Soy Chloe, universitaria y puta (3)
Él ya sabía que ella no podía resistirse. Esta vez no fue un encuentro casual, sino un contrato de piel y obediencia. ¿Está ella lista para entregar su cuerpo y su voluntad a cambio de placer prohibido?
Bienvenidos un día más a la vida de Chloe. Mi vida como universitaria y puta. Hoy toca continuar la historia por donde la dejé, pero una semana más tarde.
Había encontrado trabajo. No solo de puta. Ahora era cajera en un supermercado, viernes por la tarde y sábados por la mañana. No daba para mucho, pero servía para justificar mis ingresos. Al menos, temporalmente.
Había tenido un par de encuentros con clientes. No me gustaron demasiado. Uno había sido un tipo que me pidió llamarle papi y vestir infantil. Que asco me dio. Y otro era un tipo muy gordo. No tengo ningún problema con follar con gordos, pero este tipo olía especialmente mal. Al menos ambos fueron rápidos y pagaron bien.
La historia de hoy comenzó un sábado. Había cerrado el supermercado y mis nuevos compañeros de trabajo insistieron en salir a tomar unas copas. No estaba arreglada y a penas maquillada, pero todos íbamos igual.
El local donde nos sentamos tenía una terraza con estufas y la camarera era la novia de mi encargada. Una lesbiana macizorra que era una autentica MILF. La compañía era agradable, las copas baratas y cargadas, y el calor de las estufas encendió rápidamente mis mejillas.
La falta de comida en mi estómago aceleró la subida del alcohol a mi cabeza. Y creo que fue eso lo que hizo que al verlo no lo reconociera a primera vista. Un hombre alto y guapo pasó a nuestro lado, hacia el interior del local y me sonrió. Todos se dieron cuenta y a mi me dió un vuelco el corazón.
- Vaya, pero si parece que la nueva ha ligado -dijo un chico que trabajaba en la carnicería del supermercado.
- No. Es que lo conozco -me sonrojé.
Todos me miraron expectantes a la explicación de cómo conocía a tremendo bombón (según lo había descrito la otra cajera que trabajaba conmigo). Tragué saliva y comencé a elaborar una mentira en mi cabeza.
- Una cita a ciegas. Quedamos como amigos, él es 10 años mayor que yo y buscaba cosas diferentes.
- Te lo follaste -mi jefa no lo preguntaba, lo afirmaba con una sonrisa pícara.
- Puede -respondí escondiendo mi sonrisa en el vaso donde bebía un cóctel de frutos rojos y ron blanco.
Contuve las ganas de entrar al baño todo lo que pude. Pero mi vejiga suplicaba ser liberada. Entré en el local echando un vistazo rápido y no vi a Rubén por ningún lado. Fui todo lo rápido que pude dentro del aseo y salí a la mayor velocidad posible. No quería cruzarme con él. Me daba mucha vergüenza.
Fue inevitable. Al salir del baño de mujeres, él salía del de hombres. Me choqué contra su pecho.
- Hola Chloe -una media sonrisa iluminó su cara.
- Hola Rubén -mi rostro sin embargo era un auténtico horror, rojo y con la mirada perdida en cualquier parte que no fuera su cara.
- No te avergüences. Lo pasamos bien y ya te dije que estaría dispuesto a repetir -levantó mi cara tomando mi barbilla, para que lo mirara- Pero solo si tú quieres.
Me guiñó un ojo y siguió su camino hasta la mesa que ocupaba con otros 4 hombres.
No me quedé más tiempo con mis nuevos compañeros. Me disculpé diciendo que no me encontraba demasiado bien. Era cierto. El alcohol y lo que me acababa de pasar me había mareado más de lo que era capaz de soportar.
Esa noche pensé en muchas cosas y tuve un sueño. Un sueño húmedo con Rubén. El sexo con él había sido increíble. Sus palabras retumbaban en mi cabeza: podemos repetir, pero solo si tú quieres.
Localicé su número en mi agenda. Lo había guardado la noche en la que nos conocimos. Envié un mensaje sin pensarlo mucho.
Chloe: quiero repetir, el precio será el mismo, si quieres algo más la cuota subirá.
Quería dejar claro que ahora sí cobraba por hacerlo. Pasaron dos horas y aún no respondía. Cuando lo hizo me sorprendió la respuesta.
Rubén: esta noche. Lugar, el que tú decidas. Sabía que tarde o temprano te iba a volver a follar.
Ese día estaba sola. Lo iba a estar hasta el martes. Mi compañera de piso, Paula, estaba en casa de sus padres en el pueblo. Le envié la dirección de mi piso y me puse a limpiar para darle un mejor aspecto. No quería que se notara demasiado que era el piso de dos estudiantes. Recibí otro mensaje de Rubén.
Rubén: un repartidor va a llevarte un regalo. Cuando llegue a tu encuentro quiero que lo estés usando.
Esperé impaciente al repartidor. Era una caja negra y en su interior se encontraba una especie de media. Era negra y de red. Tenía tres aberturas específicas: una para cada pecho y otra que dejaba al descubierto mis agujeros.
Entendí que para él ya había empezado el juego. Y cuando llegó la hora me lo puse. Pensé en cómo recibirlo y lo tuve claro. Cuando él llamó abrí un poco la puerta y le indiqué que le esperaba en el pasillo. Me puse de rodillas, con las piernas ligeramente entreabiertas y la boca abierta. Esperé a que subiera las escaleras y cuando lo sentí cerrar la puerta tras de sí, coloqué mis brazos detrás de mi espalda. En esa postura me encontró y su cara me lo dijo todo: le encantaba.
- Lo supe desde el primer momento en que te vi. Cara de puta, tetas de puta, coño de puta… Estaba claro que si no cobrabas, no ibas a tardar en hacerlo.
- Sí, mi amo.
Recibí la primera bofetada. Su miembro ya estaba duro. Lo podía notar a través de sus pantalones. Se desabrochó rápido y sin dejar de mirarme a los ojos me metió gran parte de su polla en la boca. Con las dos manos formó dos coletas en mi pelo y lo utilizó para follarme la boca. Se me había olvidado lo bien que se sentía esa enorme y sabrosa polla en mi boca.
Estuvo un rato así hasta que sacó toda su polla de golpes y me dio otra bofetada. Cogiendo mi pelo me levantó del suelo y me llevó dentro de mi habitación. Había colocado algunos espejos más para simular el efecto de la habitación del hotel.
- Tengo otro regalo para tí, zorra -del bolsillo de su pantalón sacó una bolsita con unas pinzas en su interior.
- ¿Dónde las vas a poner?
- Donde yo quiera, puta -tiró de mi cabeza hacia atrás y me dió dos bofetadas más-. Solo me puedes hacer preguntas si primero me pides permiso.
Colocó cada pinza en uno de mis pezones. Dolía. Pero era extrañamente placentero ese dolor.
Durante un rato más me hizo seguir chupando su polla. En ocasiones era bastante violento follándola. Hasta el punto que mi garganta empezó a ceder y pude contener mis arcadas. Estábamos junto a uno de los espejos y de reojo podía contemplar la imagen. Deseaba con ansias lograr que su polla me entrara entera y de ese modo sus pelotas rebotaban en mi barbilla.
- Ponte en la cama. A cuatro patas.
Obedecí rápido. No hizo falta que comprobara si estaba húmeda o no. El brillo en mis piernas ya lo decía todo. Me coloqué a cuatro patas. Me golpeó varias veces con su polla en el culo. Era tan dura que hacía daño. Estiró la zona de la media que dejaba al descubierto mis agujeros y la rasgó un poco más. Haciendo el agujero más grande. De pronto lo sentí entrar.
Cogiéndome del pelo hacia atrás empezó a embestirme con fuerza. Su polla era de otro mundo y sus movimientos también. Sabía cómo moverse dentro de una tía.
- Puta zorra. Como se nota que lo has estado usando. Hoy no está tan estrecho. Aún así da mucho gusto.
- Lo siento, mi amo.
- Vas a ser mi perra y te voy a domesticar. Dime. ¿Vas a ser mi putita?
-Sí, mi amo.
Siguió follándome así un buen rato. Hasta que la sacó de golpe y me puso de nuevo de rodillas. Se quitó el condón y me metió la polla en la boca. Me temía que ese día no aguantara tanto y la follada fuera más corta. Yo aún no me había corrido. Pero no era nada de eso. Se dedicó a follarme la boca haciéndola ceder. De vez en cuando sacaba su polla de mi boca para restregarla por mi cara y darme un par de bofetadas.
Mi boca y gargantas estaban cediendo cada vez más hasta el punto en que sentí lo que más anhelaba. Sus pelotas rebotando en mi barbilla. Chocaban una y otra vez y a mi me costaba respirar y retener mi saliva. Antes de sacarla la retuvo un momento dentro de mi boca sin moverla mientras apretaba con fuerza mi cabeza. Al sacarla una cascada de saliva salió de mi mojando mis tetas.
- Coge tus babas de puta y te las pones en el coño. Vas a cabalgarme en esa silla -señaló la única silla de la habitación, donde suelo estudiar.
- Sí, mi amo.
Me senté a horcajadas encima de su polla y comencé a moverme. Los vecinos debieron alucinar escuchando mis gemidos. Eran más fuertes que nunca, porque nadie me había follado así de duro en esa habitación. En realidad jamás me había follado tan duro ningún tío.
- Vamos guarra, más rápido -me azotó el culo varias veces- Te voy a decir lo que te voy a hacer ahora. Te vas a tumbar sobre esa alfombra. Vas a dejar que te la meta y te voy a follar tan duro que no te vas a poder mover del suelo en un buen rato.
Comencé a moverme más rápido. Deseaba lo que me decía. Quería que me follara así de fuerte. Dió un par de tirones de mis pezones hasta sacar las pinzas y después me agarró con fuerza hacia arriba, obligándome a sacarme su polla.
Me tumbé en la alfombra y dejé mi coño dispuesto a ser reventado. En esa posición yo no podía hacer mucho. Sentía su polla taladrarme constantemente. Con una mano tenía sujetos mis brazos en la espalda y con la otra tiraba de mi pelo haciendo que me viera en un espejo. Me corrí. Como una cascada.
- Que puta eres que ya te has corrido -dijo sin dejar de tirar de mi pelo y sin dejar de llenarme con su polla- Ahora me va a tocar a mi. Hoy vas a ofrecerme tu boca. ¿Me has oído puta?
-Sí, mi amo.
Nunca dejaba que se me corrieran en la boca. No me gustaba. Pero lo caliente que estaba habló por mí. Rubén me folló todavía un rato más, consiguiendo arrancar de mi un par de orgasmos más. Después la sacó, me giró en el suelo y se la pajeó al lado de mi boca.
Un chorro de semen llenó mi boca. Estaba caliente y no me gustaba el sabor. Pero mi puta interior se lo tragó y lo disfrutó. Incluso le lamí la polla para no dejar ninguna gota.
- ¿Dónde está la ducha? Luego quiero proponerte una cosa.
Le dejé el baño principal y yo ocupé el más pequeño. Me di una ducha rápida y cuando salí estaba sentado en mi salón. Había dejado el sobre con el dinero sobre la mesa. Con su media sonrisa característica comenzó a hablar.
- Me gusta mucho follar contigo. Qué te parece vernos una vez a la semana.
- Una vez a la semana -repetí como tonta.
- Sí. Seré tu cliente fijo. Solo te pido que me des prioridad y sigamos con esta dinámica. La disfruto mucho -se puso en pie y acarició mi mejilla mientras continuó diciendo- Y sé que tú también.
Se marchó y me dejó extasiada. Anhelando volver a tener sexo con él.
En el próximo capítulo continuaré contando mis aventuras como puta. Pero hasta aquí llega el video de hoy.
**Muchas gracias a todos los lectores de este relato. Espero que este tercer capítulo os guste leerlo tanto como a mi escribirlo.**
Continúa en
- Relato #190651— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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