Isabel, te follaba una y otra vez 4/12
Alba solo quería entregar las bebidas, pero no esperaba encontrar a la arrogante Isabel al borde del orgasmo con la puerta entreabierta. Carlos no solo la estaba follando, sino que había diseñado la escena para que ella escuchara cada gemido ahogado. Ahora, la recepcionista no puede dejar de pensar en lo que acaba de ver, mientras dentro de la habitación, Isabel aprende que su orgullo ya no tiene价
Carlos empujaba el consolador de Isabel con los dedos, a pulsos, ni muy rápido, ni muy lento. Quería que Isabel ronroneara, que gimiera delante de la tal Alba
-Tengan, aquí tienen el ron y el refresco que pidieron -la voz le temblaba un poco a Alba y siempre mantenía la mirada en los ojos de Carlos. Pareciera que no podía apartarla de ahí, aunque seguía lanzando rápidas miradas hacia Isabel.
Carlos aceleró la cadencia de las penetraciones del consolador. Isabel no pudo contenerse y dejó escapar un gemido e inmediatamente cerró la boca con fuerza. Alba la miró, las mejillas empezaban a ponérseles rojas del rubor. Isabel intentaba mantener la compostura como podía, intentaba ponerse recta y digna, pero al mismo tiempo se esforzaba por sacar más el culo para facilitar el trabajo de Carlos. Intentaba aparentar normalidad pero su cara era un poema de placer contenido. Y por encima de todo estaban los gemidos que había comenzado a ahogar como podía. Tenía los puños apretados y se clavaba las uñas en intentos de evitar gemir más y más fuerte. Isabel parecía a punto de explotar, y Carlos lo sabía.
-Coge los vasos -Carlos se dirigió a Isabel si mirarla a ella.
Isabel alargó las manos y las dejó ahí a la espera de que Alba le diese los vasos. La cara de Isabel estaba totalmente roja y la mano de Carlos se movía muy rápido detrás de ella. Isabel estaban haciendo mucho esfuerzo y se mordía el labio con ganas. Sus gemidos, aunque ahogados, eran imposible de pasar por alto, aunque los demás así lo hicieran. Isabel miraba a Alba con la mirada perdida y llena de vergüenza, nada del orgullo anterior existía ya.
Alba estaba congelada viendo a esa mujer que antes la había mirado siempre con tanto desdén, ahora estaba claramente al borde de un orgasmo. Y pareciera que fuese a correrse justo delante de ella. El hombre le dijo algo y ella salió de su parálisis y se fijó en que la rubia tenía los brazos tendidos hacia ella, esperando algo. Los vasos, claro, eso era. Alba le tendió los vasos con manos temblorosas. La rubia cogió los vasos con manos temblorosas y los apretó con mucha fuerza.
De repente la rubia se tensó mucho. Comenzó a tener pequeños espasmos y dejó escapar dos, tres, cuatro y hasta cinco gemidos, cada uno más fuerte que el anterior. Todos ellos con la boca fuertemente cerrada. Los ojos los puso en blanco mientras una sonrisa se dibujaba en su boca. Alba se quedó petrificada viendo el espectáculo, tenía la boca abierta y la respiración y las pulsaciones se le dispararon. El hombre agarró con el brazo izquierdo a la mujer, que se apoyó en él para no caer al suelo. Cuando pareció recuperarse un poco y sus ojos dejaron de estar en blanco, miró a Alba y entonó una sonrisa distinta, una de satisfacción y superioridad. El hombre la apartó suavemente guiándola tras la puerta, y se escuchó claramente como ella se dejaba caer contra la pared de espaldas y cómo se deslizaba hasta el suelo. ¿Acababa de correrse esa mujer delante de ella?
-Ey. Hola. Hola, hola.
El hombre le estaba hablando, tenía una sonrisa simpática en la cara. Era como si no acabase de masturbar a la mujer delante de ella hasta que se corriese. Tenía una sonrisa agradable y parecía muy sincera, casi hizo que Alba se tranquilizara con aquella situación. Aquel hombre con el torso desnudo le tendía una mano mientras decía algo, algo que escuchaba pero no oía. Miró a la mano de él y siguió con la mirada a dónde estaba apuntando. Las bebidas. Claro, las bebidas.
-Eh… sí. Perd-disculpe.
-Nada, tranquila.
-Aquí tiene sus bebidas -la sonrisa tan tranquila y alegre con que le hablaba la confundía aún más que todo lo vivido. Aún así, no podía negar que le agradaba esa sonrisa. Le hacía parecer bastante simpático-. Tome -tenía la boca seca… y los ojos secos, parpadeaba muy rápido… sin embargo tenía las manos húmedas muy húmedas, tenía que agarrar muy fuerte las botellas para que no les resbalasen.
Muchas gracias -Carlos agarró las botellas que le tendía la recepcionista. Se la notaba nerviosa, bastante nerviosa. Quería retirar la mirada y huírsela, pero era como si no pudiese dejar de mirarle. Parecía atrapada y eso le divertía. Estaba claramente excitada y alterada, las mejillas rojas y la boca seca, tragaba saliva a cada momento y parpadeaba muchísimo. Le hacía gracia la situación, así que sonreía divertido; la incomprensión que a ella le causaba su tranquilidad en aquella situación tan excitante parecía confundirla mucho, y eso le gustaba y divertía.
Los dedos de Alba y Carlos se rozaron y ella dio un pequeño respingo, sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo que se originó en sus dedos. El corazón le martilleaba en las sienes y sentía calor. No paraba de cambiar el peso del cuerpo de una pierna a otra. Se quedaron en silencio mirándose por un tiempo demasiado largo, ella no sabía qué decir y él estaba esperando a que ella hablase porque sabía que no podía hacerlo. Era un cabrón retorcido. Un suave gemido tras la puerta espabiló a Alba, debía ser la mujer rubia. Aquello era demasiado ya, debía marcharse y no sabía si sus piernas le dejarían moverse.
-Bu-buenas noches, caballero -intentó ser lo más formal que pudo para poner distancia entre ambos-. Si no necesita nada más, me marcho -no hizo ninguna pausa tras decir esto, no quería que le pidiese nada, hablaba por mero protocolo-. Que pasen una agradable velada -se giró y agarró la barra del carrito para empezar a moverse, pero él le habló antes de que diese un solo paso.
-Ey, sí. Una cosilla, Alba.
¿Por qué la llamaba por su nombre? Maldita chapita identificativa. Maldita rubia. Zorra estirada… ¿Por qué arremetía contra ella?
-He pedido un paquete para que me lo envíen. Está a mi nombre: Carlos. No sé a que hora llegará, ni si ha llegado ya. Si no lo ha hecho, llegará de aquí a un rato. ¿Me lo puedes traer aquí cuando llegue, por favor?
-Emm… ¿un paquete? S-sí. No debería haber ningún problema. Se lo enviaré a esta habitación -su respuesta fue robótica, casi automática. Ciertamente la petición la había dejado totalmente fuera de juego. Ese hombre la dejaba fuera de juego.
-Muchísimas gracias, Alba. Eres muy amable -le dedicó una de sus mejores sonrisas y dio un paso hacia atrás entrando en su habitación. Se quedó quieto un momento y cuando Alba comenzó a moverse, el cerró la puerta. No si antes despedirse de ella-. Hasta luego.
La puerta se cerró y Alba pudo escuchar perfectamente al hombre decir <<bueno, a reponer fluidos, ¿eh? Aún queda noche por delante y hará falta combustible. Ja>>. ¿Lo había dicho a ese tono a propósito para que ella le oyese? No lo sabía, no sabía qué pensar. Llamó al ascensor, espera, ¿por qué el ascensor no estaba en esa planta? ¿Por qué el ascensor nunca está cuando más necesitas que esté? Escuchó un golpe contra la puerta de la habitación de aquellos dos y miró hacia allí sin pensar, estaba cerrada la puerta. Había sonado como si alguien hubiese sido empujado contra la puerta. <<Ahhh, joder>>. Se escuchaba a la mujer rubia gemir tras la puerta y entre golpes a la misma. Debían estar follando otra vez, ella contra la puerta. Alba se llevó el dedo índice a la boca y lo mordió mientras miraba sorprendida y con los ojos brillantes a la puerta. El ascensor abrió las puertas y ella entró con el oído aguzado sin dejar de oír los gemidos que salían de aquella puerta.
Cuando Carlos escuchó que el ascensor llegó, esperó unos segundos más y paró de penetrar a Isabel. Calculó que ya se habrían cerrado las puertas y estaría bajando. Nada más cerrar la puerta de la habitación había agarrado a Isabel por las axilas y la había empotrado contra la puerta, le subió la falda de la bata con impaciencia, el tiempo era oro, le bajó las bragas de un jalón y le sacó el consolador de un solo movimiento para intercambiarlo por su polla. A Isabel esa intrusión violenta no pareció agradarle del todo. Había sido muy brusco y se sintió un poco mal por ello pero no parecía que le hubiese hecho daño. Debía actuar rápido, no sabía el tiempo que tardaría Alba en abandonar la planta, quería que escuchara a Isabel gemir y gemir, quería que supiese que estaban follando, que no le cupiese duda alguna. En cuanto escuchó la puerta del ascensor cerrarse y calculó que ya se había cerrado, dejó ir a Isabel, que se derrumbó sobre el suelo de rodillas.
-¿Siempre has sido tan guarra, o sólo lo eres esta noche?
-¿Qué dices?
-Estabas dándote placer con el consolador mientras hablaba con la pelirroja guapa. ¿No te ha bastado con correrte delante de ella? Eres una guarra, tía -una sonrisa volvía a la cara de Carlos, esa sonrisa.
-Eres un cabronazo. ¿Cómo has podido hacerme eso? Qué vergüenza he pasado…
Isabel se había girado y mitad sentada mitad arrodillada apoyada en la puerta, la bata estaba abierta, el nudo apenas existía; debía haberse soltado cuando Carlos la levantó y empotró contra la puerta. La bata no ocultaba nada ahora, los pechos de ella eran visibles y se veían brillantes por la saliva, su coño se veía brillante también, aunque no por la saliva. Su pecho se hinchaba y vaciaba a cierta velocidad. Quería poner cara de enfado, de indignación, quería mostrar a Carlos que no le había gustado que la hubiese masturbado en público, pero su subconsciente era más sincero que su orgullo y en cuando Carlos se acercó dejando su polla a su alcance, ella la miró y la agarró con la mano para comenzar a masajearla.
-¿Vergüenza? Yo creo que te has corrido como nunca. O casi. Si no te hubieses contenido y te hubieses permitido gritar y jalear tu orgasmo, entonces sí que habría sido como nunca. Pero bueno -avanzó un poco más hacia ella chocando su polla contra sus labios. Ella simplemente los abrió y se metió la polla en la boca-. Soy un cabronazo sí, un cabronazo al que le estas chupando la polla. Un cabronazo que estás deseando que te folle como no lo hace el cornudo de tu marido porque tu orgullo y tu <<vergüenza>> no se lo permiten. A ver si a partir de mañana dejas esas tonterías. A ver si te las quito a base de pollazos, joder.
Se agachó y le desabrochó el nudo del cinturón, tiró del mismo y lo separó de la bata quedando con aquella cinta en la mano. La agarró con ambas manos y tiró de la cinta un par de veces para comprobar su resistencia.
-Si yo soy un cabrón, tú eres una perra.
Isabel paró de chupar al ver la cara que ponía Carlos, tenía una sonrisa que no auspiciaba nada bueno. De repente le entraron muchas dudas. Él se acuclilló frente a ella y le pasó la cinta alrededor del cuello, hizo un nudo y apretó un poco. Le había puesto una correa. Eso la enfadó. ¿Cómo se atrevía? ¿Quién se creía que era ella? No era una cualquiera, no era una perra. Se llevó las manos a la correa para quitársela.
-Ni se te ocurra.
Se quedó quieta tras oír la autoridad con que le había hablado. No había gritado, ni siquiera había alzado la voz. No había enfado en su tono, ni siquiera había tono, era plano. Pero no pudo rebelarse contra sus palabras. No reconocía a ese Carlos. Él siempre había sido muy tranquilo y siempre le había hecho caso en todo cuanto le pedía. Siempre tenía cara de aburrido, de que todo le aburría y ahora… ahora parecía divertido, aunque no siempre, a veces volvía esa cara de aburrimiento que siempre solía tener. ¿Cómo había cambiado tanto? ¿Había cambiado siquiera?
-Vamos -dio un tironcito de la correa improvisada-. Coge tu juguete y vamos.
Isabel comprendió que se refería al consolador, que estaba tirado de cualquier manera sobre el suelo. Lo cogió con la mano derecha. Estaba húmedo y caliente aún. Eran su humedad y su calor lo que sentía. En seguida sintió un pico de excitación, no lo pudo evitar. Carlos echó a andar sin darle tiempo a ella a levantarse por lo que tuvo que gatear como buenamente pudo para seguir el ritmo de él. Intentaba levantarse cómo podía pero caminaba muy rápido y la correa estaba tensa, por lo que volvía a cuatro patas. Su orgullo aún no estaba domado. Así llegaron hasta la cama. Ella se sentó en la cama y él se fue a por los vasos, el hielo y las bebidas.
Carlos preparó y sirvió las copas frete a la atenta mirada de Isabel. Una cargada para él y otra más ligera para ella. Le dio la copa y bebieron un par de sorbos, solo que los sorbos de él eran considerablemente superiores a los de ella y se bebió la mitad de la copa. Isabel estaba callada, curiosamente callada, no era algo típico en ella. Seguía a Carlos con la mirada a cada movimiento que éste hacía, esperaba. Esperaba, ¿qué? ¿Una orden? Estaba sentada con las piernas cruzadas, las bragas estaban tiradas en el suelo, a sus pies, la bata abierta dejando ver la desnudez tras la tela, la correa pendía aún de su cuello.
La miró fijamente -Quítate la bata, anda.
Ella miró a los lados buscando dónde dejar la copa cerca y que no fuese a caerse ni derramarse, se acabó levantando y dejándola sobre la mesita de noche. Se giró y vio que Carlos se había quitado los pantalones nuevamente, volvía a estar desnudo y su polla estaba morcillona. Echó los hombros hacia atrás y dejó que la suave tela resbalase silenciosa por su piel hasta caer tras de ella y quedar nuevamente desnuda a falta de la correa que ahora adornaba su cuello. Carlos cogió su copa del suelo y se subió a la cama para sentarse con la espalda apoyada en el cabecero de la cama.
-Bueno, no estoy empalmado. Vaya, parece que no me divierto lo suficiente. ¿Qué se te ocurre hacer para solucionar eso?
-Mmmm, puesss… -ella miró hacia donde él miraba, hacia donde le indicaba con su mirada. Era el consolador. Lo entendió rápido.
Isabel hizo ademán de subirse a la cama y él la detuvo chistándola.
-No, no, no. Tendrás que hacerlo a cuatro patas.
La mirada que le lanzó Isabel podría haber matado a alguien, pero él no solo no se inmutó sino que se divirtió- No pienso hacerlo, de qué vas.
-Silencio.
Ella se calló.
-Vaya, se ve que aún tengo que enseñarte modales- se incorporó de la cama y se acercó a ella. Agarró la cinta-correa y tiró de ella con delicada firmeza obligándola a subirse a la cama tras de él.- Venga, guapa. Coge el juguetito y diviérteme con él. Diviértete tú.
Ella cogió el juguetito. Estaba cachonda y no podía negarlo. Quería metérselo y eso tampoco podía negarlo. Quería follar con él. Y aunque no terminase de comprenderlo, parecía que gustaba que le hablase así. Algo dentro de ella la hizo sonreír pícaramente al mirar a la polla de goma que tenía en la mano, luego miró a Carlos a los ojos y mantuvo esa sonrisa. Se sentó frente a él y se acomodó con las piernas abiertas dando una buena visual de su sexo. Carlos le lanzó un cojín y ella lo acomodó en su espalda para quedar un poco más cómoda, y entonces se llevó el consolador a su vagina. Lo restregó arriba y abajo varias veces y lo dejó quieto con la punta besando la entrada. Fue introduciéndolo poco a poco, se paraba y lo sacaba. Volvía a introducirlo poco a poco hasta meter más que antes y volvía a sacarlo entero. Siguió haciendo eso hasta que la polla quedó enterrada hasta los huevos. Empezó un lento mete y saca. Echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un suspiro mientras se amaba a sí misma. Carlos lo observaba todo con la copa en la mano, su polla había vuelto a levantar cabeza y se agitaba dura con cada palpitación. Aquello era todo un espectáculo que ver, Isabel se había recostado sobre la cama y se movía y contorsionaba mientras se taladraba a sí misma con el juguete sexual, gemía y gemía para sí misma y para él, se chupaba los dedos y se apretaba y humedecía los pezones.
Carlos agarró el extremo de la correa de ella y fue tirando hasta tensarla. Ella al notar los tirones fue moviéndose de mala gana en la dirección que le permitía el cinto. Sin descuidar su vagina fue moviéndose hasta quedar tumbada con la cabeza apoyada en la pierna izquierda de él, con la polla y los huevos de él al alcance. No se lo pensó dos veces y empezó a llenarle los huevos de saliva. Ella permanecía tumbada de lado, con la pierna izquierda trazando un ángulo recto con su pierna derecha que hacía de soporte para mantener la postura. Su mano derecha era usada para masturbarse con el juguete y la izquierda la alternaba en magrear la polla y sus tetas alternativamente. Carlos se estiró e intercambió su copa por la de ella y luego tiró de la correa de seda para atraer a Isabel a él. Se miraron a los ojos.
-¿Qué?
-Bebe un poquito, que tendrás sed después de tanta saliva invertida en dejarme la polla bien limpia -le acercó la copa a los labios y la fue inclinando para que ella bebiese.
-¿Me quieres emborrachar?
-¿Acaso no lo estás ya?
-Qué cabrón eres.
-¿Sí? -Dio un tirón de la correa y atrajo hacia sí aún más hasta quedar sus caras juntas, apenas tocándose-. Vamos a ver si puedo serlo más. Toma -le tendió la copa-, bébetela entera. Si se te derrama algo te castigo.
-¿Eh? Per-AHHH.
Carlos había alargado la mano y había cogido el extremo del consolador. Ahora era él quien controlaba la follada de la polla de goma y lo hacía bastante más rápido de lo que ella había estado haciendo. Isabel había comenzado a gemir con ganas y estuvo a punto de dejar caer el vaso por la sorpresa.
-Tienes un minuto para beberte el cubata, o te castigaré.
-Ahh, jooooderrrrr. Ca-cabbró-ooon. Ohhhhh, jodeeeeer.
Isabel se echó como pudo hacia delante en la cama para apoyarse contra el respaldar de la cama y ganar así algo de estabilidad. Carlos se movió más hacia los pies de la cama, agarró la pierna izquierda de ella con su mano izquierda y con la derecha seguía martilleando el coño con el falo de goma. La rubia se había olvidado de su tarea de beber la copa y el tiempo corría en su contra. Mantenía un fuerte agarre sobre el vaso y no paraba de gemir con los ojos cerrados con fuerza, pero no bebía de la copa.
-Se te acaba el tiempo, perra.
Isabel abrió los ojos y miró a Carlos primero y luego a la copa. Carlos la miraba serio, le copa estaba fría en su mano, y su coño estaba caliente alrededor del consolador. Se llevó el vaso a los labios y entonces Carlos incrementó el ritmo del mete y saca haciendo que no pudiese beber nada. Cuando se alejó el vaso de la boca, el ritmo con que la follaba se redujo.
-Tic tac.
Isabel volvió a intentar llevarse la copa a los labios y él volvió a aumentar el ritmo hasta que no pudo soportarlo más y volvió a alejar la copa. Tenía la respiración muy agitada, se avecinaba un orgasmo.
-Córrete antes de que pase el minuto, y te castigo.
-¿Qué? Venga ya. Ahhh… No puedo evitar eso… Mmmm.
-Te queda medio minuto. A beber.
Isabel se retorcía de placer, con la mano que tenía libre se agarraba a todo lo que tuviese a mano y apretaba con fuerza. Gemía con ganas y cerraba los ojos con fuerza, lágrimas de placer volvían a correr por sus mejillas. Su rostro esbozó lo más parecido a un semblante serio que pudo componer, resultó en una mezcla de placer y algo se seriedad, quedaba cómicamente erótico. Hizo un tercer intento de beber de la copa y de nuevo la intensidad de la follada aumentó. Contuvo sus gemidos y sus movimientos tanto como pudo y se pegó la copa a los labios con fuerza. Carlos redujo un poco el ritmo, no quería que se hiciese daño con el vaso estando tan fuertemente apretado a su cara. Isabel aprovechó el huevo para beber. Lo hacía muy lentamente, los sorbos eran ínfimos, y sólo conseguía dar uno tras tomar aire y tras lanzar un par de gemidos.
-Quince segundos.
Le miró con cara de súplica. Puso la mayor cara de corderito degollado que él jamás hubiese visto en su vida, peor no bastaba para ablandarle. Isabel se apresuró a beber cuanto pudo y tan rápido como le era posible. Carlos se movió en la cama y apoyó la pierna izquierda de ella contra su hombro derecho liberando su mano izquierda, la usó para masturbar el clítoris de ella. Sabía que la tenía a punto y eso fue el empujón final. Isabel abrió los ojos todo lo que pudo, la boca vocalizó una O silenciosa, cerró los ojos con fuerza y tensó su cuerpo, las venas del cuello y frente se hincharon cuanto eran capaces; intentó dejar el vaso en la mesita pero no alcanzaba, al final el vaso salió volando en un espasmo y llegaría a algún lugar de la habitación chorreando de camino la cama y a ambos ocupantes. Una mano la apoyó en la cama y arrugo la colcha al agarrarla con todas sus fuerzas y con la otra agarró con fuerza la muñera que torturaba su clítoris. Al fin su boca emitió sonido y pasó del orgasmo silencioso al ruidoso.
Isabel gritó un <> y tensó la espalda hasta curvarla. Carlos tuvo que sujetarla con la mano izquierda dejando desatendido el clítoris pero sin bajar la velocidad de la mano derecha. Isabel gritaba y se deshacía en un orgasmo fortísimo, tanto que ni siquiera cogía aire, solo gritaba y gemía vaciando todo el aire que tenía en los pulmones. Cuando se quedó sin aire se dejó caer de costado en la cama mientras el orgasmo se prolongaba ayudado por Carlos. Con la cara congestionada y los ojos abiertos con la mirada perdida tomó una bocanada de aire enorme sólo para poder lanzar sendos gemidos mientras volvía a vaciar los pulmones. Carlos fue bajando el ritmo hasta dejar la mano quieta. Retiró la mano de la polla de goma y se quedó disfrutando de la visión de esa mujer recostada de costado, medio hecha un ovillo y teniendo espasmos fruto del orgasmo que acababa de tener. Le dolía la polla, le demandaba atención, así que se comenzó a masturbar mientras recogía su propia copa y bebía tranquilamente disfrutando de ver a Isabel disfrutar de los últimos retazos de su orgasmo.
La mujer volvió en sí con una sonrisa en los labios, tenía cara de agotamiento. El orgasmo le había robado las fuerzas según parecía. Carlos tiró de la correa sin importarle esto, prácticamente la levanto de la cama él sólo pues ella no hizo mucho esfuerzo. La correa se cerró sobre su cuello dificultando la respiración y haciendo que empezase a congestionársele la cara y tosiese.
-No debías derramar nada. Y mira cómo lo has puesto todo -tiró un poco más cerrando más la correa-. Tenías que beberte la copa. Y ahora está derramada por todos lados -un segundo tirón-. No tenías que correrte. Y mírate, creo que has encadenado dos orgasmos -Carlos soltó una carcajada. Se agachó para quedar a su altura y la agarró por el cuello, apretando lo justo para que pudiese respirar pero que fuese costoso. Con la otra mano le dio una bofetada, más bien fue una palmada en la cara, no dolía, se sentía.- Parece ser que tendré que castigarte, ¿eh? -bofetada-. ¿Perra? -le dio otra bofetada, cada una más sonora que la anterior, pero igual de indoloras.
La agarró del pelo y le hizo darse la vuelta hasta darle la espalda, entonces la empujó hacia delante para que cayese sobre la cama quedando ella a cuatro patas. Ella levantó el culo hacia él y él la agarró por la cabeza y la empujó contra la cama quedando su culo aún más alto ahora. Carlos mantenía la cabeza de Isabel bien sujeta contra la cama, ella agarró la muñeca de él e hizo fuerza para liberarse, no parecía gustarle estar así. Carlos hizo caso omiso a esto y simplemente se colocó tras de ella. Apuntó la punta de su polla y la apoyó, ella dejó de mover su culo pero siguió intentando liberar su cabeza. Una sonora cachetada sonó en la habitación. La nalga de Isabel se puso roja de inmediato, ella soltó un grito de sorpresa y enseño los dientes, tenía la mandíbula apretada. Aun así no dijo nada. Carlos volvía a ignorar esto. Otro azote más, igual de sonoro, luego otro y otro más.
-Ahhh. Joder, para. Que duele.
-Al fin hablas. Pero las perras no hablan, ladran. Y ya te dije que tendría que castigarte.
Con su mano libre atrapó la muñeca libre de ella y forcejeando consiguió atrapar la otra muñeca también y las retuvo quedando ella con las manos a la espalda y la cabeza contra la cama.
-Suéltame cabró… -no terminó el insulto, lanzó un gemido al sentir cómo una polla dura y caliente se abría camino entre sus carnes.
Esta vez las penetraciones eran fuertes, Carlos la penetraba con ganas y no la dejaba hablar. Sujetaba con fuerza las muñecas a la espalda y le mantenía la cabeza a aplastada contra la cama. Isabel no podía quejarse, ni insultarle por mucho que le molestase el que la inmovilizara de aquella forma, y le molestaba. Siguió empotrando y azotando a Isabel unos minutos más hasta que creyó que la había ablandado lo suficiente. En cuanto paró y ella pudo hablar en vez de gemir, habló.
-Hijo de puta, suéltame -estaba enfadada, pero lo estaba por el hecho de que le hubiesen quitado la movilidad habiendo quedado a merced de él. El que él la estuviese follando le parecía estupendo. Tan sólo quería sentirse libre para poder intentar tomar el control.
Sin decir nada Carlos cambió la postura y pasó de estar de rodillas a estar con los pies sobre la cama y en postura de sentadilla sobre ella y aún dentro de ella. Su respuesta fueron nuevos y profundos pollazos que ella no tuvo más remedio que recibir entre gemidos de júbilo y cara de odio.
-Que me sueltes, joder. Ohhhh -recibió un fuerte caderazo que le enterró la polla más profunda que nunca-. Cabrón me vas a matar. Ah. ¡AHH! -Ese último fue fuerte, había estado en la frontera entre el placer y el dolor.
-Quieres que te suelte pero estás encantada. Óyete gemir. Y mira, fíjate cómo mueves tú sola el culo para empalarte. Yo estoy quieto ahora mismo y eres tú la que se está moviendo.
Y así era. Era ella quien movía las caderas para que las penetraciones no pararan.
-¿Qué, no dices nada a eso?
-Cállate -su voz sonaba débil.
-Vaya, que me calle. Esa no me parece forma de tratarme. Tendrás que hacerlo con más respeto a partir de ahora si quieres que te siga follando.
Le dio unos cuantos azotes más a su enrojecido y grandioso culo, recibiéndolos ella con gemidos entre dientes y placer que no estaba dispuesta a admitir por orgullo. Salió de ella quedando su coño abierto, había quedado un agujero del diámetro de la polla que había albergado. Era una de las visiones más bonitas que puede haber. La agarró del pelo e hizo que quedase tumbada y estirada sobre la cama, ella se revolvió al verse más libre pero él se sentó sobre sus lumbares para inmovilizarla.
-Hijo de puta, suéltame. Te vas a enterar cuando me sueltes cabronazo.
Carlos cogió el consolador y se lo metió en el coño a ella, acallando una vez más sus quejas e insultos y gimiendo.
-Mucho hablar, pero bien que te deshaces en gemidos cuando te toco -rio tras decirle eso, acentuando la humillación que ella sentía-. Te voy a quitar esto -con la mano libre forcejeó con el nudo del cinturón de seda que tenía atado al cuello a modo de correa y lo soltó-. Bueno, ahora viene lo difícil.
Soltó las muñecas de Isabel y ella apoyó las manos en la cama e hizo fuerza inútilmente para intentar escapar de Carlos. Estos intentos divirtieron a Carlos y enrabietaron aún más a Isabel.
-Te odio cabrón. Como me sueltes ya verás.
-Entonces no te soltaré -rio-. Estás muy adorable ahora mismo -siguió riendo y se inclinó para darle un beso en el hombro.
Aunque no fuese a admitirlo, se sintió halagada por sus palabras. Siguió intentando escaparse. Giró su cabeza para ver qué hacía ese cabrón, seguro que estaba divirtiéndose de tenerla así; estaba haciendo un nudo a la correa de seda, un nudo corredizo.
-Vaya, esta correíta de seda es bastante resistente. La seda no suele ser tan buena para estas cosas. Veamos si es capaz de contener tu orgullo y domarlo -rio ante el creciente enfado de ella.
Agarró una muñeca y se la colocó con cuidado sobre la espalda. Ella hacía fuerza para liberarse y tenía que doblarle el brazo con tacto para no hacerle daño. El segundo brazo fue más difícil. Tenía que mantener el primero sujeto y necesitaba ambos brazos para doblarle el brazo tras la espalda sin hacerle daño. Se echó hacia delante hasta apoyar su pecho contra el brazo en la espalda de ella, se había tumbado sobre ella. Y eso le dio una idea. Con buena parte de su peso sobre ella para inmovilizarla metió una mano entre ambos y extrajo el consolador de dentro de su coño. Se movió como pudo y comenzó a penetrarla. Ella se esforzaba por ponerle cara de enfado, sin embargo, no era capaz de contenerse y comenzaba a reflejar el placer que sentía. Con la fiera más amansada ahora que volvían a estar conectados por los genitales agarró el brazo libre de ella y lo dobló con cuidado hasta juntarlo con el otro brazo, ella seguía resistiéndose, pero cada vez gemía de una forma más sumisa, ronroneaba más y bufaba menos. Ahora necesitaba hueco para maniobrar sobre ella y el estar tumbado sobre ella no ayudaba así que fue moviéndose con cuidado de no soltar sus brazos y consiguió quedar sentado sobre sus muslos con la polla aún dentro de ella. Era una postura incómoda para él, pero bueno, ella tampoco estaba hiper cómoda, un poco de justicia divina ¿quizás?
Con la cinta de seda comenzó a atar los antebrazos de Isabel para que quedasen juntos. Su intención era que los brazos de ella quedasen sujetos no por las muñecas, sino que quedasen con las manos en los codos del brazo contrario. Para ello primero ató los brazos por los antebrazos y luego hizo un lazo mayor que iba justo por encima de los codos e impedía que los brazos se movieran y que el nudo de los antebrazos se moviese hasta las muñecas. No apretó ningún nudo mucho, lo justo para que estuviesen bien sujetos, pero no lo suficiente para dejar marca, o hacer daño. Le sobraba aún cinta, la parte del nudo. No tenía suficiente sobrante para pasar el nudo por la cabeza. Tendría que deshacerlo y rehacerlo tras parar la cinta por el cuello.
Ella se mantenía callada y gimiendo suavemente, parecía que le gustaba el ser sometida. Aunque ya se vería cómo intentaría revelarse, porque lo haría. Cuando comenzó a pasarle el cinturón alrededor del cuello ella se comenzó a revolver, como si se hubiese acordado que tenía que hacer exactamente eso mismo. Le puso algo de dificultad, pero pasó el cinturón alrededor del cuello sin problemas. Tomó la medida del contorno del cuello e hizo un nudo en la cinta para marcar cuánta cinta era necesaria para rodear el cuello, ese nudo actuaría como tope para el nudo corredizo que hizo después. Apretó bien el nudo corredizo para que el collar se abriere y cerrase con dificultad sobre el cuello de ella y comprobó que su solución valía como medida de seguridad y así era; ahora el collar de seda se apretaba lo justo para dificultar el respirar, pero no iba más allá, aun así estaría siempre atento para evitar tener sustos.
-Fíjate qué calladita te has quedado, ha sido ponerte el collar y en seguida has dejado de ladrar. Ja.
Isabel se mantuvo callada y con la mirada baja, había cierta ira en sus ojos pero no se quejó ni respondió a las provocaciones. La correa parecía amansarla tal y como decía Carlos.
Jm, tengo que darle alguna palabra de seguridad. A ver qué se me ocurre. Je, creo que tengo algo que valdrá.
Carlos se bajó de la cama dejando a la mujer tumbada boca abajo sobre la cama. Ella fue moviéndose y girándose hasta quedar sentada al borde de la cama, así era capaz de mirar qué hacía él. Él estaba buscando algo cerca del baño, su móvil, el que lanzó cuando follaba con él mientras hablaba con su marido. ¿Qué cojones iba a hacer ahora? Sintió un hormigueo en la entrepierna y empezó a rozar los muslos con suavidad mientras veía a Carlos volver con ella, con la polla dura botando a cada paso. Se fijó más en la polla que en el móvil que llevaba en la mano, le atrapaba la mirada. Carlos se detuvo frente a ella, siempre solía hacerlo dejando su polla cerca, o al alcance de ella, en esta ocasión de su boca. Ella le miró un momento y luego bajó la mirada de nuevo hasta la polla. Él no hizo nada, sólo se quedó quieto y ella se dejó caer desde la cama hasta el suelo quedando de rodillas donde simplemente abrió la boca y comenzó a chupar con suavidad.
-Ufff. Pero qué servicial te has vuelto de repente -lanzó el móvil de ella a la cama-. Escúchame, perra -ella alzó la vista sin dejar de chupar-. Si a partir de ahora quieres parar, tendrás que decir: <>. Y me pararé. Pero tras eso tendrás que decir: <>.
-¿Q-qué?
-Pues eso. Dices: <> si no puedes seguir, si te duele, si te molesta, si quieres parar, si quieres beber agua, lo que sea; y pararé. Pero si después de parar no dices <>, volveré a empezar. Hasta que me digas <> otra vez, claro.
-Pero, ¿cómo voy a decir eso?
-Y si no puedes hablar porque tengas la boca llena, o yo que sé, no puedas hablar, mueve la cabeza negando y di: <<mmm, mmm>>, así, con tono de negación.
No parecía muy contenta con los arreglos, pero tampoco lo suficientemente disgustada para negarlos. Estaba al borde, habría que intentar alejarla de ese borde.
-¿Entendido?
Ella le respondió con un gruñido.
-Si no dices que no, lo interpretaré como un sí.
Otro gruñido como respuesta. Qué cabrona es, terca como una mula.
-Eres terca como una mula. Pero esta noche serás mi yegua -la miró a los ojos y rio de aquella forma que había hecho otras veces antes, con cierta malicia.
Ella le seguía mirando desde abajo con ira mientras él reía. Carlos la agarró por la nuca y le estampó la polla en la cara quedando su nariz justo donde se conectan huevos y polla. El ojo derecho de ella seguía mirándolo con ira mientras que el izquierdo quedaba tapado por la polla. No pasó tiempo hasta que Carlos sintió una lengua recorrer su escroto y comenzar a jugar con sus huevos, no obstante, la mirada continuaba ahí, y eso le divertía y le ponía.
Relatos similares
- Dominación
Cuarentena- El desenlace I
No es solo sexo, es propiedad. Él decide quién se desnuda, quién se expone y quién sufre. Este fin de semana, la línea entre la privacidad y la…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaExhibicionismo accidental
- Dominación
Por usar bragas con dibujitos
Él lleva sus bragas infantiles en la muñeca mientras ella se expone desnuda al mundo. La vergüenza la consume, pero es solo el preludio de lo que él…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaExhibicionismo accidental
- Dominación
Esmeralda , una cerda necesitada de Amo (6)
Sergio no solo la posee en la oscuridad; la exhibe bajo la luz pública. Esmeralda debe caminar descalza, con el cuerpo marcado y mojado, mientras él…
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaExhibicionismo accidental
- Sadomaso
Torturando por una apuesta
María dejó los hábitos por él, pero su verdadera naturaleza salvaje solo despierta cuando las cadenas se cierran.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaFetichismo corporal
- Dominación
Mi pareja, su hija y la nuera ii
La casa de Merche ya no es solo su hogar; es el escenario de un juego donde las reglas las dicta él.
Comparte:Bdsm plenoDominacion masculinaHeterosexual general
- Dominación
La zorrita en el baño del centro comercial
El espejo del baño público no solo refleja su rostro, sino su sumisión más oscura. Cuando una desconocida descubre su secreto, la escena se…
Comparte:Bdsm plenoExhibicionismo accidentalHeterosexual general