Xtories

Con unas monjitas

No esperabas que tus secretos llegaran tan lejos. Cuando el timbre suena y dos 'monjitas' entran en tu casa, crees que es una broma o un error. Pero cuando el hábito cae y la tentación se hace carne, comprendes que esta vez, la fantasía no se queda en la imaginación.

Deverano200316K vistas9.3· 11 votos

Con unas monjitas

Es sábado por la mañana. Estoy pasando el aspirador. Mi mujer ha salido a comprar. Suena el timbre de la puerta, la abro y me encuentro con dos monjas frente a la puerta.

Una es alta, bien parecida y sonrisa agradable. La otra, más bajita, regordeta y semblante alegre. La más alta empieza a hablar rápidamente. Sin darme tiempo a nada, ya se han colado en el recibidor.

—Pasemos al comedor que estaremos más cómodos—, dice decidida.

Me hacen sentar en el sofá, una a mi lado y la otra en la butaca contigua.

—Queremos que colabores en esta buena causa…bla…bla...bla…

Literalmente me siendo arrollado y a duras penas articulo palabra. Además, tampoco me dejan hablar. Por respeto a los hábitos y a la institución, no entro en colera y las mando a la calle sin dar más explicaciones

—Ya sabemos que en este mundo todo se paga y que todo tiene un precio…, por lo tanto, nosotras también sabremos agradecer tu colaboración económica― dicho esto, la monja más gordita se levanta con presteza y una gran sonrisa en los labios bastante picara y fuera de lugar.

Se pone delante, se coge el hábito por ambos lados y empieza a subirlo lentamente. Como si se subiese el telón del teatro. Cuando ya está por encima de las rodillas, me pregunta,

—¿Quieres colaborar con nuestra comunidad?, ¿sigo?― antes que reaccione la otra le dice—sigue más arriba, que la cosa va bien

Estoy muy sorprendido, siento una mezcla de sensaciones, esto es imposible...no tiene explicación.

De pequeño fui a un colegio con monjas y siempre tuve una insana curiosidad. Durante una época me masturbaba imaginándome alguna de las monjas desnuda. Esa imagen se me ha quedado grabada. Hoy sin comerlo ni beberlo parece que esa fantasía al fin se va a cumplir

Delante de mi, el “telón”, sigue subiendo y ya se adivina el principio de las bragas. Tiene unas piernas regordetas pero bien formadas. Se da la vuelta y repite la operación hasta que su culo queda ante mis narices con todo su esplendor. Es un culo hermoso, redondeado y atractivo.

Mi atención está concentrada en esta visión que escenifica una de mis fantasías infantiles, y no atiendo lo que la otra dice y hace. De pronto, noto como su mano se pasea por encima de mi pantalón, desde la pierna hasta la bragueta y luego recreándose en dibujar el perímetro del bulto que no deja de crecer. Mi polla que hace rato que esta dura.

La miro sorprendido. Ella con una sonrisa, me tranquiliza:

—Tú déjate llevar, nosotras ya sabemos lo que hacemos.

Al volver la vista hacia la otra, me encuentro con su conchita delante de mi, ya liberado de las bragas. Abre las piernas y lentamente se lo empieza a acariciar, dejándome ver sus labios sonrosados coronados por un abundante felpudo negro.

La más alta sigue con las caricias sobre mi pene, marcando claramente el principio y el final del bulto. De pronto se abalanzan sobre mi y entre las dos, me tiran de los pantalones hasta prácticamente arrancármelos, dejándome con la polla empinada, sentado en el sofá y sin saber que hacer ni decir.

Una de ellas se sienta a mi lado, me toma la mano y la lleva por debajo del hábito hasta su muslo. La otra se arrodilla delante de mí, me sube y baja varias veces el pellejo contemplando golosa lo que tiene entre las manos. Finalmente se decide y se lo pone en la boca, primero solo el capullo. Lo llena de saliva y luego, me lo acaricia con la mano suavemente.

Se la vuelve a meter y ahora parece que se la traga. Mueve la cabeza a un lado y otro, siento un roce indescriptible que me hace retorcer de placer. Ahora su cabeza sube y baja, a medida que se la mete y se la saca.

Se entretiene jugando con la lengua y con los labios con el borde del capullo o con la punta. Las sensaciones son muy placenteras y estoy casi a punto de correrme. Nunca hubiese imaginado que me pudiese ocurrir una cosa así.

Se cumplen tres fantasías al mismo tiempo. Las monjas desnudas, estar con dos mujeres al mismo tiempo y que una me haga una mamada. ¡¡Es demasiado!!.

Con disgusto, las más gordita deja la presa, con la faena inacabada por muy poco… se retira. La otra me hace tumbar en el suelo, ella se sienta encima de mi, se mete la mano bajo el hábito, busca mi polla, se la encara hacia su chocho y se la deja clavar hasta el fondo.

Un gemido de placer se le escapa mientras empieza a cabalgar sobre mi. La otra monja, un tanto decepcionada por no poder participar se está masturbando alegre tumbada sobre el sofá.

Desgraciadamente para mi amazona yo no puedo aguantar más la excitación y me corro mientras digo:

—Salta…salta, métela hasta el fondo.

Ella continua un poco más, aprovechando todo lo que queda. Se relame y lanza un grito como diciendo, —trabajo cumplido y con excelentes resultados.

Tras unos instantes de confusión, se levanta recompone sus ropas y se reúne con su compañera que ya la espera con apariencia de no haber roto un plato nunca. Se despiden y tan rápido como habían entrado se van, si volver a mencionar la causa de su visita.

Yo todavía no es salido de la nube, y trato de poner en orden las ideas. No entiendo nada de nada. La semana siguiente, nos reunimos las parejas de amigos para celebrar el carnaval.

Casi todos llevamos nuestro disfraz más o menos conseguido. Al ver la amiga de mi mujer y otra chica disfrazadas de monjas comprendo la aventura del sábado.

En un momento de la fiesta, ella se me acerca y me dice:

—Mi venganza ha sido muy dulce. Estas cosas te pasan por contar tus fantasías y secretos… luego ella los va contando por ahí…hasta que llegan a sus amigas y estas deciden que se hagan realidad.

—y no le digas a tu mujer que te lo he dicho, que se enfadaría conmigo si sabe que no le guardé el secreto.

—Ya hablaré yo con ella y le pediré explicaciones— le digo con una sonrisa —ahora solo tengo ganas de coger a esta monja por la cintura mientras bailamos

Deverano.