Xtories

Años 70: Estudiando en Valencia 5 FIN SERIE

Han decidido que esta será la última vez. Diez personas, un chalet y la promesa de desahogar cada deseo pendiente antes de cerrar la puerta para siempre. Pero mientras el resto se entrega al caos, Jorge y Rosa juegan un juego más peligroso: recordar lo que fueron para elegir lo que quieren ser.

Galleyslave4.8K vistas9.2· 15 votos

Al final, ya nos habíamos juntado diez personas en el chalet y todos venían con ganas de juerga. Rosa dijo que lo mejor era organizar algo con todos a la vez y que se lo montasen luego como quisieran.

Rosa y yo estuvimos hablando y convinimos que no nos apetecía follar con otros, porque no era necesario y queríamos disfrutar solos de nuestra relación, porque así éramos felices, solos los dos, haciendo el amor y conviviendo con amor. Por eso nos dedicaríamos a que los demás se divirtieran, organizándoles juergas y orgias, pero sin participar en ellas. A lo máximo que íbamos a llegar es a hacer algo de sexo oral con alguna chica, y con limitaciones, y que, en ningún caso, Rosa se la iba a mamar a otro, y yo, si podía, evitaría que me lo hicieran.

Por otro lado, estuve pensando qué iba a hacer con Karin. Aunque una relación con una ex siempre es agradable, lo es por el morbo, y en este caso no lo tenía. Primero, estaba totalmente colado por Rosa y no quería a nadie más en mi vida. Segundo, prefería mantener en mi memoria la relación tal como era cuando la quería, y no ahora, que seria puramente sexual.

Una vez decidido eso, nos sentamos a ver qué hacíamos. A Ralf le colocaríamos con las dos amigas de Rosa, porque era el único conocido que podría con las dos y ellas habían venido a divertirse. No sabíamos que tal era el tal Peter. Y los otros que se organizasen, juntos o mezclados. Para eso había que animar a las chicas a hacerlo con Ralf y la mejor solución era que Carmen les contase las virtudes de Ralf y nosotros montar algún juego que las liase con él.

Hablamos con Carmen, que realmente venía a enrollarse con Ralf.

- Carmen, vamos a ver si conseguimos que Ralf se cepille a las amigas de Rosa. – le dije – es necesario que les cuentes a ellas a qué has venido y por qué. No creo que sea necesario que exageres. Luego Rosa, Ralf y yo nos metemos con las chicas y cuando estén a tope, yo me salgo y le dejo con las dos. Si sobrevive, te lo cedemos y lo montamos para que te lo pases bien.

- De acuerdo – dijo Carmen – pero, ¿por qué no me meto con vosotros desde el principio?

- Puede ser, lo veo con Rosa.

Llamé a Rosa, y vino a hablar con nosotros.

- Rosa, nos vamos a tener que meter tú y yo, con Ralf y tus amigas juntas. Entre los tres las calentamos y luego se las dejamos a Ralf y tú y yo nos echamos un buen polvo luego. ¿Te parece?

- Bueno, podíamos meter a Karin también. – dijo Rosa.

- No, por mí, no. Salvo que a ti te apetezca. Prefiero meter a Carmen, que se come a ambas y a Ralf, y además encantada. A Karin prefiero tenerla lejos.

- Yo me apunto a todo – dijo Carmen. Y se fue a hablar con las chicas.

Rose me miró un poco extrañada.

- Veo que no te interesa montártelo con tu ex, con lo morboso que eso es siempre.

- Pues no me interesa. Primero, prefiero recordar las relaciones que teníamos antes, cuando sentía algo por ella. Y segundo, ahora me da un poco de aprehensión tocarla después de los que han pasado por ella, fíjate lo que son las cosas. Me ha contado que Ralf le monto otro polvo masivo y llegó a veintidós eyaculaciones seguidas de veinte tíos diferentes.

- No me extraña, es una verdadera zorra, pero mucho más guarra de lo que me pensaba – dijo Rosa – y encima te lo cuenta y te dice que quiere volver contigo. A esta chica le faltan neuronas.

- Eso dijo su madre. Se cree que me va a conquistar por morbo, enseñándome lo puta que es y cómo disfrutaría yo viendo cómo se la follan. Posiblemente al principio me ponía cuando lo hacíamos con otros, pero ahora ya no. Ésta no tiene remedio. Vamos a meter a Carmen, que, además, está deseando hacerlo contigo.

- Jorge, no sabes lo a gusto que estoy sola contigo. Lo que yo me tenía que follar por ahí, ya me lo he follado, sean tías o tíos. Ahora quiero disfrutar de las ventajas de una relación con el hombre al que quiero, y que sé que me desea y me quiere.

- Yo también. No quiero mas tías. Me bastas tú y además, con nadie disfruto más que contigo, porque a un sexo genial, uno el cariño que nos tenemos.

Fui a hablar con Ralf y le conté el plan. Le pareció perfecto. Se iba a cepillar a las dos negritas que estaban de cine.

- Ralf, lo dejo en tus manos. Estas chicas están hartas de follar con negros que la tienen enorme y que aguantan horas dándoles, porque lo he visto personalmente. No tenemos oportunidad de ganarles en su terreno, por eso necesitamos que se corran con mucha sensualidad, y se lo vamos a hacer lo más despacio posible, justo lo contrario de lo que esperan y vamos a meter a Carmen entre ellas, para que te ayude. Te las vamos a dejar bien calientes, necesito que las dejes luego bien folladas, pero con mucho arte, no a lo bruto. Por cierto, ¿qué tal lo hace Peter?

- Peter lo hace bien, pero está detrás de Claudia, que a su vez está detrás de Karin.

- Bueno pues mejor, porque dejamos a Claudia, Karin, Peter y Fernando en otro grupo. Así, Fernando se cepilla a esas dos, que le hará ilusión.

Rosa les dijo a las chicas que conmigo no iban a hacerlo, pero que haríamos unos juegos de grupo y que ellas luego decidirían que hacer, pero que tendrían que confiar en nosotros. Dijeron que sí.

Rosa me llevo a un dormitorio y me dijo.

- He hablado con las chicas. Estoy de acuerdo que hay que calentarlas bien. Aunque luego las dejemos con Ralf, no me fio de que las prepare bien. Creo que lo debemos hacer tú y yo. Les hacemos el numerito de taparles la cara y chuparlas enteras, como me haces tú y que tanto me gusta y me pone. Luego nos las follamos con los dedos, les comemos el coño, y se acabó. Del sexo oral no pasamos. Tu calientas a una y yo a la otra. Y Ralf a Carmen. Te dejo elegir, ¿vale?

- Rosa tu mandas. Son tus amigas. Pero es mejor que rotemos, y vayamos así introduciendo a Ralf.

- Pues venga. Yo le iré haciendo a la otra lo mismo que a ti se te ocurra hacerle a una y si quieres, de vez en cuando cambiamos. Sabes que soy bisexual, no tengo problema. Y Ralf que nos imite. ¿Y con los demás?

- Pues fácil, Fernando a Claudia y Peter a Karin.

Salimos y se lo propusimos a todos. Buscamos algo para taparles los ojos a las víctimas: Mandy, Paula, Claudia, Carmen y Karin. Los lobos, por así decirlo, seriamos Rosa, Ralf, Fernando, Peter y yo. Rosa les estuvo explicando qué haríamos. Tendrían que seguirme a mí, y hacer todo igual que lo que yo hiciera. Yo les expliqué que el plan era calentarlas a las cinco chicas hasta un punto en el cual casi se corrieran sin tocarles el sexo. Yo sabía que el éxito con Mandy y Paula estaba asegurado, porque lo haríamos Rosa y yo, y el resultado del resto no me preocupaba tanto.

- Chicos, Rosa y Ralf yo nos concentramos en Mandy, Paula y Carmen, rotándonos. – dije - Y vosotros dos, Fernando y Peter, se lo montáis a Karin y Claudia, también rotando. Fernando, pórtate que te dejo a dos leonas y olvídate de que haya sido mi ex. ¿Vale?

Todos estuvieron de acuerdo. Salimos a preparar a las víctimas.

Me fijé más en las chicas. Paula era también muy alta, no era mulata, sino negra, con unas tetas preciosas, con unos pezones grandes, que le cubrían toda la punta y unos pezones pronunciados. Llevaba el coño totalmente afeitado. Randy, era de su misma estatura, mulata, con las tetas también perfectas y unos pezones pequeños y el pubis con una tira de pelo vertical de un par de dedos de ancho. Me daba igual empezar con una u otra, porque sabía que luego me comería ambos coños. A su lado Carmen era bajita, pero yo sabía que a zorrita no la ganaba ninguna de las dos y quería que disfrutase del juego.

Les tapamos los ojos a las cinco y las pusimos contra la pared. Nos acercamos y las empezamos a chupar por todo el cuerpo, a estimular con una mano toda la parte anal, jugando con sus culitos, y con la otra sobándoles las tetas y tirando de los pezones. Vi que Rosa añadía el restregarles sus tetas, rozando ligeramente pezón contra pezón y teta conta teta, por lo que yo también le empecé a pasar la punta del pene por sus caderas y decidí que había que cambiar de chica frecuentemente para que sintieran lo mismo. Me acerque al oído de Paula

- Me encanta este olor de zorrita que tiene tu piel. Me voy a ver cómo sabe tu amiga y ahora vuelvo. No se te ocurra correrte sin mi permiso.

Le hice una seña a Rosa y cambiamos. Le empecé a hacer lo mismo a Mandy, pegándome a ella, chupándola entera, jugando con su culo y manoseando las tetas y rozando mi pene por su tripa, dejando un reguero de líquido preseminal al pasar. Así estuvimos mucho rato, acariciándoles con la lengua por todo el cuerpo, mordiéndoles los pezones al pasar, acariciándoles el ano con una mano y sobándoles el cuerpo con la otra y restregándoles el pene nosotros y las tetas Rosa. Las chicas empezaron a ronronear, señal de que estaban calientes.

- Mandy, me gusta mucho este olor a golfa que tiene tu piel, pero tengo que cambiar a tu amiga, luego vuelvo. No se te ocurra correrte sin mi permiso.

Cambiamos de nuevo y empecé a sobar a Paula de nuevo. No lo pude resistir y alargué la mano y se la pasé a Rosa por el coño y lo tenía empapado. Luego, mirándonos, me llevé el dedo a la boca, lo chupé bien y continué con Paula.

Mientras vi a Ralf haciéndole lo mismo a Carmen, que ronroneaba como una gata en celo. Fernando se estaba chupando a Claudia y Peter a Karin.

Seguimos cambiándonos y yo le empecé a hacérselo a Carmen, Rosa a Paula y Ralf empezó a tocarle a Mandy. Carmen me reconoció y quiso agarrarme el pito, pero no la dejé. Un rato después fue Rosa la que le empezó a meter mano a Carmen, por primera vez en su vida. Carmen empezó a notar que eran unas manos expertas de mujer las que le tocaban y se empezó a calentar aún más.

- Noto que eres tan guarra como yo, Carmencita – le oí decir a Rosa y sonreí – luego te voy a comer este chocho de putón y te lo voy a dejar machacado.

Bastante rato después las chicas estaban super calientes, con ganas locas de follar, nunca les habían dedicado tanto tiempo sólo a calentarlas y a que se fuesen empapando lentamente, en cualquier otra ocasión ya la tendrían dentro hace mucho tiempo. Entonces empezamos a pasarles la yema de un dedo suavemente por su monte de venus, haciendo círculos, pero sin bajar a su sexo.

Empezaban a estar nerviosas. Cambiamos de pareja y en el cambio, Rosa y yo nos dimos un buen morreo. Volvimos a lo mismo, dedo en el culo, metiéndole un poco la punta, labios y lengua por las tetas, manoseo de todo el cuerpo y jugar con el dedito por su pubis. Mandy quiso hacerse un dedo y bajó la mano, pero no la dejé, sino que, como castigo, le subí los brazos por encima de la cabeza y le empecé a chupar desde el sobaco hasta el lateral de las tetas. Vi que Rosa me señalaba con la mirada mi pene y lo miré y lo encontré soltando bastante líquido que le mojaba la tripa a Mandy. Rosa dejó un segundo a Carmen, se me acercó y me dio un buen chupetón en la punta, llevándose todo ese liquido consigo y poniendo cara de guarra. Ralf le hacía lo mismo que yo a Paula, pasándole el pene por la tripa y dejándole también un reguero de líquido preseminal.

Por fin decidimos que las chicas se corrieran. Primero empezamos a pasarles ya el dedo por sus labios vaginales, pero sin tocarles el clítoris, acariciando el interior de los muslos, y empezaron a gemir con cada roce, debían estar a un solo roce de correrse.

A una señal mía, las tumbamos en la alfombra y de golpe las metimos dos dedos con las yemas hacia arriba para rozar bien la pared delantera de la vagina, chupándoles el clítoris y manoseándoles las tetas con la otra mano. A los pocos segundos de estar follándola con los dedos, se corrieron todas de una forma bastante escandalosa, gimiendo muy fuerte, con bastante flujo y cerrando las piernas unas, atrapando nuestras manos, solo pudiendo seguir jugando con los dedos dentro de su vagina para prolongar el orgasmo. Otras en cambio subieron las piernas y nos facilitaron aún más seguir bombeando con los dedos.

Una vez que se corrieron nos pusimos a hacerles un 69. Yo estaba sobre el coño de Paula, Rosa comiéndose el de Mandy, Ralf el de Carmen, Fernando el de Claudia y Peter a Karin. Les estuvimos comiendo y seguimos dándole con los dedos y jugando con sus culos hasta que se volvieron a correr. Mandy me estaba haciendo una mamada espectacular, pero, en cuanto se corrió, me cambié por Ralf y me fui con mi prima, a la espera de que Rosa terminase con Paula. Un poco después Paula se corrió y Carmen se puso a enrollarse con Paula y Rosa y yo ya nos retiramos a un sofá, dejándoles a su aire.

Vimos a Ralf metiéndole una buena follada a Mandy, que, después de dos buenos orgasmos, estaba super cachonda recibiendo y gimiendo. Cuando se corrió de nuevo, Ralf se fue a por Paula. De pronto vimos a Peter que se fue a por Mandy y ahí se quedaron los dos alemanes follándose a las morenitas. Karin se quedó sola y se enrolló con Carmen, como ya hicieron muchos años antes en Munich. Fernando hacía lo que podía con Claudia, pero era demasiado hembra para él, y hasta posiblemente lo hubiera sido para mí. Luego Claudia le cambió el sitio a Karin y se empezó a liar con Carmen y Fernando se empezó a follar a Karin. Bueno, el resultado es que se lo estaban pasando bien, que es lo que queríamos conseguir y nosotros dos habíamos salido medianamente indemnes.

Mientras todo esto pasaba, Rosa estaba sobre mí, moviéndose como mejor sabía y dándonos mutuamente placer. Al rato nos corrimos los dos. Yo me quedé cansado, pero Rosa me tumbó en el suelo, se puso encima de mí y decidió que también se lo tenía que comer a ella. Así lo hice, tragándome mi esperma, aunque ella solo jugó con mi polla bastante flácida. Un rato después Rosa se corrió también. Para entonces mi polla estaba algo más recuperada, pero no llegaba ni a la mitad. Rosa se puso a jugar con ella.

Cuando acabaron todos de correrse bien, se quedaron todos medio revueltos sobre la alfombra. Poco a poco se fueron levantando de suelo. Entonces Peter se acercó donde estábamos nosotros, se puso de rodillas y se la intentó meter a Rosa. En cuento Rosa notó que algo le rozaba el coño, dio un salto y se quitó, diciéndole a Peter que con ella no. Le dijo que ella era territorio prohibido y solo mio.

Luego volvió y se puso a mi lado y siguió jugando con mi polla, y me dijo

- Hace un año estaría ahora con esa polla de Peter dentro, y posiblemente ya fuera la tercera que me metían hoy, después de haberme corrido cuatro o cinco veces, como la buena golfa que era. No lo echo de menos, porque tengo en mis manos la única que me interesa, que es la del hombre al que quiero. No me puedo creer la suerte que he tenido de haberte encontrado de nuevo y de que me quieras como lo haces.

Con esos comentarios de Rosa mi pene reaccionó, ella lo trabajó bien y me corrí en la boca de Rosa. Luego nos tumbamos a charlar.

- Rosa, no me has contado casi nada de tu vida sexual anterior. – le dije. – y tu sí conoces mis historias con Karin y las cien golfas que pasaron por nuestra casa en Munich, y las de Bremen y aquí con Carmen, Pili y demás. Me gustaría saber algo más, aunque no entres en detalle, para no jugar yo con mi imaginación.

- Buenos, como te he dicho, he sido un auténtico zorrón de cuidado. Me desvirgó un compañero del colegio, allá en Guinea. Luego me follaron dos más antes de venirnos a España.

- Pronto empezaste.

- No para Guinea, muchas adolescentes sabíamos latín y estábamos muy desarrolladas. Luego, al llegar a España, pasé un año sin hacer nada, más por miedo y rechazo, que por otra cosa. Luego, con el objetivo de poder tener amigos, me convertí en la zorra del colegio, mamándosela a muchos chicos, todos blancos y follando con algunos, aunque se salían antes de correrse. No sé cómo no me quede embarazada. Mi madre se dio cuenta y me consiguió pastillas anticonceptivas. De esa forma empecé a conseguir de todo, pero pasando por la piedra, aunque, algunas veces, me lo pasaba bien. Me invitaban a todo a cambio de una mamada o un polvo.

- Se me está revolviendo el estómago.

- Pues sí, a mí también al recordarlo, pero quiero que sepas mi historia, no quiero malentendidos con la persona a la que quiero, porque alguna vez nos podemos encontrar con alguien de mi pasado y no quiero que te sorprendas. Luego ya pasé a conocer a chicos más mayores y me invitaban a guateques y siempre terminaba enrollándome con uno o dos tíos, y empecé a disfrutar, porque algunos, aunque pocos, me sacaban un orgasmo. Pero no me sentía querida, sino solo utilizada, como si solo sirviese para follar. Incluso un par de veces me prostituí, junto a Mandy y Paula, mas por vicio y lujo, que por dinero, yendo a fiestas en grandes barcos con varios hombres mayores y cobrando por dejarnos hacer de todo.

- Me dejas asombrado y muy dolido.

- Cuando echaron a mi padre de Malabo y vino, me normalicé un poco, porque empecé a ver a un blanco enamorado de una negra, mi madre, y cómo se querían y empecé a soñar con que alguna vez encontraría a alguien que me quisiese a mi igual. Luego, cuando llegue a Valencia a la Universidad, empecé a conocer gente de color, como yo, unos cinco chicos y tres chicas, y el primer año me los cepillé a casi todos varias veces y descubrí mi bisexualidad y descubrí que, en el sexo, el negro me sacaba bastante más que el blanco, por lo que me olvidé de los blancos. Luego mantuve un romance con un senegalés durante cuatro meses. En segundo conocí a Mariano, y empezamos a salir y a hacer intercambios, y estuvimos como tres meses yendo los fines de semana a fiestas de negros donde follábamos todas con todos y también todas con todas, en verdaderas orgias, como estos días aquí, donde me liaba con tres o cuatro en cada noche, entre tíos y tías y me hacían gozar de lo lindo, sacando mi lado más guarro y pervertido, llenándome entre varios el coño y la boca de leche. Fue muy fuerte esa época mía y estuve a punto de desviarme demasiado, que fue previa a montar el grupo musical.

- Un poco fuerte, sí. - dije yo – pero no creo que fueran peor que las que se montaban en Alemania. Quizás durando más tiempo, porque allí eran rápidos en llegar. ¿Y cómo fue lo del grupo musical?

- A finales del curso nos lo propuso Roberto y nos pareció bien. Empezamos a ir a cantar a las fiestas de los pueblos y dejamos un poco de lado las orgias. En esos viajes, también me enrollé con Roberto en tres ocasiones, y comprobé, lo siento porque es tu amigo, que el blanco seguía sin gustarme nada y sin hacerme gozar. Hasta que llegaste tú.

- ¿Y qué paso conmigo? Me gustaría saber tu versión de la historia.

- Pues al verte me caíste bien, sobre todo por la mirada llena de admiración que me echaste. Se te salían los ojos mirándome. Me hizo gracia, pensé que eras otro pavo más que se correría nada más metérmela. Primero me resultó extraño que hubieras cocinado para nosotros. Pero luego, cuando me chupaste y yo noté que lo hacías con placer, me quedé muy sorprendida. Los blancos no nos chupan, les damos un poco de asco, como si destiñéramos y dicen que olemos raro o incluso mal. Cuando no me soltaste y me empezaste a comer el coño con esas ganas y disfrutando, me quedé aún más sorprendida, al margen de que nunca había gozado así con un blanco. Seguí asombrándome y gozando por la noche. Me subí de la playa contigo porque estaba muy intrigada por saber si había sido una casualidad o si eras realmente así y pasé uno de los ratos más divertidos de mi vida, cocinando aquel arroz y follando a la vez y diciéndome cosas guarras que me excitaban y deseando que no se acabase nunca ese momento y no llegasen los demás. Y esa noche, que dormimos tú y yo solos en el cuarto de Carmen, ya me quedé absolutamente colgada, pero lo descubrí un tiempo después.

- No sabía que yo te gustara tanto. Yo me quedé muy confundido y creo que también muy quedado contigo, aunque no lo admitiera y que, por eso, empecé a pasar de Pili y la dejé hacer todo eso en Bremen, luego con los tailandeses y finalmente con Mariano aquellos cuatro días. No sentí celos en todo ese año, aunque Pili hizo todo tipo de golfadas y en cambio sí los sentí, cuando te vi irte con Mariano.

- Durante esos meses posteriores a encontrarte, Mariano y yo fuimos a un par de orgias más, y ya no gocé igual, y solo veía que me la metían, sin cariño ni sensualidad. – dijo Rosa, añadiendo – En alguna ocasión, mientras estaba recibiendo una buena follada de algún negro con un buen instrumento, estaba pensando en ti y deseando que fueses tú el que me la estaba metiendo, lo que me descolocaba mucho. Mariano me habló de casarnos y yo le dije que no estaba preparada y que me diese tiempo. Y ahí empecé a pensar que pudiese estar enamorada de ti. Por eso decidí organizar lo de Semana Santa para poder volver a verte, porque estaba deseando confirmar mis sentimientos.

- Y yo me alegré al verte y pasé una semana santa increíble. Pero seguí con Pili por no hacerle una putada, y fue uno de los mayores errores que he cometido, porque debía haber cortado con ella y haberte pedido que te quedaras conmigo. Pero tampoco te conocía lo suficiente como para pedirte que rompieras con Mariano. Cuando me dejó Pili, lo primero que pensé es que había sido tonto por haberte dejado escapar y que ya estarías casada y embarazada.

- Pues yo, cuando me fui, ya sabía que no me casaría con Mariano y que te esperaría a ti. Dejé de ir a fiestas y orgias y también pasé una época triste y añorándote. Es cuando fui a hablar con mi madre y me dijo que esperara a que la vida nos uniese, como así ha sido. Pensaba, de todas formas, buscarte y forzar la cosa, pero no fue necesario, apareció el náufrago ante mí.

- No pude resistir el ir a verte cantar.

- Bueno pues ya sabes mi historial sexual y por qué digo que también soy una buena zorra, en todo el sentido de la palabra. Hoy me avergüenzo de algunas cosas que hice, pero, en su momento formaban parte de mi vida y de lo descolocada que estaba en este país, donde me sentía diferente, usada y no querida.

- También llevas una buena experiencia, como yo, aunque yo haya empezado mucho después, pero el año de Karin en Munich vale por diez.

- Por eso te digo que puedo hablar de Karin o de Pili. – concluyo Rosa - Y también valoro lo que tú y yo tenemos ahora y por qué no quiero enrollarme con nadie. Creo que ambos ya hemos follado suficientemente antes de juntarnos y no tenemos por qué seguir haciéndolo con otros. Por eso, es importante no estropear lo que el destino nos ha ayudado a conseguir y seguir juntos. Disfrutemos el uno del otro el tiempo que podamos.

- Estoy de acuerdo, Rosa. Disfrutemos el uno del otro. No me pone verte con otro y a mi no me apetece otra que no seas tú.

Mientras hablábamos los demás se habían ido yendo a la piscina. Al terminar de hablar, nosotros nos unimos a ellos y nos tiramos a la piscina. Peter se acercó y se disculpó. Yo le dije, en perfecto alemán, que nosotros no formábamos parte del menú y que ya nos habíamos pasado suficiente con el sexo oral que le habíamos hecho a las tres chicas. Karin estaba cerca escuchándolo y me miró con cara de enfado, pero mordiéndose el labio inferior como hacía siempre que estaba caliente y tenía ganas. Se acercó.

- ¿Entonces no lo vas a hacer conmigo? Un último polvo.

- No, Karin. Además, no creo que ayude a olvidarnos el uno del otro, que es lo que debemos hacer. No vamos a volver a estar juntos, mi futuro está junto a Rosa.

- Hablare con ella.

- No servirá. Lo hemos hablado, y ni ella, ni yo, estamos interesados en hacerlo con otras personas. Mantengamos el recuerdo de los buenos momentos que pasamos juntos, que siempre serán mejores que una experiencia actual, porque entonces había sexo y cariño y ahora solo habría sexo.

Una vez conseguido el objetivo de integrar a todos, ya fueron organizándose unos con otros según les fue apeteciendo. El resto de la semana se lo pasaron liándose entre ellos. Carmen por fin consiguió una nueva sesión con Ralf y Karin, llevándose a Fernando como cuarto del grupo, superando su objetivo con creces. Carmen no dudó en preguntarle a Karin como eran las sesiones con Otto.

Claudia se comió a las dos morenitas y las sacó todo tipo de corridas lésbicas con la boca y haciendo las tijeras.

Cuando quedaban dos días llegaron los de la banda de música: Roberto, Amparo, Mariano y otra negra, su actual pareja, de nombre Lucia, que también era alta, tenía un cuerpazo, pero no muy guapa. Rápidamente se unieron al grupo.

Carmen fue la primera que se tiró a por el pene de Mariano. No podía entender como mi prima era tan zorra. Le tumbó y se subió encima, sacándole buen partido al tamaño del chico. Luego este le estuvo bombeando desde atrás, hasta sacarle un par de orgasmos y terminaron llegando juntos.

Carmen se nos acercó después, chorreando esperma por las piernas, con cara de salida.

- Rosa, tengo que decirte que has hecho bien en dejar a Mariano por mi primo. A este chico le falta gracia y le sobra polla.

- Te lo regalo – dijo Rosa – no quiero ni que se me acerque. Bueno, ni éste, ni cualquier otro.

Para rematar la jugada, el penúltimo día vinieron los dos amigos negros de las chicas a recogerlas, que nunca me acuerdo cómo se llamaban, porque eran nombres raros, y se quedaron el día y luego por la noche y montaron una follada masiva. Las chicas, Mandy, Paula, Lucía, Carmen, Amparo, Karin y Claudia, se pusieron, primero, con las cabezas juntas y haciendo con el culo una estrella de siete puntas, y los chicos, Mariano, Roberto, los dos amigos de Rosa, Fernando, Ralf y Peter, se dedicaron a metérsela a todas, rotando cada cinco minutos. Así estuvieron bombeándolas desde atrás, y ellas comentando, morreándose y riéndose, hasta que se corrieron todas varias veces y luego fueron descargando todos, haciéndolo, principalmente en aquellas que más se lo pedían, que eran, como no, Carmen, Karin y Claudia.

Por la tarde, estuvimos todos jugando con una pelota en la piscina, con el consiguiente magreo generalizado, del que Rosa y yo teníamos que estar constantemente escapando, porque Paula, Karin y Carmen no me dejaban en paz y, Mariano y los dos amigos, intentaban sobar a Rosa siempre que se acercaba.

Por la noche, montaron otra sesión. Esta vez los chicos se tumbaron y ellas saltaron sobre sus pollas, haciendo lo que ellas quisieran. Las que más pericia demostraron, visto desde fuera, fueron Paula, Mandy y Lucía, que les sacaron la leche a Fernando, Roberto y Peter a las primeras de cambio. Me imagino que la visión de una diosa de ébano con ese cuerpazo, montada sobre su polla, moviéndose con un ritmo africano y con esas tetas grandiosas, fue demasiado para ellos. Las dos alemanas y Carmen disfrutaron como locas de los tres negritos, intercambiando posiciones, ordeñándoles e intentándoles sacar la leche, cosa que no consiguieron por más que se movieron y estrujaron sus enormes penes con sus músculos vaginales. Luego ellas las pusieron de culo, y las empalaron bien y después de una buena follada y varios orgasmos, les metieron una corrida de campeonato.

Por otro lado, Roberto se fue a un cuarto a enrollarse tranquilamente con Paula y Ralf se enrolló con Mandy y le hizo otro gran numerito. Fernando estuvo con Amparo guarreando.

Rosa y yo contemplábamos la orgia desde fuera, sobándonos, dándonos placer y, de vez en cuando, echando un buen polvo los dos solos. Paula, volvió al cabo de un rato, suponemos que después de haberse cargado a Roberto, y se acercó a nosotros.

- Rosa, ¿por qué no me prestas a tu novio?

- Lo siento, Paula – dije yo – no me voy a enrollar con ninguna, solo con Rosa. Pero, si quieres que te diga la verdad, me pareces una chica espectacular. Cualquier hombre se volvería loco por enrollarse contigo.

- Gracias Jorge, pero yo empiezo ya a necesitar encontrar también a un chico que me quiera. Empiezo a estar harta de follar sin ton ni son. No sabes la envidia que me dais.

- Pues ya sabes, golfa – dijo Rosa – busca al que te quiera y tú le quieras, no el que mejor te folle, porque, una vez que acaba el polvo, es importante pasarlo bien y sentirse querida. La vida es muy larga para pasarla sola sin un amor.

- Así lo haré.

Así terminó la semana, nosotros, haciendo el amor, ellos follando como locos y yo, evidentemente, cocinando para todos y distrayéndome haciéndolo, cuando Rosa me dejaba en paz, porque es muy difícil hacer bien una paella con una mulata inmensa metiéndote mano desde atrás y apoyando y rozando sus tetas en tu espalda.

Al final todos se volvieron a sus casas, excepto Carmen y Fernando que se quedaron a ayudarnos a recoger. Yo llevé a los alemanes al aeropuerto. Karin se despidió de mi llorando.

- No lo hemos hecho al final.

- No Karin, es mejor que mantengamos nuestros recuerdos. No lo vamos a hacer nunca más, porque Rosa y yo nos hemos retirado totalmente del mercado.

Paré a comprar un par de pollos asados para comer el último día y no manchar más. Cuando volví al chalet, casi todo estaba ya recogido. Decidimos pasar la última tarde juntos, en familia, haciendo balance y poniendo lavadoras para dejar las sábanas sin rastros de lo que allí había pasado.

- Primo – me dijo Carmen al llegar – tengo que reconocerte que lo de las pollas de los negros es un mito. Me he tirado a los tres y ninguno me ha hecho nada especial, salvo darme muy duro y correrme con mucho gusto.

- No sé qué esperabas, Carmen. ¿Pensabas qué daban calambre o se les encendía una bombilla en la punta? Habrá negros que lo hagan de maravilla y otros solo bombean, igual que hay blancos que lo hacen bien y otros mal. El tamaño es relativamente importante.

- Bueno, ayuda.

- No te creas – dijo Rosa, riendo – yo, en mi época golfa, me he metido un montón de pollas enormes y mira con quién he acabado. Ayuda solo un poco.

- Ayuda relativamente, como dice Rosa. – añadí yo - El que la tiene pequeña, se esfuerza más en desarrollar técnicas para compensar esa deficiencia. Pero habrá de todo. Mira Karin, toda la vida buscando pollas grandes y ahora se va llorando porque querría volver conmigo.

- Bueno, es que tú le sacas buen partido a lo que tienes ahí - me dijo, sobándome el pantalón.

- Carmen, no sé cómo puedes ser tan zorra. Fernando, no sé cómo la aguantas.

- Porque se lo hago de maravilla, - dijo Carmen - y porque el chico, al final, se ha tirado a las tres negritas buenorras, a Karin y a Claudia, que también estaban de cine. Tampoco es mal balance.

- Porque la quiero y nos lo pasamos los dos de maravilla – dijo Fernando – y ya me di cuenta de lo zorra que era cuando me la presentaste, ese día en mi casa, no puedo decir que me haya tenido engañado.

- Visto así y si os gusta eso, pues perfecto.

- Cuéntame eso de la primera vez de éstos – dijo Rosa

- Carmen vino a vernos a Karin y a mí, siendo virgen. Volvió tan pasada de vueltas de estar con un tío con un pollón que la machacaba, que al día siguiente ya me dijo que necesitaba un polvo urgente y como yo estaba enamoriscado, y realmente, tonto, visto como ha resultado Karin, no se lo quise echar y le busqué a Fernando, que alucinó cuando se lo comió entero. – conté

- Yo aluciné con Carmen. Me tuvo una semana entera follando dos veces al día. - Dijo Fernando.

- Estaba salida y a los cuatro polvos me empezó a gustar Fernando – dijo Carmen - Y de lo nuestro, ¿qué?

- ¿Qué es lo nuestro?

- Lo de liarnos tú y yo. Fernando ya lo sabe. Llevamos ocho meses de retrasos. En navidad te escapaste de mis garras. Y luego, desde que estás con el bombón, como dice tu madre, ya no me lo has vuelto a hacer.

- ¿Bombón? – preguntó Rosa

- Si, tu futura suegra te llama bombón, por lo guapa y por el color - dijo Carmen.

- No sé si enfadarme o alegrarme – dijo Rosa

- Mira Carmen, lo nuestro ha acabado. Voy a hacer vida normal con Rosa, sin nadie más.

- Voy a tener que hablar yo con el bombón, seguro que la convenzo antes.

- No, Carmen - dijo Rosa – hasta aquí han llegado nuestras aventuras sexuales.

Estuvimos comiendo en la terraza y luego ellos se fueron a echar la siesta antes de recoger y lavar las sábanas de su cuarto.

Rosa estaba en una tumbona. Me acerqué, la incorporé y me senté detrás. Nos quedamos así, viendo el mar a lo lejos, ella apoyando su espalda en mi pecho y yo acariciándole los pechos y jugueteando con sus pezones, con una mano y jugando con su sexo, con la otra. Yo me acerqué a su oído y muy bajito le dije.

- Rosa, cada día me gustas más. Me has embrujado y no me puedo creer que estés conmigo. He pasado los mejores días de mi vida, solo contigo, sin hacer nada a pesar de que no han parado de hacer guarradas a nuestro alrededor.

- Pues sí, hemos estado de maravilla. No he echado nada de menos golfear y mira que han pasado cerca pollas y coños, blancos y negros. Espero que sigamos así.

- Seguiremos así. No quiero perderte. Y cada vez me sobra más el resto del mundo.

- A mí también Jorge. Ojalá podamos vivir igual de felices que lo han sido mis padres.

- ¿Por qué no lo vamos a ser? Nos queremos. Y disfrutamos el uno del otro. Y tenemos tiempo por delante.

- Pero no sé si tus padres y tu familia me aceptarán y querrán al bombón.

- Seguro. Solo con ver lo feliz que es su hijo, te adorarán, como lo hago yo.

- Ahora hay que volver a Valencia.

- Si, yo a trabajar y tú a estudiar y terminar la carrera. Vamos a ser muy felices, ya lo verás.

- Pero ahora te vas a trabajar a Castellón y yo me quedo sola en Valencia. Nos veremos mucho menos, puede que solo los fines de semana.

- No creo.

- ¿Y eso?

- Porque me gustaría pedirte una cosa y que me dijeras que sí. ¿Quieres que nos casemos?

Rosa no reaccionó, como procesando lo que acababa de oír y luego se dio la vuelta y me abrazó, diciendo que sí muchas veces y dándome muchos besos. Nos fuimos a echar la siesta y a celebrarlo.

Por la tarde se lo contamos a Carmen y Fernando y nos dieron la enhorabuena. En casa fue un poco de drama, pero aceptaron. La familia de Rosa no puso reparos.

La boda fue muy pronto, para irnos a vivir juntos a un chalecito que alquilamos en la playa, a mitad de camino entre Castellón y Valencia, para que Rosa pudiese ir en nuestro coche a Valencia a clase y yo a Castellón en tren a la oficina técnica de la Diputación.

Nos casamos en Alicante a finales de septiembre. Asistieron mi familia, la de Rosa, nuestros amigos y, de Alemania, vinieron Karl y Renate, así como Ralf y Karin. Ellos se quedaron dos semanas en Gandía y vinieron solo el día de la boda a Alicante. En Gandía les recibimos Rosa y yo y pasamos una tarde juntos, antes de irnos nosotros a Alicante a terminar de preparar todo. Renate me abrazó y me dio un buen morreo. Luego hizo lo mismo con Rosa, que no se retiró, sino que participó activamente.

- Que pena que ya no os relacionéis con otros – dijo Renate – nunca lo he hecho con una chica como tú y me quedo con muchas ganas.

Después de la boda, Carmen y Fernando se pasaron tres días con ellos en Gandía, amenizándoles la estancia. Así, Carmen y Fernando pudieron conocer en profundidad a Renate y Karl, y sus habilidades de maduritos feroces, y repetir varias sesiones de intercambio con Ralf y Karin, de los que, al final, todos ya se habían encariñado.

La boda tuvo lugar en la Iglesia del pueblo de San Juan y luego se celebró en el Hotel Meliá del puerto de Alicante. Pudimos sentir la alegría y buenos deseos de todos los que nos acompañaron. El padre de Rosa me dio un abrazo sincero y me dijo que ya vería como no me arrepentía del paso dado, que me llevaba una compañera ideal para ir por la vida. La madre de Rosa me volvió a repetir su consejo anterior, que le diera cariño a su hija. Mis padres conocieron a los de Rosa y las dos madres se entendieron muy bien. La dulzura de una mujer bubi pudo con sus reticencias. Luego, al final de la fiesta en la discoteca, cuando nos despedíamos, Renate me echó mano por encima del pantalón al paquete, sobándome bien, diciendo que qué desperdicio y todas las demás, desde Carmen hasta Mandy, pasando por Karin, Paula y Amparo, hicieron lo mismo en plan de cachondeo. A Rosa también la magrearon todas. Los chicos no se atrevieron.

De viaje de novios fuimos cuatro días a Baviera, y le enseñé a Rosa todos los sitios turísticos donde había estado. También fuimos tres días a Praga, cuando aún era un país comunista. Finalmente pasamos tres días inolvidables en Venecia, paseando en góndola por sus canales y espantando palomas en la Plaza de San Marcos y haciendo el amor en el hotel, en una habitación con vistas al Gran Canal, donde, por desgracia, había que cerrar la puerta del balcón para que no se llenase la habitación de mosquitos.

Hubiésemos querido ir a Guinea Ecuatorial, pero no pudimos, porque a través de la embajada de España en Guinea, no pudieron asegurarnos de que no la retuviesen allí, por ser, a efectos de las leyes de ese país, por nacimiento, aún una ciudadana guineana huida, ya que en su pasaporte español figuraba ya Malabo (Bioko) como lugar de nacimiento. Luego, pasados los años, cuando en 1979 derrocaron a Macias y lo mataron en la cárcel, el sistema político cambió y pudimos ir juntos, en el 85, y me enseñó todos los sitios que recordaba de pequeña, especialmente las palmeras tipo pavo real y las puestas de sol.

Pocos años después, cuando Rosa se licenció en Medicina, y estaba haciendo la especialidad en Ortodoncia, tuvimos nuestro primer hijo Carlos, y dos años después a nuestra hija Monica.

No hemos vuelto a tener ningún rollo o intercambio, excepto uno al año con Carmen y Fernando, como una tradición. Empezó cuando llevábamos dos años casados. Carmen no paraba de darnos el coñazo con ello. Fernando y ella también se habían casado un año antes y dejaron muchas de sus relaciones e intercambios.

Estábamos en Gandía, de veraneo, en el chalet de mis padres. Carmen, buscando qué música poner, fue metiendo diferentes casettes en el aparato. En una de esas puso la casette que Rosa había traído aquel día de la semana santa del 76 para enrollarse conmigo y dejar a Pili con Mariano. No sé cómo se había quedado por allí perdida.

- Mira, la cinta con la que me ligué a tu primo – dijo Rosa

- Cuéntame cómo fue – dijo Carmen

- Pues convencí a Mariano de montárselo con Pili, y grabé esa cinta y al llegar la pusimos y les hicimos un estriptis a los dos y ya no nos separamos en toda la semana. Terminamos ambos totalmente quedados el uno con el otro y así, al cabo de un tiempo, empezamos a salir.

No sé cómo Carmen consiguió convencer a Rosa de repetir ese estriptis y volvieron a colocar la cinta de casette y bajaron las dos con una buena pinta de zorritas, enseñando la braga, metida hasta donde podían, marcando el coño.

Pusieron la música, y con la primera canción, la de Randy Newman “You Can Leave Your Hat On”, se empezaron a tocar y desnudar, mientras Fernando y yo estábamos sentados en el sofá tocándonosla. Ambas, siendo bisexuales, se sobaron bien, chupándose y calentándose todo lo que podían. Empezaron a quitarse ropa, tirándonosla, primero la camiseta, luego el sujetador, la falda y finalmente la braguita, ya bastante empapada. Esa braga de aquel día la guardé también y está en mi mesilla de noche, dentro de una caja de plata. Muchas veces Rosa la ve y me pregunta que para que la quiero y le contesto que son cosas mías.

Luego al son de la canción “Voulez-vous coucher avec moi ce soir”, se pusieron a tocarse el pecho, levantando las tetas con ambas manos y pellizcándose los pezones. Pero luego empezaron a morrearse y a sobarse como dos lesbianas a las que no les importa el resto del mundo, haciéndoselo lo más guarro posible, sobándose el culo, el coño y las tetas.

Finalmente, cuando empezó la otra, la de "Je T'Aime... Moi Non Plus”, se pusieron a hacer un 69 y nos invitaron a participar. El guion no había sido el mismo, y en realidad eran ellas las que se estaban liando. Nos unimos a ellas y se la metimos como pudimos, cada uno a la suya. Luego ya nos tumbamos y ellas se pusieron sobre nosotros y empezaron a cabalgarnos. Al cabo de un rato, Carmen le dijo a Rosa que le prestase a su primo y ella se encogió de hombros y se metió la polla de Fernando, por primera vez en su vida. Nos sacaron la leche bien sacada, corriéndose Fernando dentro de Rosa.

- ¿Ha vuelto a aflorar la golfilla? - le pregunté a Rosa de broma sobándole el coño del que salía el esperma de Fernando.

- Nunca se fue, siempre he seguido siendo una zorrita, solo que tengo algo mucho mejor todos los días. Ahora ya no corremos riesgo de estropear nuestra relación.

- Si, pero no me gusta ver cómo se corren dentro de ti. No quiero hacerlo más.

- De acuerdo. Y yo tampoco lo necesito.

- Esta vez queda en familia, pero fuera no me apetece que ocurra más.

No volvimos a enrollarnos más hasta dos años después, que Carmen volvió a convencer a Rosa, que encima estaba embarazada de cinco meses. Carmen le empezó a sobar la tripa a Rosa y de ahí paso a comerle el coño. Carmen era al final la que nos pervertía. Acabamos de la misma forma y ya establecimos que una vez al año nos daríamos una fiesta, para recordar los años en que éramos unos golfos y siempre que las chicas no estuvieran en fase de quedarse embarazadas.

Al año siguiente tuvimos que esperar tres meses hasta que Carmen se quedó embarazada. Al siguiente pasó lo mismo, pero con Rosa, hasta que se quedó de Monica, mi hija.

Dos años después vinieron Otto y Hanna de vacaciones a Gandía. Sus hijos, ya mayores se quedaron con sus novias. Otto ya no estaba igual de fuerte, ni Carmen igual de delgada, los años y los partos no perdonan, pero, ayudándole entre Fernando y yo, conseguimos que Carmen recibiera ese polvo que llevaba años deseando recibir. Rosa dijo

- Yo paso, porque de pollazos ya me quedé harta cuando era negra. – y nos reímos todos

Luego Fernando se enrolló con Hanna, más por morbo que por erotismo. Los siguientes días los pasaron en la playa.

Karl y Renate estuvieron viniendo varios años, junto con Karin y Ralf. Les recibíamos siempre Rosa y yo. Renate siempre nos daba un morreo al llegar y otro al irse, pero ya no nos enrollamos más. La segunda vez que vinieron Karin estaba embarazada. Luego se casaron Ralf y ella y estuvimos en la boda en Bremen, pero a Rosa solo le enseñé la ciudad, no estábamos interesados en otro tipo de especialidades de la ciudad donde perdí mi virginidad y se inició todo. Karin y yo no hemos vuelo a enrollarnos nunca más.

Ralf se especializó en la organización de eventos, desde sociales a sexuales. Tenía una empresa para los eventos empresariales, en ferias, convenciones y presentaciones de productos, esencialmente las de Microsoft y otras de farmacéuticas. Como dije, años después montó también una especie de Boys cerca de Düsseldorf, en la zona del Ruhr, por ser la zona con mayor densidad de población, al margen de estar ceca de Bélgica y Holanda. Organizaba fiestas privadas con contenido erótico y despedidas de solteros y solteras. Participé con algo de capital y bastante en la organización de los juegos para las fiestas y las despedidas de soltera. Rosa y Karin ayudaron en la selección de los chicos. Rosa solo estuvo inspeccionando y palpando el producto, pero Karin les hizo un profundo estudio de calidad, no dejando uno sin probar. Rosa también seleccionó los números musicales que bailaban los chicos. Nos divertimos mucho y tuvo bastante éxito y Rosa y yo nos calentamos tanto montándolo que tuvimos una segunda primavera sexual, mejorando, incluso, la relación que siempre hemos tenido.

Han pasado más de cuarenta años desde que me casé con Rosa. He sido feliz con ella desde el primer día. Nuestros hijos están ya casados y nos han dado cuatro nietos.

Carlos, mi hijo, se casó con otra mulata espectacular, también bubi, que conoció estudiando Caminos en la UPV y ella Bellas Artes. Tienen un hijo precioso, aunque más bien negrito, como su abuela Rosa.

Mónica, mi hija, tan alta y espectacular como su madre y su abuela, se casó con un escoces, que conoció en una estancia en Londres haciendo un erasmus de Económicas. Ahora tienen tres hijos y viven en Bristol.

Ralf y Karin se separaron al cabo de unos años. Ella le puso los cuernos y se enrolló con un australiano y emigró a ese continente. No sabemos si aún le queda algún australiano sin probar.

Karl falleció hace quince años, de un infarto. Renate sigue viniendo a España y viene a nuestra casa o a Gandía. Ahora, pasados los setenta años, tiene su quinto nuevo ligue, pero, esta vez, es una señora madurita diez años más joven que ella, porque dice que a los hombres de su edad ya no se les levanta y que no está ella para soportar ancianitos que no se la follen bien.

Los padres de Rosa murieron hace unos años, pero llegaron a muy mayores ambos y vivieron juntos en una habitación de una residencia y siguieron abrazándose por las tardes cuando se sentaban en un banco del parque. Cuando Miguel falleció, Isabel le siguió pocos meses después.

Y nosotros, Rosa y yo, muy cerca ya de la jubilación, seguimos chupándonos y queriéndonos con locura y aun nos divertimos con Carmen y Fernando una vez al año, aunque tengamos que retirarnos los pellejos para hacerlo.

FIN de la historia de Jorge, Rosa, Carmen, Karin, Pili, etc.

Nota del Autor 1: En esta historia de Jorge, que es más de amor, que de sexo, donde hay de todo, especialmente relaciones personales y muchas sexuales, ya que por algo son relatos eróticos, he querido transmitir el ambiente y la forma de vivir en los años 70, comparando dos ambientes radicalmente diferentes, basados ambos en experiencias personales: el alemán, liberal y nudista y con la juventud desatada por los movimientos hippies del 68, del amor libre, las comunas y cantando el”all you need is love”; y el español, represivo, religioso, soso y ñoño de los últimos años del franquismo, basados en el catecismo y los campamentos de la OJE y la Falange, y cantado el “Cara al Sol”.

Ustedes habrán podido comprobar que se podía uno divertir y ser feliz sin móviles, tabletas u ordenadores, sin internet, sin redes sociales, sin 300 canales de televisión ni plataformas, principalmente hablando en persona, leyendo libros y novelas en papel y teniendo relaciones sexuales muy satisfactorias, sin la presión de acabar pronto el polvo para poder subir, desde la misma cama, una foto a Instagram y esperar los likes de los amigos, entre muchas otras cosas absurdas que se hacen ahora, o como también, por ejemplo, pueden estar juntos ocho chicos y chicas en un banco en la calle, mirando todos el móvil, diciéndose chorradas por la red social del móvil y escuchando rap o reguetón por los cascos, sin intercambiar ni una sola palabra en toda tarde.

Nota del Autor 2: Todos los personajes de esta historia son ficticios excepto algunos pocos. Entre éstos reales destacan Karl y Renate. Él realmente tenía una tienda de toldos. Con Renate, que realmente se llama así, tuve a mis veinticinco años un affaire de más de seis meses, aunque ella tuviese quince años más que yo, pidiéndome que me fuese a vivir con ella a Bremen; y Pili, que no se llama así, pero que es realmente medio tailandesa, y que no dejó un amigo, familiar o compañero mio vivo, sin profundizar en la relación, ya me entienden. He querido incorporarlas a la historia para acordarme un poco de ellas. Jorge, Karin, Carmen y Rosa, no existen, pero son una mezcla de muchas personas a la que he conocido. Voy a echarles de menos; al final, inventándome su historia, les he tomado mucho cariño.