Yo me lo busqué - (Capítulo 27)
Julián cree que ha ganado la batalla para salvar su matrimonio volviéndose 'normales', pero Carmen y Jesús ya han iniciado su propio juego en la piscina. Cuando Raquel aparece con una propuesta de 'compensación', la barrera entre la reflexión y la lujuria se derrumba.
Capítulo 27
Al final no esperamos a que terminara la semana para irnos al Parador de Nerja y lo hicimos a media tarde del viernes, lo que supuso entre otras cosas que esa semana no asistiríamos a nuestra velada sexual de esa noche con nuestros amigos. La vuelta la teníamos programada para el sábado de la semana siguiente, lo que suponía que en la práctica nos perderíamos dos veladas seguidas.
Carmen iba contenta por un lado, teniendo en cuenta la perspectiva vacacional que teníamos por delante, aunque con un deje de tristeza por tener que perderse esos dos viernes con nuestros amigos, incluso lo llegamos a hablar entre nosotros, pero ambos decidimos que al final las fechas elegidas eran las mejores que podíamos coger, teniendo en cuenta que tampoco se trataba de restarle más días a las vacaciones que teníamos prevista para Septiembre.
Ya en pleno viaje ella fue la que sacó el asunto de Richard y los suyos, pudiendo detectar que aquello la tenía bastante preocupada. Otra vez trató de convencerme con los mismos argumentos con los que se postulaba últimamente, o sea, que si se acostaba con otros tres hombres cada viernes, porqué no lo iba a poder hacer con los otros cuatro. Esta vez ya tenía preparada una respuesta contundente para ese reiterativo planteamiento.
-Estoy de acuerdo contigo, cielo, tienes toda la razón y yo no soy quien para imponerte que folles con cuatro tíos cada viernes, incluyéndome a mí, sin permitir que lo hagas con los otros, por lo que si quieres a partir de ahora ya no asistiremos más a esos encuentros. ¿Te parece bien? -Le requerí una respuesta a mi planteamiento.
-Pero... no sé... no me esperaba esto...
Desde luego que con mi propuesta le acababa de dejar sin palabras y a partir de ahí los dos guardamos un largo silencio de más de 20 kilómetros de autovía, que del tiempo no tomé nota, pero sí tuve la suerte de haber controlado el cuenta-kilómetros del vehículo.
-¿Acaso lo has hablado con tus amigos? -Me preguntaba claramente si lo había comentado con Marcelo y Félix.
-No, cariño, ya te dije que durante esta semana debemos ejercer una gran reflexión sobre todo lo que nos está pasando últimamente. Creo que estamos sobrepasados en eso de tener sexo con otras personas, hasta el punto que más parece una adicción a una droga que a un deleite sexual.
-Pero es que tú lo que pretendes es que no tengamos sexo con nadie más. ¿Es eso no?
-Cariño, siempre podemos seguir con nuestra relación abierta, pero sin ningún tipo de compromiso que la haga habitual o repetitiva, lo que nos lleva a que ya ni apenas exista el deseado morbo que nos cumpla nuestras fantasías, a eso es a lo que mi mente se está rebelando últimamente.
Con gesto de preocupación los dos volvimos a guardar un prolongado silencio. Carmen no daba muestras de entenderme o al menos, parecía que no le gustaba lo que le decía. Yo no dejaba de observarla a través del espejo retrovisor, mientras ella palpaba a nuestra hija que al parecer habría que atenderla.
-Para cuando puedas, tengo que cambiarla y darle el pecho.
Ese requerimiento fue suficiente para olvidarnos de toda esa paranoia mental a la que le íbamos dando vueltas en nuestras seseras y nos bajásemos al mundo más real, como era el atender a nuestra hija que ya alargaba las manos para que su madre la cogiera en brazos.
Más tarde y una vez instalados en el parador, nos dimos un paseo hasta llegar al famoso mirador El Balcón de Europa que estaba repleto de gentes. Cerca de allí nos sentamos a cenar en una terraza donde Carmen no dejaba de ser admirada por muchos de los hombres que se encontraban por allí y es que sus exuberantes pechos parecían que no podían ser retenidos por tan generoso escote de su escueto vestido, más escueto si cabe cada vez que ella bruzaba las piernas y mostraba sus muslos tan largos y redondos. Para nada me atacaban los más mínimos celos, más bien me sentía orgulloso de ser la pareja de una mujer tan admirada por todos.
En esos momentos volví a tomar conciencia del amor que le profesaba a esta mujer que el azar puso en mi camino. Desde luego que había sido yo mismo el que procuró que nuestra relación fuese de lo más abierta desde un principio, pero... ¿Había desatado la lívido de una ninfómana? No estaba nada seguro de que ella pudiera cambiar la trayectoria que llevaba desde hacía más de un año. Sus encuentros con Richard y sus amigos a mis espaldas, las propias sesiones de sexo semanales, más algunos que otros encuentros entre semana con alguno de nuestros amigos o incluso con Basti y por último, con lo que nos estábamos encontrando con el matrimonio Dani y Mari, que de verdad eran los únicos con los que sentía ese morbo del que antes mencionaba como una pérdida.
Esa noche no tuvimos sexo, a pesar de que mi novia pretendía tenerlo, pero alegué que estaba cansado y que me dolía un poco la cabeza, para poder zanjar sus pretensiones. Quería conocer hasta cuanto era capaz de aguantar Carmen sin tener sexo, ese era un dato que me intrigaba desde hacía un buen tiempo.
Me levanté temprano para hacer un poco de footing y le di casi la vuelta al pueblo que de verdad es un municipio admirable. Regresé a tiempo para bañar a nuestra hija, desayunar en el magnífico bufé del parador y bajarnos un par de horas a la piscina.
Carmen se había puesto un bikini que de ser normal en cualquier mujer, en ella con su hermoso cuerpo era demasiado exuberante, sin quitarle mérito a lo guapa que se veía con el pequeño retoque que se dio antes de bajar. El día era espléndido y se apetecía el baño para refrescarnos y eso hicimos los dos mientras jugábamos con nuestra hija que lo disfrutaba a tope.
Cada vez que mi novia se iba a la ducha para refrescarse, las miradas de casi todos los hombres y algunas mujeres también, perseguían sus desplazamientos desde la hamaca a la ducha y viceversa, lo cual consideraba de lo más normal, pues yo también lo haría con una mujer como ella paseándose delante de mí. Creí que no se atrevería a sacarse el pecho sin más para amamantar a Belén, pero me equivoqué porque cuanto le tocaba la toma dejó una teta al aire para llevarlo a cabo. También es cierto que había un par de chavalas extranjeras muy bonitas haciendo topless, lo que en alguna manera la desinhibió al tomar esa decisión.
Esa noche decidimos cenar en el restaurante del parador, dando la casualidad que junto a nosotros había un matrimonio quizás algo más joven que también tenían un bebé de meses y entre las dos mujeres se inició un intercambio de información en cuanto a las bebés, que derivó en otro paralelo entre nosotros dos, así me enteré de que venían habitualmente cada verano a este parador, que vivían en La Rioja y que él estaba relacionado con una de las mejores bodegas del lugar. Eran Jesús y su mujer Raquel, que por cierto habían llegado ese mismo día al parador y también tenían previsto quedarse diez días, por lo que lógicamente coincidiríamos todos los días de nuestra estancia allí. Tampoco esa noche tuvimos sexo buscando yo una nueva excusa.
Al día siguiente tenía la intención de irnos a la playa de Burriana, justo debajo del parador a la que se accedía mediante un ascensor que se accionaba con una llave que nos entregaron en recepción.
Pero al parecer Carmen había quedado con Raquel para juntarnos nuevamente en la piscina, donde ellos ya nos esperaban para seguir con nuestras charlas intrascendentes, pero una hora más tarde nuestros interlocutores se habían cambiado, ahora yo hablaba con ella y mi novia se había ido a la piscina con él, muy contentos los dos por estar en la compañía del otro o de la otra y yo procurando seguir la conversación con Raquel, cosa harto difícil pues tenía puesto un oído para entenderla y un ojo para mirarla, intentando inútilmente poner la otra mitad de mis sentidos en conocer lo que pasaba justo a unos metros de nosotros. Solo podía ver como entre risas él la perseguía en sus huidas natatorias, intentando pero obviamente sin conseguirlo o sin quererlo conseguir, como él alcanzaba sus pies y volvían a estar juntos para continuar con sus risas, hasta que en una de esos retos nadando a brazas, Carmen consiguió refugiarse en una de las dos esquinas más hondas de la piscina y Jesús la retenía apoyando las manos a cada lado del poyete de esa esquina, aunque en su favor habría que decir que él no la estaba tocando... todavía.
La cuestión es que no tenía manera de entender qué era lo que me decía Raquel, ni tampoco qué era lo que estaba pasando o lo que podría pasar en la piscina entre mi novia y los juegos que se traía con Jesús.
-No le hagas caso, Julián, -me avisaba Raquel-, mi marido está siempre igual, es un poco infantil y siempre está jugando con todo el mundo.
Pues vaya si con esas palabras eliminaba todas mis preocupaciones, porque con la que estaba ejerciendo sus juegos de niños el muy capullo, era precisamente con mi novia. También debo aclarar que el juguetón de Jesús era muy parecido corporalmente a nuestro amigo Dani, cosa que tampoco aliviaba mis preocupaciones. Tampoco es que hubiese cualquier tipo de toqueteo entre ellos y un poco más tarde salían los dos riéndose hasta llegar a las hamacas. Tuve la prevención de echarle una mirada a la entrepierna de Jesús y la verdad es que no pude apreciar ningún tipo de bulto en su bañador.
La comida la hicimos en un chiringuito de la playa donde nos prepararon una estupenda paella y por supuesto nos pedimos dos espetos de sardinas. Ella me advirtió de que había quedado con nuestros amigos para cenar en el restaurante del parador que yo acepté sin ningún inconveniente.
-¿Lo has acordado con Jesús? -Le pregunté.
-Sí, -me confirmó de inmediato-, aunque él me dijo que a su esposa le gustaría quedar con nosotros.
-Es curioso lo parecido que es físicamente a Dani, ¿No te parece? -Quise conocer si a ella también le habría causado esa impresión.
-Sí, ahora que lo dices, sí que se parece físicamente como tú dices, solo que Dani es más guapo y su culito también es más perfecto, pero en el resto es verdad que son muy parecidos.
-Igual hasta tienen el mismo rabo entre las piernas. -Terminé por decirle con unas risas que ella secundó.
La cena fue muy amena entre nosotros cuatro, además de regada con un buen vino riojano que nos recomendó el propio Jesús. Luego nos fuimos a la cafetería que disponía de unos sofás estupendos para finalizar la velada tomando unas copas. Allí nuestras conversaciones fueron derivando a temas más personales, no tardando Carmen en decirles porqué se tuvo que venir a la ciudad después del abandono de su novio de entonces, la acogida de su prima y su esposo y cómo fue que nos conocimos al ser yo amigo de ellos. Raquel también nos relató que ellos se conocían desde siempre, al principio en el pueblo y luego en la capital cuando estudiaban en la universidad. Él acabó su carrera de enología y ella lo hizo dos años más tarde en la suya de Marketing. No fue hasta un año más tarde cuando comenzaron a salir formalmente, luego convivieron tres años y después se casaron.
Más tarde ya en la cama ella volvió a plantearme descaradamente una noche de sexo y tampoco estaba bien que la fuese retrasando por más tiempo, si bien, seguro que la dejé con ganas de más, pues solo hubo un polvo algo insulso, apenas sin decirnos nada durante el poco tiempo que duró hasta que los dos alcanzamos el clímax.
-¿Te pasa algo, cariño? Te noto poco entusiasta. -Me dijo mientras se subía de nuevo en la cama tras regresar del baño.
-No cielo, ya sabes que nuestra estancia aquí es solo para meditar sobre lo que nos está pasando últimamente e intentar buscar una solución a todo eso, es preocupación, mi amor, no falta de entusiasmo.
-Pues yo creo que todo está bien entre nosotros, no sé a qué vienen tantas elucubraciones, cariño, somos jóvenes y con muchas ganas de vivir. -Respondía ella a mis propuestas.
-Ya veo... -Intenté zanjar la conversación.
-¿Qué te parece Raquel? -Me espetó sin esperarlo-, es muy guapa y tiene un cuerpo espectacular.
-Sí, no se puede negar que está muy bien. -Le confirmé mi parecer.
-Y no nos conocemos de nada, vamos, que cuando nos marchemos, si te vi no me acuerdo. -No hacía falta que me dijera nada más para saber qué era lo que se le pasaba por la cabeza.
-¿Acaso es que estás pensando en acostarte con Jesús? -Le pregunté para ir al grano por la línea más directa posible.
-No, que va, cariño, ¿Cómo crees? -Casi me recriminó con su rápida respuesta.
-No sé, yo sí te veo muy entusiasta, sobre todo cuando estás cerca suya. Al parecer te ha caído muy bien, total que más daría, si ya casi te acuestas con todo el mundo ¿No? Sería uno más, por lo que no tendría mucha importancia y al final como tú dices, si te vi no me acuerdo.
-Estás muy raro, cielo... -Me decía mientras se volvía para darme la espalda negando con la cabeza.
Por la mañana volví a levantarme temprano para darme otra carrera alrededor del pueblo y esta vez lo hice sin los habituales auriculares, así tendría libre mi sesera para recapacitar un poco más sobre la idea que me ocupaba el pensamiento últimamente.
Desde luego que viéndolo desde el punto de vista de Carmen, llevaba mucha razón cuando me acusaba de falta de entusiasmo, porque esa era la consecuencia de mi estado de ánimo ante tantas propuestas de sexo. En casa casi no hablábamos de otra cosa que no fuesen las relaciones sexuales con nuestros amigos, Richard, los amigos de Richard y el matrimonio de Dani y Mari. Además tenía muy claro que Carmen no veía con malos ojos echar unos buenos polvos con Jesús, aunque para ello tuviera que ver como yo me acostaría con Raquel y mañana vete tú a saber con quien más se querría acostar, igual me pedía que la llevase a un club de intercambio... ¡Joder! No sabía qué hacer.
Lo último que deseaba era volver a separarme de ella por no poder seguirle la marcha. Tendría que hablarlo con ella, sí eso era, hablar y hablar hasta llegar a conocer cuáles eran sus pretensiones, igual es que yo no lo tenía claro y me estaba montando una película sin venir a cuento. Esa misma tarde después de comer la follaría como nunca en plan guarro y luego le plantearía que ese debería ser el camino que tendríamos que tomar en adelante, buen sexo entre nosotros y nada de follar con todos los demás... Bueno, lo de Dani y Mari tendría un punto y aparte, pues acabábamos de empezar con ellos... ¡Coño! Si ya estaba de nuevo en el parador.
-Hola mi amor, -la saludé dándole un pico nada más entrar en la habitación-, me doy una ducha y bajamos a desayunar.
Ella estaba terminando de arreglar a Belén que estaba muy contenta por la carantoña que le acababa de hacer. Me reía interiormente por la cara que se le había quedado a mi novia después de la buena disposición con la que me vio entrar.
Durante el desayuno dio la casualidad, -o al menos así creía yo-, de que nos volvimos a encontrar con nuestros amigos y antes de que pudiera intervenir ya habían convenido nuestras mujeres en quedar un rato más tarde en la piscina, jodiéndome el día de playa que yo planeaba para ese día. Carmen estuvo muy simpática con Raquel y algo más seria con Jesús, pero me parecía que esa seriedad era más bien un disimulo, para no dar a conocer la atracción que él ejercía en mi novia. No quise esquivar esa impresión que me daban sus modales para con nuestro matrimonio amigo y una vez que subimos a la habitación, no dudé en hablar con ella.
-Cariño, sentémonos aquí en en la cama porque necesito hablar contigo de todo esto que se me pasa por la cabeza. -Le advertí para que supiera que aquella no iba a ser una conversación intrascendente.
Ella se acababa de poner el bikini para bajar a la piscina y enseguida se sentó a mi lado apoyada contra el cabecero de la cama.
-¿Has meditado ya sobre lo que te está ocurriendo? -Me preguntó.
-Bueno, más bien se trata de lo que nos ocurre a los dos, como sabes mi preocupación viene por la injerencia del tema sexo en nuestras relaciones cotidianas. Carmen, cielo, es que no paramos de hablar siempre de lo mismo y no quiero echarle la culpa a ninguno de los dos en concreto, pero tenemos que detener todo ésto de aquí en adelante. ¿Has pensado tú en lo que podríamos hacer para solucionarlo?
-Julián, cariño, ya te he dicho varias veces que si tú quieres que nos convirtamos en una pareja normal, como la mayoría de este mundo, yo estoy dispuesta a renunciar a todo y centrarme únicamente en nuestra relación.
-¿Y cuanto tiempo aguantarías de esa manera? -Quise conocer su opinión.
-Hasta que tú decidas proponerme que volvamos a tener sexo con otras personas. Sabes que por mi parte estaría encantada. -Me respondió casi sin pensarlo.
No sabía si aquello que en verdad ella ya me había expresado desde hacía tiempo, sería capaz de llevarlo a cabo y tener la fuerza de voluntad para mantenerlo, pero era mi oportunidad de poner freno de una vez a esa vorágine de sexo que nos acuciaba últimamente.
-¿Lo intentamos entonces? -Le propuse de inmediato.
A Carmen se le quedó la misma expresión de incredulidad en su rostro como la que puso cuando veníamos de viaje, como si lo último que esperaba era que yo aceptase su propuesta sin más, sabiendo lo que conllevaba esa decisión. Es que pasar a ser una pareja normal como ella decía significaba que se acabaron nuestros encuentros de todos los viernes, que tampoco podría tener relaciones sexuales con Richard y los otros tres. Pero lo más increíble es que también se terminaría lo que acabábamos de empezar con el matrimonio de Dani y Mari.
-¿Lo has hablado ya con Félix y Marcelo? -Fue la primera gran duda que quiso resolver.
-No, cielo, solo hablé con ellos la tarde que vino tu novio a follarte, aunque lo único que les expuse fue lo mal que me sentía dándote permiso para que él viniera a casa a disfrutar de tu cuerpo... y en algunas ocasiones a comerse una paella. -Terminé mi explicación con esa pequeña broma.
Me sentía contento o más bien eufórico ante el cariz que tomaban los acontecimientos. Nosotros íbamos a ser una pareja normal, ¡Increíble!
-No quiero que pienses que vas a tener menos actividad sexual en adelante, mi amor, piensa en que a partir de ahora me vas a tener en exclusiva para ti.
Estaba claro que yo me aproveché de la propuesta que ella misma había hecho, pero sabía que solo fue un ardid por mi parte para considerar el asunto zanjado, sin embargo Carmen no había dado su aprobación a la solución que yo desencadené.
-Pero tú decías que si ocurría algo fuera de la rutina de los viernes, lo podríamos intentar o yo que sé, la verdad es que estoy muy liada ahora mismo, Julián, -malo era que se dirigiera a mí por mi nombre en lugar de un apelativo cariñoso-, deja que al menos le de vueltas a mis ideas y otro día te contesto, espero que yo también pueda pensarlo tranquilamente.
Ni siquiera esperó que le respondiera, más bien determinó que yo aceptaba su respuesta para otro día. luego terminó por incorporarse sin abandonar la seriedad de su cara y preparó a nuestro bebé, de modo que en unos minutos íbamos camino de la piscina donde seguramente nos estaría esperando nuestro matrimonio amigo. En esta ocasión con quien más habló fue con Raquel, sobre todo las dos en el agua donde mantuvieron una larga conversación, con momentos que parecían más trascendentes y otros menos, aunque sin abandonar Carmen su cara de disgusto.
¿Pero es que le estaría contando lo que habíamos acordado en la habitación? Parecía como si Raquel supiera ya lo que nosotros nos traíamos entre manos en cuestiones de sexo. Para colmo cuando llegó a la hamaca, cogió su móvil y me dijo que tenía que hablar con su prima Marta, cosa que me dejó ojiplático y el asunto se remató con la charla que mantuvo Raquel con su marido quedándome más aislado que nunca durante cerca de una hora, hasta que por fin mi novia se acercó a la piscina de niños, donde estábamos Belén y yo para llevarse a nuestra hija a las hamacas porque era la hora de su toma. Un poco más tarde subíamos de nuevo a la habitación a prepararnos para ir a comer a otro chiringuito que habíamos reservado en la playa, en esta ocasión iríamos solos gracias a Dios.
Curiosamente estuvo todo ese tiempo muy cariñosa conmigo, por lo que ya no sabía qué pensar, pues para nada sacó a relucir nuestro acuerdo, tampoco me aclaró lo que había platicado con su prima Marta por teléfono y su larga conversación en la piscina con Raquel.
Hacía bastante calor esa tarde, por lo que decidimos volver al parador y echar una siesta, pues allí se estaba muy fresquito. Asomados a la terraza vimos que en la piscina se encontraban nuevamente nuestros amigos con su hija y por señas nos pedían que nos reuniésemos con ellos y aunque Carmen estaba dispuesta a bajar, yo no tenía ganas de hacerlo.
-Ve tú cielo, -la animé-, yo prefiero quedarme aquí con Belén descansando. Igual bajo más tarde si veo que siento más calor.
-De acuerdo, me bajaré un rato y me llevaré el móvil para llamarte por si quieres que suba por algo.
Enseguida eligió el biquini negro, curiosamente el más atrevido según mi opinión, tanto en la parte de arriba como en la braga que dejaba más de la mitad de sus nalgas al descubierto. A las copas de ese sujetador no sé qué era lo que les ocurría que en cuanto ella se agachaba, se despegaban de su pecho permitiendo que cualquiera que estuviese delante de ella, podría divisarlos casi por entero, incluso en ocasiones hasta los propios pezones, así que esa tarde más de uno se iba a poner contento en la piscina.
Sin haberme movido de la butaca de la terraza, pude observar como mi novia llegaba hasta donde estaba el matrimonio amigo, a los que saludó muy alegremente con besos en las mejillas y la mano de Jesús apoyada en su cintura algunos segundos más de lo debido según mi parecer. Un poco más tarde Raquel comenzó a hablar por teléfono y él se incorporó de la hamaca pidiéndole a Carmen que hiciera lo propio, pues le alargaba una mano para tirar de ella y entre risas ambos se dieron una ducha y se metieron en la piscina en las que apenas habría cuatro o cinco personas.
Más por curiosidad que por cualquier otro motivo, desde luego no justificado, me quedé observándolos lo que iban a ser unos minutos, pues ya me estaba moviendo para irme un rato a la cama, cuando pude ver como empezaban a jugar de forma parecida a la ocasión anterior, o sea que él nadaba tras ella persiguiéndola hasta agarrarla por los pies y luego se reían mientras ella le daba palmaditas en el pecho, recriminándole que no la dejara dar más brazadas. Pero enseguida repetían la jugada y así lo hicieron unas cuantas veces, hasta que ella quedó pegada a la escalera que estaba en la parte más profunda de la piscina y él se cogía a la misma barra que ella agarraba, por lo que no tuvo más remedio que pegarse a mi novia, rodeándola con sus brazos y de camino pegándole toda la polla en el culo, -según pensaba yo-, sin que ella le reprochara nada por esa aproximación, más bien seguían riéndose los dos. Allí estuvieron bastante rato y solo dejaron la escalera cuando un señor mayor decidió utilizarla, luego siguieron hasta la parte que les cubría hasta el pecho, en esta ocasión solo braceando uno junto al otro sin perseguimientos ni otros juegos, quedando parados en el lateral que me pillaba más cerca, por lo que solo les podía ver las cabezas y los hombros sin enterarme qué era lo que hacían, aunque así tan juntos y con los brazos bajo el agua, después del numerito que se marcaron en la escalera, todas las dudas se me amontonaban en mis seseras.
Como no se movían de donde estaban, eché un vistazo a Raquel que en esos momentos guardaba su móvil y se dirigió a ese lateral de la piscina donde se encontraba su marido y Carmen. Lo que me dejó perplejo es que ella se sentó al borde de la misma, con sus pies dentro del agua comenzando a hablar con ellos muy divertida, mientras su marido sacaba las dos manos con las palmas hacia arriba, en un claro diálogo con el que le decía a su esposa que no estaba haciendo nada, pero ellos no se separaban y siguieron conversando alegremente según se podía ver por las risas que se traían entre ellos, aunque cualquiera que no los conociera creería que eran una pareja conversando con una amiga y la pareja lógicamente eran Carmen y Jesús y el papel de amiga recaía sobre Raquel. Lo que me mató fue que hubo un par de ocasiones en que él se sumergía delante de Carmen y luego ella hizo lo propio y no era una zambullida, ¡No, que va! Eran unas inmersiones de unos diez segundos en cada ocasión. En esos momentos el móvil de él comenzó a sonar y fue entonces cuando se acabó ese acercamiento y no sé que más, cuando Jesús dando un salto apoyado en el borde, logró salir fuera y con las manos intentando disimular un clarísimo empalme para todo aquel que no estuviese advertido de lo que allí pasaba, se dirigió a su hamaca, cogió su móvil y se dispuso a atender esa llamada. En la piscina Carmen recomponía claramente la posición correcta de su bikini y se dirigió a la escalera para irse también a las hamacas con aquel matrimonio amigo. En esos momentos echó una mirada a nuestra terraza pudiendo conectarnos ambos con la mirada y ella algo nerviosa terminó de secarse con su toalla y se despidió de Raquel para venirse conmigo.
Cuando entró a la habitación venía algo azorada y aunque trataba de hablar con soltura, sus palabras no engañaban a nadie sobre la preocupación que la embargaba.
-Bueno, ya estoy aquí... que buena estaba el agua... tenías que haber bajado con nosotros.
-Si hubiese bajado te habría cortado el rollo que te traías con tu amigo, -le dije sin más-, ¿Te ha gustado su polla?
Ella me miró muy enfadada y sin responder a mi pregunta se introdujo en el aseo y cerró la puerta. Ahora sí que me pareció bien echarme en la cama intentando descansar suponiendo que ella tardaría un buen rato en salir del baño. Así fue, pero cuando salió lo hizo más sosegada con una toalla cubriéndole el cuerpo y otra el pelo. Vista así, había que tener sangre de horchata para no abalanzarse sobre ella y echarle siete polvos seguidos, qué buena estaba mi novia, ¡Joder!
-Su polla es muy parecida a la de Dani, -me dijo sin mirarme a la cara, trasteando en el armario para elegir la ropa que se pondría esa tarde-, pero ni se la he tocado, solo la he podido ver bajo el agua y nada más.
-Pero eso lo habéis hecho delante de Raquel, ¿Qué pinta ella en todo eso?
-Son los dos, bueno, ella es bisexual y si una chica le cae bien, él puede intentar convencerla para que luego pueda tener algo con su esposa también.
-¿Y tú has superado la primera fase?
-Jesús lo está intentando y ahora ha sido ella la que me lo ha aclarado en la piscina. Después él quería que le viera la polla y me la ha enseñado dos veces bajo el agua. Yo a cambio le he mostrado las tetas. Lo demás han sido unos roces y nada más.
-¿Y cual sería mi papel si puede saberse? -Quise que me lo aclarara.
-No sería un trío, -me respondió de inmediato-, en nuestro caso Raquel no tendría problemas en follar también contigo, ya te he dicho que es bisexual, no lesbiana.
Ella parecía que daba la aclaración por terminada, mientras frente a mí se despojaba de la toalla que le cubría el cuerpo y se sentaba en la silla del escritorio para colocarse el pequeñísimo tanga que había elegido para esa tarde y yo no quise seguir enfrentándola por lo ocurrido en la piscina con Jesús y levanté mi pierna izquierda intentando ocultar el empalme que me estaba incordiando.
-Me voy a dar una ducha yo también y nos vamos a dar un paseo por el pueblo. ¿Te parece?
Ella asentía mientras se incorporaba para subirse el tanguita y dedicarme unos altibajos de tetas de mucho cuidado. Por supuesto que el bulto en mis bóxer no le pasó inadvertido.
Estábamos en una tienda de ropa donde Carmen trataba de decidirse por algunas prendas a las que le había echado el ojo, cuando en una de las ocasiones en las que me acerqué al probador requerido por ella me lo soltó.
-No te he preguntado si a ti te gusta Raquel, es muy guapa ¿Verdad? Se parece un poco a mi prima Marta.
-Sí, está muy bien, pero tendremos que tener en cuenta que ya podríamos ser una pareja normal tal como hablamos, pendiente solo de tu aprobación.
Solo me ofreció una sonrisa por toda respuesta, seguro que estaba pensando en que eso de ser una pareja normal tendría que ser debatido nuevamente entre nosotros, pero mucho más a fondo.
Pero no tuvimos tiempo para tratar de aclarar nada más, porque esa noche ya estábamos comprometidos con nuestros amigos para cenar juntos en el parador y luego como siempre, tomarnos unas copas en la cafetería. Raquel estuvo muy volcada conmigo durante toda la noche, pues no dejaba de apoyar su mano en la mía cuando se dirigía a mí, o bien lo hacía sobre el muslo de mi pierna, cuando en esa cafetería procuró sentarse a mi lado. Algo parecido ocurría entre Carmen y Jesús. Luego consiguieron que les acompañáramos a tomarnos la última copa en su habitación, que además era una suite.
-Supongo que Carmen te habrá aclarado nuestro rol dentro de lo que es nuestro relación matrimonial. -Me aseguraba Raquel, pues no era una pregunta.
-Sí, le respondí, ella me lo ha contado y he podido comprobar con mis propios ojos que Jesús ya ha comenzado a poner en marcha su papel.
-Nosotros estamos seguros de que por parte de tu novia no habría ninguna pega, ¿No? -se dirigió ahora a Carmen que en esos momentos daba un sorbo a su refresco mientras me dirigía una intensa mirada, evitando de esa manera tener que responderle.
-Supongo que tú también le habrás dicho porqué hemos decidido pasar unos días aquí, -me dirigía ahora también a Carmen-, además de que hemos llegado un principio de acuerdo para poder continuar con nuestra relación, como una pareja normal, vamos manteniendo sexo solo entre nosotros.
Ahora Carmen no podía volver a escabullirse sin ofrecer una respuesta, en este caso una confirmación de lo que acababa de decir.
-Claro que se lo he dicho a Raquel. Precisamente se lo dije ayer mismo después de que nosotros lo hubiésemos discutido, pero cariño, yo quiero retomar contigo ese posible acuerdo, de veras Julián que lo considero muy drástico después de todo lo que hemos vivido desde que formalizamos nuestra relación, pero creo que lo debemos hacer en privado solo nosotros dos.
Si mi novia quería retomar la discusión del acuerdo sobre convertirnos en pareja normal, desde luego que no lo íbamos a hacer en presencia de este matrimonio amigo.
-Llevas razón, cariño, eso debemos hacerlo privadamente y ya te digo que estoy abierto a negociar contigo tus nuevas propuestas, para eso hemos venido aquí.
Belén necesitaba su última toma antes de irnos a dormir y Carmen quiso hacerlo en nuestra habitación, pues ya era un poco tarde.
-Esperar, no os vayáis todavía, -nos pidió Raquel-, como sabes mi marido le ha mostrado su falo a Carmen y ella le ha correspondido enseñándole sus tetas y yo quiero una compensación.
-¿Qué compensación? -Pregunté yo algo desconcertado.
-Ellos se van a la terraza a ver el paisaje y yo te enseño solo a ti mis tetas y tú me muestras tu pollón, que ya me ha comentado Carmen lo que llevas entre las piernas y quiero verlo.
No tuve más remedio que soltar una carcajada con la que liberaba la tensión que habíamos vivido hacía unos momentos, al tiempo que negaba con la cabeza mirando a mi novia a ver qué decía ella. Pero Carmen me acompañaba de las risas y cogiendo de la mano a Jesús, se lo llevó a la terraza sin esperar a mi consentimiento. Raquel fue tras ellos para echar las cortinas y que no pudieran ver qué hacíamos nosotros y luego regresaba al sofá mientras se iba soltando los botones de las tiras que sujetaban el mono blanco que llevaba puesto. Sus tetas quedaron en un pispás al aire para que yo las pudiera disfrutar todo lo que quisiera, aunque solo fuera verlas así al natural. La verdad es que eran preciosas o quizás voluptuosas, no sé definirlas con más exactitud.
-Puedes tocármelas todo lo que quieras, ya te he dicho que quiero una compensación.
O sea, que además de mostrárselas en la piscina el cabrón de Jesús se las sobó todo lo que quiso, ¡Menudo hijo de puta!
Entonces me acerqué a ella, la agarré por la cintura con una mano al tiempo que llevaba la otra a masajear sus tetas y no contento con eso me permití chuparle los pezones y darle un beso en los labios, ya que estábamos...
Pero ella no perdía el tiempo y ya me estaba abriendo el cinturón, me bajó la cremallera del pantalón y bajó al unísono mis pantalones y el bóxer.
-Por eso he preferido empezar yo, -me dijo-, porque quería ver este pollón en todo su esplendor y como puedes ver, no me he equivocado. Qué buena polla tienes cabrón.
Por supuesto que me la agarró nada más tenerla a su disposición, comenzando de inmediato un meneo muy despacito con el que sobó todo mi rabo y los propios testículos. Después con un leve empujón me hizo perder el equilibrio, logrando que quedara sentado en el sofá, colocándose ella arrodillada entre mis piernas, luego cogió mi polla de nuevo por el tallo y acercando su cara me dio primero una lamida para atrapar un goterón transparente de preseminales y luego un chupetón de nada en la punta del glande.
-Ponla entre tus tetas. -Le ordené.
Antes de obedecerme quiso meterse más de la mitad de la polla en su boca, con sus manos apoyadas en sus muslos y en esa posición me la estuvo mamando casi un minuto y yo no sabía si Carmen y Jesús no estarían espiándonos de alguna forma, o en su lugar si no se habrían liado aprovechando que también estaban solos, aunque desde luego más expuestos a que los vieran otros clientes del parador. Luego me obedeció y sin tocarla más se agarró las tetas para rodear mi tronco y comenzó a hacerme una cubana o una rusa, que ya ni sé como se llama eso... lo que sí sé es que me estaba matando la muy puta.
-Yaaa... Raquel para por Dios, que no aguanto más y eso no toca, preciosa. -Le dije y ella paró de golpe, se incorporó y se volvió a cubrir las tetas y sin decirme nada se iba ya a abrir las cortinas.
¡Joder! Casi no me dio tiempo a incorporarme y subirme los pantalones y atareado como estaba en terminar de cerrar el cinturón y subirme la cremallera, no tuve oportunidad de ver qué estaban haciendo esos dos cabrones en la terraza, porque algo sí que hicieron teniendo en cuenta la cara de apuro que presentaba tanto la una como el otro.
Bajábamos en el ascensor con nuestra hija en un silencio absoluto, entramos a nuestra habitación y ella se dio una ducha mientras yo cambiaba a Belén, después yo también me duché cuando ella comenzaba a darle su toma y poco después estábamos durmiendo como marmotas.
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