su cuerpo, la dureza de sus músculos y su insinuante verga enterrándose entre mis labios, queriendo apartar el estorbo que representaban nuestras diminutas prendas.

Llevé mis labios a los suyos y para mi sorpresa, el me correspondió el beso. Mi lengua acarició las suya mientras mi cadera hacía que mi sexo se embarrara sobre su verga.

Me apretaba en contra de su cuerpo, haciendo que mis senos se apretaran en su pecho, que mi vulva acariciara su miembro por encima de la ropa. Fue en ese momento él quien no pudo soportarlo más y bajó su bañador un poco, haciendo repentinamente mi tanga a un lado para dirigir su miembro en el camino correcto, antes de que un suspiro contrajera mi cuerpo, de entregarme por completo a él y aflojarme toda al sentirlo dentro de mí, entrando en mi vagina caliente, sintiendo como se habría mi vientre para darle la bienvenida mientras mis ojos se cerraban y mi boca gemía cerca de su oído.

- ¡Ahhh! ¡Ay! ¡Hazme tuya! ¡Hazme lo que quieras! ¡Pero no dejes de cogerme! ¡Ay!

Mis gemidos hicieron que algo se encendiera en él, pues en cuanto escuchó aquellas palabras, lo que en un principio fue una penetración suave se convirtió en un violento vaivén de caderas que complementado con mis propios movimientos, aferrándome a su cuerpo de brazos y piernas, sintiendo que mi cabeza se aflojaba, que mi cuerpo se estremecía y perdía el conocimiento de donde estaba y de todo lo que me rodeaba, pues mis sensaciones y atención entera se enfocaban en lo que sentía entre las piernas, en la forma tan hermosa como ese macho me penetraba, en la apretada cogida que me estaba dando, dejando escapar gritos en los momentos en que no besaba sus labios, incrementando con ello la excitación y el placer que me hacía sentir en todo el cuerpo.

Esa piscina fue testigo de un orgasmo compartido, de mis gemidos al experimentar su semen dentro de mi cuerpo, de la forma como lo mordí mientras mis piernas temblaban y mi cuerpo tiritaba tras haber acabado de venirme.

Salimos de la piscina y nos dirigimos a la habitación, no quería perder un solo segundo de tiempo, no quería estar alejada de él mientras pudiera, quería que me cogiera tanto como le fuera posible, tanto como fuera capaz de soportarlo.

Pasamos el resto de la tarde haciendo el amor, en todas las posiciones que me había imaginado siendo suyo. Tu hombre llenó cada una de mis cavidades de semen, deleitándome con el sabor de su leche, con la temperatura y la textura de su semilla que fue esparcida por todo mi cuerpo.

Esa noche dormimos juntos cuando ya no tuvimos la fuerza para seguir cogiendo, cuando toda nuestra energía nos abandonó y no fuimos capaces de seguir despiertos.

La mañana siguiente llegó y abrí los ojos sintiendo su cuerpo a un lado del mío. Sonreí al recordar la hermosa experiencia que viví con tu esposo dentro de mi cuerpo, imaginando lo hermoso que sería quedar embarazada de ese semental, a pesar de ser tu hombre, de saber que nunca intentaría siquiera quitarte a tu hombre, pues lo que deseaba con él ya lo había conseguido: solamente quería ser suya por una vez y ya estaba hecho; sin embargo, mirarlo ahí a mi lado, desnudo, con el pene expuesto, me hizo querer un poco más.

Miré el reloj de mi celular y vi que faltaban algunas horas para que llegaras, no lo pensé más antes de meterme de nuevo su pene en la boca y comenzar a mamarlo, a succionarlo para levantarlo, logrando que se endureciera y estuviera listo para cogerme de nuevo.

Él se despertó mientras mi cabeza bajaba y subía, sentí su mano sobre mi nuca, acariciando mi pelo al mismo tiempo que mi mano se movía enloquecida sobre mi vagina. Cuando al fin logré que estuviera tan duro como una piedra, trepé por su cuerpo y lo besé de nuevo, pero me acomodé de espaldas a él, arrodillada, sentada con el culo apuntando a su cara, antes de meter su verga de nuevo en mi vagina, de sentir la deliciosa sensación de su pene penetrando mis hinchados labios, acariciándome por dentro mientras se deslizaba estirando las paredes de mi vientre.

Lo cabalgaba con fuerza, dejando mi cuerpo caer hacia atrás mientras él me tomaba de los senos, cerrando mis ojos y liberando mis gemidos sin reparo alguno, sin mesura, sintiendo como me llenaba la concha, experimentando de pronto el beso de unos labios extraños, sobresaltándome al saber que otra persona estaba en esa habitación, mirando sorprendida cómo me mirabas desde abajo mientras besabas mi clítoris y lamías su verga. Nos quedamos mirando por un segundo, no sabía qué hacer, no sabía qué decir. Estaba en shock.

- Lo siento, amiga, Lo siento mucho - dije, sintiendo cómo mis ojos se humedecían, antes de que el entendimiento de que no habías dejado de succionar mi clítoris me sorprendiera, antes de darme cuenta de que tu hombre no había dejado de moverse bajo mi cuerpo, que no había dejado de tomarme de las tetas; antes de ver cómo te levantabas vistiendo un bikini tan diminuto como el mío, te acercabas a mis labios y me besabas.

- Ahora eres nuestra perra, amiga - dijiste sonriendo antes de volver a besarme, de sentir tus manos en mis senos, apretando mis pezones mientras tu esposo no paraba de cogerme.

Esa mañana gritamos juntas, nos venimos juntas y nos cogimos a tu hombre como una sola. Esa mañana fue el inicio de nuestra nueva familia, donde tu serías la esposa de un hombre hermoso y yo me convertiría en la novia de un matrimonio encantador.

SI TE GUSTO ESTA HISTORIA Y QUIERES APOYARME, PUEDES HACERLO SUSCRIBIÉNDOTE A MI PÁGINA DE PATREON. SÍGUEME EN REDES PARA MANTENERTE AL TANTO DE LAS ACTUALIZACIONES, Y/O ECHA UN OJO A MIS EBOOKS. TODOS LOS LINKS ESTÁN EN MI PERFIL. GRACIAS POR LEER MI RELATO.