Ahora si puedes decir que tu novio es cornudo
Adrián lleva días intentando romper la resistencia de Clara, pero el destino los une en una parada de autobús. Lo que empieza como un encuentro casual se transforma en una noche de pasión desenfrenada en la que el deseo supera cualquier barrera moral.
Hola a todos.
Después de mucho, muchísimo tiempo, voy a contar otra historia de pajillero, jajaja. No es la continuación de como me follé a mi mamá. Es… bueno, ya lo verán.
Clara, o como ella se hace llamar, Lara, es, según ella, una chica tirando a menudita: delgadita, no muy alta, buen culito y unas tetitas que deben ser para chuparse… para chupárselas hasta caer rendido. Lo mejor de todo: es un volcán. Muy temperamental, ríe, hace bromas, le hacen bromas, llora, se enfada, intenta golpear. Vive el sexo, ella misma es puro sexo. Además, es un amor, muy tierna y delicada. Desde mi punto de vista, repito, es perfecta excepto por una cosa: tiene pareja y está locamente enamorada de él, según dice ella.
Con todo ello, me propuse contactar con ella. Quería una cita, sí o sí. Evidentemente su respuesta siempre era negativa. Después de muchos días insistiendo, conseguí averiguar en qué ciudad vivía. Curiosidades de la vida. Casi éramos vecinos. ¡Como me hubiera gustado ser aquel vecino suyo que desde la ventana de la cocina pudo contemplarla desnuda mientras montaba a su novio! Aún me costó unos cuantos días más que accediera a enviarme una fotografía suya y su teléfono de contacto. A partir de ahí parece que todo fue bastante más fácil. Las conversaciones fueron derivando a temas íntimos. No me costó mucho explicarle mi mayor deseo: follármela. Se rio en mi cara, pero los que me conocen saben que soy muy persistente. “Una pibita como ella merece que agudices tu ingenio” Adri, me decía a mí mismo.
Pasaban los días y me desesperaba. Ninguna de mis artimañas producía el más mínimo efecto en ella. La enviaba mensajes eróticos. Nada. La enviaba invitaciones a quedar. Nada. Le llegué a enviar fotografías insinuadoras, pornográficas vamos. Nada de nada.
Un día volvía de la facultad. Estaba en la parada del bus medio aburrido. La envié un mensaje:
-Clarita, ¿no te apetecería tomar algo con tu admirador número uno? En estos momentos me apetecería mucho, mucho, besarte y acariciarte
La respuesta de ella no tardó en llegar.
-Adri, eres un flipado, tú lo quieres es pegarme un polvo, pero te quiero, jajaja.
Llegó el bus y me subí. Buscando un asiento aceleré el paso para apropiarme de uno que vi al fondo. De repente, una chica se interpone en mi camino y un señor mayor en el de ella. Se frena de golpe y choco con ella.
-¡Perdona! La agarro del brazo para ver si le he hecho algo.
-¡Hostia tío!, ¡Ve con más cuidado! ¡Joder! ¡menudo pisotón!
-¡Clara!
-¡Perdona!. ¿te conozco?
-Soy el flipado que acaba de invitarte a tomar algo.
-¿Adrián? ¡Dios mío! No me lo puedo creer.
-El mismo. ¿Puedo darte dos besos?
-¡Hombre! Hace un momento querías morrearme.
-¿Eso es un sí? Me muero por besarte. He tenido un día de mierda, pero acabo de ver la luz…
-¡No te emociones! Dos besos y punto.
-¿Tomamos algo juntos?
-Eres un plasta tío. ¡Venga! ¿Conoces algún sitio tranquilo, por aquí?
-Tengo el sitio ideal.
Medio engañada, me la llevé hasta mi casa. Sabía que era el lugar más tranquilo del mundo. Mi mamá estaba trabajando y no nos molestaría nadie.
-¡Eres un descarado Adrián! Me has traído a tu casa. ¿Te traes a casa a todas las chicas que te quieres follar?
-Aquí sólo he follado con una amiga y con mi madre. Si tú me dejas serás la siguiente.
Nada más cerrar la puerta, Clara me empujó contra la pared. Ya he comentado que es una tía de armas tomar. No le costó nada comerme la boca. Y qué boca. Una lengua dulce y húmeda que no paraba de buscar el contacto con la mía. ¡Como comía la boca la muy guarrilla! He de reconocer que la niña tiene un arte. Mientras nos morreábamos sin parar, comencé a buscarla los botones del jeans. Colé la mano por dentro del pantalón, pero por encima de las braguitas, buscando su preciosa rajita. En un momento de respiro, pude centrar la visión en sus partes íntimas. Llevaba unas preciosas braguitas de encaje, de color negro, con muchas transparencias. En la zona de la vulva ya se apreciaban ligeramente sus humedades. ¡Qué cachondo me pone esta tía cuando moja el coñito! Me volví loco. Mientras ella besaba mi cuello, succionándolo y mordiéndolo mi mano buscaba desesperadamente su preciosa y húmeda rajita. La aparté como pude la braguita y mis dedos empezaron a acariciarla el coño. Me puse como un toro, con un empalme de mil narices. Lo que siempre había soñado. Me estaba follando a mi diosa del sexo. La musa de mis pajas solitarias y de los polvos que le había pegado a alguna que otra chica. Como pude, me la llevé hasta el sofá. Allí la saqué los zapatos y los pantalones.
-¿Quieres comerme el coñito, Adri? ¿Te gusta mi conejito? Está muy mojado. Me has puesto muy perra.
-Eres una putita celestial, Clarita. Voy a comerte el coño hasta que te corras en mi boca, ¡zorra! Quiero que tu corrida toda para mí, que te mees en mi boca y luego te follaré Clara. Te voy a meter la polla hasta la garganta. Vas a saber lo que es un macho pelirrojo (recordad que ese es el color de mis cabellos). Para acabar te daré por el culo hasta que te vuelvas a mear de gusto. Te voy a petar Clara, te voy a dejar el agujero tan abierto que nunca más te va doler cuando te pete tu novio. Si es que te vuelve a petar
-Eres un fanfarrón Adrián. Hablas mucho y haces poco. Aún me tendré que sacar yo las braguitas y masturbarme con los dedos.
-Te sacaré las bragas Clara. Pero quiero que te toques el chocho delante de mí. Quiero ver lo puta que llegas a ser.
No hizo falta. Ella misma se despelotó y con toda la sensualidad del mundo sus braguitas resbalaron hasta sus pies. Con un golpe de su piececito me lanzó las braguitas. Las agarré al vuelo, mientras ella se abría de piernas con la intención que contemplara la belleza de su sexo. Mi sorpresa fue ver como aparecía la cola rosita de un famoso juguete sexual. Ahí ya me volví loco. ¡Que zorra es esta tía! ¡Dios mío! Que suerte tiene el cabrón de su novio y que suerte tengo yo ahora. Agarró su teléfono y comenzó a tocar la aplicación del juguete. Uff. No pude resistirlo. Me llevé la braguita de la zorrita a la nariz. ¡Que agradable perfume! ¡que bien olía el coñito de la niña! Además, estaban mojadísimas. Esta tía llevaba cachonda un buen rato. Seguro que el juguete se había pasado todo el día vibrando en el interior del coño de la piba. No pude evitarlo. Saqué la lengua y relamí los jugos que impregnaban aquella tela. ¡Qué rico, por dios! Que saborcito saladito y pringoso. No pude aguantar más. Me saqué la polla y empecé a cascármela delante de sus narices, mientras ella seguía jugando con su coñito, metiendo y sacando el juguete.
Me puse loco. Me dejé de caer ante ella, le agarré las manos, le saqué el vibrador del coño y comencé a chuparle la rajita. ¡Increíble! Ni siquiera el coño de mi mamá, a la que tanto amo, está tan rico como el de Clarita. ¡Como moja la tía! Era una fuente. Sabía que ella estaba a punto de tener el orgasmo. No la dejé. Me incorporé un poco y la metí el rabo hasta la campanilla. De una sola estocada. ¡Joder! Pensé. La tía es una loba, una diosa del sexo, pero tiene un coñito la mar de estrechito. ¡Cómo apretaba la guarra! No paraba de gemir.
-¡Dame fuerte cabrón!
-¿Te gusta zorra? ¿tu novio te folla así?
-Calla y fóllame cerdo. Empótrame. Demuéstrame lo macho que me decías ser ahora que me la tienes ensartada.
-Te encanta, puta, te gusta que te folle y que te coma el coño. Te voy a reventar
-Quieres mi culo, ¿verdad? Quieres gozarlo.
-Primero quiero llenarte el coño de leche, ¡puta!
-Ni hablar, la quiero en mi boca. Quiero que me des un buen biberón de leche calentita.
Se la saqué de la vagina deprisa y corriendo. Ella sabía lo que iba a pasar. Abrió la boca, pero no me dio tiempo. El primer trallazo de leche impactó en su cara y los siguientes ya los succionó con esa lengua experta que gasta la muy zorra.
-Nena, nena. Clarita, te la has tragado bien espesita, jajaja.
-¡Jodido cabrón! La tienes más dura que antes de correrte. Que tío.
-Ya te he dicho que ibas a gozar, Clarita. Ahora te voy a abrir el ojete y la vas a disfrutar por el ano.
-Yo aún no me he corrido, cerdo. No es forma de tratar a una dama. Chúpame el coño hasta que me mee de gusto Adrián.
-No Clara. Te voy a petar sí o sí.
La di la vuelta, la puse a lo perrito con el culo en pompa y empecé a comerla el agujerito. La metí la lengua hasta adentro. ¡Joder con la tía! Hasta el culo lo tiene delicioso. Me la estuve trabajando un ratito, deditos entran, deditos salen, untándola con lubricante, hasta que imaginé que mi rabo le entraría bien, aunque sin holguras. La apunté el capullo en el agujero y me dejé caer de una. El grito de Clara fue aterrador. Se quedó quieta y yo también para que su recto se acostumbrara al tamaño del rabo que la estaba jodiendo. Luego comencé a bombearla. Ella misma, se acariciaba el clítoris y se metía los deditos en el coñito. Ya sé que a ella no la gusta, pero yo no paraba de darle nalgadas. No protestaba. De vez en cuando, me dejaba caer sobre su espalda, la mordía el cuello, la pellizcaba los pezones, y la acariciaba la empapada vulva con la mano para después llevármela a la boca y saborear sus jugos y así una vez tras otra.
-Me corro Clara, te voy a llenar el culazo de semen calentito.
-Venga cabrón, quiero todos tus mecos en mi culo.
Una empotrada final de escándalo, levantándola al aire incluso, y me ordeñó las pelotas la muy guarra, al tiempo que ella misma se meaba de gusto, dejando el piso del comedor empapado de sus caldos.
-¡Me has reventado Adrián! Me has dejado el culo bien abierto. No sé si podré caminar.
-¡Quédate conmigo Clara! Te daré toda la polla que tú necesitas.
-Jajaja. Eres un cachondo Adrián. Ya tengo toda la polla que necesito. Y a hora, con la tuya más.
-Eres una buena zorrita.
-Si quieres llamarme así.
-Me he enamorado de ti, Clara.
-Me has dejado marcada por todas partes Adrián. Tengo el culo colorado de los azotes y los pechos con moretones de los pellizcos.
-Así tu novio sabrá que has sido una buena zorrita y le has dado placer a otro tío. Uum y que rico sería que le dejaras comerte el culito con toda mi leche. Seguro que le encanta, como a todo buen cornudo, porque perdona que te diga Clarita, pero tu novio es un puto venado. La de tíos que nos habremos hecho una paja soñando con darte polla por la boca, por el coño y por ese culazo que tienes. Sí más no, mentalmente tu querido novio, tu querido amor de toda la vida tiene una cornamenta que no pasaría por esa puerta.
-Ninguno como tú Adrián. Ya me tenías loquita desde que leí lo que le hiciste a tu mamá.
-Déjame follarte otra vez Clarita. Te encanta que te follen y más si te follo yo.
-Ya habrá oportunidad, Adri o no piensas hacer que esto se repita nunca más.
-Clara, Clara. Ya te he dicho, que a partir de hoy eres mi putita. Cuando yo te lo pida, te abrirás de piernas para mí, te tocarás el chochito cuando yo lo diga, te meterás los deditos en el culo si yo lo ordeno y te mearás en las bragas si es mi deseo. Por cierto, me encantan tus braguitas, con su olorcito a hembra cachonda. Ya son mías.
-Todos los tíos sois iguales.
-Yo creo que no, Clarita. No todos te harán gozar como yo.
-Seguro que no. Jajaja.
Se enfundó el pantalón, se calzó los zapatos, se ajusto el sujetador y se puso la blusa. Se atusó un poco el pelo y agarró su bolso.
Yo estaba sentado en el sofá, con el rabo bien duro, agarrándomelo con una mano y golpeando con él la palma de mi otra mano. Sabía que no se podría resistir. Se agachó y empezó a comérmela. Que bien la chupa la muy zorra. Después de dos polvazos maravillosos me sorprendió la facilidad de Clara para hacerme llegar otra vez al orgasmo. Me corrí en su boca. Esta vez no se lo tragó. Escupió todo el semen sobre mi polla y mi pubis y luego... volvió a pajearme.
-No puedo más Clarita. Me has dejado seco.
-¡Nos veremos Adrián!
-No lo dudes Clara.
-Puedes llamarme Lara.
Me plantó los morros en la boca y me la comió, incluso mejor que como me la había comido antes. Al marchar, me echó mano al paquete y me estrujó las bolas. Fue un dolor, deliciosamente insoportable.
Despierto de mi sueño.
¡Lo siento queridos lectores! Es poco delicado, pero me tengo que ir al lavabo. Hay algo que no me cabe en los pantalones. Está a reventar y necesito aliviarla.
Esta historia es totalmente inventada. Sólo existe en mi cabeza, en mi mente calenturienta y obedece al deseo que siento por esa chica. No la he visto en mi vida y nunca responde los comentarios que hago a sus relatos, pero la deseo. Me parece un ser maravilloso, es perfecta, encantadora, terrible. Lo tiene todo.
Espero que les haya agradado mi sueño.
Un saludo y un beso para todos, en especial para ella, (si lo lee)
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