Xtories

La nueva normalidad.

La cuarentena le enseñó a disfrutar de su propia piel, pero ahora la puerta suena y la realidad la espera. Luis no es un desconocido, pero tampoco es el tipo de hombre que se queda en las fantasías nocturnas. Esta vez, la llamada no se corta.

Mara7.2K vistas9.4· 11 votos

11 de agosto de 2022, casi dos años después de la “nueva normalidad”.

Las ganas de despertarme poco a poco hacían retroceder al sueño. Había sido una noche pegajosa de verano, de esas que das vueltas en la cama, el pelo se te pega a la cara porque no hay forma de que echarlo tras la almohada funcione y te piensa si seguir en la cama o ponerte a ver una serie.

Mientras despertaba del todo o no, las yemas de los dedos y las palmas de mis manos más que acariciar resbalaban por mi húmeda piel.

Dormía sola así que solo llevaba un tanga negro y la fresca sábana que más que cubrirme descansaba a los pies de la cama. Haga frío o calor siempre me gusta dormir tapada pero aquella noche imposible. Aún soy un poco niña en ese sentido y cubrirme con algo como que me da seguridad, me arropa.

Cuando puedo soy muy de retrasar el momento de levantarme de la cama y retozo en ella como cuando tenía 12 años. Ahora no, ahora tengo 26 pero me gusta prolongar ese estado de dormida-despierta todo lo posible. No es necesario tener un sueño erótico en mi caso ni nada parecido para tocarme, lo hago de forma natural e inconsciente porque me gusta el tacto de mi piel en las yemas de mis dedos y a la inversa, las sensaciones que llegan a mi cerebro al acariciarme la cara interna de los muslos, vientre, tetas, muslos y la vulva a veces. Ésta era una de ellas.

Es curioso como a la más mínima caricia la vulva responde hinchándose poco a poco, humedeciéndose, relajándose la entrada, dilatándose esperando la entrada de algo, lo que sea. Ya húmeda ronroneaba como una gata aún medio dormida cuando mi dedo anular después de separar los labios de la vulva entraba en ella poco a poco casi sin quererlo.

-Mmmm…ronroneé como una gata al sentirme penetrada. Jugaba a acariciar con la yema del dedo la suave y empapada piel de mi vagina. Era rozar mi lentejita y sentir como una descarga de placer en mi cerebro.

Imaginaba. Imaginaba mil cosas, mil veces en las que follé o me follaron de mil formas distintas. En fantasías igual me follan dos chicos haciendo un sándwich conmigo que lo hace un hombre todo tierno o me atan a la cama. Una empieza por una idea y la mente te lleva vete a saber qué.

Chicos conocidos, algún actor de alguna peli...cualquier cosa aparecía como una imagen borrosa en mi mente mientras comenzaba a frotar mí vulva con más rapidez, tiraba el tanguita al lado, me colocaba mirando al techo con los pezones apuntando al mismo, abría las rodillas, flexionaba las piernas y con la mano libre me acariciaba o mejor resbalaba con el sudor por mis tetas, vientre o muslos.

En apenas dos minutos ya tenía dos dedos (habrían cabido tres o cuatro porque estaba ya a mil, pero prefiero dos) follándome sin prisas, deleitándome, disfrutando cada segundo, cada sensación, cada recuerdo.

Deliberadamente acariciaba mucho mi vientre y paraba en mí ombligo. Me gusta mucho hundirlo con mis dedos, dejar los músculos del vientre relajados y sentir como los dedos se hunden en él separando mis tripas. Es una sensación como de penetración, de placer o dolor según los hunda en el vientre más o menos.

Lo alternaba con acariciar mis sudorosas tetas o mis pezones. A veces apretaba casi a tope, me gusta ese dolor punzante que llega a mi cerebro como un rayo y desaparece nada más aflojar.

-Mmmmm...dios que bueno... murmuré acercándome al orgasmo cada vez que las sensaciones desde mi vagina, clítoris y piel llegaban a mi cerebro saturándolo y haciéndome respirar muy hondo como si no hubiese aire en la habitación y con el corazón en la boca.

-Uffff...ah...ah...mmmmm... gemí cuando los primeros espasmos en mí vagina, muslos y vientre llevaron a mi cerebro a reventar de placer con un orgasmo tan intenso que me hizo respirar tan hondo que mis pulmones parecían reventar, el corazón a mil, arquear la espalda y cerrar los muslos apretando la mano volviéndome de lado, encogiéndome. Siempre acabo así cuando me masturbo, de lado. Temblando de pies a cabeza hasta que termina el orgasmo a veces interminable.

Al hacerlo miré el reloj de refilón. ¡Las doce y veinte, joder!, apenas tenía tiempo ya de ducharme, arreglarme, pedir algo de comida rápida e irme a la piscina a pasar la tarde como casi siempre que tengo un día tonto. Como un acto reflejo casi me puse el tanga negro.

Que día más guapo, pensé mientras me levantaba y miraba por el cierre del salón sin pararme de camino al baño, me bajaba el tanga una vez en él, orinaba, abría el grifo de la ducha, tiraba al suelo el tanga de cualquier forma y me metía bajo el fresco chorro de agua.

-Mmmmm... qué gusto, pensé mientras frotaba mi piel con el gel formando burbujas de todos los tamaños y colores. Sin poder evitarlo al enjabonar mi vulva y ano volvieron las sensaciones placenteras a mi cerebro. No es que buscase otro orgasmo porque con el de la cama ya estaba satisfecha, pero simplemente me dejé llevar. Disfruté enjabonando mis tetas lentamente al principio, apretando más, frotando mis pezones…bajé mi otra mano al vientre (esa parte tan olvidada por los hombres) y lo enjaboné y acaricié largo tiempo mientras mi otra mano seguía ocupada con mis tetas. Imaginaba que un hombre me las cogía desde atrás y las acariciaba tiernamente…más fuertemente…suave…hundiendo sus dedos en la carne hasta hacerme sentir como mil agujas dentro de la teta, dolor que apenas duraba unos segundos al dejar de apretar…

-Mmmm…un gemido escapó de mi boca mientras seguía acariciando mi vientre y tetas. Mi mano era la de él y, a veces, me apretaba tan fuertemente que tenía que morderme el labio o hundía con tanta fuerza mi ombligo dentro de mi vientre que sentía como mis tripas se desplazaban dejando sitio a ese intruso (mi dedo), en mi fantasía los de él.

No sé cuánto tiempo pasé así, una eternidad hasta que bajé mis manos al culo y la vulva. Comencé a enjabonar y frotar vulva y ano suavemente, disfrutando mis sensaciones. Froté la vulva, el clítoris que lanzaba calambres a mi cerebro…introduje un dedo en la vagina y me follé con él.

-Oufff…mmm…gemí cuando introduje el segundo. En mi mente ere el pene de un hombre hasta que metí un dedo de mi otra mano en el culo, entonces ya eran dos los hombres que follaban mi vagina y ano tiernamente primero, más fuerte después.

Imaginé que los dos me la metían. Primero el de enfrente colocaba su glande justo a la entrada de la vagina y apretaba, apretaba y apretaba hasta que su glande pasaba hacia dentro. La dejaba así, como quieta, medio metida para después y de un caderazo metérmela entera

-Uffff…vale solo eran mis dos dedos pero en mi mente era un pene, un hombre que comenzaba a follarme a caderazos fuertes y rápidos, que me volvían loca mientras las manos del otro hombre, el que estaba a mi espalda, me apretaba las tetas a su gusto y frotaba su enorme pene (en mi imaginación lo era) contra la raja de mi culo y espalda.

Cuerpos empapados bajo la ducha, pompas de jabón, cuatro manos que me tocaban por todos los lados imaginables, tres bocas que mordían, besaban absorbían mis pezones.

Entre aquellos dos hombres yo era nada. Pequeña, débil, aguantando su fuerza mucho mayor a la mía. Tanto que el de atrás me levantó a pulso mientras el de delante sacaba su polla de mi vagina, me colocaba su glande en la entrada a mi culo y empujaba, empujaba y empujaba dilatando mi ano hasta meterme en las tripas su polla.

-Ooooh!, gemí imaginando la escena mientras uno de mis dedos se removía dentro de mi culo imaginando que era uno de los dos desconocidos.

Escocía, dolía hasta que mi ano se acostumbró. Entonces el del frente pudo volver a meter su polla dentro de mi vagina y volver a sacarla y meterla una y otra vez, una y otra, como cien veces. Notaba como las dos pollas, apenas separadas por los tejidos de mi vagina y recto, se frotaban dentro de mí que permanecía sin pisar el suelo sujeta entre los dos hombres que no paraban de magrear mis tetas, los cachetes de mi culo y acariciar cada centímetro de mi cuerpo.

Como sí se hubieran puesto de acuerdo, noté los espasmos de sus orgasmos casi al unísono, sus bramidos, sus apretones en mis tetas hasta hacerme chillar.

Y lo noté. Noté como mi cuerpo empezaba a dejarse llevar por las sensaciones de mi cerebro y comenzaba a correrme en un orgasmo brutal.

-Ohh…ohhh…aaaaaahhhh…los espasmos llegaron flojos al principio pero tan fuertes al final que mis piernas flaquearon, mi espalda resbaló por la húmeda pared y me agaché hasta sentarme en el plato de ducha hecha un ovillo con las piernas encogidas y temblando hasta que dejé de tocarme y aún así siguieron los temblores unos segundos más, tantos como seguí estimulando mi clítoris y vagina.

Pero las fantasías no duran eternamente, se esfumó tras correrme y abrir los ojos ya repuesta. No había nadie más en la ducha, solo yo echa un ovillo en el suelo con el agua cayendo sobre mi cuerpo.

Buffffffffff…resoplé tras volver a la realidad. La puta realidad de tantos meses de protegerme de un puto bicho que cambió todas nuestras vidas.

Me levanté, me sequé, me puse la leche hidratante por todo el cuerpo y me puse frente al espejo para arreglarme. Como casi siempre que tenía un buen día y me veía guapa di un par de vueltas a mis caderas a ver si todo seguía en su sitio. Sonreí, estaba de buen humor y me vi guapa.

Después me cepillé bien la melena morena con tintes cobrizos hasta notarla suelta, me maquillé un poco y me puse un culot negro con una camiseta blanca que me llegaba justo bajo el culo, en casa me gusta estar cómoda.

Como casi todos los días desde el principio de la pandemia cogí el teléfono, marqué el número del restaurante y me pedí una ensalada, pasta a la carbonara y una pizza artesanal para la noche, así mataba dos pájaros de un tiro.

Estaba llenando una lavadora cuando sonó el móvil.

-¿Si, diga?.

-Hola Mara soy Luís, ¿te pillo en mala hora?.

Luís, un antiguo amigo de mi padre con el que llegué a intimar bastante. Nada físico por supuesto pero hablamos como mil horas de todo durante la cuarentena. Lo que nos preocupaba o alegraba, series de TV, pelis, comidas favoritas...sexo.

O bueno a eso que llaman sexo. Charlas subiditas, cruzar fotos, hablar de lo que me haría, le haría...cosas.

Nunca llegamos a tener conversación o "sexo" por webcam porque aún con el nivel de confianza que teníamos no están las cosas para que una chica haga cosas por internet porque al final salen tus fotos en cualquier página web de adultos. Además el sexo es lo que hacen dos personas en una cama, playa, etc, sin más. Aunque yo me corrí decenas de veces hablando por el móvil o recibiendo fotos la verdad.

Era bastante mayor que yo, 48 frente a mis 26 pero me apasionaba hablar con él durante horas de cosas que no podía hablar con nadie conocido. Y atractivo, me ponía la verdad. Nada de músculos de gimnasio ni guaperas pero si fuerte, ancho de espaldas, con un buen culo y atractivo de cara.

Por supuesto era algo que desconocían mis padres, menuda habrían montado por nada.

-Pues...regular pero dime, le dije curiosa y esperando que no le apeteciese tener una de las decenas de conversaciones eróticas que teníamos. Esperaba la comida del restaurante, comer, tomar sol en la piscina, salir con mis amigas….

-Veras Mara, he pensado algo y me apetecería hacerlo sí te apetece claro.

-¿Follar?, jaja, pregunté divertida y sin pensar mientras me sentaba con las piernas en cuclillas sobre el sofá nerviosa.

-Ssssss, ¡pero niña!,no no no, je je. Ojalá pero no, más bien pensaba sí querrías tomar una copa conmigo ésta tarde. Hace meses que no nos vemos y ahora que ya llevamos tiempo en la nueva normalidad...sin mascarillas en exteriores...no sé, me apetece.

Estuve callada lo que me pareció una eternidad. No sabía qué decir porque, lo dijera o no fijo que querría follarme. Y lo malo es que eso era algo que no me desagradaba en absoluto.

Tras cuarentenas o por precaución para proteger a mí familia era algo que echaba mucho de menos. Como pasear sin mascarilla, ir a grandes almacenes repletos, cines…lo normal en la vida antes del covid.

Así que no me lo pensé demasiado ni tenía por qué hacerlo.

-Ah pues por mí perfecto. Tenía pensado ir a la playa pero…

-¿A la playa?. Si claro me viene perfecto, dime dónde te recojo y paso a por ti. Pásame tu dirección.

Se la pasé, quedamos a una hora y listo, mi primera cita en meses iba a ser con alguien que ni recordaba...genial.

Colgué pensativa pero estaba hecho así que seguí con las tareas de la casa y adecenté un poco el salón, tenía algunas cosas tiradas por el suelo así que las horas volaron mientras ordenaba un poco.

El repartidor trajo el almuerzo justo a las dos así que llevé las bolsas a la cocina, saqué la ensalada y la pasta y las coloqué sobre la mesa de la cocina. Después de comer metí las sobras en el frigorífico y me fui al salón a ver la tele un rato.

Me dieron las tres y pico y el telediario seguía con que si la séptima ola, contagios, incendios, la guerra, la inflación...lo apagué y me fui a la terraza a tomar un poco el sol. Como no llevaba sujetador solo me levanté la camiseta para que me diera en el vientre, las piernas y la cara. Se estaba genial y apenas se oía nada salvo algún pajarillo. La urbanización eran cuatro bloques de cinco plantas que rodeaban una piscina de 25 metros rodeada a su vez por cesped así que más o menos nos veíamos los cuatro gatos que vivíamos en ella, cosa que nunca me preocupó porque como mucho algún día bajaba a tomar el sol y leer algo en bikini.

Vale que a veces me pareció ver alguna persiana que se levantaba o cerraba, pero yo estaba en lo mío y la verdad es que en la cuarentena todo quedó casi vacío. Apenas diez o quince vecinos que se dedicaban a sus cosas.

Y si alguien miraba pues bueno, ¿qué de malo tiene eso?. A veces hasta casi que lo deseaba, ayudar a una persona a pasar un buen rato para él o ella. Yo lo sentía como algo...no sé, como hacer la vida más agradable a alguien.

Estaba tan a gusto que casi me quedé dormida y fue el cronómetro de mi pulsera el que me avisó de que ya eran las tres y media. En poco más de media hora vendría Luís así que tenía el tiempo justo de ponerme un vestido estampado de gasa con escote de barca y dos tirillas en los hombros, un bikini (elegí uno con el tanga negro con lazos a los lados y el suje color salmón que me encanta), coger la toalla, el móvil, una lata de refresco, la mascarilla, el gel, bronceador, etc y lo eché todo en mi bolso grande de bandolera. Me senté en el sofá y me puse a ver la tele mientras esperaba.

Din donnn…sonó el timbre del porterillo electrónico dándome un susto. Era mi cita, mi primera jodida cita en meses a parte de con mis amigas y amigos. Una cita “cita” como debe ser, con un hombre.

Toda contenta respondí: “ya bajo espera”. ¿Espera?, ¿a dónde demonios pensé yo en ese segundo que Luís iba a ir?.

Una cita muy esperada.