Xtories

Mas que una vecina

Llevaba meses sin verla y, sin embargo, su ausencia pesaba más que su presencia. Cuando las puertas se cerraron y los niños callaron, la barrera de la vecindad se derrumbó. Ahora, entre besos y secretos, la pregunta no es si pueden ser amantes, sino si él será capaz de quedarse.

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Era principios de marzo, despues de estar casi 6 meses fuera, volvía a mi piso. Un piso que habia comprado hacia un par de años, pero del que a lo sumo habia disfrutado un par de meses el resto lo habia pasado trabajando fuera.

Ahora tendría por lo menos tres meses. Iba a entrar en el piso cuando dos niños se pusieron a mi lado.

- Es el fantasma – dijo la niña.

- No es trasparente – dijo el niño.

No sabia de donde habian salido. Era la primera vez que los veía, y no recordaba que viviesen por allí.

- Perdone – escuche a mi espalda.

Me gire, delante mio habia una mujer de no más de 30 años, de pelo rubio oscuro, no tenía nada que envidiarles a las grandes modelos de pasarela.

- Mis hijos es la primera vez en tres meses que ven a alguien que entre en ese piso.

- Si he estado fuera unos 6 meses, por trabajo.

- Eso lo explica, nosostros llevamos aquí tres meses. Mi nombre es...

- Candelaria – dijo la niña

- Candela o Cande – dijo estirando la mano.

- Yo me llamo José Antonio – dije – le di la mano.

- Ellos son, Adelita y Marquitos – dijo Cande – mis hijos.

Ambos niños protestaron.

- Bueno Adela y Marcos... – dijo sonriendo – aunque tienen cuatro y cinco años, no les gusta que les ponga los diminutos.

- Mucho gusto en conocerles – dije estirando la mano para saludarles a los dos.

Ambos me dieron la mano sonriendo.

- Y el padre de las criaturas – vi la cara de Cande – perdón no quería ser entrometido.

- Oh, por nada, nos estamos separando.

- Lo siento.

- Yo no.

- Durante unos meses nos veremos, pues no creo que tenga que ir fuera.

- Soy enfermera, si necesita algo...

Los vi bajar las escaleras, antes de cerrar la puerta, escuche a los niños.

- Es guapo – dijo Adela – para ser un fantasma.

- Podria ser nuestro nuevo papa – dijo Marcos.

- Para eso tendrían que vivir juntos – dijo Adela.

- Niños, que estais diciendo – dijo Cande.

- A ti te gusta verdad mama – dijo Marcos.

- Niño...

Al cerrar la puerta deje de escucharlos.

El viernes por la noche cene con Estela (Relato: Un amigo para todo) y la invite a pasar la noche conmigo. Asi que el sabado por la mañana estaba en la cama con Estela cuando llamaron a la puerta, unos golpes flojitos. Fue Estela la que se levanto, se puso una bata.

- Donde vas – dije.

- No quiere saber quien llama, puede que sea una amiga tuya.

- Nadie sabe que he regresado, solo tu.

Estela salió de la habitacion, fue a abrir.

- José Antonio aquí tienes dos jovencitos que preguntan por ti.

Sali de la habitacion, y en el salon estaban Adela y Marcos.

- ¿Que haceis vosostros aquí? – dije.

- Esta es tu mujer – dijo Adela – por eso no te gusta nuestra madre.

Iba a decir algo cuando en la puerta aparecio Cande.

- Que hacéis aquí molestando – dijo Cande.

- Mama esta es la mujer de José Antonio – dijo Marcos – por eso no te quiere.

Estela se quedó detrás de Cande, estaba sonriendo.

- Pero Marcos que dices, teneis que perdonarles son niños.

- Los niños suelen hablar verdades – dijo Estela.

Se dirigió a la habitación.

- Yo no soy su mujer soló una amiga – dijo a los niños – me voy a cambiar.

- Debes perdonar, últimamente están... – dijo Cande – vamos niños.

Cande, se llevo a los niños. Poco después salió Estela vestida.

- Ya se han ido – dijo Estela.

- Si.

- Pues yo también me voy.

La cogí por la cintura.

- Quédate un poco mas, hacia casi 6 meses que no nos veíamos.

- No puedo tengo que hacer, nos vemos el lunes en la oficina. Tienes que ser mas discreto, cuando llegaste casi nos pillan.

Ya en la puerta nos besamos.

- Vais a tener hijos – escuchamos desde el otro lado del rellano, era Adela.

- Chicos, entrad dejar de cotillear – dijo Cande.

Estela se fue sonriendo.

- Mi mama dice que cuando se besan en la boca es para tener niños – asevero Marcos.

- ¡Niños!

- Será mejor que se lo expliques – dije entrando en mi piso.

El sábado por la noche quise volver a salir con Estela, pero estaba ocupada, así que me fui a dar un vuelta, me encontré en un local musical con una conocida, fuimos a mi piso y pasamos la noche juntos, por la mañana cuando salía de mi piso nos encontramos con Cande y sus hijos.

- Mira mama otra novia – dijo Marcos.

- Que niño tan simpático – dijo mi invitada.

- Me gustaba mas la de ayer – dijo Adela.

- ¡Niños! – grito Cande – que os dije ayer...

- Eso fue ayer – dijo Marcos – hoy es otra.

Cande hizo entrar a los niños en casa. Mi invitada se marchó. Poco después llamaron a la puerta. Al abrir era Cande.

- Perdona a mis hijos – dijo Cande.

- Lo que tienes que educarlos mejor – dije sin pensar.

- Escucha, mis hijos están muy bien educados – dijo Cande.

- Pues no lo parece.

Era una pequeña discusión, en la puerta de mi piso, pero enfrente estaban Adela y Marcos.

- Esta bien los educas muy bien – dije haciendo un gesto para que mirase atrás.

- Gracias – dijo imaginando que los niños nos estaban escuchando.

Se giro.

- Vosotros que hacéis..., adentro – dijo entrando con ellos.

Aquel mismo día por la tarde, llamaron a la puerta. Al abrir era Cande.

- Necesitas algo... – dije.

- No, solo darte las gracias, por parar cuando mis hijos escuchaban.

- Donde están ahora.

- Ese es el problema... con mi madre.

Estaba a punto de llorar.

- Entra no te quedes en la puerta.

Entro.

- Quieres un café...

- Gracias – dijo sentándose en el sofá.

Prepare dos cafés, uno para ella y otro para mí.

- Tienes razón, creo que no estoy educando a mis hijos bien.

- No lo dije conscientemente.

- Pues es lo que he pensado muchas veces. La verdad la separación con mi marido esta siendo muy mala, y para rematar la faena mi madre es la que siempre metiendo puya.

- Por que se los dejas a tu madre.

- No tengo otra opción, trabajo en un hospital, es enfermera, y mi madre se queda con ellos.

- Supongo por lo que dices es que a tu madre no le cae bien tu ex.

- Ni a ella ni a nadie, es un... al menos se porta bien con los chicos.

- Pues menos mal.

Logre que sonriese.

- Gracias, me tengo que ir a buscarlos.

Se marcho.

Durante los siguiente días, semanas incluso meses por mi piso pasaron además de Estela varias “amigas”, comenzó a ser costumbre que cuando las veía las valorara, incluso en abril en mi 28 cumpleaños por la noche hice una gran fiesta estuvieron en casa cinco “amigas” que se quedaron a dormir.

Después de dos meses, no vi ningún hombre, ni mujer entrar en su piso, a no ser una mujer mayor que supuse que seria su madre. Un sábado por la noche al llegar a casa coincidí con ella. En la entrada del edificio.

- Buenas noches – dije.

- Para ti no lo parecen – dijo.

- ¿Por qué?

- Vienes solo...

- Ah, creo que tienes un imagen equivocada de mi.

- Seguro, en los dos meses que llevas cuantas mujeres han visitado tu piso, 10, 15, 20...

- Algunas repetían. Vienes de trabajar.

- No de una fiesta del cumpleaños de una compañera.

- A pero también tienes vida social.

- Pero que te has creído – dijo soltándome un bolsazo.

- Quieres tomar algo...

- Me invitaras a desayunar como a tus amigas.

- Ya veremos.

Me miro, con aquellos ojos azules tan tiernos. Y entro en mi piso.

- Ahora que me fijo, no tienes muchas cosas.

- Lógico, me paso todo el tiempo trabajando fuera, asi que aquí hay lo imprescindible. Que quieres tomar.

- Lo que tú vayas a tomar.

- Ron-cola.

- Eso mismo.

Prepara dos combinados de Ron-cola. Le entregue uno.

- Joder esta fuerte – dijo – quieres emborracharme.

- Perdona, los he puesto los dos iguales.

Se había levantado.

- No te preocupes, esta bien. Debemos brindar – dijo.

- ¿Por qué?

- No sé, porque seamos algo mas que vecinos – dijo estirando el vaso para chocarlo con el mío.

Dio un sorbo.

- ¿Algo mas que vecinos? – pregunte.

Aunque lo podía esperar no lo vi venir, acerco sus labios a los míos y nos besamos.

- Una buena amistad – dijo.

- Solo amigos...

- Y algo mas, me vas a invitar a desayunar, hasta mañana no tengo a los niños.

Nos volvimos a besar, un beso largo y apasionado. No se si fue ella la que me empujo o yo quien tire de ella, pero entre besos y caricias terminamos en la habitación, desnudándonos. Se tumbo sobre la cama y yo junto a ella.

- Desde antes de comenzar la separación no lo he hecho, lo mismo estoy desentrenada.

- Es como montar en bici, una vez que sabes ya no lo olvidas.

- Tú montas mucho en bici.

- Bastante.

Mientras la besaba mis manos acariciaban sus pechos, ella comenzaba a gemir. Acariciando su cuerpo, mi mano llego a su entrepierna, ella se abrió ligeramente de piernas para facilitar las caricias. Mis dedos acariciaron sus labios vaginales, su clítoris haciendo que jadeara, introduje mi dedo índice y corazón en su vagina mientras el pulgar acariciaba su clítoris.

- En estos dos años no has tenido ningún pretendiente.

- Si unos cuantos – dijo con dificultad – quiero sentirte dentro.

- Relájate todo llegara. Compañeros de trabajo...

- Médicos y enfermeros, pero son compañeros y no quiero malos rollos – soltó un gran gemido – estoy a punto...

Y llego alcanzo su primer orgasmo, me puse sobre ella, haciendo que abriera mas las piernas, comencé con mi polla acariciando su clítoris y su labios vaginales, para introducirla lentamente hasta tenerla completamente dentro.

- Y nadie mas... – dije.

- Si, si, si mi madre, me busco un par de amigos.

- No resultaron...

- No...

Hice que pusiera sus piernas sobre mis hombros, para que las penetraciones fueran más profundas y placenteras, ella resoplaba, se mordía el labio inferior, jadeaba y gemía, hasta que alcanzo un nuevo orgasmo más agudo y prolongado que el anterior. Me deje caer a un lado.

- Joder... no has llegado...

- No, déjame que descanse un ratito.

- Ahora no – dijo, cogiéndome la polla y acariciándola.

Sin dejar mi polla se puso encima, se recoloco para que mi polla volviera a entrar en su vagina. Al principio con pequeños movimientos rotatorios y lentos, para ir aumentando la velocidad, hasta llegar un momento que se dejo caer sobre mí.

- Estoy, estoy a punto de llegar otra vez – me dijo al oído.

Yo con movimientos espálmicos de la pelvis seguí empujando, no tardo mucho en alcanzar su tercer orgasmo.

- Ya, ya, ya... – dijo al alcanzarlo – y tu...

- Estoy a punto de correrme, no te salgas...

Unos segundos después me corría dentro de ella. Tras un descanso, se dejo caer a mi lado.

- Ha sido increíble, ya se porque tienes tantas amigas.

- No seas exagerada.

- Si a todas les haces lo que a mi no me extraña que quieran desayunar contigo.

Los dos reímos.

- Me puedo quedar a dormir contigo y desayunar.

- Solo desayunar...

- No me digas que ya estas pensando en... hacerlo por la mañana.

- Por la mañana no, ahora mismo.

- ¡Como! No has tenido bastante...

- Y tu...

- Después de 2 años... Nooooo.

Le estaba chupando un pezón y mi mano estaba en su entrepierna, su humedad era consistente, entre su flujo y mi semen. No tardo en estar nuevamente excitada, aproveche para una vez mas meter mi polla en su vagina, cada embestida mía era un gemido cada vez mas fuerte hasta alcanzar un nuevo orgasmo. Unos segundos después nos quedamos dormidos.

Entraban los rayos de luz por la persiana cuando me desperté, Cande estaba a mi lado, despierta mirándome. Nos besamos y abrazamos.

- En que piensas... – dije acariciándole los pechos.

- Lo de anoche fue increíble, hacia mucho tiempo que no me sentía...

- Y lo de ahora no...

- Ahora...

Nuevamente nos besamos, su pierna acariciaba mi polla, yo pellizcaba sus pezones.

- Que hora es – pregunto.

- Las diez...

- No puede ser mi madre estará a punto de llegar con los niños.

Se levanto de un salto, unos segundos le bastaron para vestirse. Yo desde la cama la observe, cuando estaba en la puerta de la habitación se volvió para besarme.

- Habrá que repetirlo... – dijo marchándose.

Me levante, sentí como abría la puerta del exterior...

- Mami – escuche, eran los hijos de Cande.

La habían pillado saliendo de mi casa. Eso significaba que habían llegado acompañados por la madre de Cande.

- Que haces mami en el piso de José Antonio – escuche decir a Adela.

- Estoy aquí... desayunando – dijo no muy convencida – José Antonio me ha invitado a desayunar.

- A desayunar. ¿Quién es ese José Antonio? – era la voz de una mujer, supuse que de la madre de Cande.

- Es el fantasma... José Antonio – dijo Marcos.

- ¡El fantasma...! ¿Qué fantasma?

- Mejor entramos en casa – dijo Cande.

Ya no escuche nada mas pues Cande cerro la puerta, y entraron en su casa.

Sonriendo volví a entrar en la habitación, lo mejor era vestirme. Vi en los pies de la cama las bragas de Cande. Las recogí... en eso sonó el timbre de la puerta. Como estaba desnudo me puse rápidamente unos pantalones cortos y fui a abrir la puerta. Era Cande.

- ¿Que haces aquí? – le pregunte.

- Mi madre no se ha tragado lo de desayunar... además me he dejado...

- Las bragas.

- Sip – dijo sonriendo – me las das...

- Me las quedo de recuerdo...

- Vale, pero mi madre quiere conocerte, será mejor que te vistas.

Me dirigí a la habitación me quite el pantalón de deporte, quedando nuevamente desnudo. En la puerta de la habitación estaba Cande.

- Date prisa – dijo –dijo girándose para no verme.

- ¡No quieres verme desnudo!

- Claro que si, pero sin bragas... tengo malos pensamientos.

- Me gustan los malos pensamientos.

- Si convencemos a mi madre puede que esta tarde...

Mientras hablamos me había vestido.

- Vamos a ver a esa cuidadora...

Salimos de mi piso y entramos en el de Cande, era la primera vez que lo hacia.

- Buenos días – dije.

- Buenos días, fantasma – dijo Marcos.

- Marcos, que te he dicho – dijo Cande.

- ASCII que tu eres José Antonio, con el que ha “desayunado” mi hija.

- Pues sí...

- Y que tal el “desayuno”... hija – dijo mirando a Cande – todo en su sitio bien colocado...

- ¡Mama! – dijo Cande.

- Mucho gusto en conocerla, yo me marcho – dije.

- No se queda a “desayunar”... no claro vosotros ya habéis “desayunado”.

- Mama, te podrías quedar esta tarde con los niños, tengo que resolver unos asuntos.

Yo ya estaba en la puerta de salida.

- Sobre el “desayuno” – dijo la madre de Cande.

Aunque no lo vi Cande tubo que afirmar con la cabeza.

- Me alegra que vuelvas a “desayunar” – dijo la madre.

- Pero si mama siempre ha desayunado – dijo inocentemente Adela.

- Ella me entiende...

Cande salió a despedirse de mí.

- Y cuidado con lo que “desayunáis” – escuchamos de fondo la madre de Cande – que después vienen las sorpresas.

Cande iba colorada como un tomate. Aprovechando que no nos podían ver le bese en los labios.

- Luego nos vemos – dijo Cande – y “desayunamos”.

Aquellos encuentros para “desayunar” ya fuera por la mañana, al medio día, por la tarde o por la noche, se repitieron a lo largo de un mes. Hasta que la central me mando a otro destino. Fue la primera vez que realmente sentí que me mandaran fuera. Menos mal que esta vez soló fueron 3 meses, a finales de agosto estaba de vuelta.

Cuando me vio se me abrazo me beso, sin importarle que sus hijos estuvieran presentes, después tuvimos que dar explicaciones aunque no muy convincentes para Adela y Marcos. Vi a Cande muy desmejorada, cuando se lo comente me dijo que el divorcio estaba siendo algo complicado. Como me debían las vacaciones propuse a Cande hacer unas mini vacaciones los dos solos. La madre de Cande estuvo de acuerdo se quedaría con los niños 15 días. Así que Cande y yo nos fuimos de vacaciones a un balneario, donde no solo se recupero física y anímicamente, sino que también se recupero nuestra relación.

Tras las vacaciones a finales de septiembre, volvió la rutina y con ella mi marcha. Aunque antes de irme celebramos su 29 cumpleaños junto con sus hijos y su madre.

Volví por navidad como el famoso turrón. Aquellas navidades las pase en compañía de Cande, sus hijos y como no su madre, la cual me había cogido cariño. En la soledad de la noche, después de haber follado, Cande me contó que el divorcio estaba siendo muy duro, que la iba a dejar con una mano delante y otras atrás, que posiblemente se tuviera que ir a vivir con la madre. Como yo iba a estar fuera por algún tiempo le ofrecí que si eso tenia que pasar, antes de irse con su madre ocupara mi piso que estaría vacío y así lo podría cuidar.

- Como te podría pagar lo que haces por mí.

- Ya me lo estas pagando, te parece poco cuidar de mi piso cuando no estoy.

- Y cuando estas...

- Eso ni se pregunta.

El final de aquella conversación fue volver a follar. Pasadas las fiestas me volví a marchar, esta vez fueron casi 4 meses, fue a finalizar marzo cuando volví. Mi sorpresa fue que Cande estaba viviendo en mi piso.

- Te lo iba a decir, pero no sabia como localizarte – dijo Cande – pero hoy mismo me voy a casa de mi madre.

- No hace falta, aquí nos podemos organizar – dije – verdad chavales.

- Si – dijo Marcos.

- ¿Pero como dormiremos? – pregunto Adela solo hay dos habitaciones.

Me quede pensando. Efectivamente había dos habitaciones, la grande con una sola cama y la otra con dos camas.

- Pues muy fácil, yo dormiré en el sillón, así tu y tu hermano dormiréis en la habitación de dos camas y vuestra mami en la grande de una sola cama.

- Eso no es posible, la cama grande es tuya, yo dormiré con Adela.

- Mama, la cama es pequeña para las dos – dijo Adela – pero yo tengo otra solución.

- Cual – dije.

- Que mama y tu durmáis en la cama grande y nosotros en las dos camas pequeñas – respondió Adela.

- Pero Adela de donde has sacado...

- Mama, ya sabemos que José Antonio y tu sois novios, os vimos dormir juntos en casa de la abuela en navidad.

- Pues parece que Adela ha dado con la solución – dije.

Cande con una sonrisa de complicidad, levantó los hombros. Desde ese día Cande fue algo mas que una vecina.

Epilogo:

Como no quiero escribir un nuevo relato para contar lo que sucedió después.

Durante unos años la relación entre Cande y yo se afianzo, para sus hijos era el novio de mama, para la madre de Cande era “el amante de los desayunos”, pero sobre todo porque ella acepto que yo tenia una vida paralela a mi relación con ella. Pero hubo un punto inflexión, cuando cinco años después murió la madre de Cande. Le deje su espacio, pensando que eso era lo que quería, pero lo que Cande quería era avanzar un paso mas en nuestra relación, un compromiso por mi parte. Pero con 33 años yo no estaba preparado para dar el paso. Consecuencia de ello es que se fue a vivir a la casa que fuera de la madre. Y poco a poco se produjo el distanciamiento.

Un día tuvimos una conversación.

- Vamos a poner las cartas sobre la mesa...

- Sobre que...

- Sobre nuestra relación.

- Yo creí que estaba claro, me pediste compromiso, y te dije que necesitaba tiempo.

- El tiempo se ha acabado, quiero tener un hijo, y quiero un padre que solo sea para él y para su madre.

- Te quiero, y me gustaría ser padre. Pero en el futuro, ahora no te puedo garantizar fidelidad al cien por cien. Y no quiero ser como el padre de Adela y Marcos.

- Ni yo quiero que lo seas, por eso hemos llegado a este punto.

A partir de aquel día, desapareció la relación sexual, seguimos viéndonos cada vez mas esporádicamente hasta que dejamos de vernos.

Años mas tarde por un amigo común, supe que se había casado y que había tenido dos hijos más. Hace unos meses me entere por ese amigo común que se había vuelto a divorciar.

Aunque se dice que “agua pasada no mueve molino” echando la vista atrás si Cande no hubiese precipitado nuestra separación, tal vez hoy en día habría sido mas que una vecina, una amante, una novia, una esposa o quien sabe una ex.