Xtories

Paola y Emma 10

Paola necesita alimentarse y elige a la presa más improbable: un chico nerd e introvertido. Para romper su resistencia, recurre a un disfraz de gatita gótica que lo deja paralizado de deseo. Pero cuando él falla en el acto principal, Paola descubrirá que su verdadera satisfacción no depende de lo que él no puede hacer, sino de lo que sus manos sí pueden lograr.

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Paola se alegró cuando la profesora le contó que Emma había dejado de ser tan manipuladora.

—Ve, profesora le dije, sabía que ella no podía tener razón, podemos actuar cuenta propia. —Dijo Paola alegre.

—Sí, ahora me siento más segura y en general mejor, hasta alimentarme ha sido menos grotesco.

—Hablando de eso profesora. ¿Conoce a algún chico nerd que no estudie aquí?

—Sí conozco a uno, le imparto asesorías, es algo nerd e introvertido. ¿Te quieres alimentar de él?

—Sí, pero no creo que pueda hacerlo de manera inmediata, puedo seducir casi a cualquier hombre, pero los nerds son casi inmunes a mi maldición, si no son guiados por sus instintos, no me puedo alimentar de ellos, así que para seducirlos no puedo usar mi maldición.

—Te entiendo, cada quien tiene sus limitaciones. Te ayudaré, así demostraremos a Emma que podemos valernos por nosotras mismas.

—Eso me gustaría.

—Bien me organizaré y te aviso. ¿Cuánto tiempo tienes antes de que tu “hambre” se vuelva incontrolable?

—Creo que estaré bien por al menos una semana más.

—Bien, entonces hay tiempo.

Al día siguiente la profesora le explicó la situación a Paola.

—En las asesorías que debo darle al chico, he negociado para que tú estés en ellas, iremos a su casa y ahí podrás seducirlo. También logré que las asesorías sean diario y sus padres estuvieron de acuerdo en que lleve a una pupila para incentivar al chico a mejorar y socializar.

—Bien profesora, avisaré a mi mamá que tomaré unas asesorías con usted.

Ese mismo día, al terminar las clases, ambas estaban en el auto de la profesora alistándose para ir a la casa del chico, la profesora se puso el cinturón de seguridad y revisó que estuviera bien sujeto.

—Ponte el cinturón —le dijo la profesora con tono autoritario a Paola, mientras ella se volvía a asegurar de que estaba bien puesto.

—Listo. —respondió Paola mientras miraba a la profesora, que revisaba que también el cinturón de seguridad de ella estuviera bien sujeto.

Después de revisar una vez más que los cinturones estuvieran bien sujetos, la profesora se pasó su mano por su estómago, justo dónde Paola recordaba que la profesora tenía su cicatriz que la avergonzaba.

—¿La cicatriz, fue a causa de un accidente en auto?

—La cicatriz y el hecho de hacer un pacto para tratar de solucionar los problemas.

—¿Por eso tanta manía con los cinturones de seguridad? —Preguntó Paola estirando un poco el suyo.

—Sí, es algo que no puedo superar. —Dijo la profesora tomando la mano de Paola para que dejara el cinturón.

Después de la incómoda charla inicial, Paola cambió de tema y habló hasta que llegaron a casa del chico, la profesora hizo las presentaciones respectivas y luego les explicó el plan de trabajo para esa semana. Paola ya sabía como se darían las cosas, jugaría el papel de chica bonita, pero boba para que el chico tuviera que ayudarla, también la profesora fijaría recesos o buscaría la forma de dejarlos solos y que Paola pudiera “trabajar” al chico.

El primer y segundo día no hubo muchos avances, Paola haciendo uso de las instrucciones que le había dado Emma de cómo debía alimentarse, comenzó a sondear los gustos del chico, le costó que este se abriera, pues intentar hablar con él de otra cosa que no fueran estudios era casi imposible. Al tercer día, por petición de Paola, la profesora la ayudó para que el chico hablara de sus pasatiempos y un poco de sus gustos, Paola puso atención a todo lo que el chico dijo, y recordando otra instrucción del manual de Emma, Paola estudió la respuesta emocional de este a algunas cuestiones, si bien el chico no respondía de manera abierta, su actitud la guio para comenzar a descifrarlo.

Después de la asesoría ya estando en su casa, Paola se dedicó a ampliar y buscar información que le fuera útil, pasó buscando algunas horas hasta que por fin dio con algo que podía utilizar para seducir al chico, se propuso hacer una prueba al día siguiente, revisó su guardarropa y halló e improvisó todo lo necesario, recurriendo a algunas prendas y accesorios que no creía haber utilizado hace tiempo. Se vistió y modeló frente a su espejo, le costó aceptar que le gustaba como proyectaba su presencia con el atuendo.

El cuarto día después de clases, en el auto de la profesora hacia la asesoría y ante la negativa de quitarse el cinturón, Paola comenzó a cambiarse de ropa. Una vez que Paola terminó de cambiarse y se volvió a colocar el cinturón de seguridad, la profesora la miró y no pudo evitar una leve sonrisa.

—Aún falta para Halloween.

—Oiga, no quiero fallar y estoy dispuesta a hacer lo necesario, además este no es el disfraz completo.

—Disculpa. Está bien que te tomes las cosas con seriedad, sobre todo para alimentarte. —una mirada un poco más larga recorrió el outfit de Paola—. Si quieres que te dé algo de tiempo a solas, solo dame una señal.

—Eso estaba pensando, pero todo depende de si las cosas marchan como espero.

—Bueno, si se dan tal como quieres, avisame y tendrás vía libre.

—De acuerdo.

Cuando Paola y la profesora llegaron a la casa del chico, este se sorprendió por la vestimenta de Paola, le costó quitar la mirada de su diadema con orejas de gato, su ajustada blusa negra, y su falda que dejaba a la vista sus piernas enfundadas en unas medias negras. La asesoría se llevó a cabo según lo planeado y aunque Paola tuvo la oportunidad que buscaba, optó por “trabajar” al chico un poco más y “alimentarse” de él el día siguiente.

Aun así, la profesora, como había hecho en las asesorías anteriores, les dejó tiempo a solas. Paola lo aprovecho para exhibirse un poco para que el chico la viera en algunas poses comprometedoras o acciones de acercamiento que al chico sin duda excitaban. Al día siguiente Paola iba a poner en marcha su plan, pero ese día no se dio el momento para que pudieran tener privacidad, pues los padres del chico interrumpieron constantemente la asesoría, esto ocasionó que los planes de Paola se retrasaran. Entonces Paola esforzándose convenció al chico para que se vieran en otro lugar, donde ella le demostraría un outfit que seguro le gustaría, Paola tuvo que suplicar un par de veces antes de que el chico aceptara, pero finalmente lo hizo. Paola se fue medianamente satisfecha, cuando se despidieron, hizo hincapié para hacerle saber al chico que no se arrepentiría de verla al día siguiente. De regreso Paola le contó su plan a la profesora que estaba pensando en un nuevo posible candidato, pero Paola dijo que aún tenía una oportunidad al día siguiente, el resto del camino fue tranquilo, la profesora dejó como lo había hecho toda la semana a Paola justo delante de su casa, se despidieron y Paola entró a su casa.

Al día siguiente desde la mañana Paola comenzó a preparar todo, se automotivó y se dijo a sí misma que solo lo hacía para alimentarse, después de desayunar con su mamá, le dijo que saldría con su novio, su madre no vio nada de malo en ello y solo le dijo que se cuidara y que disfrutara su cita. Paola salió de su casa con una maleta algo grande que por fortuna su madre no vio, se dirigió al sitio donde más tarde se vería con el chico. Casi a las afueras de la ciudad, Paola se arreglaba en la habitación del hotel, en el transcurso de la mañana había mandado un par de mensajes al chico para motivarlo, incluso le había mandado una foto que mostraba parte del outfit con el que Paola lo esperaría, el chico respondió que esperaba verla con ansia. Paola terminó de prepararse y esperó lo más paciente que pudo a que el chico llegara. Cuando llegó el chico no golpeó la puerta como esperaba Paola, en su lugar le mandó un mensaje diciéndole que estaba fuera de la habitación, Paola se asomó por la mirilla y vio al chico mirando a ambos lados del pasillo como no queriendo ser visto por nadie, Paola abrió la puerta para recibir al chico.

—Bienvenido.

El chico dio un paso con la mirada baja, pero al levantar un poco la vista se quedó inmóvil al ver a Paola con un disfraz furry, más elaborado que el que le había visto los días anteriores. Paola había apostado a que si el chico la veía disfrazada de chica gato gótica podría “alimentarse” de manera fácil, no se equivocó, pues el chico en ese momento, saliendo de su parálisis levantaba la cabeza poco a poco, recorría la figura de Paola desde abajo, miraba sus botas con bastante peluche que engrosaban sus pies, subiendo su vista podía ver sus medias negras hasta el muslo seguido de una minifalda oscura, también percibió una cola esponjosa en la parte posterior. Paola discretamente cerró la puerta y tomó la cara del chico levantándola un poco más, cosa que el chico agradeció, pues vio su pequeña blusa que se ceñía a su cuerpo lo suficiente para que sus tetas llenaran y estiraran la estrecha prenda que dejaba ver su ombligo y su delineada cintura, el chico también pudo sentir que Paola llevaba mangas negras delgadas que oscurecían los brazos de Paola.

—¿Te gusta como me vestí para ti?

Paola terminó por levantar la cabeza del chico hasta que este vio en el cuello de Paola su gargantilla ajustada y con un cascabel atado, que simularía servir como collar. El atuendo finalizaba con la diadema con orejas de gato que se había puesto el día anterior.

—Si… te ves muy bien, yo… te traje algo que… olvídalo, mejor no.

—¿Qué me trajiste? No te apenes, te aseguro que puedo complacerte de varias formas que desees. —Dijo Paola tratando de sonar comprensiva para el chico.

—Bueno, es que yo traje esto, yo mismo lo hice y creo que se te vería bien.

El chico abrió una bolsa y sacó un antifaz felino negro, y suave al tacto que completaba a la perfección el disfraz. Paola de inmediato se lo colocó.

—Seguro que me veo mejor. ¿Cierto?

—Sí, muy bien.

El chico acarició el pelo sintético del antifaz, Paola se acercó a él y lo comenzó a besar, al hacerlo pudo sentir como aquella sensación de “alimentarse” iniciaba, Paola guio al chico hasta la cama sin separarse de él, se sentó e hizo que el chico quedara encima de ella, después le dijo al chico

—Soy tu gatita, trátame bien.

—Sí. —Dijo el chico con una inmensa sonrisa, mientras recorría con la mirada todo el cuerpo de Paola.

Esa excitación alimentaba a Paola, pero sabía que no se llenaría si no llegaba hasta el final, y sabiendo que el chico podría quedarse mirándola todo el tiempo y no tomaría la iniciativa, prosiguió, se empezó a comportar como una felina en celo, cuando retiraba la ropa del chico juguetonamente le arañaba la piel, incluso ronroneaba. Paola trataba de tener la mayoría de detalles felinos, y al igual que con su “alimento” anterior estaba atenta a qué acciones eran las que el chico disfrutaba para aprovecharlas. Sin duda, una de las cosas que disfrutaba el chico era ver a Paola caminar en cuatro patas, cosa que notó Paola mientras miraba su reflejo en el espejo de enfrente. Al verse en cuatro patas fingiendo ser una gata hasta ella se excitó, aunque más se excitó, por lo que el chico no se había dado cuenta, si bien el look demandaba que Paola llevara una cola de gato que salía por debajo de su falda y se curvaba hacia arriba esta no estaba atada a la cintura como la mayoría de disfraces que había visto, esta cola era un plug que tenía insertado en su culo. El chico acariciaba a Paola como si de una mascota se tratara, después sus caricias se volvieron más pasionales y aunque Paola seguía comportándose como una felina, el chico fue cambiando su sentir, Paola se enfocó entonces en su siguiente movimiento, pasó a hacer uso de sus artes amatorias, los leves arañazos se transformaron eróticas caricias, los ronroneos en seductores gemidos e insinuaciones. El chico se excitó tanto que su verga se puso dura en ese instante, Paola la tomaba con su mano y la masturbaba lentamente, el chico lo disfrutaba, mientras Paola lamía el pecho del chico tratando de descender hasta llegar a su verga, el chico vio el reflejo del culo de Paola a través del espejo que debido al comportamiento felino había hecho que su minifalda se subiera hasta su cintura, de esa forma el chico pudo ver claramente dónde y cómo estaba anclada la cola de gato de Paola, esto llevó al límite al chico que comenzó a eyacular, Paola al notar la tensión la verga del chico se apresuró a llegar, los dos primeros chorros botaron a su pecho, aun así pudo llegar a atrapar con su boca un par de chorros más. Cuando Paola sintió que el miembro del chico dejaba de estar tenso, se decepcionó, toda la semana de preparación había sido una perdida de tiempo, se había alimentado, pero no había saciado su hambre, cuando estaba por incorporarse para confrontar al chico este se adelantó.

—Lo siento, me excité mucho al verte por el espejo.

—Bueno, me atrevo a pensar que no tienes muchas relaciones. —Protestó Paola.

—Tienes razón, no tengo muchas relaciones. Tú me has hecho disfrutar más de lo que mis escasas y anteriores relaciones juntas hayan podido, te lo compensaré.

—Sí, seguro, no te preocupes, supongo que podremos vernos otro día.

—Otro día no, yo me refería a compensarte en este momento, sé que esta situación parece decepcionante para ti pero, no para mí, ya que he pasado por esto, así que me esforzaré por complacerte.

Como si algo le hubiera infundado vitalidad al chico este se incorporó y se abalanzó sobre Paola que viéndose sorprendida por la actitud del chico cayó en la cama, el chico comenzó a tocarla y acariciarla, dándole un tratamiento especial al plug-cola de gato que llevaba Paola, el chico la acariciaba y jalaba y cuando esta parecía salir, la soltaba y comenzaba de nuevo, Paola sentía como su ano se debatía entre no dejar salir el plug y no querer que saliera, luego el chico pasó a besar las nalgas de Paola mientras seguía forcejeando con el Plug, la sensación sorprendió a Paola y unas cosquillas comenzaron a recorrer su cintura y parte baja, la respiración de Paola comenzaba a acelerarse, el chico interpretó que Paola no podía respirar así que se separó de ella para que Paola pudiera quedar boca arriba y volvió a la carga acariciándole las piernas, Paola no entendía, pero el tacto del chico era preciso, por donde sentía sus dedos era por donde mejor sentía, al llegar a su pubis el chico colocó tres dedos sobre él, índice, medio y anular, poniendo el medio entre los labios vaginales de Paola mientras con los otros dos dedos ejercía presión separándolos, para que el dedo medio tocara directamente el clítoris de Paola, realizando movimientos cadenciosos y de vaivén hacían disfrutar a Paola, cada vez que el chico cambiaba el ritmo o alteraba el movimiento, Paola sentía como una ola de placer aumentaba y presentía como un gran y placentero orgasmo se acercaba cada vez más. Una vez que la mano del chico trabajaba rítmicamente el coño de Paola, con su otra mano libre comenzó a amasar sus tetas, los duros pezones de Paola sobresalían por encima de la blusa el chico metiendo la mano por debajo y comenzó a juguetear con ambos, elogió sus piercings y agregó que él prefería los de argolla porque así le podría poner unos cascabeles, mientras el chico cambiaba al otro pezón se estiró sobre el cuerpo de Paola quedándole su estomagó frente a su cara, entonces el chico comenzó a lamer el borde de su ombligo, Paola sumaba las sensaciones y no se dio cuenta cuando se dejó llevar por todo lo que le hacía el chico, hasta que su orgasmo comenzó a sentirse cada vez más cerca.

—Voy a…

—Lo sé, tú solo sigue disfrutándolo.

Paola sintió como su cuerpo se entregaba al placer, el orgasmo que sentía era tan intenso que por un instante parecía que se alejaba de la realidad, no escuchaba ni veía nada, ni siquiera podía pensar en otra cosa que no fuera la sensación interna de gozo que la llenaba en ese momento. Paola pensó que el tiempo no avanzaba, le gustaba sentirse así, después poco a poco volvieron sus sentidos, escuchaba su propia respiración, también reconoció su propia voz y escuchó sus propios gemidos, intentó abrir los ojos y aunque veía borroso seguía sintiéndose bien, al final el tacto del chico fue lo que terminó por traer a Paola al presente, su cuerpo comenzaba a temblar casi de manera incontrolable. El chico no se detuvo hasta que Paola puso sus manos sobre la mano del chico que masajeaba su clítoris.

Paola respiraba agitadamente, sintió que una ligera capa de sudor recorría su cuerpo y así era, al menos, en su frente y su pecho, su entrepierna se sentía muy húmeda y su clítoris había quedado muy sensible.

—Eso fue… —Paola respiraba con un poco de dificultad— de lo mejor.

—Ves te lo dije, el que sea eyaculador precoz, hizo que buscara como satisfacer a las mujeres de otra forma.

—Y vaya que lo has hecho bien.

En ese momento, Paola se dio cuenta de que su “hambre” había sido saciada por completo.

—Supongo que aquí es donde dices que nunca nos volveremos a ver, pues quién quiere estar con alguien que no puede tener aguante.

El chico se intentó levantar, pero Paola aún temblorosa, lo tomó de la mano y lo jalo hacia su lado.

—Te puedo decir que para mí esto funcionó muy bien, y podemos seguir viéndonos, yo no tendría problema en tener este tipo de encuentros.

—¿De verdad?

—De verdad, no sabes cuanto lo disfruté.

—Creo que me estás engañando.

—Deja de ser tan desconfiado, sé que tal vez mis palabras suenen huecas, pero lo digo con la mejor de las intenciones, tú eres perfecto para mí, aunque hay detalles que debemos discutir si deseas seguir adelante.

—No sé qué decir.

—Está bien, piénsalo y cuando quieras hablar me avisas.

—Está bien.

Después de recuperarse, Paola se sintió tan bien que aunque ya estaba “llena” continuó tratando bien al chico cumpliendo sus fantasías, vestida como gatita gótica, le hizo un baile sensual y cuando la verga del chico se volvió a poner dura lo volvieron a hacer, esa vez el chico duró más que la primera vez, pero aun así Paola consideró que fue rápido, cosa que agradeció, pues la sensibilidad que sentía en todo su cuerpo, la empezaba a poner incómoda. Cuando Paola le dijo al chico que debían terminar con su cita por ese día, este se lo tomó un poco mal, pero Paola para animarlo y darle esperanzas de que si quería verlo le preguntó sobre qué otro disfraz quería verla usar, eso animó al chico que le respondió con una sonrisa, Paola le dijo que le mandaría fotos de todo lo que fuera consiguiendo para su siguiente disfraz. Eso dejó al chico de mejor humor que se despidió de Paola con un largo y apasionado beso.

Continuará.

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