Xtories

Por algo se empieza...

Llevaban días sin verse y la tensión era insoportable. Cuando ella llegó a su casa de playa, no hubo palabras, solo hambre. Esta noche, G descubre que el sexo puede ser mucho más de lo que imaginaba, y ella está dispuesta a llevarlo al límite.

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Primero me presento, me haré llamar G y soy una de esas personas que les apasiona lo que hace en la vida. Pienso que sino ponemos pasión y energía en lo que hacemos, todo se vuelve gris y rancio. Y, a mis 36 años, he de reconocer que que las energías que tengo a día de hoy son mayores que hace 10 años. Obviamente, en el sexo también.

Mi primera experiencia, fue una sucesión de nervios, desesperación e inexperiencia. No fue un desastre pero nada importante. Pero me sirvió para darme cuenta que el sexo es una parte importante de mi vida y, que aunque no lo practique a diario, salvo la masturbación (indispensable) aún habiendo estado en pareja, es como agua o alimento necesario.

Con el paso de los años se ha intensificado y con la ganancia de experiencia pues he de reconocer que sexo poco pero de calidad. Eso unido a que no "calzo" mal y que soy bastante abierto pues me lo paso bien y, creo, ellas también.

Ellas no han sido muchas, pero muchas de ellas son para recordar.

Una de ellas, y de la que hablaré en futuros relatos, ha dejado una de esas huellas que son imborrables, a distintos niveles (personal, sexual, etc). Durante nuestro primer año de los tres de relación, recuerdo algunos buenos momentos. Hoy os contaré que pasó:

Llevábamos días sin vernos y estábamos recién empezando. Había ganas de estar juntos, de reír, charlar y, obviamente, tener sexo. Yo estaba en mi casa de la playa, nervioso por verla y comerme su cuerpo. No es que fuera una chica despampanante, tenía buenas tetas, el culo un poco caído pero de cara y actitud era una maravilla. Y, bastante cachonda, lanzada y hambrienta. La llamaré C.

Al fin llegó, y salí a recibirla, excitado y nervioso, porque no sabía que podría pasar (los inicios). Ella se abalanzó sobre mi cuello dándome un beso impresionante. Obviamente me puse más excitado aún. Nos fuimos adentro de la casa y seguimos besándonos, con ansias, sin respirar prácticamente. Nos tocábamos como podíamos por encima de la ropa y por dentro, buscando excitarnos y darnos placer.

Yo tenía la polla muy dura, con ganas de entrar en acción. Ella estaba húmeda y en su coño entraban mis dedos con facilidad. Estuvimos así un rato que no sé si fue mucho o no pero era brutal. Entonces se arrodilló y me liberó, sacando mi polla y mirándola con una sonrisa. Y ahí comenzó a hacerme una mamada deliciosa. Yo estaba en éxtasis y ella concentrada. De vez en cuando chupaba mis huevos y le daba lametones a la cabeza para volver a meterse la polla en su boca y seguir mamando. Así un rato, hasta que cogimos y buscamos la comodidad de la cama.

Yo, que soy un poco vicioso, la desnudé y comencé a comerle su coño, húmedo, sabroso, jugoso, olía a sexo del bueno por los jugos. Le metía la lengua dentro, mientras le cogía las tetas y se las sobaba. Le pasaba la lengua por el agujero del culo y notaba como temblaba de placer y empezaba a gemir y agarrarme de la cabeza (eso me pone cachondo). Después de un rato así, jugando con su coño y su culo, lamiendo cada centímetro y jugando con mis dedos, ella pasó a la acción de nuevo y comenzó a hacerme una mamada más intensa.

Se metía más en la boca y chupaba con más intensidad, ya se escuchaba ese sonido de succión que tanto nos gusta a los tíos. Y, de repente hizo algo que me excitó más si cabe: empezó a comerme el culo y meter un dedo dentro de él. Nunca me lo habían hecho. Eso me enloqueció y aún me pongo cachondo de recordarlo.

Siguió así un buen rato hasta que pasamos a la penetración. Había lubricación de sobra con lo que mi polla se encajó perfectamente en su coño. La sensación era riquísima, sus jugos me empapaban y sonaba ese sonido tan excitante "chof chof" que son música cuando estamos follando con alguien. Cambiamos de postura varias veces.

Entrelazados sentados que hace que la penetración sea más honda y con el roce del clítoris ellas disfrutan un montón (sobre todo si la tienes curvada como yo). A cuatro patas, con la visión de su culo y agarrándola del pelo. Ella encima restregando su coño contra mi pelvis y casi haciendo que me corriese. 69, comiéndonos como animales. Hasta terminar en una mamada riquísima, donde ya no aguanté más y me corrí. Ella siguió chupando y, aunque no se tragó creo, no retiró la boca mientras soltaba mi semen y me descargaba. Después descansamos un rato pues estábamos exhaustos después de una hora follando y con unos cuantos orgasmos en el cuerpo.

Y aún así, al poco de recuperar (he de decir que tengo rápida recuperación y no se me suele bajar la erección) volvió a inclinarse sobre mí y, aún con los restos de mi semen en la polla, comenzó con otra mamada. Es raro que me corra dos veces pero ella insistió. Siguió chupando y haciéndome una paja. Se metía mi polla con avidez, ansiosa de que le volviera a dar un buen chorro de leche. Yo estaba súper sensible, casi hasta me dolía, pero a la par disfrutaba de lo lindo. No hay nada más sexy en el sexo que ver a tu pareja haciéndote una mamada y disfrutando de lo que hace. Esa visión de cómo se meten la polla en la boca, juegan con la lengua y se concentran para que te puedas correr es maravillosa.

Y así después de un buen rato, empecé a correrme en su boca echando lo poco que me quedaba dentro. Mientras ella sonreia, satisfecha, yo le decía que era la primera vez que me corría de seguido, y era verdad.

La verdad es que no hay mayor satisfacción en el sexo que ver correrse a tu pareja y verla disfrutar, es un regalo.

Y hasta aquí, por algo hay que empezar...