El abogado se deja seducir por la casada
Sabe que su esposo nunca podrá darle lo que realmente necesita. Sabe que el joven abogado es su última oportunidad antes de que se marche. Esta noche, la tentación no se resistirá.
Al llegar a casa, ambos se ducharon, y luego en la tarde regresó Helmut, saliendo a cenar, habiéndose sobrepasado en la bebida tomando algunas copas de más. El empresario terminó bastante cansado y algo ebrio, por lo que tuvo que conducir el vehículo la propia Sara.
Al llegar al dormitorio, Sara estaba deseando volver a ser penetrada por Helmut ya que se notaba sumamente caliente, evidenciando que podía estar ovulando. Necesitaba ser fecundada por el empresario. Sin embargo, sus pretensiones se vieron frustradas cuando comprobó que aquel se quedó sumamente dormido nada más llegar a la cama.
Su malestar fue tremendo. Iba a pasar otro mes más, y veía que pronto dejaría de ovular y, otra mes en que se iría al traste sus posibilidades de quedar embarazada. En la noche recordó la enorme tranca del joven, y la intensa forma de correrse. Seguro que aquel joven la hubiera preñado de haberlo dejado. Paso toda la noche pensando en todo ello.
Al día siguiente, antes de salir para la empresa, la mujer incitó al marido para que le hiciera el amor. Aunque lo hicieron, ella observó que aquel se corrió, pero gran parte lo hizo fuera. Para colmo ella tuvo que fingir haber llegado al orgasmo. La dejó totalmente insatisfecha. Al ver en la mañana al joven en la cocina, su cuerpo se excito, y percibió las miradas de perra en celo que le dirigió aquella.
Félix intento no inmutarse, hasta que luego marchó con Helmut hacia su empresa. La mujer quedó pensativa. Su cuerpo ansiaba volver a sentir el pene de aquel joven en su coño. Ese día no lo volvió a ver hasta bien entrada la tarde, ya que estuvieron trabajando todo el día y habían almorzado fuera. Al llegar a la casa, Helmut le indicó a su esposa que tenía que acudir a una reunión en el Ayuntamiento de una ciudad cercana y que no cenaría en casa. Sara, no dijo nada, pero se quedó bastante malhumorada.
Pero, su malhumor se incrementó cuando el joven le comentó que era su última noche y que al día siguiente regresaría a España. Mientras cenaban, el joven había notado el malhumor de aquella, y su nerviosismo, ya que lo percibió hasta la propia sirvienta, la cual se hizo señas de guardar silencia al joven.
Tras cenar, Félix marchó a su habitación con la finalidad de preparar su maleta, y dejar recogida la misma para el día siguiente. Se encontraba prácticamente con el slip recogiendo la ropa, cuando escuchó que alguien tocaba en la puerta de su habitación. Se quedó extrañado, aunque luego pensó que pudiera ser la sirvienta. Dado que tenía gran parte de su ropa metida en la maleta, decidió abrir con la única vestimenta.
Al abrir la puerta, se quedó sorprendido al comprobar que se trataba de la mujer del empresario. Y, su agitación se incrementó al observar la forma en que venía vestida aquella mujer. Sara, únicamente iba vestida con una bata de dormir bastante trasparente, que permitía contemplar que debajo únicamente llevaba un camisón, y una tanga por única prenda interior. Pero tales prendas no solo eran bastante cortas sino sumamente transparentes y bastante eróticas.
-¿Puedo pasar? Le preguntó la mujer al joven al ver que se había quedado como anonadado mirándola.
-claro, claro Sara. Le respondió reaccionado y instándola a pasar al interior de su habitación. Perdona que te reciba en esta lid, pero había recogido mi ropa al preparar la maleta.
La mujer entró sin decirle nada, sentándose al borde de la cama. Una vez allí, dirigió su mirada hacia el slip del joven, ya que era la única prenda que llevaba puesta. Pero su mirada actuó como un incitante para el joven abogado, ya que inmediatamente comprobó como su pene se había endurecido. La mujer contempló el abultamiento en la tela del slip, que amenazaba con romperse.
Félix, se percató, por la vestimenta de aquella mujer, y las miradas que le dirigía la misma, que venía buscando sexo. Al sentarse, la joven se había retirado un poco su bata, dejando que el joven apreciara solo el camisón color rosa, sumamente corto y transparente. Desde la posición del joven este visualizó los hermosos muslos de la joven casada, y la braguita del mismo color.
-No te esperaba Sara. - le comentó aquel para romper el silencio.
La joven, en lugar de contestarle, se retira totalmente la bata, quedando únicamente con el camisón. Luego se recuesta en la cama, abriéndose de piernas, y mostrándole al joven toda su entrepierna, y la pequeña prenda que cubría su vagina.
No hizo falta más palabras. Félix, comprendió lo que quería. Sabía que era una locura, ya que estaba en la propia casa del empresario. Conocía que aquel había marchado a una reunión y que llegaría tarde, pero aun así era un auténtico peligro. Pero, aquella mujer ejercía sobre el joven una atracción tal, similar a la de un imán. Este se fue acercando, hasta arrodillarse entre medio de las piernas de la mujer. Comenzó a lamer los muslos de aquella y fue subiendo hasta acercarse peligrosamente a los bordes de su braguita.
Sara se estremeció al sentir los besuqueos y lengua del joven subir por sus muslos en dirección a su braga. Tras lo ocurrido la noche anterior con su esposo, y al saber que llegaría tarde y no iba a yacer con ella, pese a conocer su estado de fertilidad, la soliviantó. Y, en un arrebato de auténtica locura, decidió aprovechar la última noche del joven en su caso y sentir de nuevo su tranca. Su cuerpo ardía, y era consciente de que seguramente está ovulando. Pero, esa noche quería sentir el pene del abogado en su coño. Esta tan dispuesta, que no tenía reparos en dejar que se corriera dentro y le regara su coño.
Al sentir la boca del joven, llegar a su braguita, su excitación aumento: oh si Félix. Sigue así… y lo animó a continuar preguntándole: ¿me los vas a comer?
El joven no le respondió, sino que simplemente lamio varias vez la zona de su raja, por encima de la tela, para luego apartar a un lado la misma, dejando al aire la preciosa panocha de aquella hembra. Se percató de que la mujer estaba bastante excitada, toda vez que se notaba la lubricación de su vagina. Su lengua comprobó rápidamente esos jugos, mientras lamia y devoraba con avidez la vagina, pasando desde su clítoris para ir bajando hasta llegar a lamer el propio ano de aquella.
-oh si..oh que bien lo haces.. oo sigue…
El joven ante la aquiescencia de aquella mujer se animó y le retiró su braga, para luego pasar sus manos bajo los muslos de la mujer, apoyándolas en sus caderas, con lo cual quedó a su completa disposición el coño abierto de la misma. La lengua del mismo comprobó el calor del cuerpo de aquella casada.
El olor a coño, de auténtica hembra en celo, lo empezó a trastornar dejando impregnada su nariz. Cuando comenzó a lamer aquel coño, ahora totalmente libre de prendas y completamente abierto ante sus ojos, la mujer suspiró, percibiendo como se relajaba en un mar de placer. La lengua del joven no paraba, propinándole lengüetazo va lengüetazo viene a toda su ranura. Aquello la excitó tanto que, momentos después, tomo el pelo del joven y tiro de su cabeza metiéndola cuanto pudo entre sus piernas, hasta dejarla pegada a su coño, intentando con ella sentir mejor la boca del joven.
Por su parte, Félix estaba concentrado en propinarle grandes lamidas, de arriba abajo, chupando con esmero, sin pudor y con avaricia aquella preciosa vagina, al tiempo que le agarraba por las nalgas y le hacía levantar la pelvis. Sara gemía y se retorcía de placer sin parar, haciendo movimientos para también levantar su coño y acercarlo a la boca del joven. En cuanto volvió a sentir la lengua del joven en todo su ano, su cuerpo comenzó a convulsionarse, presa de auténtica locura, gimiendo escandalosamente, hasta terminar corriéndose cerca de la boca del joven abogado, mientras le temblaban los muslos, retorciéndose de puro placer.
Oh cabron me vengo ooo siiii
Cuando por fin sus convulsiones cesaron, apartó su coño de la cara del joven, y lo miró a la cara fijándose en los labios y parte de la nariz del joven, que habían quedado con restos de sus jugos vaginales. Luego le pregunto: ¿Dónde has aprendido esto?... me ha encantado. Nunca había experimentado algo igual.
Observó el slip del joven, se incorporó y se lo bajo dejando libre su pene. Allí estaba otra vez envarado y majestuoso el tremendo cipote del joven. La mujer enrojeció de codicia, lo contemplo exclamando: -uf.. cabronazo. ¡que grande la tienes! Tras darle un par de manoseos a lo largo y ancho de la misma, concentró su mano en alcanzar los testículos del joven. Los palpó, sopesándolos, y constatando que volvían a estar llenos. Al ver que tenia su reserva de semen bastante llena, se volvió a excitar, mirándole con lujuria y diciendo: ¡Uhmm…. los vuelves a tener llenos!
Luego tomó al joven, y lo hizo que se sientara en la cama. Al ver de nuevo aquella verga totalmente enfilada hacia arriba, se volvió a subir sobre las piernas del hombre, y acercando de nuevo su coño se fue dejando caer hasta ensartarse completamente el vástago del mismo. ooo siii… que grande… Me estas abriendo otra vez oooo
Félix volvió a sentir de nuevo la presión de las paredes de la vagina de la mujer sobre su tranca. Pero, también, esta vez se percató del intenso calor que desprendía aquella vagina. El coño de la mujer del empresario parecía una caldera en ebullición. Es más, el propio cuerpo de la mujer desprendía calor.
Sara no esperó mucho tiempo para empezar a cabalgar aquel autentico semental, bastando unas cuantas subidas y bajadas, para que su caliente cuerpo alcanzara el orgasmo. Luego lo descabalgó, y viendo que la tranca del joven seguía inmutable, se echó sobre la cama, y recostándose, se abrió de piernas, mostrándole al joven toda su vagina, en una clara invitación a poseerla: -vamos quiero que ahora me folles tu. ¡Te quiero bien adentro…!
El abogado no se hizo esperar, y blandiendo su pedazo de carne entre sus piernas, se colocó entre las de la mujer hasta alcanzar los labios de su vagina. Colocó parte de su cuerpo sobre el de ella, y luego presionó viendo como su nabo iba ingresando en la mujer. Lo hizo pausadamente, despacio. Quería que aquella mujer sintiera cada centímetro de su pene entrando, y que comprobara su gran grosor.
Tras unos momentos, recogió las piernas de la mujer, haciendo que las flexionara sobre su vientre, con lo que todo el trasero y vagina quedaron abierto y a la entera disposición del joven. Entonces la comenzó a bombear, primero despacio, para ir incrementando, como un auténtico pistón, hasta que sus penetraciones se hicieron rítmicas. La polla del joven abría, y penetraba la vagina de la mujer sin piedad, una y otra vez. Tal fue la intensidad y ritmo de la penetración que pronto el joven percibió que pronta venida.
Sara, captó la mirada del joven, y sintió cómo se empezaba a ensanchar la polla de aquel, dentro de su vagina. Intuyó claramente que el joven se iba a correr. Al observar que aquel hizo amagos de salirse, lo retuvo con sus manos, lo miró fijamente a los ojos y le dijo: ¡hazlo dentro! ¡quiero que me la eches dentro!
El joven se sorprendió: ¿estas segura?
-¡completamente!. “Quiero sentir como me riegas el coño con tu leche.” Vamos no te detengas. Le comenzó encelada, atrapando al joven enlazándolo, cruzando sus piernas por las caderas de aquel para que se quedara dentro de ella.
¿no estabas en días fértiles? Le preguntó preocupado y extrañado el joven ante el cambio de actitud de la mujer.
Aquella lo miró a la cara, lo beso, y le dijo: ¡sé que estoy ovulando!... ¡quiero que me embaraces!
-estas loca. ¿Cómo puedes pedirme eso? El joven se pudo algo nervioso. Aquella mujer la estaba pidiendo que la preñara. Era la mujer del empresario. No es que no lo deseara, pero era una locura.
Pero la mujer le incitó: ¡vamos termina dentro!... “Se que lo estas deseando”. Eres un cabronazo.…te resistes, pero sé que deseas preñarme. Lo veo en tus ojos. ¡ Anda sé un hombre y lléname con tu semilla!.
Félix, notaba que su semen ya estaba empezando a subir por el interior de su pene. Pese a sus prejuicios, las palabras incitadoras de la mujer, y su deseo interior de hacerlo, fueron suficientes para comprobar como casi sin darse cuenta, la primera lechada fue a parar dentro del coño de la mujer. Al percatarse de ello, supo que ya no había marcha atrás, por lo que tomó fuertemente a la mujer por las caderas, y clavándole bien adentro su verga, hasta muy cerca de su útero, comenzó a vaciarse. Notaba como el intenso calor de la vagina de aquella mujer, le incitaban a venirse una y otra vez. No paraba, era como si aquella concha lo estuviera deslechando, brotando leche sin cesar como una autentico sutidor. Oh joder me vengo siiii… oh Sara… Tómala…tómala..…
Sara comenzó a sentir los primeros latigazos del caliente semen dentro de su vagina, si bien las primeras fueron a la paredes de su vagina. Pero las siguientes, percibió que fueron bastante profundas, ya que el joven le había ensartado completamente su pene, hasta la empuñadura, y se estaba dejando ir muy adentro.
Eso la excitó aún más exclamando: Oh siii.. te siento…oh si mi amor… lléname… o joder…. Me vas a preñar…siiii….
Sara, no supo cuánto tiempo estuvo deslechandose el joven dentro de ella, pero sí que la venida de aquel fue sumamente copiosa. Ahora sentía el caliente semen del joven en su vientre. Sabía que estaba en su mejor momento, ya que su calentura lo evidenciaba. Percibía que esta vez iba a quedar embarazada. Jamás Helmut la había llenado tanto, ni tan profundamente.
Estuvieron así, con toda la tranca del joven ensartada en la vagina de mujer durante unos minutos. Ella lo miró a la cara, y acercando su boca a la del joven lo beso ardientemente. Félix respondió, percibiendo el intenso calor de la boca de aquella mujer. Todo su cuerpo ardía. Intuyó entonces que era cierto que estaba ovulando.
Cuando por fin salió de ella, la joven se miró su vagina, viendo como salían algunas gotas del semen masculino. Le sonrió y le dijo: ¡me has llenado! ¡jamás había sentido que me llenaran de esta manera!, le tocó el pene del joven, que aunque algo menos erguido, aún seguía con una cierta erección, diciéndole: jo.. chico te pareces al semental negro.
Luego, tras quedarse algo relajados en la cama, él le pregunto: ¿Por qué has querido que me corriera dentro? El otro día me lo impediste.
Lo he pensado bien. Se que Helmut nunca va a dejarme embarazada. Lo intenta, pero, pone poco empeño. Anoche se corrió dentro de mí, pero apenas lo sentí. Me he dado cuenta de que eres un joven apuesto, fuerte y agradable: el mejor semental que cualquier mujer pudiera tener para un embarazo. Le reconoció con toda claridad. Luego le mira y le dice: nadie deba saberlo. Y espero que sepas guardar el secreto.
El joven se dio cuenta de que, en parte, aquella mujer le había utilizado. Pero había echado uno de los polvos mejores, que recordaría con seguridad. Le preocupaba que el marido pudiera sospechar y echar al traste su carrera en aquel despacho. Pero la suerte estaba echada.
Tras media hora hablando, la mujer volvió a tocar el pene del joven, y al ver como respondía, se le iluminó la cara. Comenzó a manosearlo, y tras unos momentos de caricas entre ambos, observó que el joven volvía a estar en plena forma. Su pene volvía a mirar hacia el cielo con una erección a rabiar.
Ella le dijo: -que rápido te has recuperado. Oh joder, no te vas a escapar. Vas a tener que volver a follarme.
El joven le sonrió diciéndole: para mí sería un placer. ¡Pero te aseguro que me voy a volver a correr dentro!
La casada el sonrió diciéndole: ¿y?...., ¿qué crees que deseo? “vamos quiero que me dejas bien preñada”.
El joven volvió a penetrar a la mujer, en la posición misionero, logrando que aquella alcanzara un nuevo orgasmo, tras lo cual, volvió a correrse dentro de ella nuevamente. La mujer estaba satisfecha, y se tocaba el vientre, como si intuyera que con los dos polvos de esa noche era muy posible que estuviera embarazada.
Para no levantar sospechas, besó al joven, recogió su vestimenta y marchó a su habitación ya que podía estar al regreso su esposo.
CONTINUARA
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