Amante
Entre la rutina de recoger a los hijos y las miradas furtivas, Alina sabe que su novio espera una confesión sucia. Mientras espera en la cola del colegio, una mano desconocida no es la única que la hace temblar; el recuerdo de Lorenzo y la promesa de una caseta abandonada encienden una tensión que ninguna falda puede ocultar.
Su novio la tenía en cuatro desnuda contemplando su trasero. Pasaba los dedos con delicadeza por su húmeda rajita cuando ella echó la vista atrás.
- ¿Vas a meterla hoy o esperamos a que salga del colegio la niña?- Le dijo haciéndole reír.
- Ya voy, ya voy, joder cómo estamos…- Contestó él colocando la polla en la entrada tras forrársela con un condón y clavándosela de una estocada- Siempre con prisas. ¿Por qué no llamas a tu madre y que la recoja ella?
- Porque es nuestra obligación.- Afirmó con tono de enfado y una mueca de dolor aguantando la follada que le estaba dando.- Y afloja que me reseca
- Putos condones de mierda.- A él también le molestaba aquella barrera, y más sabiendo lo jugoso que era el coño de su novia- Déjame a pelo un rato y me lo pongo cuando vaya a acabar
- Sí claro, y en lo mejor parar.- Alina ya tenía dos dedos masajeándose el clítoris y le empezaban a llegar oleadas de placer
- Me jode mucho que a mí me tengas con estas mierdas y a tus amiguitos los dejes correrse dentro.
- Mis amiguitos….-Un pollazo hasta los cojones la hizo estremecerse, y pese a la mala baba que tenía su novio, la estaba haciendo disfrutar como sólo él sabe follando y jugueteando con un dedo en el culo.-…mis amiguitos no me preñan cada vez que se corren aun tomando las pastillas. Dame unos días que esté segura de haber ovulado…-Varias penetraciones más la hicieron ver las estrellas de placer.-…el viernes follamos bien ¿Vale?
El dedo entraba y salía ya del culo con holgura. Metió un segundo dedo, luego tres, untándolos con el aceite lubricante de la mesita. Alina se olía que la iba a joder por atrás y siendo francos, le daba pena que siempre tuvieran que usar preservativo y el culo, aunque desagradable, era un lugar seguro para hacerlo sin él, así que no dijo nada cuando se la sacó del coño y vio caer al suelo de la habitación el condón arrugado. Notó una leve presión en su ano y de repente cómo le entraba la polla de su novio. Alina se mordía el labio de sensación y placer.
Eran una buena pareja y se entendían a la perfección pese a sus mutuos desajustes; ella casi siempre con las hormonas disparadas y más fértil que un campo recién abonado, y él con más de veinte veces lo normal de espermatozoides móviles rápidos. “Se juntan el hambre y las ganas de comer”.
A cambio de follarle el culo, cosa que no le agradaba nada, él le apartó la mano del clítoris reemplazándola por la suya y la masajeó y penetró con varios dedos como sólo una pareja de muchos años y experimentada en el sexo sabría hacer. Se la conocía “al dedillo”, nunca mejor dicho.
Solo paró de joderle el culo para mirar el reloj. Hizo sus cálculos mentales, observó cómo respondía a las friegas su novia y por el tono de gemidos y los movimientos del trasero supo exactamente qué tenía que hacerle y al ritmo que debía; a la par conocía su cuerpo y aguante y dado que estaba al límite tuvo que aflojar el ritmo de penetraciones, acelerando el de las friegas.
- Mmmmm…te voy a llenar el culo…- Le dijo entre los gemidos de su novia y los estertores del orgasmo que le apretaban la polla dentro del ano. Descargó varios chorros de semen en su interior quedándose ambos rendidos en la cama unos segundos.- Venga, arreemos, que se hace tarde- Justo quedaban 30 minutos para que su hija saliera del colegio, y necesitaban casi 10 para asearse y vestirse. Además hoy tenían tutoría y era un día importante.
- Te habrás quedado a gusto…- Increpó ella al girarse y tener que tapar su ano con premura con un pañuelo para no ensuciar la cama. Él asintió con una sonrisa forzada de oreja a oreja. “Será cabrón” Pensó Alina sonriendo también por las tonterías de su novio.
Alina se puso una falda y una camiseta sin mangas. Manuel un tejano y una camiseta con dibujos manga. Ambos parecían varios años más jóvenes y el polvo les había conferido un tono rojizo y brillante en la piel. Con esa guisa salieron a la calle y en pocos minutos de paseo cogidos de la mano como tortolitos llegaron a la cola para entrar a las clases a recoger a los más pequeños. Alina hablaba con unas y otras madres y padres; Manuel, que muy pocas veces había podido ir a buscar a su hija, callaba porque no conocía a nadie. Miento, se paró a hablar con el conserje que sí reconoció, más que nada porque era el único negro de casi dos metros del pueblo.
No podía oír lo que ella decía pero le intrigó el minuto largo de conversación y la mirada cabizbaja del marido de una pareja con la que se había parado a hablar antes de irse al final de la cola.
Alina miraba a su novio que contenía una mueca risueña, ambos apoyados contra el muro para dejar pasar a los transeúntes. De golpe notó cómo le posaba la mano en sus caderas colándose por debajo de la falda, y con un dedo recorrió la rajita notando su humedad. Realmente se había acalorado en ese minuto.
- ¿Te has follado a ese?- Le preguntó sonrojándola.
- ¿Por?- Contestó a su novio con su mirada más pícara
- Porque tienes el coño que te hace aguas
- Lo tengo así porque no lo dejas en paz.- Había movido sus bragas lo suficiente para hurgarle con un dedo. Alina miraba a ambos lados y por suerte la pared del colegio tapaba las maniobras de su novio.- Anda, déjalo, no es sitio….
Volviendo la vista a la cola Alina se fijó en el hombre, unos cinco pasos más adelante, cómo volvía a hablar con su mujer como si no pasara nada. Hacía días que no veía a Lorenzo, que solía venir a buscar a su hijo sin su mujer y eso le daba un rato para sus pesquisas. Un dedo se le adentró haciéndola suspirar justo cuando recordaba algunos momentos con él.
- ¿No es un poco mayor para ti?
- ¿Lorenzo? Tiene tres más que nosotros solo- Le contestó- Su mujer, Sofía, sí que es unos años más grande que él
- Ams…- soltó Manuel mirándole.- Pues entonces sí es joven para ti je je je je. – Alina intentaba zafarse sin éxito por su escaso esfuerzo en quitar la mano de su coño- Qué pasa, ¿su mujer no le da caña o qué?
- Se ve que no follan casi nunca, el niño no les deja vivir y tienen horarios diferentes los dos.
- Vaya, y tu como buena samaritana le vacías los huevos de vez en cuando
- Ya sabes que iba para monja- Consiguió sacar el dedo de su interior y recolocarse las bragas bajo la risita de su novio, que se propuso liarse un cigarro con el dedo empapado en flujo. Mirándola con morbo lamió el papel dejando que la lengua repasase dicho dedo.- Qué cerdo eres.- le increpó riéndose
- Pobre hombre, la verdad que su mujer está buena.- Recibió un codazo en respuesta al comentario
Le preguntó cómo se conocieron. Alina relataba las primeras conversaciones en la cola del colegio, los tonteos, los cuchicheos que se contaban y las conversaciones picantes que le llevaron un día hasta su cama y a hacerlo, desde entonces, uno de sus amantes frecuentes. Resulta que entre semana la mujer de Lorenzo trabaja por la tarde y él se encarga de llevar al niño al colegio. Casualmente Manuel a esas horas aún no ha llegado, por lo que dejaban a los críos y se iban como colegiales al taller de carpintería que regenta y no abre hasta las cinco, buen rato más tarde que hayan recogido a los críos de nuevo. Eso les daba un lugar cómodo y seguro lejos de la vista de otros, y un par de horas para hacer lo que les viniera en gana. Días como hoy que la mujer no trabaja eran escasos y él aprovecha para cerrar el negocio y estar en familia. “Maldita sea” Pensó Alina con el coño chorreando por la follada anterior, el dedo que le estaba haciendo escasos segundos antes su novio y el recordar sus aventuras.
Su novio se había empalmado e intentaba colocar la polla de modo que no se notara en el pantalón con el pitillo entre sus labios.
- ¿Folla bien?
- ¡Tssss calla! ¡Que nos van a oír!- La mujer que les separaba de la pareja se había salido de la cola para adelantarse y colarse junto a otra mamá que se puso a charlar con ella, dejando poca distancia entre ellos
- ¿Pero folla bien o no?- Preguntó más suave
Había follado con varios papás del colegio, todos de una buena calidad, pero Lorenzo destacaba por su buen miembro y lo bravo que era en la cama. Quien dice la cama dice la mesa de su escritorio; Recordó la primera vez, ese hombre de cuarenta y tres años, fuerte por su trabajo, alto, con perilla grisácea, estaba reacio a ser infiel. Le sacó de dudas las manos de Alina buscando su polla en el pantalón. Lorenzo se quitó la camiseta y mostró su torso desnudo y varonil. Ella le besaba el cuello, con una mano acariciaba los pectorales con una buena mata de pelo y la otra desabrochaba el pantalón y se colaba entre los bóxer para agarrarle la polla caliente y dura. Lo siguiente que recordaba era sus manos en el pelo y ella chupándosela con brío, levantándole la polla para sorberle los huevos y así disfrutar todo el largo de aquel miembro.
No recordaba ni la ropa que llevaba puesta. Se veía ya desnuda tumbada en la mesa después de haber tirado al suelo escuadras, cartabones y lápices. Se sujetaba las piernas para abrírselas. Recordaba el aliento, el calor de la lengua repasándole el coño de arriba abajo. Recordaba las manos estrujándole las tetas. Le metía la lengua en su interior y luego se dedicaba a chuparle el clítoris. Ya con su primer orgasmo se bajaba de la mesa y se recostaba con los pechos chafándose en ella, asiéndose a ambos lados con fuerza para aguantar lo que venía después; Lorenzo le separaba las piernas a golpes, frotaba el capullo en su raja y se la metía. Una rápida serie de penetraciones la hacían gemir con los ojos cerrados y balbucear insultos y barbaridades que recibían como castigo penetraciones más rápidas y profundas. Le venía a la mente la sensación de aquel hombre follándola lo más rápido que podía, el sonido de los golpes en su culo, y el calor del semen chorreándole cuando por fin acababa de joderla y se salía de su interior corriéndole por la pierna abajo.
Sus encuentros pasaron a ser una rutina casi semanal. Dejaban a los críos, se iban al taller, follaban como conejos, y luego los recogían por separado.
Anna, una mamá del grupo, les había visto salir una vez juntos del taller y como toda buena cotilla quiso saber más; Alina se excusó diciendo que iba a hacer unas obras en casa y pareció creérselo. Pero la siguiente vez no tuvo tanta suerte con la mentira. Manuel la vio turbada rememorando lo ocurrido y le preguntó.
- Nada, cosas mías.
- Pero cuéntame anda
Era el cumpleaños de una amiga de sus hijos. Casi todos los padres de la clase habían ido a un local de alquiler con zona de juegos infantil. Ya os podéis imaginar, bocadillos de nocilla y de pavo por doquier, zumos, cacaolat. Los adultos se congregaban alrededor de una pequeña mesa y barra con cervezas dejando a los críos jugar con el parque de bolas, donde estaban seguros vigilados por unos monitores del centro. Lorenzo le dijo algo, algún comentario que no recordaba y ambos rieron. Había venido solo. Alina estaba bastante cachonda aquella tarde y ya había ido a ese local varias veces en otros cumpleaños; le dijo que le acompañase y ambos salieron del corrillo observados con el rabillo del ojo por Anna.
Cruzaron las mesas de comida y los billares. A su derecha quedaban los aseos pero los dejaron de lado quedando Lorenzo algo confuso.
Alina abrió una puerta y aparecieron unas escaleras que llevaban al sótano. Allí sólo había dos estancias, una sala de mantenimiento con los cuadros eléctricos, cubos y fregonas, y el lavabo para el personal, pequeño y oscuro, sólo con un lavamanos y el respectivo cubículo de inodoro para hombres y mujeres. Entraron en el primero comiéndose a besos. Normalmente tenían más de una hora, pero allí contaban con escasos minutos y no perdieron mucho el tiempo; Alina se bajó las bragas alzando la falda larga que llevaba y Lorenzo se bajó los pantalones y calzoncillos sentándose sobre la tapa del inodoro. Ella se acercó, se agachó a chupársela unos segundos para ensalivarla a la vez que se rozaba el coño para que se humedeciera, se irguió y con la mano haciéndole una paja se colocó encima de él, dejándose caer cuando la tuvo apuntalada. Se besaron con pasión, Lorenzo le arañaba la espalda por encima de la blusa y ella movía las caderas con rapidez metiéndosela y sacándosela a su antojo, frotando el clítoris con el pubis llegando al límite del placer en pocos minutos en lo que ella llamaba una “paja con el coño”.
Así no tenía los mejores orgasmos ni los más coordinados con la pareja, pero sí los más rápidos y morbosos. Cuando empezó a correrse esperaba que Lorenzo también estuviera por acabar. Seamos francos, le importaba un carajo, pero si se corría más o menos con ella, mejor para él. Gimió como una cerda boqueando en su frente mientras él le besaba el canalillo y acompañaba sus movimientos cogiéndola del culo. Por unos segundos deseó que le metiera un dedo en él, pero se contentó con follarse esa polla. En las últimas penetraciones él le mordió el canalillo marcándole una teta y le estrujó con fuerza los glúteos. Ambos se miraron unos segundos con los ojos entreabiertos y cogiendo todo el aire que podían pues parecía que aquellos escasos cinco minutos no habían respirado. Alina se retiró el rizo que le caía entre los ojos y se levantó con cuidado de no manchar la falda con el miembro erecto que al alejarse veía palpitar empapado en flujos. Notó un líquido caliente salir de su entrepierna y con rapidez felina se secó el chorretón de semen que corría patas abajo con papel higiénico. No se dijeron nada cuando se arreglaban sus ropajes y subieron por la escalera sonriendo por la travesura. Anna al otro lado de la puerta, cuando salieron de la penumbra de la escalera y llegaron al rellano superior, les miraba con recelo, enfado y cierta complicidad. “Venga, que van a sacar la tarta” Les dijo y ambos enrojecieron de vergüenza. Pensó alguna explicación pero no hizo falta, la risita de después lo dio a entender todo.
Quedaban pocos minutos para la apertura de puertas. Miró a su novio excitado por lo relatado. Miró a Lorenzo, que de reojo les echó un vistazo. Por aquel entonces sus bragas ya estaban empapadas, necesitaba que su novio la follase de nuevo pero tenían que recoger a la pequeña.
- Oye, ¿ya permiten estar a los dos padres en la tutoría?- Preguntó Sofía girándose para hablar con Alina
- Me parece que no- Manuel saltó mirando a su novia- El tema Covid y tal.
- Vaya faena. Pues nada cariño, ya me encargo, no creo que tarde. Vete al parque y nos vemos allí
- Esta vez si quieres ya me quedo yo, para una vez que puedo venir…- Le dijo su novio.- Siempre estás tú pringando, hoy me toca a mí. Vete también al parque
Antes de separarse le dio un beso y le susurró al oído
- Vas a ser mi putita y quiero que te folle, te llene el coño y que después me lo cuentes
Justo empezaba a moverse la cola. Por suerte de la clase de sus hijos sólo estaban ellos como parejas, lo demás eran todo mamás y papás sueltos.
Alina vio a Manuel y Sofía adentrarse por los pasillos. Lorenzo se quedó a su lado
- ¿Vamos al parque?- Le preguntó tímidamente
- Sí, pero demos un rodeo
Alina enfiló calle arriba dirección al parque. Era una pequeña montaña adaptada en varias zonas dependiendo de la edad de los críos, repleta de arboledas y senderos circulables. Ella se lo conocía a la perfección; le hizo ir por un caminito que llevaba a la zona de los más pequeños, aún no había casi nadie, pero antes de llegar a la zona de juegos torció a la derecha por lo que venía siendo el paso de agua de un riachuelo. Adentrados en el bosquecillo siguiendo el paso llegaron a la única estructura humana en varios metros a la redonda; una caseta por donde se controlaba el depósito de agua del municipio.
Alina se la conocía porque era un buen picadero. Se acercó a la puerta y golpeó con el hombro justo en la cerradura haciendo que saltase, miró atrás y observó la cara sonriente de Lorenzo que tenía bien claro que iba a vaciar los huevos.
Entró ella primero y él cerró la puerta. La pequeña estancia, repleta de canalizaciones azules de metal y llaves de paso estaba iluminada por un par de ventanas rotas a pedradas. El polvo y el moho dominaban la zona y se esparcían por doquier.
Iban por faena, ni se besaron. Lorenzo se descubrió el pecho quitándose la camiseta y empezaba a desabrocharse el pantalón, y Alina se quitó la suya dejando los pechos sólo cubiertos por el sujetador blanco.
Se giró y deslizó la mano por un lado de la falda para bajar la cremallera y por poco no toca suelo de no ser por la agilidad de Lorenzo, que ya estaba detrás con la polla fuera agitándosela. Aprovechó que levantaba los pies del suelo al sacarle la falda y colocarla sobre un conducto junto a la camiseta para quitarse los zapatos. Él, erguido detrás, colocó la polla entre sus glúteos, le metió una mano por el canalillo sobándole las tetas y tiró hacia él para comerle el cuello. Hábil con la otra mano le soltó el sujetador para después bajar hasta el culo y sobárselo, bajándole las bragas que sí cayeron al suelo manchándose un poco en la zona que se había empapado de flujo.
Sus besos bajaron por la espalda hasta las nalgas. Se quedó a escasos centímetros de comerle el coño pero luego el olor le habría delatado y no llevaba encima los chicles mentolados que usaba para esas situaciones, así que usó los dedos para ver su nivel de humedad, y satisfecho, se volvió a incorporar colocándola en la entrada.
“Métela de una vez” Pensaba Alina moviendo las caderas para acomodarla bien en su coño y que no resbalara sólo rozándolo. Notó el capullo entrando y se mordió el labio inferior.
La metió lentamente, saboreando cada milímetro de su mojado coño y la sacó con la misma lentitud para agarrarse a las caderas y clavársela de golpe. Una, dos, tres veces, a lo que ella respondía con gritos que debieron oír en siberia. “¡Fóllame! ¡Fóllame!” También gritaba para sus adentros cada vez que la metía. Viendo que entraba fácilmente, Lorenzo empezó a joderla con brío como un morlaco. Ella notaba cómo se caía el sujetador por los brazos y las tetas le bamboleaban. Quería tocarse y también quitarse el sujetador pero con las entradas y salidas tan brutas no podía hacer otra cosa que sujetarse a la canalización.
- ¡Qué mojada estás! ¡Siempre cachonda!- Hizo una pausa para respirar- Ojalá mi mujer fuera tan caliente como tu
Se agarró a una teta y la masajeó tirando del pezón, le clavaba estocadas cada vez más lentas, temblorosas y profundas y la otra mano se dedicaba a sobarle el clítoris llevándola casi al orgasmo. Del coño pasaba por el estómago dándole escalofríos y cosquillas, sobaba el otro pecho, le acariciaba el cuello y le llevaba la mano a la cara cubriéndole el ojo con dos dedos, dejándola respirar por la nariz y dándole de chupar el anular con el anillo de casado y el meñique. Se sentía como una niña robándole algo a otro, quizá por eso le daba tanto morbo follarse a casados. Se estaba corriendo como una loca cuando devolvió la mano a las friegas del clítoris. “Dame la leche, dame la leche” Pensaba con los ojos fuertemente cerrados, notando los espasmos de la polla muy dentro de su coño y los gemidos y suspiros de Lorenzo en su nuca. “La quiero para mí” Y su niña interior le quitaba el caramelo a otra.
Notaba el flujo salirse de su interior y él seguía metiéndola y sacándola lentamente, se estaba corriendo de lo lindo y duró más de lo que estaba acostumbrada a que se le vaciasen dentro.
Cuando al fin la sacó del todo seguía dura y llena de semen y flujo. De su coño salió un tremendo goterón de semen que cayó al suelo, recordó a su novio y apretó la vagina para retenerlo. Alina miraba entre sus piernas viendo cómo caían las últimas gotas por gravedad y se secó con la parte limpia de sus bragas, relajándose para que saliera lo que aún tenía dentro, que no era poco.
- Los tenías bien llenos…- Le dijo sonriendo mirando la cantidad de espeso líquido que retenían las bragas a modo de cazoleta.
- Desde la última vez que follamos que no los vacío. Llevo una semana con dolor de ingle que ni te imaginas.
- Así me gusta- Se giró y le secó con el reverso de las bragas la polla que palpitaba perdiendo fuerza- Que me guardes la leche
Le dio un besito. Él se volvía a vestir y a meter la polla en el pantalón, ella a ponerse la ropa que se había quitado. Sacó unas bragas nuevas del bolso porque las otras daba asco verlas, metiéndolas en una bolsita que tenía para esos menesteres. Sonriendo, salieron de la caseta y deshicieron el camino del sendero por suerte sin que nadie les viera. Miró el reloj, poco más de un cuarto de hora. “Rapidín” pensó para sus adentros.
Justo se sentaban en los bancos del parque vieron a Sofía y a Manuel con los carros y los pequeños encima intentando pasarse una bolsa de patatas. Llegaron a su lado y liberaron a los críos que fueron directos a abrazar a sus progenitores. Alina preguntó por la reunión, nada interesante.
- ¿Cómo ha ido?- Preguntó el vicioso de su novio cuando Sofía y Lorenzo iban unos minutos con los críos al camión de madera para jugar.
- Tu verás- Abrió el bolso y desplegó la bolsita con las bragas. Manuel las cogió, estaban empapadas y pegajosas, llenas de manchas grisáceas
Ambos rieron y se besaron. “Me la has puesto muy dura, esta noche te vuelvo a joder el culo” Sentenció y ella asintió con la cabeza besándole de nuevo, para devolver ambos la vista hacia su hija que jugaba alegre en el parque.
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