El ronroneo de la pantera.
La noche no ha terminado, pero el deseo ya ha despertado a la bestia interior. Entre ronroneos y piel al aire, la terraza se convierte en el escenario de un juego donde los límites se difuminan y el placer se vuelve un acto de rendición total.
EL RONRONEO DE LA PANTERA.
La gata miraba con arrobo mi posición sumisa en la cama. Yo no podía hablar. La sesión de sexo había sido espectacular, le había notado excitada y caliente como nunca. Aunque no se atrevió a azotarme, cuando lo hizo Andy sí que se excitó y le vi cómo se relamía, como abría los ojos al oír cómo caía la fusta sobre mi piel.
Levante la cabeza y le guiñe un ojo, me quito la bola.
- Gatita, ha sido fantástico. Eres una despiadada, no me dejaste nada de jamón.
- Serás cabrón jajajajajaj
- Podías pedir otra ración, ¿igual viene la morenita?
- Eres un cerdo y no tienes ningún remilgo.
- Marielaaaa por favor, suéltame y pide el jamón.
- Podías sacarme a cenar.
- Podía, bien dices, pero habrás de ganártelo.
Mientras Mariela pedía el jamón, yo pasé por la ducha, una ducha rápida y salí con el albornoz. Mariela estaba en la terraza, fumando uno de sus cigarrillos. Me acerque sigiloso por detrás y con mis manos abrace sus pechos. Acaricie sin prisas esos pezones que me volvían loco, haciendo que se pusieran bien duritos y bien tiesos. Besaba su cuello mientras ella se dejaba hacer, ronroneando en la terraza. Le saque el albornoz por los brazos y quedó desnuda en la terraza. Baje besando su espalda hasta llegar a su culito. Mi lengua revoltosa se acercó a su agujerito. Lo abrí con mis manos y colé mi lengua en él. La punta de mi lengua lo recorrió, lo lamió, lo succiono y se adentró en él. Mi mano recorrió sus caderas hasta encontrar su clítoris duro y sobresaliente. Lo acaricie mientras mi lengua entraba y salía de su culito. Mariela se agarraba con fuerza a la barandilla.
- Cabrooon, sooos un cabrooon.
Le di la vuelta, ahora mi lengua marcaba su clítoris y mis dedos su ano. Lamí con gula tan preciado tesoro, no tenía prisa. Mi dedo entró sin ninguna dificultad en su orto, lo que me llevó a meter otro más. Los movía muy lento, notando como las piernas de Mariela seguían el movimiento de mis dedos. Absorbí su clítoris mientras mi lengua incansable repasaba con rapidez su clítoris.
Mariela sujeto con fuerza mi cabeza, abrió sus piernas y me presiono contra su sexo a la vez que mi boca era llenada con sus jugos. Le mire a los ojos, eran una centella, sus pezones ya eran como mi dedo meñique y sus abultados labios temblaban.
- Tienes que follarme, follame ya, jodeeer...
Le di la vuelta, apoyé sus manos sobre la repisa de la terraza, me acerqué a su oído.
- Te voy a reventar gatita.
Le metí mi polla, solo la punta, sentía como sus labios abrazaban mi capullo, como su coño lo quería dentro. Mi polla iba muy lenta, cabeza adelante, cabeza hacia atrás. Así sin ninguna prisa. Mariela echaba su culo hacia atrás buscando una penetración más profunda. Yo no le dejaba avanzar, mis manos en sus caderas se lo impedían.
- Vamos, mi macho cabrío, vamos hasta dentro, hasta el final.
- La quieres dentro, muy dentro.
- Siiiiiiiiiii
Mi polla acompañó cada "I" de esa aseveración. Entre en ella muy lento, notando como las paredes de su coño me oprimían y como su culito se echaba hacia atrás, buscando toda mi largura. Me introduje lento y así estuve un buen rato, muy lento, dentro, fuera, dentro, fuera. Mariela gemía, se retorcía, se agarraba con fuerza a la baranda del balcón. Echo con fuerza su culo hacia atrás e introdujo toda mi polla en su coño.
- Vamos, dame fuerte, muy fuerte.
Aun a sabiendas que aquello sería mi perdición, le di fuerte, muy fuerte, sujeto a sus caderas. No duré mucho, poco más de un minuto y me derramé en ella a la vez que notaba mis pies mojados.
- Jodeeer gatita, jodeeer.
- Hoy fuiste mi macho, más cabrío que nunca.
Respiramos sentados en el sofá. Y le comenté al oído mientras apretaba su pezón.
- te gustaría que fuese Andy la que trajese el jamón.
- ¿Qué estás pensando cabrón?
- En atarte bien expuesta en una silla y hacer que te coma el coño. Ahora lo tienes relleno de crema.
- Eres un cerdo depravado, pero joder como me gusta.
Cuando terminó el cigarro le besé, le senté en la silla y até sus manos a la espalda y sus piernas bien abiertas, a las patas de la silla. Le acaricie el coñito y los pechos. Mi polla ya tenía vida propia. Lamí sus labios mientras le mordía suave y metía mi dedo índice dentro de su coño. La pantera gemía, tenía los ojos vidriosos y los labios abultados. Los pezones cada vez más duros me pedían que los pellizcase. Mientras mi mano acariciaba su coñito, esta vez sin entrar solo sus labios, notando su humedad y la mía. Mi otra mano pellizcaba suave un pezón.
- Cabrón, ya me tienes chorreando otra vez.
En estas estaba cuando llamaron a la puerta. Era Andy, habíamos tenido suerte.
- Pasa chiquilla, pasa.
Andy atravesó el pequeño recibidor y se quedó parada delante de Mariela.
- ¿te gusta lo que ves?
- Me encanta señor. Que coñito tan lindo tan húmedo, tan apetecible y ¿esos pezones?
- Antes me has azotado, me ha gustado mucho, sobre todo por ver vuestra excitación. Quítate los pantalones y - - cómele el coño a Mariela.
- ¿ perooooseñoooor. Yoooo?
- Venga lo estas deseando. Yo te ayudaré con la fusta, tienes cinco minutos para que se corra, si lo consigues te follare, si no lo consigues, te azotare.
La muchacha se quitó los pantalones, dejando ver una minúscula tanga de hilo que apenas tapaba los abultados labios de su coñito. Se postro ante el sexo de Mariela y acaricio sus pezones. El coño de Mariela brillaba, por su humedad y mi corrida que ya se asomaba entre sus labios, estaba muy mojada. Se miraron a los ojos, ahí en tan reducido espacio había dos hembras poderosas, que emanaban sensualidad por cada poro de su piel. Andy abrió los labios de Mariela y lamio su coñito de abajo arriba, recogiendo todos los jugos. Mariela tembló sobre la silla y gimió.
- Jodeerniñaa, menuda lengua.
Andy continuó su lento lamer sobre el coñito de Mariela. Sorbía de él generando pequeños ruiditos que hacían que Mariela se estremeciera una y otra vez. Mientras yo acariciaba su culo con la fusta. Ver este potente culo en pompa y oír los gemidos de Mariela, tenían mi polla dura como una roca.
- Sigue así Andy, sigueeee, no pareeees, no pareees. Hummmjodeeersiiiiiiiiiii
Mientras Mariela llenaba con sus jugos la cara de Andy, esta me miró y apartó la tira del hilo de su tanga. Me agaché entre sus piernas, sujeté fuerte sus caderas e introduje mi polla en su encharcado coñito.
- Asiiiilleneme entera y demeeeeefuerteeee, muy fuerte.
Bombee sobre su coño unas pocas veces, entrando y saliendo de él hasta conseguir que mi polla se cubriera con sus jugos. Sujete sus muñecas, estire su cuerpo, acomode su cabeza en el coñito de Mariela y empecé un fuerte bombeo, fuerte, muy fuerte. Mientras le daba con fuerza, Andy lamia el coño de Mariela. Ese enloquecido ritmo no me iba a durar mucho. Cuando sentí mi polla bañada por los jugos de Andy, me dejé ir llenando su coñito con mi semen.
- Jodeeer que bueno señor que bueno.
Yo no podía hablar, no tenía resuello.
- Señores tengo que irme, ha sido un placer.
- Te dejaré en la recepción mi número de teléfono por si te apetece tener un encuentro más duradero.
- Sos un cerdo depravado, pero me encanta. ¿me vas a llevar a cenar?
- ¿Te lo has ganado?
- ¿Tienes alguna duda?
- Jajaja, una ducha y nos vamos.
Salimos a cenar por las cercanías del hotel, tomamos una copa en uno de los bares que había al lado del hotel. Estuvimos hablando de estos días y de cómo nos gusta recrearnos en nuestros propios cuerpos. Yo acariciaba su pierna que estaba desnuda bajo el vestido. Le miraba a los ojos mientras mi mano ascendía por esa dulce y suave piel. Hasta llegar a su depilado coñito, que ya estaba encharcado otra vez. Metí una falange de mi dedo dentro y mirándole a los ojos, le dije.
- ¿ qué hacemos aquí?
- ¿Sos imparable, vos siempre tenés ganas?
- Siempre y con una hembra como tú, más. Tengo ganas de follarte.
- ¿Pero si terminaste recién??
- Por eso, me diste ganas de más.
Salimos del restaurante camino del hotel. Mis manos en sus caderas que de vez en cuando bajaban por su cuerpo hasta acariciar su culo.
- Me tienes todo el día empalmado. (Esas pastillas azules eran mi mejor amigo)
Llegamos al hotel y ya en el ascensor acaricie sus pechos mientras besaba su boca.
- Te voy a hacer el amor gatita, me gusta tu ronroneo ¿aparecerá la pantera?
- Búscala.
Nos acercamos a la habitación del hotel. Abrí la puerta le deje pasar y sin mediar palabra le apoyé contra la pared, metí mi mano bajo su falda y tiré de su culo hacia mí. Acaricie sin prisa sus tetas mientras restregaba mi polla por tu duro culo.
- Te voy a poner los ojos en blanco.
- Siiiiii, dame fuerte.
Sujetando tu mano te lleve a la cama, te tumbe y metí mi cabeza entre tus piernas. Empecé a lamer tu coño lento, con la punta de mi lengua.
- Dame pija, la quiero en mi boca.
Me coloqué encima de tu boca, sacaste mi polla del pantalón y lo tiraste lejos. Mientras sorbía tus jugos, tu metiste mi polla hasta tu garganta. Me giré sobre mí mismo para dejarte encima de mí. Coloqué una almohada bajo mi cabeza y me dispuse a comerte el coñito, suave y sin prisas. Titilaba tu clítoris, con mi lengua, sorbia tu clítoris, lo cubría y volvía a pasar mi lengua por él.
Tu metías mi polla en tu boca, cubriéndola con tus labios y lamiendo mi capullo. La llevabas a tu garganta y dabas pequeñas arcadas.
Mi lengua seguía inexorable horadando tu botoncito del placer. Tus piernas temblaron, tu coñito boto una y otra vez sobre mi boca. Gemiste, te retiraste de mí. Respirabas con dificultad mientras acariciaba tu culito.
- Follame, follame sin piedad.
- No, te follaras tú, te encanto montarme, quiero ver a la pantera.
Me levanté de la cama, me senté en una silla y sujeté mi polla por la base. Te mire a los ojos. Te levantaste de la cama. Te acercaste, pusiste tus manos alrededor de mi cuello. Tus ojos vidriosos me miraron. Te reíste. Bajaste tu mano hasta la base de mi polla y la pusiste a la entrada de tu coño. Tu boca se abría cada vez más, a la vez que mi polla cada vez conquistaba más terreno en tu sexo.
- Vamos gatita, ya soy tuyo.
Clavando tus pies en el suelo empezaste a subir por mi cuerpo, metiendo y sacando mi polla de él. Parabas para besarme mientras hacías círculos sobre mi polla y volvías a subir y bajar. Me apretabas la polla con tu coño y sonreías. Te meneabas sobre mi polla hasta que empezaste a saltar sobre ella con fuerza, con ganas, con un brío inusitado, que terminó cuando mi polla y mis piernas fueron bañadas con tus jugos. Te mire a los ojos, desencajados casi en blanco, la mirada perdida. Te sujete con fuerza, te levante y apoyando tu espalda contra la pared te di fuerte, muy fuerte hasta terminar los dos tirados en el suelo.
- ¿Joder gatita le quieres ahorrar una jubilación al estado? Casi me matas.
- Y tú a mí, tengo el coño en carne viva.
Te bese con pasión, te recogí entre mis brazos y te lleve a la cama.
Me gustó el ronroneo de la pantera. El sexo da para todo, solo hay que saber disfrutarlo.
Te reto a la despedida.
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