Xtories

Huyendo de la soledad ( noveno capítulo)

La confianza se rompe cuando los secretos salen a la luz. Adela descubre la doble vida de su esposo, mientras Ernesto explora los límites de su empleada y Alberto no acepta un 'no' por respuesta. En este círculo de deseos reprimidos, cada uno debe elegir entre la seguridad de lo conocido y el placer prohibido.

dulceymorboso7.6K vistas9.5· 12 votos

Esa tarde de martes, mientras María dormía la siesta, Adela pensaba en ella y en Maite. Con esas dos chicas había descubierto lo que era el sexo entre mujeres y le estaba fascinando la sensación de dar placer de manera tan intensa a alguien de su mismo sexo. Con Ernesto era totalmente distinto, era él el que la volvía loca de placer con su polla y su forma tan diferente de follarla. A todas horas pensaba en su cuñado y se sonrojaba recordando como ese cabrón la hacía eyacular a chorros con tanta facilidad.

Enfrascada en esos pensamientos, volvió a preguntarse si debería hablar con Diana. Saber que los había descubierto le provocaba incomodidad, reparo. Cuando un secreto de dos, pasa a ser de tres, el miedo es inevitable y Adela temía que por cualquier razón su marido pudiera enterarse y no sólo Félix, sobre todo Paloma, su hermana.

Llamó a Diana por teléfono y quedaron para tomar algo.

Cuando llegó a aquella cafetería, la joven pelirroja ya estaba allí esperándola. Era evidente que las dos estaban nerviosas. Se miraron sin saber muy bien como empezar a hablar.

- Adela… - fue Diana quien rompió el hielo -… antes de nada quiero pedirte perdón por haber aparecido en casa. Fui a buscar mi agenda y…

- Cielo, tu no tienes culpa de eso. Es tu casa… Perdón tengo que pedirte yo a ti. Estoy tan avergonzada de que nos encontraras así… No puedo pedirte que me comprendas ni justificarme pero me gustaría que no pienses mal de mi. Dios! Pensarás que soy una mala esposa y una peor hermana.

- Adela, en las reuniones aprendí que cuando una persona se siente sola y necesita afecto sexual, a veces actuamos por instinto, sin pensar las cosas. Tu siempre nos contabas como te hacía sentir tu marido. Y si él te es infiel… - en ese momento se dio cuenta que había metido la pata y se puso muy roja.

- MI marido me es infiel?

- Bueno, por lo que contabas me imaginé… - Diana hablaba con titubeos, sin saber por donde salir.

- Cariño – Adela cogió la mano de Diana intentando transmitirle confianza - Si sabes si mi esposo me es infiel te ruego que me lo cuentes. Confía en mí por favor.

- Es que… - las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos - Me siento tan culpable. Yo no sabía…

- Diana, mírame - se acordó que en alguna reunión, Diana había confesado que estaba teniendo relaciones con un hombre casado - El hombre casado de quien nos hablabas, era Félix?

- Si, perdóname - comenzó a llorar angustiada - Pero yo no sabía que eras tú su mujer. Me enteré el día que vinisteis a comer al restaurante. Me quería morir cuando vi que era él.

- Por eso aquella tarde no volviste a atender nuestra mesa, es eso?

- Si, le pedí a una compañera que lo hiciera ella y que dijera que me encontraba mal. No podía mirarte a la cara sabiendo que Félix era tu marido. Tu siempre fuiste muy buena conmigo, la que más me ayudó cuando lo necesité.

- Tranquila cielo, tu no sabías nada. No llores por favor.

- Desde que me enteré que eras tú su mujer me propuse dejar de verlo y ya no quedo con él.

- Ya no os veis?

- No, no podía estar con él sabiendo que es tu marido.

- Eres un encanto de chica, gracias. Supongo que no habrá sido fácil para ti.

- Me daba igual, con él me veía muy poco y solo era para… bueno, ya sabes…

- Te puedo hacer una pregunta? - Diana asintió con la cabeza - Ese día del restaurante quedasteis por la tarde?

- Si. Me acuerdo que me mandó un mensaje mientras estabais allí para quedar a las ocho en su oficina.

- Ya me lo imaginaba, ese sábado me dijo que tenía que ir a terminar unas cosas y me dejó en casa un poco antes de esa hora. Gracias por contármelo y confiar en mí, cariño.

- Gracias a ti por no enfadarte, Adela.

- Claro que no, tu solo caíste en su red y no te culpo de nada.

Al despedirse se dieron un abrazo y Adela se fue para casa. Esa noche Félix tendría que buscarse un hotel donde dormir. Estaba decidida a pedirle el divorcio.

Alberto conducía su coche por la zona donde vivía Esther. Le había escrito varios mensajes esa tarde para quedar pero ella no le había contestado.

Su perseverancia daba sus frutos. La vio salir del portal donde vivía, caminaba con prisa. Al mirarla pensó en lo buena que estaba esa tia. Llevaba un vestido ajustado que le quedaba perfecto y permitía ver sus bien torneadas piernas. Aceleró y paró en doble fila y bajó la ventanilla esperando que llegara a su altura.

- Esther!

- Tengo prisa Alberto - al verlo se quedó sorprendida y se puso nerviosa.

- Adonde vas? Te mandé varios mensajes esta tarde. Tengo ganas de volver a follarte.

- No te contesté porque hoy no puedo. Quedé con mi novio que hoy quedamos para cenar.

- Cena romántica?

- Pues si, hoy hacemos cuatro meses juntos.

- Por eso te has puesto tan guapa, ya decía yo que un martes no era normal verte tan guapa con ese vestido. Sube que te llevo.

- No, gracias. Conozco muy bien cómo eres.

- Y como soy?

- Un guarro que solo piensa en follar.

- Y eso a las mujeres os pone mucho. Os encantan los guarros. Venga sube que estamos perdiendo el tiempo.

- No, hoy no puedo. Quedé con Darío dentro de media hora.

- Venga que te llevo - desde su asiento se estiró abriendo la puerta del copiloto.

- Siempre eres tan insistente? - empezaba a dudar si dejar que la acercara - Venga, me acercas al restaurante y ya está - se subió al coche.

- Cuando algo me interesa mucho si que soy insistente.

Arrancó el coche y no perdió el tiempo en poner la mano sobre el muslo desnudo.

- Estate quieto o me bajo.

- Joder tienes las piernas tan suaves… Por lo menos déjame tocar tu pierna, no?

Al volver a poner su mano, ella protestó pero no le apartó la mano. Cuando intentó colar la mano entre sus muslos ella cerró las piernas fuerte.

- Quieto. Alberto, por favor.

- Solo déjame tocar un poco, tampoco pasa nada, no?

- Tienes la mano muy larga tu - sin pensarlo demasiado dejó de hacer fuerza con las piernas.

- Me encanta tocarte las bragas - sus dedos recorrían la tela suave de su ropa interior - tu coño está ardiendo tía.

- Porque eres un manazas - aquella mano la estaba excitando - Mierda! Tenía que haberme ido andando.

- Estás empapada. Vamos a mi casa un momento.

- Pero no puedo - uno de sus dedos se metió bajo la braga y al rozar su sexo la hizo suspirar - Para, por favor.

- Será un momento. Llama a tu novio y dile que llegas un poco más tarde.

- Se va a enfadar - se sentía totalmente excitada - Espera.

Esther buscó el teléfono en el bolso y marcó el número de su novio.

- Hola cariño - le costaba hablar sintiendo aquellos dedos hurgar en su coño empapado - Me voy a retrasar un poco… Nada, mi madre que me llamó y tuve que venir a su casa… Si, en cuanto termine voy para ahí…. Yo también te quiero mucho cielo…Hasta ahora - nada más cortar la llamada separó sus piernas - Joder eres un cabrón! Que manos tienes!

- Te voy a dar una follada que vas a flipar guarra.

- Guarro tu que aunque tenga novio quieres follarme.

Al entrar en la casa de Alberto se comieron las bocas con desesperación. Ella misma se quitó el vestido y las bragas y se arrodilló para comerle la polla.

- Dios! Tienes la polla durísima.

La empujó contra la pared y levantando su pierna se la metió de golpe. Ella gimió con aquella embestida. Le pedía desesperada que no dejara de follarla. La hizo correrse varias veces antes de vaciarse dentro de ella.

Llegó al restaurante una hora tarde y sintiendo el semen de aquel macarra escurrir dentro de su coño. Se sintió mal por Darío pero aquel tío sabía ponerla cachonda y le encantaba lo bruto que era follando.

Esa mañana, al contrario que el día anterior, la despertó el ruido del exprimidor. Decidió hacerse la dormida y saber como actuaba Ernesto al verla.

Escuchó la puerta de la habitación abrirse y por el sonido de los pasos se imaginó que había ido hacia la mesita de noche para apoyar la bandeja.

El colchón cedió un poco y el perfume de su jefe alcanzó sus fosas nasales. Lo sentía cerca, supuso que estaba sentado a su lado, mirando su cuerpo desnudo. Un escalofrío recorrió su cuerpo, al sentir la yema de uno de los dedos de Ernesto, rozar el moretón que tenía en la nalga por culpa del golpe que se había dado el día anterior cuando escapó corriendo.

Le estaba apartando el pelo hacia atrás de la oreja. Sus dedos rozaron su hombro, casi como una caricia. La movió un poco.

- Diana…. Hora de despertar… - la movió un poco más, siempre con mucha delicadeza - Diana…

Abrió los ojos y lo miró.

- Buenos días don Ernesto.

- Buenos días. Que tal has descansado?

- Bien y usted?

- Bien, gracias. Te he traído una pomada para el golpe. He visto que tienes un moretón.

- Si, lo vi anoche.

- Le has echado algo?

- No, no tenía ninguna pomada.

- Compré esta ahora en la farmacia - le mostró un tubo - Deberías echártelo.

- Quiere hacerlo usted?

- No se si sería apropiado. Es una zona un tanto delicada - el golpe había sido en la nalga en una zona cercana a su vagina.

- Como quiera, pero yo no veo bien donde es sin un espejo.

- Está bien. Te la echaré yo.

Diana se tumbó boca abajo mientras Ernesto destapaba el tubo.

- Que fría! - se estremeció al sentir la frialdad de la pomada.

- Es un momento - la mano de Ernesto comenzó a extender la crema con suavidad y aquel frío inicial fue transformándose en calor, mucho calor - le daré un masaje para que la piel la absorba bien.

El tacto de aquella mano sobre su nalga, el masaje, sentir que al mover la nalga podía verle perfectamente la vagina e incluso el ano, todo aquello, estaba haciendo efecto en ella y sintió que se estaba excitando. Cerró los ojos y le gustaba lo que sentía. Hacía mucho tiempo que un hombre no se detenía de esa manera acariciando su piel. Los dos estaban disfrutando de ese momento y no decían nada.

- Bueno, creo que ya es suficiente.

- Ya?

- Si, por qué?

- Creo que sería mejor echar un poco más.

- Crees que eché poca? - él entendió lo que esa muchacha deseaba.

- Creo que si.

- Mas vale que sobre a qué falte, verdad?

- Si.

- Debemos tener presente que eres mi empleada, recuerdas lo que te dije?

- Si, usted me dijo que solo con algunas había habido miradas y también tocar.

- Tienes razón. Esto solo es tocar.

- Por eso.

Sin esperarlo volvió a sentir aquel gel frío sobre su piel caliente y se mordió los labios.

- Creo que por aquí también parece que está un poco morado - sorprendida sintió que tiraba de la nalga afectada hacia el exterior separándolas - Te duele aquí?

- Un poco.

La mano de aquel hombre comenzó a esparcir pomada entre las nalgas y Diana gimió en bajo. La estaba rozando el ano y no pudo evitar ponerse muy cachonda. Sabía con claridad que su jefe estaría viendo su vulva mojada.

- Perdone que mi sexo esté mojado. Es muy sensible.

- Ya lo veo.

- No le diga a Adela que me masturbó, vale?

- No te he masturbado.

- Ah, pensé que lo iba a hacer.

- Necesitas que te masturbe?

- Si. No podré trabajar bien si voy así.

- Tu tampoco se lo digas a nadie.

Ernesto acarició el sexo de Diana, la masturbó delicadamente. Aquel coño era suave, precioso, sensible y se corrió varias veces con los dedos de su jefe.

- Alguna de sus empleadas lo masturbó a usted?

- Nunca

- Si va así a trabajar… - la cabeza de Diana señaló hacia el pantalón abultado -… podrá trabajar bien?

- Creo que no.

Diana acarició sobre el pantalón y se quedó alucinada con aquel tamaño.

- Quiere que le masturbe?

- Me encantaría pero no estás obligada a nada.

Le bajó el pantalón y la ropa interior y se quedó boquiabierta al ver la polla de su jefe. Su mano se veía muy pequeña comparada con aquel miembro tan exagerado. Se masturbaron hasta tener orgasmo juntos.

- Nunca viera una tan grande - estaba asombrada.

- Todas me lo dicen.

Se vestían mientras se recuperaban del placer que habían sentido. Diana vio la cama y las manchas que habían dejado en la sábana.

- Luego cambiaré yo la cama. Hoy no me importará hacerlo.

- Vendré yo a cambiarla después. Te lo has ganado.

Ella le sonrió tímidamente.

- Gracias.

Adela había pasado muy mala mañana. Después de muchos años, de nuevo había dormido sola. A pesar de que su marido no le prestaba atención en la cama, sentir el colchón frío al otro lado era extraño.

La tarde anterior al llegar a casa habían discutido. Le había dicho a Félix que estaba harta de sus mentiras y de sus engaños, que lo sabía todo. Él sabiéndose descubierto no hizo nada por defenderse, sabía que después de tantos años mintiendo, algún día lo iba a pillar y ese día había llegado. Hizo una maleta y se fue pidiéndole ser perdonado. Adela por respuesta solo lo miró despectivamente.

Por la mañana llamó a sus hijos y les contó, sin dar demasiados detalles, que su padre y ella ya no estaban juntos. Sintió tristeza de comprobar que ninguno se sorprendió con la noticia. Quedaron que por la tarde irían los tres a casa para estar con ella.

La vida a veces tiene estas paradojas. El domingo había estado con María, intentando animarla porque su marido se había marchado de casa y ahora era ella la que vivía el final de su matrimonio.

Decidió llamarla. Quizás ella la comprendiera mejor que nadie.

- Hola Adela. Que sorpresa!

- Hola cariño, que tal estás?

- Bien. Ayer hablé con Maite y lo hemos solucionado todo. Y tu que tal estás?

- No muy bien, perdona que te llamara pero pensé que quizás tu me entiendas mejor que nadie.

- Que te pasa? - María se preocupó al escuchar lo que le decía.

Adela le contó que había echado a su marido de casa. Que se había enterado lo de su infidelidad, por supuesto sin nombrar a Diana.

- Lo siento mucho, Adela. Quieres quedar a comer juntas?

- No te importa? No quiero que Maite se pueda enfadar contigo por mi culpa.

- Tranquila, le diré que estoy contigo. Hemos hablado mucho y nos hemos contado todo.

- Todo? - se avergonzó ante la posibilidad de que se hubieran contado lo que habían tenido con ella.

- Si, todo. Adela no pasa nada eh! Siempre nos has tratado muy bien y las dos te queremos mucho. Entonces quedamos para comer? Yo iba de camino ahora, Maite hoy sale más tarde de trabajar.

- Adonde vas a comer?

- Voy a un restaurante del centro, te mando la ubicación. Vale?

- Vale. Hasta ahora entonces.

- Hasta ahora.

Por un momento pensó en la posibilidad de invitarla a comer en casa pero no era buena idea, estaba segura que a Maite no le haría mucha gracia ahora que estaban bien juntas. Se preguntaba si María hubiera aceptado.

Llegó al restaurante y le mandó la ubicación a Adela. Enseguida llamó a Maite para decirle lo que le había pasado a su amiga y que iban a comer juntas. Quedaron de verse luego en la reunión.

Adela llegó enseguida. María al verla se levantó para abrazarla intentando transmitirle su cariño. Durante la comida Adela le contó lo que había pasado.

- Siento mucho que haya pasado esto - María no sabía muy bien lo que decir.

- Era cuestión de tiempo, tranquila. Ya eran muchos años que mi matrimonio no iba bien, lo único que me da rabia, es no haber tomado esta decisión antes.

- Y como estás?

- Bien, pensé que lo iba a llevar peor. Ahora tengo mi cama solo para mi, hay que ver el lado bueno de las cosas - las dos sonrieron a pesar de la tristeza.

- Pues si. Uy que peligro tu sola!

- Te puedo confesar una cosa?

- Claro, sabes que puedes confiar en mí.

- Hoy cuando estábamos hablando de quedar para comer, pensaba si querrías venir a comer a mi casa – a pesar de la confianza que se tenían le costaba decir ciertas cosas – Pensé que igual no era buena idea ahora que tu y Maite estáis bien.

- Te lo agradezco Adela, no sé que hubiera hecho la verdad - se quedaron en silencio, mirándose a los ojos - Es que, sabes? Siento que estoy enamorada de Maite y me gusta muchísimo, nunca me había pasado esto y al ser otra mujer, me asusta mucho pero tengo que confesarte que cuando estoy en tus brazos me siento como una niña mimada y esa sensación me llama mucho la atención. Y luego están esas cosas que me hiciste y te hice, cada vez que lo pienso me muero de la vergüenza.

- Pero te gustaron?

- Si, mucho. Por eso me da vergüenza. Ese sexo tan…

- Sucio.

- Si… Tan sucio, es como si me llamara la atención, Adela.

- A Maite le contaste todo?

- Si… bueno… lo de hacerme pipi por mi si, lo otro no me atreví.

- Que te limpié con la boca y tu a mi, eso no se lo contaste?

- Eso no se lo dije - María se tapó las mejillas con las manos, estaba colorada de recordar aquello.

- Y sientes que te gustaría repetirlo?

- Ay madre! Que preguntas me haces. Si me gustaría pero no quiero meter la pata con Maite.

- Te entiendo cariño pero reprimir un deseo a veces no es bueno. A mi también me gustaría repetirlo, no puedo negarlo, pero solo lo haría si supiera segura que Maite no lo sabría nunca y que no iba a afectarte en vuestra relación.

- Es tan complicado…

- Las relaciones son complicadas y los deseos son impredecibles.

- Ya.

- Si alguna vez decides que deseas repetir eso. Me lo harás saber?

- Si. Y si lo hacemos te prometo que Maite no lo sabrá y no me afectará en mi relación con ella.

- Eres encantadora y me alegro muchísimo que estés feliz con ella.

- Gracias. Tu también eres una mujer encantadora.

Adela miró el reloj, habían pasado tres horas volando.

- Estoy muy a gusto aquí contigo pero debo irme. Vienen mis hijos a casa esta tarde.

- Ya lo saben?

- Si, se lo he dicho esta mañana. Vas a ir a la reunión?

- Si. Voy a ir.

- Diles a todos que estoy bien y que no se preocupen por mi.

- Vale, se lo diré. Una tarde de estas te mando un mensaje y quedamos para tomar un café, vale?

- En casa? - la cara de Adela era de pícara.

- Eres una diablilla. Bueno, ya veremos.

Se volvieron a abrazar para despedirse.

Cuando se giró para mirar a Adela alejarse, esta estaba parada mirándola. Sonrieron al verse descubiertas.

María siguió su camino. Sabía que le gustaría mucho ese café en casa de Adela y que volviera a darle ese masaje en los pies que tanto le gustaba.

Vio a Maite en una esquina y se acercó a ella. Con cierto disimulo, las muestras de su amor en público todavía les costaba hacerlas, se dieron un beso en los labios.

- Que tal con Adela, cariño?

- Bien, se le nota tristona pero como ella dice, hasta se sorprende sentirse así de relajada. Ya se lo esperaba.

- Lo importante es que esté bien. Debería llamarla mañana.

- Claro, ella se lo merece y lo agradecerá.

- Hoy no viene?

- No. Quedó con sus hijos en casa y hablarlo personalmente con ellos.

Vieron llegar a Fabián acompañado de Elvira, se les veía muy contentos. Las saludó desde la distancia y María le respondió fríamente.

- Cariño, no crees que deberías hablar con Fabián? Me da rabia veros así, quizás deberíais aclarar las cosas.

- A mi también me da rabia. Igual tienes razón y debería un día quedar con él - mirándolo recordó las veces que habían follado juntos - Crees que seremos capaces de no volver a necesitar estar con hombres?

- Pues claro cielo. Yo por lo menos no lo veo necesario. Tú crees que no serás capaz?

- No lo sé cariño y me asusta un poco. A veces pienso que me gustaría estar una última vez con Fabián.

Como siempre el resto llegaron sobre la hora y enseguida subieron.

Carlos los recibió en la puerta dándoles un afectuoso abrazo y tanto María como Maite se pusieron nerviosas al recordar lo ocurrido en la anterior reunión.

- Hola María, que tal estás? Espero que estés mejor.

- Si, gracias por todo, Carlos- esta vez se sentaron en sillas pegadas. María acercando su cara a la oreja de su amiga le preguntó - Te molesta si lo cuento?

- Lo nuestro?

- Si, me gustaría que todos lo supieran. Puedo?

- Estás loquita cariño - le sonrió con los ojos brillantes - Claro que puedes.

Carlos se sentó y les dio las gracias a todos por estar allí una tarde más.

- Quería deciros que como muchos de vosotros ya sabréis, Adela ha tenido un problema en casa y no podrá venir. Bueno, alguien quiere empezar?

María se levantó y Carlos le dio la palabra.

- Buenas tardes a todos. Antes de nada quería deciros que estuve con Adela comiendo y me pidió que os dijera que está bien y nos os preocupéis por ella – todos se alegraron al escuchar eso – En segundo lugar, quería pediros perdón por lo del lunes. Tenía muy mal día y disculparme por si os hice pasar un mal rato. Y bueno, en tercer lugar, quería comentaros algo – cogió aire pues estaba nerviosa - A veces la vida nos sorprende con cosas que creemos imposibles. Yo nunca creí que me podrían gustar las mujeres y hoy quiero deciros que entré aquí el primer día siendo hetero y hoy os puedo confesar que me he dado cuenta que soy bisexual – el murmullo de sorpresa de la gente la hizo esperar para continuar -… Y todo esto se lo quiere agradecer a alguien en especial - con amor miró a Maite - Todo este cambio es por ella. Maite y yo estamos juntas y espero que sea por mucho tiempo.

La gente las miraba sorprendidos. Maite avergonzada se atrevió a coger la mano de su chica.

- Queríamos que fuerais los primeros en saberlo.

Tomás y Rosa se miraban y en parte, el joven se dio cuenta que no era culpa de él que Maite no quisiera nada. Fabián observaba a María sin poder creerse lo que acababa de escuchar.

Cuando María se sentó todos aplaudieron. Unos más alegres que otros pero en verdad era una bonita noticia y lo que más les gustaba era saber que esa relación había nacido allí, en donde esas chicas se habían conocido.

- Felicidades a las dos - Carlos era uno de los más sorprendidos, él había follado con esas dos mujeres y ambas habían perdido la cuenta de las veces que se habían corrido en la habitación de al lado. Se preguntaba si a partir de ahora, si elegía a una de ellas al final de una reunión, aceptaría quedarse. Debería evitar esa situación? Pensaba mientras las miraba - Bueno deberíamos continuar, quien quiere ser el siguiente?

- Me gustaría decir algo - Fabián se levantó nervioso.

- Adelante Fabián.

- Buenas tardes. Antes de nada quería daros la enhorabuena - miró con ternura a la pareja de chicas - Se que estos días fueron complicados y me gustaría deciros que aquí estaré para lo que necesitéis. Con Maite nunca tuve una relación estrecha pero os aprecio mucho a las dos - su rostro reflejaba su sentido de culpabilidad por su comportamiento – Bueno, quería deciros que estos días he ido conociendo a una personita que, lo que tiene de pequeña, su corazón es todo lo contrario - como un acto reflejo todos miraron a la pequeña del grupo, que se puso roja como un tomate - Hacia mucho tiempo que nadie me demostraba tanto cariño. Hasta me he tomado helados, cuando creo que el último que me había comido solo los había de cucurucho. - todos sonrieron con la broma - Como decía antes María, a veces la vida nos sorprende.

- Elvira, algo que añadir? - sin haberla nombrado todos sabían que se refería a ella, Carlos sonreía mirándola.

- Nooooo… - estaba muy roja la pobre - Solo que lo voy a matar.

- Pero que sea a besos eh!

- Bueno ya veré - con la mano intentaba darse aire en la cara.

- Hoy es una tarde de muchas declaraciones. Me gusta que estas reuniones estén sirviendo para que surjan cosas bonitas. Alguien más quiere decirnos algo? - esperó unos segundos por si alguien quería hablar - Bueno, como veo que no, me gustaría comentaros algo. Se está acercando el final del verano. Que os parecería como despedida del verano hacer algo diferente? Acepto sugerencias… Puede ser una cena, un fin de semana todos juntos por ahí…, vosotros hacéis las propuestas y lo que prefiera la mayoría.

La idea le gustó a la gente y todos daban opciones cada cual más divertida.

- Pensar cada uno una idea y el viernes las decimos y votamos. De acuerdo?

- Vale.

- Bueno por hoy creo que es suficiente – la gente se fue levantando - Diana quieres quedarte?

- Si. Me quedaré contigo.

El resto del grupo salió a la calle. Todos iban en parejas: Rosa con Tomás, Elvira con Fabián y María con Maite.

- Que tal estás, Tomás? - Rosa no sabía cómo había podido tomarse la noticia de que Maite estuviera con María.

- Bien.

- Seguro?

- Si, gracias a ti ya me había olvidado de ella - esa semana habían ido todos los días a la tienda.

- De veras? Me alegra saberlo – esa tarde era Rosa quien sentía ganas de masturbarse al llegar a casa – Sabes? - se acercó a su oído para decírselo - esta tarde me apetece masturbarme. Me ayudas a quitarme esas ganas?

- Claro, me gustaría muchísimo.

Se fueron a la tienda y en cuanto estuvieron en la parte de atrás, Rosa lo desnudó y le hizo una mamada hasta hacerlo eyacular en su boca. Le encantaba aquella polla que aún acabando de eyacular seguía dura como un mástil. Se sentó sobre él y lo folló fuerte, estaba muy excitada. Rosa miraba su cara de niño y se ponía cachonda de sentir que un joven casi adolescente se ponía tan caliente con ella. Tuvo tres orgasmos antes de que él vaciara sus suaves testículos dentro de ella. Se besaron comiéndose las bocas. Aquel chico cada día le estaba gustando más.

- Si alguna chica te gusta me lo dirás? - estaba abrazada a él sintiendo como la mano de Tomás acariciaba su hinchada teta. Le gustaba sentir que sus tetas le llamaban tanto la atención.

- Rosa ninguna chica me podría dar lo que tu, tu eres muy cariñosa conmigo y bueno… follar contigo es alucinante. Y aunque seas mucho más mayor que yo, eres muy guapa.

- Y eso que significa?

- Se que me verás como un niño, pero me gustaría ser más mayor para pedirte que salieras conmigo.

- De verdad te gustaría salir conmigo?

- Si.

Aquellas palabras la hicieron emocionar y lo besó con pasión. Maravillada sintió en su mano como su joven pene volvía a estar durísimo.

- Fóllame nene - se tumbó en el suelo abierta de piernas - Este coño desea ser tuyo.

Después de volver a follar quedaron exhaustos. Se vistieron deprisa pues era tarde y tenía que darle el pecho a su bebé.

- Me gustaría intentarlo Tomás. Pero por ahora que nadie lo sepa, vale?

- Yo no lo diré a nadie.

Fueron cogidos de la mano hasta llegar a una calle concurrida de gente. Allí se soltaron con una sonrisa.

- Me vienes a buscar a la tienda mañana y comemos juntos?

- Vale, cuando salga del instituto te paso a buscar.

Se despidieron con un rápido beso en los labios. Rosa se fue caminando feliz, era una locura pero le encantaba ese joven, era cariñoso, dulce, buen chico y encima la follaba como loco. Cada paso que daba aún sentía placer, su coño estaba sensible y le recordaba el inmenso placer que su nene le acababa de regalar.

Al salir de la reunión, Elvira iba más feliz que nunca. Las palabras de Fabián al grupo sobre ella, habían sido muy bonitas. Le encantaba caminar a su lado y lo miraba fascinada de reojo. Ahora sí que por fin conocía esa sensación de tener una figura paterna a su lado. Por su parte Fabián sentía algo parecido, con Elvira sentía esa sensación de protección hacia esa joven. Le encantaba su vitalidad, su risa infantil por tonterías, su inocencia. Le encantaba cuando le preguntaba cosas sencillas que la vida misma te va enseñando. Estaba seguro que aunque no hubiera sexo entre ellos, daría lo que fuera por pasar sus horas en su compañía.

Pero cuando estaban solos, sus cuerpos se buscaban. Sus ojos recorrían el cuerpo del otro con curiosidad, sus manos necesitaban recorrer el cuerpo ajeno y tan diferente a todo lo conocido. Y se excitaban y necesitaban abrazarse para sentir piel contra piel.

- Vemos una peli en tu casa? - Elvira deseaba estar a solas con él y esa era la mejor excusa.

- Claro, me gustaría mucho.

A la pequeña le gustaba mucho estar eligiendo la película y escuchar como Fabián le hacía mientras palomitas en la cocina. Sabía que las hacía para ella porque le encantaban.

Fabián se estremecía cada vez que se sentaba en el sofá y ella con toda la naturalidad del mundo se quitaba la camiseta quedando desnuda. La pequeña sabía que su menudo cuerpo fascinaba a ese hombre y a ella le ocurría lo mismo. Siempre le pedía que él también se desnudara y se acurrucada contra su peludo pecho.

Les costaba prestar atención a la película. Elvira con las piernas abiertas mostraba su vagina de virginal aspecto. Ella sentía la mirada de él entre sus piernas y su sensible zona se mojaba igual que si la estuviera tocando. Ella con su suave mano acariciaba los vellos suaves del torso y la iba bajando. Le gustaba mucho agarrar aquel pene y sentirlo endurecerse entre sus delgados dedos.

Esa noche Elvira lo miró a los ojos y le dijo:

- Paramos la peli?

- Si, creo que será mejor.

Se levantó del sofá y la cogió en brazos. Ella rodeó su cuello con sus manos.

- Te peso mucho?

- No cariño, si eres como un pajarillo que no pesa nada.

- Quiero darte besos así en tus brazos.

Se escurrió para quedar frente a frente. Con sus piernas rodeó la cintura de Fabián y este la sujetaba con las manos en sus nalgas.

- Hoy les dije que te iba a matar y que podía ser a besos.

Y lo hizo. Besó su cabeza, sus mejillas, sus ojos, su barba. Lo besó en los labios, con boca abierta y cerrada. Besó su cuello y Fabián se estremecía de felicidad, de gusto, de placer. Su polla rozaba la húmeda vulva de Elvira y cuando se dieron cuenta estaban follando allí de pie. Ella, colgada de su cuello botando sobre su polla y gimiendo contra su boca. Cuando sentía que la joven empezaba a temblar, hundía su sexo hasta el fondo de su estrecho coñito y se podía escuchar perfectamente, el chorro que este expulsaba, cayendo al suelo.

Después, la llevó a la cama. Allí, ella se sentó sobre él y se metió el sexo totalmente erecto. Lo cabalgó mirándolo a la cara, acariciando su barba blanca. La excitaba mucho sentir la capacidad de su pequeño cuerpo para darle placer a un señor tan mayor y a un cuerpo tan grande. Ya iba conociendo lo que le gustaba a ese señor y cuando estaba a punto de eyacular. Agarrando las manos de Fabián, las llevó a sus tetitas, sabía que le volvía loco tocárselas. Movió sus caderas muy rápido, de nuevo iban a correrse juntos. Gimieron mientras se besaban en la boca. Se abrazó fuerte a él. El orgasmo los hacía temblar mucho.

Se quedó encima de él con la cara apoyada en su pecho y escuchando el latido del corazón se quedó dormida muy relajada.

Carlos miraba como la hermosa pelirroja se desnudaba. A ella siempre le había gustado como la observaba quitándose la ropa pero se dio cuenta que prefería la forma en que lo hacía Ernesto. Su jefe era más descarado y su cara, al verla desnuda, era la de alguien que estuviera admirando una auténtica obra de arte en el mas prestigioso de los museos.

Se quitó las bragas lentamente y se acordó que tenía que poner una alarma para ir a trabajar, no quería que le pasara como la última vez, que se había quedado dormida y había llegado tarde al restaurante.

- Voy a poner una alarma para ir a trabajar - al girarse para coger el teléfono del bolso le mostró sus nalgas desnudas.

- Te has dado un golpe? - el moretón de su nalga se notaba mucho.

- Ah! Si… Me di contra la mesa en casa - a su memoria llegó ese tenso momento en que echó a correr mientras Ernesto estaba follando con Adela.

Mientras ponía la alarma, Carlos se acercó y le acarició muy despacio en la zona amoratada.

- Te duele?

- Un poco.

- Espera - Carlos salió de la habitación y regresó al poco rato con una pomada en la mano - Te echaré este gel que es muy bueno para que salga el hematoma fuera.

- Gracias - le encantaba sentir como tanto su jefe, como Carlos, se preocupaban por cuidar de su dolorida nalga. Se tumbó en la cama boca abajo.

Él se sentó a su lado y miró con detenimiento aquellos glúteos desnudos. Si bien, no era el culazo de Rosa, pues este le había parecido el mejor de todas las mujeres con las que había estado, el de Diana era precioso, muy parecido al de María.

- Puedo hacer una cosa antes? - se lo acariciaba con ambas manos. Era suave, firme.

- Claro. Sabe que todo lo que hace siempre me gusta mucho.

Se colocó entre sus piernas y acercando su boca comenzó a besarle las nalgas teniendo especial cuidado en la zona dolorida. La piel de la joven se erizó al sentir la húmeda lengua lamiendo toda su superficie. Se puso tensa al notar como aquellas manos las separaban. Estaba acostumbrada a que miraran su vagina pero no su ano y eso la puso nerviosa. Se estremeció cuando se lo lamió. Intentó relajarse, sin conseguirlo, cuando aquel musculo húmedo y suave se introdujo un poco en su agujerito.

- Carlos… - no sabía hasta donde quería llegar ese hombre - Nunca me hicieron eso.

- Deseas conocer ese placer?

- No lo sé. Lo tratará con cariño?

- Siempre trataré tu cuerpo con cariño.

- Gracias - separó sus piernas haciéndole saber que aceptaba y cerró los ojos.

Le lamió el ano, lo besó, lo chupó y por los suspiros de ella, supo que le estaba gustando. Con sus dedos lo fue abriendo muy despacio para que la lengua entrara un poco más profundamente en él. Su agujerito se fue relajando y se abría y cerraba apretando su lengua.

Diana gimió al sentir el dedo de Carlos entrando en él. Lo hizo muy despacio y cuando estuvo totalmente dentro lo dejó quieto para que aquella estrecha cavidad se acostumbrara. Al sacar el dedo, el ano, como muestra de aceptación se quedó abierto. Hizo lo mismo con dos dedos. De nuevo los gemidos de ella le hicieron saber que estaba disfrutando.

Diana estaba asombrada, siempre había escuchado que eso que le estaba haciendo Carlos, era muy doloroso. En cambio, en ningún momento había sentido dolor. Al principio era una sensación placentera pero extraña, pero ahora la estaba haciendo gemir con aquellos dos dedos dentro de su agujerito. Entraban y salían con facilidad. Le estaba masturbando el ano y sentir placer ahí le daba vergüenza. Se preguntó cómo sería que Carlos metiera su pene en él.

- Quiere meter su polla?

- Tu quieres? Te sientes preparada?

- Creo que si, no me dolió nada.

Carlos se desnudó y le pidió que levantara el culo. Como antes había hecho con los dedos, le fue metiendo la polla despacio, poco a poco. Cuando se empezó a mover con cuidado, ella gimió. Le estaba desvirgando su culito virgen y lo estaba disfrutando muchísimo. Cuando vio que sus gemidos eran continuados se movió más deprisa agarrándola por las caderas. Diana comenzó a temblar.

Aquella polla dentro de su ano la estaba matando de placer, gemía, suspiraba. Sorprendida sintió que se iba a correr, que su ano iba a experimentar el primer orgasmo de su vida. Su coño como si de un embalse se tratara comenzó a expulsar chorros. A cada embestida en sus entrañas, de su vagina salía un potente chorro. El placer que estaba sintiendo era inexplicable. Escuchó los gemidos de Carlos y supo que se iba a vaciar en su culo.

La experiencia había sido maravillosa. Tumbada en la cama, podía sentir su estrecho agujero abriéndose y cerrándose como una boca de pez fuera del agua buscando oxígeno. Miró a Carlos contenta y lo abrazó.

- Gracias por tratarlo tan delicadamente.

Se besaron y acariciaron hasta que, de nuevo excitados, volvieron a follar pero esta vez le penetró el coño. A las cuatro de la mañana decidieron dormir, muy a su pesar, al día siguiente tenían que trabajar.

Ernesto preparó el desayuno para su empleada intentando hacer el menor ruido posible, cuando tuvo el zumo hecho, sirvió el café con leche. Deseaba que llegara ese momento de abrir la puerta y pensaba que ojalá estuviera durmiendo desnuda. Masturbarla el día anterior había sido algo que le puso muy cachondo y todavía podía sentir la mano de aquella joven agarrar su polla y como le había hecho una paja.

Con la bandeja en la mano, abrió la puerta de la habitación despacio y se quedó de piedra al ver que sobre la cama no había nadie. La sábana perfectamente colocada delataba que allí no había dormido nadie esa noche. Se sintió furioso y no sólo por el hecho de sentirse ridículo con aquel desayuno en la mano preparado para nadie, sino que su rabia era por saber que su empleada seguramente había pasado la noche con otro hombre. Sacó el teléfono de su bolsillo y marcó.

- Buenos días Ernesto.

- Buenos días cuñada, donde estás?

- En casa, hoy es jueves y no trabajo.

- Vente al piso de Diana.

- Pero…

- Adela si quieres que mi polla sea tuya debes ganártela, entiendes? Te espero aquí. - cortó la llamada sin darla opción de explicarle.

Adela había quedado con su hermana Paloma para hablar con ella y ésta la había invitado a desayunar a casa. Al saber que Ernesto estaría trabajando, había aceptado a regañadientes. A pesar de tener muchas ganas de ver a su hermana, le costaba aceptar pues sería un momento muy incómodo encontrarse con ella sabiendo lo que estaba haciendo con su marido.

- Buenos días, ya vienes de camino? - Paloma estaba preocupada por su hermana, la noticia de la separación no se la esperaba.

- Cariño me será imposible llegar. Me surgió una cosa y no puedo posponerla.

- No pasa nada. Pero estás bien?

- Si - como podía estar bien, si estaba mintiendo a su hermana para follar con su marido? - Estate tranquila que estoy bien. Quedamos mañana, vale?

- Vale. Te quiero mucho.

- Yo también, Paloma, te quiero mucho.

Al llamar al portero automático, Ernesto le abrió enseguida. La puerta del piso estaba abierta y entró nerviosa.

- Pasa cuñada - la voz de él llegaba desde lejos - Estoy en la habitación. Cierra la puerta.

Adela cerró la puerta y entró. Al llegar a la habitación lo vio desnudo, tumbado en la cama con la polla totalmente erecta. Sintió sus bragas humedecerse con aquella imagen, aquel miembro tenía la virtud de ponerla cachonda con solo mirarlo. Se desnudó rápido, deseaba sentirlo.

- Hola cuñada - se acariciaba el miembro y ella lo miraba fascinada - La quieres?

- Ya sabes que si, sino no hubiera venido.

- Si la quieres ponte esto - abrió el cajón al lado de la cama y sacó unas bragas, eran las mismas que Diana llevaba el día que por primera vez le había mostrado sus piernas - Póntelas.

- Son de Diana?

- Si.

- Pero eso es invadir su intimidad.

- La quieres o no? - pasó sus dedos por el oscuro glande hinchado que brillaba por la humedad.

Adela cogió las bragas y se las puso sin apartar la vista de aquello que tanto le gustaba. Ernesto miraba como esa prenda íntima le quedaba a su cuñada. La tela se incrustaba en su coño y lo ponía cachondo.

- Gracias, todas las mujeres deberían ser como tú. Ven… te la has ganado.

Se subió a la cama y ahora era ella la que acariciaba aquel tronco de carne. Estaba caliente, duro. Acercó su cara a él y poco a poco consiguió meterlo entre sus labios. La excitaba sentir su sabor, sentir su boca llena. Ernesto agarraba su pelo y se la metía con fuerza y eso la provocaba un morbo tremendo.

Sin aguantar más tiempo sin follarla la echó a un lado y ella, sabiendo lo que eso significaba, abrió sus piernas para recibirlo. Cuando esperaba que le quitara las bragas, él se las arrancó rompiéndolas y la penetró con rabia y eso provocó que Adela jadeara de placer. Esa mañana la follaba diferente, con rabia. Su gesto enfurecido, sus embestidas de una potencia inusitada, hacían que Adela lo agarrara de los brazos y lo mirara implorante pidiéndole que no parara.

No sabía cuántas veces se había corrido y él seguía perforando su coño. Se miraban. Adela, no podía evitar pensar que esa polla que la estaba extasiando de placer, seguramente esa noche había estado dentro de su hermana. En esos momentos debería estar con Paloma desayunando y en cambio estaba follando con su esposo. Un nuevo orgasmo la hizo convulsionar. Su cuñado al borde del clímax salió de su coño y llenó de semen sus tetas.

- Límpiate con esto - le dio las bragas rotas de Diana.

- Ernesto que te pasa? Me limpiaré en el baño.

- Si quieres que te vuelva a follar ya sabes lo que tienes que hacer, sino vete al baño.

Adela lo miró sin comprender que le pasaba. Miró las bragas de la pelirroja y se comenzó a limpiar todo aquel abundante semen con ellas.

Al irse, intentó convencer a Ernesto de que le permitiera cambiar la cama pero él no quiso. Lo que menos quería era que su joven amiga supiera que había vuelto a follar con él