Años 70: Estudiando en la Universidad 4
En la España de los años 70, entre las aulas de la Universidad y las calles vigiladas por la policía, un grupo de estudiantes ha encontrado en el sexo colectivo su única forma de libertad. Pero cuando la política los atrapa, el placer se vuelve el único refugio posible contra el miedo y la represión.
Una vez incorporada Susana al grupo, ya eran cinco: Fernando, su hermano Carlos, Jorge, Miren y Susana. Quedaron en organizar otra fiesta el viernes siguiente.
Miren y Carlos se pasaron la semana estudiando y yendo a clase. Carlos la recogía por la mañana a las siete, y llegaban a las siete y cuarto a clase, para poder tener un sitio en primera o segunda fila y poder tomar apuntes viendo bien la pizarra. Luego se iban a la cafetería a tomar un café y subían de nuevo al aula a las ocho. Desde el punto de vista académico, todo estaba controlado. Iban al día de las asignaturas, lo que era muy importante para poder entender la clase del día siguiente, porque no había muchas fuentes donde estudiar lo que no entendieras en clase, excepto algún libro americano de McGraw Hill o Schaum o similar, o si no, ir a una academia, donde aprendías a aprobar, no a entender la asignatura y perdías toda la tarde. Ellos decidieron ir al día, no perdiéndose ninguna clase y complementarlo en casa con libros de teoría y problemas. En Caminos entraban 600 cada año y al final del primer año ya abandonaban 200, y finalizaban la carrera unos 150, lo que indicaba la dureza de la carrera.
Durante los primeros seis meses todo había ido muy bien, compaginando perfectamente los estudios y los kikis que eliminaban la tensión sexual. Ahora todo se había trastocado, porque se había echado novio, habían aparecido las sesiones de los viernes y habían disminuido los kikis con Carlos. Le sobraba emoción y le faltaba monotonía, pero también le faltaba descargar sexo de forma periódica, no mucho los viernes y nada durante a semana. Su cuerpo se había acostumbrado a tener un orgasmo cada dos días. Necesitaba volver a tener kikis con Carlos, sexo sin perdida de tiempo. Otra solución sería que Fernando aprendiera la técnica de los kikis, pero lo que le gustaba de Fernando era precisamente la improvisación, la pasión y la falta de monotonía. Pero también, tanto sexo los viernes había traído consigo una falta de rollos con Fernando, estando él y ella solos. Por lo tanto, desde el puno de vista sexual, se había perdido el equilibrio, había perdido el ritmo de kikis, follaba poco con Fernando y además se habían incorporado las orgias de los viernes. La seguridad de que el viernes lo pasaría bien, la tranquilizaba, aunque, por otro lado, no saber lo que iba a pasar y quiénes irían, la inquietaba. El miércoles, a media mañana, después de la clase de Algebra, no pudo más y se tuvo que ir al baño a hacerse un dedo. La falta de kikis la tenía un poco descontrolada. Por la tarde, cuando fue a casa de Carlos a estudiar y lo comentó con ambos.
- Chicos, no puedo pasar de tres kikis a la semana a solo una fiesta los viernes. Yo necesito dos buenos polvos durante la semana, ya sean kikis con Carlos, perdiendo solo unos minutos, o polvos con Fernando, que me divierto más, pero pierdo media tarde. Esta semana no ha habido nada y estoy que me subo por las paredes, y encima con la excitación de pensar en la sesión del viernes.
- Pues venga – dijo Fernando – uno de cada. Carlos, empieza tú, métele un buen kiki y luego se lo hago yo tranquilamente, aunque perdamos la tarde.
Así lo hicieron. El kiki duró veinte minutos y ella llegó como solía hacer, pero entonces eso le bastaba. Ahora cada vez necesitaba algo más. Luego se fue al cuanto de Jorge y ya solos, se enrollaron con un poco más de pasión y también de violencia, llevándose Miren unos cuantos azotes con la alpargata, alcanzando un primer buen orgasmo y luego otro conjunto con Fernando, corriéndose ambos a la vez. Miren se quedó mucho más relajada, con el semen de ambos bien metido en la vagina.
El jueves fueron a clase y luego tenían la idea de estudiar luego cada uno en su casa. A la mitad de la mañana, en el descanso entre la clase de Algebra y la de Química entraron unos chicos y chicas y montaron una asamblea clandestina.
- Compañeros, somos del partido de los trabajadores de España, y os queremos hablar de la represión del régimen franquista. A los compañeros que luchan por la libertad de los pueblos y del proletariado, tanto del FRAP con de la ETA, los están torturando en las cárceles franquistas. La lucha armada para es lícita frente a la dictadura fascista. También han detenido a compañeros de comisiones obreros. Tenemos prevista hacer una sentada ante el rectorado mañana por la mañana para protestar y queremos informaros que…
No llegó a terminar la frase, porque se abrió la puerta del aula y aparecieron como unos treinta grises, los policías nacionales, que se desplazaron por ambos pasillos laterales del aula rodeando a los alumnos. Todo el mundo se los quedó mirando y cuando volvieron a mirar al estrado, los que habían organizado la asamblea se habían sentado en las primeras filas, confundiéndose con el resto de los alumnos. Para identificarlos, los grises dejaron salir a toda la clase a excepción de las tres primeras filas. A todos estos los bajaron en filas, los metieron en furgones y se los llevaron a la Dirección General de Seguridad (DGS), en la Puerta del Sol.
A Miren y a Carlos los metieron juntos en el tercer furgón, junto a otra veintena de alumnos. Al llegar a la DGS les fueron tomando la filiación, y distribuyendo por diferentes cuartos, antes de decidir a quién iban a meter en los calabozos. Allí ya separaron a Miren de Carlos, llevándose a Miren junto con otras dos chicas a un despacho. Los tuvieron como unas cuatro horas encerrados en grupos, sin comer ni beber, y luego los fueron llamando uno a uno para hablar con un agente de la policía político-social, es decir, la policia que se encargaba de controlar cualquier actividad subversiva o política de izquierdas.
A Miren le preguntaron sus datos y qué hacía en la asamblea. Ella explicó que no estaba en la asamblea, sino en clase cuando los activistas entraron. Que nunca se había metido en política. Luego le revisaron la mochila y vieron que identificaba los cuadernos como Miren, es decir, un nombre vasco y le preguntaron si era vasca y simpatizante de eta. Lo negó. Le preguntaron por sus padres y dijo que su padre era Procurador en Cortes y que ella no estaba en política, que era de buena familia. El comisario le dijo que justamente los hijos de padres cercanos al régimen eran los que habían salido más comunistas y activistas. Que había más rojos entre familias bien, que entre familias pobres. Decidieron que con nombre vasco ya tenía un punto ganado para quedarse, y seguir interrogándola y la bajaron a un calabozo.
A Carlos le hicieron el mismo interrogatorio y luego le devolvieron a su sala otra vez.
Los padres de Miren y de Carlos, al no llegar éstos a comer a casa, se llamaron entre si y descubrieron que no sabían de ninguno de los chicos. Llamaron a la Escuela de Ingenieros de Caminos y les dijeron que había habido una redada de la policía por una asamblea ilegal y que estaban todos en la DGS. Allí se fueron los padres a saber de sus hijos, pero no es informaron de nada.
Mientras, a Miren y a otra chica, las llevaron a un interrogatorio ya más duro. Empezaron por la chica y de entrada le soltaron un bofetón. Después de muchas preguntas y algún que otro agarrón del cuello, ella reconoció que era una de las que habían promovido la asamblea y que era comunista. Le preguntaron si conocía a Miren y antes de responder le soltaron otro bofetón y se puso a llorar, diciendo que no con la cabeza. La levantaron y se la llevaron. Luego sentaron a Miren y le volvieron a preguntar lo mismo que arriba. Ella negó haber participado. Entonces el policía le dijo que era una pena estropear una cara tan bonita y un cuerpo tan bueno, mientras le agarraba las tetas desde atrás con ambas manos y le dijo que dijera la verdad o pasaban a los bofetones y a algo más. Miren se puso a llorar y entonces sonó el teléfono. El policía escuchó y luego dijo.
- Has tenido suerte, guapita, nos han mandado tu expediente académico y parece que dices la verdad. Los activistas no tienen buenas notas. Además, tu padre está fuera reclamando y ha llamado al Ministerio de la Gobernación a quejarse. Te has librado por un pelo. Con las ganas que yo tenia de tocarte un poquito a ver si cantabas.
Se la llevaron a otra sala y una hora después la acompañaron a la salida. Allí estaba su padre esperándola. Ella se abrazó a el llorando.
- Papá, he pasado mucho miedo. ¿Sabes algo de Carlos?
- No hija, su padre y su hermano están arriba con el comisario.
- ¿Les podemos esperar?
- Aquí mejor no, vamos a la cafetería de ahí enfrente y vemos qué pasa. Además tienes que comer algo.
Una hora después bajó Fernando que había acompañado a su padre y Miren salió corriendo a abrazarlo. Otra hora después soltaron a Carlos y se fueron a una cafetería para que Carlos comiese algo y se contaron su experiencia. Luego se fueron cada uno a su casa.
Llegó el viernes, pero ni Miren ni Carlos fueron a clase y suspendieron la fiesta prevista. Quedaron los cuatro, Fernando, Miren, Susana y Carlos, y se fueron al cine a distraerse y olvidar la mala experiencia. Luego estuvieron picando raciones en un mesón.
- ¿Qué hacemos el fin de semana? – preguntó Fernando
- Yo quiero escapar. Me gustaría hacer algo al aire libre, algo de montañismo, por ejemplo, subir a la Pedriza – dijo Miren
- Pues nos vamos mañana o el domingo – dijo Carlos
- Mañana no podemos, porque éstos no tienen material de montañismo. – dijo Miren
- Bueno pues nos agenciamos mañana unas chirucas – dijo Carlos
- Yo tengo botas de montaña – dijo Susana – me las presta mi amiga Pilar, que si lo hace a veces y tenemos el mismo número.
- Y nosotros tenemos unas viejas de mi padre que le sirven a Fernando.
- Pues mañana a las siete de la mañana quedamos en la estación de autobuses para ir a Manzanares el Real.
- Venga.
Ese sábado, con ropa de abrigo por si cambiaba el tiempo, salieron hacia Manzanares el Real y luego fueron andando el kilómetro escaso hasta la base de salida. Decidieron hacer la ruta en el sentido de las agujas del reloj, e ir primero a la zona de Cantocochino, luego subiendo al refugio Giner de Los Rios y desde aquí hacia el collado y la zona alta de rocas típicas de la zona de La Pedriza, llegando a la base del Yelmo, que es una impresionante mole de roca. Subieron por la zona de la Chimenea y arriba vieron las impresionantes vistas desde la cima. Habían recorrido unos nueve kilómetros cuesta arriba hasta llegar a los 1700 metros de altitud y estaban agotados y sudando por todo el cuerpo. Se sentaron un rato a descansar y a comer. Las chicas se sentaron entre las piernas de los chicos y estos las abrazaron y Fernando le metió la mano bajo a camiseta para sobarle las tetas.
- No seáis guarros, estamos todas sudadas, - dijo Miren
- A mi me da igual, me pones aún mas así sudadita y sabes saladita. – dijo Fernando. – pasándole la lengua por el cuello y metiéndole la mano en busca del coño, llegando a su objetivo y haciéndole un dedo. Miren se puso a ronronear y luego a gemir.
Carlos se animó y le hizo lo mismo a Susana, metiéndole la mano por dentro del pantalón corto y descubriendo que no llevaba bragas y si un tampón, de que solo notaba el hilito. No llevar bragas facilitó la tarea de hacerle un dedo, pero tuvo que hacerlo solo por el clítoris, porque no podía meterle el dedo en la vagina. Ella dijo que le gustaba ir sin bragas cuando llevaba pantalones y que casi no manchaba ya, pero que se lo había puesto por precaución, más aun sin llevar bragas. Ambas chicas se corrieron con gusto, pero con discreción porque pasaba gente cerca.
Luego bajaron por la otra ruta, más empinada y de solo cuatro kilómetros. Fernando y Carlos iban detrás de las chicas y en más de una ocasión se tropezaron y casi se caen, por ir mirando a la entrepierna de Susana para ver si se le notaba que no llevara bragas y le salía algún pelillo. Llegaron al parking de abajo a la hora prevista. Luego bajaron hasta Manzanares y se acercaron a la orilla del embalse de Santillana y metieron los pies en el agua para refrescarse. Miren y Susana se fueron tras unos arbustos a hacer pis y cuando volvieron, Miren le metió algo en el bolsillo del pantalón a Fernando. Al meter éste a mano a ver qué era, sacó las braguitas blancas de algodón de Miren. Se puso como una moto.
Luego volvieron a Madrid en el último autobús de la tarde y ambos chicos no pararon de meterles mano a las chicas, haciendo que se corrieran otra vez.
El domingo por la mañana Carlos se fue a casa de un compañero de clase para que le prestase los apuntes de las clases del jueves y viernes a las que no habían asistido y se fue a una tienda en la calle Fuencarral que no cerraban, el Drugstore, a hacer unas fotocopias y luego se acercó de nuevo a devolverle los apuntes al chico. Luego se fue a casa, llamo a Miren y quedaron para estudiarlos por la tarde. A las cinco de la tarde llegó Miren a casa de Carlos y se pusieron a estudiar.
A las ocho de la tarde ya se habían puesto al día de lo que habían dado sin estar ellos en clase y poder continuar entendiendo lo que los profesores dieran a la siguiente semana.
- Bueno pues visto. No han avanzado demasiado. – dijo Carlos
- Espero que los apuntes sean buenos y que éste haya puesto todo – dijo Miren.
- Ya lo veremos. Se los pedimos a otro y comparamos. ¿Qué tal estas, ya te has repuesto del susto?
- Si sobre todo de la impresión de las bofetadas que le dieron a la chica delante de mí. Nunca había visto pegar a una mujer y me impresionó la frialdad con la que le pegó el policía, pero realmente contó lo que él quería saber. No me imaginaba que se comportase así la policía. ¿A vosotros no os pegaron?
- No, solo nos estuvieron interrogando varias veces. Parece ser que entre nosotros había un chico con ideas afines al régimen, no se si era un policia infiltrado o uno de los guerrilleros de Cristo Rey, y él fue identificando a los que habitualmente iban a clase y a mi me reconoció como tal.
- Yo pase mucho miedo, además el cabrón me sobó el pecho. – dijo Miren – Cuando lo recuerdo, me pongo enferma; qué tío más guarro. Y encima dijo que se quedó con las ganas de sobarme más y de darme alguna bofetada.
- Venga, ya pasó, tenemos que olvidarlo – le dijo Carlos abrazándola. Ella se abrazó a el también. Unos minutos después se miraron y sintieron ambos la necesidad de un kiki.
- ¿Está Fernando en casa? – preguntó Miren
- No, se iba a estudiar a casa de un compañero.
- Pues qué faena, sin él delante no debo hacerlo. Y me quedé ayer con ganas después del dedito que me hizo en la cumbre y en el autobús.
- Miren, en serio, tenéis que pasar de estas cosas. Nos hemos pasado dos años haciéndolo y ¿ahora tiene que ser en público?
- No en público, con Fernando delante.
- ¿Para qué?
- Para que me vea.
- ¿Para que él te vea, el qué? ¿Cómo lo haces? Es un poco absurdo.
- Realmente si, no dejan de meterme una cosa entre las piernas igual.
- Oye, que lo mio no es una cosa – dijo Carlos, y se rieron y él se bajó el pantalón, enseñándole el pene que ya estaba erecto. Ella lo agarró y se lo metió en la boca.
A partir de ahí ya se descontrolaron, se desnudaron, se metieron mano por todas partes, con ansia y con morbo de llevar tiempo sin hacerlo solos y a escondidas, como antiguamente y se metieron un kiki algo más que ilustrado, porque añadieron algunas cosas adicionales, mezclando en una misma sesión la parte del 69 y la parte del kiki y ambos se corrieron con mucho placer. Luego siguieron estudiando. Cuando Miren ya se iba, apareció Fernando, se dieron un morreo y quedaron en enrollarse un día de esa semana. Ninguno le comentó nada a Fernando sobre el kiki que habían tenido. Empezaba a haber secretos.
La semana volvió a ser rutinaria, a excepción de la cantidad de carteles que habían empapelado la Escuela pidiendo la libertad de los compañeros de la asamblea que aún seguían detenidos y que la policía iba retirando según los localizaba. El martes estudiaron juntos Carlos y Miren, y Miren se enrolló con Fernando en su cuarto y lo pasaron muy bien.
El jueves volvieron a estudiar juntos, y echaron otro kiki, que ya no fue furtivo, porque avisaron a Fernando, pero éste solo apareció al final, para que Miren le hiciese una buena mamada.
Para el viernes se organizó la fiesta que se había cancelado la semana anterior y Miren ya fue a clase muy excitada y con una compresa que, a modo de salvaslip, evitara mojar la braguita y poder transmitir olor al exterior, dada la proximidad de compañeros en los bancos de la clase. No entendía cómo Susana podía ir sin bragas.
Por la tarde quedó con Susana antes de subir a casa. Estuvieron hablando y Miren quiso estar segura de que Susana sabía qué iba a pasar y que comprendía que no sería como los días anteriores, donde solo estaban Carlos y Fernando, sino una verdadera orgia donde cualquiera se la podía meter, pero también sacarle un buen orgasmo.
Ella solo quería saber si la iban a tratar con idéntico cariño, porque no quería ningún tipo de violencia o imposición, porque eso le aterraba. Miren aseguro que no tendría problema con los dos hermanos y que Jorge era un encanto de chico. Si hubiesen traído a alguien más, ella estaría al tanto de que no le pasase nada. Luego ambas acudieron a casa de Carlos y Fernando y se encontraron con ellos, y con Jorge, habían incorporado a otro amigo, de nombre Luis. Aquello prometía, aunque Susana estaba un poco angustiada y Miren hablo con Fernando y éste le aseguró que no le pasaría nada y que siempre podría nombrar la palabra clave. Fernando se erigió en maestro de ceremonias y decidió cómo hacerlo.
- A ver chicos, aquí las chicas necesitan conocer el material antes de catarlo. Por lo tanto, nos vamos a desnudar y que ellas vayan decidiendo qué hacer. No debemos hacerles nada que no quieran y deseen. Es mejor quedarse corto que pasarse.
Así lo hicieron y los dos nuevos, Jorge y Luis, se quedaron en pelotas, sobándose el pene para ponerlo en forma. Fernando y Carlos se desnudaron, pero se acercaron a las chicas y les empezaron a meter mano, mientras ellas se agachaban a tocarles el pene a los nuevos y si les apetecía, chuparles el pene. Susana ya había llegado otra vez sin bragas, lo que hizo que Fernando se empalmara al instante.
- Chicos, me apetece un montón que me lo hagáis. Pero aviso que no quiero que nadie me la meta sin que yo le diga antes que adelante. Es mi condición.
Fernando empezó a tocar a Susana, dejando a Carlos calentar a Miren, ya que tenía mucha experiencia con ella. Una vez calientes, las chicas se desnudaron y Fernando empezó a manosear a Susana, añadiéndose Luis, y Carlos y Jorge lo hicieron con Miren. Se dedicaron a tocarles por todas partes, porque a cuatro manos y dos lenguas dan para mucho roce, pasándoselas por las tetas, los pezones, el culo, el coño, el clítoris y todo el resto de las partes de sus cuerpos.
Al rato las chicas estaban absolutamente encharcadas, por lo que Fernando y Carlos, las tumbaron juntas en la cama, y ambos se pusieron, primero, a comerles el coño entero y luego a chuparles el clítoris y mientras meterle dos dedos con buen ritmo, mientras que Jorge se puso al lado de Miren y le metió el pene en la boca. Por el otro lado, Luis le acercó el pene y ella estuvo acariciándolo y alguna vez se acercaba y le daba un lametón. Al poco rato, con lo calientes que ya estaban, primero Miren y enseguida después Susana, se corrieron con grandes jadeos, mucho flujo, algo de squirt y contracciones vaginales. Una vez que se habían corrido bien, empezaron a follarlas, primero Fernando a Susana, para que no pasase miedo, y Carlos se tumbó y subió a Miren encima de él para que ella se moviese a su gusto. Mientras los otros le siguieron metiendo la polla en la boca y manoseando sus tetas. Un rato después, Susana, que recibía una buena follada de Fernando, junto con el manoseo de tetas, se corrió y éste descargó también dentro de su coño. Miren se corrió un rato después y entonces Carlos también descargó su semen cuando ella estaba acabando, como él sabía que le gustaba.
Fernando se salió de Susana y dejó el puesto a Luis, que le preguntó si le dejaba y ella dijo que adelante, y empezó a follarla también fuerte, y siguió manoseando la tetas y el clítoris. Fernando le acercó el pene a Miren, para que se la limpiara del flujo de Susana y de su semen, mientras que ella recibía la follada ahora por parte de Jorge, desde atrás y con bastante fuerza. Tanto Luis como Jorge duraron mucho, consiguiendo sacarles algunos orgasmos más pequeños, pero bastante continuos. Al final se corrieron también ambos. Ese tiempo que duraron follándose a las chicas permitió que Carlos y Fernando se recuperaran de sus eyaculaciones, y aunque no la tenían a tope, consiguieron metérselas otra vez, esta vez Fernando a Miren y Carlos a Susana. Las chicas ya llevaban tres folladas seguidas y empezaban a estar fatigadas. Aun así, tuvieron algún orgasmo y luego los chicos volvieron a descargar, dejándoles la tercera eyaculación dentro de sus coños. Decidieron descansar un poco. Susana estaba encantada. Se había corrido al menos cinco veces y algunas muy fuerte. Miren se sentó sobre Fernando y se pusieron a besarse.
- ¿Te lo has pasado bien con Susana? – le preguntó Miren - ya estaba bién de que sólo disfrutase yo de hacerlo con otros, tu también tienes que poderte divertir,
- Si, aunque me gusta más contigo. ¿Y tú? Oye, me estas poniendo perdido de todo lo que sale de tu coño.
- Yo lo he pasado muy bien, Jorge me da bien también. Estoy deseando que Luis me la meta a ver que tal.
- Eres una auténtica zorrita.
- No lo sabes bien. Espero que todos podáis repetir. Con esto de tener a Susana, me quita la mitad de los polvos que me podíais echar.
- Miren, hemos traído a Luis. No es fácil encontrar a un chico discreto y buen follador.
Fernando le empezó a meter los dedos en el coño, para mantenerla caliente. Al poco Miren empezó de nuevo a ronronear y Fernando la subió sobre él, con una pierna a cada lado, se echó hacia a tras y le dejó con el culo en pompa. Tomó la bolsa de tela con los instrumentos del día anterior y le aplicó unas pinzas de madera a cada pezón, le mojó el mazo pequeño bien en el flujo de su coño y luego presionando se lo metió en el culo. Luego le hizo una señal a Luis y este se acercó y se la metió de un solo golpe hasta el fondo y le empezó a bombear. Mientras Fernando la besaba y le sobaba las tetas, dándole tobas en los pezones y tirando de las pinzas hasta casi hacerle daño. Otras veces le daba con la alpargata en los muslos. Al rato de estar así, y estando besándose y jugando con sus lenguas, Miren empezó a gemir y Fernando le empezó a restregar el clítoris y con la otra mano le incrementó los azotes en el culo, en las tetas y en las piernas, y ella empezó a correrse, y Luis se relajó y llegó también, soltando su semen dentro de ella. Cuando acabó se salió y ocupó su lugar Carlos, repitiéndose el mismo proceso de placer y dolor y cuando Carlos le lleno de nuevo el coño de leche, lo sustituyó Jorge y también le saco un profundo orgasmo a Miren y le llenó el coño de esperma por tercera vez consecutiva, después de más de media hora de constante sexo y orgasmos.
Ella se quedó tumbada sobre Fernando. Este le colocó una toalla bajo el coño y le empezó a limpiar todo lo que le salía. Luego Fernando la colocó sobre él y se la metió también, sin casi oposición y no notando casi nada, de lo dilatada que estaba y de la cantidad de flujo y esperma que había allí dentro. Fernando empezó a mover el culo de ella arriba y abajo y se puso a follársela, metiéndosela con un evidente chapoteo y goteando flujo y esperma cada vez que la introducía y abría sus labios vaginales. Ella enseguida encontró el ritmo y empezó a moverse sola buscando aquella forma que mayor placer le pudiera dar.
- Venga zorrita, muévete a ver si nos corremos los dos, que no te noto casi de la cantidad de leche que te han metido estos tres tíos – le dijo Fernando.
Mientras, los otros tres chicos le estaban aplicando otro servicio especial a Susana, manoseándola entre los tres y follándosela según iban recuperando la erección. Empezó a follársela Luis, que era el primero que había acabado. La puso de culo y se la empezó a meter con fuerza y ritmo, dándole ligeros azotes en el culo. Carlos, enfrente de ella, estaba concentrado con las tetas, cada mano en una teta, sobándoselas y pellizcándole los pezones, y morreaba con ella de forma guarra y Jorge, a un lado de ella, le metía un dedo en el culo, jugando con todo el contorno del ano y con la otra mano le sobaba el clítoris. Con este tratamiento a tres, Susana mantenía casi un estado de corrida constante, teniendo orgasmos continuos, con pequeños temblores, soltando flujo y jadeos continuos. Al cabo de un rato, Luis se corrió dentro de ella y cambiaron de posición Carlos y él, pasando Carlos a follársela y Luis a sobarle las tetas. Otro buen rato después se corrió Carlos y le sustituyó Jorge. Al final Susana estuvo gozando en un estado multiorgásmico durante más de media hora y terminó absolutamente agotada y con tres corridas en el coño.
Por el otro lado, Miren no conseguía llegar, por lo que Fernando se tumbó en la alfombra, Miren se sentó encima, se introdujo la polla y moviéndose ella a su aire y con la ayuda de Fernando, y quitándole las pinzas de los pezones, empezó a sobarle las tetas y los pezones y masajeándole el clítoris, consiguió llegar ella, y segundos después él, consiguiendo la séptima corrida de la tarde dentro de su coño.
Ambas chicas estaban agotadas, pero en la gloria, atendidas por cuatro hombres dedicados a darles placer. Pararon a descansar y tomar algo. Carlos se vistió y bajo a la cocina a buscar cosas para beber algo y recuperar líquidos. Fernando se sentó en un sillón y puso a Miren sentada de lado sobre sus piernas, apoyando su cabeza en su hombro y ella se quedó un rato descansando y se quedó casi dormida. Media hora después, empezaban todos a recuperarse. Fernando vio que Miren le miraba con cariño.
- Me encanta ver cómo te corres y como disfrutas del sexo, Miren.
- Y a mi cómo me lo hacéis todo. He descubierto un nuevo mundo contigo.
- Entre lo inteligente y guapa que eres, lo buena que estas, y la zorra en la que te has convertido, me tienes totalmente enamorado.
- Dicho así parece algo malo, mi querido cornudín – le respondió Miren, dándose un beso y riéndose.
Luego se fijaron en los demás. En el sofá descansaba Susana, apoyando la cabeza sobre las piernas de Jorge, que le acariciaba las tetas y apoyando las piernas sobre Carlos, que jugaba y le sobaba el sexo, simplemente dándole placer, sin llegar a ser una masturbación. Luis estaba sentado en el otro sillón, solo.
- Bueno chicos – dijo Fernando – parece que la tarde ha ido bien y nos lo hemos pasado genial. Vamos a descansar un poquito más y les damos otra sesión a las chicas. Así estaremos la semana relajaditos.
- En una semana he pasado de no hacerlo con ningún hombre, a convertirme en una golfa – dijo Susana – pero me encanta como me lo paso.
- Susana – le respondió Fernando – aquí solo hay diversión; deja los problemas morales fuera. Aquí no hay ni golfas ni putas, como tampoco hay cuernos para mí, por ejemplo.
- Vale – dijo Susana – entonces, ¿Quién empieza conmigo? Ya me apetece seguir.
- Susana, te va a hacer Carlos lo que él y yo llamamos un kiki. – le dijo Miren - Es un polvo rápido y agradable. A ver si te gusta. Él y yo lo llevamos haciendo dos años.
- ¿Dos años? – se sorprendió Susana
- Si, tres veces por semana – añadió Carlos.
- ¿Con Carlos y no con Fernando? – preguntó Susana
- Es una larga historia – explico Carlos – Miren y yo llevamos estudiando y follando como amigos dos años, más de trescientos polvos, hasta que nos pilló Fernando y se enrolló con Miren y ellos se enamoraron. Luego hemos cambiado algo de hábitos y mira como hemos acabado.
- Bueno, pues puedo probar el kiki contigo – le dijo Susana a Carlos - y si me gusta y como dices que dura poco tiempo, puedo pasarme durante la semana a echar unos cuantos, si a ti te viene bien y yo te gusto.
- Vamos a ello.
Carlos se concentró en calentarla lo más efectivamente posible, y más concreto, tocarle el sexo, chuparle los pechos y tocarle el culo, tal como Miren le había explicado que más le gustaba a ella, y que el entendió que no podía diferir mucho de una mujer a otra. Al cabo de un ratito susana estaba muy excitada. Carlos se tumbó en la alfombra e invitó a Susana a ponerse encima y a moverse como más o sienta o le excite. Ella así lo hizo y Carlos le siguió tocando el clítoris y el culo y al cabo de unos diez minutos, Susana se corrió, y poco después lo hizo Carlos. Susana se dejó caer sobre el pecho de Carlos.
- ¿Dices que me haces esto tres veces a la semana si yo te lo pido?
- Buenos si, y te añadimos algún polvo de mi hermano, de propina – le dijo Carlos
- Ya tenéis una fan de esto, pero ¿puedo contárselo a una amiga mía y que lo pruebe también? Me puedo venir con ella el próximo día.
- A ver – dijo Carlos – no hay problema, pero voy a tener que dar cita previa, porque tengo que estudiar y recuperarme. No echo polvos como si fuera una máquina. Por ejemplo, el lunes por la tarde tengo tiempo y puedo hacerlo un par de veces, una a ti y otra a tu amiga.
- Hecho, el lunes vengo sobre las cinco. Pero ahora, quién sigue conmigo – dijo y todos se rieron.
Luis la levantó de estar sobre la polla de Carlos y la puso de culo y se la metió de golpe y sin miramientos y se la empezó a follar duro, mientras Jorge se acercó a Miren y entre Fernando y él, empezaron a sobarla. Volvieron a calentarla y se la volvieron a follar ambos, sacándole un par de orgasmos y llevándose dos corridas dentro de ella. Una vez acabaron todos de correrse, se abrazaron y quedaron para el siguiente viernes, y pensaron que, si Susana añadía a su amiga, deberían encontrar dos chicos más para completar ya el grupo final. Antes de irse, Susana sacó unas bragas del bolso y se las puso, no era plan de ir goteando por la calle.
Al día siguiente, sábado, Fernando y Miren quedaron para salir y fueron a un concierto en directo de Cecilia, en el auditorio de un colegio mayor de la ciudad universitaria, cantando canciones de Simon&Garfunkel como Puente sobre aguas turbulentas o the Boxer, de Bob Dylan como Blowin' in the Wind, de los Beatles y algunas suyas como Try catch the sun, Mañana y Reunío. Luego volvieron paseando hasta su casa, parándose a tomar algo en un bar de la plaza de Olavide, en cuyo centro había un gran edificio circular que era un mercado, hoy desaparecido.
- Fernando, me encanta follar y ser puta, pero tengo miedo de que se sepa, somos ya muchos en el grupo, quizás demasiados.
- Si. Tenemos que tener cuidado. Con Susana no hay problema, ella tiene el mismo riesgo. Jorge es de fiar. A Luis le conozco menos, pero Jorge me ha dicho que no va a ir fardando del tema. Si viene otra amiga, no creo que diga que se la han follado en una tarde seis tíos. Debemos tener cuidado con los dos chicos que nos faltan. Sois lo suficientemente leonas como para necesitar dos pollas por tía.
- Y si una tarde no viene una chica, pues tocamos a tres.
- Claro, y si estás sola, a seis, no te jode.
- Pues también, podríamos probar una vez a tener a los seis para mi sola, ¿vale?
- Como se puede ser tan puta, Miren. No sabes cómo me estás poniendo de cachondo.
- Hoy ya no podemos, pero mañana voy a tu casa y lo hacemos.
- Vale, vente a comer. Yo se lo digo a mis padres y comemos con ellos.
Así lo hicieron. Fernando acompaño a Miren a su casa y luego se bajó toda la calle andando hasta la suya.
Ese domingo Miren llego sobre las doce de la mañana y subió al cuarto de Fernando. Carlos, que la oyó llegar, se apuntó al tema y cerraron bien la puerta, porque, aunque sus padres habían ido a misa de doce y no estaban en casa, podían volver antes de acabar. Llegó con un vestido largo, pero al quitárselo descubrieron que llegaba sin bragas y muy mojada, probando el efecto Susana. Eso les excitó muchísimo y entre los dos se la follaron a base de bien, alternándose en metérsela, sin reglas ni estándares, con algún azote y sacándole un par de orgasmos cada uno de ellos y metiéndole los dos finalmente su esperma en el coño. Luego se vistieron, incluyendo las braguitas que traía en el bolso, se arreglaron y bajaron a comer con los padres de los chicos.
- Miren, ya sé por Carlos lo bien que lleváis los dos el curso. – dijo su madre – ha sido una suerte que Carlos tuviese alguien con quien estudiar. Si no llega a ser por eso, no entra en Caminos.
- Si, nos va bien y nos compenetramos bien – dijo Miren.
- Además, Miren es una excelente estudiante y me ayuda mucho – dijo Carlos
- Y muy guapa – dijo su madre – y perdonad que os diga, ¿es que nunca va a haber algo más que amistad entre vosotros?
- No, mamá, solo somos amigos y seguiremos siéndolos. – dijo Carlos.
- Una pena, Carlos, una chica tan especial – dijo su madre.
- Mama, papá, ya que sacáis el tema – interrumpió Fernando – yo si quería deciros otra cosa. Miren y yo estamos saliendo.
Sus padres se llevaron una sorpresa y les pareció muy bien como novia para su hijo, una chica muy guapa, rubia de ojos azules, inteligente, futura Ingeniero de Caminos, de buena familia y, sobre todo, una chica formal y seria. Luego estuvo la madre de los chicos haciendo preguntas sobre cómo era su relación, pero todos esquivaron esas preguntas.
Luego pasaron la tarde en el cuarto de Fernando, estudiando los tres, porque había que recuperar el tiempo perdido con tanto polvo.
El lunes fueron a clase como siempre y por la tarde Miren fue a estudiar con Carlos y se pusieron a dibujar nuevas láminas. Sobre las seis llegó Susana con su amiga. Esta se llamaba Pilar, tenía su misma edad, de una estatura similar, con el pelo castaño y cortito, ojos marrones, y bastante guapita, pero se le adivinaba un cuerpo espléndido debajo de la ropa. El problema es que ambas, Susana y Pilar, llevaban un uniforme escolar, con una falda larga, escocesa roja, hasta las rodillas y una blusa blanca y una rebeca azul marino. No imaginaban que aún estuviesen en ese nivel, no les habían preguntado la edad. En cualquier caso, verlas de uniforme le añadió un morbo especial. Fernando les preguntó que en qué curso estaban y dijeron que estudiaban sexto de bachillerato, pero que habían repetido un curso por unos problemas que habían tenido hacia dos años. Ya había dicho Miren que Susana era un año menor que ella y que Carlos y debía ser verdad.
- Mirad, - dijo Susana – Pilar ha tenido un problema. Solo ha estado con un chico y éste fue a lo suyo, se la metía sin calentarla y haciéndole daño, practicamente violándola. Ella me lo contó y que le acosaba y la convencí de que le dejara, pero lo pasó muy mal. Ahora tiene mucho miedo a los hombres, porque nunca ha estado con uno que la satisfaga. Necesita dulzura, cariño y ternura, pero también correrse como una golfa, cosa que nunca ha conseguido con un tío. Yo sé que vosotros sois su solución. Me ha costado convencerla. Creo que en un ambiente con dos mujeres más, conmigo y con Miren, se va a sentir bien y protegida. Miren, te pido que hoy les dejes a los chicos con ella, porque tú y yo, ya tenemos otros días, ¿vale?
- Venga, de acuerdo – dijo Miren, y luego dirigiéndose a Pilar le dijo – no tengas miedo, estos dos no te van a hacer daño, pero te van a hacer disfrutar, ya lo veras. Una pregunta, ¿se pueden correr dentro de ti?
- Si, estoy tomando anticonceptivos por problemas de desarreglos. De hecho, le he dado una caja a Susana, que se las ha empezado a tomar también.
Miren y Susana se sentaron en un sofá a ver el espectáculo.
Los chicos se acercaron a ella y la empezaron a pasar la lengua por el cuello y las orejas, uno por cada lado, viendo cómo se le erizaba el vello y se le ponía la piel excitada. Empezaron a rotar sobre ella, pasándole uno la lengua por la garganta mientras otro lo hacía por la nuca. Y volvían a las orejas y el cuello. Luego Fernando le dio un beso con lengua, muy largo y profundo, mientras le rozaba levemente con el dorso de un dedo la zona de la camisa donde se le empezaban a marcar los pezones a pesar del sujetador. Volvieron a rotar y fue Carlos el que le dio el morreo y esta vez ya le pasó la mano entera acariciando el pecho. Siguieron rotando a su alrededor, pasando cada vez a hacerle cosas más atrevidas. Observaron a Miren y Susana en el sofá metiéndose la mano por debajo de la falda. Luego Fernando le empezó a pasar la mano por encima de la falda, tocándola el culo, mientras con la otra mano le empezaba a sobar las tetas por encima de la camisa y la besaba. Carlos le pasaba la lengua por el cuello y le acariciaba la tripa, bajando muy lentamente hacia zonas más erógenas. Rotaron de nuevo y viendo que ella empezaba a respirar más fuerte, Carlos le desabrochó la camisa y le empezó a pasar la lengua por el pecho y sobre el sujetador. Fernando desde detrás, le quitó la camisa y le desabrochó el sujetador, Carlos se lo quitó y se concentró en chuparle los pechos y sobárselos, tirando levemente de los pezones. En esa situación, sin pasar a más, estuvieron mucho rato calentándola y excitándola, para que ella misma desease pasar a algo más.
Ella empezó a gemir levemente y Fernando, desde atrás, le metió la mano por debajo de la falda, la metió dentro de la braga y empezó a jugar con su culito, acariciando todo su contorno, empujando ligeramente para meter la punta del dedo y jugar con ella dentro. La respiración se convirtió en jadeos. Fernando se pegó a ella y le puso la otra mano sobre el pubis, notando que lo tenía muy peludo, y se divirtió jugando con todos sus pelos, enredando los dedos en ellos, pero sin bajar a la zona de sus labios, para hacerla desearlo con más ansia. Así siguieron un rato, hasta que ella empezó a jadear ya ostensiblemente. Fernando sacó las manos y le bajó las bragas lentamente, notando que estaba empapada. Luego se volvió a colocar detrás y volvió besarle el cuello, tocarle el culo y el pubis, mientras Carlos seguía besándole y sobándole el pecho.
Fernando empezó a pasarle la mano por sus piernas y se fue acercando lentamente hacía su sexo. Cuando por fin le introdujo un dedo entre los labios internos vaginales, y se los empezó a acariciar, Pilar se empezó a correr como una loca, soltando bastante flujo, con temblores y fuertes jadeos. Luego entre ambos la desnudaron y se desnudaron también. La tumbaron y Carlos se puso a comerle el coño y meterle dos dedos tal como sabía que le gustaba a una mujer, y Fernando le acercó el pene a la boca y ella empezó a pasarle la lengua sin ninguna pericia. Miren que lo estaba viendo, se levanto
- Mira chica, no muerde. Una buena mamada se hace así – le dijo, metiéndosela en la boca y haciéndole una mamada bestial.
Un minuto después la dejó y le dijo.
- Venga, ahora tú, saboreándola bien, que es la de mi novio y es sabrosísima.
Pilar se puso a intentar hacer lo que había hecho Miren, aunque no se concentraba, porque la comida de coño de Carlos, como buen experto, la estaba poniendo a cien, por lo que al poco, se corrió de nuevo, poniendo a Carlos perdido.
Fernando la levantó, la puso de espaldas y empezó a jugar con su polla rozándole los labios de su coño, pero sin metérsela. Carlos se la puso en la boca y ella empezó a chuparla ya con más calma. Ella misma se echaba hacia atrás, queriendo recibir la polla de Fernando, pero este quería que se recuperara. Al cabo del rato tenía la entrada de la vagina empapada y Fernando empezó a metérsela poco a poco, para que notase bien como entraba y cómo se abría paso dentro de ella. Cuando ya entró entera, se puso a bombearla con fuerza, agarrándola y sobándole el pubis y el clítoris, mientras que Carlos se la metía en la boca y le sobaba el pecho. No tardó en correrse por tercera vez y Fernando se corrió dentro de ella, llenándole bien el coño de esperma, porque llevaba varios días recargando, sintiendo ella cómo le llegaba hasta el fondo ese liquido caliente. Luego la siguió bombeando hasta que acabó su orgasmo.
Carlos se tumbó en el suelo, y Pilar se subió sobre él, metiéndosela y poniéndole perdido del esperma de su hermano. Ella se empezó a mover a su gusto, mientras Carlos le manoseaba el pecho y le daba en el clítoris con la otra mano. Fernando le puso el pene en su boca, para que probase su propio flujo y el esperma que aún le quedaba. Así estuvieron un rato. Luego Fernando les dejó solo y se fue donde Miren, y se puso entre sus piernas, le bajó las bragas y se puso a comerle el coño y a meterle dos dedos. Con la otra mano libre la metió debajo de la falda de Susana que estaba junto a Miren. Descubrió que no llevaba bragas y la empezó a hacer un dedo. Cuando Miren se corrió, pasó a comerse el coño de Susana y sobar el de Miren.
Un rato después Carlos consiguió que Pilar se corriese por quinta vez y descargó dentro de ella. Pilar se dejó caer sobre el pecho de Carlos, rendida.
- Me habéis demostrado lo que es follar con cariño, no lo que me hacía ese gilipollas que me desvirgó y que me violaba. Me ha encantado. ¿Y me dice Susana que esto se lo hacías tú a Miren tres veces por semana?
- Bueno todo esto no. Un polvo rápido corriéndonos los dos, de solo veinte minutos. Para quedarnos a gusto. Esto ha sido una sesión especial.
- Si, ha sido realmente especial, me he corrido cinco veces y me habéis echado dos buenos polvos que he notado como me llegaban bien dentro. Me habéis convencido, me uno a vosotros. Además, tú me has caído muy bien, Carlos. Pero me preocupa quedar como una golfa.
- Mira Pilar, me encantan las golfas y tú me has caído también muy bien.
Estuvieron un rato charlando y Fernando le preguntó a Susana cómo es que iba sin bragas y ella dijo que se las había quitado antes de salir del colegio porque las tenía empapadas. Eso calentó aún más el ambiente y luego, a última hora de la tarde, ya recuperados, Carlos le echó un kiki estándar a Miren y Fernando un buen polvo a Susana. Quedaron para la sesión del siguiente viernes.
Pasaron el resto de la semana yendo a clase por las mañanas. Las asignaturas se estaban empezando a complicar, porque veían exámenes de años anteriores y no sabían hacerlos, porque el nivel de clase era inferior. El miércoles, después de clase, fueron a comprar varios libros técnicos, en especial los de la colección de Schaum.
Ese miércoles por la tarde Carlos y Pilar quedaron y se fueron al cine y luego a tomar cañas y charlar. Coincidían en que ambos hacían montañismo y estuvieron contrastando experiencias de los diferentes montes y rutas de la sierra madrileña y de la sierra de Gredos. Pilar le contó una experiencia en invierno cuando fue con su padre y su hermano hasta el refugio de la laguna de Gredos, en pleno mes de diciembre sin nada de nieve y que durmieron allí y que por la mañana despertaron con mas de un metro de nieve y que llamaron a la Guardia Civil por radio desde el refugio y volvieron a duras penas y que tuvo que ir la Guardia Civil de montaña a recogerlos a medio camino y regresaron juntos al parking. Carlos le contó la experiencia en Peñalara cuando descubrieron Miren y él su lado sexual y otras excursiones a Siete Picos, al Montón de Trigo, a la Pedriza, y muchas otras excursiones. Pasaron una tarde muy agradable, dándose algun que otro morreo. Pilar también comentó lo bien que le habían tratado la tarde del lunes y cómo había descubierto el lado bueno del sexo, porque ella solo había conocido el malo. Luego la acompañó a casa.
El jueves estuvieron estudiando juntos Carlos y Miren, pero sin ningún rollo. Carlos le contó que le gustaba mucho Pilar, que había sido un flechazo y se habían pasado la película morreando y metiéndose mano y luego la tarde tomando cañas y charlando de montañismo hasta bastante tarde y que estaba deseando verla otra vez y salir con ella otra tarde, pero que por medio estaba la sesión de ese viernes por la tarde. Le preocupaba un poco que se fuera a enrollar con varios antes de consolidar su relación, por si la confundían. Miren le tranquilizó, diciendo que las cosas del coño no afectaban a las del corazón. Algo equivocada estaba, como descubrió meses despues.
Esa tarde del viernes se juntaron las tres chicas antes de subir a casa de Carlos y Fernando.
- Primero, Pilar, el otro día lo pasaste bien tal como te había prometido – le dijo Susana – pero hoy es lo mismo pero multiplicado por tres. Tienes que estar segura.
- Yo lo estoy si no hay maltrato – dijo Pilar – y creo que estando Carlos no voy a tener problema.
- Bueno, entonces vamos a ver cómo nos organizamos. Somos tres y todas queremos follar todo lo posible. Ellos son cuatro y no sé si habrán traído a alguien más. – dijo Miren
- Vale, pues compartimos – dijo Susana
- Pero uno de ellos es tu novio – dijo Pilar.
- Eso no es problema, en estas sesiones no hay novios ni amigos, solo pollas. ¿vale? Pero no quiero que ninguna de nosotras abuse y se lleve más que las otras. Somos compañeras.
- Ya os he dicho que a mí me ha gustado Carlos – dijo Pilar
- Ya me lo ha dicho Carlos, a él también le gustas tú – dijo Miren – pero no le veo el problema.
- Que tengo miedo de que queramos salir y él me vea como una golfa porque hoy me follen varios tíos aunque uno de ellos sea él.
- Mira cariño – le dijo Miren – eso es un riesgo. Yo pensé lo mismo con Fernando, cuando descubrió que llevaba dos años follando con su hermano, pero al final hemos descubierto que, al menos de momento, nos encanta seguir haciendo ambos el golfo y ahora él ya tiene dos coñitos más donde meterla. Tendrás que verlo con Carlos en su momento, aunque creo que no vas a tener problemas.
- ¿Por qué? – preguntó Pilar.
- Porque llevo casi tres años estudiando y acostándome con él y sé cómo piensa. Además, podríamos ser dos parejas para irnos de vacaciones este verano juntos. Mira, me está empezando a gustar la idea.
- Otra cosa – dijo Pilar – a mí no me importa tocar a una chica; bueno, más bien me atrae un montón, aunque nunca me he atrevido a hacerlo con una.
- Pues esto es nuevo. Nunca lo había pensado – dijo Susana – llevamos un año de amigas y no me has dicho nada.
- Pues a veces te hubiera comido el coño, pero no me atreví. – dijo Pilar.
- Joder con la niña, ahora resulta que tenemos otra forma de darnos placer. Yo nunca lo he probado. – dijo Miren – De hecho, aunque me veáis como una golfa, solo he follado con cinco chicos en mi vida, aunque mucho, mucho, mucho. – y las tres se rieron.
- Por cierto, Susana – preguntó Miren - ¿hoy vienes con bragas o sin ellas?
- Pues no llevo, ya me las he quitado a la mitad de la mañana – contestó Susana.
- ¿Y has estado sin bragas toda la mañana a mi lado en el colegio? – preguntó Pilar, mientras le metía la mano por debajo de la falda, comprobando que tenía el coño al aire. – que guarra, te vas a enterar tú, los próximos días.
- ¿Y eso lo haces mucho? - preguntó Miren
- Bastante, me encanta ir sin bragas, y notar el airecito, pero no se lo había dicho nunca a nadie, sois las primeras en saberlo. Y con pantalones, como el día de la montaña, nunca llevo.
- Cómo me estas poniendo – le dijo Pilar – te lo voy a comprobar a diario en clase.
- Y a mí también me está poniendo caliente, eso lo tengo que probar a hacer yo también.
Cuando llegaron al dúplex, se encontraron con dos chicos nuevos más, que les presentaron como Juan y Pedro. Aquello ya empezaba a ser una verdadera orgía y las cosas estaban pasándose, pensó Miren.
(Continuará)
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