Xtories

Golpe de efecto II

Llevaban años esperándose, pero esta noche el tiempo se detuvo. Saray no solo le entrega su cuerpo, sino su alma y su futuro, mientras Iker la toma con una furia que mezcla amor y posesión. En el baño del pub, bajo la mirada de una rival, la pasión estalla sin reservas.

Mister Dark8.2K vistas9.3· 12 votos

POV de Saray

No cabía en sí de felicidad. Estaba en la cama, con Iker, con mi hombre, con el amor de mi vida. Sabía que me costaría, que era muy cabezota, pero no podía dejarlo escapar, no esta vez. No podía dejar de besarle, ni de tocarle. Todo ese amor contenido, ese deseo sofocado, ya no podían sofocarse más. Mis manos estaban enfocadas en tocar cada milímetro de su cuerpo. Mis labios buscaban los suyos con frenesí. Iker me devolvía los besos con ardor, sin dejar de tocarme. Sabía que le volvía loco, que le encantaban mis tetas, pero que deseaba mi culo. Nunca se lo había dado, debido a que siempre estaba borracho, pero ahora estaba sereno. Yo le pertenecía en cuerpo y alma. Nos separamos, para coger aire y le miré a la cara.

Saray: Mi amor, quiero proponerte algo – dije seria y excitada.

Iker: ¿El qué? – dijo curioso, recobrando el aliento.

Saray: Hasta ahora no lo hemos hecho…por el culo – dije temblando de excitación - ¿Quieres usar mi culito, amor?

Iker: ¿Es en serio? – dijo sorprendido.

Saray: Totalmente en serio, amor – dije besándolo con ardor – Nunca lo hemos hecho por ahí, soy virgen – reconocí.

Iker: ¿Por qué? – dijo curioso, acariciando mi culo.

Saray: Porque las anteriores veces, aunque me lo has pedido, no he querido dártelo, porque estabas borracho, y quería que lo recordaras, quería que lo supieras, que soy totalmente tuya. Ahora estás sereno, y lo recordarás siempre, al igual que yo. Quiero ser totalmente tuya, amor – dije restregándole mi cuerpo.

Iker: Tus deseos son órdenes, princesa – dijo con esa sonrisilla traviesa que me tenía loca.

Iker comenzó a besarme con ardor, tocándome las tetas con fuerza, estrujándomelas, amasándomelas. Yo disfrutaba enormemente de sus caricias, de sus toqueteos. Seguía restregándome con su cuerpo, notando cómo su polla reaccionaba a mis roces, a mis caricias. Iker me acariciaba la cara mientras me besaba, lenta y profundamente, arrancándome gemidos de placer. Me tenía ardiendo.

Iker: Me encanta cuando no te pintas la cara – dijo mientras me lamía la oreja.

Saray: Lo sé, amor, me lo dices siempre – dije mordiéndole el lóbulo de su oreja – Vivo para complacerte, amor – gemí al notar sus yemas de los dedos en mis pezones.

Iker: Quiero hacer un 69 – dijo mirándome con deseo puro.

No me lo pensé. Cuando oí su petición, me estremecí de deseo. Rápidamente me levanté y me coloqué con las piernas abiertas encima de la cara de mi amado, dándole una privilegiada visión de mi coño, húmedo. Lentamente, bajé, y me senté en su cara. Notaba su aliento en mi coño. Dio una primera lamida, haciéndome gemir.

Saray: ¡Oh sí, mi amor, cómeme, lámeme, hazme lo que quieras, soy tuya! – gemí mientras le agarraba la polla con fuerza mientras me agachaba.

Iker: ¡Vamos, nena, quiero que me vuelvas a hacer enloquecer con tu boca! – me ordenó mientras levantaba su cadera, metiéndome la polla hasta la garganta - ¡Oh sí! - gimió.

Iker comenzó a lamerme el coño, pequeñas lamidas que me hacían estremecer de placer. Comencé a mover mis caderas con ansiedad al mismo tiempo que él me seguía follando la boca, usando mi coño cómo si fuera mi coño y yo me dejaba usar. Me encantaba. Me volvía loca. Iker me sujetó por el culo con ambas manos, impidiéndome moverme, al mismo tiempo que comenzaba a acariciar mi culo con sus manos, me lo masajeaba, me lo agarraba. Iker comenzó a comerme el coño con mayor intensidad, haciéndome gemir más fuerte, más intenso. Yo estaba de nuevo en el cielo, a punto de explotar, cuando su mano juguetona se posó en mi ojete y empezó a meter un dedo suavemente en su interior. Lo sentía mojado, lo que me dio a entender que se lo había lubricado antes de metérmelo. Eso me gustó, que se preocupara por mí, me calentó y no pude evitarlo, cuando noté que su dedo estaba completamente dentro de mí, me corrí como una loca en la boca de Iker.

Saray: ¡Mmmmmmmmhhgggg! – gemí con su polla incrustada en mi garganta.

Iker: ¡Vamos, perrita, córrete para mí! – me ordenó notando mi corrida.

Cómo si de una señal de salida se tratara, esa orden fue para mí una liberación y comencé a correrme, encadenando un orgasmo con el siguiente, cada vez con mayor brutalidad, entre espasmos. Iker fue metiendo más dedos sin dejar de comerme el coño, hasta que, cuando ya tenía metidos en mi culo tres dedos, dejó de lamer mi coño y empezó a lamer mi culo, pasando su lengua por alrededor del esfínter e introduciéndola en el resto, moviéndola, causándome un placer indescriptible.

Saray: ¡Oh sí, mi amor, no pares, cómeme, cómeme, sí, sí, me corro! – grité mientras sacaba su polla de mi boca para respirar, sin dejar de masturbarle con fuerza y de acariciarle los huevos.

Iker: ¡Oh sí, puta! Se una buena puta y déjame la polla bien lubricada para que te folle tu precioso culito bien follado – me ordenó mientras me soltaba un fuerte azote, haciéndome gritar de placer.

Cómo una posesa, me lancé a lubricar su polla, con mi lengua. Lamía toda su polla, de arriba abajo, sin dejar ni un solo centímetro de piel. Acariciaba sus huevos y los lamía, llegándomelos a meter en la boca, succionándolos. Él no dejaba de lubricarme el ojete ni de comerme el coño y el culo. Luego de unos minutos así, cuando ya decidió que estaba bien lubricada, me quitó de encima y me colocó a cuatro patas con la cabeza en la almohada.

Iker: ¿Estás lista? – dijo colocándose detrás de mí y restregándome su durísima polla por mi coño y mi culo.

Saray: ¡Oh sí, mi amor, siempre estoy y estaré lista para ti, sí, no me hagas esperar más! – gemí con urgencia, moviendo mi culo hacia atrás.

Iker: ¡Estate quieta! – me ordenó con un fuerte azote – No te muevas hasta que no te lo diga – me exigió.

Iker, mi amor, mi hombre, cogió su polla y la colocó en la entrada de mi culo, y de un empujón, comenzó a meterme esa dura y gloriosa polla, centímetro a centímetro, despacio, abriéndome el culo. Yo sentía cómo esa barra de carne caliente me entraba en mi culo y me lo iba abriendo, cada pliegue, sintiendo una mezcla de dolor y placer. Cuando ya la metió entera, me la dejó incrustada, y yo pude lanzar el grito que estaba conteniendo.

Saray: ¡Duele! ¡Duele! ¡Oh! – grité, mitad de placer mitad de dolor.

Iker: ¿La saco? – me susurró en mi oído, mordiéndomelo suavemente.

Saray: ¡Cómo me la saques te mato! – le grité agarrándole la cabeza - ¡Quiero que me folles el culo! ¡Me gusta este dolor!

Iker: Tus deseos son órdenes – susurró en mi oído mientras comenzaba lentamente a moverse.

Saray: ¡Oh sí, despacio, amor, sí, así! – gemí.

Iker comenzó a follarme el culo despacio, metiendo y sacando su polla lentamente de mi culo, abriéndome el ojete poco a poco y dejándome que me acostumbre a su polla. Pronto, gracias a su manera de follarme y a que empezó a pellizcarme los pezones suavemente, pero fuerte, me provocaron un estado de excitación enorme, y solo sentía placer, nada de dolor. Iker lo notó y comenzó a follarme cada vez más rápido e intenso, mientras ahora me soltaba azotes duramente en mi culo.

Saray: ¡Oh sí, mi amor, reviéntame en culo a pollazos, sí, azótame, sí, sí, sí, no pares, sí, me corro! – gritaba de placer.

Iker: No sabes la de veces que he soñado con romperte ese culito a pollazos, nena – gemía en mi oído - ¡Me encanta! – gimió dándome un sonoro azote.

Saray: ¡Oh sí, sí, sí, es todo tuyo, siempre, oh sí, no pares, sí, más, más, dame más, sí, sí, sí, me corro! – gemí pidiendo más a mi hombre.

Iker seguía follándome cada vez más fuerte, hasta hacer el ritmo vertiginoso, violento, sin dejar de azotarme ni de pellizcarme los pezones. Yo estaba en el cielo de nuevo, encadenando orgasmos sin parar. No podía moverme, estaba aprisionada entre la cama y el cuerpo sudoroso de Iker, que no dejaba de penetrarme con vigorosidad, con fuerza, con violencia, con estocadas profundas y fuertes. Yo me sentía usada, pero a la vez amada y deseada. Luego de un rato, noté como la polla de Iker se inflamaba aún más y comprendí que estaba a punto de correrse, por eso, haciendo un esfuerzo sobrehumano comencé a mover mis caderas, provocándole.

Iker: Si sigues así no tardaré en correrme, ¡puta! – gimió clavándome la polla en lo más hondo de mi recto.

Saray: ¡Oh sí, lo sé, oh sí, no pares, sí, más, más, dame más, sí! – gemí - ¡Quiero que te corras en mí!

Iker: Antes de correrme, quiero hacer algo – gimió mientras me pellizcaba fuerte un pezón.

Saray: ¡Oh sí, sí, sí, sí, sí, sí, me corro! – grité de placer - ¡Hazlo! – le supliqué.

Iker me sorprendió cuando, sacándome su polla del culo tras un par de estocadas profundas, me la metió de nuevo en mi coño húmedo y palpitante, haciéndome enloquecer. Comencé a correrme bestialmente, notando las penetraciones salvajes en mi coño y cómo me la sacaba del coño para volver a meterla en mi culo tras varias estocadas, dejándome en un frenesí continuo y alternando ambos agujeros sin descanso.

Iker: ¡Oh sí, me encanta reventarte los dos agujeros, nena, oh sí! ¡Mi fantasía hecha realidad! – gemía.

Saray: ¡Oh sí, sí, fóllame entera, oh sí, no pares, sí, sí, sí, me corro, no pares, sí, me encanta, sí, soy tuya, sí, me corro! – grité de placer.

Iker: Vas a hacer que me corra, ¡puta! – gimió dándome un durísimo y placentero azote.

Saray: ¡Oh sí, sí, sí, córrete, lléname de tu leche, sí, córrete conmigo! – le imploré, presa del deseo y la lujuria.

Iker: ¡Oh sí, puta, me corro, me voy a correr en tu culo, sí, toma leche, sí, me corro, sí, me encanta! – gemía mientras llenaba mis entrañas con toda su leche.

Saray: ¡Oh sí, sí, sí, lléname, sí, sí, me corro! – grité, corriéndome brutalmente entre convulsiones.

Iker se corrió en el interior de mi culo cómo un animal en celo, cómo un semental, llenándome entera con su leche y haciéndome alcanzar el mayor orgasmo de mi vida. Me corrí cómo nunca, entre gritos y convulsiones. Cuando nos corrimos los dos, caímos en la cama, exhaustos. Iker quedó boca arriba en la cama y yo me abracé a él, enajenada, obnubilada, con una sonrisa de felicidad que no podía quitarme de la cara.

Fin del POV de Saray

Y así se encontraban en esos momentos, mirándose sonrientes mientras Saray le asaba la nariz por su cara con ternura y le besaba con amor cada centímetro de su cara. Iker aún no se creía lo que acababa de pasar. Sin decir ni una sola palabra, ambos se levantaron sin perder la sonrisa de la cara y cambiaron las sábanas que estaban llenas de flujos, semen, heces y sangre. Se volvieron a acostar y se acurrucaron de nuevo sonrientes.

Iker: No puedo creérmelo, aún – dijo sonriente.

Saray: Créetelo, mi amor, soy tuya, siempre he sido tuya – dijo besándolo – Ahora ya lo sabes, me tienes a tu merced.

Iker: No te imaginas la de veces que he soñado con este momento – dijo cariñoso – Abrazados en la cama luego de hacer el amor.

Saray: Lo siento, amor, siento todo lo que te he causado – dijo arrepentida – Pero te prometo, te juro que, de ahora en adelante, dedicaré cada segundo de mi vida a recompensártelo, a hacerte completamente feliz, a demostrarte mi amor cada segundo que me dejes pasar a tu lado – dijo mirándole seria a los ojos.

Iker: No te preocupes, todo eso queda en el pasado, pero te haré cumplir tus palabras – le advirtió sonriente.

Saray: Lo cumpliré encantada, mi amor – dijo besándole.

Iker: Yo te prometo, adorarte, amarte, cuidarte, mimarte y celarte, cómo he hecho siempre, y haré más aún de ahora en adelante. No veo la hora de compartir mi vida contigo, rubia – dijo besándola con pasión.

Saray: Por eso no te preocupes – dijo divertida – Hablé con mis padres y con los tuyos ayer y todos están de acuerdo con que me venga a vivir contigo, a qué vivamos juntos en nuestro nidito de amor como lo que siempre hemos querido ser: una pareja – dijo feliz.

Iker: ¿Cómo? – dijo anonadado.

Saray: Sí, al principio mi padre no estaba muy contento, pero sabe que me amas y que te amo, así que con eso le basta. Tu madre y la mía fueron las que me empujaron a decidirme cuando me dijo tu madre que pensabas mudarte y que no quería que fueras de flor en flor – dijo celosa - Y tu padre casi me monta una fiesta cuando se enteró – dijo riendo.

Iker: Te amo, rubia – dijo besándola con todo el amor que sentía.

Saray: Yo te amo más, mi caballero andante – dijo entre besos.

Iker: Deberíamos descansar – dijo mirando la hora.

Saray: Sí, ya mañana hago la mudanza – dijo feliz – Este fin de semana cenamos con nuestros padres aquí – le anunció feliz – No te extrañe que nuestros padres nos pregunten cuando nos casamos – dijo entre risas.

Iker: ¿Qué te hace pensar que te lo voy a pedir? – dijo divertido sabiendo por dónde iban los tiros.

Saray: ¿Qué te hace pensar a ti que no soy yo la que, en presencia de nuestros padres, te pido matrimonio? – le devolvió divertida – Es mi sueño y lo voy a hacer realidad, amor – dijo besándole y abrazándole feliz.

Iker: ¿Tu sueño es casarte conmigo? – dijo divertido – Sí que tienes perfil bajo – dijo burlón.

Saray: En primer lugar, mi sueño es pasar toda mi vida a tu lado, al lado del hombre que amo, y tener una larga y numerosa familia – dijo besándole con amor – Y, en segundo lugar, tengo el perfil muy alto y pienso seguir teniéndolo – dijo mordiéndole la barbilla con delicadeza, juguetona.

Iker se rio divertido, no creyendo sus palabras. Así se durmieron, abrazados, enamorados, contentos, feliz, agotados de amarse. A medianoche, Iker se despertó, sudoroso. Miró a su lado y al centrar la vista en la oscuridad, vio a Saray de espaldas a él, pero pegada a su cuerpo, acurrucada con él, sintiéndole mientras él le abrazaba a la altura del vientre. Recordando lo ocurrido y como la mujer de su vida se había entregado a él, se le quedó mirando un buen rato, pensando en todo lo ocurrido, en todo lo hablado. Aún no se lo creía. Con cuidado, apartó el brazo de la muchacha y sin despertarla, fue al baño para darse una ducha. Ya bajo el chorro, su mente se puso a divagar sobre toda su vida, desde que se conocieron. Estaba todavía pensando en eso cuando oyó un grito desgarrador.

Saray: ¡Iker! – gritó.

Iker: Tranquila estoy en el baño- respondió - ¿Qué pasa?

No habían trascurrido más que un par de segundos cuando vio a Saray entrando por la puerta con su cara desencajada, aun desnuda.

Saray: ¿Por qué no me has despertado? – dijo llorosa, abrazándole

Iker: Me dio pena, quise que descansaras - respondió.

Saray: Al abrir los ojos y ver que no estabas, me temí que te hubieses arrepentido de hacerme tu mujer y me hubieses dejado – dijo con tristeza.

Iker: Nunca te dejaré – dijo tierno, mientras se giraba y la besaba con ternura.

Saray: Júralo – dijo mimosa.

Iker: Lo juro – dijo tierno mientras le besaba la nariz.

Saray: ¡Te amo y quiero hacerte feliz! – dijo riendo feliz.

La picardía que Saray en sus ojos le hizo comprender a Iker sus intenciones y si le quedaba alguna duda, desapareció cuando se empezó a acariciar las tetas y a pellizcarse los pezones mientras le miraba con la lengua fuera y con cara de putón.

Iker: ¡Eres preciosa! – dijo sin poder dejar de mirarla.

Totalmente feliz al descubrir en su cara la fascinación que sentía por su cuerpo, se cogió ambos senos con sus manos y mostrándoselos como si fueran un trofeo, le provocó.

Saray: Dime amor, ¿te gustan mis tetas? – dijo juguetona.

Iker: Mucho, me encantan – dijo relamiéndose y agarrando su polla semi erecta.

Entonces comportándose como una niña traviesa, dando una vuelta completa sobre el suelo, le modeló.

Saray: ¿Y qué parte de mi te gusta más? – dijo juguetona.

Iker: El culo - admitió tras valorar rápidamente toda su anatomía – y tus tetas.

Tras ese repaso a su anatomía, entre sus piernas su pene estaba erecto. Saray al comprobar que su exhibición había incrementado su calentura, se rio y le abrazó mientras se restregaba contra él con mucha sensualidad. La suavidad de su piel desnuda fue suficiente para que su miembro alcanzara de golpe toda su extensión.

Saray: ¡Mi amorcito está bruto! - dijo al notar la presión que ejercía contra su pubis.

Iker: ¡Y eso te gusta! ¿Verdad? ¡Putita mía! – dijo mientras le agarraba con fuerza su culo.

Saray: ¡No tienes dinero para pagarme! – dijo azuzada por el deseo.

Iker: ¿Tú crees? – dijo mientras le mordía uno de sus pezones con fuerza.

Saray: ¡Para! ¡No has pagado mi precio! – gimió sin separarse de él.

Iker: ¿Cuál es tu precio? – dijo agarrando su otra teta.

Saray: ¡Prométeme que nunca te separarás de mí! – pidió entre gemidos mientras hundía sus manos en el pelo de él.

Iker: Hecho - respondió a la par que la mano que le quedaba libre iba bajando por su cuerpo.

Saray soltando una carcajada y sorprendiéndole nuevamente, se arrodilló frente a él y cogió su verga entre sus manos.

Saray: Ahora me toca a mí pagar - dijo sin dejar de sonreír, obligándole a separar las piernas.

De pie en mitad del baño, observó cómo la muchacha se ponía a lamer su extensión antes de metérselo lentamente en la boca, presionando con sus labios cada centímetro de su miembro mientras lo hacía. Con una sensualidad total, se engulló toda su extensión y no cejó hasta sumergirla hasta el fondo de su garganta, para nada más terminar, empezar a sacarla y a meterla con gran parsimonia. Viendo que la pasión ya le tenía dominado, se sacó la polla y comenzó a darse pollazos por toda la cara mientras ponía cara de putón desorejado.

Iker: ¡Me saldrás carísima! - gimió.

Saray: ¿Te gusta cómo te la mama tu putita? – dijo pícara y caliente mientras comenzaba a masturbarse.

Iker: Sí - gemía mientras se apoyaba con las manos en la ducha, excitado ante esa visión.

Satisfecha por su respuesta, se volvió a embutir toda su extensión y esta vez, no se cortó, dotando a su cabeza de una velocidad inusitada, buscó su placer como si su vida dependiera de ello sin dejar de masturbarse, sino que incrementó el ritmo frenético con el que su mano se torturaba su encharcado sexo.

Iker: ¡Dios! - exclamé al sentir el tratamiento que daba a su pene con su boca - ¡Vas a conseguir que me corra! – le advirtió.

Al oírlo, buscó su recompensa con mayor ahínco, pero fue cuando su pene explotó en el interior de su garganta, cuando su mamada se volvió violenta y profunda y recogiendo con su lengua todo su esperma lo fue devorando al ritmo en que Iker lo derramaba sobre su boca. Al mismo tiempo, un brutal orgasmo la asoló su cuerpo, haciéndola convulsionar con violencia. Fue tal su obsesión que no paró en lamer y estrujar su sexo hasta que comprendió que lo había ordeñado por completo y entonces, paró y le miró a la cara con una sonrisa.

Saray: ¡Nunca me cansaré de tu sabor! – dijo contenta.

Esa promesa le confirmó que con Saray su vida estaría bien cubierta desde el punto de vista sexual y por eso la levantó para besarla. Ambos se asearon entre mimos, besos y caricias para irse a sus quehaceres. Iker le dio una llave a Saray para que preparara la cena para sus padres, pues él llegaría justo. Y así lo hizo Saray, quién comió con sus padres y merendó con sus suegros para invitarlos a comer y darle las buenas nuevas. Preparó la cena, así como el baño para su amado Iker y su ropa. Cuando llegó fue a su encuentro para sorprenderlo con un apasionado y amoroso beso que les dejó sin aliento.

Iker: ¡Vaya! ¿Y eso? – dijo abrazándola - ¿Tanto me has echado de menos?

Saray: Ni te lo imaginas, amor – dijo besándolo con ardor.

Iker: ¡No me tientes si no quieres que te haga mía aquí y ahora! – dijo agarrando su culo con fuerza mientras le lamía los labios.

Saray: Amor – gimió – A mí también me gustaría eso, además de meterme en la ducha contigo para lavarte y mimarte, pero hay que esperar que nuestros padres no tardan en llegar y la cena está en el fuego – dijo apartándose a duras penas de él.

Con una sonrisa por promesa y tras darle un sonoro azote en el culo y un apretón en sus pezones, Iker fue a lavarse y cambiarse. Luego fue el turno de Saray. Ambos se vistieron bien, él con un pantalón vaquero negro y una camisa blanca, y unas deportivas, y ella con un vestido verde que le llegaba por encima de las rodillas, con zapatos de tacón y escote palabra de honor. Llevaba el pelo recogido. Saray ya se había mudado ese mismo día a casa de Iker para vivir con él. Los padres de ambos festejaron la noticia y esperaban ansiosos la cena. Los recibieron juntos, sonrientes y abrazados. Ambas madres se abrazaron a ellos emocionadas, mientras ambos padres se abrazaron riendo a sus hijos. Saray cumplió su promesa y, en mitad de la cena, sorprendió a Iker sacando dos alianzas de su bolso y pidiéndole matrimonio delante de sus padres.

Iker: ¿Qué haces? – dijo sorprendido.

Saray: Bueno, amor, no he podido hacerlo muy romántico, pero he pensado que, después de tantos años, te mereces una declaración de mi amor, cómo debe ser – dijo nerviosa – Iker, mi amor, llevo enamorada de ti desde que vi por primera vez esos ojos pícaros que me vuelven loca – dijo sonriendo enamorada para ternura de los padres – Te amo, y no concibo mi vida lejos de ti. Por eso quiero ser egoísta y te quiero a mi lado el resto de mi vida – dijo seria - ¿Quieres casarte conmigo, mi caballero andante? – dijo colocándose de rodillas frente a él.

Iker: Por supuesto que sí quiero casarme contigo, mi rubia – dijo emocionado mientras se ponían ambos los anillos – Vas a tener que aguantarme toda tu vida – dijo travieso – No se admiten devoluciones.

Saray: Feliz tormento, entonces – dijo antes de besarlo con todo el amor que sentía mientras Iker la levantaba del suelo y la hacía girar con él.

Padre de Iker: ¡Por los novios! – dijo alzando su copa, feliz.

Todos: ¡Por los novios! – dijeron imitándole sonriente.

Las cosas por fin tomaban su cauce para ese par de enamorados.

La cena transcurrió entre bromas y anécdotas que contaban los padres de ambos sobre cómo se ponían de celosos, amorosos o mimosos cuando se trataba del otro y en recriminaciones de Iker a su madre por pasarle comida de ella como suya. Tras la cena, ambos padres rechazaron tomarse una copa para dejarlos solos en su nidito de amor. Se despidieron con abrazos y besos de orgullo y cariño. Una vez que se quedaron solos, Iker acorraló a Saray contra la pared.

Iker: Creo que cuando yo llegué estábamos en algo – dijo lamiéndole los labios con sensualidad - ¿En qué era?

Saray: Creo que estábamos en el momento en el que me arrancas la ropa y me haces tuya, amor – gimió deseosa mientras se agarraba con fuerza a su cuello.

Ambos querían una buena ración de sexo, Saray le fue quitando su camiseta, pasando sus uñas por su torso con lentitud y sensualidad.

Iker: Voy a demostrarte lo mucho que te amo – dijo besándola con ardor.

Sus palabras fueron el empujoncito que Saray necesitaba para empezar a gemir y que sus piernas se volvieran de gelatina y con sus mejillas al rojo vivo, le miró como el que admira a su salvador, a su dios, a su dueño. Al observar su reacción, ralentizó sus maniobras mientras llevaba una de sus manos a sus piernas.

Saray: ¡Oh sí! - gimió separando sus rodillas al notar las caricias en sus muslos.

Para entonces los pezones de la muchacha estaban duros como piedras y mordiéndose el labio, le miró pidiendo que la amara. Viendo que la calentura que la embriagaba era patente, terminó de despojarle de su vestido sin que ella hiciera nada por impedirlo, dejándola para su sorpresa totalmente desnuda. Su entrega le terminó de convencer.

Iker: Tienes unas tetas de escándalo – la alabó mientras le miraba a los ojos con lujuria.

Con los ojos inyectados en lujuria, se removió inquieta sin dejar de mirarle mientras unas gotas de sudor hacían su aparición entre sus pechos. Sabiéndose al mando, Iker recogió ese sudor de entre sus pechos y llevándoselo a la boca, lo lamió.

Iker: Abre tus piernas, putita mía – le ordenó mientras la provocaba lamiendo sus dedos.

Su dulce insulto la terminó de excitar y queriéndole agradar, separó sus rodillas dándole libre acceso a su entrepierna. Sabiendo su necesidad, no dejó de susurrarle lo bella que era mientras se quitaba el pantalón, dejando solamente su ropa interior puesto conteniendo su incipiente erección. Saray, excitada tanto por sus lisonjas como por sus toqueteos, quiso quitarle el calzoncillo para dejar su verga a su alcance, pero Iker se lo impidió. Deseando que esa noche fuera inolvidable, Iker, deslizándose por su cuerpo, fue dejando un húmedo rastro sobre sus pechos mientras bajaba.

Saray: Hazme tuya - suspiró ya entregada al notar que me aproximaba a su entrepierna.

La que hasta hacía apenas unos días era solo una chica inalcanzable para él suspiró al sentir su mano deslizándose por su piel hasta llegar a su trasero. Y al notar sus yemas acariciando sin pudor sus nalgas desnudas, gritó llena de placer mientras su coño se encharcaba aún más, por lo que, al comprobar su necesidad, Iker sonrió y con delicadeza, separó sus rodillas dejando a su alcance su coño.

Iker: Quiero que disfrutes - dijo mientras comenzaba a mordisquear su vulva.

Saray al notar los dientes jugueteando con su sexo, suspiró y ya como en celo, le rogó que me diera prisa. Pero, contrariando sus deseos se entretuvo jugueteando con los bordes de su botón. Completamente excitada, presionó con sus manos la cabeza de Iker en un intento de forzar el contacto de su boca contra su ya erecto clítoris. Al percibir su calentura, Iker decidió prolongar su sufrimiento y separando con sus dedos sus labios vaginales, dio un lametazo a su sexo.

Iker: Cuando termine esta noche contigo, no te podrás ni sentar – dijo caliente.

Saray: Por favor, ¡fóllame ya! - chilló descompuesta, suplicando.

Fue entonces cuando los dedos de Saray se apoderaron de su clítoris y compitiendo con la boca de Iker, se empezó a masturbar con frenesí. Satisfecho al percatarse que estaba a punto de correrse, usó su lengua para penetrar en su entrada y mientras saboreaba su flujo, pasó un dedo por su esfínter deseando darle uso.

Saray: ¡Me corro! - berreó en cuanto sintió que Iker empezaba a relajar su ojete con suaves movimientos circulares.

Ese triple estimulo, la lengua del muchacho en su sexo, sus dedos masturbando su clítoris y el dedo en su culo, fueron un estímulo excesivo y llegando al orgasmo, comenzó a dar tantos alaridos que Iker pensó que seguramente, los vecinos habrían llamado a la policía.

Iker: Tranquila, putita - masculló mientras unía otro dedo al que ya se encontraba en su trasero y sin dejar de usar la lengua para recoger parte del fruto que manaba de su interior.

Saray: ¡No aguanto más! - berreó al sentir que una a una sus defensas se iban hundiendo ante el ataque de su amado.

Sin apiadarse de ella, siguió metiendo y sacando su lengua de su interior hasta que, con lágrimas en los ojos, le suplicó que la tomara. Solo entonces se levantó colocándose a su altura, la subió a horcajadas mientras ella se agarraba con sus piernas a su cintura con fuerza y mirándola directamente a los ojos, forzó su coño de un solo empujón.

Saray: ¡Oh sí, que gusto, por fin! – gimió - ¡No pares, amor, usa a tu puta!

Iker: ¿Te gusta ser mía? Mi querida putita - preguntó al sentir su flujo recorriendo sus piernas.

Saray: ¡Sí! - berreó.

Ya teniéndola en su poder, imprimió a sus caderas una velocidad creciente, apuñalando sin descanso su sexo. Dominada por la lujuria, Saray respondió a cada una de sus incursiones con un berrido y clavándole las uñas en la espalda con fuerza, incitándole.

Saray: ¡No pares de follarme! - chillaba sin parar.

Ambos amantes habían pasado de tener sexo moderado y sensual, a tener sexo duro y violento sin dejar de amarse. Iker, tras unos minutos follándola así y sin sacar su polla del coño de su amada, la llevó a la mesa aún sin recoger del salón y la colocó de espaldas a ella. Saray no movió sus piernas de la cintura de Iker. La entrega que le demostró rebasó en mucho sus previsiones y viendo que estaba a punto de eyacular, recordó que no se había puesto un condón. Al sacársela protestó intentando que volviera a introducírsela en su interior.

Saray: ¡No! ¡No pares! – pidió - ¡Vuelve a follarme!

Iker: Espera, no quiero dejarte embarazada- dijo intentando quitarse del amarre de sus piernas.

Pero entonces con un histerismo atroz le tumbó sobre la cama y poniéndose a horcajadas sobre él, le quitó el preservativo.

Saray: Yo sí quiero – dijo histérica mientras agarraba su polla y volvía a introducírsela de una estocada en su interior - ¡Oh sí, no pares, dame con todo, sí, dame tu leche!

Su cara era la de una loca y eso le impidió reaccionar a Iker cuando usando su pene como lanza, se empaló una y otra vez hasta que no pudo aguantar más y esparció su simiente por su fértil vientre. Su orgasmo coincidió con el de Saray, quien entre convulsiones y con los ojos en blanco, berreaba su placer. Su coño se abrazó a su polla como una lapa y Saray disfrutó de sus cañonazos con una expresión de felicidad que le dejó pasmado y morboso. Cuando terminó de correrse Iker cayó encima de Saray, quien ya agotada se quedó abrazada a él mientras le besaba el hombro con amor. Al mirarla, Iker vio la sonrisa de sus labios cosa que le dejó claro que en ese momento Saray soñaba con la posibilidad de haberse quedado en cinta. La dejó descansar durante cinco largos minutos y viéndola ya repuesta, supo que tenía que hablar con ella de lo que acababa de suceder.

Iker: ¿De verdad deseas quedarte embarazada ya? ¿O es solo por el morbo? – dijo curioso.

Saray: Amor mío, darte un hijo me haría la mujer más feliz del mundo - respondió con tono alegre - ¿Te imaginas? ¡Un bebe nuestro al que cuidar! – dijo feliz ante esa visión.

Iker: Me encantaría, pero ahora no es el momento – dijo serio - Primero quiero disfrutar de mi mujer y te necesito las veinticuatro horas del día para mí – dijo besándola.

Saray: Tienes razón, amor, los niños pueden esperar – dijo con un puchero mientras le besaba con amor.

Iker: ¿Cuántos quieres tener? – dijo curioso.

Saray: Cómo tengo veintidós años me da tiempo de tener… ¡catorce hijos! – dijo ilusionada.

Iker: ¿Tantos? – dijo divertido - ¡Me vas a dejar seco!

Saray: Esos y más, siempre me he visto rodeada de mini Iker y mini yo correteando por la casa – dijo ilusionada – Te amo, mi amor.

Iker: Vamos a la habitación que pienso dejarte ese coñito tan rico que tienes bien relleno de mi leche para preñarte, putita mía – dijo besándola con ardor.

Saray: ¡Oh sí, fóllame cuanto quieras amor, lléname enterita de ti! – gimió mientras la cogía en brazos llevándola a la cama.

Ambos se pasaron toda la noche follando como animales en celo y Iker siempre se corrió dentro de su coño. La vida por fin les empezaba a sonreír a ambos, tenían lo que siempre habían deseado: al otro. Durante toda la semana ambos se acomodaron a la nueva vida juntos, les fue fácil. Al llegar el fin de semana y al no trabajar Iker, ambos salieron a tomar una copa. El sábado ambos se vistieron para salir, ella con un vestido rojo u ajustado sin nada debajo como a Iker le gustaba, con tacones altos e Iker se puso un pantalón vaquero y una camisa azul marino. Durante todo el trayecto de su casa al pub, Iker arrimaba a su chica contra él, sobre todo cuando pasaban al lado o cerca de hombres que se la comían con la mirada. Saray iba divertida viendo a su amado celarla y se dejaba hacer encantada, pues la agarraba de la cintura y le pegaba a él. Ella le calmaba con carantoñas o suaves besos para dejarle ver que a ella solo le importaba él. Pero al llegar al pub donde los amigos de ambos les esperaban, todo se descontroló. Cuando entraron todo era normal, sus amigos los acorralaron para que les explicaran como se había desarrollado todo para acabar juntos por fin y regañar, sobre todo a Saray, por tardar tanto. Pero cuando Iker fue a la barra a pedir unas copas, todos los instintos de Saray se encendieron al ver a una morena espectacular comerse con la mirada a su hombre y acercarse a él. Ella se acercó sigilosa para diversión y cachondeo de sus amigos. Iker ni por enterado de que se acercaba una folla amiga suya, seguía con su sonrisa en la boca.

Natalia: Hola, bombón – dijo con voz seductora a su lado mientras le besaba la mejilla muy cerca de los labios, cosa que irritó a Saray.

Iker: ¡Natalia! – dijo asustado – Aléjate – dijo serio de repente.

Natalia: No, cariño, no me voy a alejar ni un milímetro – dijo riendo, intentando pegarse a él sin premio - ¿Qué pasa? ¿Ya no quieres mis carantoñas? ¿Prefieres a esa rubita tonta? – dijo burlona.

Iker: ¡No vuelvas a hablar así de ella! ¿Entendido? – dijo agarrándola de las muñecas serio – Nunca he pegado a ninguna mujer, no hagas que rompa mi racha.

Natalia: ¿Te molesta que hable así de ella? – dijo medio asustada, medio excitada por el trato.

Iker: La amo, no quiero estar con ninguna otra, llevo esperando esto mucho tiempo y ahora que lo tengo no pienso dejarlo escapar, así que, ¡lárgate! – dijo serio.

Natalia: No voy a renunciar a ti solo por una rubita tonta – dijo seria.

Saray: Si no quieres que esta rubita tonta te ponga en tu sitio, ¡aléjate de mí hombre, zorra! – dijo cabreada y seria.

Iker: Nena… – dijo serio.

Saray: Tranquilo, amor, llevo quitándote zorras de encima toda la vida – dijo cabreada y seria.

Natalia: ¿Cómo me has llamado? – dijo seria.

Saray: No te he llamado de ninguna manera – dijo sonriendo burlona – solo te he descrito – dijo causando una risa divertida en Iker.

Todos miraban ese intercambio con curiosidad y diversión, no era normal ver a Saray peleando abiertamente por Iker y él lo estaba disfrutando. Pero sin mediar palabra y para evitar males mayores, se llevó a Saray de allí al baño. Ninguno se dio cuenta de cómo Natalia les siguió.

Iker: No te acerques más a mí, Natalia, tú y yo no teníamos nada, y no tendremos nada, búscate a otro y déjame tranquilo – dijo serio agarrando a Saray.

Iker no le dio tiempo a contestar pues se fue con su chica en dirección al baño. No quería que nadie viera el bulto que llevaba entre los pantalones al ver a su chica defender su territorio. Nada más entrar, Saray estaba que echaba humo.

Saray: ¡Quién se cree que es esa zorra para acercarse a mi hombre! – dijo dando vueltas - ¡Tú eres mío, que te quede claro! – dijo mirándole seria señalándole con el dedo.

Iker: Deja de hacer eso – le advirtió apenas controlándose.

Saray: ¿Hacer qué? – dijo cabreada - ¿Quieres irte con esa zorra? ¿Eso quieres? ¿La prefieres a ella? – dijo cabreada – Porque…

Pero Iker ya no soportó más y la besó con ardor, con pasión, con desesperación arrinconándola contra el lavabo. Saray se adhirió a su cuello como si su salvavidas se tratara y profundizó el beso. Tras el beso, Saray estaba desconcertada y desubicada.

Iker: ¿No te das cuenta de lo que me pone verte defendiendo tu territorio? – dijo excitado - ¿No te das cuenta como me pones cuando te da por ser celosa y posesiva? – dijo volviéndola a besar.

Saray: Amor – gimió – Yo…no…yo…

Iker: No tienes ni idea de las ganas que tengo de hacerte mía ahora mismo – dijo caliente rozando su bulto contra su pierna – Te amo rubia, solo a ti, y te deseo como no deseo a nadie más, mi rubia – dijo antes de volver a besarla, agarrándola del culo y las tetas por encima del vestido que llevaba.

Saray: ¡Mi amor, oh sí! ¿Soy yo la que te pone así – dijo palpando su erección sobre el pantalón – o ha sido esa zorra?

Iker: A mí solo hay una mujer que me pone cachondo, y es mi putita – dijo restregándole su erección por su vientre – No me gustan las zorras.

Saray: ¡Y a mí me encanta ponerte así, mi amor! Hazme tuya – pidió besándolo posesivamente al ver cómo Natalia les espiaba.

Iker: ¿Quieres que te folle aquí, putita mía? – dijo sacándose la polla del pantalón.

Saray: ¡En todos lados! – dijo deseosa - ¿Qué quieres que haga tu puta, mi amor? – dijo rozándose con él, aún vestidos.

Iker: ¡Chúpamela! - ordenó.

Saray, luego de besar apasionadamente a Iker, bajó las manos por su cuerpo y al mismo tiempo que se ponía de cuclillas le agarraba la polla para engullir la polla erecta hasta los huevos. Natalia, que, aunque llevaba tiempo tonteando con Iker nunca habían hecho nada, abrió los ojos como platos al ver semejante pollón y se relamió. Su coño se empapó solo con ver la escena e imaginando que era ella quién se tragaba esa polla del chico que tanto deseaba.

Iker: ¡Oh, puta, despacio, oh sí! Tienes hambre, ¿eh? – gimió introduciéndole la polla en la garganta y sujetándole la cabeza obligándola a aguantar las ganas de vomitar.

Saray como respuesta, comenzó a comer polla cómo una posesa, haciendo una garganta profunda, mientras con la otra mano le acariciaba los huevos. Iker se tuvo que apoyar contra la pared que había detrás suyo para evitar caerse por la pasión y el deseo con el que Saray se la comía, dándole así una visión de primera plana a Natalia de lo que sucedía. Natalia empezó a masturbarse. Saray comenzó a aumentar el ritmo, si es que eso era posible, volviéndose loca con la polla de Iker en su garganta. Iker intentó apartarla de su polla, pero no pudo y tras unos minutos de intensa mamada de Saray, la agarró de la cabeza y comenzó a follarle la boca.

Iker: ¡Toma polla, puta! ¡Mi polla querías, mi polla tienes, perra! ¡Traga polla, así, así, entera!

Luego de unos minutos de intensa mamada, Iker consiguió separar la boca de Saray de su polla y la levantó para comenzar a besarla con amor, con deseo y lujuria, la boca y el cuello, pasándole la lengua sensualmente por los labios y el cuello mientras Saray se la mordía suavemente gimiendo. Iker la metía mano por debajo del vestido, notando cómo sus pezones se ponían duros entre sus hábiles dedos.

Saray: ¡Mi amor, me vuelves loca! ¡No pares, oh sí! – gimió.

Iker, hábilmente le sacó las tetas por encima del vestido y comenzó a comérselas. Saray se dejaba encantada colocando sus manos en la cabeza de Iker y cogiéndole del pelo.

Saray: ¡Cómeme las tetas, mi amor! ¡Son todas tuyas! ¡Oh sí, no pares, así, más! ¡Me encanta que me las comas! – gemía - ¡No pares, mi amor, oh sí!

Iker siguió comiéndole las tetas mientras ahora, con la mano libre le subía el vestido dejando a la vista su húmedo coño. Saber que su mujer no llevaba ropa interior le puso más bruto a Iker. Luego de unos minutos de comerle las tetas, la colocó sobre el lavabo abierta de piernas y comenzó a pasar sus manos por sus piernas, culo, coño y tetas sin dejar de mirarla a los ojos.

Iker: ¡Estás buenísima! ¿Te gusta? ¡Pienso follarte entera! – dijo mirándola con infinito deseo.

Saray: ¡Me encanta, así, no pares, oh sí! – gimió.

Iker comenzó a bajar la cabeza hacía su coño mientras Saray abría aún más sus piernas. Iker comenzó a pasar la lengua por su coño, de arriba abajo y en círculos, haciéndola gemir de placer mientras con una mano le levantaba el culo y con otra la pellizcaba los pezones. Natalia no podía más de tanta excitación, deseaba ser ella a la que Iker le comiera el coño así y la que le comiera esa polla.

Saray: ¡Oh sí, cómeme el coño, así, mi amor, así, sigue! ¡Me encanta, mi amor! ¡Oh sí, no pares, así, más! ¡Me corro! – gimió.

Saray le agarraba del pelo a Iker mientras él no dejaba de comerle el coño, cada vez con más intensidad, llevándola al cielo. Iker, pronto dejó las tetas de Saray para agarrarle el culo y comerle el coño con ganas, con ímpetu, haciéndola gritar.

Saray: ¡Oh sí, no pares mi amor, así, más, así, sigue! ¡Me encanta, mi amor, oh sí, no pares, así, más! ¡Me corro! – dijo mirando a Natalia con superioridad y excitación al verla masturbarse.

Luego de unos minutos y de que Saray encadenara un orgasmo con otro, Iker paró y subió a besarla al mismo tiempo que se colocaba entre sus piernas y Saray subía por instinto sus tobillos al culo de Iker, de su hombre mientras él le restregaba la polla por su coño sin dejar de besarla.

Iker: ¿Quieres que te folle? – la provocó.

Saray: ¡Hazme tuya, aquí y ahora! ¡No aguanto más! ¡Vamos, métemela ya! – pidió.

Saray, al notar la punta de la polla de Iker en la entrada de su coño, no lo soportó más y agarró del culo a Iker empujando de él hacía ella e incrustándose su polla centímetro a centímetro entera en su coño, notando como la abría, como se abría paso por sus pliegues. No paró hasta que la tuvo toda entera dentro.

Iker: ¡Oh, eres una puta muy caliente, oh sí, toma polla! – dijo dándola un pequeño azote en las tetas y agarrando su culo.

Saray: ¡Oh sí, no pares, dame más fuerte! ¡Me encanta que me partas el coño en dos, mi amor, no pares, oh sí, más, más duro! ¡Fóllame, folla a tu puta! – gimió.

Iker, luego de unos segundos, empezó una lenta follada mientras la agarraba con una mano del culo y con la otra le cogía una teta y se la pellizcaba y estrujaba. Iker comenzó a follarla cada vez más rápido mientras la azotaba el culo. Saray cada vez gemía más y más. Natalia ya no se perdía detalle y tenía su tanga por los tobillos mientras se masturbaba cuidadosa de que no los viera nadie. Iker, luego de unos minutos de intensa follada, le sacó la polla y la penetró el culo de una estocada. Natalia abrió aún más los ojos, morbosa mientras Saray berreaba de placer al sentir a su amado abrirse paso por los pliegues de su recto e incrustarse en su culo.

Iker: ¡Ahora vas a saber lo que es bueno, puta! – gimió empezando a follarla el culo de manera bestial.

Saray: ¡Oh sí, dame más, sí, así, fuerte, dame duro, me matas de placer, mi amor, folla mi culito, dame con todo, oh sí, no pares nunca de follarme así, dame más, oh sí! ¡Me corro! – berreaba loca de placer.

Iker estuvo unos minutos follándola así, sin dejar de comerle, pellizcarle, lamerle ni amasarle las tetas en ningún momento. Ambos estaban en el cielo, disfrutaban como nunca, les daba igual que les pillasen, solo existían ellos y nadie más. También le comía la boca y el cuello cada vez que Saray se corría. Luego de unos minutos de intensa follada, Iker estaba a punto de correrse.

Iker: ¡No voy a tardar en correrme, puta! ¿Dónde quieres que me corra? – gimió metiendo su polla de nuevo en su coño.

Saray: ¡Córrete en mi boquita, mi amor, dame toda tu leche en mi boquita! – berreó empujándolo y arrodillándose, quedando a la altura de su polla - ¡Vamos dame de beber, mi amor! – gimió empezando a masturbarse con fiereza - ¡Vacía tus huevos en mi boquita! – gimió mientras empezaba una sensual y lujuriosa mamada.

Iker: ¡Me corro, puta, me corro en tu boca! – gimió - ¡Toma mi leche, oh sí, bébetela toda, oh sí, sí!

Iker se corría como un bestia en la boca de Saray, que recibía loca de contenta la descarga de leche de su amado mientras se unía a él en un intenso orgasmo. Natalia se corrió al mismo tiempo que ellos deseando ser ella quien se bebiera toda la leche de Iker. Cuando terminaron de correrse, Saray le tragó la leche de su amado con una sonrisa de satisfacción sin dejar de lamerle la polla para limpiársela. Cuando se calmaron se levantó Saray del suelo e Iker la besó con amor, ella correspondió gustosa y se colocaron la ropa y el pelo en caso de la pobre Saray, tanto ellos como Natalia, que desapareció hacia la barra de nuevo.

Saray: ¿Satisfecho? – dijo besándolo.

Iker: Mucho, mi amor – dijo riendo – Me encanta cuando te pones celosa – dijo azotando su culo.

Saray: No puedo evitarlo, amor, no soporto que ninguna se te acerque – dijo seria - ¿Te ha gustado correrte en mi boquita?

Iker: Mucho – dijo morreándola y acariciando su teta.

Saray: Estoy deseando que me folles estando embarazada – dijo sonriente – Y de qué me des de beber muchas veces.

Luego de un rato de mimos y cariñitos, ambos salieron del baño ya arreglados en dirección a sus amigos, pero Saray se dirigió a la barra y se encaró a Natalia.

Saray: ¿Te has gustado lo que has visto, zorra? – dijo seria.

Natalia: No sé de qué me hablas – dijo altanera.

Saray: Sí lo sabes, mentirosa – dijo seria - ¡No te acerques a Iker! Él es mío y de nadie más, ¿entendido? – dijo agarrándola sutilmente del cuello.

Natalia: Sí, no te preocupes – dijo intimidada.

Saray: ¡No quiero verte cerca de mi hombre! – le avisó soltándola - Y espero que hayas disfrutado del espectáculo – dijo yéndose – Iker es todo un semental – dijo pícara – Mi semental – recalcó.

Saray se fue a reunir con Iker, que había visto ese intercambio y la miraba con intensidad, la abrazó posesivo, al igual que ella a él y no se separaron en toda la noche, para gusto y diversión de sus amigos.