Lamentablemente... libre
Pedro creía que el día de su boda era el inicio de su felicidad, pero una llamada telefónica y un taxi lo llevan a descubrir la verdad detrás de la puerta de su propio hogar. Lo que encuentra en la oscuridad del dormitorio no es amor, sino una traición que lo dejará libre, pero a un precio que nunca imaginó.
Lamentablemente… Libre.
Entro en el dormitorio para coger la chaqueta que voy a llevar en el concierto al que voy a asistir con mi novia Lorena.
Sobre la cama, colocadas en un estricto orden, las prendas que se pondrá mi pareja. Por cierto, veo el conjunto de bra y tanga a juego en un vivo rojo… Se lo regalé en el primer aniversario de nuestra vida juntos. Ya llevamos casi dos años como pareja y en dos semanas nos casaremos… por la iglesia a petición suya.
Lore está en el baño arreglándose. Tengo que salir ya que le sienta fatal que la vea recién salida de la ducha… Con lo que me gustaría verla desnuda… La esperaré en el salón.
Más de media hora después… Al verla salir casi se me cae de la mano la copa con la que me estoy tomando un brandy… Impresionante... Que cuerpo, alta, morena, con el pelo recogido, unas curvas de infarto cubiertas con un vestido rojo de una pieza, ajustado, el borde inferior a medio muslo, con un escote que marea… Zapatos con tacón de aguja y deditos… sus preciosos deditos, descubiertos. Y su cara, con un suave maquillaje que realza su exuberante belleza.
– ¡¿Qué te pasa?! ¿Qué miras? ¿No te gusta? – Me pregunta al ver mi cara de sorpresa.
– ¿Que no me gustas? ¡Estás preciosa!… – Le digo entusiasmado.
– Voy a tener que creerlo por la cara que pones. Jajaja. Anda vámonos que se hace tarde.
Me acerco e intento besarla, pero no me deja, haciéndome la cobra.
– Déjame anda, que me vas a estropear el maquillaje. Jajaja.
Se cubre con una pasmina y se encamina hacia la puerta del piso. La sigo como un corderito hasta el ascensor que nos lleva al garaje del bloque de viviendas.
Ya en el coche recorremos las calles hasta llegar al auditorio donde se celebra el concierto de música clásica que llevo mucho tiempo deseando escuchar… Aunque sé que a Lore no le hace mucha gracia. Pero yo intento introducirla en ese mundillo.
Ya dentro del edificio, tras pasar por el consabido ritual de las entradas y a punto de pasar a la sala de butacas, Lore recibe una llamada en su celular.
– Vaya, es Lucia, no sé qué querrá ahora… Discúlpame…
Se da la vuelta y sale al pasillo… Habla, parece que discute pero no sé lo que dice. Guarda el móvil en el bolsito de mano y entra airadamente.
– Lo siento Pedro. Tengo que ir a ver a Lucia… Me ha dicho que ha tenido una terrible bronca con su marido y está sola en su casa… Y por lo que me ha dicho… Puede hacer una tontería. Quédate a ver el concierto yo voy a coger un taxi y ver qué le pasa, en cuanto pueda vuelvo contigo, dame el resguardo de la entrada para poder entrar cuando vuelva, ¿sí mi amor…?
– Voy contigo Lore…
– ¡Ni hablar! Te quedas, llevabas mucho tiempo deseando asistir a este concierto y no te lo vas a perder por algo que puede ser grave o una tontería.
Conozco a Lore y sé que cuando se le mete algo en la cabeza no hay discusión que valga. Agacho la cabeza y acepto quedarme. Se marcha
Pero hay algo, no sé el qué, que no me cuadra… ¿Desconfío de Lore? Pues sí. De un tiempo a esta parte la noto extraña. Como manteniendo la distancia conmigo. Me levanto, salgo tras ella y veo como se sube a un taxi. A la entrada del auditorio llegan taxis dejando gente y consigo con facilidad subir a uno de ellos y le doy una orden que hacía mucho tiempo deseaba… No sé por qué.
– ¡Siga a ese taxi! – El taxista me mira por el retrovisor y sonríe con sorna.
Por el recorrido que hacemos sé que no vamos a casa de su amiga… Pero ¡¡Coño, estamos en mi barrio, frente a mi bloque!!
Pero esto no es lo peor. Lore se apea de su taxi y va a la entrada del edificio donde, de la sombra del portal, aparece un tipo al que abraza y besa en la boca con autentico frenesí.
¡Y a mí no me dejó besarla porque le estropeaba el maquillaje!
Abrazados se internan en el edificio.
El taxista me miró con una extraña mueca de burla en el rostro.
– Lo siento, ca...ballero… son quince euros…
Le pagué, bajé y al marcharse vi que movía la cabeza… O sea… Llamándome cabrón sin palabras.
Me sitúo frente a mi casa, el piso es un primero y las ventanas dan a la calle, pude ver como se encendía la luz del salón y la del dormitorio, poco después se apagaba la luz del salón, mientras la de la alcoba permanecía encendida.
Mi corazón latía de forma desaforada. Una extraña presión en mi pecho me impedía respirar, y mi cabeza parecía a punto de estallar. Me asustó la posibilidad de un infarto, aunque con mi edad, 35 años, no era muy probable, pero recordaba que unos años atrás presencié un ataque al corazón en una persona joven en un campo de futbol al perder su equipo.
Hice de tripas corazón y traté de calmarme. Me relajé y tras unos minutos me encontré con ánimo suficiente como para subir y comprobar lo que temía estaba haciendo mi prometida con el desconocido.
Me extrañó la frialdad con la que empezaba a subir la escalera en la más completa obscuridad, no quise utilizar el ascensor para evitar ruidos que me delataran.
Al llegar a la puerta de mi piso pegué la oreja tratando de escuchar algo… Pero no se oía nada. Si estaban en el dormitorio era poco probable que llegara algún sonido.
Con sumo cuidado introduje el llavín en la cerradura y lo gire despacio, sin ruido, pensé que hacía bien en engrasar el bombín. Abrí lentamente la puerta y tras entrar me cercioré de que no estaban cerca y cerré con el máximo cuidado…
Escuché risas y voces en el cuarto… Me acerqué y pude observar la puerta entreabierta, lo suficiente para que mis temores se hicieran realidad. Lore estaba tendida de espalda cubierta con el conjunto de bra y tanga rojos, con las rodillas flexionadas, los pies sobre la cama y… la cabeza del tipo hundida entre sus muslos, apartando la tirita de la braga a un lado.
Los grititos de ella eran suficientemente descriptivos:
– ¡Sigue! ¡Asíi! ¡Síii, me gusta aaaahhh! – Acompañados de los ruidos de las lamidas que él le propinaba.
Yo debía tener bastante, estaba todo claro ¡O no! Pero quise ahondar más en mi dolor; con mi celular en la mano lo puse en modo silencio, cámara y me dispuse a grabar lo que ante mí sucedía.
Las lágrimas no me permitían ver, ni la imagen de la pantalla ni la directa, pero seguí grabándolo todo.
La acción cambió. Con la postura del misionero pude comprobar cómo se introducía la verga en el depilado coño de ella pistoneando lentamente al principio para acelerar hasta velocidades inusuales. Aderezado con los gritos de ella:
– ¡Maass! Más rápido Jorge… Fóllame más… mas… Rómpeme, dame duro cabrónnn…
Por fin pude saber de quien se trataba el amante de mi novia, un conocido suyo del gimnasio al que asistía para “tonificar” su cuerpo. Tiempo atrás escuché hablar de él con su amiga por teléfono, aunque no presté mucha atención. El orgasmo de ella no se hizo esperar en medio de gritos que debía escuchar todo el vecindario, seguido por el de él, que no tuvo problema en depositar su carga en el interior de su coño ya que, en ese momento me pude apercibir que no llevaba condón… ¡¿A pelo?!
Y a mí no me dejaba meterla sin globo…
Se detuvieron abrazados besándose y descansando mientras se acariciaban y hablaban.
– ¿Que vamos a hacer cuando te cases? – Preguntó él.
– Pues seguir follando como hasta ahora ¿No? O quieres que lo dejemos… Después de los meses que llevamos, yo estoy bien así… ¿Tú no? No me vayas a decir que quieres separarte de tu mujer. Con mi marido no vamos a tener problema si vamos con cuidado. Pedro está muy entretenido con su trabajo y tendremos tiempo para vernos ¿No? Además, se nos acabarían los fondos, es el principal motivo por el que estoy con él. Después de la boda buscaré la forma de divorciarme, pero dejándolo sin un céntimo. – Dijo ella riéndose.
– Sí, tienes razón. No me gustaría que acabara lo nuestro, pero corremos el peligro de que nos sorprendan y acabe todo en separación… Para mí, con tres hijos, el divorcio sería desastroso.
– Vamos a seguir que queda poco tiempo, tengo que volver antes de que termine el puto concierto. Es una de las tantas gilipolleces que tengo que aguantar del imbécil cornudo de mi novio.
Se colocó en cuatro, los pechos apuntando abajo, el culo empinado abriéndose de piernas y mostrando impúdicamente sus dos agujeros, que él se apresuró a lamer y hurgar con los dedos para situarse a la altura apropiada y penetrar con brutalidad no sé por dónde ya que ella gritó, no sé si de placer o dolor. El tal Jorge la pellizcaba y palmeaba duramente sus nalgas.
La operación se repetía con rapidez. De pronto se detuvo para resituarse y volver a empujar con fuerza. Esta vez ya si supe por dónde había entrado ya que el alarido que dio ella fue atronador.
– ¡¡Bestiaaa!! ¡Me has hecho daño! ¡Te tengo dicho que por el culo con cuidado…! Menos mal que mi novio no me lo toca porque descubriría que está más abierto que el túnel del metro. Jajaja. Y no me pellizques que luego tengo que esconder los moratones y no dejarle que me vea desnuda.
Ahora entendía el porqué de no dejarme verla en cueros.
– Ya perdona, voy más despacio. De todos modos ¿qué vas a hacer cuando estés casada y te pida hacerte el culo?
– Pues lo mismo que ahora cuando me quiere follar sin funda y no lo dejo… Tengo mil razones que darle. Además quiero que me dejes embarazada y hacerle creer que el bebé es suyo. Jajaja…Pero, sigue, sigue rápido que me estoy corriendo… ¡Aaaaaahhhh!…
Tras unos minutos descansando, abrazados, ella se arrodilla en la cama a su lado…
– Dame la polla que te la quiero mamar para cuando me bese mi novio en la boca. Y vámonos que ya vamos tarde… ¡Ah! Y quédate con la tanguita que la tenía guardada para ti. Jajaja
Ante la situación me retiré con rapidez, bajé a la calle y busqué un taxi que me llevara con rapidez al conservatorio, donde esperarla.
El concierto había terminado cuando llegué y fui a una cafetería cercana a esperar. Poco después me llego una llamada de ella.
– Pedro, ya voy para allá… Vaya tragedia la de Lucia y su marido… Creo que se van a divorciar. – Me dijo con intención de convencerme.
– No me extraña… ella es muy “ligera de bragas”… Estoy en la cafetería a la vuelta de la esquina del Conservatorio. Te espero. – Le respondí.
Me quedé disimulando tras los cristales del bar. Salí me aposté al volver la esquina y poco después pude ver como ella se apeaba de un utilitario viejo y destartalado conducido por el tal Jorge, no esperé a que llegara al café y la abordé fuera, ella al verme se sobresaltó ya que no sabía si había visto quien la traía.
Pero su nerviosismo no duró mucho. Rápidamente tomó las riendas… Intentó darme un beso en la boca pero la esquivé. Se extrañó mucho, ya que yo no le negué nunca un beso… Hasta ese momento.
– ¡Vámonos Pedro, que vengo muy alterada! – Gritó.
Y tan alterada… Pensé. Nos desplazamos hasta donde dejé mi coche aparcado. Un BMV. Y entendí la verdadera motivación de Lorena para casarse conmigo. Mi situación financiera… No soy millonario pero sí disfruto de una sólida economía que me permite una vida sin estrecheces.
El viaje hasta casa transcurrió en silencio.
Al llegar subimos, me quité la chaqueta y la corbata aflojando el cuello de la camisa, me senté en el sofá del salón mientras ella me miraba en silencio.
Fue directa al baño y yo busqué la grabación que había tomado de su infidelidad, seleccioné una parte, en la que hablaban de sus planes para cuando estuviera casada y cuando la tenía preparada me acerqué hasta el baño donde ella estaba sentada en la taza del váter con el vestido subido arremangado en la cintura y, claro está, sin que la tanga apareciera por ningún lado.
– No te desnudes Lore… Tenemos que hablar…
– ¿Hablar? ¿De qué, pedro? No me asustes…
– Veras, poco antes de que llegaras al café he recibido un WhatsApp de un número desconocido con una grabación de audio… Escúchala…
Di al play del móvil y lo puse de forma que no pudiera ver que en realidad la grabación era de video, pero el sonido era perfecto y pudo escuchar su propia voz… Abría los ojos como platos, su respiración se aceleró y fingió un amago de mareo. Pero insistí. Con calma pero con seguridad.
– ¿Dónde están tus bragas, Lore? Has estado follando y engañándome durante meses… Realmente le has regalado la prenda que te regalé en nuestro primer aniversario, ¿A quién? ¡¡DÍMELO COÑOOO!! – Grité.
Su rostro demudado era todo un poema. Durante unos segundos, pocos, sentí lástima de ella.
– ¡Lo, lo siento…! No es lo que parece. Yo… yo no…
– ¿Tú no qué Lore? ¿No has estado follándote a ese tipo durante meses burlándote de mí, llamándome cornudo y pitorreándote de tu novio? ¿A cuántos más te has follado? ¿Pretendías quedarte preñada de ese cerdo y endosarme a mí la criatura?
Los sollozos no la dejaban hablar, las lágrimas corrían por sus bellos pómulos, pero ya no merecía mi compasión. Me había demostrado, hasta la saciedad, su total desprecio hacia mí. Y eso acrecentó mi incipiente odio hacia ella.
– Las maletas que compramos para el viaje de boda… Cógelas, llénalas con tus cosas y te marchas de MI casa. Por suerte aún no estamos casados y no tengo ninguna obligación legal contigo. Y si me tocas las pelotas pongo en circulación entre tu familia, tus amigos y tus conocidos un video que me acaba de enviar, supongo que tu puto amante, con toda la acción…
Se levantó de la taza, sin limpiarse fue al dormitorio donde poco antes se revolcaba con su amante y del vestidor sacó tres maletas que fue abriendo sobre la cama, llenándolas con las prendas que quería. Yo tenía un nudo en la garganta, pero no se lo demostré. Cuando terminó me observó suplicante y ante la dureza de mi mirada fue llevando las maletas hasta el pasillo.
– ¿Dónde voy a ir a estas horas? – Dijo con voz queda sin dejar de mirarme.
– Puedes llamar al hijo de satanás que te has estado follando. A ver cómo responde ahora. O mejor aún, dame su número y lo llamaré yo para que venga a recogerte. Por cierto tengo que hablarlo con su mujer, a ver qué piensa de su machito cuando vea las imágenes de vuestro polvo. Porque, no tengas dudas, ese cerdo es el que me ha enviado las grabaciones para joderte del todo a ti. Y yo lo voy a joder a él…
Llorando a lágrima viva abrió la puerta y arrastrando dos maletas me miró desde el descansillo en la puerta del ascensor.
– Lo siento…
– Sí, sé que lo vas a sentir… Pero lejos de mí y de mi casa… No quiero volver a verte jamás, Eres una vulgar zorra que no ha sabido valorar lo que tenías. Te amaba y nadie te querrá jamás como yo, ese será tu castigo. Ahora… Largooo….
Y pasaron los meses… y yo seguía solo, libre.
Lamentablemente…libre y solo.
FIN?
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