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Abogada y cosultora. 1.traspies en el metro.

El metro se llena y el zapato de Sylvia cae al andén. Un desconocido la ayuda, pero el verdadero juego apenas comienza. Entre miradas furtivas y el roce de las piernas, la abogada sabe que este encuentro no será solo profesional.

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ABOGADA Y COSULTORA.

TRASPIES EN EL METRO. EL COMIENZO

Soy una abogada que trabajo para una importante firma de Consultoría, y por mi trabajo he de viajar a reuniones con clientes por toda Europa y países del mediterráneo, y, con menor frecuencia, a Latinoamérica y USA. Tengo 33 años, soy soltera, y me gusta cuidarme, estoy en forma, y me gusta vestir muy atractiva y provocativa, no solo porque he comprobado que me funciona muy bien el trabajo, sino porque me gusta mucho excitar a los hombres, calentarlos y aprovechar las oportunidades que surgen. Soy muy fogosa, y me gusta dominar y que me dominen, me encantan las situaciones morbosas, y las situaciones excitantes en público, en las que no tengo el control… por eso disfruto mucho de las situaciones que se me dan en mi trabajo, tanto en la oficina, como en mis frecuentes viajes a las oficinas de los clientes, o sus instalaciones por distintos países.

En nuestra oficina cuento con un equipo a mi cargo, que me ayuda con las distintas gestiones. Como soy la jefa del departamento, tengo la posibilidad de elegir a los miembros del equipo, así que procuro elegir a chicos que me gustan, jóvenes, y también algunas chicas. Todos deben vestir adecuadamente a la imagen de la compañía, ellos con traje y corbata, y ellas de ejecutiva, preferiblemente con falda, medias y tacones, prendas por las que, lo reconozco, tengo predilección, y me excitan enormemente, tanto llevarlas como exhibirme con ellas. Noto enseguida el efecto que provocan en los hombres, y en algunas mujeres, y eso me excita mucho, y a veces no me controlo… llevándome a situaciones que algunas veces han sido peligrosas, pero en las que he disfrutado muchísimo. Esto me lleva a seguir explorando esta faceta de exhibicionismo en público, cada vez algo más arriesgadas y descontroladas, y que aprovecho para satisfacer mis deseos en los viajes de trabajo, en entornos lejos del contacto con conocidos.

En la oficina, siempre visto falda de ejecutiva, ceñida en la cintura y hasta medio muslo, una blusa dejando ver un escote donde se aprecia mi canalillo, ya que tengo unas tetas muy bonitas, grandes, firmes y redondas, y siempre llevo medias, a veces pantys, otras medias ceñidas a medio muslo con un elástico de encaje, y otras medias con liguero, y siempre rematado con unos altísimos tacones, con los que me encanta juguetear para excitar a mis jóvenes subalternos, y a mis compañeros de trabajo y jefes, así como a los clientes y cualquier persona que se me ponga a tiro en la calle. Me encanta detectar a esos hombres a los que les encandilan mis piernas y mis tacones y mis pies, porque con estos puedo jugar a mi antojo, lo cual me excita muchísimo... y es entonces cuando sale a flote la ninfómana que llevo dentro.

En el trabajo soy firme, dura incluso. En las negociaciones defendiendo a mis clientes puedo ser implacable y tengo merecida fama de ser muy dura si la situación lo requiere, pero también se llegar a acuerdos de una manera muy eficaz en interés de mi cliente, por lo que soy muy respetada en mi empresa y en mi sector.

Además, tengo mi punto débil, que se que me puede dar problemas, pero que a la vez me da muchas satisfacciones… me éxito muchísimo con mis pies, y exhibiéndome en público. Mis pies son un punto erógeno que hace que me ponga muy cachonda en cuanto alguien me los roza, no digamos ya que me los masajeen, o me los besen… en esos momentos puedo perder completamente el control. Me encanta descalzarme en público, sentir el aire en mis pies cuando me quedo descalza, y el tacto de mi pie descalzo solo con el nylon de las medias en contacto con el suelo… o con otra persona. Busco esas situaciones en todas partes, simulando que son involuntarias y distraídamente, pero lo cierto es que me excitan muchísimo y mis pezones me delatan, sobresaliendo bajo mi blusa de seda y mi sostén de encaje que suelo llevar.

Hoy os contaré una situación que me ha pasado recientemente.

Es lunes, y voy a la oficina en metro. Me gusta ir en trasporte público, porque disfruto con mis pequeños juegos, que me ayudan a estar excitada y me hacen el día más divertido. Esta mañana me he puesto unas medias negras con liguero, y con refuerzo en el talón y la puntera y la planta del pie, y con una costura vertical que se pierde bajo la falda de tubo, de color crema, ajustada por encima de mi cintura, marcando mi culo respingón. Llevo una blusa negra, con escote, y con la parte superior, de los hombros, de gasa semitransparente, que deja ver la parte superior de mi sostén negro de encaje, que realza mis grandes pechos, y cubriéndome, una chaqueta de ejecutiva, a juego con la falda de tubo, que llevo abierta para ir más cómoda. Todo ello lo completo con unos zapatos de tacón de 15 centímetros, abiertos en la puntera, lo cual permite ver la punta de mis pies, enfundados en las medias negras, y el refuerzo de las medias, que cubren mis uñas pintadas de rojo. Procuro levar unos zapatos siempre ligeramente holgados, ya que, como os he contado, me encanta jugar con ellos, y el ruido que hacen los zapatos al caer de mis pies bajo la mesa…

En la estación, casi pierdo un zapato al llegar, porque iba con prisa para no perder el metro, y se me salen ligeramente por el talón al caminar, pero lo tengo bastante controlado si voy con cuidado.

Por suerte, he llegado a tiempo al vagón, y me he podido sentar en uno de los pocos asientos que quedaban libres, ya que mi estación está al principio de la línea y suelo encontrar sitio, aunque poco después se llena por completo. Me siento, y cruzo mis pies debajo del asiento, apoyando un pie sobre el talón del otro, y moviendo ligeramente el pie, mientras ojeo mi móvil. Noto las miradas de las personas sentadas junto a mí. Un joven universitario con sus cascos, que simula ojear el móvil pero que noto como sus ojos recorren mis piernas enfundadas en nylon, otro pasajero sentado a su lado, junto a la ventanilla, que tendrá unos cuarenta años y parece en forma, delgado y con buena pinta, con traje de ejecutivo, y, junto a mí, hay otra chica, joven, tendrá unos 23 o 24 años, vestida también de ejecutiva y que intuyo que trabajará en algún despacho o consultora por su formal modo de vestir, algo impropio de su edad, pero que he de reconocer que le sienta muy bien. También lleva falda y medias, y lleva una pierna cruzada sobre la otra, dejando ver su zapato de tacón, también de aguja, negro, que deja ver el arco de su pie que permite intuir unos pies bonitos y bien cuidados. No puedo evitar excitarme un poco al ver su pie, y sentir cierto morbo por “competir” con ella frente a los dos chicos sentados frente a nosotras. Así que tontamente comienzo a jugar con mis pies mientras simulo ojear noticias en el móvil. Primero dejo salir el zapato por el talón de mi pie que está apoyado en el suelo, y sobre el cual se apoya mi otro pie, que muevo en pequeños círculos, y, poco a poco, dejando salir también un poco de mi talón. Como ya intuía, al deslizarse suavemente por el nylon, el zapato cae al suelo del metro, emitiendo un ligero ruidito “cloc”, al caer, que noto que hace mover su mirada a los dos hombres que se sientan frente a mí. Sonrió, satisfecha de haber captado su atención, pero dejo el zapato ahí, solo, caído a pocos centímetros de mi pie descalzo, y muevo mis deditos dentro de la media… pronto siento el frescor del aire frio sobre mi pie descalzo, y eso me excita inmediatamente, haciendo que mis pezones de endurezcan bajo mi sostén, y se marquen en mi blusa, detalle que no pasa desapercibido al universitario, cuya mirada noto como se fija en mis pechos. El ejecutivo se está fijando más en mis piernas y mis pies… ¡mmmh! ¡Esto me gusta! Sonrió y me muerdo el labio inferior ligeramente, y por un segundo nuestras miradas se cruzan, y el, un poco azorado, le retira, fingiendo indiferencia, y mira por la ventana, pero se que está tratando de percibir algo en el reflejo, ya que en el metro las ventanas solo permiten ver una total oscuridad, y el reflejo del interior. Yo sigo con mi pequeño juego, buscando el zapato con la punta de mi pie, aun apoyado sobre el talón del otro, y solo consigo alejarlo un poco más, y sacarlo al pasillo central del metro, que está lleno de gente, y entonces me empiezo a poner algo más nerviosa, ya que ahí puedo perder el control del zapato, y eso a la vez me excita. Justo en ese momento, el metro llega a otra parada, una de las principales, lo cual provoca un gran movimiento de gente que entra y que sale, y que, sin querer, golpean mi zapato, alejándolo de mí, y hacia la salida. Veo como se pierde entre los pies de los viajeros, que uno y otro lo van golpeando hacia la salida, y en ese momento tengo que levantarme a intentar recuperarlo, y me levanto precipitadamente, y en mis prisas, casi planto mis tetas sobre la cara del universitario, y golpeo con mi pie descalzo en la pierna de la chica, que estaba leyendo un libro y con su pierna cruzada. Al hacerlo, le saco su zapato sin querer, que queda colgando de la punta de su pie, a pocos milímetros de caer, dejando ver su precioso pie enfundado también en medias negras, aunque sencillas, no como las mías, le pido disculpas sonriendo, y descalza, intento recuperar mi zapato, que veo como se acerca a la puerta del metro, entre la gente que sale, voy empujando a los pasajeros, y me voy rozando con ellos, y manchando mi pie descalzo sobre el suelo sucio del vagón, y restregado mi pecho y mis caderas y culo con los pasajeros para lograr llegar a mi zapato. Finalmente, cuando estoy a punto de alcanzarlo, veo con horror como un pasajero le da una patada y el zapato sale al andén. A duras penas logro salir, apretándome entre la gente que ahora intenta entrar. En el proceso, con tanto roce, se me han desabrochado dos botones de la blusa y sin querer dejo ver mis pechos apenas cubiertos por mi sujetador de encaje, y exhibiendo mi canalillo, y que, con la excitación que todo esto me está produciendo, están durísimas y se ve la dureza de mis pezones claramente. Cuando finalmente consigo salir, descalza de un pie y medio de puntillas para equilibrar mi otro pie, mi zapato está a pocos centímetros del borde del andén, y justo cuando estiro la punta de mi pie descalzo para recuperarlo, llega un chico corriendo para no perder el metro, y empuja de nuevo mi zapato al interior del metro, justo cuando se cierran las puertas. Y me quedo allí, descalza, de pie de puntillas, con mi media sucia en la suela, y completamente desconcertada. Justo cuando el metro ha cerrado sus puertas, veo al ejecutivo que estaba sentado frente a mi, que me mira sonriente desde el otro lado de la puerta, dentro del metro, y con mi zapato de tacón en su mano, e indicándome con señas que me tranquilice y que le espere ahí, haciendo gestos de que volverá en el siguiente metro a la misma estación, y se lo agradezco con señas y le sonrió. Es un hombre atractivo, con pelo corto y ligeramente canoso por las sienes, y me ha encantado esa media sonrisa de malo que ha puesto, y que no ha hecho sino excitarme aun mas!.

Vista la situación, me vuelvo sobre mí misma y busco algún banco libre en el andén para esperar a mi caballero. Enseguida encuentro un hueco en un banco ocupado por un par de jóvenes. Yo me siento, y cruzo mi pierna sobre la otra, dejando mi pie descalzo en el aire, y lo muevo en círculos y los deditos dentro de la media, a la vez que procuro limpiarme con la mano la planta del pie y la puntera, por haber caminado descalza en el metro y en la estación, y que, al llevar las medias negras y con refuerzo en la suela, delatan aún más la suciedad. Esto me sigue excitando, y me doy cuenta entonces de que sigo con los botones sin abrochar, pero como me excita mucho, finjo que no me doy cuenta y me quedo a esperar a mi desconocido caballero que me trae mi zapato. Mientras tanto, la gente llega en otro metro y se va, con gran trasiego de gente que viene y va. Muchos pasan precipitadamente, cada uno inmerso en sus pensamientos y en sus prisas de lunes, pero puedo percibir claramente más de una mirada de hombre, y de alguna mujer, que no pierden detalle de mis largas piernas cruzadas y de mi pie descalzo enfundado en su media… yo sonrió satisfecha, y excitada.

Finalmente llega el metro en el sentido opuesto, y tras fijarme detenidamente en los pasajeros que entran y salen, veo como, al abandonar el metro la estación y la mayoría de los pasajeros, solo queda en el andén el ejecutivo, con su cartera y su traje, y mi zapato de tacón en su mano, que me sonríe. Yo me levanto y me acerco al andén, caminando, y de lado a lado de la estación, hablamos por vez primera

- ¡Muchísimas gracias, caballero! ¡Me acaba de salvar la vida! -le digo, sonriente

- De nada, por favor! No podía dejarle así. Me he dado cuenta en cuanto le he visto salir así del metro, ¡y suerte que el zapato no caído a las vías!

- ¡Buff! ¡Ni lo había pensado! ¿me acerco allí?, digo, girándome y comenzando a caminar descalza sobre el anden

- ¡No! Ni te muevas, me acerco yo, que, además, tengo que volver a coger el metro, está no es mi parada, dice con esa encantadora sonrisa.

- ¡Ni la mía!, le digo, también sonriendo. Así que vuelvo al banco y me siento, volviendo a cruzar mi perna sobre la otra.

En pocos minutos, aparece de nuevo en el andén, y me saluda, socarrón:

- ¿Por casualidad es usted la propietaria de este bonito zapato?

- Pues si!, es usted muy observador, caballero!- le digo, devolviéndole la sonrisa y coqueteando un poco con el- ¿sería tan amable?- le digo, estirando mi pierna y la punta de mi pie para que pueda calzarme el tacón. El no pierde la ocasión, deja su maletín en el andén, y con su mano libre me sujeta suavemente desde el gemelo, deslizando su mano sobre mi media y mi pie, lo cual hace que yo me excite aún más, haciendo que mis pechos casi quieran salirse de mi sostén, y moviendo juguetonamente los deditos de mi pie. El me calza con infinita delicadeza en tacón, y yo, una vez puesto, lo muevo en círculos, como revisando si esta todo en orden entre tanto meneo, haciendo que se salga ligeramente del talón y encajándolo de nuevo en el pie con mi mano.

- ¡Muchísimas gracias! No nos hemos presentado, le digo, levantándome, y acercándome a el, sonriente. Me llamo Sylvia

- Alfonso, encantado. Y nos damos dos besos. El es más alto que yo, medirá más de 1,80, y yo, a pesar de mis taconazos, no paso de 175, así que me tengo que poner ligeramente de puntillas, haciendo salir mis talones de los zapatos, y poniendo mi culo en punta al ponerme de puntillas. No se si el lo percibe, pero estas cosas a mi me excitan mucho…. Noto que lleva una colonia que me encanta, Hugo Boss, y que me recuerda a un novio, y me sigue excitando su olor… ¡Vaya mañana llevo, y todavía no son ni las 9,00!

- Bueno, no nos queda más que esperar al siguiente metro, para poder llegar a nuestro trabajo. A mi quedan aún 2 paradas, no sé a cuál vas tu…

- Yo también me bajo en la misma, tengo una reunión allí cerca, dice Alfonso

- Ah!, perfecto, pues si quieres, ¡y aunque no quieras! -le digo sonriéndole- te invito a desayunar en una cafetería allí al lado. Es lo menos que puedo hacer por ti después del favor que me has hecho.

- Bien, acepto encantado. No he desayunado, y será un placer hacerlo con alguien tan guapa, dice sonriendo, y me da la sensación de que, con un claro doble sentido, que me encanta…

- Estupendo, ven conmigo, le digo, subiéndonos al metro que acaba de llegar. Esta vez viene bastante lleno, por lo que tenemos que hacer un esfuerzo para poder entrar, por supuesto sin sitio para podernos sentar, y quedamos muy pegados en uno al otro, mis tetas se aprietan contra su pecho y puedo notar como bajo su pantalón hay algo más que una llaves… nuestras miradas se vuelven a cruzar y nos sonreímos, pero no decimos nada. Noto como le cuesta evitar mirar hacia mis pechos, y que mi camisa sigue con dos botones desabrochados, así que decido arreglarlo, y romper el hielo para volver a hablar.

- ¡Uy! Con este ajetreo no me había dado cuenta de que se me han desabrochado unos botones, disculpa-le digo sonriente y coqueta, y comenzando a atarme el botón de abajo, y dándole la oportunidad a Alfonso para que se deleite un poco con mi canalillo mientras me recompongo la camisa, y así yo también me caliento un poco…

- Si, no me extraña, con estos vagones tan llenos no me sorprende… ¿van siempre tan llenos?

- Si, es normal a estas horas y en esta línea, pero ya casi llegamos. Está es nuestra parada, ven, le digo, y me adelanto, caminando con firmeza delante de él, y dejando que vea mi culo y mis piernas mientras camino haciendo sonar mis tacones, que se que causan un efecto hipnótico en muchos hombres, y me parece percibir que Alfonso es uno de ellos… porque me sigue, dócil y estoy seguro de que encantado con lo que ve. En cuanto salimos, en una zona del centro de Madrid, con grandes edificios de oficinas, le llevo a una cafetería cercana que suelo frecuentar.

- Ven, no se si conoces esta cafetería, a mi me gusta mucho, es muy luminosa y me permite ver a través de sus cristaleras el ajetreo de la calle mientras tomo mi café sentada en el taburete de la barra, a mi me encanta. Le digo, mientras me subo a un taburete y le dejo a el que se siente en el que está al lado, mientras vuelvo a cruzar mis piernas, y a la vez dejo salir ligeramente el talón de mi zapato que está apoyado en el taburete, y Alfonso no pierde detalle de mis largas piernas cruzadas y mis pies, que inmediatamente juguetean con el tacón de nuevo.

- ¿Qué quieres tomar? ¿Un desayuno completo? ¡No me voy a conformar con inviarte a un simple cortado!, le digo sonriente.

- Pues te lo agradezco,…cortado, te lo aseguro que no… ¡vengo con hambre!, me dice enseñando sus dientes en una preciosa sonrisa y una mirada que intuyo bastante traviesa ¿está intentando ligar conmigo?

- Muy bien, ¡dos desayunos completos entonces! Javi-le digo al camarero-, cuando pueda por favor, nos sirve dos desayunos completos: 2 cafés con leche, 2 zumos de naranja, y para mi, una tostada con tomate y aceite ¿tu que prefieres Alfonso?, le digo, posando mi mano sobre su rodilla, con toda la intención.

- Lo mismo que tu, buena idea. ¡Gracias Sylvia!

- ¡De nada! ¡Por favor!... bueno, cuéntame, ¿trabajas por aquí cerca? No me suena haberte visto por aquí…

- No, he venido a una reunión, y tampoco soy de Madrid, pero he preferido venir en metro porque no quería quedarme atrapado en un atasco de Madrid. Y creo que he hecho muy bien…, me dice, sin disimular una sutil mirada por mi anatomía, de los pies a la cabeza, cosa que me encanta.

- Bueno, pues espero que el resto del día te vaya muy bien y que la reunión y lo que vengas a hacer sea un éxito. Yo trabajo aquí al lado, soy abogada. Toma, te dejo mi tarjeta, por si por cualquier cosa en esa reunión las cosas se complican, ja ja ja. Le digo, para que se quede con mis datos, y esperando que me de los suyos y saber algo más, y por otro lado, quien sabe si captando un cliente. ¡nunca se sabe!

- Ah, ¡muchas gracias! Pero espero no meterme en más problemas, ¡creo que con resolver este traspiés habrá sido suficiente! Me dice, jugando con las palabras y mirando a mi pie y mi zapato que cuelga de la punta de mi pie…

- Bueno, ¡nunca se sabe! Ahí tienes mi tarjeta. Llámame si te puedo ayudar en lo que sea. En fin, Alfonso, te tengo que dejar, digo mirando mi reloj, se me hace tarde, y tengo una reunión importante con un cliente nuevo y no quiero llegar con retraso. Un placer, digo, mientras pago al camarero por el desayuno, y bajo mi pierna al suelo mientras guardo mi cartera en el bolso, dejando mi pierna completamente estirada e insinuando el comienzo de mi liguero, y mi talón sale un poco del zapato al pisar la punta de mi zapato en el suelo. Noto como Alfonso no pierde detalle y a mi todo esto me pone más cachonda… Espero poder resolver esto hoy, ¡porque no son ni las 9,20 del lunes y ya estoy muy cachonda!

- Bueno Sylvia, espero que también tengas un buen día ¡y que no pierdas mas zapatos! Son muy bonitos, sería una pena… me dice sonriente.

¡Este hombre es un seductor! Y yo me voy, sin saber mas que su nombre, y sin su tarjeta ni nada más… ¡que torpe he sido! Me maldigo, mientras acelero el paso hacia mi oficina, marcando el paso al andar, de manera sonora sobre el asfalto de Madrid, y casi corriendo, para recuperar algo el retraso que llevo. Alfonso se ha quedado en la puerta de la cafetería, aparentemente haciendo una llamada, pero sin quitarme la vista de encima, ya que le veo en el reflejo del cristal del portal de mi edificio, así que le doy una última pequeña exhibición y entro contoneándome un poco más sobre mis taconazos. En fin, ¡que lástima! ¡con lo mono que era este hombre…! Como no me tranquilice, hoy algún becario se va alegrar, porque no pienso irme a la cama sola, con este calentón que ya llevo!, me digo sonriente mientras me miro en espejo, retocándome en maquillaje y ajustándome la falda, la chaqueta y mis pechos, estando sola en el ascensor. ¡Quiero impresionar a este nuevo cliente!

CONTINUARÁ.

NOTA; ESTE ES EL PRIMER CAPITULO DE UNA SERIE, QUE A SU VEZ ES MI PRIMER RELATO, POR LO QUE AGRADECERÉ CUALQUIER COMENTARIO O SUGERENCIA, TANTO AQUÍ COMO EN MI CORREO. MUCHAS GRACIAS Y ESPERO QUE OS GUSTE EL COMIENZO…