Xtories
Dominaciónabr 2023

A correazos se aprende,la estricta sra Carmen cap5

Las vacaciones prometían descanso, pero para él solo había disciplina. En la ducha, bajo el agua fría y el dolor de la correa, descubrirá que ser su esclavo no es un privilegio, sino una sentencia de sumisión absoluta.

sumisso3.9K vistas

Espero que les guste este último capítulo del relato. Quien ya lo ha leído antes de publicarlo, me ha indicado que es el mejor, pero para poder entenderlo es necesario leerse los anteriores. Espero que les guste.

El día esperado de mis tan ansiadas vacaciones había llegado. Era el día donde emprenderíamos un viaje de unos 300 kilómetros para ir a la playa. Disfrutaríamos de unas merecidas vacaciones todos; mi madre, la vecina Carmen, es decir mi señora, que aunque no lo era todavía yo la consideraba mi señora, y servidor. Solo me faltaba pasar una prueba final para llegar a ser el esclavo de la señora Carmen, sabía que sería dura pero estaba dispuesto a superarla. Estaba deseando pasar una semana en la playa junto a la señora Carmen y mi madre, que ya no era la de antes, ahora era muy estricta y autoritaria conmigo, había comprendido perfectamente lo que necesitaba un masoquista como yo, disciplina.Si desobedecía podría llevarme un buen castigo con su cepillo, había adquirido un gran manejo del cepillo, su utensilio favorito a diferencia de la señora Carmen que la encantaba la correa, y no dudaba en dejarme el culo completamente magullado con su cepillo de peinar si lo merecía.

Portaba las dos pesadas maletas que había preparado mi madre. Solo era una semana nuestra estancia, pero mi madre llenó dos maletas de ropa y pequeños enseres. El día antes cuando preparaba la maleta, me acerqué y empecé a cotillear. Mi madre ahora me conocía mejor que antes, sabía que estaba buscando o intentando averiguar.

- No te preocupes… Si buscas mis guantes rojos están bien guardados en la maleta…. Tengo planes para ti…. Te aseguro que me voy a divertir mucho, tu no tanto – Me indicó mi madre con una sonrisa burlona. Quedé intrigado. ¿cuál serian aquellos planes? La sola idea de pensarlo me excitaba. No me excitaba mi madre, pero si sus castigos y sus guantes, se convertía en una persona muy autoritaria que me excitaba de una manera masoquista.

Cargaba las dos pesadas maletas como había indicado. Hace apenas un año no se me habría ocurrido ir de vacaciones con mi madre y mucho menos con la vecina, pero ahora las cosas había cambiado y mucho. Mi madre caminaba ligera a mi lado mientras yo portaba agobiado las dos pesadas maletas con todo el calor que hacía ese día. Ella sonreía viendo mis progresos y como ahora tenía control sobre mí, ya no era el de antes. Llegábamos a casa de la vecina que estaba situada al final de la calle. Allí nos esperaba con otras dos grandes maletas mi señora Carmen. Metí las maletas de mi madre en el pequeño coche de la señora Carmen y posteriormente las suyas. Nuestras vacaciones estaban a punto de comenzar. Antes de subir al coche, la señora Carmen se acercó a mí y me habló en voz baja:

- No se te ocurra hacer ninguna tontería esta semana, te lo advierto. Obedece a tu madre y a mí, si se te ocurre estropear nuestras vacaciones…. Agarró la correa y te doy la mayor azotaina de tu vida que no puedas ni dormir por las noches del dolor de culo… ¿has entendido? – Me preguntó muy seria. Hablaba muy enserio, era un momento importante tanto para mi madre como para ella, unas merecidas vacaciones después de todo lo sufrido. Tragué saliva después de su amenaza y asentí.

El apartamento que habíamos alquilado era muy bonito y espacioso. Había costado caro, pero entre mi madre y yo lo habíamos pagado. Empezaba a ser un joven adulto normal y responsable que tenía un trabajo. Queríamos recompensar a la señora Carmen por todo su esfuerzo en este último año y alquilamos un apartamento estupendo. Nada más llegar mi madre y la señora Carmen se vistieron con el bañador, querían ir a la playa que estaba justo al lado del apartamento. Iba a ponerme mi bañador para ir a la playa también, cuando ambas mujeres me detuvieron:

- Un momento… no tan rápido… vas a hacer la compra primero… luego pensaremos si te dejamos ir a la playa – Me dijo mi madre. Me tendió una hoja de papel con un sinfín de alimentos que comprar. Comprobé la enorme lista y deduje que eso me llevaría tiempo. Ambas mujeres estaban preciosas con el traje de baño. Tal como he indicado en capítulos anteriores mi madre tenía muy buen cuerpo, guapa y delgada, la quedaba el bikini genial. La señora Carmen todo lo contrario, era muy voluptuosa y mayor aunque me excitaba contemplarla, para mí era mi diosa, no me importaba su físico Aunque la señora Carmen era ya madura, más de 60 años, cuerpo corpulento y pesado con muchos kilos de más, no dudó en ponerse su nuevo bikini, mi madre la regaló uno y me excitaba contemplarla. Ambas sonreían al observar cómo iban a la playa y yo a hacer la compra de la interminable lista de la hoja de papel que me habían entregado. Era una especia de sirvienta de ellas en aquellas vacaciones,¡¡ aquello me encantaba ¡¡.

Llegué sudando dos horas después debido al calor y las 3 bolsas llenas de la compra que había tenido que cargar durante un largo trayecto. Encontré a mi madre y a la señora Carmen en casa tranquilamente tomando una cerveza. Llevaban el pelo mojado y seguían en bikini, habían tomado un refrescante baño en la playa de forma rápida. Me entró envidia, estaba sudando y con mucho calor.

- Voy a ir a tomar un baño yo también – Las indiqué.

- Ohhh no, tu no vas a ninguna parte. No vas a ir a ningún sitio sin nosotras, vas a estar bien pegado a nosotras, no vamos a permitir cometas ninguna tontería –Así que no me dejaron ir a la playa. Me dejaron perfectamente claro que no podría separarme de ellas en todas las vacaciones.

Comenzaron a colocar toda la compra que había traído del supermercado y acto seguido empezaron a preparar la comida. Ambas mujeres tomaban una cerveza fresca y reían mientras yo estaba a su lado sin poder hacer nada, solo estar pendiente si me necesitaban en algo. Mientras preparaban una comida rápida, mi madre se acercó al oído de la señora Carmen y la dijo algo que ambas comenzaron a reírse mirándome. Desconocía que sucedía pero pronto averiguaría cual era el plan de mi madre.

Coloqué la mesa en la cocina y mi madre trajo una cazuela llena de verduras. Me miró y sonrió. Ella sabía perfectamente que las odiaba, no comía verduras desde hace muchos años, no recordaba la última vez. Me vino a mis pensamientos una situación en donde tiré el plato contra la pared un día que las sirvió mi madre. Ahora ya no era el de antes, me avergonzaba aquel acto.

Empezamos a comer sentados en la mesa los tres. No recordaba una comida familiar, nunca dedicaba tiempo a mi madre, no éramos una familia normal. La situación era extraña estando allí sentado compartiendo la comida. Mi madre y la señora Carmen hablaban mientras yo removía la verdura de un lado a otro del plato, como un niño pequeño. Odiaba aquella verdura. No tenía intención de comerla. Mi madre sonrió y me miró:

- Ahora yo mando aquí y harás lo que te ordene. Vas a comerte el plato entero, tienes 10 minutos para hacerlo - Me ordeno.

Era inverosímil como un tipo como yo masoquista, que había recibido muchos castigos y correazos no podía obedecer una simple orden de comer unas verduras. No obedecí y seguí escarbando en el plato con el tenedor. Pasaron los 10 minutos de la orden y mi madre se levantó de la mesa. Regresó al momento portando sus guantes rojos.

- No ha entendido la orden… ¿verdad Carmen?- Indicó mi madre a la señora Carmen con voz burlona.

- Creo que no… querida… - Indicó riéndose la señora Carmen.

- Se la voy a tener que explicar…. Lleva muchos años faltándome al respeto, cocinando como una esclava para el…. Y mira como lo agradece. Eso ha terminado… va a comer lo que yo quiera y sin rechistar – Mi madre se enfundó sus guantes rojos de goma en sus manos y se sentó frente a mí en su silla.Agarró el tenedor repleto de verduras:

- ¡¡Abre la boca ¡¡ - Me ordenó mi madre. Al no reaccionar recibí la primera bofetada, su guante se estrelló en mi cara con fuerza. Observé como la señora Carmen comenzaba a reírse a carcajadas. Me sentía completamente humillado, comiendo como un niño pequeño, ya era un adulto, al menos en apariencia, ya que mi comportamiento dejaba mucho que desear todavía. Abrí la boca y mi madre introdujo el tenedor repleto de verduras. Odiaba aquella comida, sentí repugnancia.

- A partir de ahora vas a comer verduras cuando yo lo desee… no lo haces… pues yo misma te lo daré…. Hasta que aprendas a ser adulto. – Me recriminó duramente. Observé el cambio que había realizado mi madre desde hace un mes. Ya no era la de antes donde podía hacer con ella cuanto quisiera y solo la causaba disgustos. Ahora era quien mandaba sobre mí.

La señora Carmen se estaba divirtiendo mucho observando aquella situación. Al principio se reía y burlaba de mí, al igual que mi madre, pero llego el momento en que quiso intervenir y participar.

- Así no aprenderá querida… ¿me permites intervenir? – Preguntó la señora Carmen a mi madre. Por supuesto, mi madre la dejó intervenir, de forma intrigada por saber cuál era su idea. La señora Carmen se levantó de su silla y regreso con sus guantes de goma rojos, del mismo estilo de los que había regalado a mi madre pero ya muy usados. Comenzó a enfundarse los guantes, la señora era mucho más robusta que mi madre en todos los aspectos, los guantes encajaban con dificultad en sus carnosos brazos. Terminó de ajustárselos y metió la mano enguantada en el plato de verduras, comenzó a remover y triturar la verdura hasta hacerla añicos. Quedó una masa verde de verdura completamente destrozada. Agarró con su mano y guante un buen puñado y lo dirigió a mi boca. Abrí la boca y metió todo de golpe. La sensación de repugnancia aumento, la señora Carmen era mucho más cruel que mi madre, que era como su discípula y todavía estaba aprendiendo. Comenzó a forzar con sus dedos la verdura para que entrara dentro de mi boca. Tapó mi nariz con su mano enguantada y con la otra me tapo la boca.

- ¡¡ Traga todo ahora mismo ¡¡ - No tuve más remedio que tragar si quería respirar. Mi madre quedó impresionada. Quiso probar ella, estaba enfadada conmigo. Imitó a la señora Carmen y agarró un buen puñado del plato de verdura entre sus guantes. Metió su mano repleta de verduras y me obligó a tragarlas tapando la boca y nariz. Comenzó a reírse a carcajadas al humillarme de esa manera. Ya no quedaba rastro de mi madre de antes, ahora era muy autoritaria y había decidido que nunca más la faltaría al respeto.

- Gracias Carmen por enseñarme esta idea. A partir de ahora va a comer verduras cuando a mí me plazca, si no lo hace ya sabe lo que le espera… - Agradeció mi madre a la señora Carmen encantada con la idea que acababa de aprender. Mi madre metió de nuevo su guante en el plato de verduras y lo introdujo en mi boca con fuerza.

- Me encanta esta idea, vas a comer verduras cuando yo quiera, si no lo haces…. Con los guantes será peor, ¡aprenderás ¡ – Me recriminó mientras no dejaba de introducir verduras en mi boca con su mano.

Los primeros días de las vacaciones fueron tranquilos, hubo c humillaciones y pequeños castigos como el que he contado provenientes de las dos mujeres pero nada importante. Me porte educadamente y obediente sin causar el menor problema. Hasta que a mediados de las vacaciones cometí un gran error, asomó mi yo de antes, el delincuente mal educado. El incidente ocurrió una tarde que estábamos en la playa. Yo no podía separarme de mi madre y mi señora, siempre estaba a su lado y era algo que me agradaba.

Ambas estaban tumbadas cómodamente en su tumbona de playa y yo en la toalla en la arena, cuando un hombre muy agradable se colocó al lado de ellas. El señor tal como he indicado era muy agradable y educado y pronto comenzó a charlar con ambas mujeres. Tras una larga conversación noté como empezó a seducir a mi madre. El señor comprobó que mi madre no tenía marido y él era viudo. Mi madre se dejó seducir, hacía mucho tiempo que no conversaba con un hombre y echaba de menos que un hombre la sedujese y le prestara atención. Aquello comenzó a molestarme e incomodarme mucho, me entraron celos, pensaba que mi madre era solo mía. Tras aguantar un buen rato mordiéndome la lengua al final exploté y le hable muy mal educadamente al señor, de forma violenta. Dejé en completa evidencia a mi madre y a la señora Carmen. Salió el completo macarra que era antes, intenté espantar a aquel señor tan educado por un ataque de celos. El hombre estaba dispuesto a marcharse por mi reacción agresiva, aunque mi madre y la señora Carmen mediaron y calmaron la situación. Me comporté como un auténtico estúpido, lo que era.

Finalmente se solucionó todo. Yo fui reprendido severamente por la señora Carmen y mi madre tuvo que disculparse repetidamente ante el señor por mi comportamiento. Gracias que no conseguí estropear todo, tuvo solución. El señor acepto las disculpas de mi madre y finalmente este la invitó a cenar ese mismo día. Era una cita para mi madre después de muchos años. Estaba muy ilusionada a pesar de haber estado apunto yo de estropearlo todo. Ella tenía derecho a poder tener una cita con aquel señor tan amable y educado.

Llegamos al apartamento y mi madre seguía muy enojada conmigo y mi comportamiento agresivo hacia aquel señor. Se dirigió hacia la señora Carmen:

- Carmen, ¿puedes ocuparte tú de este imbécil? – Le preguntó a la señora Carmen, se refería a si podía ella castigarme, ya que ella iba a salir con su cita esa misma tarde noche. Mi madre no se dignaba ni a mirarme debido a su enfado hacia mí.

- Oh, por supuesto que si Querida. Se lo advertí pero desobedeció y ha estado a punto de estropearnos las vacaciones. – Respondió la señora Carmen.

- Quiero que seas todo lo dura que sea necesario, ¡que aprenda la lección ¡ - Reiteró enojada mi madre a la señora Carmen.

- ¡¡ Eso hare¡ le dije lo que ocurriría si desobedecía; Le rompería el culo a correazos, no podría sentarse ni tumbarse en todas las vacaciones y serían muy desagradables para el…. Él ha querido que sea así. – Mi madre quedó satisfecha, sabía que iba a recibir un buen castigo ya que conocía lo estricta que podía ser la señora Carmen.

Mi madre comenzó a vestirse y maquillarse de una forma muy elegante, un vestido corto y fresco debido al calor que hacía acompañado de sus labios rojos pintados. Iba a salir a pasear con aquel señor y luego a cenar y quién sabe si después algo más. Lo añoraba después de tanto tiempo. La señora Carmen seguía vestida con su bikini negro de la playa sentada en el sillón mientras mi madre terminaba de vestirse. La señora Carmen me miró furiosa cuando mi madre no nos escuchaba:

- ¿Te acuerdas del collar que te enseñe, aquel que tanto anhelas y deseas portar? – Me preguntó. Por supuesto que me acordaba, era el collar que me convertiría en su esclavo de manera oficial. Contesté afirmativamente.

- Pues…. Hoy es el día donde veremos si lo mereces. Te dejé bien claras las 3 condiciones… me encanta azotar despiadadamente a mis esclavos, hoy vas a recibir una azotaina que será un infierno para ti. Después, tal como te indiqué voy a follarte el culo con mi arnés, te va a doler mucho pero así aprenderás y por ultimo vas a comer todo cuanto salga de mi cuerpo sin rechistar. ¿has entendido? – Tras indicarme las condiciones que ya conocía para convertirme en su esclavo, asentí, sabía que hoy iba a ser especialmente duro conmigo, estaba enojada por mi comportamiento. Os aseguro que la señora Carmen es muy estricta pero cuando estaba enfadada puede llegar a ser el mismísimo diablo en forma de mujer mayor.

Mi madre tras vestirse muy elegante se despidió de la señora Carmen y a mí ni me miró debido a su enfado hacia mí. Mi madre abandonó el apartamento en busca de su cita. Estaría fuera toda la tarde, parte de la noche o quizás toda la noche, quien sabe. Tras cerrar la puerta mi madre, se levantó del sillón la señora Carmen. Abrió su maleta y agarró una bolsa donde guardaba todos los objetos que había traído de su casa por si los necesitaba, o quizás era conocedora que iba a necesitarlos. Era previsora.

- ¡Ahora mismo al baño¡ quiero verte desnudo dentro de la ducha - Me ordenó con un tono muy autoritario y levantando la voz enojada.

El baño del apartamento era grande, de lo mejor de toda la casa. Tenía una ducha muy grande que podías incluso moverte y andar dentro de ella. Unos dos metros de largo y metro y medio de ancho, era un baño estupendo con una ducha acristalada enorme. Me metí dentro de la ducha abriendo la puerta de cristal de la mampara que impedía se saliese el agua afuera. La señora Carmen comenzó a enfundarse sus guantes de goma rojos en sus manos y brazos. Aquel gesto siempre me ponía nervioso, nunca lo superaba, escuchar el chirriar de la goma entrando en sus carnosos brazos y manos me producía nerviosismo. El chirrido era superior a mí.

Agarró sus esposas metálicas de la bolsa y se acercó a la ducha. Sin llegar a entrar en la ducha, colocó mis manos a la espalda y cerró las esposas fuertemente.

- Si te duelen… te aguantas - Me recriminó enfadada. Claro que me dolían y apretaban, estaban cerradas con mucha presión a mis manos.

Volvió de nuevo a acercarse a la ducha portando un rollo de cinta americana. Su famoso rollo que pegaba tan duramente ante el contacto de cualquier cosa. Se bajó la parte de abajo del bikini, la que tapaba su culo y su coño. Era conocedor ya por experiencia que iba a amordazarme con ella. Pensé que quizás su bikini no era tan fuerte el sabor como sus bragas, ya que se bañaba con él en el mar, pero me equivoqué. Introdujo su bikini en mi boca y degusté un fuerte sabor a orines, lo empujó bien dentro de la boca y comenzó a forzarlo con la yema de su guante para que entrara por completo. Una vez rellenó mi boca por completo, pegó la cinta americana en mi boca y giró la cinta sobre mi cabeza dando varias vueltas. Apretó la cinta para que quedase muy apretada en mi boca. Se aseguró que no pudiese emitir sonido alguno. Aprendí que el sabor de su bikini era aún más fuerte, se orinaba dentro del mar día tras día y el sabor se había quedado impregnado.

- Ahora puedes llorar lo que quieras… pero en silencio - Me dijo a la vez que agarraba su correa marrón gruesa y se metía dentro de la ducha desnuda junto a mí. Agarró mi pelo fuertemente entre su mano enguantada e introdujo mi cara entre sus piernas. Cerró las piernas fuertemente dejándome aprisionado entre ella. Encendió el grifo de la ducha y comenzó a brotar agua templada sobre nosotros. Agarró fuertemente su correa de piel doblada por la mitad y la descargó duramente sobre mi culo.

ZAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

Descubrí que su correa mojada sobre mi piel húmeda debido al interminable chorro de agua sobre nosotros, escocía mucho, más de lo inimaginable. El dolor fue muy fuerte. Me azotó una y otra vez, esta vez no había cuenta, simplemente descargaba furiosa su correa mojada contra mi culo. Llevaba unos diez azotes cuando el dolor se hizo insoportable, me ardía la piel a cada azote, me quemaba. La señora volvió a abrir las piernas y colocó mi cara de nuevo esta vez entre sus carnosos muslos y volvió a cerrar fuertemente, no dejaba de moverme debido al dolor. La solución fue introducir mi cabeza y cara entre sus muslos y apretar con fuerza, casi no podía respirar.

- ¡Ya te lo advertí ¡… me da igual tus llantos… si no dejas de moverte será peor…. Tenemos mucho tiempo por delante… puedo azotarte durante horas si es necesario… eso depende de ti. Te estas quieto y lloras en silencio y pronto acabará…. o….. Por el contrario será muy largo tu castigo -. Entendí sus advertencias. Me quedé completamente quieto con la cabeza entre sus muslos y recibí azote tras azote. Lloré y lloré debido al dolor de su correa mojada sobre mi culo. El dolor fue terrible, fue la azotaina más dura recibida por parte de la señora Carmen. La correa mojada era terriblemente dolorosa. Tras una larga azotaina decidió terminar, quedé completamente magullado, culo rojo y morado. Se me había quitado las ganas por completo de volver a desobedecer o estropear sus vacaciones.

- Veo que no aprendes…. Una y otra vez desobedeces…. Voy a tener que ser más dura contigo. Si te conviertes en mi esclavo voy a corregir tu desobediencia, puedo azotarte todos los días hasta que aprendas, llegará un momento que no soportes un solo azote más y será cuando obedezcas de verdad, te lo aseguro que lo haré – Me recriminó todavía enfadada conmigo.

La señora abrió la puerta de la ducha y sacó de la bolsa un objeto completamente reconocible al momento, un arnés. Contemplé sorprendido su arnés negro con cintas que se ajustaban a su cintura y una gran polla de goma sobresalía. Se ajustó el arnés a su enorme y robusta cintura y lo ajusto dejándolo bien apretado, lubricó el pene de goma y me colocó contra la pared de pie. Note como con su pie abrió mis piernas y pegó su cuerpo al mío.

- ¡¡ Hora de follarte ¡¡ llevo mucho tiempo deseándolo, va a ser muy doloroso créeme, pero acostúmbrate porque si quieres ser mi esclavo es lo que sucederá cuando me apetezca – Pego más su cuerpo al mío y comenzó a introducir el pene de goma en mi ano. La presión y el dolor aumentaba cada vez que introducía poco a poco el pene de goma dentro de mí. Llegó un momento que fue realmente doloroso pero todavía no lo había introducido por completo.

- Shhhhh shhhh quietecito, vuelve a moverte y lo saco y volvemos a empezar – Me amenazó. Involuntariamente debido al dolor no pude estarme quieto. La señora se detuvo y sacó su pene dentro de mi ano.

- Bien, empezamos de nuevo…. Por las buenas no obedeces… por las malas será peor – La señora volvió a pegarse junto a mi espalda y comenzó de nuevo a introducir el pene de goma dentro de mi culo. Comencé a revolotear por el dolor pero esta vez ella aplastó su cuerpo al mío junto a la pared impidiendo pudiese moverme y comenzó a introducirlo de forma más abrupta. Comprendí el infierno al que se refería, introdujo su pene hasta el fondo causándome un gran dolor. Agarró mi pelo con una mano tirando de el hacia atrás y comenzó a empujar con fuerza el pene en mi culo. Sacaba e introducía de nuevo. Comenzó a cabalgar sobre mí una y otra vez con dureza. Me tenía pegado junto a la pared con su cuerpo, su mano izquierda sujetaba con fuerza mi pelo causándome daño y su mano derecha apoyada en mi cintura mientras empujaba y sacaba el pene de goma una y otra vez dentro de mí.

- ¿Te gusta verdad?, a mí me encanta, puedo estar así mucho tiempo – La señora cumplió su promesa. Me penetró una y otra vez durante un largo tiempo. Más de lo imaginado. Ahora me dolía el culo horrores debido a su correo y además mi culo estaba completamente abierto y dolorido por dentro. Terminó de penetrarme y quedó realmente satisfecha.

- Ha llegado el gran momento esperado. ¡Demuéstrame que quieres ser mi esclavo ¡ - Comenzó a quitarme la cinta americana de mi boca y sacó la braga de su bikini de mi boca. Tan solo quedaba una última prueba a superar y podría ser su esclavo.

- Me pediste que te ayudara en esta última condición, ¡así lo hare. – La señora Carmen desnuda y completamente mojada debido al agua que caía de la ducha se quitó su arnés y agarró de la bolsa un nuevo objeto entre sus guantes mojados. Al principio desconocía lo que era pero pronto lo averigüé, era un abre-bocas metálico.

- Llego la última condición…. Demuéstrame que quieres ser mi esclavo… yo te ayudaré… ahora vas a traga todo…. No te preocupes yo te ayudare con el abrebocas, mantendrá tu boca bien abierta y no tendrás más opción que tragar - Había llegado el momento de la verdad. Su última condición. Estaba nervioso y quizás asustado.

Me ordenó tumbarme en la ducha bocarriba. La señora tras agacharse colocó el objeto metálico en mi boca y quedó completamente abierta. Se colocó sobre mí en cuclillas. Observaba el gigantesco y voluptuoso cuerpo de la señora Carmen solo ataviado por sus guantes de goma rojos sobre mí manteniendo sus rodillas flexionadas mostrándome su enorme coño peludo.

- Ya te dije que esta condición es indispensable para mí, si quieres ser mi esclavo la aceptaras. Mi esclavo debe aceptar de su Ama cualquier cosa, ya sea su orina o su excremento. Es algo que adoro y me fascina, saber que tragan todo lo que les doy sin rechistar. Me has pedido te ayude, va a ser duro la primera vez, pero no podrás hacer nada más que tragar debido a tu abrebocas. – Sus palabras me asustaron aún más, pero la recompensa era enorme, ser su esclavo definitivamente.

Comenzó a orinar, caía su chorro de orina sobre mi boca, comencé a tragar rápido ya que sino mi boca quedaría repleta de su líquido. Tragué y tragué, el sabor era muy fuerte, pero tragué todo, no tenía otra opción con su abrebocas. La señora estaba disfrutando mucho. Contemplé como empezó a sonreír de una manera que no la había visto antes. Denotaba completa felicidad y excitación.

Comenzó su parte final, volvió a ponerse en cuclillas sobre mí y esta vez se inclinó mucho más pegada a mi boca. Comenzó a defecar sobre mi boca. Una gran masa marrón entró por completo en mi boca. Me sentí completamente humillado. La señora sonrió:

- Muy bien, ahora tragaras todo sin rechistar -. Se sentó sobre mi pecho y observé como su mano enguantada comenzó a introducir toda su masa más dentro de mi boca con sus guantes. Tras varias arcadas tragué y trague. Me di cuenta que no fue tan difícil como esperaba.

- ¡¡Desde este momento eres mi esclavo, te lo has ganado ¡¡. A partir de hoy todo va a ser diferente. Eres mi puta y puedo hacer contigo lo que me plazca. Voy a tener que ser muy estricta contigo. Sigues desobedeciendo, no te preocupes mi correa te enseñará…. Cuando me apetezca follaré tu culito con mi arnés… y por supuesto tragarás todo lo que salga de mi cuerpo cuando quiera, si lo deseas con abrebocas así será - Me indicó la señora mientras me recuperaba de todos sus castigos. Había sido muy duro pero ahora era su esclavo, tenía cuanto deseaba.

La señora comenzó a masturbarme con su mano enguantada. Rápidamente eyacule, estaba terriblemente excitado.

- Este es tu premio…. A partir de ahora solo te masturbaras cuando yo te autorice…. Te aseguro que vas a pasar largas temporadas sin hacerlo, me suplicarás poder hacerlo del dolor de huevos que tendrás… quizás te autorice si te lo mereces, quizás no. Te compraré una jaula para tu pene, me aseguraré que no puedas hacerlo sin permiso. – La señora salió de la ducha completamente mojada. Se quitó sus guantes y los agarró por el extremo. Imité sus pasos para salir de la ducha tras ella.

- ¿Dónde vas?.. ¿te he dado permiso?… ¡verdad que no¡ de rodillas al rincón de la ducha - Me ordenó quedarme de rodillas en el rincón de la ducha. Se acercó a mí y metió sus guantes dentro de mi boca para amordazarme con ellos.

- Vas a permanecer así hasta que regrese tu madre y la pedirás perdón – Me indicó en su primera orden como mi Ama. La señora Carmen, mi ama, ahora sí puedo llamarla oficialmente así, salió del baño y me dejó allí en aquella posición de rodillas con sus guantes en mi boca.

Mi madre regresó varias horas después. Las rodillas me dolían, la piel de mi culo me ardí debido a su correa, mi culo me producía un gran dolor por su arnés y mi boca sabía completamente a mi ama, a todo cuanto expulsó dentro de mi boca. Era feliz era cuanto deseaba pero el castigo había sido duro.

Mi madre Llegó bien entrada la noche, me encontró en la ducha en el rincón con los guantes rojos en la boca amordazada. Sonrió y se burló a carcajadas al observar mi culo magullado. Solo conocía el castigo de la correa de la señora Carmen, mi Ama, todo lo posterior cuanto había sucedido no lo sabía y no lo sabría nunca, ese era el secreto de mi Ama y mío.

- ¡Veo que la señora Carmen ya te ha castigado como te mereces¡….. vaya…. Vaya…. Pero yo no….. Te has portado como un cretino hoy y he tenido que disculparme muchas veces – Comenzó a reprenderme mi comportamiento. Volvía a hablarme y estaba contento., ¿Que pretendía mi madre?, ya tenía el culo magullado, quizás ¿solo reprenderme? Mi madre agarró sus guantes rojos, iguales que los de mi Ama y se los ajustó a sus manos. Aquello era una señal premonitoria que mi castigo no había terminado. Agarró el cepillo de púas y abrió la puerta de la ducha. Pretendía azotarme con su cepillo, ¡¡ mi culo estaba ya magullado y dolorido ¡ Cualquier nuevo azote por leve que fuese sería muy doloroso. Aquello no la importó lo más mínimo a mi madre, había estado a punto de estropear su cita y la falté al respeto de nuevo. Su venganza había llegado.

Mi madre se dirigió hacia la señora Carmen y la habló sonriendo:

- Dijiste que me enseñarías a usar la cinta americana…. Hoy la va a necesitar, voy a azotarle con el cepillo hasta que me plazca, va a pagar por lo la vergüenza que me ha hecho pasar hoy. – Indicó mi madre a la señora Carmen.

- No te preocupes querida, yo usaré la cinta por ti, me aseguraré que no pueda decir una sola palabra y esté bien calladito - Respondió la señora Carmen a mi madre.

Mi madre agarró fuertemente el cepillo entre sus manos enguantadas. Era su objeto favorito para castigar. Antes de acercarse mi madre a mí con el cepillo, se acercó mi Ama, la señora Carmen a mi oído y me susurró algo:

- Lástima…. Ya te he masturbado, no estas ni excitado, va a dolerte mucho y sin placer - Quedé asustado al comprobar como decía la verdad, no estaba nada excitado, aquello sería realmente duro.

La señora Carmen se retiró a un lado mientras mi madre entraba dentro de la ducha con su cepillo agarrado entre sus guantes. Quería suplicar que no me castigase, pero ya era tarde. Mi culo no aguantaba más azotes y además no estaba excitado.

- Azótale muy fuerte, se lo merece – Le indicó la señora Carmen a mi madre. Iba a recibir una nueva azotaina, mucho más dolorosa que la anterior debido al estado magullado de mi culo y lo peor de todo es que no estaba excitado, había sido masturbado por mi Ama. Aquello iba a ser realmente duro y doloroso.

Llevaban razón. Mis vacaciones terminaron, no pude sentarme en una silla y tuve que dormir bocarriba cada noche. Aunque a la hora de la comida plantaban el plato de verduras y debía sentarme en la silla. Mi madre me preguntaba si iba a comer yo solo las verduras o tendría que ponerse los guantes. Ya había recibido demasiados castigos, obedecí por completo.

Nunca lo olvidaría. Jamás volvería a faltar al respeto o desobedecer a ninguna de las dos mujeres. Al menos eso pensaba, porque recibí una gran cantidad de castigos en los meses venideros.

Para cualquier comentario: [email protected]