La presidenta de la cdad de propietarios
El calor en Madrid es sofocante, pero nada compara con la temperatura que se enciende entre las sábanas de un hotel de lujo. Leonor busca refugio del aire acondicionado y, sin querer, encuentra lo que su matrimonio le niega: un placer prohibido con el enemigo de su esposo.
Leonor había regresado a su vivienda tras la reunión general de la comunidad de propietarios de su edificio, celebrada en un local que poseía la comunidad en la planta baja. Se dirigió a la cocina, tomo un vaso de agua, y, se sentó en una silla con la finalidad de tranquilizarse. Había asistido a uno de sus enésimos altercados, entre su marido Eliseo y uno de los comuneros, Víctor. Está cansada de soportar aquellas discusiones, y sobre todo el talante despótico de su esposo, quien nunca daba su brazo a torcer, y era capaz de sostener una polémica con cualquier vecino por el más mínimo motivo. Era su esposo, y se veía obligado a veces a defenderlo, pese a no estar conforme con el mismo.
Desde que conocía a su esposo siempre había sido bastante arrogante, despótico, e intransigente, hasta con ella misma. Muchas veces se había preguntado cómo era posible que hubiera contraído matrimonio con el mismo, pero, por circunstancia del destino, le gustaba, era muy amigo de la familia, y habían sido novios casi desde la adolescencia. Llevaban cinco años de matrimonio, tras un largo noviazgo, y aún carecían de descendencia.
Tras el matrimonio había comprobado que su marido tenía un carácter bastante difícil de llevar, bastante machista con ella misma, y en ocasiones, en discusiones con aquel había tenido la idea de proceder a separarse. Pero, sin embargo, tampoco tenía donde ir, salvo volver al domicilio de sus padres, y tampoco le agradaba la idea.
Habían adquirido la actual vivienda, pero aún estaban pagando la hipoteca al banco. Al principio le pareció el lugar perfecto, pero con el paso de los meses, su marido mantuvo un altercado con uno de los comuneros en la garaje comunitario, y ahí comenzaron los rife y rafe con el mismo, y que luego derivo hacia otros vecinos. En el último año, por sorteo correspondió a ella ejercer el cargo de Presidenta de la Comunidad, ya que su marido no quería serlo.
Estaba preocupada, porque había surgido una propuesta remitida por el Ministerio de la Vivienda, donde se les comunicaba que se había aceptado financiar a la comunidad con una importante inversión para instalar las placas solares en el edificio. Todo parecía estar aprobado, pero la dirección general que llevaba las subvenciones para toda España había solicitado que los Presidentes de las Comunidades o los administradores, se trasladaran a Madrid para asistir a unas charlas divulgativas y aprendizaje, así como para tramitar personalmente la firma de los documentos de concesión. Pese a entender que aquello parecía más una propaganda del Ministerio que una necesidad, deseaban la financiación y por ello aceptaron.
Dado que se trataba de una importante suma de dinero para la comunidad, todos dispusieron que la Presidenta se trasladara a Madrid, tal y como el Ministerio requería. La comunicación recibida hablaba de dos personas. Pero, como su marido no podía, dado que su empresa no le permitía estar tantos días fuera, dado que suponía una estancia en la capital de varios días. Leonor por su parte, no tenía problemas para tomarse esos días.
El problema radicó, cuando se propuso quien sería la otra persona que acompañaría a la presidenta. Nadie quería desplazarse tantos días a la capital. Unos, porque su trabajo se los imposibilitaba, otros porque eran amas de casa y tenían hijos a cargo, y otros porque, eran personas bastante rudas, y poco dadas a los temas administrativos. Al final, todo decidieron que le acompañara Victor. Este, era el enemigo acérrimo de su esposo en la comunidad, el cual, además, era uno de los letrados del Ayuntamiento de una ciudad vecina. Su esposo puso el grito en el cielo cuando la junta acordó nombrar al mismo para que la acompañara en el viaje a Madrid. Pero ésta había sido una decisión por aclamación del resto de comuneros, y, como dicha persona no tenía problemas para poder obtener permiso, todos decidieron que fuera éste quien la acompañara.
El vecino Victor y su esposo, ambos habían mantenido varias discusiones sobre cómo gestionar determinadas zonas comunes del edificio. En el fondo, Leonor reconocía que Víctor, como asesor jurídico, cuando hablaba, lo hacía con conocimiento de causa, y sus propuestas no eran nada desdeñables, pero su esposo, por llevarle la contraria, siempre se oponía a ellas, montando auténticas discusiones platónicas que a nada llevaban.
Victor, era uno de los comuneros del edificio, con una edad que no superaba los cincuenta años, casado y padre de dos hijos. Trabajaba en la administración local como asesor jurídico desde hacía bastantes años. Era un hombre al que, Leonor, pese a los encontronazos con su marido, le gustaba ver, ya que vestía siempre de forma impecable, con el cabello bien cuidado, bien afeitado, con cuerpo más bien delgado, tendiendo a atlético, y con una altura superior a 1.85 metros, además de ser bastante bien parecido.
Leonor, por su parte era una joven que apenas había cumplido los treinta años, de cuerpo más bien delgado, con una altura que no superaba 1.70, pelo castaño, con una cara bastante bella, donde se situaban unos ojos azul celestes que le daban un toque angelical. Disponía de un cuerpo igualmente con muchas curvas, un trasero con una nalgas que se denotaban bien apretadas y redondas, y unos pechos bastante voluminosos, pero sin ser demasiado grandes. ¡Vamos, que era una joven bastante bien parecida y atractiva! De hechos, varios comuneros habían comentado entre ellos, como era posible que se hubiera casado con Eliseo. Éste era un hombre, de edad bastante parecida a ella, 33 años, algo grueso, sedentario, y de cara no muy bien agraciada.
Cuando su marido regresó a casa, tras la reunión, le dijo: -¡iras a esa reunión!. Pero, eso sí, ¡bajo ningún concepto irás con el mismo!. Tomarás el tren, o un avión hasta Madrid, y tampoco “quiero que te quedes en el mismo hotel que es mentecato”.
-¡Como tú quieras Eliseo!, pero déjalo ya. Bastante altercado has montado cuanto han elegido al mismo. Ya viste que no fue a propuesta del mismo. ¿Ya lo viste? Fueron todo los comuneros los que lo designaron. Le respondió la mujer, intentado justificar la designación del enemigo de su marido, y para que cesara en su tozudez.
-Ya. ¿Y, no tenían otra persona? Encima, van y eligen a esa señoritingo, que se las sabe todas. Añadió el marido, bastante rencoroso.
-Eliseo, quizás sea lo mejor. Él tiene conocimiento de leyes, y hay que firmar unos documentos que pueden comprometen a la comunidad. Yo de eso poco entiendo. Por ello su asesoramiento puede ser importante. -le contestó Leonor.
-Vale. Pero ¿espero que tengas el menor contacto posible con ese mentecato? ¡Yo mismo me encargaré de buscarte el hotel y el traslado! Mañana lo gestionaré desde mi trabajo- añadió, volviendo a insistir en que no quería que fueran juntos a Madrid, ya que sabía que Victor pensaba realizar el trayecto en vehículo desde la provincia andaluza donde vivían.
Una semana después, Leonor se vio llegando a Madrid en ave. Una vez en la estación de Atocha, tomó un taxi para localizar el alojamiento que su esposo le había reservado por internet. Era pleno mes de Julio, y el calor en Madrid era sumamente intenso, ya que estaban pasando una ola de calor. Deseó cuanto antes buscar la habitación y poder darse una ducha, y poder relajarse con el aire acondicionado. No recordaba haber soportado un calor tan pegajoso y asfixiante como aquel en la capital. Ni siquiera en su pueblo, donde el calor siempre era bastante alto.
Cuando el taxista le dejó delante de una especia de Hostal, se quedó medio extrañada. Se preguntó donde le había enviado su marido. Ella pensaba que le había reservado un hotel. Nada más entrar, ya la recepción le pareció bastante pobre, pero su mayor preocupación fue cuando subió a la habitación. En cuanto entró, el alma de la cayó al piso. Se trataba de una simple habitación bastante sencillita, con una cama, una silla, y un aseo bastante cutre, y, hasta le pareció viejo y sucio. Pero, su mayor preocupación fue cuando observó que el albergue no disponía de aire acondicionado, solo estaba preparado para calefacción. Al instante llamó a su esposo, y le hecho una buena reprimenda: ¿Qué voy a hacer yo aquí en esta habitación de mala muerte, sin aire acondicionado? ¡esto es una caldera! ¿No podías haber contratado una habitación en un hotel?
-Tranquila mujer, solo son unos días. Vale, ¡intenta buscar uno mejor, si tanto calor hace! ¿intenta que sea lo más económica posible? Terminó por decirle su marido por teléfono.
Leonor, estaba fuera de sí. Estaba tan acalorada, y amargada viendo aquella habitación, que esta vez, no tuvo reparos en insultar a su marido por teléfono. ¿y encima me indica que busque otra habitación, pero que sea económica?
Tras darse una ducha, viendo que era bastante tarde, salió a cenar algo, y de paso preguntó en algunos hoteles modestos solicitando habitación. Sin embargo, su sorpresa fue que no encontraba nada. Había un congreso en la Capital, y todos los hoteles del centro estaban repletos. Quedó abatida. Solo pensar que tenía que pasar esa noche en aquella habitación con el intenso calor que hacía, estaba por darle un soponcio. Pero, no le quedó otro remedio que pasar la noche, en aquella tétrica habitación, donde apenas pudo pegar ojo, con casi toda la noche en vela, abanicándose y con los dichosos mosquitos, y hasta vio más de una cucaracha. Llamó varias veces a su esposo, insultándolo por ello, con el fin de desahogarse.
Al día siguiente, tras ducharse, con una cara de haber pasado mala noche, se dirigió al lugar donde se iba a celebrar la reunión y las conferencia previstas, y donde, donde tenía previsto que estaría Víctor.
Victor había llegado en la noche, por carretera, pero había dormido en un hotel de cuatro estrellas de la capital, bastante cómodo, con una cama bastante amplia, y por supuesto, con aire acondicionado. Igualmente se había extrañado ver la gran cantidad de personas que se hospedaban, indicándole en la recepción que estaban al completo. Menos mal, que la había pagado por adelantado, y por ello no le pudieron cancelar la misma.
Al ver llegar a Leonor, se quedó extrañado al comprobar la mala cara de aquella mujer, quien parecía haber pasado mala noche. Por ello, le pregunto: Hola Leonor. ¿te ha ocurrido algo? ¿Te noto bastante cansada?
Ella le explicó lo ocurrido, señalándole igualmente Victor que, había comprobado que no había una habitación libre en el centro de Madrid. Tras las primeras horas de la reunión, el hombre comprobó que su vecina, casi se dejaba dormir en la silla. Por ello, en el descanso que hicieron para tomar un café, le dijo: ¡Oye Leonor! Te veo bastante agotada. ¿Porque no descansas a medio día en mi habitación? ¿Esta tiene aire acondicionado y así puedes dormir un poco?
Leonor le miró de forma alarmada, como si aquel vecino la estuviera incitando al pecado. ¿Dormir en la misma habitación del enemigo de su marido? Era algo inconcebible y fuera de su mente. ¿estás loco? ¿Cómo se te ocurre pedirme que duerma en tu habitación contigo? ¿Qué te has creído que soy? ¿Acaso me consideras una cualquiera?
Victor, que lo había dicho con la mejor intención del mundo, se quedó pasmado. No se esperaba la reacción de aquella mujer. Por ello, en cierto modo se molestó, se limitó a contestarle: ¿Cómo quieras Leonor, solo te la indicado, porque te veo bastante agotada? Pero, si encima de lo vas a tomar de esa manera, retiro lo dicho.
El hombre se quedó tan impactado por la contestación de la mujer, que maldijo su buen intención. ¿Cómo se le había ocurrido ofrecer tal proposición a la mujer de su enemigo en de la comunidad? Tanto se molestó, que fue al baño, y al regresar decidió ponerse a hablar con otros asistentes, dejando sola a la mujer. No obstante, la veía con el rabillo del ojo. Observó a la misma, y pese a todo, reconoció que la mujer de su vecino estaba bastante buena. No obstante, la cara de cansancio que aparentaba no dejaba de ser una mujer bonita y bastante hermosa. Mientras hablaba con otros, no podía dejar de visualizar aquella mujer. Él había tenido algunos encuentros esporádicos con alguna mujer, cometiendo alguna que otra infidelidad, pero aquellas habían sido esporádicas y pasajeras. Llevaba unos días sin echar un polvo por problemas vaginales de su mujer, y se dijo: ¡no me importaría echarle una buen polvo a esa hembra! Aunque, ya había visto el carácter de la misma, por lo que dedujo que era algo fuera de todo alcance. No obstante, pensó el intolerante de su marido, no comprendiendo como aquel bellaco, se había casado con aquel pedazo de hembra.
Continuó la reunión. Fueron almorzar todos juntos, y tras la comida, le dijo: “discúlpame, pero me tengo que ir para ver si duermo un poco. Me siento agotada”.
-De acuerdo. Si necesitas algo. Toma, aquí tienes mi número de teléfono. No dudes en llamarme.
Pese a todo, Leonor aceptó el papel con el número de teléfono que le había facilitado Victor, aunque sabía que no iba a llamarlo. Si su marido se enteraba de que le pedía ayuda, pondría el grito en el cielo.
Sin embargo, nada más salir del recinto donde se celebraba la convención vecinal, Leonor se quedó pasmada. ¡En la calle el calor era sofocante! Pensó, ¿Cómo voy a poder descansar en aquella habitación cutre, con el calor tan intenso? Por ello, se acercó a dos hoteles cercanos y preguntó por una habitación y todos le respondieron los mismo: ¡estaban al completo! E incluso, uno de los recepcionistas le dijo: señora, dudo mucho que en el centro pueda encontrar una habitación libre.
Agotada llegó a la habitación, y pese a darse una ducha, pronto se dio cuenta que tampoco iba a poder dormir. No obstante, se echó sobre la cama. No podía pegar ojo, y pensó en el vecino. ¿Y si aceptaba la propuesta del mismo? ¿al menos podría dormir un poco? ¿No creía que pudiera pasar otra noche más como la anterior en aquella pocilga? Sin embargo, luego desistía, diciendo: ¡si se entera Eliseo me crucifica! Pero, todo esto ha sido por su culpa, ¿mira que buscarme una habitación tan cutre como esta?
Sabía que su esposo era un rácano, y por ello le busco la habitación más barata posible. Sin embargo, su desesperación fue en aumento, miró el reloj y se dio cuenta que aún eran las siete de la tarde, y pese a que pudo dormir un rato, se despertó sudorosa, teniendo que volver a ducharse. ¡tenía que salir de allí!, ¡aquella habitación era una caldera! Bajó a la recepción, y le dijeron que no podían hacer nada, y que siempre hacia algo de calor, pero que en esos días la intensa ola de calor era casi insoportable, pero que las habitaciones no estaban preparadas para tan altas temperaturas.
Miró las noticias, y comprobó que la ola de calor se iba a prolongar incluso más allá de los días de su estancia prevista en Madrid. ¡Aquello la terminó por desesperar! Sobre las ocho de la tarde, llamo a su marido diciéndole que iba a tomar un avión de vuelta, o un tren, o un autocar, pero tenía que salir de allí. El esposo, la llamó quejica, y que no podía dejar a la comunidad sin aquella subvención. ¿Que pensara como se pondría el resto de los miembros de la comunidad? Vamos, en otras palabras: ¡le estaba pidió que se aguantara y que se jodiera! Pese a sus protestas, al final colgó el teléfono. Sabía que en el fondo tenía razón y no podía decepcionar a la comunidad.
Sobre las nueve de la noche, no pudo aguantar más, y se dijo: ¿encima mi esposo me pide que me aguante? ¡Pues me aguantaré! Espero que no se entere, pero “voy a llamar a Victor y aceptar su oferta”. Mientras se decidía, pensaba: dormir en la misma habitación, y quizás en la misma cama con aquel hombre. Era bastante mayor que ella, pero reconocía que era un hombre que en el fondo siempre la había agradado. Aquel tremendo cuerpo, atlético, casi delgado, pura fibra, con aquella cara tan seductora, era algo que a cualquier mujer le excitaba. ¡era el enemigo de su esposo, pero no dejaba de reconocer que estaba buenísimo!
Al final, viendo cómo iba a tener que volver a ducharse para bajar la temperatura, y totalmente desesperada, optó por llamarle. Al momento, aquel le contestó al teléfono indicándole que no había problema, que tomara su maleta y que se fuera en un taxi, dándole las señas del hotel. En cuanto entró por el vestíbulo del hotel, sintió el aire acondicionado refrescando su rostro, y se relajó. Le estaba esperando Victor, el cual le saludo, y le ayudo a llevar la maleta hasta su habitación. Ya dentro, se dio cuenta que era una habitación individual, pero muy acogedora, una sola cama, y dos sillas con la mesa para escribir, la cual servía también de tocador. Le sorprendió la cantidad de espejos que tenía la habitación, especialmente en uno de los laterales, donde se ubica el armario empotrado. El baño le encantó, con bañera y ducha. El aire acondicionado le relajó, pese al nerviosismo de estar en la misma habitación con otro hombre, distinto de su esposo.
Tras observar la habitación, le dijo: Victor. He aceptado tu oferta, porque me asaba de calor. Pero, espero que te comportes como un caballero. Y, por supuesto ¿nunca mi esposo puede saber que he dormido aquí… ¿ni nadie?
-Tranquila Leonor. Nadie lo sabrá. ¿Tampoco voy a decirle a mi esposa que he dormido contigo en Madrid?
Ella le miró y intentó decirle: Ya, pero, no vamos a dormir juntos. Yo me quedaré en una silla.
Victor la miró, y le dijo: ¿crees que vas a aguantar durmiendo en una silla?, un horas puede. Pero luego, tendrá que entrar en la cama. Mírate, ¿tienes una cara de autentico agotamiento? Necesitas dormir. La cama no es que sea bastante amplia, pero suficiente, y podremos dormir los dos.
¿Pero Victor, dormir juntos? Soy una mujer casada. Siempre le he sido fiel a mi esposo. Ay no sé, ¡quizás esto sea una auténtica locura!
Victor la miró, y le dijo: Oye Leonor. No te estoy pidiendo que follemos. Has sido tu la que me has pedido venir. No niego, que la situación sea algo pintoresca. Tampoco digo que no me gustes. Eres una mujer a la que cualquier hombre le gustaría hacerle el amor, y yo no soy una excepción.
Leonor, estaba anonadada por la naturalidad con que el vecino, le decía que le encantaría hacerle el amor. En el fondo, aquella situación, le estaba excitando. No obstante, saltó y le dijo: Ya… ¡pero no vamos a hacer el amor!
Victor no le contestó, simplemente se limitó a dirigirle una sonrisa. Sonrisa que estremeció a la mujer. Se dio cuenta que aquel hombre no descartaba echarle un polvo. Con un estremecimiento, entró en el baño, y se cambió. No había traído bata de levantar, ni había en el baño, solo un vestido de dormir, que era un poco transparente. Pensaba dormir sola, por lo al final, algo nerviosa, se miró en el espejo, y se dio cuenta que aquella prenda iba a tentar al vecino. No obstante, se decidió y salió del baño, metiéndose en la cama, ya que estaba rendida.
Victor le dijo: ¿Has cenado ya?
-No pero ahora solo quiero dormir. Ve tu y cena.
El hombre había quedado con unos amigos, cenó con ellos, y al terminar, le pidió al camarero que le prepara un poco de comida para llevar. Ya cerca de las once de la noche regreso a su habitación. Al entrar se dio cuenta que Leonor continuaba durmiendo. Dejó la comida a un lado, y tras quitarse su ropa, se quedó solo con un slip y entró en la cama al lado de la mujer. Pronto se dejó dormir igualmente. Ya en la madrugada, se despertó, viendo que estaba encendida una pequeña luz de la parte donde dormía Leonor. No la vio en la cama. Miró y observó que se había comido lo que le había traído. sonrió. Al rato salió aquella del cuarto de baño portando la mismo vestido de dormir que llevaba. La mujer había dormido y se había recuperado. El hombre se excitó al ver el portento de hembra. Ella le sonrió, poniéndose algo colorada al ver como la miraba. Luego le dijo: -gracias por acordarte y traerme algo de cenar. ¡Creo que no te he dejado nada! No solo estaba rendida, sino hambrienta.
¿Has dormido bien?
Como si llevara años sin dormir tan bien. Lo necesitaba. ¡Estaba agotada! Gracias.
El hombre echó la sabana para atrás invitándola a volver a la cama, diciéndole: Ya lo he visto. Has vuelto a recuperar el brillo de tu cara.
Comenzaron a hablar un rato, y ella le dijo: ¿si mi esposo supiera en estos momento con quien estoy en la cama?
Ya. ¿Se que no me traga? Se que también soy algo insistente, pero a veces es bastante tozudo, y me saca de quicio.
-Lo se. Aunque tu tampoco que quedas atrás.
Hablaron un poco más y luego volvieron a dormirse. Al día siguiente fueron a la reunión de nuevo, y Victor se dio cuenta de cómo le miraba la vecina. En la tarde había una charla sin importancia, y decidieron volver a la habitación del hotel, ya que en la calle hacia un calor insoportable. Ella se duchó y se colocó de nuevo el vestido de dormir. Al ver como aquel hombre regresaba de ducharse únicamente con un slip, la mujer se quedó excitada y ruborizada. Se dio cuenta del hermoso cuerpo del vecino, tan alto, fibroso, y hasta se percató que debía estar bien dotado por el bulto que marcaba el slip que llevaba como única prenda.
Ella observó los espejos de la habitación, y capciosamente le dijo: nunca había visto tanto espejos en una habitación de hotel. ¿Lo has pedido tu?
Victor le sonrió diciendo: ja ja. ¿no estará pensando que solicitado una habitación con espejos porque quería traerme a una mujer aquí para follar con ella?
Leonor se sonrojó, y le contesto: No se. Me han dicho que hay personas que les gusta hacerlo y verse reflejadas en el espejo. Parece que eso las excita.
El hombre le sonríe, la mira capciosamente, y le contesta: No pudo negar que soy bastante morboso. Me encanta hacer el amor a mi mujer, y que nos veamos reflejados en el espejo. Resulta algo excitante. ¿a ti no?
Leonor, se estaba sintiendo acalorada, excitada, y notaba que aquella conversación con el vecino, le estaba mojando la braga. Le miró lascivamente y le contesto: Bueno.. ¡tampoco soy de piedra! Pero… bueno… como te lo diría… ¡Eliseo no es de esos!
-No me digas que Eliseo es de los que solo piensan en meterla, correrse y se acabó.
Leonor se sonrojó, pero se dio cuenta que aquel hombre había acertado. Mirándole le dijo: ¡Vaya parece que conoces bien a mi esposo!
El le contesto: Por su carácter, he deducido que es solo de los que quieren desahogarse ellos, sin esperar que la mujer disfrute, y además sin mucho romanticismo. Es más, ¿quizás me equivoque, pero seguro que solo lo hace en la posición de misionero, y para de contar?
La mujer lo miro, extrañada. Estaba dibujando un retrato perfecto de cómo era su esposo en la cama. Le mira a la cara, y sin saber porque le pregunta: ¿y como eres tú en la cama?
Victor la mira, observa los hermosos pechos de la mujer, que se vislumbraban bajo aquel tela algo trasparente, y le contesta: ¿quieres que te lo cuente? o ¿quieres que te lo demuestre?
-Victor. No sea grosero... ¡ya te ha dicho que no voy a hacer el amor contigo!
-¿No te gusto? ¿me encuentra más viejo que tu?… o ¿Por qué no quieres serle infiel a tu esposo?
- No quiero serle infiel a mi marido. Ya te lo he dicho. Siempre le he sido fiel.
-¿de verdad no te gustaría echar una canita al aire? Estamos tan lejos de casa. ¿Quién se va a enterar de lo que aquí ocurra? ¿no te gustaría conocer otras formas de hacer el amor? ¿te supones?, ¡aquí, los dos solos, ante estos espejos, totalmente desnudos, follando como dos enamorados!
Oh Victor por favor. No sigas. Le solicitó ella bastante nerviosa y agitada. Sin poder evitarlo, miró hacia el slip del hombre que se encontraba echado sobre la cama, pero sin taparse. Al instante observó que el hombre estaba excitado, y con una notable erección. Parecía que el pene del mismo iba a reventar aquella pequeña prenda. Sin poder evitarlo, le dijo: ¿oh...? ¿no estará empalmado? Oh… ¿te has excitado con solo pensarlo? Por favor Victor tapate… oh.. ¿creo que no debo estar aquí?¡esto es una locura!
-¿Te pone nerviosa verme así? ¿estas segura de que no quieres verla al natural? Miró a la mujer y le dijo: ¿estoy seguro de que en el fondo estas deseando que te muestre como tengo ahora mismo mi pene?
Y sin pensarlo dos veces, ante la cara de alucinación de la mujer, Victor se bajó el slip, quedando con todos su genitales al aire. Tenía una erección bastante notable, por lo que su verga, larga y gruesa, salió disparada hacia arriba quedando en vertical a su vientre. Leonor, pese a que inicialmente intentó no verlo, no pudo evitar ver los hermosos genitales de aquel hombre. Se dio cuenta que no tenían comparación con los de su esposo. No solo el sable del vecino era mucho más largo, sino que además era mucho más grueso, con grandes venas que rodeaban el mismo. Y los testículos, eran unos testículos, casi a la par de grandes. Oh por favor tapate… por favor… ¿Qué te has creído que soy?... se levantó agitada la mujer. Estaba como enloquecía y sin saber que hacer. Se bajó de la cama, y mirando al hombre, que se mantenía desnudo sobre la cama, le dijo: ¿eres un sinvergüenza? ¿Cómo te atreves? ¿para eso has querido que viniera?
La mujer tomó un traje y marchó al baño. Victor se dio cuenta de que se había propasado, pero tampoco iba ahora a disculparse. Sabía que en el fondo aquella mujer lo había calentado con los comentarios. Si quería marcharse que se marchara. El no se lo iba a impedir.
Al rato la mujer sale completamente vestida, arregla la maleta, y se dispone a salir. Víctor continuo inmune sobre la cama, totalmente en pelotas, exhibiendo su herramienta, la cual era vista en algunas ocasiones por la mujer, a través del espejo. Leonor estaba fuera de si, diciendo: ¿eres un sinvergüenza, has querido aprovecharte de mí?
-Piensa lo que quieras Leonor. ¡En el fondo estas deseando que te eche un buen polvo! Márchate si quieres. No voy a retenerte. Le comentó aquel con cierto enfado y rin tin tin.
-¡hijo de puta!. ¡Échaselo a tu mujer! ¿Si estas caliente tráete a una prostituta…?
Aquella salió de la habitación, bajó hasta la recepción y salió a la calle. Al instante, se dio cuenta del intenso calor, que pese a ser las cinco de la tarde, aún era sofocante. Tomo un taxi y regresó al albergue donde se había hospedado durante el primer día. Al llegar, el de la recepción le indica que como se había marchado, pensaba que ya no volvería más, y que por eso alquiló la habitación a otra persona. Y, era cierto, había entregado la llave al marcharse. Se quedó quieta, el mundo parecía derrumbarse a sus pies. ¿Y ahora que iba hacer? Tampoco tenía ahora donde quedarse, con aquel calor tan intenso. Tampoco podía volver, y decirle a su esposo que había estado aquella noche durmiendo en la habitación de Victor.
Lo intentó por activa y pasiva, y el conserje le dijo que no podía hacer nada. Que pusiera una denuncia si quería, pero no tenía mas habitaciones. Desolada salió fuera, y al instante percibió directamente en su cara el aire caliente y sofocante. Estuvo andando sin rumbo, sin saber que decisión tomar. Su única solución era volver donde estaba Victor, pero ello suponía que tenía que entregarse al mismo. Recordó la enorme verga que le había visto, y entre indignada, también se notó excitada.
Tras divagar durante más de media hora, se tomó una coca cola para no terminar abatida. Recordó lo bien que se estaba dentro de la habitación de aquel hombre. Tras pensarlo, se dijo: ¡a fin de cuentas, el hijo puta de mi esposo, es el culpable de todo esto por buscarme una habitación como debe ser. ¡Si termino follando con Victor, solo él será el culpable!
Tomo un taxi, y se presentó en el hotel de nuevo. Subió por el ascensor hasta la habitación de Victor, sin saber si estaba allí o había salido. Toco unas dos veces, viendo que no le respondía, iba a tomar el teléfono para llamarlo, cuando se abrió la puerta, apareciendo el hombre únicamente con una toalla enrollada a la cintura. Al verla se quedó sorprendido.
-Hola. Me iba a duchar cuando has llamado. Al ver que venía con la maleta en la mano, se dio cuenta de que había decidido regresar, por lo que simplemente se limitó a abrirle al puerta totalmente, e invitándola a pasar.
La mujer dejó la maleta, y le miró. No se dijeron nada. El hombre se acercó dónde estaba, y viendo que estaba sudorosa, y agitaba le dijo: ¿Porque no te quitas la ropa y tomas una ducha? ¿Veo que vienes bastante acalorada?
Leonor se percató de que le estaba invitando a meterse en la ducha con él, observando como aquel se dirigió al baño sin más comentario. Ya había llegado hasta allí, y ahora no podía volverse atrás. En el fondo estaba excitada. Sin pensárselo dos veces, y siendo consciente de que iba a cometer la primera infidelidad de su matrimonio, se comenzó a retirar toda la ropa, quedando únicamente con un sostén y una braguita. Luego, abrió la puerta el baño y entró. Observo que Victor estaba bajo la ducha. Lo visualizó a través de la mampara transparente, percatándose que estaba totalmente desnudo, con el pene colgando majestuosamente entre sus piernas. Se retiró el sostén, y luego la braga, quedando completamente en pelotas. No se creía lo que estaba haciendo. Pero en el fondo, aquella situación le excitaba. Había visto el tremendo sable del vecino, y hasta, deseaba ser poseída por el mismo. ¡En ese momento no pensó en su marido! ¡que se jodiera!
Abrió la mampara, y Victor la observó, percatándose del tremendo cuerpo que tenía la vecina. La hizo pasar para que se colocara ella bajo la ducha. La mujer al sentir el agua refrescante y tibia, que comenzó a caer sobre su cuerpo se relajó, y pronto sintió las poderosas manos del hombre echándole jabón por la espalda, expendiéndolo por toda ella, mientras cerraba el agua. Victor se entretuvo, enjabonando toda la espalda, para pasar por su hermoso trasero, sin que ella pusiera impedimento alguno. Luego se giró y se colocaron por primera vez frente a frente. El hombre observó los deliciosos pechos de aquella mujer, tomo la esponja con jabón y comenzó a pasarla por todos aquellos desafiantes senos. En ningún momento se dijeron nada. Ella se dejó hacer. ¡Estaba entregada y sabía que iba a ser poseía por aquel hombre!
Luego de enjabonar los pechos, fue bajando, hasta alcanzar la entrepierna de la mujer, facilitándole ella la maniobra de lavado de su vagina, abriéndose un poco de piernas. Sintió claramente los grandes dedos del vecino hurgando suavemente en toda su raja. En ese momento observó el tremendo sable del vecino, que a esas alturas estaba inhiesto y enfilado hacia arriba como un verdadero mástil. Ella le miró a los ojos, le retiró la esponja y decidió enjabonar el pene de éste. Pronto retiró la esponja, y comenzó a pasar su mano por todo el enorme falo, palpando su dureza, y las dimensiones del mismo. Notaba los escalofríos que recorrían su cuerpo a medida que comprobaba al extrema dureza de aquel falo. Excitada, alcanzó los testículos del hombre comprobando con asombro, que estaban bien repletos. ¡El vecino debía tener una buena carga de semen en su pelotas!, pensó.
El agua volvió a caer sobre ellos, y, entonces, fue la propia mujer la que se pegó al cuerpo del hombre, como si quisiera sentir el calor del mismo, sentir sus caricias, su abrazo. Había pasado momentos muy desagradables, y ahora necesitaba desahogarse, sentirse protegida. Mientras abrazaba al hombre se dio cuenta de la altura del mismo, de sus músculos fibrosos, demostrando la gran corpulencia del mismo respecto a su minúsculo cuerpo. Al poco tiempo, sintió las manos del vecino acariciando toda su espalda, haciendo que ella mirará hacia arriba. El hombre, interpretó al instante que buscaba su boca, para lo cual se reclinó para ofrecérsela, comenzando a besarse ardientemente. Ambos comenzaron a acariciarse bajo el agua, besándose, tocándose, de forma ardiente. En un momento dado, el hombre cerró el grifo, y le dijo: ¡anda vamos a la cama! ¡allí estaremos mejor!
Se secaron rápidamente, y luego, Victor la tomó en brazos como si fuera una adolescente, y la llevó hasta depositarla suavemente sobre la cama boca arriba. Se colocó al lado de ella, y comenzó a besarla ardientemente, para ir bajando hasta alcanzar los senos de la misma, haciéndola gemir entrecortadamente, suspirando, mientras la boca del hombre devoraba los pezones puntiagudos: ohh si ooo Dios. ¿qué me haces?, ooo
Luego fue descendiendo por su ombligo, hasta llegar al monte de Venus. La mujer lo detuvo diciendo: ¿oh que vas a hacer?... ¿no pretenderás?
-¡anda déjate hacer!. ¡Relájate! ¿Se que tu marido nunca Te lo ha comido? Pero, yo no soy tu esposo. Voy a hacer que te corras en mi boca- le dijo, metiendo su cabeza entre las piernas de la mujer, lamiendo las inglés para luego irse acercando al coño de Leonor. Victor estaba algo sorprendido, ante la visión de la vagina que tenía ante sus ojos: una vagina con unos labios rodados, pero rodeados de abundante vello, evidenciando que aquella mujer normalmente no se depilaba. Ver la frondosa vagina de la mujer entre aquella maraña de vellos, le excitó aún más.
Tras apartar con sus dedos los vellos, pronto se apoderó de los carnosos labios vaginales, a los que lamió, de arriba abajo, antes de adentrarse en el interior de la vagina. Oh no que haces ooo…
Leonor estaba agitada. ¡Nunca su esposo le había comido el coño! Eso para él era algo indigno, sucio, pecaminoso. Es más, jamás se lo habían hecho. Sin embargo, estaba comprobando que sabía a gloria. Sentía la áspera y larga lengua del vecino pasándola como una brocha por toda su raja, de arriba abajo, haciéndola gemir y suspirar, como si estuviera trastornada, sin inmutarse del hecho de que pudiera ser escuchada por los residentes de las otras habitaciones.
El hombre puso su lengua en forma recata, y comenzó a perforarla como si de un pene se tratara, para luego alcanzar su clítoris, el cual tomó en sus labios, logrando que la vecina se agitara hasta el punto de tomar la cabeza de éste, apretándola contra ella, mientras se venía en un orgasmo singular. Jamás había alcanzado un orgasmo haciendo el sexo oral. No le importó venirse en la boca Victor, viendo como manaban sus jugos, que eran absorbidos por aquel.
Cuando terminó, ¿no se creía lo que le había ocurrido? En ese instante, se percató, como el vecino se incorporó, se introdujo entre sus piernas, obligándola a que las recogiera sobre su propio vientre, dejando a la plena disposición del hombre su precioso coño y hasta su ano. Leonor se dio cuenta que estaba a punto de ser penetrada por el vecino. Pese a su miedo por la dureza de aquel pene, en el fondo ansiaba tener aquel falo hirviente dentro de ella. Victor, tomó su verga en la mano, y la acercó a la entrada de su concha y empezó a sobarlo de arriba hacia abajo, viendo como pasaba su poderoso glande, brillante por todo el contorno de su vagina. Leonor veía la cara de excitación del hombre y su deseo de penetrarla cuanto antes. Y, no se hizo esperar, al momento detuvo su movimiento y apuntando su enorme cáñamo trató de penetrarla, empujó con fuerza y logró introducir el prepucio al tiempo ella emitía una grito de dolor.
Leonor, se estremeció, ya que aquel cipote le estaba abriendo la concha hasta el límite de sus comisuras, el calor del pene parecía que le quemaba por dentro, exclamando: Oh Victor para… me duele mucho… ¡anda sácala! Ella no estaba acostumbrada a ser penetrada por una tranca de aquellas proporciones. Victor no quiso forzarla, por ello la sacó y colocándose el boca arriba en la cama, le sugirió que fuera ella quien le montara.
Pese a dolor percibido, la mujer se fue colocando a horcajadas sobre el vecino, comprobando aquel falo en vertical, enorme, brillante y de unas proporciones jamás imaginadas por la mujer. Tras depositar su vagina sobre el prepucio, fue cediendo, permitiendo que el pene del vecino le fuera entrando poco a poco en su estrecha vagina. ¿Oh no se si podré Victor? ¡La tienes enorme!
Leonor, volvió a sentarse despacio, percibiendo como su la inmensa tranca del hombre empezaba a abrirse paso en su vagina lentamente, sentía dolor, pero cuando notaba era bastante fuerte, se retiraba, para luego volver a sentarse sobre él y cada vez le iba entrando un poco más. El pene de Victor estaba caliente y su concha muy húmeda, por lo que poco a poco las paredes de su vagina fueron cediendo y se fueron dilatando, hasta que pronto tuvo la mitad del falo metido dentro de su vagina. El hombre le comentó: Uh preciosa, tienes la vagina bastante estrecha. ¿Parece como si no te hubieran desvirgado aún?
oH Victor. Jamás me había entrado algo tan grande. Tienes que comprenderlo. Para mí es algo nuevo.
Leonor, hasta cierto punto se sentía virgen frente a aquella enorme barrena que forzaba por partirla en dos. Pero el hombre estaba encelado y cada vez más deseaba tener clavada a la mujer. Por ello, obcecado, tomó por la cintura a la mujer, y le dijo: ¡Vamos Leonor…métetela toda, quiero sentir el calor de tu coño!.
Y, al propio tiempo, la haló hacia abajo sin mucha fuerza, haciendo que su verga entrara más de seis centímetros. La mujer lanzo un fuerte grito de dolor y trató de salirse, ya que se sentía empalada. Pero el hombre la sujetó, forzando a quedarse como estaba, hasta que el dolor fue cediendo. Con la finalidad de incitar a la mujer, Victor comenzó a decirle frases morbosas, picantes y con cierto aire machista, pero que hicieron mella en el ánimo de la mujer. Uh preciosa, que rica ésta. Has visto como mi pene abre su coñito. Necesitas que te entre toda ya. Verdad putita. ¡vamos siéntate de una vez! ¡termina de clavártela toda!
Leonor, al escuchar aquella palabras, la incitaron. Tampoco quería quedar como una miedosa. Por ello, de una fuerte sentada, se introdujo la totalidad del cipote de aquel semental. Un grito de dolor surgió de su garganta, que pudo escucharse en las habitaciones cercanas. Ooooo que dolor…ooo me abres ooo
La mujer sintió un dolor intenso en su vagina, que nunca había experimentado. Pensó que se había roto por dentro. Nunca con nadie, ni con su esposo cuando fue desvirgada, había sentido tanto dolor. Percibía el caliente capullo de aquel cipote chocando justo dentro, cerca de su útero.
Miró hacia el encuentro de su vagina y el pene del hombre: ¡estaba totalmente atravesada por aquella verga! Notaba su trasero en contacto con las ingles del hombre. ¡Su coño estaba más abierto que nunca, y con todo el tolete de aquel hombre dentro de ella!.
A instancias del hombre, Leonor comenzó a subir y a bajar lentamente, viendo como a medida que sus movimientos se hicieron más intensos, el dolor se fue calmando. No pudo más, y se tuvo que recostar sobre el cuerpo del hombre, al tiempo que comenzó a mover su caderas de forma enérgica. Sentía su concha totalmente llena y dilatada hasta el límite. jamás pensó que pudiera entrarle aquel cipote, ni que fuera tan doloroso, pero tampoco que se sintiera tan rico.
La verga de aquel macho acariciaba cada milímetro de su húmeda y encharcada vagina de la vecina. En el fondo, se sintió orgullosa. Había sido capaz de clavarse aquel enorme falo. ¡Se sentía como una hembra completa!
Sus movimientos de subida y bajada se fueron haciendo más intensos, gimiendo una y otra vez, mientras cabalgaba aquella tranca que la partía en dos. Extremo, que animó al hombre, el cual empezó a embestirla con fuerza desde abajo. Cada golpe de cadera del hombre producía un efecto en la mujer como si sintiera que aquella verga se quisiera salir por su garganta. Se sentía casi asfixiada. La tenía clavada cerca de su útero, y en cada sentada, su agitación aumentó de forma bestial, hasta que comenzó a producirse en ella, rítmicas contracciones involuntarias, derivada del orgasmo que se estaba fraguando. Y, cuando este llegó a su momento culmen, sus jugos vaginales comenzaron a resbalar por el tremendo falo del hombre, descendiendo hasta mojar todas las bolas del mismo, para terminar, discurriendo hasta calar las sábanas de la propia cama.
Las embestidas del vecino se hicieron cada vez más frenéticas, y los orgasmos de la mujer se fueron produciendo uno tras otro. Tanto, que la mujer se vio necesitaba de cerrar los ojos, mientras se dejaba atraer por el hombre, quien, tomándola con fuerza, le comenzó a dar estocada tras estocada, dejándola totalmente ensartada.
Oh Victor… no puedo más. Oooo me vengo otra vez ooo
oh si Leonor… córrete como una putita.… uf ¡qué bien te entra! ¿me notas? ¿notas mi polla dentro de su tu coño?
-oh si…me la tienes toda metida. Me abres mucho. ¡ya no puedo más!
-¡sabía que te la ibas a comerte enterita!. ¡que buen coño tienes! No pensé que tuvieras un coño tan divino.
Y el hombre continuó, viendo como la vecina comenzaba a disfrutar de aquella cogida, y de los continuos orgasmos que le venían. Mientras, Leonor, sentía como pese haberse corrido por enésima vez, aquel enorme falo continuaba entrando y saliendo de su vagina, una y otra vez. Podía sentir, no solo la dureza y grosor de aquella tranca, sino hasta las rugosidades que formaban las gruesas venas que bordeaban la misma.
En un momento dado, sorpresivamente, el hombre la toma, la echa sobre la cama, colocándose sobre ella, en posición misionero. No esperó ni a razones, ¡Quería volver a clavarle su tranca y gozar del calor de la vagina de aquella hermosa mujer! Por ello, acercando de nuevo su pene se lo encajó, hasta el punto de que, para acelerar más su entrada, cargó parte de su cuerpo encima de ella, con lo cual, de forma automática, su misil entró en la vagina de la mujer como una lanzadera. Al instante tenía nuevamente ensartada totalmente a la presidenta de la comunidad.
Ohooo nooo ¡más noo oooo me tienes rota! oooo
Leonor, comenzó a resoplar, como su estuviera asfixiada ente la invasión de aquel tremendo falo en su coño, que le llenaba totalmente. La mujer enloquecía, mientras la verga del vecino, no solo le abría le coño como nunca, sino que además le llevaba a otro nuevo orgasmo. Extremo que pocas veces había llegado alcanzar con su marido. ¡No se lo podía creer! Victor, era mucho mayor que su esposo, pero tenía una vitalidad y un poderío del que carecía aquel. Sin poder contenerse, vio como su cuerpo se convulsionó mientras su vagina era perforada una y otra vez por el tremendo sable de aquel mandingo.
Pero, el hombre quería disfrutar de aquella mujer de diferentes maneras. Por ello, sin esperar que se recuperara, colocó a la misma en posición de perrito sobre la cama, totalmente desnuda, con sus pechos colgando y en cuatro. Ella instintivamente dirigió una mirada a los espejos que tenía en uno de los laterales y vio reflejado todo su cuerpo desnudo, mostrando su trasero al vecino. Era una postura sensual, y que jamás había llevado a cabo con su marido.
Leonor pese a estar casi desvanecida y agotada después tanto orgasmo, se dio cuenta que iba a ser montaba por aquel semental nuevamente. Aquel semental era insaciable. Contemplo con lujuria el enorme sable que blandía entre las piernas del vecino, y se estremeció. No llegaba a entender como le había podido entrar aquel enorme falo en su estrecho coño. Se agitó al ver como el hombre se colocó tras ella, y tomando el pene con una de sus manos, lo acercó hasta situarlo justo a la entrada de sus labios vaginales. No le dio tiempo a nada más, ya que el hombre de un golpe de riñones le alojó de nuevo todo su pene dentro de la vagina. ohh despacio ooooo
-Vamos Leonor. ¡Sé que estás disfrutando de este polvo! ¿has visto como entra mi polla en tu coñito? ¡Se la traga todita! Así… mueve ese culito… así preciosa… uf nena, vas a hacer que me corra… o si… ¿anda, es hora de que saques mi leche? ¿Vamos putita saca la leche a este semental? Le incitaba el hombre, viendo como la mujer, reculaba su trasero, yendo a la búsqueda de la tranca de hombre en cada movimiento de penetración de aquel.
Pronto las penetraciones del semental se incrementaron, y la mujer se percató de la inminente venida del mismo. Con sentimientos entrecortados, deseándolo, pero a la vez no, pudo preguntarle al hombre: -oh Victor ¿no pensará correrte dentro? - ¡Aunque, en el fondo deseaba sentir el batir de la leche de aquel semental!. Pero ella no se cuidaba. Tampoco llevaba la cuenta de su ovulación, se notaba caliente, pero podía ser del intenso calor de esos días. Estaba dudosa e indecisa.
El hombre le contestó, incrementado su follada, diciéndole: ¿no pensarás que vamos a derramar fuera este preciado líquido? Tu coñito está ansioso por recibir mi semen. ¿Verás que calentito y espeso lo tengo?
-oh.. pero ¿puedes dejarme embarazada? ¡No me cuido! Le contestó la mujer, viendo que el hombre estaba por venirse pese a sus ruegos.
Victor, no obstante, extrañado, le preguntó de nuevo: ¿no te cuidas? ¿No tomas nada? ¿seguro?
-No, ¡claro que no!. Oh que locura… no lo hagas dentro ¡podrías embarazarme!
Lejos de hacer desistir al hombre, aquello fue como un verdadero revulsivo. Constató como sus hormonas, y el semen dentro de sus testículos se excitaron al máximo. El solo pensamiento de saber que la mujer de su vecino, que tanto le incordiaba, no se encontraba protegida, y que podía quedar embarazada, fue algo que no se esperaba. ¡Que mejor venganza contra vecino bellaco, que preñar a su propia esposa!! Fue suficiente ese pensamiento, para ver como emergía irremediablemente su semen por el escroto, para ser lanzado con gran potencia dentro de la vagina de la mujer
-¡oh te estas viniendo dentro…! oh Victor ¿porque lo has hecho? ooo Pero, pese a sus protestas, el hombre la sujetó con fuerza de sus caderas, mientras le empujaba sus enorme falo hasta la empuñadura, al tiempo que iba soltando dentro, la valiosa carga. Se estaba viniendo dentro del ardiente coño de la mujer de su vecino. ¡La iba a dejar bien llena! Tenía la intención de descargar el contenido de su pelotas en aquella estrecha y caliente vagina.
Leonor, pese a su miedo, estaba alucinada. Sentía como la verga del semental, escupía sin para, con tremenda fuerza, el líquido espeso, caliente y abundante dentro de su ardiente cueva. Percibía claramente el colisionar del semen contra la paredes de su vagina, y hasta sentía el calor de aquella sustancia. ¡Su sensación fue inaudita! Había podido sentir en contadas ocasiones el semen de su marido dentro de ella, además se escaso y débil. En cambio, percibía el semen del vecino con toda nitidez, sentía cada lechada, y hasta la profundidad con que era lanzada.
Estaba embargada de placer, al percibir la verga del vecino, plenamente erecta y dura, dentro de su vagina, lanzando semen sin parar. Hasta llegó a imaginarse el pene como un inmenso tubo metido en su cueva, y del que fluía sin cesar la espesa leche con la finalidad de llenarla.
Antes de acabar, el hombre presionó fuertemente, clavándole de forma profunda su pene, echándole las últimas lechadas de semen muy cerca de su ovario. ¡Era algo que jamás había sentido nunca! ¡el fluir del semen dentro de su vagina la tenían trastornada! ¡No llega a entender como aquel hombre podía tener tanto semen acumulado!
Victor por su parte, se sentía en la gloria, mientras continuaba perforando sin parar aquel precioso coño y descargando sus testículos dentro del mismo. ¡Se estaba viniendo dentro de la mujer de su vecino! Y ello, le añadía un morbo especial, y de tinte vengativo.
Antes de acabar, se echó un poco sobre la vecina, la acarició, y alargando sus dos grandes manos, palpó y manoseo los pechos de aquella, masajeándolos a placer, diciéndole: uf mamacita… ¿qué buena que estas? ¡me has hecho venir como pocas veces! ¡Me has vaciado las pelotas!
Luego, despacio, con la finalidad de que la mujer percibiera cada centímetro de su verga, fue saliendo de su coño. Miró el trasero de aquella mujer, y comprobó con excitación, la gran abertura del coño de la misma, y la inflamación de sus labios vaginales, rosados y enrojecidos.
Tras lo cual, se echaron sobre la cama, abrazados. Leonor estaba entregada. ¡jamás había sentido un polvo tan vibrante y lujurioso! Además, jamás la habían llegado de aquella forma.
-Oh Victor. ¿eres un loco? Me ha llenado mucho. ¡te dije que no estoy protegida! ¿Cómo se te ocurre hacerlo dentro? Le pregunto, mientras se mantenían recostados sobre la cama.
¿Y no será el último polvo que echemos? ¡Pienso darte polla hasta el último momento! Al menos, aprovecharemos el tiempo. Ya has visto que, apenas se puede pasear con este tiempo. Aquí estamos perfectamente. Y ¡aún quedan unos días! Le comentó el hombre.
Leonor, sabía que aquel semental no iba a parar. En las noches y días sucesivos, seguro que se la volvería a coger. En el fondo, lo ansiaba. Era la primera vez que había sido infiel a su marido, pero ¡había valido la pena! Además, ¡su marido merecía aquellos cuernos!, no solo por su carácter, sino por lo que le había hecho al reservar un albergue de mala muerte.
Tras un largo descanso, se ducharon, comprobando la mujer el lento discurrir del semen del vecino, saliendo de su vagina. Tuvo que ponerse una compresa nueva, para evitar que durante la cena le salieran los restos de semen y descendiera por sus muslos.
continuara
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