Detective Sencler (4): Mujer descubierta.
En la piscina del hotel Langeton, el detective Sencler no busca solo pistas, sino el placer prohibido de las hermanas Nichols. Mientras finges una tragedia amorosa, tus manos y tu lengua desvelan secretos que la policía no pudo encontrar. ¿Cuánto tiempo podrás mantener la máscara antes de que el deseo te delate?
Detective Sencler (4): Mujer descubierta.
1.- Detective Privado Sencler: Una mujer, una pista. (https://www.todorelatos.com/relato/183936/)
2.- Detective Privado Sencler (2): Mujer corrupta. (https://www.todorelatos.com/relato/184234/)
3.- Detective Sencler (3): Mujer cómplice. (https://www.todorelatos.com/relato/184983/)
Retrocedí defendiéndome hasta chocar contra la multitud, aquel tipo era un auténtico gorila y golpeaba como un martillo. Debía estar loco al meterme en el mundo de las peleas clandestinas, pero para seguir con mi plan, necesitaba dinero y ya estaba harto de mendigar. El gentío de alrededor rugía al ver a mi rival atormentarme con ese vendaval de uppercuts que tanto me estaban empezando a costar esquivar, la mayoría quería ver mi cara besando el suelo, sus billetes estaban en la balanza del gorila y no de la mía. Me revolví y regresé al medio del "ring", quería ponerme de nuevo por su zurda para comprobar si volvía a descubrir los riñones a media distancia... Y lo hizo, durante el intercambio de golpes supe que debía aprovecharlo o me machacaría a no mucho tardar. Me llevé una que tuve que encajar, para seguidamente golpearle con todas mis fuerzas en aquel hueco entre sus costillas. Fue un animal herido desde entonces y sólo la vergüenza a ser derrotado por un tipo más pequeño le mantuvo en pie, aunque ya era mío. Jugué con él hasta que, contragolpeando, lo mandé a dormir, después de hacerle pensar que podría recomponerse… Como más se hiere el amor propio.
- ¡Bien, bien joder! - me gritó Richey Preston tan pronto pudo llegar a mi - ¡Me has asustado cabrón, creí que no podrías con él!
- ¿Te he fallado alguna vez?
- Una.
- ¿Cual?
- No me acuerdo ya.
- Jajaja - reí -. Bueno, anda ¿cómo ha ido la recaudación?
- Diez mil.
- ¡Vamos! ¿Tanto?
- A Drogo Cox nadie le había tumbado, y a ti no te habían visto nunca pelear.
- Buenas noticias Richey, muy buenas - le agarré la cara y le besé en un carrillo.
Aquella misma noche, ya de madrugada, reservé habitación en el hotel de lujo Langeton, el tiempo apremiaba, e hice noche en ella. Me despertó temprano el servicio del hotel, a la hora acordada, y me puse a fisgonear. Pregunté a las chicas de la limpieza, a las de la recepción y estuve un rato hablando con el personal de cocina. Era un negocio hermoso del que me hubiese gustado ser gerente, en una mañana casi había conocido a todos sus empleados, por lo menos los del primer turno. Una vez me hube enterado de las habitaciones en las que se alojaban las hermanas Nichols, las hijas del fiambre, subí para revolotear por allí.
- Buuufff ¿hacen casting para contratar a empleadas tan guapas? - adulé a la chica que hacía las habitaciones, un buen piropo nunca falla.
- Jajaja, no me diga eso que me lo voy a creer al final.
- Venía buscando a Agnes Worsley, creo que se aloja aquí, en la suite número once.
- Han salido tres chicas de esta habitación hace un rato, creo que tenían reservada la piscina de la azotea.
No pude evitar sonreír, todo iba sobre ruedas. Me compré un bañador en las tiendas frente a la recepción y subí a la azotea con una botella de vino entre las manos. Había llegado la hora de conocer a la familia de Monty.
- Disculpe señor, aquí no puede estar - me dijo Agnes, la hija mayor, al verme entrar al solárium tan alegremente -. Está reservada la piscina toda la mañana.
Tendría unos treinta y pocos, de figura delgada y atlética. El cabello teñido a rojo fuego le caía sobre los hombros, a una fina camisa blanca que lucía abierta, y de entre esa abertura asomaba su pequeño pero resultón pecho cubierto por un bikini de camuflaje. Ocultaba su mirada tras unas gafotas de sol.
- Lo siento señorita, no lo sabía, estoy tan perturbado por un suceso reciente que apenas me he fijado - había entrado allí sin camiseta y procuré que se fijara en mis abdominales. Sólo llevaba el bañador, otras gafas oscuras y la botella de vino agarrada por el cuello. La maldición siempre funcionaba en casos así.
- ¿Y qué suceso es ese si puede saberse? – preguntó curiosa, no hay nada como poner un buen cebo al anzuelo.
- Mi prometida me acaba de dejar.
- ¿De veras?
- Me llamó esta mañana temprano al hotel y me dijo que no podía impedir que cumpliera sus sueños y que había comprado un billete para viajar a la Patagonia... ella es bióloga sabe.
- Definitivamente eso no se hace por teléfono… ¿Y la botella de vino? ¿Es para celebrarlo?
- No bromeé, necesito reflexionar; evadirme. Pensé que un rato en la piscina a solas con esta botella me ayudaría a comprender su decisión.
- Siéntese aquí si quiere, no se preocupe, no bromearé con el asunto de su prometida - y me ofreció la tumbona junto a la suya, frente a la piscina -. No me vendrá mal a mí tampoco un poco de distracción. Soy Agnes, Agnes Worsley, ¿y usted?
- Encantado Señorita Worsley - y le estreché la mano -, yo soy Templeton Sencler.
- Por favor, llámeme Señora, estoy casada - me aclaró mostrándome la alianza que lo atestiguaba de su anular izquierdo. ¿Pero qué clase de detective sería yo si no supiera una cosa así? Su marido se llamaba Norman Worsley y dirigía una importante empresa cárnica en Maine. Últimamente no habían ido bien los negocios, así se detallaba en el informe policial. A causa de esto y al ser con sus otras dos hermanas las beneficiarias del testamento millonario de Montgomery, para los investigadores de la policía era sospechosa de parricidio.
- Maldita institución la del matrimonio.
- No diga eso señor.
- ¿A usted le va bien?
- Razonablemente - no quitaba mirada a mi paquete, tenía que romper el hielo.
- ¿Una copa de vino? - le pregunté llenando una de las que había en la mesita de la cabecera… ella dudó un instante.
- No veo por qué no.
Bebimos y charlamos un rato distendidamente, yo siempre bordeando las afiladas aristas del deseo y del amor. Continué inventando esa historia de la bióloga; la verdad es que al final me estaba empezando a interesar a mí también.
- Debería bañarse o ponerse a la sombra. Aquí da mucho el sol, se va a quemar.
- No tenía nada de esto planeado, ahora debería estar volando a Utah para casarme. No eché al equipaje ni siquiera un misero protector solar.
- Tengo yo aquí uno, use el mío.
Y así lo hice. Me embadurné el torso con aquella crema y tensé los músculos para que ella pudiera vérmelos bien... Se le dibujó esa expresión en la cara que tan familiar me resultaba.
- Está usted muy fuerte, ¿a qué se dedica?
- Soy instructor militar.
- ¿En serio? ¿por eso esas cicatrices?
- Me alcanzó la metralla de una mina en Vietnam… aquí en el costado izquierdo… ¿Quiere tocarla? - le pregunté arrimándome -. Es suave, una quemadura, el trozo de metal ardía cuando se me clavó.
- Debió dolerle - comentó mientras me la acariciaba.
- Sí lo hizo, un poco más arriba y no estaríamos hablando ahora… Ya que está ¿podría untarme la crema por la espalda?
Dudó de nuevo, pero comenzó a hacerlo y noté sus manos temblar al contacto con mi piel. Ya era mía cuando... aparecieron sus hermanas por la puerta de acceso. Las dos vestían con bañadores de natación de una pieza.
- Hola, ¿y este hombre? ¿Quién es usted?
- Se llama Templeton y es un inquilino del hotel. Le he dejado quedarse aquí con nosotras, ¿sabéis que le ha dejado su prometida esta mañana?
- Qué contrariedad - y las dos hermanas se miraron entre risillas.
- Yo soy Gillian - se presentó la más voluptuosa. Tenía el pelo castaño, pero las mismas hechuras femeninas y atléticas de su hermana mayor.
- Y yo Adeline - veinteañera y de un pelirrojo más natural. También con la bella y esbelta genética de la familia. La menor de la tres era realmente guapa y de mirada intensa.
- Encantado.
- Agnes, me han dicho en recepción que te iban a pasar una llamada a la suite.
- ¿Sabes quién es?
- No, no me lo han dicho.
- Bueno, está bien, voy a atenderla - y antes de salir del solárium miró inquisitivamente a sus hermanas, y estas se rieron cómplices.
Una enorme pérgola daba sombra a las hamacas en las que se habían acomodado Gillian y Adeline. Estaban a la izquierda, un poco alejadas de las nuestras, y desde allí pude escucharlas cuchichear.
- ¡Templeton ¿eh?! - me preguntaron en un momento dado. No sabría decir ahora cuál de ellas.
- ¡Sí!
- ¡Tempy ¿te puedo llamar así?!
- ¡Cómo no, más gente lo hace!
- ¡Tempy, ¿terminó ya nuestra hermana de darte crema por la espalda?!
- ¡No del todo!
- ¡Ven aquí y terminaremos nosotras! ¡Vamos Tempey! - rieron -, ¡Y tráete ese vino!
Llené otras dos copas y fui bajo la sombra que cobijaba a las pequeñas Nichols. Que buen trabajo de concepción había hecho su padre con ellas. Y allí, frete a los cabeceros de sus tumbonas, les ofrecí el blanco a cada una… y se lo bebieron parsimoniosamente, mirándome y relamiéndose al hacerlo, recreándose con el borde del cristal entre sus labios.
- Es un vino dulce.
- Muy dulce - dijo la otra.
- A mí me gustan los besos dulces.
- ¿Tú sabes besar dulcemente? - me preguntó Gillian.
- Y de la otra forma también - le contesté, y ella esbozó una sonrisa al escucharla.
- Acércate a ver.
Lo hice y la besé levemente, rozándole la lengua con la punta de la mía… terminando con un mordisco en su labio inferior; algo fugaz…
- Bufff, es cierto que sabes hacerlo.
- Prueba conmigo - me susurró Adeline ocupando el espacio de su hermana.
A la pequeña le lamí el arco de cupido con apenas un roce, del primer embate. Enseñaba su lengua intentando responder cuando me retiré, siempre me ha gustado guardarme cartas. El rubor en las mejillas y su boca entreabierta lo decían todo.
- ¿Piensas enseñarnos esa manera “no dulce” que tienes de besar? - suplicó Gillian.
- Nunca lo haría en valde.
Fue escucharlo y lanzarse por mí. Nos morreamos, ahora sí con la lengua desatada, y su hermana, quedando suelta, aprovechó para beber, y en un impasse, pasar el vino de su boca a la mía. Esos instantes de ebullición volvían a favorecer la investigación. La mediana se bajó el bañador, y pude contemplar sus redondeados encantos frente a mí; dos bamboleantes hermosuras para la vista. Seguidamente la pequeña imitó a su hermana y de desvistió envidiosa, tan pronto eché mano a uno de ellos. Sin duda eran dos féminas impresionantes en la flor de la vida, tersas y de sex-appeal magnífico y rebosante. Manteniendo ese juego húmedo e intermitente de besos; agarré, sopesé y pellizqué sus tetas a placer, un busto para cada mano, e inconscientemente terminé por acompasar el ansia de mi lengua con el de mis dedos. La maldición actuaba una vez más subordinándonos a su voluntad.
No tardaron mucho en empezar a toquetearme la entrepierna. Adeline, agarrándomela por encima del bañador, le mostró el tamaño a su hermana, y a esta se le abrió la boca ampliando la expresión… seguidamente no pudo contener una sonrisilla, pronosticaba el futuro inmediato y eso le agradaba. Resultó inexorable que mi bañador cayera al suelo, pero no menos que mi polla comenzara a entrar alternativamente en sus bocas. Las pequeñas de los Nichols se miraban cómplices y sonreían, siempre con la intención de torturarme con esas lenguas desatadas. Simularon entonces una vagina con sus labios, apretándoselos la una contra la otra, y yo simulé penetrarla interponiendo mi herramienta entre ellos… y así lo hice varias veces, resoplando al sentir los mordisqueos a los que me sometían por los flancos.
Al estar yo de pie y ellas arrodilladas frente a mí y sobre las tumbonas, sus culos no podían estar de otra manera que no fuera en pompa ¿Cómo puede un hombre resistirse a algo así? Les agarré las nalgas y descendí hasta sus coños rasurados para acariciárselos, deslizando mis dedos a lo largo de sus húmedas rajitas. Era una postura incómoda por lo que, rodeando las hamacas, fui a por esos dos culos prominentes que quedaron frente a mí, desafiantes y hermosos. Primero encaré el de Gillian, se lo abrí con los pulgares y hundí mi cara en él para saboreárselo de varias pasadas longitudinales. Estaba empapado de hormonas. A lengüetazos terminé por penetrarla y revoloteé por su interior hasta atisbar la suplicante expresión en el rostro de Adeline, volvía a envidiar a su hermana; gemía tan ferozmente que su imaginación no paraba de volar. Lo tenía al lado, de un culo pasé al otro y seguí con lo mismo. Ahora fue la pequeña la que aulló a los cuatro vientos, aferrándose fuertemente la toalla de la tumbona sus piernas temblaron con cada lametón. Una vez más ya estaba todo preparado, quería empezar por Gillian y metérsela según estaba, a cuatro patas, pero Agnes volvió en ese momento de atender la llamada, y así, de esa guisa nos pilló.
- ¡¿Pero qué hacéis?!
- Nena no te pongas así, este tipo es la bomba… - sin dejar acabar de hablar a su hermana, Agnes me cruzó la cara. Yo la agarré del brazo y la llevé hasta mí, y desnudo y erecto como estaba le apreté la polla contra sus shorts vaqueros abrazándola para que no se me escapara.
- Eres un cerdo ¿qué hacías con mis her...? - le tapé la boca con un dedo.
- Me dijeron que terminarían de darme la crema solar, y que les llevara un par copas de vino ¿Qué iba a hacer con lo amables que habíais sido conmigo?
- Claro, y por pura amabilidad te las ibas a follar… ¡Suéltame! Quítame esa cosa de ahí abajo.
- Sólo si me das un beso.
- ¿Cómo? - en ese momento y sin dejarla reaccionar la agarré por la cara y la besé utilizando todo el potencial de la maldición. Al separarme de ella me miró consternada. La arrastré hacia las tumbonas y la forcé a sentarse, donde hacía unos instantes había jugueteado con sus hermanas; aunque ellas ya no se encontraban allí, se habían ido a las hamacas al sol y cuchicheaban entre ellas dándonos la espalda.
- ¿Qué quieres de mí?
- Me gustas mucho Agnes.
- Estoy casada por el amor de dios.
- ¿Te ha gustado el beso?
- Nunca me había besado otro hombre que no fuera mi marido.
- ¿Ni siquiera de joven? ¿En la universidad o algo así?
- Nunca
Volví a hacerlo y de nuevo de improviso. Encontré su huidiza lengua y se la acaricié con la punta de la mía. Luego le lamí el cuello y detrás del lóbulo de su oreja y, apartando la fina camisa, le eché mano a ese top de camuflaje de su bikini y se lo sobé a conciencia.
- ¡Ahhhh! ¿Vas a follarme?
- ¿Quieres que lo haga?
- No - dijo con la boca pequeña mientras se terminaba de quitar la camisa.
- Es lo que quería “no follarte” - comencé a desabotonarle aquellos Shorts.
- No me folles entonces - me pidió levantando el culo de la tumbona para que le quitara los pequeños pantalones vaqueros. Una vez estuvieron en el suelo me lancé a por su entrepierna, sin darle cuartel, y se la froté por encima del bikini.
- Buuuuufff.
- ¿Paro? - era una pregunta con truco.
- ¡No, no… ahhhhhh! No pares…
- ¿No te hace esto tu marido?
- No…. ahhhh, no, él apenas me toca… tiene una enfer….. ahhhh - eso lo explicaba todo. Le levanté el sujetador y le chupé el pezón de una de sus tetitas. Ella estaba rendida y sacándole el top por la cabeza le desnudé el torso. Volví a sus tetas y a sobarle el coño por encima de las braguitas. Los cordones de estas discurrían por sus ingles y cada uno de ellos se anudaba a su cadera con dos lazadas. La mayor de las Nichols gimió cuando tiré de la primera lazada; medio de su coño asomó a la intemperie. Esperaba que hiciera lo mismo con el segundo y no reaccionó igual, simplemente levantó las posaderas para que me deshiciera de la última prenda de vestir que le quedaba encima encima. No quería darle tiempo para pensar en su pobre marido enfermo, y agarrándola por la cintura la giré y la puse a cuatro patas, con una pierna en cada hamaca, y quedó ofreciéndome sus encantos medio abierta.
Gillian y Adeline se llevaron la mano a la cara cuando le metí la polla a su hermana mayor. Supongo que, para ellas, Agnes había sido siempre un ejemplo de rectitud. Debió resultarles muy extraño contemplarla en una situación así de embarazosa. De aquel momento sólo añadiré que me costó un poco terminar de penetrarla, ella no estaba muy experimentada que se diga y yo no era de tamaño fácil. Ahora pienso que fue en ese momento en el que debió empezar a enamorarse de mí, para ella significaba tanto en su vida que hasta ese momento había sido de autorepresión, mojigatismo y entrega incondicional a su marido. Yo no era consciente de tal cosa y seguí a lo mío, a los trabajos de perforación que tan bien se me habían dado siempre. Cuando comenzó a temblar y a aullar me separé para observarla. Orgasmo común, fuerte, quizá algo exagerado, pero común al fin y al cabo y no era lo que buscaba.
Sólo una mujer puede mirar así a un hombre, como lo hizo ella al terminar de recomponerse. sentimientos amalgamados de sumisión, deseo, alegría, complacencia… con la expresión ruborizada y atónita. Me agarró el pene y se giró hacia sus hermanas.
- ¡Nenas, ¿no queréis venir?!
- ¡¿En serio?!
- Hay que complacer a este hombretón.
Sin darme cuenta me encontré tumbado boca arriba, y mientras Agnes me pajeaba, las otras se afanaron oralmente con mi virilidad. Resultó ser todo un golpe de suerte aquella reacción de la mayor ya que, si no hubiera llamado a sus hermanas, yo hubiera tenido que forzar una situación similar otro día. El plan abarcaba a las tres y encontrar las mismas circunstancias favorables podía llegar a ser bastante complicado. Gillian, pidió consentimiento a sus hermanas, sólo con una mirada, y sin más se subió encima de mí para guiarme el glande hasta el centro mismo de su sexo, dándome la espalda. Transpiramos ese rato imbuidos por el placer, ella parecía diseñada para tales menesteres y yo fui feliz viendo ese culazo subir y bajar. He de reconocer que en ningún momento estuvo en cuestión mi resistencia, tenía muchas tablas y no me costaba demasiado mantener la erección y el control sobre la eyaculación. Sin embargo, ella no duró mucho más que Agnes, y sus piernas temblaron en otro orgasmo aparatoso pero común.
Turno de Adeline que, como buena envidiosa que era, se colocó sobre mí de la misma manera que Gillian y comenzó a botar enérgicamente, contoneando las caderas en cada empellón para que mi polla se metiera adentro de ella como arrastrada por un fuerte oleaje. Prácticamente había perdido la esperanza con las hijas de Monty, me parecía inconcebible que la menor fuera lo que buscaba, y esperaba otro orgasmo parecido al de sus hermanas. Sin embargo, al llegar al clímax y sacarse mi polla de dentro, eyectó tres chorros incoloros por doquier y gimió de esa manera que había descrito Lily: entre ridícula y graciosa, como si mataran a un cerdito y comprendí entonces que había sido ella la que había contratado a la puta favorita de su padre para que lo asesinara.
Relatos similares
- Hetero: General
Mi nueva experiencia con un nene de 20 años
Llevaban meses calentando el terreno desde la pantalla, pero esta vez no hay filtros ni distancias.
Comparte:Trio mfmDescubrimiento orientacionMirones que se involucran
- Hetero: General
Viendo en directo mi programa favorito
Bajo la mesa negra del estudio, mientras la voz de tu ídolo llena las ondas, tus manos ya no buscan misterio sino placer.
Comparte:Trio mfmMirones que se involucranFantasia cumplida
- Hetero: Infidelidad
Morir una vez más… La vida sigue. (2)
Roberto creyó haber encontrado el equilibrio entre el sexo más desenfrenado y la vida cotidiana, pero Sara le revela que su corazón ya no le…
Comparte:Mirones que se involucranFantasia cumplidaMadurez vs juventud
- Hetero: Infidelidad
Mi vecino me rompió el culo
La lluvia cubría el ruido de sus gemidos, pero no el de la tormenta interna que despertó al escucharlos.
Comparte:Descubrimiento orientacionFantasia cumplidaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Jugárselo todo a una carta
Duncan no busca solo venganza o poder, busca una cura. Pero el precio de la vida de su hermana es demasiado alto para cualquier banco.
Comparte:Mirones que se involucranPoder y controlMadurez vs juventud
- Hetero: Infidelidad
Claudia: De ama de casa fiel a fiel amante.
Llevaba años esperando que alguien la mirara de verdad. Cuando el hombre del chat aparece en su puerta con el pretexto de comprar un sillón, Claudia…
Comparte:Descubrimiento orientacionFantasia cumplidaPoder y control