Mi corrupción | Parte 1: El descubrimiento
Siempre creyó que conocía los límites de su cuerpo y su relación. Pero esa noche, con la mirada desafiante de Marco y la complicidad silenciosa de Adrián, descubrió que la sumisión no es algo que se elige, sino algo que se descubre cuando la vergüenza se mezcla con el placer.
Hola, me llamo Andrea y esta es la historia de cómo me convertí en una persona que jamás creí ser. Desde joven sentí que era una persona atrevida y aventurada, hasta que la vida me enseñó lo que era realmente el salirse de los límites de lo que pensaste que tenías permitido.
Todo esto empezó hace 1 año y esta es la historia a lo largo de ese año, pero quiero plasmarlo aquí como si lo contara mientras ocurría. Utilizaré esto como mi diario para desquitarme y, si alguien lo encuentra interesante, muy bien.
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Llevo con mi novio, Adrián, más de 10 años. Empezamos en la preparatoria y he sido feliz con él desde entonces, con sus altibajos como toda relación. No nos hemos casado porque jamás le hemos visto la necesidad. Con él he descubierto todo lo relacionado con el sexo, el cual siempre me ha parecido como algo fundamental en la relación; si bien no me considero una persona altamente sexual, soy ávida de satisfacer a mi novio y no recuerdo una sola vez que le haya dicho que no a algo que él deseaba experimentar.
Hasta el día de hoy, que me pidió experimentar un trío… con otro hombre. Específicamente, Marco, su primo.
Marco es un completo imbécil que encuentra placer en hacer de menos a las demás personas. Jamás he hablado mal de él con Adrián, después de todo son familia y no veo la necesidad de generar un conflicto en la relación por él. El tema es que, por malas suertes de la vida, Marco trabaja en la misma empresa que yo, y he tenido que aguantar por años sus actitudes prepotentes y la forma despectiva en que trata a las mujeres. Creo que para las mujeres más superficiales es alguien guapo, pero para mí, que la personalidad lo es todo, lo encuentro altamente despreciable.
- ¿Con Marco? No sé, Adrián, ¿No crees que será raro que sea alguien tan cercano y de tu familia?
- Justo por eso, Andy. No quisiera que fuera con cualquier desconocido. Marco y yo somos muy cercanos desde jóvenes y nos tenemos mucha confianza. Además, sé de antemano que le encantas.
Por supuesto que le encanto, ¿Cómo no le voy a encantar? Seré inocente, pero no tonta. Puedo ver a todo hombre deseándome con locura por la oficina y cada que salgo con Adrián. Incluso cuando no uso nada revelador, mi cintura y mis pechos destacan sobre cualquier vestimenta y sé que los amigos y no amigos de mi novio le tienen una gran envidia. Aunque siempre el primer cumplido de cualquier pasado de listo va sobre mi rostro. Tengo claro que tu primo, aunque sea un Don Juan que se acuesta con varias de la oficina, se moriría por ponerme un dedo encima.
- La verdad es que no lo sé. Luego tendría que verlo por la oficina como si nada.
- Vamos, es una experiencia nueva, que siempre nos sale muy bien.
- Mmm… mira, invítalo a cenar. Y si se da, se da. ¿Te parece?
Estuvo de acuerdo inmediatamente, sin saber que esa era una larga que yo le estaba dando. Por ningún motivo me acostaría con un patán como Marco, pero no me gusta darle negativas a Adrián cuando disfruto mucho de complacerlo.
La primera cena
Invitamos a Marco a cenar con nosotros, según Adrián, sobre el pretexto de convivir con la familia porque no habíamos podido pasar mucho tiempo los tres solos, sin el resto de la familia junta por alguna boda o aniversario nupcial.
El semblante de ambos primos es muy distinto. Adrián es delgado, un poco más alto que yo, de cabello corto y castaño obscuro, y rostro completamente rasurado. Marco es más fornido, algo más alto que mi novio, con el cabello castaño claro hasta el cuello, y barba. Para cualquiera que los viera, Marco daría una impresión de ser una persona más formal y confiable; poco sabrían que es la persona que llega a tu casa y va directo a tu refrigerador a tomar una cerveza o cualquier otra cosa sin preguntarte.
- Qué bien verte fuera de la oficina, Andy, se te ve aún mejor cuerpo en ese vestido que en la camisa y falda que llevas a la oficina. Tus piernas y pechos destacan aún más así.
Sí, esa clase de persona era Marco, alguien que diría un comentario así de la novia de su primo enfrente de él. Aunque es verdad que me vestí muy bien; quería hacerlo sufrir y que envidiara a Adrián en cada centímetro de mi piel blanca como la leche.
La noche continuó y tras cenar en el comedor nos movimos al sillón para seguir tomando vino, el cual, tras un par de horas de copas, nos volvió más altaneros a todos. Marco no paraba de mirarme lascivamente enfrente de Adrián, desde el sillón individual pero como si su primo no estuviera junto a mí.
- Deberías ir vestido así más por la vida, harías más feliz a la gente pasando por ahí.
- No sé. Así me gusta vestirme sólo cuando tengo calor. Y cuando Adrián me provoca más calor, hasta tengo que quitarme todo y quedarme en ropa interior.
No iba a permitir que ese imbécil se quedara feliz con su comentario.
- ¿De qué color es esa ropa interior? – Replicó el infeliz.
- Esa es información exclusiva para Adrián, querido.
- Según me contaron también podría averiguarlo esta noche.
Me giré y vi a Adrián con ojos de sorpresa. Habíamos dicho que tal vez podía pasar, pero era muy claro que sin contarle nada previo a Marco; para mí eso era muy importante dado que no tenía, en realidad, ninguna intención de que sucediera.
- ¡Perdón, amor! Le dije que era una posibilidad y ya, no te enojes. – Se disculpó falsamente Adrián.
- Sí, Andy, sólo me dijo que era una posibilidad. Además, estarás hermosa, pero se ve que no sabes trabajar lo que tienes, jajaja. – Rio maliciosamente.
- Pregúntale a tu primo si no sé lo que hago. Llevamos 10 años teniendo relaciones y aún se excita como la primera vez. – Dije en serio pero con una sonrisa.
- Con ese cuerpo, no lo dudo. Pero que sepas trabajarlo a él no significa que sepas trabajar herramientas de otro calibre. – Señaló su paquete tras tu comentario.
- Yo creo que tu primo está mejor equipado de lo que crees y que rogarías por tener lo que él tiene entre las piernas.
Adrián no es la única persona con la que me he acostado a lo largo de mi vida. Hubo dos veces que cortamos durante un par de meses y en ese tiempo me acosté, cada vez, con otra persona. Estas pueden ser otras historias que puedo contar a detalle, pero por ahora basta mencionar que ellas me hicieron apreciar aún más lo que tenía con y en Adrián.
El pene de Adrián era grande y sabía utilizarlo. No sé la medida exacta pero seguro algo alrededor de los 16 centímetros, muy por encima del promedio de 12 ó 13 que había escuchado. Además, si bien yo no podía llegar casi nunca con pura penetración, siempre se encargaba de hacerme llegar con su boca o sus dedos, algo que los novios de mis amigas no hacían, según ellas mismas se quejaban.
- ¿Ah, sí? ¿Qué quieres apostar a que la tengo más grande que Adrián?
- Jajajaja, nada, no tengo por qué apostarte nada, estás loco.
- ¿Qué dices, primo? ¿No quieres apostar tú? Tu novia parece tener miedo.
- Jajaja, no primo, si quieres muéstrala, pero no vamos a apostar nada.
No me gustó nada ese comentario invitándolo a mostrarla. Adrián me estaba haciendo enojar bastante entre el proponerle el trío sin avisarme y ahora con ese comentario tonto.
- Andy, estás muy segura de que la tiene más grande que yo, ¿no?
- Sí, pero ya te dije que no apostaré nada.
- Si pierdo, yo les pago los boletos de avión a San José.
Nos quedamos atónitos. A Marco le iba a bien económicamente, sí, pero nadie te invita un vuelo a otro país así como así. Me agarró tal de sorpresa y estaba tal bebida que respondí inmediatamente con un error el cual creo que ha sido el catalizador más grande de toda mi vida.
Tal vez sea aquí donde cometí el tropiezo del cual no hubo marcha atrás.
- JAJAJAJAJA. ¡Va! ¡Si quieres mostrarla, hazlo y yo feliz me voy a San José!
Entonces Marco se levantó, viéndome a los ojos y portando una sonrisa que me dio escalofríos. Nunca había visto a alguien, en mi vida, con tanta seguridad en la mirada. Se desabrochó el pantalón y se lo dejó caer con todo y ropa interior.
- Esto es lo que me provoca verte con esa faldita y ese escote, Andy.
No podía creer lo que estaba viendo.
Sé que acabo de decir que Adrián tenía el pene grande. Pero recuerden que esto lo cuento siendo fiel a mi sentir en el momento de los hechos. Y creo que a la fecha me mantengo en mi declaración en que Adrián tiene un pene grande.
Pero esto no era un pene. Esto era una verga. Un tronco venoso y palpitante. Una verga.
Fácil unos 20 centímetros, con un grosor que superaba al de mi muñeca, tal vez igual de grueso de mi brazo, múltiples venas rodeándolo y el prepucio cubierto hasta la mitad por piel y con líquido preseminal en la punta. Hacía parecer al pene de Adrián un juguete para niños.
- ¡¿Qué demonios es eso?! – Fue la primer lamentable frase que logré sacar.
Mi mente estaba como si estuviera emitiendo el sonido de una máquina de pulso cardiaco cuando acaba de morir un paciente. Juro por mi vida que no noté que Marco empezó a acercarse a mí hasta que tenía su pene a escasos centímetros de mi boca.
- ¿Qué haces…? – Pregunté con la calma de alguien que estuviese viendo a un niño hacer algo curioso, ni cerca del alarmismo que debería darme dicha situación.
- Apostamos, ¿recuerdas? Es hora de pagar la apuesta.
No sé qué estaría haciendo o pensando Adrián durante estos momentos. No sé si estaba excitado o preocupado, pero presiento estaba en el mismo shock que yo que no le permitía ni siquiera hacer un comentario, ya fuera para oponerse o apoyarlo.
Mi boca ya estaba abierta de la sorpresa, y sin darme cuenta saqué mi lengua, la cual estaba babeando. Esta verga me estaba haciendo babear. Tanto que no dije nada, no me opuse, ni siquiera me moví cuando puso su mano sobre mi cabeza y puso su prepucio contra mi lengua, haciéndome saborear su líquido preseminal.
Mi vagina estaba húmeda, sentía como se hinchaba y se mojaba con tan solo tener la descomunal verga de Marco en mi boca. A todo esto, habían pasado escasos segundos desde que se bajó los pantalones; pero ese tiempo de shock bastó para que ahora tuviese la cabeza de su pene no dejándome cerrar mi boca. Dos cosas me hicieron reaccionar por fin; una fue un ligero gemido/gruñido de Marco, la otra fueron las primeras palabras de Adrián.
- Andy, ¿t-to-todo bien?
“¿Todo bien?”. Claro, él creó esta situación. Él y su egoísmo nos trajo hasta acá. Ya estaba enojada con él y en ese momento recordé que le propuso un trío sin mi permiso al imbécil de su primo. “Cierto”, pensé, “es un imbécil”. Y eso me hizo reaccionar. Lo saqué de mi boca y lo vi a los ojos.
- Listo, deuda pagada. – Dije muy segura de mí misma, aunque temblara por dentro.
- ¿Crees que unas lamidas compensan una apuesta de un viaje pagado a dos personas? Vamos, Andy, sabes bien que no.
- Pues ese viaje ya no está en la mesa y nunca dijiste qué querías si ganabas. Perdiste tu oportunidad. Además, ¿no dijiste que seguramente no sé trabajar?
- Matemos dos pájaros de un tiro entonces, hagamos otra apuesta. Compruébame que sabes trabajar y ambos se ganan ese viaje.
- ¿Me estás diciendo que nos pagarás un viaje si te la chupo?
- Nooo, no, no. Tiene que haber algo en juego. Les pago el viaje si me haces llegar en menos de 5 minutos.
Esto tenía que ser una broma. Le he practicado miles de veces sexo oral a Adrián y, cuando me lo propongo y sólo quiero que llegue rápido, lo puedo hacer llegar en menos de 1 minuto sin problemas con mi boca y mis manos al mismo tiempo. Este idiota no tiene idea con quién se mete. Y Adrián estaba de acuerdo, nos vimos a los ojos y me dio su aprobación; él sabe que su primo no tiene idea de mis habilidades.
- ¡De acuerdo! Si te hago llegar en menos de 5 minutos nos pagas un viaje a San José a ambos, ¿trato hecho?
- Y si no, te clavarás mi verga.
- ¿Q-Q-Qué?
- ¿Te parece mucho contra un viaje para dos personas por sólo hacerme llegar con tu boca?
- Tal vez, pero da igual, trato hecho.
- Adrián, ¿puedes poner tú el cronómetro?
- O… okay. – Dijo resignado y algo preocupado.
Como mencioné antes, este tonto no tiene idea de con quién se está metiendo. Y tengo mis dudas de si Adrián estaba disfrutando o no esto, si esta era la clase de fantasía que pasaba por su cabeza o no. Pero fuera como fuera, dio inicio al cronómetro y me puse a trabajar. Sé muy bien cómo funciona un hombre y no dejé nada a la suerte, primero hay que excitarlo mentalmente y luego hacerlo llegar.
Empiezo lamiendo todas esas venas, dándole besos al falo entero hasta bajar a sus testículos, los cuales lamo y chupo mientras con mis dos manos lo masturbo. En eso pasé los primeros 2 minutos tal vez. Honestamente, pasé demasiado tiempo ahí, pero escucharlo gemir y gruñir me emocionó a seguir haciéndolo. Además, es la primera vez sintiendo algo así en mi boca y es innegable que lo encuentro fascinante. Mi vagina se humedecía más con cada vena que recorro con mi lengua.
- Tú puedes, amor. ¡Hazlo llegar! ¡Muéstrale lo que sabes!
Los ánimos de mi novio me incitan a ir por el final sin piedad. Empiezo a lamer el glande mientras lo masturbo frenéticamente con mis dos manos, y entonces me dispongo a meterlo en mi boca y es entonces que me empiezo a preocupar. No me cabe; nunca me había enfrentado a este grosor; no entiendo cómo pueden metérselo otras mujeres. Cada que intento meterlo noto la interferencia de mis dientes y sé que eso interrumpirá hacerlo llegar. Estoy perdiendo tiempo valioso y decido ir a la segura: Con una mano masajeo sus huevos, con otra lo masturbo y mi boca se enfoca exclusivamente en su glande. Pasa el tiempo y no llega. Lo veo a los ojos y me ve con una sonrisa malvada.
- Qué patético trabajo, putita.
Esto es imposible, quién demonios es, cómo se atreve a hablarme así, que ni a Adrián se lo permito, y cómo puede estar tan tranquilo como si no estuviera haciendo mi máximo esfuerzo; esfuerzo que sostengo sin importar qué, impulsada en gran parte por la excitación que me provoca hacerlo.
Excitación que nunca había sentido por chupar el miembro de Adrián.
De repente, me toma de la cabeza y me mete su verga a la fuerza. Obviamente sólo me entró poco más de su cabeza, pero empieza a penetrarme la boca una y otra vez.
- Ver esta cara dulce e inocente violada por mi verga es lo más excitante del mundo, primo. ¿Contigo gime así cuando te la chupa?
¿Estoy gimiendo? Sí, no lo había notado, lo hago. Maldito bastardo, ¿qué necesidad tiene de humillar así a Adrián? Ha de suponer, acertadamente, que no gimo así cuando se la chupo a él.
No tengo tiempo de pensar cuando me toma fuerte de la cabeza, la aprisiona contra su inmensa verga Y EYACULA EN MI BOCA SIN AVISAR. No para de eyacular, gruñe y suelta interminables chorros.
- ¡Eso es! ¡Trágatelo, puta! ¡Ahhhhhhh! ¡Qué rico convertir tu carita inocente y peleonera en mi depósito de semen!
- ¡Marco! ¡Este no era el trato! ¡A Andrea no le gusta tragárselo! Suéltala ya.
Y es verdad. Alguna vez lo hice, pero tenía muchos años de no tragarme el semen de Adrián, por más que a él le guste; encuentro su sabor y textura repelentes.
Pero esto era diferente. No porque no tuviera mal sabor o textura, de hecho, probablemente era peor que el de mi novio y definitivamente era mucho más semen; pero estaba tan excitada que sentir esos chorros en mi boca me hacía palpitar mi coño. Como sea no me queda otra que tragar, su tronco abarca toda mi boca así que es eso o ahogarme. Y además de la excitación, tengo la satisfacción de haberme ganado un viaje.
- ¿Qué la suelte, primo? Si apenas estoy empezando con ella, ahora toca cobrar la apuesta que acaba de perder.
¡¿Qué?! ¡¿De qué está hablando?!
- ¡¿Qué?! – Mi novio dijo lo que yo no podía al tener la boca ocupada con la gruesa verga y espeso semen de su primo.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado? Checa el cronómetro.
- O-Ocho minutos…
- ¿Ves? Por eso me vine, porque sabía que el tiempo se había acabado y quería venirme en su boca. A ver si mi semen ayuda a cerrarle su boquita altanera.
Adrián quedó en shock, sin poder creérselo. Ahí noté que, si bien él quería algo como esto, no lo imagino así y ahora estaba teniendo dudas.
Yo, por otro lado, ni siquiera tengo tiempo de odiar a Marco por el comentario. Estoy en shock ante su victoria sobre mí, sobre nosotros. Ya logró que se la chupara, venirse dentro de mí y, peor de todo, excitarme. ¡¿Y ahora planea penetrarme con esta cosa?! Tengo que intentar escapar de esto. Me puse de pie y lo vi a los ojos.
- Muy bien, Marco. Quedaremos otro día, ya veremos cuándo y cómo.
- No, lo haremos ahorita mismo. Cuentas claras, amistades largas, ¿no? Jajajaja.
- Acabas de llegar. No voy a esperarme 20 minutos aquí todos incómodos.
- JAJAJAJAJA. ¡¿De qué hablas, Andy?! ¡Por lo que veo mi primo te tiene muy malacostumbrada!
Me tomó la mano y la llevó a su miembro y entonces lo sentí, y eso me hizo bajar la mirada. Estaba completamente dura, tal vez más que antes. Seguía pareciendo como si fuera a explotar con sus venas palpitantes. No pude evitar mis siguientes palabras, me salieron del alma.
- No pensé que existieran vergas así…
Mientras estaba distraída viendo el monstruo que tiene por entrepierna, hizo la cosa que menos me hubiera imagino que haría: Me besó. Me metió su lengua en mi boca y al mismo tiempo llevó sus dedos a mi vagina, la cual encontró terriblemente empapada.
- Vamos, sigue de digna. Ya no hay nada que puedas decir con tu boca que tu cuerpo no desmienta. ¿Siempre ha sido así de caliente, primo? ¿Estar chorreando sólo de verla y chuparla?
- M-Marco, por favor, mejor perdónanos la apuesta, te lo pagaremos de otra forma, no es necesario que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros.
- No te preocupes, primo, yo soy fiel y estricto a mi palabra. Yo dije que tenía que clavarse mi verga y ya. Que lo haga una vez y luego lo podemos dejar.
Yo, como bien dijo ese desgraciado, ya no tengo nada que decir. Mi vagina está chorreando y mi cuerpo entero es un horno por la enorme calentura que me rodea. Pero no quiero que me la meta. No quiero tener ese tronco adentro. Tengo muchísimo miedo, en más de un sentido…
Pero Marco es un experto en hacerme sentir que no hay marcha atrás. Me levanta mi vestido, me quita el brassiere y empieza a lamer mis pezones, lo cual hace magistralmente. Este idiota sabe muy bien todo lo que hace con su boca y sus manos.
- Primo, qué cuerpazo tiene tu novia, ¿eh? No puedo creer que me vaya a comer esto, son irreales esas tetas y cintura perfectas.
Luego se desnuda y se sienta muy tranquilamente en el sillón, con su grueso y enorme falo apuntando hacia arriba, tal vez una vista más imponente que nunca de su falo.
- Quítate las bragas, clávate mi verga una vez y puedes irte.
Me quité las bragas.
- Amor, Andy, esto es demasiado, no tenemos por qué hacer lo que dice, ni siquiera estamos seguros de que realmente hubiera pagado si…
-… No, Adrián, terminemos con esto, no voy a ponerme a discutir con nadie, sólo es algo rápido y ya, no tendrá ninguna importancia.
En realidad, no se lo estaba diciendo a Adrián. Me lo estaba tratando de decir a mí misma.
Me senté viendo cara a cara a Marco, con la punta de su falo justo debajo de mi sexo. En el momento que nuestras entrepiernas se tocaron pude sentir cómo empecé a chorrear y me invadió una adrenalina y un miedo que jamás había experimentado antes. Como si algo muy importante estuviera a punto de ocurrir. Él me vio a la cara con una sonrisa pícara y malvada.
- Deja de sonreír, bastardo hijo de puta.
- Tú sigue de bocona, vamos a ver cómo hablas en unos segundos.
- Me la meteré una vez y con eso quedarás tan caliente que te irás a tu casa a jalártela como nunca, pendejo. Disfruta los únicos segundos que tendrás de esto.
Tan solo la punta de su pene contra mi coño ya se sentía demasiado, como si no fuera a entrar de lo gruesa que era. Bajé lentamente metiendo sólo la cabeza de ese monstruo y con eso bastó para enviar escalofríos por toda mi piel que jamás había sentido antes.
- Aún te falta mucho y vas bajando muy lento. ¿Acaso tienes miedo, Andreita?
- N-No digas estupideces, esto es nada para mí.
- Bueno, entonces sigue bajando.
- ¡Cállate! ¡No me digas qué hacer! – Le dije con cara de enojo.
Pero tenía razón. Tenía miedo. Muchísimo miedo. Jamás pude haber imaginado que se sentiría así, ni en mi más loca imaginación.
Bajé un poco más…
- ¡Nnnnnnngggggg! ¡¿Qué es esto?! – Mi enojo se había convertido en incredulidad.
Y un poco más…
- Eres un… mons… – Dejé de poder fijar mi mirada.
- ¿Qué? Dilo más fuerte, pareciera que te cuesta hablar. – Me vio a los ojos con una sonrisa de satisfacción.
- Tu verga… es un monst… es un… es…
Estaba llegando a la base ya…
- ¿Es? ¿Es qué? No te escucho.
Llegué a la base y mis ojos se pusieron en blanco…
- Es increíble…
- JAJAJAJAJA. ¡¿Qué?! ¡Dilo más! ¡Creo que Adrián no te escuchó!
- Es increíble… es increíble… Adrián… siento como si me fuera a salir por la boca… me está abriendo toda…
- ¡Cállate ¡Andy! ¡Ya! ¡Listo! ¡Ya cumpliste la apuesta!
Es verdad. Cumplí la apuesta y podía salirme. Y eso hice. Me levanté poco a poco y me di la vuelta, quedando de pie dándole la espalda a mi enemigo y viendo a mi novio. Pensé que había recobrado el control sobre mí misma que había perdido, pero… Me sentía vacía, un sentimiento que jamás había tenido siquiera parecido; no sólo me palpitaba la vulva, sino todo el interior de mi vagina también.
Jamás olvidaré la cara de Adrián cuando, viéndolo a los ojos, me senté sobre la gigantesca verga de Marco otra vez y me la clavé hasta el fondo, y solté un gemido que yo misma no sabía que tenía.
Marco me jaló del cabello y puso mi cara junto a la suya, los dos viendo hacia Adrián.
- No te preocupes, primo, ella te ama igual que siempre, sólo no puede resistirse a lo que acaba de descubrir. Es una esclava más de mi verga. – Le dijo con tono prepotente pero no burlón ni sarcástico.
- Andy… – Dijo Adrián con una cara de decepción y sorpresa.
- Adrián… sálvame...
Adrián empezó a acercarse y justo cuando quedó frente a nosotros Marco hizo notar algo en lo que no había logrado fijarme.
- ¡Primo! ¡Tienes la verga parada! ¡Jajajajajajaja! ¡¿Y así le dices que te salve?! ¡¿Mientras se excita viendo cómo te satisface mi verga?! ¡Recuerda que él mismo quería ver esto! Vamos, deja de decir tonterías y comienza a cabalgar.
Es verdad, Adrián quería esto, y se ve claramente el bulto en su pantalón. No había ninguna razón para detenerme. Ninguna razón para no dejarme ir.
Empecé a cabalgar a Marco como él me lo pidió, frenéticamente, con un absoluto descontrol.
- ¡AH! ¡AHH! ¡AAAAHHHHH! ¡QUÉ DESCOMUNAL VERGA! ¡NNNNNNNGGGGGGGG! ¡SÍIIII!
Marco tomó de la muñeca a Adrián y lo acercó hacia mí.
- Vamos, putita, deja que tu novio se una a la acción, hazle de esas grandes mamadas que sabes hacer a los pitos flacos.
Hice lo que Marco dijo. Dejé al descubierto el pene erecto de mi novio y lo empecé a chupar como nunca antes lo había hecho.
- ¡Espera! ¡Andy! ¡Espeee… raaaaaa!
Adrián se vino inmediatamente en mi boca, no debe haber durado ni 30 segundos. Me tragué su semen por primera vez en años, y la primera vez que lo hice gustosamente.
- ¡JAJAJAJAJA! Eres patético, primo. ¡Déjame te muestro cómo se hace!
Marco me tomó por la cintura, me puso en cuatro sobre el sillón y empezó a empalarme de una forma que no hubiese creído posible antes. Sentía su gruesa verga abrirme toda por dentro, tocar todos mis puntos; no podía con la excitación de sentirme dominada por ese falo, de sentirlo entrar y salir de mi coño como si yo fuera un objeto cualquiera.
Nunca me ha sido fácil tener un orgasmo. Siempre he necesitado estimulación en el clítoris y aun así siempre se me ha dificultado que ocurra mientras me penetraban. Además, nunca he sido fan del sexo brusco.
Ese monstruo me hizo llegar al menos 3 veces a embestidas en esa cogida. No me cogió, me destruyó. Y lo hizo mientras yo le pedía más. Mis gemidos, irreconocibles hasta para mí, debían estar siendo escuchados hasta afuera del fraccionamiento. No estuve del todo consciente, pero sé que en algún punto lamí el sillón con mi lengua; no pude controlar tener la boca abierta con la lengua de fuera, babeando, mientras Marco presionaba mi rostro contra el sillón.
Cuando estaba a punto de llegar, se salió de mí, me tomó del cabello y me clavó su vibrante verga en mi boca. Casi podría jurar que tuve un mini orgasmo mientras me trataba como su muñeca de trapo y llenó mi garganta de su asqueroso pero delicioso semen. Me lo tragué completamente feliz y procedí a limpiar todo ese tronco, que escurría mis jugos, a lamidas.
- Bien, primo, espero haya quedado claro cómo se hace. Más vale te recuperes ya porque aún no hemos terminado con tu riquísima noviecita. ¿Escuchaste, putita?
Levanté la cara, lo vi a los ojos, y sonreí.
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