Xtories

Me resigné por no perderla 5

Lleva años compartiendo cama con un hombre que ya no la excita, pero su cuerpo sigue respondiendo a otros. Esta noche, la tentación de la discoteca y la mirada de un desconocido la llevan a cruzar una línea que no sabía que existía.

unpluged11K vistas7.6· 15 votos

Había dejado de tener interés sexual por mi marido. La convivencia con Daniel no era mala, pero nuestra relación se estaba convirtiendo en eso, convivencia entre dos personas que se tienen cariño, se quieren pero han perdido el deseo, bueno, al menos en mi caso, porque Daniel insistía una y otra vez, y cada vez se sentía más afectado por mis negativas.

No es que yo quisiera hacerle daño conscientemente, pero tampoco iba a dejar que usara mi cuerpo para desahogarse si a mí no me apetecía.

El caso es que mi libido solo la había perdido con él. Mi coño seguía humedeciéndose cuando estábamos viendo alguna película en la que salía alguna escena de sexo, me seguía apeteciendo masturbarme.

En muchas ocasiones, aprovechando que estaba sola en casa, me desnudaba y me tumbaba en la cama boca abajo, poniendo entre mis piernas la almohada y con la mano presionando suavemente mi clítoris y llevando mi dedo anular hasta la misma entrada de mi vagina.

Empezaba a moverme suavemente, notando el roce de mis propios dedos, presionando mi cuerpo con la almohada, sintiendo como mi coño se iba humedeciendo.

En esas ocasiones mi cabeza volaba. Me imaginaba follando con desconocidos, con hombres que me abordaban en la discoteca. Me imaginaba comiéndome una buena polla, a veces incluso dos. Me imaginaba tumbada en la cama, con un hombre joven metiéndomela con fuerza mientras me separa las piernas y mientras yo, con una mano pajeo a otro y le doy dando chupadas a su polla.

Y con esos pensamientos me corría.

Estaba claro que mis ganas de sexo seguían presentes, pero no con mi marido.

Una noche salí de fiesta con unas amigas. Un reencuentro de chicas que realizamos en algunas ocasiones. Después de cenar nos fuimos a bailar. Ya había bebido algo más de lo habitual en el restaurante, pero con la música y el ambiente, seguimos bebiendo copas. Estábamos disfrutando, de vez en cuando algún chico, solo o en grupo, intentaba ligar con nosotras. Nos los quitábamos de encima pero nos subía la autoestima saber que nos encontraban deseables.

Mis amigas empezaron a comentar que uno en particular no dejaba de mirarme, y que estaba buenísimo. Yo me reía y les decía que si me hubiera cogido en otro tiempo o soltera, vale, pero que a estas alturas esas cosas ya no.

Entre copa y copa, seguían con sus comentarios. Elena, una de mis amigas, comenzó a decirme que hacía un mes aproximadamente se había follado a un joven durante un fin de semana en un encuentro formativo que realizó. Luis, su marido no se había enterado. Contaba que disfrutó muchísimo y que si él no se entera, pues ya está, nadie sufre y su coño se lleva una alegría. Además, estas cosas hacen que recuperes cierto interés en tu relación.

El caso es que el chico no dejaba de mirarme y mis amigas seguían animándome. Se ve que notaban que necesitaba un meneo, ese mismo que no tenía en casa.

Seguimos bailando hasta que el chico en cuestión de acercó. Comienzo a bailar cada vez más cerca. En una canción en concreto me agarró por la cintura y se pegó a mí, mirándome a los ojos. Colocó una de sus piernas entre las mías y me empujaba contra él a la misma vez que nos movíamos con la música. Empecé a notar como mi coño se humedecía. Mis amigas sonreían y me hacían señales animándome disimuladamente.

De repente me besó en el cuello, y ahí todo se aceleró y me dejé llevar.

No se cómo pero de buenas a primera estábamos en su piso, en su dormitorio, quitándonos la ropa y besándonos en la cama.

La sensación de tener a un hombre desconocido desnudo delante de mí era excitante. Tenía una buena polla, pero eso no era lo que más me gustaba. Me ponía cachondísima saber que estaba a punto de follarme una polla nueva, después de tantos años follando con mi marido, ahí estaba yo, masturbando otra polla. Me agaché y me la metí entera en la boca, empecé a mamarla y a tocarle los huevos con la otra mano. Empezó a gemir. Mi coño chorreaba al escuchar unos gemidos nuevos para mí, al ver como otro hombre se excitaba conmigo.

-Fóllame

Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó un condón. Hacía mucho que no veía uno, tomaba la píldora y Daniel me follaba a pelo, corriéndose siempre dentro o en mi boca si le hacía una mamada.

Me dio la vuelta y se tumbó encima, me echó el pelo a un lado y empezó a besarme en la cara y en el cuello, me separó las piernas y me la metió de golge. Comenzó a moverse con destreza y rapidez. Era una sensación maravillosa, otro cuerpo, otra polla, otro ritmo, otro olor,… me estaba encantando.

Me levantó la cadera y me puso a cuatro patas. Siguió metiéndomela con sus manos en mi cadera. Yo jadeaba, dejaba caer la cabeza y en ocasiones lo miraba de reojo, viendo su pecho sudoroso y su cara de disfrute.

-Súbete encima- me dijo.

Se tumbó, me subí y me la metí. Empecé a moverme, puse mis manos sobre su pecho y me puse en cuclillas. Comencé a subir y bajar con rapidez mientras él me miraba.

-Sigue así, sigue.

Incliné mi cabeza para llegar a sus pezones y se los chupé. Él gemía.

Me cogió con fuerzas y me volvió a tumbar en la cama, esta vez boca arriba. Me la metió y empezó a follarme con muchas ganas. Ahora la que gemía era yo.

-Me corro, me gusta mucho, me corro, ah ah ah

Aceleró sus movimientos y al ver mi cara de placer absoluto gimió y se corrió.

-¿Ha estado bien, verdad?- me preguntó mientras se quitaba el condón.

-Ufff, he disfrutado muchísimo. Tengo el coño hecho agua, qué gustazo. Follas de miedo.

Me vestí y emprendí el camino a casa. Volví con una sonrisa tonta en la boca.

Cuando llegué, Daniel estaba dormido. No quería meterme en la cama sin más, por si notaba el olor a sexo en mi piel, pero tampoco quería ducharme porque sería muy descarado. Entré en el cuarto de baño y me dí un poco con unas toallitas y me resfresqué con un poco de agua en mis manos.

Me quité el vestido y me quedé en bragas. Me metí en la cama y lo abracé. Daniel se desveló un poco y me preguntó:

-¿Lo has pasado bien?

-Estupendamente- le dije – vengo agotada pero he disfrutado mucho

-Me alegro- y se volvió a dormir

Me dormí reviviendo cada embestida de esa noche, rememorando esa nueva polla que acababa de poseerme. Sabiendo que volvería a hacerlo, que quería seguir follándome a otros, comiéndome otras pollas. Pero tampoco quería tener la sensación de engañar a Daniel, no quería ocultar mi deseo, ni mi placer, quería que él lo supiera y participara de alguna manera. Lo quería. Solo esperaba que lo entendiera porque a partir de ahora estaba decidida a disfrutar del sexo como me apeteciera.

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