El hilo del destino
Dieciocho años de silencio y dolor lo separaban de la única mujer que lo hizo sentir vivo. Ahora, ella regresa con un secreto que cambia todo: un embarazo no deseado y una demanda que podría destruirlo. Pero cuando la mirada de Susana lo alcanza, el pasado deja de ser una prisión y se convierte en el único destino posible.
El hilo del destino
Me llamo Víctor, mi madre era una mujer rumana que viajo a este país escapando de las miserias de su país de origen, de lo que se dio cuenta tarde es que la miseria abunda en todos los países. Trabajo en todo lo que pudo hasta que encontró un trabajo como mujer de la limpieza en la empresa más poderosa de la ciudad, mi madre pensó que todo lo sufrido había merecido la pena.
Mi madre era una mujer muy hermosa y pronto se dio cuenta de que estaba en el punto de mira de todos los babosos de la empresa. Ella solo se dedicaba a hacer su trabajo y salir a la hora convenida, pero como no todo sale como uno planea un día apareció el dueño de la empresa y a mi madre no pudo evitar sentir como un calor tremendo recorría todo su cuerpo y como su coñito se licuaba solo con la mirada que le echo ese hombre.
El resto de la historia es simple, mi padre convirtió a mi madre en su amante, le prometió hasta la luna. A mi madre si algo le había enseñado la vida era a perder y sabía que ninguna de las palabras que salían de la boca de ese hombre eran ciertas, pero a nadie le amarga un dulce y tenía que reconocerse a sí misma que ese hombre la hacía gozar mucho.
Entonces llego el día más feliz de mi madre, se hizo la prueba y dio positivo. Estaba embarazada, sabía que mi padre no se haría cargo de mí, pero lo que menos esperaba era que la despidiera. Como he dicho antes a mi madre, la vida le había enseñado mucho y ya se había adelantado al movimiento de mi padre, encontrando otro trabajo.
Trabajo hasta el último día y después se cogió la baja. Después de esperar nueve meses llego el día que más estaba esperando y entro en el hospital, con mucho dolor, muerta de miedo, pero sabiendo que en unas horas tendría a su hijo en brazos y ese era su mayor anhelo. Abecés, la vida es cruel e injusta y en esta ocasión no fue diferente, mi madre murió en el parto.
Jamás supe si cumplió su deseo de tener a su hijo por primera vez entre sus brazos, os preguntaréis por qué sé yo todo esto si era un recién nacido, pues porque mi padre me adopto, jamás supe por qué. Él me dio a petición de mi madre todos los diarios que escribió desde que supo que estaba embarazada, hasta que cerró los ojos por última vez.
El ricachón me había adoptado, muchos pensarían que mis problemas se habían terminado, pero tengo que decir que no fue así, con mi madre hubiera tenido una vida dura, carente de caprichos, pero colmado de felicidad. Con mi padre no solo me toco una vida dura, sino que además carente de cariño. Al principio era demasiado pequeño para darme cuenta de la tensión que se respiraba en esa casa, según fui cumpliendo los años fui consciente del grado de odio que había crecido dentro de mi madrastra y mis hermanastros.
Todos me odiaban con saña por algo de lo que yo no era culpable, yo no pedí nacer. En esa casa había comida para todos menos para mí, desde muy jovencito tuve que buscarme la vida para poder comer. Una ducha caliente, que era eso, allí todos se duchaban con agua caliente, menos yo. En verano, pues no pasaba nada, pero en invierno ducharse con agua fría no era plato de buen gusto.
Mis hermanastros me encerraban en mi cuarto con ellos y me propinaban unas palizas brutales, esas palizas fueron en aumento según el matrimonio de sus padres se iba deteriorando, lo que no podía entender era porque no la tomaban con el verdadero culpable. Eso lo entendí con los años, él era el que tenía dinero y todos vivían a cuerpo de rey. Todos estaban cabreados e indignados, pero no lo suficiente pare renunciar a los lujos, panda de hipócritas.
Lo peor era que mi padre jamás movió un dedo por mí, como aguante eso durante años os preguntaréis. La respuesta es Susana, Susana era mi vecina y la mujer más maravillosa que jamás hubiera conocido. Todavía recuerdo, como nos conocimos, su familia y ella hacía pocos días que llegaron a la ciudad. El padre de Susana trabajaría en la empresa de mi padre, esa noche mis hermanos se aburrían y decidieron practicar su deporte preferido, patear a su hermano hasta que todos los huesos crujieran.
El problema es que en esta ocasión me defendí y uno de mis hermanastros termino saliendo por la ventana y cayendo contra el suelo. Nuestra casa era una de esos de dos pisos, mi hermanastro cayó de unos tres metros y no se hizo nada. Esa noche, después de que mi madrastra me abofeteo hasta que me rompió el labio, me dijo que yo no merecía dormir bajo su mismo techo y tuve que dormir al raso.
Aquella noche llovía a cántaros y hacía mucho frió, me cobijé debajo del árbol que teníamos en el césped. Temblaba y pensé que de esa noche no pasaba, entonces una sombra se acercó y tapándome con una manta, me ayudo a levantarme, me llevo a su casa, era una chica más o menos de mi edad. Era la mujer más guapa que hubiera visto en mi vida y además la heroína que me estaba salvando.
Esa noche dormí en casa de mis vecinos, la verdad que se portaron bien, pero no se atrevieron a hacer nada contra la familia más poderosa de la ciudad. Yo solo estaba esperando a cumplir los dieciocho años para poder irme de esa casa donde solo había conocido, dolor, tristeza y decepción, esa espera fue mucho más agradable gracias a Susana, ella y yo pasábamos casi todo el tiempo juntos, a su lado la vida parecía otra cosa y era la única persona capaz de sacarme una sonrisa.
Pero como todo en la vida tiene un principio y un final, el padre de Susana pidió un traslado, según parece los padres de Susana cansados de ver los abusos que ejercían contra mí fueron a recriminárselo a mi padre y su mujer, no sé qué paso, pero a los días los padres de Susana estaban haciendo las maletas. Saber que Susana se marchaba, me rompió por dentro.
Estaba a punto de perder lo único bueno que tenía en la vida.
• Víctor, me gustaría perder mi virginidad contigo – dijo una nerviosa Susana.
• Tú estás segura Susana, no quiero que te precipites – dijo.
• Estoy muy segura, ¡o quieres porque soy virgen! – dijo muy seria.
• Ese no es el problema Susana, yo también lo soy, es que no me gustaría que con el tiempo te arrepintieras y terminaras odiándome – dije.
Entonces Susana, con una sonrisa, se acercó a mí y me beso. Ese era el primer beso de mi vida y en ese mismo instante fui consciente de lo enamorado que estaba de Susana. Fue un desastre, pero los dos dimos lo mejor de nosotros para darle placer el uno al otro. Ver a Susana desnuda fue la visión más erótica que hubiera tenido jamás, me avergüenza admitirlo, pero casi me corro solo de verla, menos mal que no paso. Yo me cuidaba e intentaba hacer el máximo de deporte, tenía un físico bonito y eso no paso desapercibido para Susana, se agachó hecha un manojo de nervios y se metió mi polla en su boquita, me hizo daño en algunas ocasiones, pero siempre agradeceré esa mirada llena de amor que tenía cuando sus ojos se posaban con los míos.
Llego un momento que no aguante más y la avise como pude, ella intentó tragárselo y casi se atraganta, yo me agache preocupado y ella mirándome estallo entre carcajadas, la verdad que tengo muy buen recuerdo de esa noche, entonces llego mi turno e intente comerle el coñito, pero de la forma más torpe, la verdad es que más que placer lo que le hacía eran cosquillas, ella se lo tomo muy bien y al final conseguí que se corriera.
Otro ataque de risa, llego el momento de la verdad, me puse el condón y me dispuse a penetrarla. Estaba muy nervioso y le pedí a Susana que me fuera guiando para no hacerla daño. En un momento vi sangre que salía del coñito de Susana y me asuste, ella me dijo que siguiera, que el dolor estaba desapareciendo y que empezaba a sentir algo muy rico. Esas palabras me tranquilizaron.
No tarde mucho en correrme, pero por lo menos conseguí que los dos nos correríamos a la vez. Después nos besamos, ese encuentro estaba llegando al final y eso nos estaba partiendo el alma a los dos, lo alargamos todo lo que pudimos. Nos despedimos con promesas de adolescentes que después no se cumplen por una razón o la otra, pero algo dentro de mí me decía que nos volveríamos a encontrar.
A la mañana siguiente me levanté pronto, para poder despedirme de Susana, nos despedimos con un largo abrazo y muchas lágrimas. Cuando la vi partir sabía perfectamente lo que tenía que hacer, me faltaban dos meses para cumplir los dieciocho años y ese mismo día me iría de esa casa para buscarme la vida tal como hizo mi madre. El día llego y después de hacer las maletas, me marché sin despedirme de nadie. Con lo que había ahorrado pude matricularme en la carrera que quería y además pude encontrar trabajo en un taller cercano a la facultad, de esa manera tendría todos mis gastos cubiertos, dormiría en una habitación que alquile.
Los años fueron pasando y además de estudiar y trabajar mucho, no me perdía ninguna de las fiestas universitarias, allí me hinche a follar, no quería compromisos con ninguna y era sincero desde el primer momento. Algunas estaban de acuerdo y otras se lo tomaron mal no volviendo a hablarme. Recuerdo una fiesta donde una de las chicas que habíamos ido en grupo me llevo a la que era su habitación, pues la fiesta se hacía en la casa que tenían alquilada entre todas las amigas.
No me dio tiempo a decir nada, para cuando me di cuenta tenía mi polla metida en su boca y me estaba proporcionando un placer indescriptible, la verdad que aguante lo que pude, pero cuando se metió mi polla hasta lo más hondo de la garganta no pude aguantar y me corrí. Pude escuchar el sonido que hacía su garganta cuando se tragó mi corrida, no me dejo comerle el coño y se ensartó en mi polla con una violencia que pensé que terminaríamos por romper la cama.
Ver a Tania que así es como se llamaba, fue todo un placer, movía las caderas en círculos y sus músculos vaginales apretaban mi polla de tal manera que pensé que me desmayaría de tanto placer. Tania era la chica con la que mejor me llevaba en la facultad, ya habíamos follado en algunas ocasiones, tengo que reconocer que me gustaba, no sentí por ella lo mismo que sentí por Susana, pero estaba seguro de que me había enamorado de ella. Seguimos en esa tesitura hasta terminar la carrera, éramos follamigos, esa parte no era agradable para mí, pero como yo también follaba con otras, no tenía ningún derecho a decir nada. Eso si, le dije que cuando termináramos la carrera, si seguíamos juntos, lo de follamigos se acabaría y empezaríamos una relación monogamia.
Tania estaba de acuerdo y así empezamos a salir, yo seguí trabajando en el taller donde me contrataron, Don Antonio que así le gustaba que le llamaran, siempre fue muy amable conmigo y me dijo que cuando se jubilara, si quería podría traspasarme el taller. A mí me pareció una buena idea, la verdad es que ese taller tenía muchos clientes de toda la vida y estaban contentos con mi desempeño, además podría poner en funcionamiento mis conocimientos en empresariales.
Tania quería que trabajara con ella en la empresa de su padre, yo me negué. En el taller estaba a gusto y empecé a encargarme de todo el papeleo del taller que Don Antonio tenía atrasado y en poco tiempo el taller funcionaba todavía mejor, para cuando Don Antonio se jubiló, yo ganaba lo suficiente para vivir cómodamente. Eso era más de lo que yo necesitaba, Había pasado un año y mi relación con Tania empezó a enfriarse. Empezó a viajar mucho, según ella por trabajo, al principio me lo creí, pero no paso mucho tiempo para empezar a sospechar.
Llame a un colega y este me dijo que conocía a un detective privado, pero que era caro.
• Eso no es problema – dije.
• Muy bien, le pasaré tu móvil para que os pongáis en contacto – dijo mi amigo.
La cosa quedó allí y no supe nada en dos semanas, entonces recibí una llamada. Era el detective y me citaba en su oficina para media mañana, cerré el taller y me dirigí a la dirección que me dio. Cuando entre en su oficina me encontré con un hombre que se parecía a Colombo, tenía el puro y todo.
• ¿Eres Víctor? – pregunto el inspector.
• Si soy yo – conteste.
• Bien, me pondré manos a la obra, en unas semanas me pondré en contacto contigo – me dijo.
• Bien – conteste.
Salí de su oficina después de despedirnos, el inspector privado se puso en contacto conmigo a las dos semanas, por su tono sabía que lo que me iba a encontrar no me iba a gustar.
Así fue, llegue a su oficina y sobre la mesa había un sobre.
• ¿Lo que hay en ese informe no me va a gustar verdad? – pregunte.
• No, pero es mejor que lo veas por ti mismo.
En las fotos aparecía Tania junto a un hombre que no conocía de nada, en un famoso club de intercambio follando en un gang bang con cinco hombres de razas diferentes mientras el hombre se masturbaba sentado en una esquina, ver a la mujer que amas, siendo penetrada por el culo, coño y por la boca a la vez no era nada agradable.
El sexo anal es una práctica de la que hablamos en su día y me dijo que no le gustaba, ya no volvimos a hablar de ello, no le gustaba y punto y para mí eso era suficiente. Lo peor de todo era que con quien no le gustaba era conmigo, en un video salía comiéndole el coño a Silvia mientras Tom le daba por el culo. Tom y Silvia eran nuestros amigos, bueno míos, no por lo que veía, ya tuve suficiente.
El detective era caro, pero había merecido la pena. Contacte con un amigo mío y conseguimos mandar todas esas fotos a todos los correos de compañeros de trabajo, clientes y sobre todo a su familia. Yo quedaría como un carnudo, pero no quiero ni decir como quedaría ella. Por suerte vivíamos en casas distintas y todo lo que había mío en su casa carecía de importancia.
Las fotos y videos hicieron furor y el escándalo fue de índole planetario, yo seguí con mi vida, me dolió mucho, pero después de vivir el infierno en casa de mi padre, no seria esto lo que me hundiera en la mierda. En esos pensamientos estaba cuando un hombre impecablemente vestido entro en el taller y me entrego una citación judicial. Tania me había denunciado.
El hombre era de pocas palabras, llame a mi amigo y me recomendó a una abogada muy buena, vivía en otra ciudad. Me dijo que me había concertado una cita con ella en su oficina. Llegue media hora antes, estaba nervioso, tal vez la idea de difundir los videos y las fotos no fue tan buena al fin y al cabo. Cuando llegue me dijeron que Susana estaba reunida y que tardaría un rato, le dije a su secretaria que la esperaría. Susana, que casualidad pensé, fue escuchar ese nombre y me infundió esperanza, Susana era el nombre de la única persona que se preocupó por mí cuando más ayuda necesite y esta vez otra mujer con su mismo nombre venía a mi rescate.
No sé cuanto tiempo había pasado, ya me había leído todas las revistas. Entonces escuche el sonido de unos tacones y levante la vista y allí estaba ella, los años le habían sentado de maravilla, si cuando éramos unos críos era guapa ahora lo era mucho más, me costó contener las lágrimas. Delante de mí estaba mi Susana, de repente una gran felicidad me inundo hasta el punto de olvidarme de mis problemas. Cuando la tuve delante nos saludamos con dos besos y pude notar en su mirada que se alegraba tanto como yo.
• Cuanto tiempo Víctor, te veo muy bien – dijo una sonriente Susana.
• Pues tú estás preciosa, parece que los años no han pasado para ti – dije.
Susana se sonrojó y no pudo disimular una sonrisa, después de ese efusivo saludo nos pusimos en materia, Susana tenía las fotos y los videos, me dio mucha vergüenza que ella los viera, al punto que no pude contener las lágrimas.
• No llores Víctor, tú no eres culpable de lo que contiene estas fotos y los videos – dijo Susana.
• Lo sé, pero me avergüenza que lo veas – dije.
• ¿Eres culpable de lo que se te acusa? – pregunto Susana.
• Si – respondo.
• As ha sido sincero – dijo.
• Contigo siempre – respondí.
• Si consiguen probarlo podrías ir a la cárcel, como es de bueno el que subió estos videos – pregunto Susana.
• Mucho, demasiado bueno – dije.
• Si ha escondido bien sus movimientos podremos ganar, si no prepárate – dijo una seria Susana.
No vi reproche en su mirada, sino preocupación. El juicio fue mucho mejor de lo esperado, los abogados de Tania no pudieron demostrar que yo estuviera detrás de la publicación de esos videos y más cuando al confiscar los móviles de los hombres, Tom y Silvia, en ellos también había videos y fotos de los encuentros. Al finalizar el juicio sentí un poco de pena por Tania, pero muy poquito.
Cuando salimos del juzgado, invite a Susana a tomar una copa, pero me dijo que no. En ese momento pensé que tendría pareja, como no tenerla una mujer tan espectacular como ella, guapa, lista y con un corazón que no le entraba en el pecho. Susana al verme me dijo.
• Aceptare una cena, copas no, en mi estado no puedo beber – dijo Susana.
Susana estaba embarazada, tengo que decir que fue un jarro de agua fría, pero que podía esperar que me hubiera esperado toda la vida. Puse mi mejor sonrisa y fuimos a un restaurante que me recomendó ella, la cena fue estupenda. Me contó que la criatura no tenía padre, desde que nos despedimos no encontró a un hombre que mereciera ser el padre de su hijo y decidió inseminarse.
Susana era increíble y estaba seguro de que sería una madre increíble, pasamos un fin de semana estupendo como los que solíamos pasar cuando éramos más jóvenes. Todo lo bueno se acaba y yo tenía que volver, tenía un taller que llevar adelante. Seguí en contacto con Susana, hablábamos todos los días. Había pasado un mes cuando un coche aparco en frente de mi taller, cuando salí allí estaba mi abogada favorita, sonriente y diciéndome si podía revisarle el coche.
Después de la revisión la invité a cenar, a Susana se le empezaba a notar la trilita. Yo desde que volví no podía quitarme algo de la cabeza, en cuanto tuve a Susana delante me volvieron todos los sentimientos que tuve en el pasado por ella y si tenía algo claro era que Susana era, es y será la mujer de mi vida.
Mientras comíamos le dije.
• Susana, desde que nos vimos no he dejado de pensar en ti.
• Víctor yo…
• ¿Tú no sientes lo mismo por mi Susana? - pregunté
• Claro, pero… - señalándose la tripa.
• Sabes que no puedo procrear Susana, las palizas de mis hermanos me dejaron estéril – dije muy triste.
• ¿Cómo? – pregunto Susana.
• Nunca se lo he contado a nadie, te lo cuento a ti porque has sido la persona más importante de mi vida – dije.
• Si me insemine, fue porque los hombres que he conocido después de ti han sido una decepción – dijo con lágrimas en los ojos.
• ¿Me dejarías ser el padre de esta criatura? – pregunté.
• ¿Estás seguro? – pregunto Susana.
• Más que nunca – dije.
Nos besamos y aquel beso fue el principio de la mayor felicidad que hoy en día sigo sintiendo. Después de cenar fuimos a mi casa, nunca había estado con una embarazada y tengo que decir que me pareció que el embarazo hacía más hermoso el cuerpo de Susana, ella estaba nerviosa, pero se le pasó cuando mi lengua empezó a jugar con su clítoris.
Susana apretaba mi cabeza contra su coñito, un coñito hinchado que sabía como el mejor de los manjares, todo había cambiado a mejor y no solo fue mi sexo oral, cuando Susana se metió mi polla en su boca, como se la tragaba entera y su lengua jugaba con mi glande. El placer que me estaba proporcionando nadie, ni tan siquiera Tania, con todo lo que sabía me lo había proporcionado, debe ser verdad que hacer el amor con alguien de la que este enamorado es mucho más placentero. Cuando metí mi polla en su encharcado coñito, lo hice poco a poco, disfrutando de la calidez y de los gemidos que iba soltando Susana.
Una vez que la tuve dentro, yo me puse debajo y Susana me cabalgo hasta que los dos nos corrimos y caímos exhaustos, pero muy satisfechos. Cuando nos separamos algo dentro de mí me dijo que eso no era un adiós, sino un asta pronto y así ha sido. Nos hemos vuelto a juntar para no separarnos nunca más.
EPÍLOGO
Han pasado quince años de aquella noche donde Susana y yo volvimos a ser uno, pasados los meses estuve en el parto y fue una de las mejores experiencias de mi vida. Susana tuvo una niña a la que llamamos Lidia como la madre materna, ser padre ha sido una experiencia de lo más gratificante y como ya sabia Susana ha sido una madre increíble.
Mi taller creció y tuve que contratar a gente, los dos chavales que contrate al principio se hicieron cargo del taller de mi ciudad y yo abrí otro en la ciudad donde vivíamos Susana, Lidia y yo. Todavía recuerdo la primera charla sexual con mi hija y está muerta de miedo diciéndonos a su madre y a mí que le gustaba otra chica de su clase, ver como su madre y yo nos levantábamos para abrazar a una inconsolable Lidia. Ella tenía miedo que reaccionaríamos como otros padres y al ver que la apoyábamos al cien por cien se sintió tranquila y su confianza en nosotros creció muchísimo.
Una tarde que fui a buscar a mi hija de su entrenamiento de fútbol, estaba siendo increpada por unos padres, me acerque y pregunte qué pasaba.
• ¿Es usted el padre de esta chica? – pregunto uno de los padres.
• Si – Conteste.
• Pues vaya forma de educarla, dando vergüenza ajena, besándose con otra chica en medio de la calle – dijo otro padre.
• Yo la he educado para que sea feliz y no tenga que esconder una parte muy importante de ella por el que dirán, mi hija es feliz y yo lo soy con ella – dije zanjando el tema.
Después nos fuimos los tres a comer un helado, como pasan los años, hace poco gateaba y ahora ya estaba experimentando su primer amor, estaba orgulloso que mi hija no tuviera que pasar por lo que pase yo, hablando de eso.
No volví a contactar con mi familia, lo último que se es que mi padre tuvo más líos de faldas y el último fue con la hija de un cliente importante, el escándalo lo llevo a la ruina y mi padre, madrastra y hermanastros se quedaron en la calle con una mano delante y la otra detrás.
Tania no acabó mucho mejor, el escándalo fue tan gordo que la junta directiva termino cesando a su padre y ella y su amante terminaron en la calle, les costara encontrar un trabajo como el que tenían y tendrán que mudarse porque están en la boca de todos, yo seguro que también, pero a mí me da igual, pues yo soy inmensamente feliz.
FIN.
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