Migrando al otro polo de la moralidad
Llevaba años conteniendo el deseo bajo capas de moralidad y rutina. Pero cuando la puerta de la cabaña se cerró y el silencio de la sierra los envolvió, Elena supo que esa noche no volvería a ser la misma mujer.
Soy Elena, con 45 años, casada desde los 20 años con mi primer novio, Antonio con una hija de 24 años. Recién casada continué estudiando en la universidad hasta lograr el grado de Bióloga y luego la Maestría y un doctorado. Mis credenciales me calificaron para hacer una oposición para ser profesora en la misma universidad donde estudié. Como veis mi tiempo estaba dedicado a estudiar y a conducir el hogar donde era una buena ama de casa. Antonio trabaja de ejecutivo de una transnacional, trabaja mucho y frecuentemente viaja al extranjero y a otras ciudades de España.
Me considero una mujer guapa con 1,73 me de estatura, cintura chica y caderas algo anchas, busto redondo de tamaño entre medio y grande, por su forma se mantienen firmes, Rubia con un pelo al que le hago permanente, para rapidez de peinar. Me considero bonita de rostro, confirmado por mi marido, familiares, amigos y algún atrevido que me piropea.
Fui criada en una familia muy católica de pueblo que me controlaba mucho y limitaba mis diversiones y posibles ligues. Soy la única hija Cuando me fui a Madrid a una residencia de mujeres, al mes conocí a Antonio que me llevaba 6 años. El primer beso despertó mis hormonas de una forma desconocida por mí. Pero de besos no pasaba, me daba miedo. En mi habitación me daba cuenta de lo mojada que se ponían mis bragas después de estar con Antonio y sobre todo, cuando me besaba. Una vez, el beso fue muy apasionado y pude sentir en mi vientre su duro miembro. Esa noche, por primera vez me acaricié mui vagina y logré tener 3 orgasmos. Eso me gustó y apreciaba esos besos de despedida con abrazo y sentir la polla en mi vientre. Un fin de semana que no fui al pueblo, Antonio me invito a ir a la playa, los dos solos. Le dije que si iba, seguro que me follaba y no quería eso, que solo sería mujer de quien fuese mi esposo en matrimonio por la Iglesia. Entonces me dijo:
- Yo te amo y quiero que seas mi mujer. ¿Te quieres casar conmigo?
Me agarró tan de sorpresa que le dije que no. Él me argumentó que, si nos amábamos, él podía mantener un hogar con su buen sueldo. Le seguí diciendo que no y me dijo que lo pensara bien, que no me presionaría. Ese día me invitó a cenar y al salir del restaurant fuimos a caminar al parque. Allí en un paraje más o menos alejado nos besamos con tanta pasión, que logre correrme solo con el roce de su polla en mi vientre y él también se corrió dentro de su calzoncillo. Me asusté mucho, pero él logró calmarme y decirme que era normal entre dos enamorados, pero que si nos casábamos podríamos hacerlo como Dios manda. No se cómo me salió y le dije:
-Casémonos para ser tu mujer.
Su alegría fue mayúscula y me besó de nuevo y se atrevió a tocar mis senos y subir mi falda para acariciar mis nalgas en un beso apasionado. De allí pasó a tocar m raja peluda y me hizo correr de nuevo. Me dijo que fuésemos a su piso y le dije que no, que quería llegar virgen al altar. No insistió y nos fuimos y me dejó en casa. Duchad y en pijamas me volví a masturbar. Y me reproché no haber ido a casa de Antonio. Mis hormonas mandaban y doblegaban a la mente puritana moldeada en mi casa.
Antonio fue ese fin de semana al pueblo a hablar con mis padres y decir que nos queríamos casar. El asombro fue inmenso y al preguntarme a mí que, si quería casarme, les dije con mucha firmeza que sí. Era como el momento de quitarme todo el control que habían ejercido mis padres sobre mí. Aceptaron mis padres y nos pidieron que querían que la boda eclesiástica fuese en el pueblo y que ellos se encargarían de todos los preparativos.
Antonio durmió en la habitación de huéspedes ese sábado. El domingo, cuando nos regresábamos, mi madre me llamó y me dijo:
-No creo que sea correcto que te vayas con tu novio, nosotros te llevaremos
- Mamá, Que me dices? Nosotros estamos solos en Madrid y no hemos hecho nada y si quisiésemos lo haríamos cunado vosotros os vengáis. Pero llegaré virgen al matrimonio. No os preocupéis por eso.
- Vale, hijita, que confío en ti.
Nos fuimos y al llegar Antonio me dijo:
- ¿Cariño, ya que no vamos a casar, y serás mi esposa, por qué no vienes esta noche a mi casa?
Al escucharlo, no pude evitar un estremecimiento y sentir hormigueo en el estómago y mojarse mi vagina y sentir como que latía. Me quedé callada y él, tomo mi cara y me beso con pasión y le correspondí. Mi mente nublada por la pasión y el deseo me llevo a decirle que si.
Llegamos a su casa, encendidos de pasión y yo con un gran miedo. Al traspasar la puerta, me abrazó me besó y en ese largo beso, se corrió sobre sus pantalones. Se avergonzó mucho y me llevó al salón y el fue a su habitación a cambiarse. Al llegar se disculpó, me abrazó y seguimos el morreo y me quito la camiseta y el sujetador y acarició mis pechos y los chupó lo que me dio gran placer, metió su mano debajo de mi falda y llego a mi entre piernas, lo que me estremeció y me provocó el primer quejido de placer. Luego quitó mi falda y dejo solo mi braga para tomarme de la mano y llevarme a su cama, allí se desnudó me besó, volvió a mamar mis tetas y me quitó las bragas. Llevo su polla, a la que había puesto un condón, a la entrada de mi virginal chichi y comenzó a presionar, me dolía un poco, pero no como había escuchado. Pero no entraba, así que instintivamente me agarró por las nalgas, hizo fuerza y se metió todo dentro de mi. Me dolía, pero me gustaba sentirme poseída por mi novio. Se quedó quieto con todo eso dentro de mi, hasta que fui yo, quien comenzó a moverse seguido por él. Sentía mucho y sentía como mis flujos mojaban su pene, casi de inmediato me corrí y él también. Sentí como su pene se encogía y se salía y yo quería más. Nos quedamos abrazados y al poco tiempo volvió a penetrarme y volvimos a corrernos los dos muy rápido. Así hasta 6 veces y no fue más porque se acabaron los condones.
Como estaba a final de curso, y en mis vacaciones sería la boda, yo estudiaba mucho y nos encontrábamos en intimidad solo los fines de semana Y siempre igual Varias veces cortas con corridas mutuas.
Después de casarnos, nuestra relación se consolidaba, nos amábamos y follábamos casi a diario, pero como a los dos meses, las frecuencias de sus erecciones seguidas fueron disminuyendo y apenas llegaba a dos y yo quedaba con ganas de más. Pero me adaptaba y creía que eso era así. Ya casi terminando la carrera quedé embarazada y tuve a mi niña. Un año me dediqué a la crianza de la niña, pero me hacía falta mi actividad académica, así que con mi madre, que venía por temporadas y una rumana muy buena, pude dejar a la niña y seguir estudiando.
Antonio fue ascendiendo en la empresa, trabajaba mas y viajaba mucho. Así que nuestra sexualidad bajó de frecuencia y cuando teníamos sexo, el solo podía una vez y yo quedaba insatisfecha. Me puse a revidar bibliografía sobre eyaculación precoz y un día le dije que por qué no consultaba a un sexólogo y me dijo “que yo soy normal y tu pareces ninfómana”. Me quedé asombrada de su respuesta y no insistí. Antonio me trataba muy bien, era un caballero conmigo y cuando estábamos en intimidad me seducía, me hacía correr una vez y solo eso.
Una mañana, una colega me llamó al móvil para pedirme, que por favor, le diera una clase que iba a llegar tarde. Le hice la suplencia y a mediodía me invito a comer.
- Amiga, muchas gracias por sustituirme
- - Nada, para eso estamos.
- Es que ayer ha llegado mi novio de viaje y me tuvo follando casi toda la noche, que me he quedado dormida
- Vaya, que maravilla, amiga. Te envidio.
- ¿Y eso?
- Nunca he tenido muchas horas de sexo y me parece que debe ser divino
- -Que si, amiga. Luis viene poco, porque trabaja en Almería, pero cuando viene es la verdadera máquina de hacerme correr muchas veces.
- Te felicito, amiga.
- Perdona, la pregunta. Si quieres no contestes y no pasa nada. ¿Tu marido no te hace el amor?
- Claro que si, pero además de esporádico se corre muy rápido y aunque me corro también, me parece que me falta más, pero ya son más de 25 años que me he acostumbrado a ese ritmo
- -Cuanto lo siento. Yo no podría. Por eso me encanta Luis, así sea dos veces al mes y en vacaciones dos semanas.
Esa conversación me dejó pensativa y curiosa. Pensé en hablarlo con Antonio, pero su respuesta de hace años me detuvo. Y por primera vez pensé en estar con otro hombre. Y comencé a mirar hombres con otra visión. Miraba y la mayoría no eran de mi gusto. Pero había algunos que me llamaban la atención. Pero nunca iba a tomar la iniciativa. Pero algo debía hacer. Así que decidí cambiar de look, aprender a maquillarme y a usar ropa más sugestiva y tirar la ropa muy formal de académica. Y dio resultados, comencé a ser más piropeada y a atraer la mirada de los hombres, incluido Antonio. Una de las miradas que atraje fue la Alberto, un profesor de la universidad, viudo hace 5 años y con quien tenía reuniones semanales en una comisión nombrada por las autoridades.
Al verme me decía un lindo piropo, respetuoso, pero piropo al fin y eso llenaba mi ego de mujer. En el intermedio de las largas reuniones me invitaba a tomar café y después de algunas semanas, a comer. Fuimos tomando confianza y la Elena desconfiada y mojigata fue desapareciendo y apareciendo la que no se ruborizaba.
Las vacaciones de ese año, mi hija había decidido ir a Australia por un mes y Antonio iría dos semanas a USA a la gran asamblea de cada 5 años de su empresa. Así que debería hacer planes para esos días, ya que no quería ir al pueblo, ni quedarme en Madrid.
Por casualidad, mientras comíamos después de la reunión semanal, Alberto me preguntó que haría en vacaciones. Y le dije que estaba buscando donde ir las primeas dos semanas, ya que mi hija y mi marido no estarían. ¿Y tú? Pregunté.
-he comprado una pequeña finca en la sierra con una cabaña, la han terminado de reformar e iré a acomodarla, equiparla y decorarla. Mi hija se irá a Ibiza todo el verano donde sus abuelos y pensaba que su condición femenina sería ideal para acomodar todo y darle un toque bonito. Pero tendré que hacerlo yo.
No se de donde me salió decirle:
- Si aceptas, puedo ayudarte yo
Con una gran sonrisa me contestó:
- Gracias, pero me da como vergüenza que en tus vacaciones vayas a trabajar
- No es gran trabajo y sería un cambio de ambiente más fresco. Pero si no quieres, no pasa nada
- Me encanta que me lo hayas dicho. No me atrevía a pedírtelo y me encanta esa posibilidad, se que tienes buen gusto por como tienes tu despacho
- Gracias.
- Pues, no se diga más. Nos iremos el lunes por la mañana en mi coche. Te parece?
- Si. Mi hija y Antonio se marchan el sábado
- La pasaremos muy bien, el ambiente es lindo y el pueblo muy acogedor y serán las ferias
- De vuelta a casa, me reproché de haber sido tan espontánea en ofrecerme a ir. Pro al final me dije que si me apetecía estuvo bien. Pero de inmediato, me di cuenta que íbamos a estar solos y él me atraía mucho y era un riesgo de infidelidad. Pero ya estaba hecho y estaba emocionada. Aunque me decía que era solo un viaje con un compañero de trabajo que siempre me ha respetado y nunca me ha insinuado nada, mi inconsciente se rebelaba y me emocionaba el enfrentar esa situación inimaginable por mi, hacia solo pocas semanas. Recordé un taller de crecimiento personal que hizo la uni donde algunas de las cosas que saqué en claro es que hay que vivir el presente y salir de la zona de confort y responsabilizarnos de nuestras decisiones.
- Quedé con Alberto en vernos en el Centro Comercial que queda ceca de su casa, para deja mi coche y evitar chismes de los vecinos si le veían irme a buscar a casa.
- Aunque me reprimía mis pensamientos, el morbo ya me había entrado y estaba decidida a pasarla bien con Alberto, incluido un buen sexo.
- Salimos y tomamos la carretera para recorrer casi hora y media al pueblo. A media carretera paramos a tomar café. Alberto, muy galante abrió la puerta del coche, tanto para entrar como para salir. Cuando vamos al coche, el dueño del bar, le dijo a Alberto:
- - Señor, que su esposa ha dejado el Jersey
- Muchas gracias, dijo Alberto. Mi esposa a veces olvida cosas
- ¿Cómo que mi esposa?
- Por no quitarle la ilusión al señor que nos ha visto como esposos y a mi que me encantaría que fueses mi esposa
Me salieron los colores en la cara y solo atiné a decir:
- Que no soy tu esposa.
Llegamos y sin bajar los equipajes entramos a mirar la casa, era linda y los albañiles la habían dejado muy limpia. Tenía 3 habitaciones con camas matrimoniales, dos baños, un amplio salón solo con un sofá viejo, pero en buen estado y una cocina amplia y bonita ya con cocina y gabinetes de madera nuevos. Salimos al patio muy amplio con un pequeño bosque al fondo. Un paisaje lindo y acogedor de esos que tranquilizan el alma y activan el cuerpo. Me sentía vital
Yo andaba de vaqueros, una camiseta de tirantes y el jersey que había dejado en el coche. Una fresca brisa me hizo erizar los pelos de la piel y Alberto se dio cuenta y me pasó su brazo por mis hombros, lo cual me encantó y no dije nada. Así caminamos hasta el lindero de donde se divisaba un lindo paisaje de montaña, El aire frio seguía soplando y le pasé mi brazo por su cintura como buscando más calor o protección de sus brazos. Entonces, me miró con una de las miradas mas dulces y cautivadoras que he sentido y con mi vista en sus ojos, acercó sus labios a los míos y me beso con un dulce beso, luego me miró como buscando aprobación y me volvió a acercar sus labios y yo le respondí a su lengua en un apasionado beso que me hizo estremecer y abrazarle con todas mis fuerzas, mientras el posaba sus manos en mis nalgas, sentía su virilidad en mi vientre y de mi vagina salir mis jugos que mojaban mis bragas,
-Elena, que lindo es que estemos así. Tenía muchos días soñando con que estuviésemos así.
- Yo desde que me pasaste el brazo por mis hombros lo desee y ahora mas
- Vamos a casa. Me dijo y me tomo de la mano
Al cerrar la puerta nos unimos en un beso y mientras me besaba me quitaba la camiseta y el sujetador y acariciaba mis pechos de una manera suave y algo salvaje, Luego me cargó en sus brazos y me llevó al dormitorio y me depositó en la cama y me quitó los vaqueros, el también se desnudó y quedó en bóxer y se acostó sobre mi para seguir mamando mis tetas y con una mano debajo de mi tanga, llego a mi raja inundada de mis jugos. Me quitó el tanga y el se quití su bóxer y pude ver su polla más grande que la de Antonio que miraba al techo, sin prisa se colocó entre mis piernas y apuntó mi coño con su polla, que fue entrando despacio, pero con facilidad por mis jugos, quedo quieto por un momento y me dijo:
- Estoy todo dentro de ti, eres mi mujer Elena
- Te siento profundo y eres mi macho, Alberto
Comenzamos a movernos y lo sentía dándome un place inmenso, tanto que casi se inmediato me corrí con grandes gemidos y balbuceando le dije:
- No pares, Alberto, hazme correr muchas veces
Me siguió follando divino y me volví a correr como 5 veces más con gran escándalo de mi garganta. Paré agitada poniendo mis manos en su pecho, y él se volteó sin salirse de mi y quedé arriba de él ensartada con esa gran polla, Me comencé a mover como loca disfrutando al máximo y corriéndome varias veces, hasta que agotada quede recostad de su pecho y el aún sin correrse. Me acariciaba todo el cuerpo con sus manos y su boca y delicadamente me puso en cuatro y me lo metió casi de un solo golpe que sentí como llegaba a mi útero. Tomándome de las caderas comenzó a follarme con fuerzas y sentía tanto que me parecía increíble el gozo que me estaba dando ese macho, hasta que lo sentí tensase y yo a recibir un mar de semen que lo sentí como nunca antes.
Nos vestimos para buscar las cosas en el coche y acomodar nuestras ropas en nuestra habitación. Nos fuimos a duchar juntos, me puso gel en todo el cuerpo y yo a él, cuando lavaba su pene, comenzó a responder y mi instinto de hembra me llevo a arrodillarme y tomarlo en la boca como para agradecer el trabajo en mi coño. De inmediato se puso muy duro y alzándome por mis nalgas y yo agarrada a su cuello, me lo volvió a zampar hasta el fondo y se sucedieron dos corridas más, hasta que bajándome, me hizo apoyar las manos en la pared y me penetró la vagina desde atrás y se volvió a descargar con un gran orgasmo mutuo.
Nos vestimos y fuimos al pueblo a comer y a hacer la compra como dos esposos. Yo andaba feliz tomada de su mano y recibiendo l trato de una reina. Después de la compra y comer dimos una vuelta por el pueblo donde nadie nos conocía ya que a quien Alberto compró la finca e había mudado a Barcelona-
Al llegar acomodé la compra, Alberto limpió algunas cosas y nos fuimos a dormir la siesta, por primera vez dormía abrazada con mi cara apoyada a su pecho. Dormimos profundo y al despertarnos intento acariciar mi chichi y le dije que no fuese vicioso, que dejáramos algo para la noche y que fuésemos a la la limpieza,
Por la tarde fuimos de paseo por los alrededores de la finca, la mayor parte del tiempo abrazados o tomados de la mano con varios besos de cariño. Ya en casa, le dije que yo quería preparar la cena y atenderlo como mi marido (si iba a vivir la fantasía en dos semanas, lo haría bien) Que mientras revisara las luces y los ventiladores y revisara su móvil.
Hice la mesa y serví la comida, él presidiéndola y yo a su derecha. Le encantó mi comida y a mí me encantó haberlo atendido como su mujer. Alberto fregó los cacharros y como no había antena de TV, escuchamos música, conversamos y después bailamos merengues, bachata y baladas. Bailando regresó la excitación y nos fuimos a la habitación, nos desnudamos e hicimos el amor de nuevo, con muchos orgasmos que la vida me debía por las carencias de mi marido. Había podido disfrutar en un solo día de un sexo que ni en sueños me había imaginado.
Dormimos profundo, desnudos yo inundada del semen de mi hombre que se salía hacia mis piernas y hacia mi culo. Felices y alegres por ese regalo del Universo de permitir un sexo de dos que se complementan armónicamente y disfrutan a plenitud. Me sentía hembra plena y veía a Alberto como un macho pleno. Al abrir los ojos lo miré observándome con una tasa de café en sus manos diciéndome “café para mi reina”
Nunca había hecho labores domésticas tan a gusto, como ahora. Alberto fue al pueblo a por cosas que hacían falta y a ver si el carpintero tenía unos muebles que había encargado. Cuando regresó sentí una alegría inmensa de verlo y nos abrazamos y besamos como adolescentes. Nos acercamos a la ventana, se colocó detrás de mi, me abrazo y masajeo mis tetas y luego, subiendo mi falda y apartando mi braga, me lo metió todo y me folló a placer como media hora, con muchas corridas mías y el coño lleno de su leche.
Ya han pasado las dos semanas de armonía, amor y sexo de calidad estoy feliz y no quisiera regresar. Alberto me ha pedido que me vaya a vivir con él y me divorcie y aunque me asusta, mi razonamiento me dice que es lo mejor. Ya os contaré
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Iba a ser un finde aburrido pero…
Gracia siempre supo que Pelayo era el hombre que su marido ansiaba verla con. Lo que no esperaba era que, al final de la noche, sería su propio…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Cena sorpresa con mis vecinos
La cena estaba servida, pero la verdadera sorpresa no era la comida. Mila, la vecina reservada, tenía un plan para su cumpleaños y el protagonista…
Comparte:Infidelidad consentidaSoledad y deseoTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Demasiado puta para no ser infiel
Nuria no es una mujer cualquiera; tiene un cuerpo que desarma y un secreto que guardarle a su marido.
Comparte:Infidelidad consentidaSoledad y deseoTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Maduras infieles por necesidad
La vida cotidiana se quiebra cuando las puertas se cierran y los secretos salen a la luz. En un chalet aislado, la amistad y el matrimonio se ponen a…
Comparte:Infidelidad consentidaSoledad y deseoTransgresion moral
- Hetero: Infidelidad
Toneta: ¿Trabajo o infidelidad? - 3
La promesa de una oportunidad profesional los lleva a Budapest, pero la habitación asignada no es la que esperaban.
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaMadurez vs juventud
- Hetero: Infidelidad
Mis días de sexo (Precuela) Cap. 1
Regresa a casa a las tres de la madrugada con el sabor de la traición en la boca y el cuerpo aún vibrando por otro hombre.
Comparte:Infidelidad consentidaMadurez vs juventudSoledad y deseo