Haciendo compañía a la novia del vecino (Parte 2)
La puerta se abre sola y el camisón azul apenas cubre lo esencial. Él sabe que el novio no está, pero la tentación de Claudia es demasiado fuerte para resistirla. Esta noche, la casa vacía será el escenario de una traición que nadie sospechará.
Me arreglé para salir a cenar y durante la misma recibí un par de mensajes al móvil de Claudia, mi “novia”, casi la había olvidado y empecé a sentir la culpa, la verdad es que llevábamos algunos meses más saliendo de lo que le dije a Cristina y era… probablemente más serio.
Le respondí a su mensaje y pronto volvió a escribir, ofreciendo venir a dormir a casa. Mierda. En seguida vi en mi mente con claridad, a Cristina desnudándose en la cocina, sus tetas saltando mientras me cabalgaba…
“Tengo trabajo, lo siento, mejor otro día” enviado. Un par de mensajes más y listo. Terminé de cenar y me dirigí a casa, eran las 23:30 cuando llamé a su timbre y se abrió la puerta automáticamente, entré hasta la casa, me esperaba en la entrada con un camisón corto de tirantes azul que le cubría bastante poco los pechos.
- ¡Hola! Llegaste, creía que ya estarías cansado.
- Y si lo hubiera estado, se me acaba de pasar. ¿Duermes así?
- Si me pongo algo, sí.
- ¿Seguro que tu novio no tiene problemas de vista? -la agarré de la cintura y la pegué a mí besándola y bajando para agarrarle el trasero.
- Mm… hueles bien. ¿Quieres? -me enseñó la copa de vino que llevaba en la mano.
- Claro -me sirvió una copa y nos sentamos en el sofá del salón- ¿No estás cansada?
- Muchísimo, pero no tanto como para perderme esto.
- Sigues cachonda
- Últimamente casi todo el tiempo, pero después de que me follaras hoy, no pienso en otra cosa.
- ¿Sabes? Me pone mucho lo guarras que os poneis las mujeres cuando fantaseáis. Me pusiste esta tarde cuando me contase que te imaginabas que te follaba en la entrada. Cuéntame otra.
- Vale -se inclinó un poco a un lado del sofá, mirando hacia mí y subió la pierna al asiento, dejándome ver su entrepierna sin ropa interior, empezando a tocarse suavemente con la mano libre- A veces durante mi clase de yoga, imagino que uno de mis alumnos, que me pone muchísimo, se acerca, me rompe los pantalones y me folla mientras continúo la clase… Me imagino como me coge en cada posición. A veces acabo la clase con las bragas empapadas.
- Qué curioso, me he imaginado haciéndote eso mismo montones de veces cuando te veo desde el estudio -me sonrió mientras seguía tocándose.
- Me alegro, aquí a nadie parece importarle mucho lo que ve.
- Ven, vamos -subí las escaleras y miré las dos primeras habitaciones encontrando una con un escritorio, archivadores y un sofá- ¿Es su despacho?
- Si -entré y miré alrededor.
- ¿Es aquí donde está en vez de en la cama contigo? -asintió terminándose la copa. Me senté sobre su silla de escritorio y cogí un par de plumas y bolígrafos.
- Cuidado con esas plumas, se las dieron en su empresa por no-se-que-cosa -puso los ojos en blanco.
- Ven aquí
La guie mientras dudaba y la puse ante el sofá haciendo que se arrodillara sobre él, dándome el trasero, me puse tras ella sentado en la silla de ruedas y lamí un par de veces su rajita para localizar su agujero e introducir fácilmente entre sus jugos, la pluma de su chico un par de veces hasta empaparla bien.
Volví a lamerla suavemente y subí un poco más hasta su culo, lamiendo un poco más para empezar a meter la redondeada y muy mojada pluma en su ano poco a poco, gemía y trataba de mirar, sonriendo por una divertida “venganza” cómo desaparecía en su culo, la metí y saqué 3 o 4 veces más, la saqué y la dejé de nuevo en el cubilete.
La agarré de nuevo y la dejé ponerse en pie mientras me desabrochaba la bragueta y me bajaba la ropa, mirándola, en seguida se quitó la única prenda que llevaba y se puso de espaldas a mi para sentarse sobre mi polla, tragándola poco a poco hasta sentarse por completo sobre mí, jadeando.
Empezó su “baile”, sin pausa, joder, sí que estaba en forma, le golpeé un par de veces ese culo tan redondo mientras gemía y pedía uno más que, por supuesto, le di. En unos minutos se levantó para sentarse sobre el sillón, puso una pierna en cada reposabrazos abriéndose ante mí.
- Cómemelo aquí, en “sillón de relajarse”. Relájame tú a mi -reía, algo bebida y disfrutando del momento.
Me agaché ante ella y cumplí sin dudarlo, no tardó mucho en acercarse al orgasmo y ya hacía rato, el tejido encuerado del sillón ya estaba chorreando todo lo que salía de ella. Terminó por correrse y le costaba recuperar el aliento, debía estar agotada, pero no tanto como caliente.
La levanté y la llevé a la cama que ella había vuelto a hacer en algún momento, la tumbé y le abrí las piernas elevándolas, teniendo su coño y su trasero delante, seguí lamiéndola y a rotaba tratar de respirar pausadamente. Bajé de nuevo a su trasero y ella se movía, gimiendo. Empecé a empujar la lengua poco a poco, mojándola y notándola ceder, muy poco, pero ceder hasta meterla un poco más y más.
Me arrodillé ante ella y apunté su coño de nuevo, Con las manos agarré la parte trasera de sus rodillas llevándolas hasta el colchón, completamente abierta y elevada cuando empecé a empujar para meterme dentro, con dificultad, pero tan agradable y caliente. En seguida podía entrar y salir y ella volvía a gemir acelerada. Solté sus piernas para agarrar esas tetas perfectas, masajeando sus pezones, pellizcando. Gimió y empezó a pedir más.
Aprete pellizqué sus tetas con fuerza sin parar de bombearme dentro de ella hasta que volvió a correrse casi sin voz. Me tumbé a su lado, empezaba a notar el cansancio también y me tenía a punto de explotar.
Me giré y la hice girarse, dándome la espalda, me coloqué para volver a entrar, tumbados de lado. Que cerrada volvía a estar, mmm… Si, joder. Follamos así un par de minutos más hasta que no pude más, nos quedamos recuperándonos, sin sacársela de dentro.
- Dios, estoy muerta…
- Yo también.
- Quédate… y desayunemos juntos mañana, con más energía, ¿Qué te parece?
- La mejor idea posible.
- Genial, pues… buenas noches.
- ¿Vas a dormir así?
- Si, me apetece dormirme bien rellenada. Que descanses.
No tardó en dormirse, me acomodé y pronto me quedé tranquilamente dormido hasta la mañana siguiente cuándo me desperté con sus tetas ante la cara, aún dormía, la sábana a penas le tapaba una pierna. Me había despertado ya completamente preparado.
Me puse despacio sobre ella, lamiendo sus pequeños pezones rosados, la oí despertarse poco a poco, llevé la mano a su entrepierna, frotando suavemente, consiguiendo despertarla entre gemidos.
- Buenos días ¿no?
- Luego. No sabes cómo me tienes Cris.
- ¿Cómo te tengo? Jaja…
- Tú ríete.
Me coloqué entre sus piernas de rodillas, levanté su cadera y se la metí despacio, aún dormida, aunque ya mojada, su coñito aun oponía resistencia y gimió todo el camino hasta tenerla completamente dentro.
Se la dejé así, sin moverme dentro de ella y coloqué los dedos sobre su clítoris frotando suavemente, poco a poco con más fuerza hasta que empezó a arquear la espalda, estando ya cerca de correrse, paré.
Agarré su cadera para empezar a entrar y salir de ella con las ganas locas que había acumulado. Joder, como me “abrazaba” la polla, tan apretada, tan caliente… Se corrió en seguida, pero yo no pensaba parar ahora.
Seguí empujándome dentro de ella, notando salir sus fluidos por toda la cama. Levanté sus piernas ante mí, las crucé e hice que las doblara hacia su pecho. Con cada paso se apretaba más y más.
Volví a empezar a entrar y salir, Cris jadeaba con las primeras embestidas y en seguida pedía más. Aceleré, notándola ceder hasta metérsela con facilidad. Pocos minutos volvió a correrse con un “lloriqueo” que me pareció más excitante de lo que pensaba.
Y provocó que acabara corriéndome dentro de ella y empapando por completo las sábanas. La “liberé” tumbándome a su lado y estirándome un poco.
- Ahora sí, buenos días -se echó a reír y descansamos un poco más.
- Tengo que trabajar y voy a empezar a prepararme antes de que sea tarde.
- Preparo el café y me voy a casa -bajé y la esperé en la cocina, vino en toalla tomar el café- Bueno, me voy a casa, pero si “el imbécil” vuelve a enfadarte, ya sabes dónde vivo -me pareció mejor que “cuando quieras me vuelvo a meter en ese delicioso coño”, como pensaba en realidad.
- Puede que “el imbécil” duerma hoy en casa así que… Ya sé dónde vives.
Nos besamos húmedamente antes de arreglarme ante el espejo, vigilar un poco que no hubiera vecinos e irme a casa. Nada más entrar me metí en la ducha, por fin, salía cuando oí el timbre de la puerta.
Fui a abrir terminando de ponerme el albornoz mientras volvían a llamar para llevarme una “gran” sorpresa.
- ¡Claudia!
- ¡Buenos días! -entró de un salto dándome un beso como saludo- tenía un par de horas libres e imaginé que estarías despierto, ya me dijiste que tenías que trabajar.
- ¿Trabajar…? -empecé a recorrer mil formas en que pudiera darse cuenta de que ni había dormido allí y no podía casi oírla claramente.
- Anoche. Me dijiste que trabajabas.
- Si, bueno, estuve un buen rato por la noche, casi no he dormido ¿Sabes?
- Te preparo un café -pasó a la cocina y casi sin darme cuenta tenía un café en la mano- ¿Estás bien? Pareces nervioso.
- No. No es eso, me ha sorprendido verte, no he dormido muy bien, ven -la acerqué y abracé para acabar con las preguntas.
- Estás estresado. Lo entiendo, yo también llevo unas semanas horribles en el trabajo, estoy un poco quemada.
- Lo sé -noté cómo metía la mano por le albornoz.
- Por eso, cómo tenía un par de horas y no trabajo tan lejos -me la cogió empezando a masturbarme- he pensado en relajarnos un rato -aceleraba y con la otra mano se abrió la camisa mostrándome el sujetador.
Ya hacía más de una hora que me había acostado con Cris y no tardó en reaccionar y empezar a empalmarme. La guie hasta que se arrodillase y me la comiese un poco, o tardaría una eternidad. Pero algo fallaba… la agarré del pelo, asegurándome de que lo hiciera al ritmo perfecto, no siempre se le daba bien.
La mantuve con mi polla en la boca casi 10 minutos, sin quejarse. Era buena chica, me sentía algo culpable, pero, sobre todo, estaba cachondo. Volví a recordar las tetas preciosas de Cris, su rajita chorreando sobre el sofá de su novio pidiendo qué se la comiera…
Levanté a Claudia del suelo y la llevé al salón, la empujé contra la parte trasera del sofá y la incliné sobre él. Le levanté la falda del uniforme hasta la cintura y le bajé las bragas entrando sin pensarlo dos veces y haciéndola gritar hasta convertirlo en gemidos.
Acabó corriéndose mientras seguí bombeándola con la misma intensidad durante unos minutos más hasta que me pidió que parase. Siempre hacía lo mismo, se corría y se cansaba, no quería seguir follando, prefería chupármela… y ahí iba de nuevo.
Me senté en el sofá y la dejé hacer, la avisé y se la sacó para terminar haciéndome una paja. Hablamos un poco, volví a tener que ducharme y se fue. Era una chica simpática y divertida pero también tan… sosa. Al menos para mí.
Y no se había enterado de nada, perfecto final para estas 24 h que recordaría mucho tiempo ahora que, probablemente, había terminado.
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