Cuidado con lo que deseas - 2
Armando creía controlar su fantasía de cornudo, pero Noelia guarda secretos que van mucho más allá de una noche de pasión. Mientras tanto, en otra casa, Luis Miguel aprende que la obediencia no garantiza la libertad, sino solo una nueva forma de servidumbre.
El sonido de la alarma de su móvil sobresaltó a Armando, al punto de sacarlo de su apacible sueño.
Estiró la mano para alcanzar su teléfono que yacía en la mesa de noche y se apuró a apagar la alarma y con eso, la habitación quedó en completo silencio.
Se giró hasta quedar boca arriba y así mirando el techo se puso a reflexionar y a recordar sobre lo acontecido la noche anterior, sobre como Noelia se había llevado su sexy vestido verde de una sola pieza al que sería el primer encuentro que lo volvería un cornudo.
Aunque ya estaba en la vía de cumplir su fantasía, ahora que lo había logrado el sabor en su boca de su victoria le sabía un poco agridulce. Por una parte que se hubiera cumplido su fantasía lo ponía a mil, como lo evidenciaba que su polla se estaba poniendo dura al imaginar a Noelia con otro hombre, pero por el otro lado, el saber que ella había quedado con Mauricio su ex, un tipo que según le había contado un primo de Noelia, durante todo el tiempo que había durado su relación la había tratado mal, por lo que el hecho de que esta lo hubiera elegido como la primera persona para ponerle el cuerno, aunque en un primer momento le pareció que lo había hecho para tener esa intimidad con alguien conocido, ahora que lo pensaba con la cabeza fría le dolía y lo molestaba un poco.
Pero lo que era un poquito peor, es que había aceptado en sus condiciones a esperar a que Noelia quisiera contarle de sus aventuras para saber qué había pasado en casa del tal Mauricio, por lo que de momento solo podía esperar lo mejor. Y eso era lo que haría, considerando que en ese momento su hermosa novia se hallaba durmiendo a su lado. Con cuidado para no despertarla, le acarició el cabello, le dio un beso en la frente y la dejó seguir durmiendo.
***
La alarma despertador en el teléfono de Noelia sonó a las nueve de la mañana. La muchacha abrió los ojos y estiró la mano para tomar su dispositivo y silenciarlo. Se estiró y ya un poco más despierta, miró en la habitación y vio que estaba sola, ni rastro de Armando, lo cual era normal ya que su novio tenía más cosas por hacer a diferencia de ella, desempleada y estudiante del tercer semestre de periodismo. Por tal motivo, si ella entraba tarde a la escuela se quedaba en casa a limpiar.
Aunque bueno, esa sería su rutina normal si no fuera porque en ese momento tenía lo que algunos llamaban “cruda moral”.
—Oh Dios, ¿cómo accedí a hacer eso? —se preguntó mientras unas lágrimas bajaban por sus mejillas.
No podía dejar de pensar en los cuernos que le había puesto a Armando, aunque hubieran sido consensuados, sino también no dejaba de recordar lo que había vivido con su ex, pero lo que era peor, era que al recordarlo se ponía increíblemente cachonda al punto de que casi en contra de su voluntad su mano empezaba a bajar a su sexo caliente con el objetivo de masturbarse y además, sentía en ella que quizá pronto ya no iba a ser capaz de follar con Armando.
Y eso la aterraba.
***
Mientras eso ocurría en el departamento de Armando y Noelia, al otro lado de la ciudad en la casa de Elena ocurría algo que no muchos sabían.
La hermana de Noelia se hallaba despidiendo a su esposo quien ya se iba a su trabajo. Como arquitecto de obras Luis su marido tenía que realizar viajes fuera de la ciudad cada tanto y ese día tocaba uno de esos viajes, por lo que se despidió de su mujer, de Luis Miguel su hijo así como Paco el amigo y vecino de este así como de Yolanda, la novia de su hijo.
Con las despedidas hechas, Luis salió de la casa y nada más cerrarse la puerta de la vivienda, tanto Elena como Yolanda saltaron a los brazos de Paco y empezaron a besarlo y acariciarlo como verdaderas hembras en celo. Claramente tenía que haber algo ahí aparte de que el muchacho era un negro de casi dos metros, para justificar ese comportamiento.
Por su parte, a Luis Miguel no le quedó de otra más que quedarse un momento mirando cabizbajo y con tristeza como las dos mujeres más importantes de su vida se encontraban usando básicamente el cuerpo de su vecino como un juguete para darse placer. Justo estaba pensando en mejor irse a su habitación para ya no tener que ver esa escena, cuando algo lo detuvo:
—Luismi, se bueno y prepara el desayuno para nosotros tres.
Luis Miguel bajó la cabeza y empezó a decir:
—S-sí, ahora mismo lo ha…
No alcanzó a decir algo más, porque su madre se había plantado enfrente de él y le había dado una sonora bofetada.
—Ten más respeto —dijo Elena notablemente molesta—. ¿Ya se te olvidó cómo debes dirigirte a mí y a tu novia?
Unas lágrimas bajaron por las mejillas de Luis Miguel y este respondió:
—Lo… lo siento ama Elena, lo siento ama Yolanda.
Elena dejó de mostrarse molesta, sonrió y dijo:
—Mucho mejor, ahora ve a hacer lo que se te ha ordenado y que sea rápido, ¿entendiste gusano?
Con la cabeza gacha, Luis Miguel respondió:
—Co-como ordene ama Elena.
Mientras iba a la cocina a preparar el desayuno, Luis Miguel cavilaba sobre un tema muy importante: simplemente no lo podía entender, ¿cómo era que su madre había cambiado tanto desde “aquel día”?
Había ocurrido hacía dos años, una noche ella le pilló viendo pornografía de dominación femenina, sumisos y cuernudos y tras eso, le obligó a confesar su fetiche, de ser sometido por una mujer fuerte y autoritaria y al oír eso, Elena como buena madre, decidió cumplir su deseo. Desde ese día ella fue autoritaria con él y empezó a entrenarlo en ese mundillo, y para acabar de complicar las cosas, cuando le presentó a su novia Yolanda, una niña buena al punto de todavía seguir siendo virgen a su edad, de alguna forma Elena se las había arreglado para convencerla de unirse a la fiesta y juntas empezaron a dominarlo y para más INRI, poco después invitaron a Paco, quien encantado aceptó follar con dos atractivas mujeres para aumentar la humillación de este. El negro había aceptado con facilidad pues, para horror de Luis Miguel, su madre tenía años engañando a su padre don él.
Luis Miguel se obligó a regresar al presente una vez terminó de preparar el desayuno, así que colocó lo que había preparado en tres bandejas diferentes e hizo malabares con ellas para llevarlas hasta los que bien que mal reconocía como sus amos, pero al llegar a la sala la vio vacía. Suspiró dándose cuenta de que ahora de seguro estarían en la recámara matrimonial de la casa, por lo que con mucho cuidado se puso en camino subiendo las escaleras al segundo piso y se dirigió a la puerta correcta y mientras se acercaba, oía ruidos que le indicaban qué se iba a encontrar y dicho y hecho: en la cama de sus padres estaba su madre junto con Yolanda, haciendo un candente trío junto con el imbécil de Paco.
Luis Miguel dejó las bandejas en una mesa y mientras lo hacía, no pudo evitar mirar con mejor detalle la escena, más específicamente, en las dos mujeres que estaban a cuatro patas y con el culo bien levantado tratando de ganarse el favor de su macho para ser folladas primero por el recto:
Su madre Elena que era de piel blanca, tenía el cabello negro largo que le llegaba cerca de las nalgas. Sus ojos eran azules como el mar, clara señal de que era hermana de Noelia. Y aunque tenía treinta y cinco años y era madre, conservaba su figura gracias a que le gustaba la natación, lo que le daba firmeza y dureza tanto a sus tetas como a sus nalgas, lo que iba bien con su metro y sesenta y cinco de altura.
En cambio, Yolanda su novia era pelirroja con el cabello por debajo de los hombros y ojos color avellana. Su cuerpo trabajado por el atletismo que le gustaba mucho, sumado a su metro ochenta de altura que la hacía más alta que Luis Miguel, le daban un aspecto impresionante. El muchacho puso especial interés en las nalgas y tetas de su novia, disfrutando mucho de la vista pues hasta antes de esa situación, solo había podido verlas en dos ocasiones.
—¡Oye estúpido! —escuchó que Paco lo llamaba con una voz gruesa y varonil, pero a la vez burlona— Deja de verle el culo a estas putas y ven a acá a hacer algo útil.
Con la cabeza gacha, Luis Miguel se acercó a la cama y una vez al lado del negro dijo:
—¿Qué-qué se le ofrece, mi señor?
Paco sonrió, mostrando la totalidad de sus dientes.
—Mete mi pija en el culo de alguna de esas putas.
Claramente Paco no había podido decidir a cuál de esas mujeres follarse primero y le había dado el “privilegio” a Luis Miguel de decidir.
Luis Miguel tragó saliva y miró el enorme mástil negro que a Paco le colgaba entre las piernas. Si bien esa cosa no iba a entrar en él, le daba asco la idea de tener que tocarlo, pero no tenía de otra. Agarró ese pedazo de carne sintiendo su calor y como palpitaba y lo apuntó al ano de Elena.
—Buena elección —dijo Paco visiblemente complacido—. Ahora deja a un verdadero semental coger a las hembras, ya te avisaremos si te necesitamos.
Y así, Luis Miguel se tuvo que retirar a una esquina de la habitación y limitarse a escuchar los gemidos de su madre y su novia, alabando el tamaño del negro, sus habilidades sexuales y suplicando por más verga dentro de sus agujeros.
***
No se le permitió salir de la habitación a Luis Miguel hasta que llegó el medio día y fue la hora de preparar el almuerzo.
En eso estaba cuando de repente vio bajar a Elena y a Yolanda por las escaleras, todavía desnudas y con algo de semen escurriendo por sus coños y cayendo al piso. Luis Miguel suspiró al saber que tendría que limpiar eso, pero eso no era lo importante: ya sabía qué le tocaba.
Las dos mujeres se sentaron en una silla con las piernas abiertas y Luis Miguel se acercó y se inclinó primero frente a Yolanda, enterrando su cara en su coño y empezó a lamerla, teniendo que limpiar el “desastre” que Paco había dejado ahí.
Mientras el muchacho realizaba su tarea, Yolanda habló:
—Te tengo una sorpresa: las dos estamos embarazadas de Paco.
El corazón de Luis Miguel se paró ante esa revelación, aunque no se atrevió a detener su tarea. Mientras le acariciaba la mejilla, Yolanda continuó:
—Pero ni de chiste creas que Paco cargará con la responsabilidad. Tú vas a aceptar la responsabilidad de mi hijo y tendrás que ayudar a tu madre a convencer al imbécil de tu padre que el hijo que ahora lleva en el vientre es de él. Y como recompensa, te dejaremos beber un poco de nuestra leche una vez empecemos a lactar, ¿no te parece genial?
Ante esa horrible situación, Luis Miguel derramó una lágrima y respondió:
—Sí ama Yolanda —resignado a que aunque no le gustara del todo, esa era su fantasía haciéndose realidad.
***
En su lujoso departamento, Mauricio se encontraba hojeando una revista en la sala de su casa cuando un sonido eléctrico le notificó que un mensaje de texto le había llegado. Tomó su celular para abrir el mensaje y una sonrisa se dibujó en los labios del profesor al leerlo:
Paco
[¡Bro! Ambas putas están embarazadas de mi, ¡y están encantadas con eso! ¡Tu fórmula es increíble!]
Mauricio soltó una pequeña carcajada y respondió:
Mauricio
[Excelente mi alumno]
Para dejar de lado el teléfono y continuar con lo suyo.
Y mientras eso ocurría ahí, en su departamento Armando hostigaba a Noelia para que le contara qué había ocurrido en casa de Mauricio, pero la muchacha todavía se negaba a hablar, pues continuaba un poco atormentada.
AFTERWORDS: Este relato fue comisionado por el lector Albus y estuvo disponible desde el mes pasado como contenido exclusivo para mis mecenas en Patreon. Si también quieres contenido exclusivo o comisionarme un relato, considera apoyarme por allá. El link lo encuentras en mi perfil;D
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