Claudia: De ama de casa fiel a fiel amante.
Llevaba años esperando que alguien la mirara de verdad. Cuando el hombre del chat aparece en su puerta con el pretexto de comprar un sillón, Claudia descubre que la rutina no tiene nada que ver con el deseo.
Soy Claudia, estoy casada hace cinco años con Pedro, que es un tipo con el que la pasaba bárbaro mientras fuimos novios, luego la rutina de casados lo cambió, o quizá siempre fue así y yo fui la que al profundizar en el sexo se volvió insaciable.
Recuerdo que cuando era virgen y me entregué a él pensaba que era el mejor amante que podría tener y con el paso del tiempo ya casada, me preguntaba cómo era posible que pensara eso, él seguía haciéndomelo como siempre, pero no me satisfacía igual, aún así la idea de serle infiel ni me pasaba por la cabeza.
Con el tiempo nuestros encuentros amorosos se distanciaron, ya no me tocaba y yo me empecé a descuidar, mi autoestima se vio muy disminuía aún así tenía mis curvas y mis dotes que todos alrededor parecían notar a pesar de los kilos de más, menos mi marido.
Un día por casualidad mientras leía relatos eróticos di con el que de una chica que supuestamente encontró un amante por internet, yo no sabía mucho de eso, no era mucho de tecnología ni esas cosas, pero la idea empezó a interesarme.
Fue así que buscando di con las salas de chat de adultos, me parecía lo menos comprometedor, hasta que pedían cam y yo no estaba dispuesta a poner en juego mi honra. Era después de todo una señora casada.
Buscando y buscando como saciar mi calentura, un día que buscaba poner en venta un mueble que ya no necesitaba di con una página de esas donde se ponen avisos de compra venta y vi que también tenían avisos de contacto ahí. Me cree un perfil para poner en venta el mueble y luego de tanto ver avisos me animé a poner uno a ver si alguien ahí quería chatear de manera privada, solo con texto, y respetando mi condición de mujer casada. Hasta ese momento, ingenua yo, no sabía el error que acababa de cometer. Error que pensé me costaría el matrimonio pero solo me abrió las puertas de un mundo que me era ajeno, el de mi propio placer.
Encontré algunos mensajes interesantes pero todos querían algo más así que no encontraba aún uno que pudiera ser mi amante virtual hasta que apareció César, él muy caballero aceptó todas las condiciones que puse y empezamos a chatear intimamente solo por texto, eventualmente me enviaba relatos eróticos o me pasaba videos porno de lo que me haría si pudiera verme. Todo en un tono de respeto mutuo y cachondeo, nunca pensé que hablaba en serio, porque nunca me pareció que estaba violando nuestro acuerdo, jamás llamaba, jamás me pedía fotos ni videollamada, y respetaba mis horarios.
Un par de semanas pasaron y ya entre tanto cachondeo había olvidado por completo el mueble cuando de pronto, una persona a través de una cuenta que no me era familiar en la página me contactó para comprarlo. Me dijo que tendría que verlo de cerca, le envié más fotos y quedamos en que viniera a verlo un sábado que mi esposo no trabajaba.
El sábado llegó y mi esposo justo fue llamado para cubrir a un colega que pidió licencia. Después de trabajar hasta medio día iría a su antiguo barrio a visitar a su mamá y jugar una pichanga. Esto último estaba planeado ya de antemano por eso había citado al posible comprador a las 10am porque sabía que luego del mediodía mi esposo no estaría en casa.
Dado el cambio de planes —mi esposo se fue a las 7am con rumbo al trabajo— pensé por un momento en cancelar la cita con el comprador pero al comentarlo con mi esposo me dijo que el dinero nos venía bien y que el mueble nos ocupaba espacio y que ya ni modo de avisarle a última hora, que llame a mi hermana para que me acompañe si no me sentía segura atendiéndolo sola. Yo sabía que mi hermana no podía ese día porque tenía algo que hacer pero no le dije a mi esposo. Total él tenía razón y seguro nada me podía pasar.
Y de hecho nada malo me pasó, todo lo contrario. Cuando mi esposo volvió no solo tenía el dinero tenía unos cuernos monumentales y una perra por esposa que había sido abierta hasta decir basta, pero no vayamos tan rápido.
A las 10am en punto tocaron a la puerta, yo vestía un pantalón de andar por casa y una camiseta, sin brassier y con tanga debajo del pantalón, vestía unas pantuflas, estaba en mi casa y se me había pasado la hora limpiando, pensé que me daría tiempo de cambiarme. Ya qué, pensé, atendí la puerta.
"Hola, soy fulano de tal, vengo a ver el sillón" me dijo, "hola qué tal", lo hice pasar, "venga le muestro el sillón." Lo llevé a la sala donde lo teníamos en un rincón, "es éste" le dije señalándolo.
Miró el sillón por todos lados, se sentó, se paró, le ofrecí algo para tomar y cuando volvía con unos vasos con limonada helada, me preguntó:
—Señora todo parace conforme pero tengo una pregunta que hacerle, espero no incomodarla.
En ese momento pensé sinceramente que me pediría una rebaja, yo estaba dispuesta a negociar una pequeña rebaja pero no mucha, en verdad nos hacía falta el dinero extra esa quincena.
—No se vaya a ofender, señora, mire, yo estoy buscando un sillón para una cosa específica, quiero tirar ahí con mis hembritas, ¿vio? Especialmente con una que me está volviendo loco, porque se me hace la difícil y yo sé que debe ser tremendo hembrón en la cama.
Su respuesta me dejó impávida y por poco se me cae la bandeja, él se dio cuenta y se apresuró a tomarla de mis manos no sin rozármelas suavemente.
Algo en su respuesta me debe haber calentado porque mis pezones se pusieron duros como la roca. Debí gritarle que se vaya, que era un asqueroso degenerado pero el prosiguió…
—La verdad quisiera comprarlo pero tendría que usted asegurarme que sirve para lo que quiero, tengo que probarlo por mí mismo, tengo que probarte por mí mismo…
—Es usted un….
Se acercó y me robó un beso, pero qué beso, me mojé toda de sentir como me metía lengua y de como apoyaba su bulto contra mi cuerpo, cuando por fin pude separarme de su agarre le iba a tirar una cachetada y él me cogió el brazo y me lo puso detrás mientras sus yemas tocaban sutilmente mi trasero.
—Soy yo, reinita, César, tú eres el hembrón del que hablo, hasta que al fin se me hizo verte, me dijo.
Yo ya más calmada me sonreí, "pero en serio eres tú" le pregunté.
—Claro, lo que pasa es que nunca hemos hablado por teléfono y tengo dos números. Viste, primor. Y tú queriendome pegar cuando bien que te gustó mi beso y mi paquete ¿cierto?
Me ruboricé…. —Quedamos en que solo chat ¿te acuerdas?
—Es que me calientas demasiado y no puedo seguir solo con eso
—¿Cómo diste conmigo?
—Muy fácil, busqué en tu perfil y vi tu anuncio del mueble, no sé cómo no dieron contigo antes. Aunque seguro te buscaron puros misios, yo veo todo ahí porque soy miembro premium y éste, dijo señalándose el paquete, también es premium.
—Pero yo… yo tengo que vender el mueble.
—No te preocupes, ya te dije mi oferta sigue en pie, necesito que me ayudes a probarlo, me tienes loco, tan loco que te compro tu mueble, pero llénalo de tu olor, para recordarte en casita, donde podrás ir a seguir usándolo y te sientas como en casa pero conmigo como tu hombre que te va a cachar como no lo hace tu marido, desde hoy seré tu verdadero marido.
Algo en su palabras tan seguras aunque algo simplonas me volvía loca, me desconocí, nos besamos nuevamente, sin desparpajo, él sabía que mi marido no estaría el sábado en la tarde, le dije para chatear ese día, así que se tomó su tiempo disfrutándome.
Después de fajar bastante rato me quité el polo y vio mis tetas de pezones oscuros caer. Eran hermosas, de tamaño mediano, las disfrutó tanto, las mamó, las besó, mordió mis pezones, los succionó, no recuerdo haber recibido tanto placer de parte de mi esposo, me vine al menos una vez de su labor solo con mis tetas.
Luego me bajó de a poquitos, y besando, el buzo, hasta quedarme en calzón. Se desvistió mientras me miraba casi totalmente calatita.
Me restregó el pene sobre el calzón, yo gritaba que me cachara que me tenía loca ya pero no escuchó.
Me ofreció su pene erecto y me hizo arrodillar delante de él. No sabía que hacer, nunca se lo había mamado a nadie y él me enseñó. Ahora soy una tragasables profesional, vuelvo locos a los hombres con mi boca.
César fue de muchas formas mi primer hombre. Fue el primero con el que lo hice en otro lugar que no fuera la cama. Cuando me tuvo a punto de caramelo me abrió bien las piernas, se puso una de ellas en su hombro y otra en el mueble y me cachó delicioso.
Hicimos el Amor toda la tarde, pidió pizza para almorzar y la pagó como si fuera el hombre de la casa. Me cogió muy rico en hasta entonces mi cama matrimonial, donde fui fiel hasta que él llegó.
Como teníamos tiempo nos bañamos juntos, bailamos desnudos, nos chupamos todo mutuamente, nunca mi marido me chupó la concha hasta que César fue el primero, y digo primero porque han venido otros después, pero él es especial para mí.
Le entregué mi culo virginal. Se fue un momento a la cocina mientras me dejó con la pompa parada, fue por aceite me tiró un poco al culo y a su verga, y despacio, con mucho amor, me fue empujando, sentía una inexplicable confianza en él y el dolor mezclado con excitación era totalmente placentero, entró su cabeza y luego toda su verga que era más grande y deliciosa que la de mi esposo.
Me cogió muy despacio primero y luego empezó a embestirme más y más, grité tanto que pensaba los vecinos me escucharían pero no pasó nada esa tarde, nada que nos interrumpiera. Ya muy entrada la noche como a las 8:30pm se despidió de mí dándome un beso en la boca llena de la leche que acaba de echarme a modo de despedida.
No sé cuántas veces ni de cuántas formas cogimos ese día maravilloso, aprendí tanto en ese full day de sexo. Prometió pasar por el sillón en la semana a horas que no estuviera mi esposo, me dejó la mitad del costo como prenda de pago y se llevó mi calzón como prenda de recuerdo.
Apenas me dio tiempo de bañarme, cambiar las sábanas, tapar el sofá con un trapo para que no se vean las marcas de semén y ventilar la casa. Un poco de ambientador y listo.
Mi marido llegó a las 10pm medio tomado por el full vaso después del futlbito con los amigos y se echó a dormir sin cenar y sin darme una vez más, pero no importaba, mi verdadero marido ahora era César, y en la semana vendría por más, por mucho más.
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