La señora 3
Él ya conoce cada rincón de su cuerpo, pero esta noche Angela va a descubrir qué pasa cuando el placer supera el control. Un orgasmo tan violento que lo deja todo empapado, y una reacción que cambiará la dinámica de sus noches para siempre.
Interesante leer los 2 capítulos anteriores, para entender un poco como sigue la historia. Aunque también se puede degustar de forma independiente.
Después de aquel fin de semana en que tuvimos la primera cita, hubo muchos días más. Muchos, muchos más. Poco a poco, y de manera gradual, fuimos empezando a ser pareja. Sin buscarlo, íbamos planeando días, fines de semana, en los que queríamos estar juntos. Igual yo salía de trabajar un viernes, y no volvía a mi casa hasta el domingo bien entrada la noche…
O reservamos una casita rural, de la que, en todo el fin de semana, no salíamos ni a dar un paseo.
Ella, pasados varios meses, por fin fue Abuela. Así que su tiempo libre, se acorto de manera radical. Pero siempre encontrábamos un hueco para poder sancionarnos uno del otro.
Pasados casi 6 meses, nos considerábamos ya pareja formal. Decidí, dejar mi piso de alquiler, e irnos a vivir juntos. Total, ella su casa la tenía pagada, y así yo no gastaba en alquiler. Teníamos espacio de sobra, y sobre todo el poco tiempo que le dejaba el nieto, pues nos veíamos en casa.
En algunos entornos, fue difícil de entender, que me buscara una pareja tan mayor. Al igual que a ella, le recriminaban que estuviera saliendo con un Yogurin. Pero nosotros estábamos seguros del paso que habíamos dado, y estas cosas no hacían mas que juntarnos mas si cabe.
El tiempo fue pasando, y fuimos cogiendo una rutina, que me encantaba. Yo llegaba antes a casa que ella, ya que mi horario laboral era mas corto que el suyo. Solía avanzar la cena, para luego poder tener tiempo juntos.
La esperaba como dios me trajo al mundo. Ella según entraba, la ayudaba a quitarse la ropa del día, se ponía una bata de estar por casa, o la lencería que yo hubiera elegido y empezaba el juego.
Yo lo llamaba hacer el buda. Consistía, en que se sentaba en un sillón que teníamos en el salón, se dejaba abierta la bata, y por lo gorda que estaba parecía un buda rezando. De ahí el nombre.
La solía tener algo fresco preparado, y un cigarrito. Ella se lo encendía, y mientras se lo fumaba, yo le comía el coño.
Primero le relamía, todo el flujo y resto de orín del día entero. Cuando lo había dejado reluciente, pasaba a comérselo despacio, sin prisa. Adoraba aquella raja. Hacia un tiempo que ella por pudor, decidió depilárselo. El pubis, era bastante prominente, había cogido unos kilos, y es esta posición del buda, acababa casi cubierto en su totalidad por la barriga.
Ella desde que se lo comí por primera vez, se había vuelto adicta al cunnilingus. Y yo era un devorador nato, así que lo pasábamos en grande.
A veces, antes de la comida vaginal diaria, la daba un masaje en las piernas y pies. Pero normalmente en cuanto se sentaba, me acercaba a su coño, y llegaba el hedor del día entero, no podía resistirme, y se lo comía, hasta que se corría como la bestia que era.
Según terminábamos solíamos pasar a darnos una buena ducha. Me encantaba lavarla el cuerpo con jabón. Había días, que nos hacíamos unos juegos de manos allí mismo. Otras teníamos sexo, pero nos gustaba mas la comodidad de su cama a los dos, que estar follando en el plato de ducha.
Normalmente, por gusto y petición mía, (ya que yo le había hecho la limpieza vaginal), ella era la me montaba.
Salimos de la ducha, yo me tumbaba y ella, muy cumplida, se ponía a horcajadas, y se metía mi polla de un golpe.
La empezó a gustar, ese tipo de penetración bastante. Que el primer empujón fuera seco, duro y hasta el fondo. Y yo también lo adoraba.
En cuanto la tenia toda dentro, empezaba con un vaivén tranquilo. Siempre buscando su placer. A veces la agarraba de la barriga, y la iba zarandeando a mi antojo. Otras, que estaba mas cachonda me cabalgaba fuerte y rápido. Con el tiempo vimos que los pezones los tenía muy sensitivos. Si no la agarraba de la tripa, mientras follabamos, mi otro tratamiento era a aquellos pechos. Ella se los solía chupar y dejar mojados, para que mis dedos, escurrieran haciendo círculos.
Otros días que estaba mas pícaro, la daba pequeños tirones, o se los estrujaba. Cada vez le gustaba que fuera mas bestia con ellos.
Normalmente con esta cabalgada, solíamos corrernos los dos. No era capaz de aguantar esa sensación de tener, su peso, y verla follarme como un animal. Y así me corría,…
Después, nos tocaba cena, y ver un rato la tv. Incluso alguna noche, si andábamos más salidillos, repetíamos alguna jugada antes de irnos a dormir.
Ya habíamos hablado bastante sobre el sexo anal. Notaba como la estaba creando curiosidad en el tema.
A mí me encantaba, comer culo. Si hacíamos el “Buda”, siempre le limpiaba el ojete, de todo el día. Me encantaba el sabor y olor que generaba, notaba que esas lamidas empezaban a ponerla cachonda, por el charco de flujo que emanaba.
También me gustaba pedirla que se sentara en mi cara. Normalmente era cuando nos íbamos a acostar. No hacíamos el 69, directamente le pedía que me pusiera el coño en la cara. Sentirla encima mía, era una pasada. Ella también le había cogido gustillo, y a veces, jugaba a restregarme el coño, por toda ella. Otras me aplastaban con él, y solo podía comer y comer. A veces me cabalgaba la lengua, como si fuera una polla, hasta correrse. Acababa con flujo desde la frente a la barbilla.
Pero mi preferida era que se sentara, mirando hacia mis pies. Ahí podía empacharme de culo y ano. Primero se sentaba separada, y le iba pasando la lengua por los cachetes. después se arrimaba más, y dejaba caer todo su culazo contra mi cara. Yo separaba los cachetes como podía, y me tiraba un buen rato jugando con su esfínter. Cuando digo que le estaba creando curiosidad, el sexo anal, es porque mientras que me lo ponía en la cara, se empezaba a acariciar, y en pocos minutos, me dejaba el pecho empapado de las corridas que se pegaba.
Eso sí, hay no entraba el pelo de una gamba. Intentaba meterla la lengua dentro del ano, y era tarea imposible. Siempre lo tenia bien apretado.
Un día, decidí probar algo distinto. La esperaba desnudo como a diario, y junto al sillón deje un bote de lubricante. Y por fin llego ella.
-Hola cielo
-Hola cariño que tal el día?
-Bien, mucho lio en el curro. Pero bueno, vamos a relajarnos, deja que te ayude a quitarte la ropa.
Y empezamos nuestra rutina sexual. Primero le quite la camisa que llevaba. Aun después de tanto tiempo, siempre me impresionaba ver sus tetas en sujetador. Que hermosura. Poco a poco la iba quitando el resto de ropa, con besitos, caricias, y la bata preparada.
La acompañé, al sillón y le di su cigarro. La tenia preparada una copita de vino, para que fuera bebiendo y fumando.
Ella se sentó, con la bata entreabierta, y yo me limitaba a observarla fumar. Me acerqué y fui abriendo la bata. Primero deguste de los labios. Llevaba carmín rojo, y eso me ponía muy burro. después de los lengüetazos, unos tirones de pezón, que siempre calentaban el horno. Y ya me arrodillé frente a ella. Ella dio la última calada, se recostó y cerró los ojos. Fui mordisqueándola la barriga, y dándola algún lengüetazo. La aúpe, la tripa, y le pase la lengua, por toda esa zona que dejaba cubierta. Puedo decir que había sudado bastante, por el sabor agrio que percibí. Y de repente el bofetón. El bofetón de olor a coño sudado, y mojado.
Empecé poco a poco a limpiar las inglés, y los labios mayores. Sin prisa, fui calentando la zona, ya que hoy íbamos a avanzar en los temas anales, y quería que estuviera muy muy cachonda.
Baje a chupar el perineo, y baje poco a poco para empezar a comerle el culo. Del día, tenia un olor fuerte, pero no me importo.
Poco a poco lo fui relajándolo haciendo fuerza con la punta de la lengua. Parecía que Angela ese día estaba más relajada, y conseguía meterla un poquito. Con una mano, la fui rozando un poco el clítoris. No quería que se corriera.
Aproveche, y me unte en 2 dedos lubricante, y se lo restregué en el ojete. Ella no se quejó, miré hacia arriba, y la vi masajeándose los pechos. De momento todo iba bien.
Seguí comiéndola el culo, y esos dedos con lubricante se los metí en el coño. Los saque, y le chupe el flujo que había salido. Volví a empezar a restregar los dedos en el ano.
Poco a poco iba apretando uno de ellos, orandado y dilatando poco a poco. Era un agujero muy estrecho, y tenia que ir despacio.
Seguí masajeándolo, a la vez que le iba tocando el clítoris. Y poco a poco el ano se dilataba. Aproveché, el momento y metí la puntita del anular. Ella dio un respingo, pero no se quejó parecía dispuesta a experimentar.
Esa puntita la fui usando para seguir dilatando. Cuando me di cuenta tenia metido el dedo hasta el nudillo, y unos buenos chorros de flujo iban brotando de la vagina.
Así que no la torture más. Le metí 2 dedos en el coño, mirando hacia arriba para masajear el punto g, mientras tenia otro metido en el culo,
Yo estaba un poco separado, viendo las caras de gusto, que ella iba poniendo.
Primero la penetraba suave, pero ahora mismo, ya estaba metiéndole los dedos a toda pastilla.
De repente empezó con el calambrito, y yo seguí dándola todo lo fuerte que me dejaban sus muslos, y lo que le entraba.
Y de repente ocurrió.
No lo buscaba, pero paso.
Lo primero que la escuche entre gemidos, era un no no, perdón…no no perdón…
Y lo siguiente fue raro, pero lo recordamos con gracia.
Al correrse relajo tanto los músculos vaginales que al estar con 2 dedos en el punto G, y uno el culo, empezó a mearse sin poder controlarlo.
Unos fuertes chorros, empezaron a salir con rabia, impactando en mi cara.
Yo seguía con los dedos dentro de ella, y ella no podía parar de mear. Siguió meando chorros fuertes que me iban empapando entero, hasta que poco a poco según iba parando de correrse, y de vaciar la vejiga dio un soplido de gusto, y se sacó, los dedos de dentro de ella.
Cuando abrió los ojos, dice que la imagen erra terrible.
Tenia todo el torso empapado y cara y pelo igual.
–Qué vergüenza Luis. Lo siento. Quería que cuando tuviéramos la primera acción anal fuera un regalo y especial para los dos, y mira la que he liado.
-Vergüenza ninguna. Te he trabajado fuerte, y la meada al correrte ha salido sola. ¿Lo importante, es te ha gustado?
-Madre mía Luis, no se donde me has metido la mano, ni que zonas has tocado, pero jamás me había corrido así…No me ha dolido el culo, solo sentía sensaciones, pasión y placer mucho…tanto que me he meado del gusto.
-A parte de tener la primera experiencia anal, has hecho tu primera lluvia dorada, y yo la he recibido.
-Qué vergüenza, y un poco de asco no
-Mira Angela, ha sido divertido, y el calor de la meada en la cara, y el morbo de la situación me ha puesto cachondo perdido…vamos a tener que probarlo otro día tranquilamente, porque me ha encantado... y por lo que parece la prueba anal que te tenia para hoy la has pasado con nota…así que tenemos mucho que probar…
“Continuara”
Continúa en
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