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Yo me lo busqué - (Capítulo 16)

Julián creía que su vida estaba a punto de completarse con la llegada de su hijo, pero una simple sospecha desmorona su mundo. Cuando las pruebas de la traición de su novia embarazada llegan a sus manos, la confianza se quiebra y el amor se convierte en un veneno que no puede ignorar.

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Capítulo 16

Julián

Todo nos iba maravillosamente bien en nuestro día a día, deseando los dos tener a nuestro bebé en el hogar para darle nuestro amor, mimos y lo que hiciera falta. Estábamos en el sexto mes de embarazo cuando me llamó Marcelo para quedar a tomarnos unas cervezas, cosa no muy habitual ahora que nos veíamos los viernes, pero tampoco le di mucha importancia. Solo le avisé a mi novia para que supiera que llegaría ya cenado.

En el bar ya me esperaba Marcelo apoyado en la barra mientras se tomaba una caña de cerveza. Después de saludarnos nos sentamos en una mesa que me extrañó la eligiera tan separada del resto, incluso con una columna que en cierto modo era algo incómoda. No se anduvo por las ramas y me lo soltó sin más.

-Julián, esta tarde he visto a Carmen en una actitud muy cariñosa con el que creo que era el novio en su pueblo. Lo sé porque al llegar aquí se hizo amiga por Facebook de Marta y de Sonia y fue mi novia la que me enseñó las fotos de ella con el canalla del novio que la hizo abortar, ya sabes ¿No? Tanto me extrañó que los seguí con precauciones y al final entraron en un portal de un edificio de pisos o apartamentos. Me he quedado un buen rato en las inmediaciones, pero me tuve que ir una hora más tarde sin que ellos hubiesen salido.

-¿Tienes la dirección? -Le pedí.

-Claro, te la paso por el WhatsApp. -Me respondía mientras enviaba un mensaje que al parecer ya tenía preparado.

En cuanto que vi el nombre de la calle, supe que se trataba de la ubicación del apartamento del jefe de Richard. Tenía que explicarles a mis amigos todo lo que había pasado con Richard, su jefe y Agustín. No me iba a dejar nada en el tintero. Si Carmen era culpable por ponerme los cuernos, yo también estaba implicado por haberle dejado volver a estar con él, o con ellos, según me temía. A él se lo conté todo en ese mismo momento y le pedí que me guardara el secreto porque tenía que asegurarme que lo de esa tarde era una infidelidad en toda regla.

Cuando volví a casa tuve que hacer grandes esfuerzos para que ella no sospechara nada de lo que me acababa de enterar y achacándolo a que había bebido algo más de la cuenta, me duché y me metí en la cama para dormir. Pero creo que no pegué ojo en toda la noche. Estaba muy nervioso y cada vez que Carmen me abrazaba por detrás, me daban ganas de levantarme y salir corriendo.

Al día siguiente me fui a visitar a un detective privado que ya me habían recomendado cuando lo del accidente de mi esposa. Se trataba de un hombre mayor que trabajaba por su cuenta. El investigador había sido policía y de estos asuntos estaba bien puesto. Le conté lo que sospechaba que podría ocurrir con mi novia, su antiguo novio y los otros dos.

-Mire, si ella estuviese yendo a ese apartamento con cierta asiduidad, seguro que tiene una llave de él en su bolso. Si es así, tendría que traérmela para que pueda instalar una cámara en el mismo y ya no tendrá que hacer nada más. En cuanto tenga las pruebas me pondré en contacto con usted para hacérselo saber.

Esa misma tarde no tuve ningún problema en encontrar esa llave en un bolsillo interno de su bolso. Sabía que al ser jueves ya no tendría oportunidad de acudir al apartamento hasta el lunes siguiente, así que el viernes por la mañana yo mismo hice una copia de ella y la llevé a la oficina del detective. Le comenté que esa tarde le restituiría la llave en su bolso porque en la mañana de ese viernes no la iba a necesitar y no la podría echar de menos. El detective me comentó que esperaba tener instalada la cámara esa misma tarde.

Ese viernes, fuimos como siempre a nuestra velada con los amigos, si bien, seguíamos con nuestra rutina de siempre, procurábamos que todo fuese como más suave, nada de fuertes pollazos que pudiesen molestar a nuestras parejas en esos últimos meses de gestación. A mí me venía bien para buscar unos buenos desahogos sin tener que recurrir a mi novia, con la que me sentía de todo punto incómodo cada vez que me veía obligado a follarla. A Marcelo le comenté en un aparte lo del detective y le pareció una buena idea. Después le tuve que insinuar que no diera de lado a Carmen como lo estaba haciendo esa noche, no fuese a sospechar algo y todo se fuese al traste.

Esperaba una llamada del detective para el jueves por la mañana, teniendo en cuenta que eran los miércoles por la tarde cuando se solía ver con Richard, pero no me llamó y el viernes tampoco. Por un lado, estaba jodido porque no lo hiciera y por otro temiendo que me citara para darme las pruebas definitivas de la infidelidad de Carmen. Al final me llamó el siguiente viernes para que fuese a verlo a las once de la mañana a su despacho.

Era un hombre de pocas palabras y nada más llegar me entregó un sobre grande con fotos y un pendrive.

-Vea las fotos. -Me pidió.

Abrí el sobre y saqué las fotos. En todas aparecía mi novia normalmente muy risueña, varias tomadas en el pub donde trabajaba Richard, concretamente en la barra junto a su novio y su jefe y un par de ellas donde se podía ver cómo entraban ella y el jefe a través de una puerta con el letrero de PRIVADO bien visible, para luego ver cómo salía éste dando paso a Richard acompañado de otro hombre que yo no conocía. Era el típico cachas de gimnasio con una camiseta muy pegada a su cuerpo, dejando ver una exageración de músculos, después salió Richard y por último el cachas junto a ella que le miraba con una gran sonrisa en la cara. La secuencia era muy clara teniendo en cuenta la fecha y la hora que figuraban abajo y a la derecha de cada foto. Otras eran de ella entrando en un vehículo todo terreno con el jefe al volante y Richard con Agustín detrás, ocupando Carmen el asiento delantero junto al del jefe. Luego se veía como el vehículo circulaba por una autovía bajo un letrero informativo, donde se explicitaba el nombre del pueblo que había en la siguiente salida. Era un pueblo que todos conocemos muy bien y que se encuentra a unos doce kilómetros de la ciudad. La siguiente era de ese vehículo tomando una desviación hacia una calle, donde al final quedó estacionado ante la entrada de una casa a la que entraron los cuatro. Dos horas después volvían a salir muy risueños, se montaban en ese vehículo y se marchaban.

-En el pendrive puede ver dos vídeos de su novia con estos tres hombres en el interior del apartamento del jefe de su ex-novio. Todas las relaciones son de unas dos horas aproximadamente y ahí encontrará las pruebas que me pedía. En definitiva, su novia tuvo un encuentro en el pub con Richard, Manuel y ese joven musculoso, en la casa del pueblo fue solo una vez con ellos tres y en el apartamento llegó a estar dos miércoles por la tarde de nuevo con los tres, Richard fue un fijo y Manuel y Agustín lo acompañaron una tarde cada uno. Aquí termina nuestro trabajo y quedamos a su disposición por si nos quiere encargar alguna tarea más.

-No conozco la identidad del último que sale con ella de ese privado. ¿Lo saben ustedes?

-No, pensé que le conocería usted, pero si quiere lo podemos averiguar. No creo que nos lleve mucho, debe ser un amigo de Manuel.

-No… no hace falta ya… -le dije después de soltar un fuerte suspiro-, si fuera necesario se lo encargaría más adelante.

Luego me entregó la factura que aboné con mi tarjeta de crédito y dándole las gracias por sus servicios, me marché de allí con el sobre a buen recaudo bajo mi brazo.

Llegué hasta donde estaba estacionado mi vehículo y me senté al volante sin ninguna intención de ponerlo en marcha. Estaba destrozado y mis manos temblaban porque todo mi cuerpo era un manojo de nervios. Quería llorar para desahogarme, pero no me salía ni una lágrima. Se estaba aproximando la hora de llegar a casa en ese mediodía del viernes, pero no movía ni un músculo para partir de allí. Tuve que bajar las dos ventanas delanteras para que me llegara algo de aire que tanta falta me hacía en los pulmones.

El sonido de una llamada en mi móvil me hizo volver a la realidad, lo saqué de mi bolsillo para comprobar que era Carmen la que me llamaba y lo dejé sonar hasta que el sonido paró. Un minuto después insistió y tampoco lo cogí ni esa vez, ni otras muchas más que me llegaron una detrás de otra. Al final eliminé el sonido, aunque ahora era que seguía zumbando sin parar. Una hora más tarde, algo más tranquilo opté por marcharme a casa. Tenía que tomar el toro por los cuernos, hasta sonreí cuando pensé en lo mucho que venía a cuento ese dicho, precisamente en aquellos momentos.

Entré a casa con mi sobre bajo el brazo y Carmen venía a mi encuentro con unas prisas algo torpes por su abultado vientre, y al ver mi cara se paró en seco a medio metro de mí.

-¿Qué te ocurre cielo? -Me decía muy preocupada-, ¿Por qué no has contestado mis llamadas? Estoy al borde de un ataque de nervios. Dime qué pasa, amor mío.

Ella me había cogido de la mano y me llevaba hasta el sofá del salón donde nos sentamos los dos. Puse el sobre encima de la mesa y me llevé las dos manos a la cara. No quería ni verla, ni tampoco oírla, pero eso era un imposible. Al final no tuve más remedio que hablarle de lo que ocurría, de lo que ella había hecho que ocurriera. Entonces volví a coger el sobre y saqué las fotos para depositarlas a lo largo de la mesita que tenía delante de mí.

-Esto es lo que me pasa, solo esto. -Le dije mirando cómo ella era ahora la que se llevaba las manos a la cara.

Enseguida comenzaron a oírse sus sollozos mientras iba viendo entre sus dedos lo que mostraban aquellas imágenes.

-Te lo puedo explicar… -susurraba entre llantos-, esto no es lo que parece… no llegamos a hacer nada…

Seguramente al observar que no se veían imágenes comprometedoras, probó suerte intentando hacerme creer que nunca hubo nada más que unos cafés, como hacía al principio con su novio. Pero le tenía que quitar esa idea de la cabeza para que no se humillara más ante mí. Volví a meter la mano dentro del sobre y saqué el pendrive.

-Aquí hay dos vídeos obtenidos en el apartamento de Manuel. Según me han explicado en ellos se te ve follando con Richard y su jefe y con Richard y Agustín. Yo no los he visto todavía… ¡Espera! -le propuse, mientras lo enchufaba en el USB de la televisión-, vamos a verlo ahora.

-No quiero que veas eso, cielo, por favor, no lo pongas. -Me decía sin parar de llorar, mientras yo ya le daba al play del primero.

Inmediatamente se abrió la ventana del primer vídeo donde se podían ver con una gran calidad de imagen a mi novia con Richard y su jefe. Entraban risueños al apartamento donde ella se sentó con los brazos abiertos en el centro del sofá, al mismo tiempo que Manuel se dirigía hacia un pequeño mueble bar para sacar un par de botellines de cava. Seguían con las risas mientras él escanciaba el cava en dos copas y vaciaba un refresco en una tercera. Enseguida chocaron las tres en un brindis dedicado a lo bien que lo iban a pasar esa tarde. El vídeo marcaba una duración de dos horas y trece minutos, por lo que con el mando a distancia le di al botón de avance rápido hasta que pude observar cómo se iban desnudando ellos y luego el jefe desnudaba a mi novia. Seguí avanzando rápidamente buscando imágenes de ella siendo follada por alguno de ellos, me paré cuando detecté que era Richard el primero que se la estaba follando a cuatro patas y ya lo dejé en play para que siguiera así hasta el final.

-Quita eso Julián, por favor, -me dijo con su cara despavorida-, no hace falta que veas más.

Luego hizo intención de levantarse, pero le costaba trabajo hacerlo con la premura que pretendía. Entonces comprendí que era una tontería seguir viendo aquel vídeo y lo detuve, apagando la televisión posteriormente.

-Tenemos que hablar, -le dije cuando ella se quedó muy quieta a mi lado, mientras se restregaba las manos de forma exagerada-, no vamos a seguir con lo nuestro Carmen, no eres una mujer fiable para mí. Tómate los días que necesites, pero quiero que te marches de mi casa. Arreglaremos los papeles para que nuestra hija disfrute de la consiguiente custodia compartida, llevará nuestros apellidos como es normal y correré con todos los gastos que designen los abogados.

Luego me levanté y recogí las fotos y el pendrive que volví a meter en el sobre. Después me dirigí a nuestro dormitorio para ponerme ropa más cómoda y me fui de la casa. En el restaurante de Luciano malcomí lo que me pudo entrar en el cuerpo y me marché, viendo de reojo como el cabrón éste cuchicheaba con su jefe que me seguía con la mirada fija en mí.

Luego llamé a Marcelo para resumirle lo que había pasado, me preguntó donde estaba y en menos de veinte minutos tenía a mis dos amigos sentados junto a mí, mientras nos tomábamos una cerveza. Ambos escucharon todo lo que les contaba muy callados y luego cuando les tocaba a ellos expresarse, no sabían ni qué decirme. Un tsunami de magnitudes desproporcionadas me acababa de pasar por encima ese día y ninguno de los tres sabíamos qué decir. Al igual que les pasaba con Sofía, mi esposa fallecida, ellos le habían tomado un gran cariño a Carmen. Más aún si cabe teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba.

-Por supuesto ella contará con mi apoyo hasta que nazca nuestra hija y luego la ayudaré en todo lo que pueda en su crianza, pero se tiene que marchar de mi casa, no puedo perdonar lo que me ha hecho y de la forma en que lo ha llevado a cabo. No lo puedo entender, nunca… nunca más… volveré a creer en una mujer…

-Sabemos que no te mereces lo que te ha pasado Julián, -me decía Marcelo-, venga, vamos a llamar a Sonia y Marta para quedar en mi casa. Allí les contaremos lo ocurrido. El chasco que se va a llevar Marta va a ser de órdago. ¡Joder, coño! Qué mal trago.

Pero yo no quería volver a estar con ellos para contar lo mismo otra vez, así que decidí regresar a casa y encerrarme en la habitación de invitados. Podía irme a un hotel hasta que Carmen se marchara de casa, pero no me quedaría tranquilo dejándola sola sabiendo el estado en que se encontraba.

Cuando llegué, ella estaba en nuestra cama acostada, al parecer dormida, así que casi a oscuras recogí toda la ropa de mi armario y la llevé al del cuarto de invitados, que hasta la partida de ella, sería el mío. Esa noche me pude quedar dormido cuando despuntaba el alba. Me desperté tarde y me fui a la cocina a prepararme un desayuno y allí estaba Carmen, muy seria, parecía que esperándome para hablar conmigo.

-Julián, ¿Podemos hablar?

-Sí, claro, nunca te negaré la palabra. -Le respondí.

-¿Habría alguna manera de arreglar esto? Yo no te quiero dejar por nada del mundo. -Me dijo aguantando como pudo un puchero-, estaría dispuesta a hacer cualquier cosa que me pidieras, lo que sea, cualquier co… sa…

Ahora no pudo reprimir un sollozo y las primeras lágrimas que ya no cesaron en todo el rato. Luego, como yo no terminaba de responderle, se volvió hacia la encimera de la cocina y muy nerviosa comenzó a prepararme el desayuno.

-Deja eso, -le pedí-, solo tomaré un café.

De inmediato paró la tostadora y tomó una cápsula del café que yo desayunaba cada mañana. La dejé hacer porque tampoco tenía importancia que acometiera esa tarea. Luego, cuando ya estaba tomándome ese café, volvió a hablar.

-Lo saben mi prima, Sonia y los demás, ¿Verdad?

-Sí. -Fue toda mi respuesta. Era evidente que la noche anterior no acudimos a nuestra velada de los viernes.

Entonces volvió a sollozar y se marchó lo más deprisa que pudo a nuestro dormitorio. Al menos eso me pareció al oír cómo cerraba la puerta. No habían pasado ni diez minutos cuando sonó el videoportero. Precisamente era Marta la que venía a vernos, o más bien a ver a su prima, suponía.

-¿Dónde está? -Fue todo el saludo que me dedicó en cuanto estuvo delante de mí.

Estimé que la pregunta venía a cuento por si acaso yo la había echado de casa.

-Está aquí, -le respondí-, creo que en nuestro dormitorio.

-Perdona, -me dijo algo nerviosa-, ¿Cómo estás tú después de todo esto?

-Jodido y asimilando lo ocurrido poco a poco. No me queda otra, Marta.

-Ya… voy a hablar con ella. -Me dio un apretón en el brazo y se marchó por el pasillo.

Lógicamente preferí dejarles espacio a las dos y aproveché para ir al gimnasio, que falta me hacía para relajar el manojo de nervios que tenía en la boca del estómago desde hacía dos semanas. Procuré agotarme todo lo que pude en los diversos aparatos. Después me duché y volví a casa cansado, pero quizás un poco más relajado. Carmen estaba sentada en el salón hablando por teléfono y en cuanto me vio entrar por la puerta, no sé qué dijo, pero cortó la llamada de inmediato. Luego evitó mirarme a los ojos y dejó el móvil en la mesa.

-Era… Richard… no sabía nada de lo que ha pasado y se lo estaba contando…

La miré y asentí como si la cosa no fuese conmigo y aquello me importara un pito, dirigiéndome a mi nueva habitación para cambiarme de ropa e ir a cenar al Luciano. Ella se percató de lo que iba a hacer y cuando pasaba por delante de la puerta del salón, me volvió a hablar.

-He preparado cena para los dos. Solo quedan diez minutos de horno para que esté lista.

Me quedé unos segundos con la mano en el tirador de la puerta, pensando si marcharme, mandarla a la mierda o quedarme a cenar. Al final opté por quedarme, más que nada porque suponía que algo me tendría que comunicar en referencia a lo que habló con su prima Marta. Así que volví mis pasos hacia el salón y me senté en el butacón que solía usar para ver la tele cuando estaba solo.

-Está bien, me quedaré a cenar.

-Mi prima me va a preparar nuevamente la habitación de cuando me acogió y espero que a mediados de la semana que viene pueda abandonar tu casa.

Asentí sin más, como si aquello que me decía me importara un bledo, aunque otra vez se me hizo un nudo en la boca del estómago. Sabía que la iba a echar de menos, muchísimo… pero así es la vida. Nervioso saqué mi móvil del bolsillo para volverle a poner el sonido que le quité cuando entré al gimnasio, observando como había varias llamadas perdidas de Marta, que terminó enviándome un mensaje para pedirme que la llamara cuanto antes.

-Tengo que hacer una llamada. -Le dije al mueble que tenía frente a mí y me marché a mi habitación.

-Dime Marta. -Le dije cuando me cogió la llamada.

-¡Ah! Eres tú. No sabía donde estabas cuando terminé de hablar con Carmen y me tenías muy preocupada, pero ya me ha dicho ella que por la ropa que faltaba, estarías en el gimnasio.

-Sí, creo que iré un poco más a menudo a partir de ahora, necesito distraerme, no puedo estar todo el día en casa lamiéndome las heridas, ya sabes.

-También te quería comentar que estoy muy preocupada por como está Carmen en estos momentos, la veo tan mal que hasta le he pedido que se venga a mi casa el tiempo que haga falta. Me ha estado diciendo que no quiere seguir viviendo, que cuando tenga tu hija te la dará para siempre y que ya verá lo que hace después.

-Yo también estoy muy mal Marta, pero yo no he hecho nada contra ella. Nunca la he traicionado… en fin, que prefiero no hablar ahora de eso y mucho menos perdonarla, si es lo que creo que me estás insinuando.

-Está bien, no te tomes mis palabras como una presión para que la perdones y aunque sé que este revés que acabas de recibir está muy reciente como para que puedas pensar en las consecuencias que pueda acarrearle al quedar sin tu protección, que sepas que aquí en nuestra casa, Félix y yo vamos a cuidar de ella y de tu bebé todo el tiempo que haga falta. Estate tranquilo por esa parte.

-Os agradezco lo que vais a hacer por mi bebé, es en estos momentos mi máxima preocupación ante la irresponsabilidad que su madre ha demostrado últimamente.

-Otra cosa que quería decirte es que hemos llegado a un acuerdo nosotros cuatro en suspender nuestros encuentros semanales, al menos hasta que nazcan nuestros bebés. Félix ha hablado con Basti y también le ha parecido correcto.

-Yo también lo creo así, aunque si te digo la verdad, en estos momentos me planteo si algún día seré capaz de volver a participar en esos eventos.

Hubo un tenso silencio por parte de los dos, hasta que ella se volvió a pronunciar.

-Por último y en nombre de todos nosotros, tus amigos de siempre, te rogamos que trates bien a Carmen estos últimos días que va a pasar ahí contigo. Si tu amor se ha convertido en rencor, por favor, procura que ella no lo sufra.

-Lo procuraré, no te preocupes.

Después de despedirnos, me sentí cariacontecido por no llegar a conocer qué es lo que le había contado Carmen a su prima para tratar de justificar su terrible comportamiento. Y es que cada vez que pensaba todo lo que había hecho en solo dos semanas de investigación, ¿Qué no habría hecho en los tres últimos meses? Y lo peor era que cuando me estaba afirmando que hablaba con ellos, pero que jamás volvería a tener relaciones sexuales, podría haber estado follando esa misma tarde con vete tú a saber quién.