Casa rural.
La cocina es tan estrecha que no hay espacio para esconderse. Cuando el roce accidental se convierte en deseo, la barrera del matrimonio se rompe bajo el peso de la tentación. Pero lo que empieza como una traición improvisada resulta ser la pieza clave de un juego mucho más perverso y compartido.
Pues ahora toca ver quién friega los platos y quién va al pueblo a comprar.
Mi mujer se nos quedó mirando a la espera de que alguien propusiera algo. Habíamos alquilado una casa rural las dos parejas de amigos para una semana en la sierra. Cocina completa, dos baños, piscina en la terraza, dos dormitorios de matrimonio… Y había salido barata, un chollo, así que cuando Teo y Marina nos lo propusieron ni lo pensamos. Habíamos salido temprano, pillamos unas tortillas y una empanada para calentar en el microondas en una gran superficie antes de salir a autovía y ahora acabábamos de comer.
Bueno, podemos jugárnoslo a cara o cruz. Los dos con la cara alta van a comprar y los dos con cruz friegan los platos.
Todos estuvimos de acuerdo, así que Tati nos dió una moneda a cada uno. Ella tiró la primera. Cara. empezó a dar saltitos en la silla, ya que si hay algo que odia es fregar los platos. A continuación tiró Marina. Cruz. No se libraba de los platos. El siguiente en tirar fue Teo. Cara, lo que me dejaba a mí con un cincuenta por ciento de posibilidades de irme a comprar con ellos o quedarme fregando platos con Marina. Tiro la moneda, comienza a girar como una peonza… cae y… cruz. Así que Tati y Teo agarran las llaves de uno de los coches y se van a comprar mientras Marina y yo nos miramos y nos encogemos de hombros.
Ve trayendo los platos mientras yo voy lavando.
Mejor lo hacemos entre los dos, ¿no?- le respondo.
¿Tú has visto la cocina? Es apenas un pasillo, no cabríamos. Además, con el calor que hace me apetece meter las manos en agua. Y como sacaste la cruz el último te toca irme trayendo los platos y los vasos. Ah, y no me lo traigas todo de una vez que no cabe en la pila todo.
Sí señora.
Así que Marina entra en la cocina y empieza a sacar estropajo y detergente mientras yo recojo los envases de la comida y los llevo para allá.
¿Dónde está el cubo de la basura?
Aquí debajo del fregadero- me responde.- Espera que abra la puerta y me aparte un poco.
Paso a su lado la mano derecha y me agacho. Realmente la cocina es muy estrecha, tanto que tengo que apoyar mi mano izquierda al lado de su cuerpo para poder estirarme un poco y pasar el brazo derecho para tirar la basura. Al hacerlo, mi antebrazo roza su cintura y ella se encoge un poco y se ríe.
¡Ay! ¡Me has hecho cosquillas! ¡Ja, ja, ja!
Vaya, lo siento.
Y luego vuelta atrás y los platos a la pila. Nuevo roce en su cintura.
¡Ayyy, jajajaja! Estáte quieto con las cosquillas, jajaja.
Y vuelvo a la cocina a por los cuatro platos. Me acerco a su espalda y paso los platos por su derecha, para lo cual tengo que apoyarme de nuevo a la izquierda si no quiero caerme sobre ella. Otra vez encoge el cuerpo y se ríe.
¿Lo haces a drede? Otra vez me hiciste cosquillas.
Vaya, lo siento- repito.
El siguiente viaje que doy es con los vasos. Y nuevamente la estrechez de la cocina me obliga a rozar su cintura
Jajajaja.
Vaya…
Sí, ya lo sé… lo sientes.
Para el final había dejado los cubiertos. Así que de nuevo me acerqué por detrás de ella. Esta vez estaba tensa, a la espera.Pero yo ya tenía el modo juego en marcha, así que esta vez me acerqué por la izquierda con los cubiertos y los eché a la pila sin tocarla.No pude evitar darme cuenta de que se le había escapado un pequeño suspiro de ¿decepción?
Vaya, esta vez no has tenido que sentirlo…
¿El qué? ¿Esto?
Y ahora sí le agarré la cintura con las dos manos haciéndola retorcerse de risa. Con el movimiento se encogió pegando su culo a mi bragueta. No pude evitar notar la dureza de sus nalgas al restregarse contra mi cada vez más empalmado rabo. Y ella también debía notarlo porque yo iba enlenteciendo las cosquillas y transformándolas en un sujetar y acariciar su cintura mientras sus caderas pasaban de fuertes sacudidas a una lenta oscilación que encajaba mi cosa en su culo. Al fin se volvió y apoyó las manos en mi pecho, las mías pasaron de su cintura a sus nalgas y mi pene empujaba contra su pubis. La respiración de ambos era agitada, apenas a tres o cuatro centímetros una boca de la otra.
Creo… que nos hemos pasado… un poco con el juego…- dijo ella.
Creo…- y ambos nos quedamos en silencio unos instantes.
Pues… ¿qué esperas?
La invitación estaba clara, y mi sangre abandonó mi cerebro para irse toda a la entrepierna, así que mordí sus labios con ganas en un beso al que ella respondió con la misma ansia. Mis manos se colaron bajo la camiseta y el bikini para acariciar los pequeños pero casi perfectos pechos mientras las manos de Marina se colaban bajo la mía para acariciar mi torso. Apenas duraron unos segundos bajo la ropa, que pronto acabó en el suelo de la cocina. La levanté en vilo sin dejar de besar sus labios y acariciarla, al tiempo que sus piernas se cruzaban a mi espalda con los muslos fijados en mis caderas. Con ella así cargada salí como pude de la cocina hacia la salita, donde tendríamos más espacio.
Pronto la tenía tumbada sobre las losas caldeadas por el sol de julio que penetraba por la ventana. me detuve un segundo a observarla, entregada y abierta para mí. Sus ojos me miraban con deseo, mientras su boca entreabierta dejaba escapar un ronroneo de deseo. Sus pechos orgullosos, coronados por unos pezones tiesos que despuntaban sobre las pequeñas areolas. La cintura estrecha enmarcando el vientre plano, los muslos finos y entre ellos la grieta de sus labios mayores, gordezuelos y depilados, entre los que escapaba ya brillante un breve reguero de flujo. Y hacia esos labios me lancé, clavando mi lengua entre ellos, haciéndola bailar sobre su clítoris hinchado. Marina clavaba sus dedos entre mi pelo empujando mi cabeza para que siguiera.
Lamí el clítoris con ganas, intercalando pequeños chupetones o bajadas al agujero de su vagina. No tardó mucho su coño en ser una fuente de flujo. La respiración de Marina fue ganando en profundidad, mientras un ronroneo salía de su garganta. No pude resistirme a la tentación y separando los labios mayores con el índice y el anular metí la primera falange del dedo corazón en su caliente y chorreante agujero. Un gemido me dejó claro que la cosa iba bien, y detrás de esa primera falange entró el dedo entero.
Agarrando mi pelo tiró de mí llevando mi boca a sus senos. Comencé a chupar los pezones y a morder los pechos tratando de meter en mi boca toda la carne posible. Al mismo tiempo cambié de orientación la mano para clavar el índice también mientras el pulgar pulsaba el clítoris como si fuese la cuerda de una guitarra. Marina volvió a tirar de mi pelo para comerme los labios en un beso húmedo y caliente. Metí mi lengua en su boca peleando con la de ella en un lujurioso combate. Jadeando uno en la boca del otro seguimos tocándonos. Ella metió su mano en mi bañador agarrando mi endurecido rabo y pajeándolo torpemente por la postura mientras yo seguía torturando su clítoris y su vagina.
-Dame, estoy a punto de correrme, dame.
Y a la vez tironeaba de mi miembro. Obediente, saqué mi mano de su coño, bajé mi bañador hasta las rodillas y empecé a acariciar su coño con mi poya. Ahora apoyaba mi glande en la entrada de su vagina pero sin llegar a penetrar, ahora apoyaba el tronco sobre el clítoris haciendo oscilar la cadera para restregar, todo ello sin dejar de chupar sus pezones, mordisquear los lóbulos de sus orejas o besar su boca. Marina estaba cada vez más perra y harta de mi juego me agarró el miembro, lo apuntó a su vulva hirviente y empujó con sus talones mis nalgas. Entré de un golpe hasta el fondo, golpeando con mis pelotas en sus nalgas y rozando con la punta del glande la entrada de su útero.
-¡Así! ¡Sí! ¡Dámela, dámela entera! Fóllame, fóllame…
Sus caderas empujaban con fuerza contra las mías clavando un poco más aún mi polla y yo me agarré a las tetas para apoyarme y adaptarme a su ritmo. El sonido húmedo de cada embestida era lo único que se oyó durante unos minutos, aparte de nuestras respiraciones. Sin embargo pronto noté como los músculos interiores de ella se encogían en espasmos.
¡Dioooosss! ¡Me corroooo, cabróooon, me corroooo! ¡Sigueeee! ¡Dame más, más duro, más hondo! ¡Rómpeme el coño… rómpeme!
No me hice de rogar y seguí penetrándola haciéndola gemir aún más. En cierto momento se la saqué la puse a cuatro patas, con la cabeza y las tetas apoyadas en el suelo y el culo levantado. Clavé mi rabo en su coño arrancándole otro grito de gusto y con el ano a mi disposición. Mojé entonces el pulgar de una de las manos en sus flujos y comencé a untar con el su culo sin dejar de percutir su coño. Los gemidos seguían lo que me indicó que a Marina le estaba gustando aquello. Poco a poco mi pulgar fue clavándose en su culo. El sonido de sus gemidos cambió, la sensación debía ser intensa.
Saco mi dedo de su culo y la tumbo completamente sin sacar mi nabo de su rajita. Echándome completamente sobre ella le vuelvo a morder la oreja y le susurro.
Voy a follarte este culo estrechito, ¿te parece bien!
No, por favor… por el culo no… en el coño, sigue follándome el coño, por favor, fóllame el coño… córrete dentro, córrete… quiero tu leche para correrme otra vez yo…
Le di la vuelta poniéndola boca arriba otra vez y de nuevo la penetro de un solo golpe. Marina jadea fuerte mientras me come la boca. sus piernas me rodean para que no vuelva a salirme. Acelero el ritmo, su vagina destila flujos, dejando un charco en el suelo. Su coño empieza a temblar exprimiendo mi polla. Noto como mis testículos se encogen. Voy a disparar mi corrida de un momento a otro. Ella lo nota y gruñe en mi oreja.
¡Estás a punto! ¡Vamos, córrete! ¡Préñame el coño! ¡Llename de leche hasta que me chorree por las patas abajo! ¡Préñame hijo de puta, preña a la puta de la amiga de tu mujer! ¡Que la muy cornuda vea el barrigón que su marido le ha hecho a la muy puta de su amiga! ¡Córrete yaaa!
Sus embestidas, el calor y la estrechez de su vagina y sus gritos me llevan al punto de no retorno. Me vacío con fuerza y le arranco un orgasmo más. Ella sonríe y me besa lujuriosa, pero sin reducir la presión de las piernas, asegurándose de que hasta la última gota de semen se vaciaba en sus entrañas.
Joder, qué bueno. Tenía razón Tati. Follas como un animal. Le ha salido de lujo el plan.
Mientras recupero la respiración me medio incorporo y la miro extrañado.
¿Plan? ¿Qué plan?
Ve a la mesa y mira las monedas.
Saco mi miembro de su coño. Suena un leve “plop” y un chorro de semen y fluídos resbala de su raja por el culo hasta formar un charco blanco en las losas pardas. con las piernas aún temblorosas por el esfuerzo llego hasta la mesa. Recojo las monedas. Miro la primera, cara, le doy la vuelta y… otra vez cara. Confundido vuelvo a mirarla. En efecto, la moneda tiene dos caras. Cojo la otra… dos cruces. Miro a Marina. Sudada y con el coño chorreante me sonríe.
¿Lo habéis preparado todo para quedarte conmigo y follarme?- ella asiente con una sonrisa pícara.- Entonces Tati…
¿Está follándose a…
¿A mi maridito? Supongo, ese era el trato… ¿O crees que se tardan tres horas en ir al pueblo al súper como ellos llevan fuera?
Mi cara de sorpresa tiene que ser un poema. Ella se levanta, me da un piquito en los labios, me toma de la mano y tira de mí hacia la piscina.
Vamos a bañarnos, que estoy toda sudada y chorreando lefa. En el agua te explico.- la sigo como una marioneta. Nos metemos en la piscina y nos sentamos en la escalera con el agua a la altura del pecho.
- Verás, ¿te acuerdas hace un par de fines de semana que tú y Teo tuvísteis que ir a Madrid a atender al cliente aquel? Pues tu mujer se vino a casa a dormir. Pues con la tontería nos bebimos unas copas de vino, un par de cubatas y nos dio por ver una peli porno. La peli iba de parejas que se intercambiaban. Entre las copas y la peli nos pusimos calientes como perras… ¿te imaginas cómo acabamos?- no pude evitar que mi mente se llenara de imágenes lésbicas protagonizadas por Marina y Tati. Ella metió la mano bajo el agua y me cogió la polla que se alzaba de nuevo.
Tu amiguito se lo imagina… pue eso que después de “relajarnos” se nos ocurrió montarnos la película nosotras…- se sentó a horcajadas sobre mí, empalándose,- Hummm, está otra vez listo… pues eso… que… nos pusimos de… uff, qué bueno… de acuerdo… para montarnos la peli.
Creo que en ese momento sonó la puerta de la casa, pero yo ya no oía ni veía más que las tetas de Marina rebotando en mi cara… solo se que un rato después Marina y Tati chupaban mi rabo mientras Teo se follaba a mi mujer y masturbaba a la suya. El resto del fin de semana fue a mejor. Y el siguiente… y el siguiente…
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