Match Point - Parte cinco
Claudia cree que confesando cada detalle de su pecado encontrará el perdón de Oscar. Pero mientras ella llora por su cobardía, él guarda una verdad que lo convierte en el espejo más cruel de sus errores. ¿Qué pasa cuando la culpa ya no es exclusiva de uno?
Match Point
Parte cinco
-- A ver si entiendo, osea... el tipo te deslumbró cuando lo viste en la fiesta, cuando nos lo presentaron...
-- No no, ahí no me pasó nada... si... me pareció atractivo, pero como cualquier chico pueda pasar por la calle, pero ahí digamos... su forma de hablarme... no estaba acostumbrada... y cuando me lo encontré saliendo del baño... si... como que me sentí extraña por su forma de tratarme sin conocerlo de nada... el tema es que no pasó nada, sólo fue una charla que dio pie a lo que vino después...
-- Lo de las clases...
-- Si, los entrenamientos... cuando comencé a darlos con él...
-- Si, y no me contaste nada... que puedo yo concluir de eso Claudia?, que no me lo contaras me da pie a que ya sabías que iba a pasar... o estoy loco?, si le preguntas a cualquiera por ahí “Qué pensarías de que tu mujer te oculta que hace clases con un tipo guapo?”, creo que todos me pondrían cara de obviedad, como diciendo “no preguntes estupideces”.
-- Yo sé Oscar, pero no fue del todo así, pero si, reconozco que fue en parte eso. Sabes que voy todos los días al club, y cada vez que me lo cruzaba él estaba en el mismo plan, con esa forma de hablarme, de hacerme bromas, no sé, me gustaba esa sensación, además que si... me seguía pareciendo muy atractivo y al parecer... se me notaba y él sabía eso... y cada vez iba creciendo la confianza hasta que propuso lo de los entrenamientos... y sobre eso, aparte de lo que te mencioné, él jugaba muy bien, había visto como entrenaba y yo estaba frustrada con mi nivel, quería avanzar, pero también estaba el hecho de que era hijo del Sr Vasco, y como tú lo odiabas, pues... todo eso me hizo cometer la estupidez de ocultártelo... por eso te insistía en jugar de nuevo contigo, pero no se dio.
-- Ahh... osea que ahora es mi culpa...
-- No Oscar, te ruego que no pienses eso, sólo te estoy diciendo lo que pasó, al detalle, como me lo pediste... ya te dije que todo esto fue mi culpa y así lo seguiré pensando.
-- Ya no sigas con eso de que fue tu culpa... mejor... sigue por favor.
-- Bueno... la cosa es que... al final terminé aceptando... comencé los entrenamientos con él y noté los cambios, de verdad que si me sentí emocionada, todo creció dentro de mi, por mi juego, por lo que progresé, por lo que logré... tú debes creer que son tonterías de tenistas de cuarta, pero te juro que las emociones son también lindas. Ese día que le gané a la señora que siempre nos ganaba fue algo difícil de describir, me sentí como la campeona del Wimbledon, con todas la personas que me arengaba, mis amigas abrazándome y saltando, coreando el nombre del club... la verdad fue indescriptible...
-- Si... aunque no lo creas, lo entiendo... alguna vez lo sentí... y yo ese día... estaba en mi reunión... y sabes?, pude haberme ido y no pasaba nada, no se iba a arruinar ningún negocio... me quedé porque... quería divertirme... no le di importancia... sabía que era el interclubes, pero... me imaginé ahí viendo partidos sin trascendencia, cuando en realidad lo tenían. Independientemente de lo que pasó, lamento mucho no haber estado ahí, haber compartido tu alegría...
-- No es tu culpa Oscar, tú no sabías que estaba entrenando...
-- Si sabía que estabas entrenando... pensaba que era con el viejo Cubas, pero sabía que estabas queriendo superarte, y yo debí estar ahí alentándote. Esas fechas son pocas en el año, y se que es una bonita experiencia, la he vivido, pero fui egoísta, es la verdad. Eso no puedo dejar de decirlo.
-- Bueno... mejor continuo... el tema es que ese día, él estaba ahí, y ahí... cometí el primer error... lo vi con algunas socias, especialmente con una chiquilla llamada Sonia, rubia, bien guapa...
-- Sonia... rubia... creo que te refieres a la hija de Baroni, el que está en la directiva-- dijo Oscar meditando.
-- Si, creo que si, me pareció escuchar ese apellido...
--... Ok, sigue, ya después te cuento...
-- Bueno, la cosa es que ahí fue cuando actué como una estúpida y comencé... a celarlo... -- Dijo Claudia tapándose la cara.
-- Celarlo?
-- Si... no se me ocurre otra palabra... también pudo ser los nervios del partido, le comencé a increpar cuando él vino a hablarme antes de jugar y él lo usó a su favor. Comenzó a hacerme bromas con eso y yo comenzaba a contestarle como una tarada. Ya luego del partido fui yo quien se acercó a agradecerle por su entrenamiento, estaba tan feliz que ya le seguía el juego y nos reíamos, y luego... luego me dijo para ir al bar de ese club, y yo... yo acepté...
-- Si mal no recuerdo, el bar de ese club queda apartado de las canchas, por qué no le dijiste para ir al comedor central?
-- No, yo no quería que me vean con él... por lo mismo que te dije antes y porque no quería que estén hablando cosas que no son...
-- Entiendo...
-- Entonces... llegamos, nos sentamos, charlamos, la estaba pasando bien, me gustaba la sensación, la forma como me hablaba, como me alagaba, no quise ver... las señales, no evité su acercamiento... entonces me besó... -- Claudia se quedó en pausa un momento-- me besó, y si bien me sorprendió, no me separé... por varios segundos.
-- Sigue.. -- Dijo Oscar con los ojos cerrados.
-- Cuando reaccioné le increpé y luego... me volvió a besar... esta vez con más vehemencia y yo... yo le correspondí también por algunos segundos y luego me paré diciendo que eso no podía ser y entonces me volvió a besar... ya abrazado a mi, pegando su cuerpo al mío, acariciando mi... trasero, sintiendo su... que estaba... excitado... y yo... también me dejé... sólo hasta ver que venía gente, me separé y me fui de ahí casi corriendo sin decirle nada más...
-- La típica no?... tus palabras dicen algo pero tu cuerpo dice lo contrario, si hasta parece una historia erótica... --Decía con cierta burla Oscar, pero apretando los dientes.
-- No lo sé Oscar, no sé porque quieres que te cuente todas estas cosas, siento que la estamos pasando fatal, pero yo sólo quiero cumplir con lo que me pides, te estoy contando todo...
-- Todo a su momento Claudia, ya me tocará hablar a mi, pero para eso necesito saber toda la historia, toda... aunque la pasemos fatal, lo merecemos para bien o para mal.
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A las dos semanas del partido por el interclubes, Claudia caminaba por los pasillos del club. Se dirigía a sus entrenamientos pero esta vez con Juan, un chico de 20 años aproximadamente, delgado pero de contextura atlética, tenía su atractivo. Tenía buen método pero era muy tímido y eso dificultaba un poco la comunicación con Claudia.
Ella trataba de superar lo que había pasado con Marco, pero le era muy difícil. Encima no entendía como este actuaba como si nada, seguía con su personalidad extrovertida, conversando con las socias, con esa mocosa Sonia, y cuando pasaba cerca la saludaba como siempre, y eso a ella le hervía por dentro. Estaba indignada, parecía que para él fue un día normal, no sentía ninguna culpa, como si ella fuera cualquier chiquilla que se levanta por ahí, se sentía herida, y mucho.
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-- Claudia, que ya vas a cumplir 40 años, en serio te picaste por eso?-- Interrumpió Oscar.
-- Tú querías saber todo, y estoy tratando de transmitirte lo que sentía, y si, caí en esas estupideces, no se, fue algo nuevo, fue una emoción diferente, no se como explicarlo. Te juro que te hablo con la verdad.
-- Bueno, continúa... -- Dijo un nervioso Oscar.
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Las clases con Juan eran muy metódicas, y en cuestión de avance en el juego estaba satisfecha, pero seguía un poco incómoda por el trato frío, ya se había acostumbrado a entablar un poco más de confianza, incluso cuando entrenaba con el Sr. Cubas, también charlaban cosas ajenas al tenis, de la familia, del club y de otras cosas, pero con Juan no le daba pie a nada, además, ella seguía con esa extraña excitación por dentro, esa euforia que la hacía sentir como si tuviera una bomba.
-- Y dime Juancito-- Dijo Claudia sonriendo en una pausa del entrenamiento -- y qué haces cuando no estás en el club?
-- Ehh, pues... no mucho, estar en mi casa.
-- Vamos, un joven como tú no va a estar encerrado, en algo tendrás que distraerte.
-- Y... bueno... si, estudio lo que me queda del tiempo, para recibirme -- respondía un cada vez nervioso Juan.
-- Ohh que bien, un muchacho responsable, pero... vamos, y la diversión?, no tienes novia?
-- Ehhh no, no tengo mucho tiempo para eso la verdad...
-- No?, pero si eres un chico muy guapo, no seas tonto, date un tiempo, sino vas a terminar estresado.
-- No... que va... señora, yo soy muy tranquilo, no soy de salir...
-- Señora?, por favor, me haces sentir una vieja, dime Claudia con confianza...
-- Bueno... está bien señ... digo Claudia...
-- Te parezco vieja?, en serio?
-- No no, señ... digo, Claudia, no me parece nada de eso...
-- Entonces, cómo me ves? -- Dijo Claudia ya con las mejillas rosadas, con un extraño furor por dentro.
-- Ehhh... mejor seguimos entrenando... ya se va a cumplir el tiempo...
-- Anda, dime, no seas malito, dime como, si? -- Dijo Claudia para luego dar una vuelta en su sitio con las manos en sus caderas.
-- Bueno... pues... si, está muy... bonita, de verdad... -- decía ya muy rojo el joven entrenador.
-- Uy!, que me lo diga un joven tan guapo como tú me alaga, gracias por el cumplido -- mientras le daba un beso en la mejilla.
-- No... no tiene porque, es la verdad. Bueno, mejor seguimos que se hace tarde... no? -- Dijo Juan con el rostro como un tomate mientras se dirigía al centro de la cancha.
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-- Espera... -- Dijo un pasmado Oscar -- Estuviste haciendo lo que creo?... con... Juancito??!!
-- No... bueno si, no sé, no sé que me pasaba Oscar, te lo juro, no me reconocía, no se que me pasaba, o si, pero no lo quería reconocer. Oscar... es muy difícil lo que te estoy contando, todas estas cosas las he debido vivir contigo, pero por mi estúpida rigidez todo lo hacía ver mal, y tú te tenías que reprimir, y a estas alturas, a esta edad, estar recién experimentándolas, me daba mucha vergüenza, me daba mucha vergüenza hablar contigo o con alguien... lo sé, tú eres mi esposo, pero fui una imbécil.
--Mujer... es que... no sé, es como si me estuvieras hablando de otra persona...
-- Lo sé Oscar... sé que es difícil se asimilar... pero te lo vuelvo a jurar, te estoy contando tal como pasó.
-- La puta madre Claudia, esto es más complicado de lo que creía... bueno, sigue contando...
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Claudia seguía en esa rutina estresante. Se sorprendía con esos cambios de conducta pensando cosas propias de una chiquilla. Comenzó a mirar a los hombres de otra manera, especialmente a los que estaban en su entorno. Disimuladamente los examinaba, sobre todo debajo del ombligo, fantaseando en como las tendrán. Y no se limitaba en los que les parecía bastante atractivos, también lo hacía con el propio Fernando, el mejor amigo de su esposo, le llegaban recuerdos de las charlas de sus amigas, comentando sobre el gran tamaño de su miembro.
-- Que risa ahora en el comedor... como lo molestaban a Fer con su cosa y como contestaba, será cierto lo que dicen? -- reía Marta.
-- A quien le importa eso?-- decía Claudia
-- Pues aquí entre nos... yo lo confirmo-- sonreía Inés
-- Nooooo... a ver cuenta cuenta-- reía emocionada Marta
-- Pues ahí de cuando en cuando lo he probado jajajajaaa
-- Pero entonces... es cierto?
-- Más que cierto, y no sólo en tamaño, el tipo es un salvaje en la cama, me deja molida jajajajaaaa, pero yo feliz
-- Pero cómo puede hacer eso?, está casado, conozco a su esposa -- decía una indignada Claudia.
-- Bueno yo que se, pero aquí entre nos de nuevo... me ha contado que tiene buen tiempo que ya no viven como esposos, incluso duermen en cuartos separados. Creo que hace tiempo se murió el amor jajajajajaaaa
-- Mejor, así ya no hay culpas jajajajaaa-- reía Marta
-- Pues, aún así, no me parece Inés, deberías marcar distancia-- dijo Claudia
-- Si que le ha marcado distancia, pero dentro del coño-- se carcajeaba Marta
-- Jajajajajajaaaaaaa y no sólo el coño jajajajajaaaaaaaa-- reía Inés
-- Nooooooooooo pero que bruta eres jajajajajaaaaaaa, no me digas que con esa cosota te dio por ahí también?
-- Si... me deja coja... bueno ya te dije, es un salvaje pero a mi me encanta jajajajaja...
-- Mejor me voy al sauna, nos vemos mañana -- dijo Claudia moviendo la cabeza de un lado al otro, dejando a sus amigas carcajeandose.
Fernando también notaba ese extraño cambio en Claudia, y era notorio porque se reía más de sus bromas y le contestaba más cuando este iniciaba una charla. Claudia sabía que el amigo de su esposo era un mirón, y con toda esta ola de excitación que estaba experimentando, lo comenzó a experimentar de otra manera, comenzaba a disfrutar esas miradas. Comenzaba a poner poner poses más sugerentes, se ajustaba las calzas estirándolas hacia arriba, se quedaba inclinada más de la cuenta cuando rebuscaba en su maletín, arqueando la espalda, explotando sus atributos como si estuviera provocando para que le den un mordisco a esas deliciosas nalgas.
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-- Claudia... que era Fernando...
-- Te juro que sólo fue eso, nunca le hablé ni me habló nada insinuando algo más, sólo estuve jugando de forma inconsciente, para mi misma, no pasábamos de bromas, yo sólo... estaba jugando, estaba... encendida, por lo mismo...
-- Ya ya Claudia, si, con tu famoso y repentino calor interno provocado por Marco..., pero era Fer, y tampoco es estúpido, él se deba cuenta de todas esas cosas, esperando la oportunidad...
-- Oportunidad?, no te entiendo...
-- Tú sigue no más, ya después yo hablo.
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En esos días Claudia seguía en lo mismo con Marco, viéndolo de lejos, contestando el saludo de forma fría y a veces ni le contestaba. Seguía afectada por la indiferencia que él le daba a lo que había pasado entre los dos, sentía ganas de decirle de todo, pero se contenía. El a veces si le hablaba de más cuando coincidían en un ambiente con poca gente.
-- Guapísima, hasta cuando me vas a tratar así?
--.....
-- Vamos Claudia, tampoco es para tanto, extraño nuestros entrenamientos -- Decía Marco mordiéndose el labio.
-- Pues yo no, y no se como puedes ser tan descarado después de lo que hiciste.
-- Pero que hice?, sólo tomé la iniciativa a lo que tú también querías.
-- No, yo no quería, tú te pasaste y mucho.
-- Pero si me devolviste el beso, eso no lo puedes negar, por qué no lo admites?
-- No... me tomaste por sorpresa, yo no...
-- Entonces te gusta así?, de sorpresa?-- Decía Marco mientras se acercaba peligrosamente
-- No no, no me gusta así ni de ning...
Y volvió a pasar, Marco habiendo cerciorado que no había gente cerca, la tomó de la cintura y volvió a besarla, haciendo que Claudia se estremezca poniéndole las manos en el pecho empujando pero sin fuerza, y por supuesto, respondiendo al ardiente beso hasta que él cortó abruptamente para luego alejarse sonriéndole y mandarle un beso volado.
Ella se apoyó en la pared tomándose el rostro, no sabía que hacer, no podía hablar con nadie, no sabía que hacer con lo que estaba sintiendo y que cada vez no lo podía controlar. Se masturbaba todos los días, incluso en el club, y ese día no fue la excepción. Sentía que no podía o no quería parar lo de Marco. “Y si...?” pensaba, para luego negar con la cabeza.
No ayudaba el hecho que en los camerinos se cruzara con Sonia, esa chiquilla que le encantaba arrimarse a Marco y que le caía tan mal su actitud desinhibida. Coincidentemente, tenían sus casilleros uno al frente del otro. Recuerda que ese día en particular era muy temprano, y se preparaba se preparaba para ir al gimnasio. Sonia estaba en su casillero haciendo no se que cosas para luego retirarse y dejarla sola, no había ni un alma.
Claudia se quedó pensativa metiendo ropas en su maletín cuando escuchó que se abría la puerta de emergencia que quedaba a lado de ese ambiente. A ella le pareció raro que alguien entrara por ahí, cuando de pronto sintió que alguien la giraba del hombro y la besaba con pasión.
-- Qué haces aquí?, estás loco? -- dijo Claudia luego de separarse después de la sorpresa.
-- A esta hora no hay nadie, además ahí está la puerta en caso de emergencia jajajaja... ven aquí-- dijo Marco
Luego de decir eso siguió besándola y ella correspondiendo, y no hizo nada cuando él comenzó a sobarle las nalgas con fuerza. Fue un detonante que le provocó unos gemidos producto de ya una total excitación. Sentía como él le sobaba todo el paquete en su vientre causándole un rico temblor en su vagina, se sentía muy mojada, y él continuaba amasando su culo.
-- Por favor por favor Marco, no puedo hacer esto, por favor...-- repetía una desesperada Claudia.
-- Si que podemos guapa, podemos y queremos -- Decía un desbordado Marco mientras la seguía besando los labios y el cuello, mientras seguía sobando ese culazo.
Después de un rato así, Marco metió rápidamente la mano dentro de las calzas, alcanzando su mojado coño procediendo a masturbarla con sus hábiles dedos. Claudia le agarró la mano pero ya era tarde, no pudo impedir la intromisión ni pudo sacarla de su sitio, y tampoco pudo evitar lanzar un gemido más fuerte, disfrutando cada caricia que le hacían.
Marco continuó con su tarea, con la mano de Claudia agarrando fuerte la suya sin dejar de gemir, entonces con la otra mano dirigió esta y la puso sobre su hinchado paquete totalmente erecto. Claudia abrió los ojos mirando hacia abajo sintiendo mejor las dimensiones de esa verga, mejor que con su vientre aunque menos placentero. Aún así, sintió que era bien gruesa, no estaba segura si más larga que la de su esposo, pero definitivamente era más gruesa. Marco le guiaba la mano para sobarla mientras con la otra seguí masturbándola.
Claudia ya notaba que iba a explotar, la situación y el morbo contribuían bastante. Marco no cesaba en sobarle el coño de diferentes formas pero sin perder el ritmo, mientras ella seguía con la mano en su verga. Incluso la mantuvo ahí cuando marco ya no la agarraba, porque volvió con esa a agarrarle el culo pero ya por dentro de la calza.
-- Ahhhhhh Marco, Marco, Marcooooo!!!! -- gimió Claudia temblando por un poderoso orgasmo que hizo que se pusiera en cuclillas, tratando de normalizar su respiración.
-- Ufff que rico Claudia, no puedo esperar a darte como mereces.
-- Eso... eso... no... no va a... pasar --Decía Claudia, siguiendo con una agitada respiración.
-- Bueno, ya veremos, por qué no vamos a mi depa a conversar lo nuestro?
-- No voy a ir a tu depa Marco, esto ha sido un error--
-- Bueno, igual te dejo la dirección en el celular por si te animas -- Dijo Marco mientras se alejaba a la puerta sonriendo.
Claudia se quedó un poco extrañada, mientras veía horrorizada como le sonreía desde la puerta sosteniendo su celular en la mano, para luego salir sin darle opción a nada. Inmediatamente volteó y vio que encima del asiento estaba el celular de él, con un mensaje anotado la dirección. “No puede ser, es capaz de responder el teléfono si llaman y soltar cualquier barbaridad, tengo que recuperarlo” pensó desesperada, mientras alistaba sus cosas para ir rumbo a su departamento.
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-- Claudia, tú sabías lo que iba a pasar...
-- En ese momento te juró que no pensé en nada, estaba desesperada por recuperar el celular, ni siquiera tomé consciencia de lo que acababa de hacer, simplemente puse mis cosas lo más rápido que pude en mi maletín, me acomodé lo mejor que pude y salí por la misma puerta, pero ya no lo vi, entonces decidí ir...
-- Bueno, si, se te notaba la desesperación...
-- Por... por qué me dices eso?, cómo puedes saber eso?, es imposible que tú me hayas visto, estabas en otro sitio.
-- Y lo estaba, pero tú sigue, ya te dije que yo voy a hablar después...
-- Oscar... me estás poniendo nerviosa, hace rato estás que hablas cosas raras, hay... hay algo que no se?
-- Lo sabrás en su momento, ahora... continúa por favor...
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Claudia manejaba a toda prisa, estaba totalmente desesperada, rogando para que Oscar o algún conocido llame y Marco conteste, y lo que es peor, diciendo cualquier cosa que la pueda hundir.
El lugar estaba en el mismo distrito, en zonas que le eran familiares, así que no le tomó mucho tiempo encontrar el edificio. Se estacionó y fue corriendo a la puerta, se fijó el número, indicaba el octavo piso y apretó el botón del intercomunicador varias veces
-- Si? -- Contestó una voz varonil.
-- Marco?, soy Claudia, necesito que me dev...
-- Sube... -- Para luego colgar.
Claudia sintió el ruido de la puerta y no dudo en pasar para dirigirse al ascensor. Cuando llegó al piso se fijó que sólo había dos puertas, dedujo que sólo eran dos departamentos por piso, y una de ellas estaba abierta. Pasó y vio que era el comedor, al fondo estaba la sala con un balcón, a lado había una puerta cerrada y más allá un pasillo.
-- Marco?-- Preguntaba Claudia mientras avanzaba lentamente – Marco?, sal por favor.
De pronto sintió que la puerta de entrada se cerraba. Ella volteó y vio a Marco sonriéndole, sólo con una toalla en la cintura...
-- Marco... dame mi celular, te lo pido por favor...
-- Tranquila guapa, tenemos tiempo—Mientras se acercaba a ella de forma sugerente
-- Marco, no me hagas esto por favor, necesito mi celular e irme de aquí, no debería haber venido
-- Pero viniste, y lo hiciste rápido, mira que no me diste ni tiempo de cambiarme
-- Vine porque... porque te llevaste mi celular, no por otra cosa-- Decía Claudia cada vez más nerviosa, transpirando, retrocediendo a la vez que Marco avanzaba.
-- Te creo, pero ya sabemos que a ti te gustan las sorpresas no?, te gustó lo que pasó antes?, vaya que si te gustó, me encanta como te pones cuando disfrutas...
-- No... no Marco, no puedo hacer estas cosas, no puedo... soy casada—decía mientras retrocedía hasta que se topó con respaldar del sofá.
-- Podemos y queremos, ya te lo dije...
Marco al llegar a su altura, se soltó la toalla quedando completamente desnudo. Claudia se quedó en shock sin moverse, pero no puedo evitar contemplarlo, como tampoco evitar ver su verga ya semi erecta, donde pudo confirmar que era bien gruesa y la hacía ver imponente, a pesar de no parecer más larga que la de su esposo.
Marco la volvió a tomar y a besarla mientras volvía a agarrarle y sobarle las ricas nalgas de la casada. Claudia siguió en su intento de separarlo pero cada vez estaba más abandonada y excitada, no tardó en retomar los gemidos que poco antes soltaba en los camerinos del club.
Volvió a hacer la misma operación, metiendo su mano dentro de las clazas para masturbarla, pero ya sin mucha oposición de ella. Con la otra le levantó el top y comenzó a chupar esos pequeños pezones alternando uno con otro. Claudia ya estaba desatada y no se reprimía en sus gemidos. Incluso lo tomaba de la nuca tratando de dirigirlo aunque no servía de mucho porque Marco lo hacía a su propio gusto.
Luego la cargó, puso sus piernas rodeando su cintura y la llevó al dormitorio para luego posarla en la cama. Se subió encima de ella para seguir chupando sus senos, mientras con las manos le terminaba de sacar el top, para posteriormente con las dos manos amasárselos alternando con chupadas. Claudia seguía gimiendo y no se reprimió a la hora de sentirlo, acariciarle la espalda y el culo hasta donde alcanzaba. Ya no le importaba nada.
Marco comenzó el descenso por el estómago pasando por el ombligo hasta que agarró los bordes de las calzas. Claudia en un último atisbo de cordura sujetó su calza haciendo fuerza contra lo inevitable. Oscar la miró sonriendo mientras le pasaba la lengua por encima de su vagina. Claudia le sostuvo la mirada para luego abrir sus manos, permitiendo que Marco continúe con su tarea, terminando de bajar con todo y tanga dejándola cómo vino al mundo.
Marco no perdió tiempo, estaba ansioso por disfrutar de ese culo, así que la volteó y la hizo levantarlo dejándolo empinado. A pesar de la tremenda excitación, a Claudia aún le quedaba pudor estar así tan expuesta, por lo que trataba de cerrar las piernas, pero él no la dejaba porque llegó a meter los brazos por debajo sacando las manos por la cintura separando con sus manos las nalgas de Claudia. Comenzó a chupar de frente el arrugado ano como si fuera su helado favorito. Claudia no sabía cómo describirlo, nunca le habían hecho eso, pero sintió un gusto enorme, tanto por la sensación directa pero igual o más por el morbo, estar en la situación que estaba la encendía tremendamente.
Luego de un rato, Marco se enderezó agarrando su dura y gruesa verga dando pequeños golpes en el culo de Claudia. Ella se estaba preparando mentalmente para lo que venía, tampoco quería pensarlo mucho, ya no había vuelta atrás. Sintió la cabeza en la entrada de su empapada vagina yendo de arriba abajo pasando por toda la raja hasta que en un momento dado se la metió hasta la mitad de golpe. Claudia gritó mitad de dolor mitad de calentura. Comenzó a entrar y salir hasta esa altura con lentitud al comienzo, sintiendo como le apretaba el mojado coño, pero después apuró el ritmo ante los gritos de placer de Claudia.
Luego otra vez sin decir nada, metió el total de su verga sintiendo incluso un pequeño tope en la punta de su pene. Claudia tenía enterrada la cara en la almohada apaciguando un poco sus gritos. Estaba abandonada al placer, tanto que no dijo nada cuando le comenzaron a meter la yema de un dedo por el ano, por el contrario seguía disfrutando aún más.
Marco seguía con un ritmo frenético, entrando y saliendo sin sacar el dedo, que ya iba por la mitad. Incluso comenzó a hacer un mete y saca con este. Claudia tuvo un fuerte orgasmo que le hacía curvear la espalda, cosa que excitó mucho a Marco quien sacó su verga para terminarle en toda la espalda mientras Claudia yacía acostada recuperándose.
Pero él no le dio tregua y volvió al ataque, chupándola, sobandola y penetrándola. Estuvieron como cuatro horas follando con breves descansos. Se notaba que ambos estaban en buena forma física. Ella tuvo incontados orgasmos, estaba muy cansada.
Casi al último Marco no quiso terminar sin darle por ese carnoso culo, su principal objetivo. Luego de una preparación previa, sumado a lo que había estado haciendo todo el tiempo, logró tenerlo dilatado. Se acomodó en cucharita detrás de Claudia y procedió a tantear la entrada con su glande, haciéndolo con paciencia por un rato. Ella estaba semi dormida. Marco pasó la mano por delante estimulando los pezones y el clítoris alternadamente. Claudia comenzó a responder a las caricias, a pesar de estar tanto rato follando, aún le quedaba calentura y Marco era un buen amante, sabía dónde tocar y mantener la excitación.
Paralelamente a las caricias, él no cesaba en su empeño por perforar ese agujero. Hizo más presión y fue pasando la cabeza, Claudia comenzaba a sentir un agudo dolor pero pensó que iba a ser parecido cuando le dio por la vagina. Siguió presionando lentamente, estimulando sus partes, pero el dolor no pasaba, por el contrario aumentaba. Marco, quizás por la ansiedad pecó un poco de bruto y la intrujo muy rápido hasta un tercio. Claudia gritó brutalmente y saltó hacia adelante sacando todo lo avanzado. Se tomaba el trasero retorciéndose, quejándose bastante del dolor
-- Aaauuuuu…!!! -- gritaba Claudia con un poco de lágrimas
-- Sorry guapa, me pasé un poco, pero ahora lo hago con más cuidado…
-- Eres un imbécil, me has hecho daño, duele horrible, idiota… aaauuuuuu
-- Ya, no es para tanto, ven aquí y te consuelo…
-- No me toques imbécil, me largo, nunca debí venir, soy una hija de puta – decía ya consciente de todo
-- Vamos Claudia, no comiences de nuevo, ven a la cama.
Claudia ya no contestó, lo odiaba y se odiaba. Se apresuró en tomar su ropa y vestirse, quería salir de ahí lo más rápido posible. Mientras lo hacía, logró ver su celular en la cómoda de la habitación, la tomó apresuradamente y salió de ahí, dejando a un Marco con unas tremendas ganas y jodido por haber perdido la oportunidad.
En el camino mientras manejaba, Claudia lloraba desconsoladamente. Se maldecía continuamente, gritaba, se insultaba con todo lo que se le ocurría, golpeaba el volante continuamente. Deseaba estar muerta. “Eres una puta cobarde, ni siquiera tienes el valor de suicidarte”, “puta prostituta, deberías estar en las calles ofreciendo tus servicios, sólo para eso sirves puta” pensaba amargamente.
==================================
--…..
-- Eso… eso fue todo lo que pasó con él. Después me estuvo molestando en el club pero ya estaba totalmente consciente de toda la mierda que hice, me daba asco yo y me daba asco él. Por una calentura mandé todo al diablo. Si bien te lo oculté, tarde o temprano iba a explotar todo, de eso estoy segura, y no por la foto. Te debiste dar cuenta, sobre todo en el sexo, más en el último encuentro que tuvimos. Pero si bien tenía una culpa tremenda, te juro que lo hice también por puro deseo, te juro que disfruté como nunca, me sentí plena y satisfecha contigo, no necesito nada más. Igual... quiero que sepas que a pesar de haberte pedido que me des otra oportunidad, voy a entender perfectamente si te niegas, la verdad es que yo haría lo mismo, y si lo haces, por lo menos, no me evites por favor, al menos no al extremo de no poder verte nunca. Te juro que no voy a insistirte más, sólo una pequeña amistad, por favor...
-- Uffff Claudia, escuchar todo eso de tu boca fue mucho peor de lo que pensé, y de lo que vi... ahora compruebo que has dicho la verdad, pero no sé si eso es bueno o malo, creo que nada bueno se puede sacar de todo esto, de verdad que me dejaste muy jodido, y no sé si vuelva a verte con los mismos ojos, es muy difícil. Pero también debo ser sincero, este tiempo sólo, reflexioné, hice cosas... me enteré de cosas... no sé cómo las vayas a tomar, pero debo ser sincero.
-- No importa que hayas hecho, yo tengo toda la responsabilidad, sin importar lo que me digas...
-- Claudia, después de lo que te voy a contar, quizás ya no estés tan segura de querer volver conmigo...
Continuará...
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