Leticia empieza a descubrir nuevos caminos
Leticia creía haber dejado atrás sus fantasías más oscuras, pero el reencuentro con Irene despierta una necesidad que no puede controlar. Lo que empieza como un encuentro discreto se transforma en una noche de humillación y placer prohibido, donde el límite entre el deseo y la degradación se desvanece.
Al entrar en la cafetería la vi sentada en la mesa del fondo. Al verme me saludó con la mano con cierta timidez. Desde la fiesta de la despedida de soltero de Luismi no había tenido noticias de ella y la tarde anterior me había escrito con intención de que nos viéramos. Aunque tenía muchas ganas de volverla a ver, demoré la respuesta para no parecer ansiosa. Cuando al fin le contesté, me sugirió quedar para ponernos al día y comentarme un tema personal. Por supuesto, acepté encantada citarnos para el día siguiente en una cafetería.
Aunque quería demostrar lo contrario, estuve el resto de la tarde muy nerviosa por el reencuentro. Aún recordaba las nuevas sensaciones descubiertas bailando de forma sensual con ella esa noche. Deseaba percibir de nuevo su olor a perfume fresco y sugerente. Quién sabe, tal vez pudiera acariciarla de forma sutil para sentir su piel tersa y suave de nuevo.
Esa noche de la fiesta habíamos quedado en seguir en contacto y más de una vez había estado tentada en dar el paso, pero no encontraba el momento oportuno ni la forma adecuada de acercarme a ella. Ahora la iba a volver a ver y no tenía ni idea del camino que iba a seguir nuestra relación.
-¡Hola, Leticia, no sabes lo que te agradezco que hayas venido!-. Me recibió levantándose a darme dos besos-. Me imagino que estarás muy ocupada y tampoco te quiero entretener mucho.
-No te preocupes, hoy sábado hasta la hora de la comida no tengo prisa-. Le dije muy afable dándole también dos besos sin querer parecer excesivamente empalagosa-. Yo también tenía muchas ganas de verte-. Después de echarle un vistazo no pude evitar piropearla-. ¡Estás guapísima!-. Y le acaricié con la mano la mejilla con suavidad.
Estaba ante una mujer muy diferente a la Kitty de la otra vez. Iba con un vestidito estampado, que le subía por encima de la rodilla al sentarse y cruzar las piernas, y unas sandalias planas. También iba sin maquillar y pintada muy discretamente. El aspecto era de una jovencita modosita y recatada que sugería una inocencia virginal. Nada que ver con la mujer rompedora y sexual que había conocido en su papel de acompañante.
El día anterior al llamarme se había presentado como Irene, y al oír su voz tan melosa y suave me vino a la memoria su olor y sabor de cuando nos besamos y acariciamos con lascivia. ¡Cómo había esperado tanto tiempo en volver a verla, qué tonta!
Me pareció guapísima con ese aspecto aniñado e inocente. El pelo lo tenía recogido en una coleta que movía con algo de coquetería, lo que le daba todavía más un aire de pureza candorosa. La descubrí más encantadora y seductora con esa apariencia de ingenuidad; y me senté a su lado cogiéndola del brazo de forma muy cariñosa. Me pareció que agradecía las muestras de afecto, incluso que se acercaba todavía más hasta quedar pegadas, quizá en exceso.
-¡Bueno, Irene!, ¿qué vida llevas? Cuéntame todo, todo…como si fuéramos amigas de toda la vida.
-De eso te quería hablar. He acabado el master y, te parecerá muy atrevido pero, querría presentar mi curriculum en tu despacho. Antes quería comentarlo contigo para saber qué te parece.
-¡Enhorabuena, no sabes lo que me alegra!-. Le dije encantada por la confianza que me demostraba tener-. Mándamelo por email, le echo un vistazo y te digo lo que sea. Ten por seguro que haré todo lo que esté en mi mano para ayudarte.
Me abrazó con fuerza y me dio un beso muy cerca de los labios. Ahora sí que me imbuí en su aroma. Me humedecí solo con ese beso, corto y discreto, pero rotundo y contundente. No perdí la oportunidad para devolverlo y de paso acariciar su pierna hasta llegar al muslo con disimulo. Se dejó hacer y, viendo mi estado de turbación, sonrió con picardía. Sabía perfectamente cómo seducirme y seguimos con los labios muy cerca, dejándome tomar la iniciativa de la situación.
En la mesa de al lado había dos hombres maduros mirando con discreción y cuchicheando entre ellos. ¿Qué pensarían de la escena de afecto que estaban contemplando? Me excitó que pensaran que éramos algo más que amigas y no aparté la mano de su muslo desnudo. Sin embargo, ella se apartó ligeramente de mi lado, con algo de pudor al sentir sus miradas, y volvió a ser la niña pura e inmaculada.
Seguimos hablando muy a gusto de temas sin importancia. Fue un rato muy agradable y cada vez me sentía más atraída por ella. Al rato miré el reloj y vi que era la hora de acudir a por mi novio a casa:
-¡Uy, qué horas! Lo siento me tengo ya. Si quieres te acerco a casa, tengo el coche en el parking de aquí al lado-. Dije sin apartar la mirada de sus ojos-. Me estará esperando Álvaro en casa para ir a comer a casa de sus padres.
-Muchas gracias, no quiero molestarte más-. Dijo con voz algo mimosa.
-¡Vamos, de eso nada: te llevo y punto!-. Dije algo autoritaria, como reprendiendo a una niña desobediente.
Le cogí de la mano y al salir miré retadora a los dos hombres de la mesa de al lado. Ellos sonreían con sorna y uno de ellos soltó a nuestro paso:
-¡Adiós, parejita!-. Y se volvió al otro para decirle en voz muy baja-. A esas dos les daba una buena ración de rabo y dejaban sus jueguecitos de tortilleras. ¡Serán guarras!
Me volví con desprecio. ¡Qué se jodan estos cerdos, pensé! Y abracé a Irene con fuerza al cruzar la puerta.
Llegamos al coche y le abrí la puerta del copiloto a Irene. No quería perder la visión de sus piernas al sentarse. ¡Qué preciosa era la niña! Ella muy discreta se recogió el vestido con excesivo pudor. Eso aún me volvió más loca de deseo. Y entré rápidamente para sentarme a su lado.
La miré a mi lado con la cabeza baja y no pude resistirme a cogerla por la barbilla y darle un beso húmedo y profundo.
-Irene, pero qué guapa eres-. Y la seguí besando cruzando mi lengua con la suya. ¡Qué bien sabía su saliva!- Sabes que me tienes loca, ¿verdad?
Y le metí la mano para acariciarle el coñito. Ella gemía de placer y me acompañaba con los besos:
-¿Te gusta lo que te hago, verdad?- Y le acariciaba el clítoris suavemente, con ternura. Pero necesitaba más, quería tenerla en mis brazos y estrujarla con pasión.- Vamos a la parte de atrás, con los cristales tintados no nos verán desde fuera-. Le ordené con algo de urgencia.
La recosté en los asientos y le levanté la falda para bajarle las bragas. No pude esperar más y me agaché a besar sus muslos hasta llegar a sus labios vaginales. No podía creer que su vagina fuera tan tierna y sabrosa. Estaba ella también muy excitada y los líquidos vaginales corrían por mis labios hasta la boca. No podía dejar de chupar y le metía la lengua con lujuria para tragarme su jugo con un sabor virginal.
-¡Aggg, agg, qué gusto, Leticia! Sigue, por favor, me voy a correr. ¡Qué lengua tan suave tienes!
La cogí con las dos manos para levantarla un poco y poder llegar más hasta el fondo con la lengua. Era la primera vez en mi vida que hacía algo así y estaba totalmente ciega de pasión. Nunca me había podido imaginar sentir tanto placer con una mujer. Además, sentía un gozo sublime al percibir una posición de dominio hacia la niña que tenía a mi disposición.
-Irene, ¿sabes que me gusta el chochito de niña que tienes?-. Le dije metiéndole dos dedos en el coño follándola con vigor-. Me gusta la cara que pones cuando estás excitada. ¡Ahora, mírame a los ojos y córrete, cariño!
Y empezó a gemir muy suavemente, a la vez que caían por mi mano las secreciones. Se retorcía de placer buscando más mis dedos y los jadeos eran cada vez más profundos. ¡Qué carita de ángel ponía! No me pude aguantar y caí encima de ella para besarla y chuparla por la cara, los labios, la nuca, el cuello….
-¡Te quiero, Irene, te quiero….eres un encanto! Me gusta tu olor, tu sabor, todo, todo-. Le decía a la vez que la achuchaba.
Acabamos abrazadas, con la cabeza de Irene en mi pecho. Le acariciaba el pelo con cariño, ella me miraba con cara de niña buena.
-Yo también te quiero mucho, cariño-. Ronroneó a mi oído acercándose a darme un besito muy tierno en los labios. Después se agachó para desabrocharme los pantalones y me dijo sonriendo -. Ahora déjame a mí probarte.
Llegué tardísimo a la casa de mis suegros. Estaban todos con las caras largas en la mesa esperándome. Me tuve que excusar inventando una historia inverosímil de una amiga en apuros, con escaso éxito por el gesto adusto de Álvaro.
Al llegar a casa le compensé con una buena mamada y un polvo rápido. ¡Pobrecito Alvarito, no aguantó ni cinco minutos mis cabalgadas encima de él! Ahora lo tenía durmiendo satisfecho con su cabeza encima de mi pecho. ¡Qué encanto de chico! Le había pedido disculpas una vez más y me había dado un beso amoroso perdonando el plantón.
Por supuesto, yo de nuevo me había quedado con ganas de correrme. Y el recuerdo del encuentro con Irene todavía lo tenía presente y aún llevaba peor el ansia sexual que me abrumaba. Todavía me asaltaban las imágenes de verla agachada lamiendo mi vagina con fruición. No había podido evitar cogerle de la cabeza para apretarla con fuerza. ¡Joder, qué húmeda me ponía solo pensando en el placer del orgasmo que me habían provocado sus caricias!
En ese momento recibí un mensaje en el móvil y con suavidad aparté a mi novio para cogerlo. Era un mensaje de voz de Irene:
“Cariño, si te animas podemos vernos esta noche. Estoy con una persona que quiero que conozcas.”
Le contesté enseguida:
“No puedo, tengo a mi novio un poco mosqueado y mejor no salgo”
“Porfa…..seguro que se te ocurre algo, que no se diga de una buena abogada….”
Al poco añadió:
“No te arrepentirás. Ponte rompedora y de aquí a una hora te pasan a buscar. Emoticon guiñando el ojo''.
Antes de una hora estaba preparada en el salón, con un vestido corto y ceñido y zapatos de tacón altísimos.
-¿Qué te parece, Álvaro? ¿Me mirarán los hombres por ahí?-. Y me daba la vuelta para que me viera también como se me marcaba el culito-. ¿A que te gusta que tengan envidia de mi novio?-. Y le di un besito en la mejilla marcándole con el carmín.
-¿Seguro que tienes que ir a esa fiesta?-. Decía con cara de pena-. Con lo bien que estaríamos los dos juntitos. Pero si no hay más remedio, yo me quedo viendo alguna serie y te espero a que vuelvas….-. Continuó con tono resignado.
-Ya sabes estos clientes no tienen horario. Lo quieren todo al momento, sin esperas ni excusas-. Dije mimosa acariciándole el pecho-. No te preocupes que te compensaré como ya sabes…-. Y le pasé la mano por el paquete con cara viciosa y contoneándome como una fulana. Se le puso morcillona al momento, ¡qué mono mi niño!
Al momento sonó el móvil.
-Señorita, puede bajar cuando quiera, la estamos esperando-. Dijo una voz áspera con acento ruso.
Al llegar a la calle en la puerta me recibió un armario de dos metros de alto y lo mismo de ancho, con la cabeza pelada y semblante serio.
-Soy Darko, a su servicio. Acompáñeme, por favor.
Me hizo entrar en un SUV negro enorme, abriéndome la puerta muy servicial. El motor estaba en marcha con el chófer dentro y él entró delante de copiloto. Arrancó a toda pastilla y a mí me entró un escalofrío en ese momento. No era miedo, era una excitación morbosa por la aventura prohibida que me esperaba. ¿Qué nuevas sorpresas me iba a encontrar? La impaciencia me hizo cruzar las piernas con sensualidad, sonriendo con picardía al hombretón de delante, que me miraba fijamente por el retrovisor.
Cerré los ojos y suspiré, al abrirlos me encontré de nuevo con la mirada, ahora con brillo en los ojos de deseo. Aunque su actitud me ponía nerviosa, quise aparentar aplomo. No se me ocurrió mejor cosa que volver a cruzar las piernas enseñando las bragas y atusarme el pelo con coquetería. ¡Que se joda y se le ponga dura! ¡Esta hembra, era mucha hembra para él! ¿Qué se pensaba este cretino?
Llegamos a un hotel de lujo y sin pasar por recepción fuimos a la quinta planta hasta la puerta de una suite. Darko llamó a la puerta:
-Señor, ya está aquí la señorita.
-Adelante-. Contestó una fuerte y ronca, también con acento ruso.
Al entrar me encontré a Irene sentada en las piernas de un señor maduro muy atractivo y elegante. Estaban con dos copas de champán muy acaramelados. A mí, me dio una punzada de celos. ¿Qué me pasaba con esta niña, joder?
-Pasa, cariño, siéntate con nosotros-. Dijo muy galante y se dirigió a Darko en ruso señalandonos. El guardaespaldas asintió con la cabeza y se quedó de pie al lado de la puerta inmutable.
-¿O sea que esta es la señorita tan guapa que querías que conociera?-. Y me dio un beso en la boca con arrogancia-. Siéntate a mi lado, anda-. Y me dio una ligera palmada en el culo, casi cariñosa.
-Ya te decía que era una señorita con clase y elegancia-. Contestó Kitty-. No te mereces menos…-. Y le dio un beso mimoso y le ronroneó al oído-. Te gustan las putas de categoría, pero que seamos bien guarras, ¿verdad?
Quedamos una a cada lado de él y nos abrazó apretándonos a su cuerpo todo ufano delante de Zarko:
-¿Pero te das cuenta qué putas son estas niñas españolas?-. Y nos tocaba las tetas con lascivia-. Las ves en la calle y parecen unas señoritas, pero ven unos billetes y se abren de piernas como unas guarras.
-¡Venga, levantaos que no tenemos toda la noche!-. Y nos empujó hacia el centro de la sala.
Kitty me cogió de la mano para quedarme frente a él. Las dos vestidas como unas prostitutas con nuestros vestidos cortos y ajustados. Me hizo dar la vuelta para que me viera de espaldas.
-¿Qué te parece mi amiga?-. Y me dio dos besitos en los labios. ¡Joder, solo tocarme ya me excitaba esta niña!-. ¿A que es guapa? Ya sabía que te iba a gustar. ¿Ves qué culito? Es lo mejor.
Dirigiéndose a mí me dijo:
-Sabes, a Dimitri le gusta que juguemos primero nosotras un poquito-. Y me morreó con ternura, acariciándome el culito-. Por favor, tócame tú también….-. Gemía mirando de reojo al señor.
No me lo pensé más y la abracé con pasión, tocándole el culo y besándole el cuello. No solo no me importaba que nos vieran, sino que además me daba morbo mostrarme como una perra en celo.
Kitty me bajó la cremallera del vestido y cayó a mis pies mostrando mi ropa interior. Que viera bien la hembra que tenía delante. Yo aproveché para hacer lo mismo con el vestido de ella. Para mi sorpresa, al caer su vestido al suelo solo tapaba su cuerpo un tanguita minúsculo. Allí sí que perdí los papeles y ataqué su cuerpo con lujuria desatada. Le chupaba las tetas, le metía la mano en el coño. ¡Joder, la quería toda para mí! ¡Esta niña me enloquecía!
-¡Caramba, caramba….! Tenías razón Kitty, esta amiguita está hecha una buena putita-. Dijo con voz ahora más grave el cliente.- Ahora acercaos, que tengo una cosita para las dos.
Fuimos hacia él, mientras se levantaba para desabrocharse el cinturón y sacaba su pene. Era un hombre fornido y fibroso, seguro que hacía deporte y se cuidaba. Me pareció muy atractivo e interesante. Mi amiga fue la primera en agacharse para besar primero y luego meterse en la boca el miembro con delicadeza. Yo me abracé a él y le besé el torso primero desabrochando su camisa, lo tenía totalmente depilado y musculoso. ¡Qué olor tan intenso a colonia varonil!
Él, ufano como un macho alfa, se dejaba hacer. Tenía a dos putitas a su disposición. Una chupándole la polla y la otra lamiendo ahora la cara y el cuello. Me gustaba también su sabor a loción de afeitado. ¡Cómo cuidaba su aspecto, perfectamente depilado, afeitado y peinado!
-Ahora quiero que me la chupéis las dos a la vez. Me gusta ver las dos cabecitas de mis putitas peleándose por mi polla.- Me agaché y aprovechamos para besarnos y morrearnos a la vez que le hacíamos una felación de escándalo.
-Muy bien, así me gusta, las dos de rodillas-. Decía gimiendo ahora de placer. Le miré la cara y sonrió con suficiencia-. Eso es, mírame con esa cara de zorra. ¿Te gusta mi polla, verdad?
La verdad era que tenía una pollita muy normalita, más bien pequeña, y no se le ponía demasiado dura, pero muy profesional le respondí:
-Sí, cariño, me encanta-. Le dije con la mejor cara de furcia que pude. Y seguí lamiéndole con ganas.
-Ahora, quiero que de rodillas como dos perritas vayáis con Darko. Es mi fiel guardián y se merece también disfrutar de mis putas.
Nos arrastramos hacia él a cuatro patas. Al llegar me cogió de la barbilla y me dio dos cachetes en las mejillas:
-Tú, zorra, chúpale el culo-. Y dirigiéndose a Kitty, tú chúpame la polla-. Y le dio dos bofetones más fuertes a ella.
Obedecimos sin más dilación. Solo ver su cara seria y su aspecto de matón daba miedo no hacer lo que decía enseguida. Oía los lametones de mi amiga, mientras yo disfrutaba del culito de ella.
-¡Up, up, up….!-. Jadeaba mi amiga hasta que acabó tosiendo. El hijoputa le estaba follando la boca hasta la garganta y no podía respirar bien-. Por favor, que me ahogas-. Consiguió balbucear.
En mal momento se le ocurrió quejarse. La cogió de los pelos y le empezó a dar bofetadas hasta conseguir hacerle llorar tirada en el suelo:
-¡Cállate, zorra! ¡Quédate en el suelo y ni te muevas!-. Y cogiéndome del pelo me arrastró hacia él-. ¡Sigue, tú!
Me arrojé a chuparla con ansia no fuera a darme una paliza a mí también. La tenía muy gorda y venosa y me gustó su sabor y textura. Era una mezcla de líquido preseminal ácido y fuerte de macho con el aroma de la saliva de Irene que todavía desprendía el miembro viril. La tenía cada vez más dura y lo peor estaba por llegar. Me cogió de la cabeza y me la metía y sacaba con rabia.
Hablaba en ruso a Dimitri y éste se reía a carcajadas, ¡qué cabrón! ¡Cómo disfrutaba viéndonos ultrajadas por este energúmeno!
-Dice que eres una buena puta mamona. Que hacía mucho que no se la chupaban así-. Y seguía riéndose burlonamente-. Ya puedes estar orgullosa de haberle gustado, éste cuando se encapricha de alguna puta no le falta de nada.
Aunque me ahogaba por momentos, todo esto me estaba poniendo a cien. Sentir esa polla como se endurecía hasta parecer estallar me hacía sentir poderosa. En esos momentos, ese animal me violaba, pero yo era la dueña de su polla. Con mi boca y mi lengua la iba a hacer estallar hasta vaciar sus huevos.
Cuando dejó de moverme la cabeza, sabía que iba a correrse. Mantuvo la presión en mi cabeza mientras sus latigazos de semen inundaban mi garganta. Seguí chupando hasta que se quedó seco, tragando todo lo que pude. Cuando dejó de hacer fuerza aparté la boca de su pene y con la leche que no había podido tragar chorreando por la comisura de mis labios le dije:
-¿Te ha gustado, cariño?-. Y dando lametazos a su pene para limpiarlo bien, le miré fijamente a los ojos para decirle-. Te la chuparé siempre que quieras, pero, por favor, no pegues más a mi amiga. Haz lo que quieras conmigo, pero a ella déjala en paz. Y le abracé las piernas mirándole a la cara con firmeza.
-Esta chica me gusta, tiene madera de puta de categoría-. Dijo Dimitri observando la escena a la vez que se pajeaba la polla muy despacio-. Anda ven conmigo, que te quiero follar. Mira cómo me has puesto de verte mamarla. ¡Zorra, más que zorra!
Y acudí solícita a sentarme a horcajadas en sus piernas. La quería dentro ya, necesitaba rabo con urgencia. Tenían razón era un puta perra que necesitaba que la follaran bien follada. Me agarré bien a su nuca para poder abalanzarme con golpes de cadera y empotrar su pene hasta el fondo de mis entrañas. Él gemía de placer agarrándome del culo para ayudarme en sus embestidas:
-¡Qué bien me follas, zorra!-. Decía jadeando y me morreaba con lujuria-. Sigue, sigue….-. Y ahora me mordía las tetas dándome azotes en el culo cada vez más intensos.
-¡Te gusta mi chochito, eh cabrón!-. Decía con voz ronca por la excitación-. ¿Te vas a correr dentro de mi coño como un cerdo, verdad hijodeputa?
Y mientras gruñía de forma entrecortada sentí como su pene se desinflaba. Tan apenas noté su corrida y enseguida se salió de dentro con su miembro flácido. Yo pese a mi frustración por su eyaculación precoz, estaba orgullosa del placer que le había dado a mi cliente, y le besé el torso con esmero:
-¿Te ha gustado, verdad cariño?-. Y seguía con mis arrumacos, besándole la boca y el cuello. ¡Qué olor y sabor tan agradables! ¡Y qué suave su piel tersa y suave!
Él me acariciaba cariñosamente muy agradecido por el polvo que le había echado después de la explosión de placer. Y me dijo muy tiernamente al oído:
-Has estado espectacular. Hacía mucho que no follaba tan a gusto, cariño-. Y me dio un cálido morreo acariciándome las tetitas con ternura.
De repente unos gemidos y jadeos interrumpieron ese momento de relajo después del desenfreno vivido. Al levantar la mirada hasta el centro de la habitación vi una imagen potente y turbadora. Darko se follaba a Kitty de pie, sujetándole el culo con sus manazas por el culo, ella se abrazaba con su cabeza acurrucada en su cuello. Con las manos subía y bajaba a mi amiga como si fuera una muñeca ensartando su pene con violencia.
¡Qué imagen más impactante de carga sexual! Un gigante potente y vigoroso violando a una niña delgada y desvalida moviéndola como un títere sin voluntad. Cada vez que la levantaba con sus manazas sacándola de su pene gemía de alivio para dejarla caer de nuevo insertándose hasta el fondo de sus entrañas. Entonces el gemido era de placer que acababa en un grito angustioso. Parecía encadenar un orgasmo tras otro.
-Ves a tu amiguita cómo le hacían falta unas cuantas hostias. Ahora, bien domada ya ves cómo disfruta de una follada de un buen macho-. Me decía Dimitri mientras seguíamos besándonos y acariciándonos abrazados-. Cariño, ahora cuando termine te portas como una buena perrita y les limpias bien la polla y el chochito. Ya verás qué rica te sabe la leche de Darko.
Aún estuvieron un buen rato follando. El gigante no daba muestras de fatiga, todo lo contrario, todavía parecía penetrarla con más ímpetu. Cuando ya creía que Kitty se iba a desmayar de los continuos espasmos que tenía, el gorila comenzó con unos gruñidos hondos e intensos y los acompañó con unas embestidas lentas y profundas. ¡Joder, se estaba corriendo como si fuera un toro encastado!
Allí sí abandonó su rictus serio e inmutable para babear con los ojos inyectados en sangre. La leche desbordaba la vagina y caía por las piernas a chorros. ¡Qué escena tan sensual! Un macho orgulloso y arrogante sujetando a una hembra rendida y desvalida. A continuación, la empujó al suelo dejándola a sus pies:
Me apresuré a acercarme a cuatro patas a donde estaban y empecé primero limpiando los chorros de semen de las piernas de Darko y, luego, con delicadeza le lamí la polla con mucho cuidado. Se mezclaba el sabor fuerte y agrio del semen con los jugos vaginales de mi amiga. A mí me resultaba tan delicioso que me mojé de inmediato.
A continuación, me acerqué a Irene, quería disfrutar de ella ahora. Darko se sentó al lado de Dimitri a contemplar el espectáculo sensual de nosotras dos en el suelo, ronroneando como dos amantes.
Primero la besé en los labios y el cuello con mucho amor. Ella me miraba con los ojos llorosos. Luego seguí por sus tetitas y su vientre. Para terminar chupando su vagina limpiándola de todos los restos de la profanación salvaje que había recibido. Había no solo semen sino también restos de sangre. Las penetraciones habían sido salvajes. ¡Qué cerdo, cómo había dejado a mi niña!
-Tranquila, mi amor-. Le dije al terminar con voz suave y cálida-. Aquí estoy para cuidarte y protegerte-. Y volví a besarla aún tumbadas en el suelo, y la abracé protectora amorosamente. Ese cerdo no iba a maltratar más a mi niña, no lo iba a permitir.
Volvía a casa después de un rato, de nuevo en la parte de atrás del SUV, todavía perturbada por lo vivido en el hotel. Ayudada de un espejito intentaba retocar mi aspecto pintándome los ojos y los labios, pero el chofer conducía a toda velocidad y me era imposible mantener el pulso.
-¡Darko, le puedes decir que vaya más despacio, por favor!-. Le dijo algo en ruso a su compañero y éste aminoró la marcha-. Gracias, cariño, así sí que puedo ponerme bien guapa, ya verás-. Y le lancé un besito con una sonrisita seductora. ¿Pero cómo me había vuelto tan zorra….?
No sabía muy bien por dónde me llevaban, era una zona industrial desierta y oscura. De repente fui consciente de lo sola y desvalida que me encontraba en ese lugar con esos desconocidos y sentí cierto desasosiego. Cruzábamos por calles desiertas y mal iluminadas, el silencio me provocaba una inquietud que derivó en nerviosismo. Me imagino que producto de la tensión del momento, me entraron unas ganas tremendas de orinar, ¡no podía más, tenía que mear, joder!
-¡Por favor, Darko, dile que pare enseguida, tengo que orinar urgentemente!-. Le dije con voz autoritaria-. ¡Que me meo encima, para, hostia!
El chofer sorprendido por mi tono paró al momento en un callejón oscuro, solo iluminado por la luz del alba, todavía no había salido el sol del todo. Bajé y me subí el vestido hasta la cintura y me bajé las bragas, ¡qué gusto, ni siquiera me importaba que me vieran los dos matones desde el coche! ¡Joder, incluso me ponía cachonda verlos mirando con cara de salidos babeando!
Darko, un gigante musculoso, y el chofer, un maduro también alto, pero obeso y calvo, no perdían detalle de mí, agachada meando con la falda levantada enseñándoles el culo. ¡Vaya pareja de degenerados tenía de espectadores!
Los miré yo también retadora al levantarme y, ciega de excitación por el deseo que sentía, me quité las bragas y las tiré al suelo. Quería a esos dos machos ciegos de lujuria y los iba a poner bien calientes, ¡si señor!
-Darko, cielo, me ayudas a limpiarme el coñito-. Dije con voz de niña mimosa. Y me levanté otra vez la falda para enseñarle mi coñito, exhibiéndome como una zorra-. Lo tengo bien depiladito, ya ves.
No se lo tuve que repetir más, vino enseguida y se agachó para lamerme los muslos primero y luego la vagina, agarrándome del culo con sus dedos como tenazas sujetando a su presa. Eran unos lametones ansiosos, diría que codiciosos, babeaba como un perro encelado con su hembra. También me mordía los labios vaginales y después el clítoris. ¡Qué placer, hostia!
-¡Arrodíllate, joder, para que me puedas chupar mejor! Si te portas como un buen mamoncete te dejaré que me folles, cabrón, más que cabrón.
Al matón de dos metros no parecía importarle arrodillarse a mis pies de forma tan servil. Incluso se mostraba gozoso de darme placer con su lengua. ¡Qué imagen más extravagante, una mujer liviana y débil con un gigantón postrado de forma sumisa, lamiéndole la vagina con ansia!
-¡Oye, tú, ven también aquí!- Le dije al otro hombre haciéndole gestos para que viniera. El hombre se acercó obediente hasta ponerse a pocos metros de nosotros-. Tú sigue chupando, cariño, lo haces muy bien-. Y le acariciaba la cabeza pelada con suavidad.
-¡No puedo más, Darko! ¡Levántate y fóllame de una puta vez, hostia!-. Y le aparté de un empujón de mi coño-.
Al tenerlo de pie aún lo vi más enorme, parecía una muñeca diminuta a su lado. Tuve que dar un ligero salto para agarrarme a su cuello y enroscar mis piernas a sus caderas. Lo miré a los ojos mientras le frotaba las tetas por la cara.
-Ven, dame un beso, cielo-.Y le di un beso tierno entrelazando las lenguas. A la vez le acariciaba la cabeza pelada. Después él aprovechó para besarme y chuparme, incluso morderme los pezones, mientras me agarraba del culo para acercar su pene a la entrada de mi coño. ¡Joder, qué placer, todo este macho inmenso y viril para mí!
Sentí como penetraba suavemente en mi vagina su miembro no demasiado duro, la verdad. De todas maneras, me producía mucho placer el roce al entrar poco a poco, como con timidez. Para sentirla mejor comencé con movimientos de cadera para que entrara hasta el fondo. Al momento mi macho empezó a jadear y le sonreí:
-¿Te gusta mi coñito, verdad?-. Le decía al oído con voz ronca de deseo, gimiendo también-. ¿Me vas a follar bien, verdad?-. Y seguí con los movimientos de cadera acompasados con sus penetraciones.
El orgasmo fue suave, pero intenso. Había acumulado mucho deseo toda la noche y no necesitaba mucho para llegar a correrme, pero necesitaba algo más. ¡Necesitaba que me jodieran como a una puta perra, joder!
Todavía encima de Darko levanté la vista y vi al chofer fuera del coche pajeándose con el pene al aire. Desde luego le había gustado la escena de nuestro polvo. Fuera del coche me dio más respeto. Era una mole de grasa gigantesca con aspecto siniestro. Desde luego la cara era de pocos amigos, pero los ojos eran de deseo.
-¡Acércate más que no muerdo, joder!-. Le grité con tono grosero-.Y vino andando pesadamente hacia nosotros. Estaba tan loca de excitación que quería a estos dos toros bravos para disfrutar de ellos a mi antojo. Lo que no sabía hasta qué punto los podría mantener a raya.
Aparté las manos de Darko y me deslicé de su cuerpo al suelo. Una vez allí, sin pensar bien lo que hacía me quité el vestido y el sujetador, quedando completamente desnuda solo con los zapatos de tacón. Les mostré a los dos mis tetitas moviéndolas como una puta callejera.
-¿Os gustan, eh cabrones?-. Y me di la vuelta enseñando también el culo moviendo las caderas-. Me parece que sois un poco pichaflojas para mí…-. Les solté en tono provocadora-. Me estáis dejando a medias, parecéis unos maricas.
-¡Ahora verás puta, más que puta!-. Y me agarró Darko por el brazo enojado para ponerme a cuatro patas con la cara desencajada-. ¿Crees que no sé cómo domar a una perra como tú?
A continuación comenzó con una serie de golpes en el culo, palmadas y patadas, de desprecio y de rabia. El culo me ardía tanto que no podía resistir más. Lo extraño es que todo esto me ponía todavía más encendida de deseo y le contesté todavía más retadora, volviendo la cara hacia él:
-Me parece que no tenéis huevos suficientes para violarme, ¡cabrones!
Allí fue cuando Darko se desató como un animal sin doma. Se desnudó de cintura para abajo y agarró el culo dándome otras dos potentes zurras, colocándome a cuatro patas a su total disposición. Sin pensarlo más me penetró hasta el fondo de mi vagina chocando con la matriz, ahora sí que la tenía bien dura, esto era otra cosa…
-¿Te parece bien así, perra?-. Y jadeando como un toro embistiendo escupía palabras que no entendía en ruso.
¡Joder, cómo sentía el miembro horadar mi agujerito! Su pene duro e inhiesto rozaba con vigor las paredes de la vagina y empecé a sentir descargas eléctricas de placer. Era una serie de orgasmos cortos, pero profundos. Me llegaban hasta el centro de mis entrañas.
El muy bestia seguía con un metesaca áspero y rudo. La polla no daba señales de perder fuerza, todavía la mantenía totalmente dura. El dolor que sentía al principio con las primeras embestidas había dado paso a un goce sublime. ¡Joder, que gorda la tenía el gigantón!
Levanté un instante la cabeza y vi a mi lado la mole inmensa de grasa del otro animal. Me cogió de la cara con firmeza y me metió la polla en la boca, sin ningún miramiento el muy cerdo. Al principio no me costó chuparla, pero después se fue inflamando y también cogió un buen tamaño. La tripa sebosa me rodeaba la cara y tan apenas podía respirar. Era una masa peluda y sudorosa, pero a mí me excitaba todavía más ese sexo inmoral y escabroso.
-¿Le gusta a la señorita cómo la estamos follando o quiere más caña?-. Decía Darko con voz ronca, jadeando al son de las penetraciones secas y duras.
Yo no podía responder, solo tenía fuerzas para jadear al son de las embestidas de los dos mastines. Ya me había acostumbrado a la presión de la tripa deforme del gordo y podía disfrutar de la felación también, el pene me resultaba hasta sabroso y potente. ¡Qué espectáculo a la luz del alba en ese callejón desierto! Ahora sí que parecía una puta de verdad con dos clientes, a cuatro patas y las tetas colgando, follada de forma salvaje por uno y mamando la polla del otro. ¡Qué debía parecer en medio de estos dos gigantes ultrajada por el coño y la boca por esos dos sátiros!
Las dos barras de carne ardían en mis dos agujeros, quemándome por dentro como si fuera fuego. Se corrieron a la vez los dos, gruñendo como dos osos apareando a una hembra, ahora sí desvalida e indefensa. No me dio tiempo a disfrutar de todas las sensaciones que me llegaban como un vendaval: una serie de orgasmos profundos e intensos, los chorros de semen que me desbordaba el coño y, sobre todo, los latigazos de leche densa y ácida del cerdo seboso que se vació en mi boca con rabia.
No contentos con la corrida, no me dejaron que me levantara todavía, se colocaron delante de mi boca para que les limpiara bien sus penes. Mientras, hablaban entre ellos en ruso, satisfechos y orgullosos de tener una hembra a sus pies.
-¡Buena hembra, follas muy bien!-. Me dijo Darko, a la vez que me sujetaba la barbilla-. Ahora, abre bien la boca-. Así lo hice y empezó a mearme dentro.
Me atraganté y aparté la cara. Sin inmutarse, siguió regando por todo el cuerpo con desprecio. Al momento, le acompañó el otro cerdo y también me rociaba con su orina. Me dejaron en el suelo totalmente empapada oliendo a orina fuerte de macho, totalmente despreciada y humillada, y se metieron en el coche.
No me podían dejar allí de ninguna manera ¿Qué iba a hacer sola con ese aspecto de furcia sucia y vejada? Me levanté y me dirigí de rodillas al coche:
-¡Por favor, no me dejéis aquí tirada!-. Les supliqué con las manos juntas, agachando la cabeza sumisa y humillada delante del coche-. ¡Llevadme a casa, por favor!-. Y lloré con desesperación, viendo cómo me miraban con cara divertida desde dentro del coche.
Al rato, Darko bajó del coche hacia el maletero y vino hacia mí con una manta. Me rodeó con ella y me cogió en sus brazos. Yo me abandoné acurrucándome con su cuerpo. En ese momento me sentí inmensamente feliz y satisfecha, abrazada a ese macho fuerte y poderoso. Me agradaba su olor mezcla de sudor con colonia barata. Ese aroma que desprendía le hacía más viril, más macho.
Dejando abandonado en el suelo el vestido y mi ropa interior, me llevó en volandas a la parte de atrás del coche, pero esta vez se sentó a mi lado. Yo abrigada con la manta me apoyé en su torso con dulzura, quería seguir sintiendo su calor y su aroma. Él me acarició con delicadeza y me susurró al oído con cariño:
-Descansa, ahora te llevo a casa y no te preocupes por nada-. Y me dio un beso en la mejilla suave y dulce. ¿Quién iba a decir que era el mismo que hace un momento me había violado y maltratado?
No quise pensar en cómo entraría a casa desnuda y oliendo a orina y semen. Solo quería disfrutar del momento de relax después de la sesión de sexo duro y perverso que había vivido. Y me quedé dormida en los brazos de mi protector mientras el sol ya lucía con fuerza.
(continuará)
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