Xtories

Descubriéndome a mi misma

Guillermo sabía exactamente qué botones presionar en su desesperación. No era solo una negociación bancaria; era un juego de poder donde ella ya había perdido el control antes de sentarse a la mesa. Ahora, en la penumbra del baño del pub, la decisión está tomada: su libertad a cambio de su cuerpo.

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Soy Rocío Cardona (Ro), esposa de Carlos Miláns que ya ha escrito algún relato sobre mi y sobre como soy en pareja, pero sobre todo sobre mi libertad y mi forma de entender el sexo, sobre mis fantasías, pero también sobre mis realidades que acaban determinando mi capacidad sexual.

Es cierto que algunas de la experiencias que relata sobre mi tienen mucho de verdad, pero también alguna exageración producto de la mente calenturienta de mi hombre, aunque he de decir que la culpa no es solo de él, yo tengo parte de culpa de esa imaginación desatada porque cuando estamos follando y él me hace encadenar un montón de orgasmos de diferentes intensidades y duración, llevándome así una y otra vez hasta el cielo de los indecentes, yo lo provoco una y otra vez con todas aquellas fantasías que me tienen atrapada desde adolescente, y que solo con él y su especial forma de diferenciar el amor del sexo, he aprendido a aceptarme como soy en todos los aspectos de mi vida, especialmente en el sexual.

Como os explicaba, no siempre hacemos el amor, de vez en cuando nos gusta hacer lo que nosotros llamamos fines de semana “guarromanticos” y cuando esto pasa… follamos…!!! Y lo hacemos como desconocidos, con ese toque animal que aún me pone más perra, más en celo de lo que ya normalmente estoy y que no me cuesta nada activarme.

Con Carlos he aprendido a quererme, a no reprimirme, a respetar y escuchar a mi cuerpo cuando me envía mensajes calenturientos y a aceptarlos como algo normal, como algo mío, y no a sentirme sucia y diferente como en otras etapas de mi vida que cuando planteaba mis sentimientos, mis necesidades como mujer o simplemente me sinceraba con mi pareja, me trataba de anormal, de guarra o de puta, o lo peor, tan solo me ignoraba y no daba respuesta a mis fantasías.

Hoy le he pedido a Carlos que me deje a mi escribir un relato, sin él al lado, lo quiero hacer como si fuese un diario intimo donde explicaros quien soy y de donde vengo, no para justificarme, tan solo tengo el ansia y la necesidad de escribir como una forma de liberación interna.

Durante demasiados años, fui la típica esposa anulada e ignorada emocionalmente por un marido que se creía el centro del mundo y que para ello, no dudaba en oprimirme sin dejarme salir de “su” mundo, de su familia, de sus amigos, de su entorno social y cultural, un entorno muy idéntico al suyo, del mismo nivel, un entorno incluso el familiar donde la mujer solo puede ser el apoyo emocional y sexual del hombre, donde el hombre siempre tiene una estrategia detrás para hacer las cosas, donde el hombre es el mejor dotado para tomar decisiones y a la mujer solo le queda que apoyarlo; en definitiva y para no alargarme, un entorno donde la mujer ha de ser como la mujer del cesar, “a parte de serlo, tiene que parecerlo”, recordando aquel suceso de mi heroína Pompeya.

He de reconocer que en todo aquello que ahora critico, yo tenía una parte de culpa, ya fuera por comodidad o por la protección de mis hijos, pero yo ya me había acostumbrado a aquella vida, y como yo creía que era la misma de todas mis amigas, nunca me cuestioné nada hasta el momento que cambió mi vida.

Para poneros en contexto os explico que conocí al que entonces fue mi primer y único novio a los 15 años; el me desvirgó en nuestra noche de bodas cuando yo ya le había planteado varias veces tener relaciones prematrimoniales, a lo que él se negaba reiteradamente.

Yo desde pequeña dormía con un cojín entre medio de las piernas y encontraba placer rozándome con el cojín. Después, de pre adolescente empezaron las caricias y poco después las primeras masturbaciones, descubriendo yo sola un mundo nuevo y un cuerpo nuevo, el mío. Y por si esto fuera poco, he de confesar que mis padres eran muy activos en su vida sexual, sobre todo mi madre a la cual quería con locura y era mi modelo de mujer, y en una casa pequeña donde las paredes parecían de papel, cada noche suponía para para mí un festival de sonidos entre los gemidos de mi madre, el ruido acompasado del somier, o del cabezal de la cama de mis padres, incluso los silencios que se producían entre acción y acción, supongo que por las felaciones que mi madre realizaba a mi padre… todo era para mí un regalo para mí imaginación.

Más tarde, sobre los 15 años, descubrí las películas porno que mis padres veían a escondidas y que supusieron un antes y un después para aprender que había otro mundo a parte del que la sociedad intentaba imponer.

Descubrí un mundo que me era muy atractivo y en el cual me sentía cómoda a pesar de que cuando le preguntaba a mis amigas, nadie parecía saber de que hablaba o les daba vergüenza hablar de algo tan “oscuro y secreto”.

15 años más tarde, ya con dos hijos, mi vida seguía igual de dormida a pesar de mis inquietudes, igual de anodina que cuando me casé, siempre esperaba que hubiera un cambio en mi vida, pero este nunca llegaba, el mismo entorno, el mismo marido, el mismo futuro, y las misma precaria economía, que solo beneficiaba a los caprichos de mi marido.

Por aquel entonces cayeron en mis manos dos libros que cambiarían aun más mi vida, primero las 50 Sombras de Grey, que me ayudó a normalizar mis inquietudes, pues todo lo que describían Christian y Anastasia, yo ya lo había soñado muchas veces, pero no tenia nadie a mi lado con quien ponerlo en practica aunque tan solo fuera jugando.

Más tarde alguien me habló de “Pídeme lo que quieras” otra novela erótica que para las casada con alma de putas como yo, empequeñecía a las 50 sombras, y donde un tal Eric Zimmerman emputecía a una españolita (Judith) con la que yo me sentí muy identificada, o al menos me gustaría identificarme.

Después de leerlo dos veces y varios centenares de orgasmos autoinflingidos, y la compra de varios juguetes sexuales de todo tipo, me di cuenta que a mi vida le hacia falta alguna cosa, ya no tan solo en el plano sexual, sino también en espació emocional, sentimental. Vivía en pareja pero estaba sola en mi vida.

Intente explicarle a mi marido mis inquietudes y mis frustraciones, el como me sentía yo en aquella relación, y que necesitábamos poner un poquito de pimienta en nuestra relación, y me comprometía a convertirme para él en una autentica zorra dispuesta a satisfacer todas sus perversiones más oscuras. La respuesta fue taxativa, - te estas convirtiendo en una puta, y contra más vieja (no dijo adulta o mayor, y eso me dolió mucho) te haces mas guarra te vuelves, debes estar enferma y deberías ir al medico, porque si sigues así, yo no respondo de mí.

Allí me di cuenta del personaje que tenia como marido, y a partir de aquel momento dejo de ser mi pareja, para ser un ser que compartíamos piso por precariedad económica, pero por nada más.

Decidí buscar trabajo y contribuir a la economía familiar para poder crecer en todo, económicamente y como persona, relacionándome con más gente que no fueran las de siempre. Aquí vino la primera gran bronca y las primeras amenazas de hacerme entender las cosas “de otra manera”, deteriorando aún más nuestra ya de por si maltrecha relación.

En mi día a día, yo seguía con mis caricias y mi mundo sexual propio. Me compre nuevos juguetes para adultos, películas en Cd’s fáciles de esconder y que podía ver en el ordenador de mis hijos, y cada mañana cuando dejaba a mis hijos en el colegio, lo primero que hacia era sacar de su escondite mis tres amigos de látex, cada uno de un color y un tamaño diferente, y durante al menos dos horas me daba el pacer que mi marido no me daba, y durante ese tiempo mi imaginación daba juego y permitía sin ningún rubor, cualquier situación por rocambolesca que pareciera.

Me miraba a todos los hombres con ojos diferentes, no hacia nada con ellos, pero en mi imaginación lo hacia todo, no dejaba nada por probar, y sobre todo lo que ya desde pequeña me gustaba hacer sin preguntar, chupar una buena polla, y más que chupar me gustaba “saborear” sin prisas pero sin pausas cada rincón del pene, sentir las diferentes texturas desde el momento flácido que entra en mi boca, hasta la total erección a punto de explotar, pasando por notar cada vibración de esta magia de la naturaleza que es el pene masculino y como va creciendo en mi interior, hasta que explota y me regala su manjar caliente, el cual saboreo y trago, pasando mi lengua por toda la extensión de su tallo, hasta dejar la polla bien limpia, y casi siempre todavía erecta. Entonces me retiro un poco y a sigo mirando, mejor dicho, admirando como una obra perfecta digna del mejor artista, del mejor creador.

Después de muchas broncas y muchos menosprecios conseguí trabajo como supervisora en una gran empresa que daba servicio a muchas grandes empresas, la cual cosa me obligaba a estar siempre viajando por el Área Metropolitana de Barcelona, y alguna vez por el resto de Cataluña.

Cambié mi forma de vestir y mi comportamiento con los demás; empecé a sentirme mejor, porque conocí gente que me respetaba tal como era, y me valoraban por tal como era, sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, ni envidias emocionales, me decían lo buena y simpática que era, y encima algunos hombre de aquella época se atrevían a decirme lo “buenorra” que estaba y lo que me harían si no estuviera casada, y yo misma me sorprendía que lejos de sentirme mal, notaba que me gustaban aquellos comentarios y aquellas miradas libidinosas, que me hacían sentir más mujer, más deseada de lo que lo era en mi casa.

Aunque muchas veces pensé como seria tener a otro hombre en mi cama abrazándome, besándome y penetrándome, lógicamente nunca decidí engañar a mi marido, aunque eso no quiere decir que ahora cuando me masturbaba le ponía cara a mi “consolador”, me valía cualquiera, me valía el poseedor de una mirada, una sonrisa, una frase, o unos pantalones ajustados marcando culito o paquete, ahí me di cuenta de lo fácil que era yo como mujer caliente, como hotwife.

Todo cambió, cuando en una de sus ya muchas malas y arriesgadas inversiones de mi marido, puso en riesgo la hipoteca de nuestra casa, de la casa de mis hijos y un día nos llegó aquella maldita notificación del gabinete jurídico del banco notificándonos que por impago, en tres meses nos desahuciaban de nuestra casa.

Aquello ya significo un antes y un después en nuestra ya deteriorada relación, y para colmo mi marido se hundió y en vez de luchar por su familia tiró la toalla y decidió dejar perder lo único material que aún teníamos en común, nuestra vivienda, el hogar de mis hijos, nuestra casa.

Primero lloré y también me desmoroné, pero una semana después hablando con mis hijos, salió de mi la mujer luchadora, la espartana que toda mujer lleva dentro, y decidí hacer todo lo posible para no permitir que el banco terminara con nuestros sueños.

Lo primero que hice fue ir a visitar al Director de la sucursal del Banco que nos quería desnonar de nuestra casa.

Como después tenia un par de visitas de trabajo, me arreglé como cuando voy a ver un cliente, es decir con ganas de gustar, blusa blanca escotada dejando ver una pequeña parte de mi sujetador de encaje blanco, falda negra plisada muy por encima de la rodilla con medias negras con costura en la parte de atrás, a juego con unos zapatos de cóctel negros con un tacón de 12 centímetros que realzaban y levantaban mis nalgas, todo ello cerrado son una americana de color rojo que hacia juego con mi pintalabios.

Llegué temprano al despacho de Don Guillermo, que aunque era un hombre de unos 55 años, se conservaba muy bien y sobre todo olía magníficamente, y solo por eso y con los nervios que tenia, note como se me erizaban mis pezones que se marcaron rápidamente en la blusa, visión que Don Guillermo no dejo escapar al encajarme su mano como saludo y con este gesto abrirse mi americana que no llevaba abrochada.

Era un hombre atractivo, sobrio, con una conversación muy agradable a pesar de habla de cosas no agradables, pero que con su sola presencia parecía hacerte las penas mas llevaderas. Su rictus era de seriedad, pero su lenguaje no verbal me decía que no todo estaba cerrado, que me podría ayudar en el problema de perder mi casa.

Le expuse mi problema y el de mis hijos (en ningún momento hable del problema incluyendo a mi marido), él me dejo hablar y al final solo me interrumpió para decirme que el problema muy grave, que el banco ya no aceptaba negociaciones sobre este tema que tenían demasiados activos inmovilizados y que podían quebrar financieramente por culpa de estos activos no productivos.

A mi cada vez la losa que presionaba mi espalda cada vez la sentía más pesada, mi voz se rompía por segundos, y al final ante la desesperación de todo lo malo que auguraba aquel Director de Banco haciendo su trabajo, no pude aguantar tanta presión y se me escaparon algunas lagrimas, juro que no fue adrede, pero aquella situación y el negro futuro de mis hijos me pudo y acabé derrumbándome.

Cuando esto sucedió, Don Guillermo se levanto de su trono detrás de la mesa, y rodeando esta, se acerco y metiendo su mano en su bolsillo interior de su americana sacó un pañuelo blanco y secó mis lagrimas.

- Vamos a ver Sra. Cardona, no me llore que aunque sea yo el mensajero del miedo, uno no es insensible al dolor de las personas, y menos si son mujeres bonitas como Ud. – me soltó de golpe mientras yo le cogía la mano para coger el pañuelo.

- Perdone Don Guillermo, pero esta situación me supera, tantos años trabajando para levantar una familia y por la insensatez de mi marido, nos podemos ver mis hijos y yo debajo de un puente malviviendo.

- Es verdad que su marido es un insensato (utilizó hábilmente el mismo descalificativo que había utilizado yo) y por lo que veo no ha tenido ni el valor de venir a dar la cara él, por un problema que ha generado solo él. – criticó, cargando contra mi marido-

Don Guillermo siguió sentado encima de la mesa, y ya no volvió al otro lado de la mesa donde era Dios, ahora con su cercanía era un hombre normal y corriente, con una situación de prevalencia sobre mi, si, pero tan solo un hombre…!!!

La conversación siguió en esta posición, yo sentada en una silla relativamente baja con mi aflicción a flor de piel, con mi cuerpo un poco avanzado hacia delante y Don Guillermo con su cuerpo erguido sentado al filo de la mesa, mirando de arriba hacia abajo en dirección hacia el escote de mi blusa que de vez en cuando dejaba ver algo más que el escote.

Yo me di cuenta rápidamente porque el Director de la sucursal Bancaria no había cambiado a su asiento, y en vez de molestarme, con la excitación que ya llevaba de cuando entré en aquel despacho decidí seguir con aquel juego de cierta sumisión.

Él cada vez se acercaba más a mi, incluso llego a acariciarme la cara con la excusa de límpiame las lagrimas que derramaba por mis mejillas.

Yo inocentemente, en uno de mis arrebatos lacrimógenos me permití apoyar mi cabeza en una de sus rodillas haciendo descansar mi mano en uno de sus muslos, sintiéndome en aquel momento como una puta barata que intentaba sacarle algo a un hombre, aunque no sabía el qué.

Él no se movió, me dejo unos segundos en esa posición, y después cogiéndome por los sobacos (muy cerca del nacimiento de mis pechos) me levantó de la silla y mirándome a los ojos me dijo:

- Vamos a ver Rocío, déjeme intentar algo con el Departamento de financiación…, que me interese por este caso…, y en que estado jurídico está…, a ver si hay alguna posibilidad de que mi sucursal se haga cargo de buscar una posible solución.

Yo levantando la vista del suelo, salté y me abracé a aquel hombre maduro que olía tan bien y que desprendía aquella pose de seguridad que me gustaba tanto y que cada vez me cautivaba más, así me mantuve abrazada a él durante casi un minuto mientras le agradecía su interés.

- ¿De verdad Don Guillermo me hará este favor? Por Dios, no se como se lo podré agradecer…, es Ud. como mi padre.

- Por favor Sra. Rocío, no me haga Ud. tan viejo…, y no le garantizo nada, solo tomaré interés por su caso, pero porque es Ud. porque si fuese por su marido ya lo dejaría yo caer solo.

Viendo como evolucionaba la conversación, y la insinuación que aquel hombre me estaba lanzando, yo también me sentí con fuerzas para jugar al mismo juego.

- A mi marido que lo “lo joda un pulpo”, por mi como si se tiene que ir a vivir debajo de un puente, me importa bien poco su futuro, conmigo ya lo tiene finiquitado.

Aquel hombre sonrió como si aquella frase era la que esperaba. - Pues déjeme que haga unas gestiones y si quiere mañana nos vemos aquí a la misma hora.

Me gire para irme hacia la puerta, y el me acompaño, detrás mío, y cuando estaba a puno de coger el pomo, me gire y le di un beso en la mejilla acompañado de un fuerte abrazo. – Muchas gracias Don Guillermo –

- Si quiere Ud. que sigamos hablando, le prohíbo (remarcó la palabra prohíbo) que me siga llamando Don Guillermo, Guillermo a solas y tuteándome será suficiente.

- Pues le pido yo lo mismo, Rocío a solas y mis amigos me llaman Ro. Mañana pediré fiesta en el trabajo y así me podrás explicar si hay solución o no.

No seguiré, solo decir que al día siguiente me quité aquella imagen de mujer “Yuppi” y cuando fui a visitar a Don Guillermo lo hice con unos vaqueros ajustados, unas botas altas, una camiseta de tirantes ajustada que realzaba mi busto, y una cazadora también tejana de talle corto, con el pelo recogido en un moño en lo alto de la cabeza que permitía la visibilización de mi cuello y mi nuca.

Al entrar en su despacho, Don Guillermo se levanto raudo de su mesa y se me acerco para recibirme con dos besos en las mejillas, y un abrazo.

- Gracias por venir Ro (se tomo a molestia de hacerme saber que era mi amigo) - Hoy estas mas atractiva que ayer y quiero creerme que es por la posibilidad de que algo se pueda hacer y que yo tengo algo que ver en esa posibilidad (empezábamos bien; ya se estaba vendiendo como mi salvador).

- Tengo una noticia buena y otra mala, ¿por cual empezamos?

- Por la mala, que le vamos a hacer… - dije mientras ponía cara de resignación-

Una mala que es doble. Tu marido no podrá estar en la solución que te voy a proponer, por que a pesar de deber dinero en la cuenta familiar, tiene otra cuenta con otra persona de la cual ella no ha querido que pudiéramos sacar ni un euro.

- ¿Cómo? ¿Otra cuenta? ¿Ella? – las palabras se me agolpaban en la boca.

Me explicó que mi marido, hacía 28 meses que había abierto una cuenta conjunta con otra mujer, de donde salía el recibo de la luz y el agua de un piso situado en el Raval de Barcelona, me dejo ver la foto del NIE con lo cual vi que era extranjera, bastante más joven que yo, y me aseguró que de inversiones fallidas nada, que no les constaba en ningún lado la adquisición de inversiones contempladas dentro del circuito legal de la Hacienda Española.

Sorprendentemente esta noticia, en vez de causarme pavor, me tranquilizó, me permitió normalizar un poco más la mala imagen que tenía yo de mi matrimonio.

Me siguió explicando más cosas sobre esa cuenta que ya no escuché, me importaba un bledo todo lo relacionado con mi hasta entonces marido.

La segunda explicación, vino sobre la parte positiva o posible solución, si la persona deudora es de confianza de la entidad (y por tanto del Director) se podría replantear una renegociación de la deuda, siempre y cuando los ingresos fueran superiores en un 70% a la cuota mensual.

Yo me sonreí en ese momento, pero él siguió hablando y me borro de la cara la sonrisa.

- Si en algún momento has pensado en divorciarte de tu marido, solo con tus ingresos no podré hacer nada – dijo la palabra “podré” dando a entender que la solución estaba en sus manos-.

Todo me daba vueltas, y un vez mas me puse a llorar – pues menuda noticia buena – me quejé sollozando.

Él se volvió a levantar como en el día anterior, y me vivió a coger por los sobacos y me levanto, ahora cogiéndome por la barbilla y levantándome la cara como si fuera a besarme, pero no lo hizo a pesar de que nuestras caras estaban muy cerca.

- A ver mi niña (me sorprendió esta expresión), ¿tu crees que te habría dicho que hay una buena noticia, si no la hubiera?

En ese momento estábamos muy cerca el uno del otro, y no me pregunten porqué, pero aquel hombre ejercía sobre mi una atracción arrolladora, quizás porque era atractivo y dominante, quizás porque era el hombre que podía reconducir con una firma suya mi hasta entonces decepcionante vida, pero la verdad es que mi “facilona” vagina ya empezaba a dar síntomas de lubricación acelerada, y aunque me parecía mentira no me sentía incomoda tan cerca de él.

Fue entonces cuando me explicó que todo dependía de conseguir alterar los números con unos ingresos nuevos, de no dejar a mi marido y su sueldo, que el me avisaría cuando mi marido quisiera traspasar dinero de una cuenta a otra, etc… yo le expliqué que no tenia posibilidades de aumentar mis ingresos y el me dijo que de eso podríamos hablar pero no en su despacho, que tenia oídos (no se a que se refería, supongo que todo era una excusa para quedar).

Por la tarde quedamos en un Pub cercano a las Ramblas de Barcelona, muy coqueto y muy intimo, pero muy caro.

Él me explicó que entendía mi posición porque él también estaba casado y su matrimonio hacia años que estaba muerto, y me explico muchas cosas más para justificar lo que al final quería proponerme.

Empezó pidiéndome que no me ofendiera por lo que iba a proponerme, y me contó que el tenia una amante que lo había dejado hacia tres meses, por razones que ahora no venían a cuento, y que no tenia tiempo ni ganas de empezar a buscar de nuevo. Que cuando me vio entrar en su despacho, se dio cuenta que yo daba el perfil perfecto para serlo, pero que no sabia como proponerlo, porque no sabia cual era mi circunstancia en la vida, etc, etc, etc,

En definitiva, y para abreviar, que si quería ser su amante, el podia financiar parte de mi deuda, a parte de proponer una nueva clausula en el contrato de deuda.

No sabía como tomármelo, mi marido era el único hombre hasta aquel momento, y aunque mi cuerpo me decía una cosa, mi cerebro me decía otra… con lo cual me pedí unos minutos para ir al lavabo; baje una escaleras y me encontré tres puertas franqueadas por una señora de bastante edad, con un platillo con monedas en una mesita, que me sonrió y me indicó cual era el de mujeres aunque ya estaba bien rotulado.

El lavabo era casi tan grande como mi piso y mejor decorado, y lo que si que es seguro es que era más lujoso con tonos beige, mármol de carraza, grifería preciosa, y espejos por todos lados.

Me senté en el inodoro, y me puse a meditar sobre la propuesta. Estaba hecha un lio, pero había decidido coger la riendas de mi vida, y ahora se me ofrecía una oportunidad de oro, pero plagada de incógnitas y no sabía como afrontarlo, ni que camino tomar; me mantuve sentada en el inodoro más tiempo del necesario. Salí del lavabo, y al saludar a aquella señora que los franqueaba, me pregunte si ella había tenido un oportunidad como la mía, o si yo acabaría algún día como ella.

Cuando llegue de nuevo al rincón del Pub donde estaba Guillermo y las copas, le dije, no sin nervios, que me ampliara la propuesta; a él se le abrieron los ojos como platos y empezó a explicarme.

Me sorprendió reconocer a un alma gemela similar a la mía, pero en hombre; me explico que era muy exigente en el sexo, que su forma de entender el sexo no era normal, era un hombre abierto y liberal, que llevaba practicando el sexo desde los 14 años, y había ido creciendo su forma de entender el sexo al mismo tiempo que avanzaba en edad.

Había conocido a cientos de mujeres con las que había practicado sexo, no amor, y de cada una de ellas había aprendido alguna cosa.

Cada vez y a medida que hablaba y hablaba, Guillermo me gustaba más, sintonizaba con él en su forma de ser, en su forma de entender la vida, en su forma de hablar sin justificarse, en su forma de hacerte entender que le interesabas, pero sin decírtelo, y eso me tenia nerviosa perdida.

Ahora a sus 55 años ya no tenia la potencia que tenia a los 35, pero tenia muy claro lo que buscaba, una mujer abierta, y sincera, que le gustase el sexo en todas sus variantes, y que no tuviera miedo a experimentar. Una mujer que estuviera dispuesta a hacer cualquier cosa por hacer feliz a su hombre, consciente de que si lo hacia feliz a él, se hacían felices los dos, mutuamente.

Lo deje hablar sin pedir explicaciones, solo lo escuchaba, pero una hora más tarde, tenía claro que a partir de ahora sería su putita, y aunque él no lo expuso en estos términos, yo si que tenía claro que quería probar, que quería serlo.

Tres cocteles más tarde, el me espetó: - ¿alguna pregunta?- yo podía haber hecho lo que se explica en los cursos de negociación, esperar, hacerte la interesante, parecer que tienes dudas para mejorar el contrato… pero no, no lo hice, simplemente le respondí - ¿Cuándo quieres empezar?

- Por mi ahora mismo.

- ¿Ahora mismo? ¿Aquí?, -dije sonriéndole.

- Solo si eres esa mujer atrevida que estoy buscando.

- Ok. De acuerdo. Estaba claro que los tres cocteles me ayudaban a parecer más segura de lo que estaba.

Guillermo se levantó, y cogiéndome de la mano me hizo levantar llevándome hasta la escalera que daba acceso a los baños. Por suerte a aquella hora no había mucha gente en el Pub, solo un par de parejas acarameladas en sus cosas y los dos camareros, que al pasar nosotros miraron en dirección contraria.

Cuando llegamos delante de la señora que guardaba las puertas, Guillermo sacó un billete de 50 euros de su bolsillo y lo depositó encima de la bandejita de las propinas, billete que la señora después de darnos una sonrisa de satisfacción, hizo desparecer rápidamente en el interior de su manga.

Continuara...