Al acabar la jornada de trabajo iii
A las cinco de la mañana, el reloj marca el final de la jornada y el inicio de la tentación. Rosendo no solo quiere follar con Rebeca; quiere dejar su marca, su semilla, en el cuerpo de la mujer que debería serle infiel. ¿Podrá ella resistirse a ser poseída por completo?
Ambos compañeros de trabajo empezaron la noche, y se vieron solo en algunas ocasiones y descansos. Las miradas lo decían todo. El trabajo fue más ligero, y casi sin darse cuenta, acabaron mucho más temprano que el día anterior. Rebeca miro el reloj cuando el Gerente les dijo que podían marcharse, comprobando que era las 5 de la mañana. Tenía que volver a coger un taxi, ¿no iba a despertar a su marido a esas horas?
Aprovechando un momento en que estuvieron solos, Rosendo le dijo: espérame fuera, yo te alcanzare a tu casa.
Rebeca iba de contestarle, pero al ver que se acercaban dos compañeras, no le respondió viendo que el hombre de metía en los vestuarios. No sabía qué hacer. Era consciente de que, si dejaba que Rosendo la llevara en su coche, posiblemente volvería a tener que follar con él. No es que no lo deseara, pero en cierto sentido se sentía responsable por la infidelidad cometida. No obstante, se detuvo un poco, permitiendo que salieran el resto de los empleados, y luego espero que saliera primero Rosendo. Ya fuera, observó que aquel le estaba aguardando en su furgoneta.
Excitada, miro para todos sitios para comprobar que no había nadie, y se acercó al vehículo abriendo la puerta delantera del mismo, y accediendo al interior del vehículo, al tiempo que le decía: Oh Rosendo. Era mejor que hubiera llamado un taxi. Tú también tienes tu mujer y necesitas llegar temprano a casa.
Rosendo, inició la marcha y le comentó: ¿Y dejar que marcharas sola en un taxi? ¿No me lo perdonaría? Además,… he estado pensando en lo ocurrido aquella noche.
Ella pensó que el hombre le iba a decir que se sentía culpable, y que debía terminar. En el fondo sintió decepción, ya que ansiaba volver a ser poseía por aquel semental. Pero, pronto de disiparon esas dudas cuando aquel le comento: Lo he pensado en estos días. ¡Creo que jamás había hecho el amor de esa manera con ninguna mujer! Y mirándola a la cara le dice: No sé si me estoy enamorando de ti, pero “necesito volver a tenerte”.
Oh, Rosendo. ¿Sabes que fue un error y que no puede volver a ocurrir?... estamos casados… no podemos continuar con esto
-¿acaso no te gusto?. Me dijiste que lo disfrutaste. Le respondió Rosendo.
-Y es cierto. Nadie me había hecho el amor de esa manera. Pero estamos casados, no quiero seguir siéndole infiel a mi esposo. Le respondió.
El hombre paro el vehículo, y mirándola le dijo: ¡necesito volver a tenerte esta noche! después veremos. ¡Pero esta noche quiero volver a clavarte mi polla, que la disfrutes, sentir que eres mía de nuevo! ¡Que sientas como te perforo ese estrecho coño, que me vuelve loco!
La mujer se excito ante las palabras del mismo. En el fondo ello lo deseaba, y por otro lado, la forma en que le hablaba Rosendo la agitaba y calentaba más. Sin embargo, le contesto: Ay Rosendo. Me he tomado la temperatura esta tarde y creo que aún sigo ovulando. La otra noche te corriste dentro. ¡No es prudente volver hacerlo!
El la miró y le dijo: ¡Pues con más razón! “Ya te dije que quería ser el padre de tu hijo”. ¿hiciste el amor con tu esposo aquella noche?
Ella le contesto afirmando con la cabeza, ruborizada ante la pretensión del compañero de querer embarazarla por encima de todo.
¡Perfecto! Si aún continúas ovulando, necesitamos confirmar que quedes embarazada. ¡Se que además lo deseas! “Quiero volver a regarte con mi semilla”.
La mujer se quedó estupefacta al escuchar como el hombre estaba dispuesto a dejarla embarazada, y abiertamente se lo indicaba, como si fuera lo más natural del mundo: ¡No me lo puedo creer…!… que cabronazo. ¿aún sigues pretendiendo embarazarme? Eres un auténtico loco.
El hombre continuó la marcha y paro cerca de un edificio. Ella, extrañada le preguntó por qué paraba. Aquel le contesto: tengo un apartamento que está vacío, herencia de mis padres. Nadie lo ocupa, pero podemos quedarnos unas horas.
¿Pretendes que me baje contigo y suba a ese apartamento? Le contesto incrédula la mujer.
-sin o te parece bien, podemos hacerlo en un descampado fuera del pueblo, pero ya sabes que pasaremos incomodidad y frio.
-¿Pero Rosendo?..... ¡de verdad estás loco! Creo que lo mejor será, que arranques el coche y me lleves a casa. Le contesto ella.
El hombre la volvió a mirar y le dijo: ¿Quieres subir o no dirigimos a un descampado? ¿Sabes que lo necesitas tanto como yo?
La mujer se sonrojó, y tras unos momentos de dubitación, al final fue la primera en bajarse del coche. En el fondo sabía que tenía razón, y por otro lado, le excitaba la gran decisión de aquel hombre, quien casi dominaba su voluntad, pero que en el fondo le agradaba.
Rosendo, tomo unas llaves y tras ascender por el ascensor, llegaron a una tercera planta. Tras franquear la puerta, Rebeca pudo observar que se trataba de un apartamento bastante holgado, con una cama matrimonio, otra habitación más pequeña, cocina, sala de estar y baño.
Al entrar en la habitación dormitorio, aquella se quedó sorprendida no solo por la cama, la cual era de grandes dimensiones, sino por la presencia de dos grandes espejos que cubrían las dos puertas del armario empotrado. Al momento se imaginó las escena, pensando que cuando estuvieron follando, podían contemplar sus imágenes, con sus cuerpos desnudos reflejadas en los espejos. Eso la terminó de excitar.
Rosendo se percató de la mirada de la mujer hacia los espejos y sonriendo le comentó: Veo que te has percatado. El espejo es de la época de mis padre, y ahí se han quedado pese haber fallecido ambos. Pero ¡seguro que podemos aprovecharlo! ¡No sabes las ganas que tengo de volver a verte desnudita!
Al momento comenzaron a besarse, poniéndose de manifiesto al instante, dando perfecta cuenta de ello el espejo, la gran diferencia de altura de ambos. Rosendo tenía que agacharse un poco para besar a la mujer, ya que aquella apenas le llegaba con su cabeza a la altura de su pecho. observándolos en el espejo, resultaba sorprendente el enorme cuerpo de aquel hombre, en comparación con la mujer, que parecía una chica de baja estatura a su lado.
Comenzó a besar ardientemente a la mujer, percatándose que los labios de Rebeca aún ardían. Excitado comenzó a desvestirla, dejándola pronto con una lencería interna bastante sugestiva: el sostén era algo trasparente y dejaba entrever sus pezones. Pero, la sorpresa fue contemplar la pequeña tanga que esta vez se había puesta. Su excitación aumentó al contemplar que la parte dorsal de la tanga estaba constituida por un simple hilo dental, el cual se introducía entre la confluencia de ambas nalgas, dejando el redondo trasero de la mujer a la vista.
-Oh Rebeca. ¡Estas para comerte! Uy que tanguita. ¿Has visto como me has puesto? Le dijo mostrándole el bulto de su pantalón.
Morbosamente la mujer, comenzó a desvestirlo hasta dejarlo solo con un slip, que parecía romperse ante la presión ejercida por su miembro ante erección que poseía. Ella se sonrió ante la visión de tamaño bulto. Y su sonrisa se transformó en admiración, cuando de un tirón le bajó la prenda, dejando que saliera disparado el tremendo sable, ya erecto y enfilado hacia el techo. Ella observó el espejo, comprobando que se reflejaban los cuerpos de ambos, al tiempo que le decia: -jo. Rosendo…¿te has fijado como la tienes?... ¡la tienes ya bien erecta!… y ¡que enorme es!. ¿no pretenderás clavarme con eso de nuevo? Me vas a volver abrir otra vez.
La mujer, se miró en el espejo, contemplado la imagen de su cuerpo, al lado de la de su compañero de trabajo. Era una nena al lado de un tremendo semental. Morbosamente se colocó, dándole la espalda, reculando su trasero hasta acercarlo a la verga erecta del hombre. Sin embargo, era tal la altura de Rosendo, que el pene solo le alcanzó a rozar la espalda de la joven. Ella, no obstante, echó la mano hacia atrás y atrapó el sable del hombre mientras se miraba el espejo, diciéndole: ¿todavía no llego a comprender como me pudiste meter todo esto?
El hombre la abrazó, viéndose reflejados en el espejo, atrapando sus pechos con sus manos, y besándola en el cuello. Luego tomándola en brazos, con una facilidad enorme, la depositó al borde la cama, boca arriba, forzándola amablemente abrir sus piernas, logrando tirar de la tanga y dejando en cueros. ¡Oh nena… que delicia! ¿Qué, preciosidad? Exclamó al contemplar la vagina de la compañera de trabajo.
Luego, echándose entre medio de las piernas de la mujer, acercó su cara hasta colocarse muy cerca de la vagina. La mujer en aquella posición se encontraba mostrándole abiertamente todo su precioso coño, constado el hombre, el abundante vello en la zona alta de su pubis y alrededor de los labios vaginales, que contrastaba, con el perfecto cuidado de los vellos que estaba en el perímetro de su vagina, los cuales si estaba recortados. Era una vagina que aparentaba bastante estrecha, e igualmente se sorprendió de haber podido introducir su gran verga dentro de la misma.
Tremendamente excitado, acercó más su cara y comenzó a propinar pequeños lengüetazos a lo largo de los labios vaginales de la compañera de trabajo, para irse acercando más, pasando su lengua por el interior de la raja vaginal, compaginando intensas lamidas de arriba abajo, con algunas succiones de sus partes más erógenas, como el clítoris: oh, Rosendo, ¿qué me haces?… oh ¿me los vas a comer?… oh si joder…. Sigue…...
Era la primera vez que aquel semental le comía el coño, y, aunque su esposo también lo hubiera hecho en alguna ocasión, pudo comprobar que la enorme lengua del compañero de trabajo le producía unos escalofríos que nunca había percibido. Por otro lado, la larga lengua de Rosendo al su pasado arrastraba un sinfín de sensibilidades que aumentaron su ya manifiesta excitación.
El hombre se tomó su tiempo, saboreando y lamiendo aquella deliciosa panocha, levantando gemidos y suspiros a la compañera de trabajo, hasta que contempló que comenzaba a mostrar síntomas de querer alcanzar el clímax. Inmediatamente se detuvo, ya que no quería que se corriera en su boca, necesitaba clavarla. Por ello, colocándose entre medio de los muslos de la mujer, acercó su enorme instrumento hasta depositarlo a la entrada de la vagina. La mujer lo miro como suspirando, ansiosa, a la espera se sentir su estocada.
El hombre se volvió a tomar unos minutos, pasando su pene por los labios vaginales, embadurnando el mismo con los jugos vaginales de aquella, para facilitar la penetración. Tras ello, inició la misma. Mientras la comenzaba a penetrar, tomo las piernas de la mujer, obligándola a flexionar las mismas, las cuales quedaron recogidas sobre el propio vientre de la mujer. En esa posición, la vagina de Rebeca, así como todo su trasero, quedó a la total disposición de la herramienta del hombre, quien de dos estocadas, la terminó de clavar totalmente: ¡Oh despacio…!. Oh, Rosendo… me abres… ohh
Rosendo, ya dentro de la mujer, se recostó un poco sobre aquella, haciendo que, con el propio peso de su cuerpo, ensartara más profundamente su falo en la cueva vaginal. La mujer abrió la boca como buscando oxigeno ante aquella tremenda estocada. Se sentía llena, se asfixiaba. Ante ello el hombre comenzó a besarla en la boca, para luego ir bajando por su cuello, hasta alcanzar los endurecidos pechos, los cuales inmediatamente devoró con autentica lujuria, haciéndola gemir aún más, sin parar de bombear su daga con gran poderío. Rosendo continúo clavando su herramienta hasta la misma base de sus huevos, para volver a sacarlo, casi en su totalidad, y nuevamente volver a calvarla, y así sucesivamente.
-oh Rosendo.. oh me vas a reventar ooo siiiii… ¡me abres totalmente..oo
Rebeca, agitada, contempló la imagen de ambos cuerpos reflejada en el espejo, observando incrédula como su pequeño cuerpo se encontraba a la merced de aquel tremendo semental, el cual poseía una corpulencia extraordinaria, que la penetraba en plan misionero con gran energía. La penetración de aquel semental estaba siendo bastante profunda, hasta el punto de que, ante el contante machaqueo del glande contra la paredes del útero, llevaron a la mujer a alcanzar rápidamente su primer orgasmo.
Oh Rosendo me vengo oo si.. osiii sigue dándome caña oooo
Pero Rosendo, en ningún momento dejó de penetrar el coño de aquella mujer, pese a que la misma se mantenía convulsionándose. Al contrario, una y otra vez, la perforaba con mayor intensidad, logrando que, casi al unísono, volviera alcanzar un segundo orgasmo.
Tras dejar que la mujer se recuperara, Rosendo salió del coño de aquella, y luego, procedió a colocarse boca arriba sobre la cama, mostrándole a la compañera su enorme mandinga. La mujer al verlo, estirado boca arriba sobre la cama, con aquel sable en vertical, exclamo anonadada: Oh joder Rosendo, ¡la tienes como un verdadero mástil! Miró morbosamente hacia el espejo, y no se podía creer que aquel falo le hubiera entrado en su totalidad.
En ese momento, escucha como el hombre le dice: ¿te gusta mi pene? ¿verdad preciosa?... Tanto te gusta, que seguro que “ahora mismo tiene ganas de subirte sobre mí y clavártela todita”…. ¿A que esperas?,… ¡Anda sube y cabalga de nuevo a este macho!
-Ya… ¡Lo que quieres es reventarme! ¿No entiendo cómo me puede entrarme todo eso? Le contestó la mujer viendo la tremenda herramienta del aquel mandingo.
Presa de una morbosidad extraordinaria, la mujer se olvidó de todos sus prejuicios y miedos, y subiendo sobre el cuerpo del hombre, se fue sentando, acercando su vagina hasta situarla justo encima del pene, clavándose éste hasta la empuñadura. Dado su buena lubricación tras los dos orgasmos anteriores, le entró sin apenas dolor, por lo que al instante comenzó a subir y bajar, ayudado igualmente por Rosendo, quien la impulsaba hacia arriba, tomándola por sus desnudas nalgas.
Ambos llegaron a verse reflejados en el espejo, y en cierto sentido, la morbosidad de aquella imagen los llevó a mostrarse más receptivos, empleando todas sus energías en aquel polvo.
Resultaba alucinante contemplar al tremendo semental blanco estirado sobre la cama, boca arriba, mientras era cabalgado por la joven casada, quien aparentaba una pequeña adolescente echada sobre el mismo, dada su escasa corpulencia y altura.
Rosendo, en un momento dado, la tomó por las nalgas, y encogiendo y elevando sus piernas, elevó igualmente el cuerpo de la mujer, manteniéndola en alto, para, en esa posición, comenzar a perforar sin piedad el coño de la mujer, metiendo y sacando su enorme nabo a una velocidad vertiginosa. Esa penetración fue de tal entidad, que parecía querer reventar el estrecho e inflamado coño de aquella mujer.
-oh me vas a matar… oh nooo oooo para oooo
Pero Rosendo, estaba tan excitado con aquella hembra, que deseaba follarla de mil maneras. Por ello, la hizo girar, colocando a la mujer mirando hacia sus pies, sin sacarle el nabo del coño, y volviendo a tomarla por sus nalgas, la elevó completamente en alto, quedando todo el cuerpo de la mujer arqueado sobre pecho del hombre, con todo su vientre y piernas en el aire, sostenido por las tremendas manos del semental, mientras era empalada por la tremenda tranca, que la abría descaradamente el coño de la misma.
La mujer quedo sorprendida ante aquella acción, y no daba crédito a la forma en que estaba siendo tomada por aquel compañero de trabajo. Oh ¿pero ¿qué haces ooo joder que haces…? Exclamo, mientras observaba en el espejo su pequeño cuerpo, de espaldas al hombre, elevado en el aire, manteniendo sus piernas completamente abiertas y teniendo todo el pene del hombre metido hasta la empuñadura en su abierta vagina. ¡Era una visión inimaginable, pero a la vez tremendamente morbosa y electrizante!
El enorme poderío y corpulencia de del hombre con respecto al pequeño cuerpo de la mujer, permitía adoptar una posición erótica de esas características, digna de la más exótica película porno.
La mujer observó con detalle en el espejo, como su coño se encontraba completamente abierto, con todo aquel tremendo falo metido dentro de ella, quedando fuera únicamente las enormes boles que formaban sus testículos, que resaltaban claramente en el espejo, dando fe de los enormes genitales de aquel macho.
En esa posición, el hombre comenzó a perforar el coño de la mujer, a una velocidad casi de vértigo, haciéndola gemir y rugir de placer en aquella increíble forma de penetración. Sus gritos podían escucharse en toda la casa y posiblemente era oídos en las casa contiguas. Pero en ese momento a ambos poco les importaba. Solo pensaban en obtener el máximo placer de aquel tremendo polvo.
El machaqueo de la polla del hombre en el coño de la mujer fue de tal entidad, que la mujer volvió a alcanzar un tercer orgasmo a los pocos minutos de intensa perforación. La extrema posición en que se hallaban no fue obstáculo para alcanzar ese tercer climax. Oh Rosendo… me vengo otra vez. oo me matas ooo
Cuando acabó, el hombre descabalgó a la mujer, dejando que aquella se recostara en la cama. Ella, observando su coño, se lo muestra al hombre y le comenta: Oh Rosendo, ¿qué pretendes… romperme?. ¿te has fijado como me has dejado mi vagina? No solo me la has vuelto abrir bastante, sino que lo has dejado dolorido.
Luego, observó al falo de Rosendo, que continuaba enfilado hacia el techo, y tras pensarlo, morbosamente se incorporó y se colocó cerca del borde de la cama, colocándose esta vez en plan perrito, mirando hacia el espejo. El hombre entendió claramente. ¡aquella hembra quería que la montara en esa posición!
Ambos miraron al espejo, y nuevamente la mujer se estremeció al contemplar el enorme hombretón que se colocaba tras ella, en comparación con su pequeño cuerpo, quien encima le mostraba el cipote que continuaba blandiendo entre sus piernas. Excitada se abrió bien, situando en posición perfecta para ser montada por aquel semental.
Mirándolo a la cara a través del espejo, le dijo: Uf.. la sigues teniendo bien erecta.…. Vamos, “móntame de una vez”. Clávame ese cipote, y termina de reventar mi coño..
El hombre, queriendo complacerla, se situó a la entrada de la raja de la misma, y poco a poco, con la finalidad de que la mujer sintiera casa centímetro de su pene entrar en su coño, fue entrando en la misma. Cuando por fin se la dejó ir totalmente dentro, la mujer notó en aquella posición, el grosor y poderío de aquella enorme verga, especialmente cuando aquel se movió intencionadamente dentro de ella, haciendo que percibiera con nitidez la dureza del vástago. Estaba completamente atravesada por aquel tremendo sable.
Tras unos momentos, el hombre se recostó sobre la espalda de la joven casada, y con sus enormes manos tomó los pechos de aquella que colgaban, atrapándolos, masajeándolos deliciosamente.
Oh Rosendo ooo
Luego, comenzó a entrar sacar su cipote, haciendo que aquel saliera casi hasta la misma punta, para luego volver a endiñárselo en su totalidad. Esta acción la estuvo realizando durante algunos minutos, viendo que ya estaba por venir. ¡Necesitaba volver a descargar!. Por ello, comenzó a penetrarla con mayor énfasis, aumentado su bombeo, mientras se inflaba su pene, ante la inminente venida de su semen.
-Oh Rosendo… debes hacerlo fuera…-le suspiró aquella viendo que la venida de aquel semental era inminente.
- Sabes que necesitas mi lechita. Uf preciosa… tengo nuevamente cargados mis huevos. Te voy a volver a regar nuevamente.
-pero, ¡me puedes preñar! - Exclamó aquella.
-Pues claro mi amor. Es lo que quiero. Quiero dejarte bien preñada. Te voy a hacer una buena barriguita. ¡Esta vez quedarás embarazada como Rosendo que me llamo!
Y acto seguido, viendo que su semen emergía a una velocidad vertiginosa por el interior de su pene, tomó fuertemente a la mujer por las caderas, la clavaba una y otra vez su verga dentro del coño, al tiempo que comenzaba a lanzar lechada tras lechada de semen, dentro de aquella maltrecha, pero caliente vagina.
-Oh te siento… oh lo vuelves hacer… oh me llenas… oh si papito sigue… lléname toda…. ¡vamos préñame de una vez!....
El hombre volvió a realizar una eyaculación bastante copiosa, vertiendo dentro de la joven casada, una buena cantidad de semen.
Cuando por fin salió de ella, ambos se quedaron extenuados sobre la cama durante unos veinte minutos. Al ver que ya era cerca de las 7 de la mañana, ella le instó que la llevar a su casa.
La mujer se lavó un poco y se maquilló, pero conservando dentro de su vagina gran parte del semen del hombre. Y así, fue llevada por aquel hasta cerca de su domicilio.
Ella sabía que, a esa hora, aún su esposo debería estar durmiendo o a punto de levantarse. Tras abrir la puerta, comprobó que aún estaba en la cama. Morbosamente, se quitó la ropa, quedándose completamente desnuda y se metió en la cama al lado de su esposo.
Hola… has llegado. ¿Pensé que ibas a llegar más tarde? Uy.. ¿porque te has desnudado? ¿no me digas que vienes con ganas…?
-claro mi amor. Aún sigo caliente. ¿es que ya no quieres embarazar a tu mujercita?
El marido pronto se desnudó y metiéndose entre las piernas de la mujer, le clavó su pene dentro de la vagina. Al instante percibió la tremenda lubricación, pensando que era por lo caliente que estaba, sin saber que, realmente lo era por el baño de semen que aún conservaba en su coño. Oh que mojada estas ooo nena
La mujer se mostraba igualmente excitada al saber que su marido se la estaba follando, mientras mantenía en su vagina el semen de otro hombre. Mayor infidelidad imposible. Era puro morbo.
Tras unas cuantas penetraciones, continuando con el carácter de las corridas de aquel, se vino pronto dentro de ella.
Al acabar, ella se quedó dormida, con el semen de ambos en su vagina, mientras el marido se duchaba e iba al trabajo.
Percibía, que aquella vez, iba a resultar embarazada. Era consciente de que no lo sería por el semen de su esposo, sino por la semilla del compañero de trabajo. Con este sentimiento se dejó dormir cansada, y agotada tras el trabajo de la noche, y especialmente por las excitantes cogidas de esa mañana.
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