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Historias del complejo turístico (18)

Luca siempre creyó conocer a su esposa, hasta que las mentiras empezaron a acumularse y los horarios nocturnos se volvieron sospechosos. Lo que creía un matrimonio sólido se desmorona cuando una amiga le revela que Laura no es la mujer que él cree, sino una adict al engaño que ya ha destruido el matrimonio de otra. Ahora, Luca debe decidir si enfrentar la verdad o perderlo todo.

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Prólogo

Como todos los días, me senté en el escritorio a revisar las reservas, y entre varias, encontré una que salía de lo normal, como siempre estas son la que llaman mi atención, era una reserva de dos unidades para un fin de semana, para una sola persona en cada una de ellas, pagadas con una misma tarjeta de crédito, pero las reservas con dos nombres diferentes. Lo primero que pensé, fue que quizás fueran amantes y que se estaban haciendo una escapada, sin que nadie sospechara que lo harían juntos.

Llegado el día de arribo, un fin de semana de noviembre, el primero de los dos en llegar, fue Luca, quien había hecho las reservas, y quien también las había pagado.

Fue luego de hablar un poco con él, que me enteré como venía la cosa, y esa misma noche, como se había resuelto.

Poco más de un año después, volvió a encontrar una reserva a su nombre, pero esta vez para cuatro personas, por doce días en el mes de enero, en una sola unidad.

En esta ocasión, pude armar ese rompecabezas que me había quedado inconcluso. La vida de Luca, había recorrido un largo camino, y aquí su historia.

La historia de Luca

Primera parte

Mirando el mar, las olas incansables llegan hasta mis pies, escuchando los ruidos típicos de un día de playa de verano, los niños jugando, los vendedores ofreciendo sus mercancías, gente que camina por la playa aunque aún es temprano, es un día de calor de enero, de esos que te obligan al chapuzón en las frías aguas para no morir de calor, pero no puedo olvidar aquella noche de hace más de un año, a unos pocos metros de aquí, apoyado en el auto, mirando el mar en esa noche fresca de noviembre, bajo un cielo completamente estrellado, y fumándome el enésimo cigarrillo de aquella noche.

Acababa de dejar el complejo “Mi destino”, que paradójico! A partir de ese momento, de esa noche, mi destino habría de tomar un nuevo rumbo, pero aquí me tiene de vuelta, esta vez en otras circunstancias.

Recuerdo estar mirando el horizonte sabiendo que apoyados en el asiento del acompañante, estaban los papeles firmados, no hubo otra opción, no hubo vuelta atrás, no hubo más excusas, no tuve ya más caminos por tomar, más que el que recorrí a partir de ese día.

Soy Luca Crivelli, tengo treinta y seis años, nací y vivo en la ciudad de La Plata, estudié administración de recursos humanos y soy jefe en la oficina de personal, de una de las dependencias del ministerio de salud provincial.

Me llamo Luca por mi abuelo paterno nacido en Italia, quien llegó a nuestro país con su familia cuando tenía nueve años.

Mi padre Silvio Crivelli, siempre tuvo una excelente relación con su padre, y en honor a él, es que llevo su nombre, de hecho, fue mi padre quién continuó con la empresa familiar, luego del fallecimiento de mi abuelo, la antigua carpintería y ebanistería Crivelli.

Mi madre, María de los Ángeles Bordenave, Mary para todo el mundo, docente en escuela pública, docente por vocación y por convicción, y mi hermana Sandra, contadora y responsable de la administración y la contabilidad del negocio familiar, componen mi familia.

Pero mi vida dio un vuelco, un giro de timón obligado por las circunstancias.

Casado con Laura Cáceres, de treinta y cinco años, tuvimos un hijo, Mateo, que en ese momento tenía cuatro años, casi cinco, el ser más importante de mi existencia, por el que daría mi vida sin dudarlo ni siquiera un segundo.

En aquel entonces, mi vida era otra, en ese tiempo creía que todo estaba encaminado en mi vida, pero me equivoqué, cuanto me equivoqué…

Con Laura nos conocimos en una fiesta de cumpleaños de una amiga en común, en realidad, una amiga mía, pero que desde hacía un tiempo compartían las horas de ejercitación en el gimnasio, donde Laura iba tres o cuatro veces por semana.

Aquella noche, conversamos un rato, contándonos cosas de nuestras vidas, fue tan agradable nuestra charla que quedamos en contacto.

Nos volvimos a encontrar varias veces, en ocasiones con los amigos, y también otras, nosotros dos solos.

En ese entonces, Laura me contó que hacía unos nueve meses, había terminado una relación de más de tres años con su novio, al enterarse que este le había sido infiel en varias oportunidades.

También me contó que anteriormente, había tenido otro novio, desde la adolescencia hasta sus veintitrés años.

Yo por mi parte, hacia casi cuatro años, había terminado mi noviazgo con Verónica, porque la relación no daba para más, se había desgastado, ninguno de los dos estaba bien con el otro, y decidimos terminar con nuestro noviazgo.

En esa época no puedo decir que sufrí por la separación, creo que en el fondo no estaba tan enamorado de Verónica.

Luego de varios encuentros con Laura, de sentirnos cada vez mejor cuando estábamos juntos, comenzamos formalmente, una relación de novios, que llegó hasta nuestro casamiento casi un año después.

Laura es una mujer muy hermosa, de pelo castaño claro, ojos color miel, un cuerpo realmente hermoso, un buen par de tetas, no muy grandes, pero que nunca pasan desapercibidas, hermosas piernas y un culo realmente impresionante, de esos que hace darse vuelta a cualquier hombre, incluso también a mujeres.

Como dije, le gusta conservar su cuerpo en forma, por esto es que desde que la conocí, cumple religiosamente con sus rutinas de gimnasio.

Yo por mi parte, no soy ningún modelo de hombre a envidiar, pero tengo lo mío, a pesar de lo que como y lo que tomo, mantengo mi cuerpo casi como cuando era mucho más joven, más bien flaco aunque con espalda ancha y buena musculatura.

Laura trabajaba como agente de ventas de una empresa que comercializa sistemas de alarmas, control de acceso, automatización de puertas y portones y sistemas de video vigilancia. No tenía un horario fijo y se manejaba con citas y visitas a sus clientes, en su mayoría, empresas e instituciones.

Al poco de comenzar nuestra relación, conocí a las tres amigas de Laura, inseparables las cuatro, habían hecho la escuela primaria y la secundaria las cuatro juntas, y desde entonces, siguieron siendo amigas.

Al momento de conocerlas, Ana, Anita, como ellas le decían y Mariela, estaban divorciadas hacía un tiempo y ninguna de las dos tenía hijos, y Mercedes, Mecha para las chicas, estaba casada y con una niña de cuatro años, unos meses más que Mateo.

Era su costumbre, incluso antes de conocernos, juntarse cada viernes, a la tardecita a tomarse un café en invierno o unas cervezas en verano, o en la noche para cenar juntas.

Por supuesto me acostumbré, a sus salidas de los viernes, en alguna ocasión, en que tuviéramos alguna cena o algún compromiso por la noche, se juntaban por la tarde.

Aunque no vienen al caso las comparaciones, Laura era, a mi ver, la más linda de las cuatro, y no porque fuera mi novia, sino porque además de ser, muy linda de cara, tenía un cuerpo que sobresalía, si de un concurso se tratara, diría que Laura era la reina, luego Mecha que era muy bonita, de pelo rubio y ojos claros, aunque delgada, sin curvas pronunciadas, pero bien proporcionada, luego Anita que era la más baja de las cuatro, con poco pecho, pero de caderas anchas y un culo que sobresalía, y por último Mariela, que según Laura, hasta casarse tenía buen cuerpo, pero que había ganado unos cuantos kilos y luego de divorciarse, se estaba tratando de poner a tono, de las cuatro la menos bonita, aunque de todas maneras, sabía hacerse notar, siempre perfectamente arreglada y maquillada.

Al principio la mayoría de los encuentros, eran por la tardecita, y a la hora de cenar muchas veces nos encontrábamos para comer juntos.

Luego que nos casamos, en los primeros tiempos, yo los viernes la esperaba en casa para cenar, pero después de un meses, casi todos los viernes se encontraban por la noche, y a eso de las doce o doce y media, volvía para casa, incluso algunos días que yo aprovechaba para salir con mis amigos, la pasaba a buscar por donde estuviera y volvíamos juntos.

En el primer año de casados, decidimos comprar un segundo auto, para que Laura se pudiera mover en su trabajo, y a partir de allí los viernes salía en su auto.

Después de un tiempo, sus horarios de regreso, se empezaron a estirar, y era normal que llegara a la una o dos de la mañana, al no trabajar ninguno de los dos el sábado, no había problema con la hora de acostarse.

Creo que como toda pareja, la sexualidad en nuestros primeros tiempos, era puro fuego, ninguno de los dos éramos novatos en cuestiones sexuales, y rápidamente nos entendimos en la cama, bueno no solo en la cama, diría yo que no quedó lugar del departamento en qué no lo hubiéramos hecho, la mayoría de las veces empezábamos en el sillón del estar, para terminar en la cama, y luego de un par de rounds, nos íbamos a duchar, y casi siempre volvíamos a repetir en el baño.

En ese tiempo que estuvimos solos, se puede decir que le dimos rienda suelta al placer, dentro de nuestros límites, hemos hecho de todo, por todos lados, por supuesto siempre de común acuerdo.

Laura siempre fue muy calentona, no hacía falta demasiado para excitarla, una mano acariciándole el culo o una sobada de tetas, era suficiente para encenderla.

No puedo decir que soy un portento en cuanto al tamaño de mi miembro, al decir de Laura, tengo “una buena herramienta” no es muy larga, creo que tan solo un poco más que la media, pero bastante ancha.

Laura, desde que nos conocimos, mostró su experiencia en el terreno sexual, me hace unas mamadas de infarto, no me quedó nada de ella por estrenar, ya tenía camino recorrido en todas las prácticas, incluso en el sexo anal, aunque me reconociera, que la mía era la más “gorda” que había entrado en su potente culo.

Al poco tiempo de conocernos, en nuestros primeros encuentros sexuales, me di cuenta que le gustaba que yo tomara el mando, que tuviera la iniciativa, indicándole las posiciones, los lugares, los momentos y las formas, se dejaba llevar y disfrutaba cada cosa que yo proponía, lo que más la ponía, era que yo hiciera o dijera algo que la tomara por sorpresa, como por ejemplo, decirle que se quitara la bombachita estando en un restaurante, o que en un bar fuera al baño y se quitara el corpiño.

Por supuesto hemos hecho nuestras locuras, sexo oral en lugares públicos, en un parque, por la noche hemos tenido sexo en alguna playa, dentro del auto, en la terraza de nuestro edificio, y hasta en el baño de algún bar.

Desde que estuvimos juntos, nunca usamos preservativos, a los dos nos gustaba sentirnos piel con piel, y para evitar embarazos, Laura tomaba pastillas.

Después de dos años de casados, la intensidad y la frecuencia de nuestros encuentros sexuales, fue disminuyendo, no fue de golpe, pero poco a poco, de hacerlo cuatro o cinco veces por semana, pasamos a dos, o incluso una vez, los fines de semana.

Al comienzo del tercer año de casados, decidimos tener un hijo, y Laura a sus veintinueve años, dejó de tomar las pastillas.

Al tercer mes de no cuidarnos, un sábado por la noche, salimos a cenar y me dio la noticia de que estaba embarazada.

Hasta ese momento, esa noticia me hizo el hombre más feliz del mundo.

Durante el embarazo, Laura estaba todo el tiempo caliente, cuestiones hormonales supongo, y volvimos a hacerlo bastante seguido, hasta entrado el séptimo mes, dónde los dolores de cintura y la hinchazón de las piernas, nos bajó un poco el ritmo.

El día que nació Mateo, fue una bendición para mí, lógicamente asistí al parto, que por problemas de dilatación, tuvo que ser por cesárea.

Mateo nació con muy buen estado de salud, y Laura se recuperó bastante rápido, tres días después del parto ya estábamos en casa.

Durante poco más del primer año de Mateo, las juntadas de los viernes con sus amigas, no se interrumpieron, eran en casa.

Yo por supuesto, les preparaba la cena y les servía, mientras ellas chocheaban con el bebé, que iba de brazo en brazo.

A partir de que nació Mateo, tuvimos que coordinar nuestros horarios, para cuando ella volvió a trabajar.

Yo habitualmente salgo a las tres de la tarde, y ella, al retomar el trabajo acomodaba las citas luego de ese horario, para que yo pudiera quedarme con Mateo.

Cuando nuestro hijo tenía un año y medio, Laura volvió al gimnasio, todo el tiempo me decía que se veía gorda, que no podía bajar los kilos que había ganado con el embarazo, que no eran más que dos o tres kilos, y en verdad no la hacían ver gorda.

Cuando Mateo cumplió los dos años, volvieron las salidas nocturnas de los viernes con sus tres amigas.

Por supuesto, en esas ocasiones, yo me ocupaba de Mateo, me encantaba pasar mucho tiempo con él, darle de comer, bañarlo, jugar y llevarlo a dormir.

Desde ese tiempo del embarazo en adelante, nuestra sexualidad no volvió a ser lo que era, entendible para mí, en los primeros meses de Mateo, las pocas horas de sueño, algunas noches en vela, pero al poco tiempo, nuestro hijo ya dormía durante casi toda la noche en su habitación.

Cómo intentaba yo que hiciéramos con todos los temas de pareja, varias veces hablamos sobre nuestra sexualidad, y en casi todas esas conversaciones, Laura me decía que no estaba tan deseosa como antes, que seguramente el embarazo la había cambiado en ese aspecto. No me quedaba otra que acomodarme a la frecuencia de sus apetencias corporales.

Nuestros encuentros sexuales, se había reducido tan solo a los fines de semana, aunque tampoco eran en todos.

Después de algunos meses de volver al gimnasio, cualquiera podría decir que no parecía que Laura hubiera tenido un hijo, su cuerpo había vuelto a ser casi el que era antes del embarazo de Mateo, salvo su culo, que para mi ver estaba algo más grande, pero mucho más deseable, aunque para ella, estaba demasiado culona.

Cómo ya no le daba la teta a Mateo, además del gimnasio comenzó una dieta para bajar esos kilos de más que decía tener.

Los viernes por la noche, de a poco volvieron las cenas hasta altas horas, aunque dejaron de ser cuatro, Mercedes ya no salía con ellas, aunque esto lo supe mucho tiempo después.

Cuando Mateo cumplió los tres años, las salidas de los viernes, eran cada vez hasta más tarde, algunas veces luego de llevar a nuestro hijo a dormir, me quedaba mirando televisión, y otras me iba a la cama, aunque me dormitaba, siempre la escuchaba entrar y sabía a la hora en que había vuelto a casa, claramente cada vez más tarde.

Una noche me quedé mirando una de las series que sigo hasta las tres y media de la mañana, hora en que me fui a la cama, y Laura aún no había llegado.

La escuché llegar, pasadas las cuatro y media de la mañana de ese sábado.

Así cómo fueron cambiando sus horarios de llegada en las madrugadas, también fue cambiando su vestimenta, no fue de un día para el otro, el cambio en su vestuario fue paulatino, pantalones cada vez más ajustados, polleras más cortas, camisas o remeras más escotadas, y tacos más altos.

Aunque no me hacían mucha gracia esas salidas hasta tan tarde, nunca había encontrado ningún motivo para reclamarle, nunca había llegado alcoholizada, o en un estado diferente al que se había ido.

Cuándo en algunas ocasiones, hablamos de sus salidas, y de cómo se habían extendido, siempre me decía que la pasaba muy bien con las chicas, y que habían encontrado un bar con buena música, y se quedaban bailando y charlando sin darse cuenta de la hora.

Un sábado en la madrugada, había batido su propio récord, había entrado a casa a las cinco y diez de la mañana, por supuesto simulé estar dormido.

Al día siguiente, se levantó al mediodía, para la hora de almorzar.

-LUCA: Ayer estaba reventado, Mateo se durmió como a las once y media, y yo a la una ya estaba en la cama, no te escuché llegar, ¿llegaste muy tarde?

-LAURA: No, poquito más de las tres.

¿Porque me había mentido? ¿Por qué estaba tan segura de que yo no la había oído entrar, y podía descubrirla en su mentira?

Esa mentira, el cambio de vestuario y sus horas de llegar, hicieron que se encendieran mis alarmas.

¿Acaso mi esposa estaba haciendo algo a mis espaldas?

Por supuesto me volvió a mentir, en otras salidas, incluso algunos días en la semana, llegaba luego de la hora de cenar, y me decía ella, que era por cuestiones de trabajo, citas con clientes que se extendían más de lo previsto.

Todos estos movimientos inusuales, más la poca sexualidad que teníamos, me hizo desconfiar de ella, esperaba estar equivocado, pero empecé a estar más atento.

Un día en que ella no estaba en casa, se me ocurrió revisar el cajón de su ropa interior, y me encontré con varios conjuntos, realmente muy sexys y que nunca le había visto usarlos conmigo, o al menos no se los había visto puestos.

Una tarde mientras se bañaba, no me pude aguantar, y mire su teléfono, para encontrarme con la sorpresa de que tenía contraseña para desbloquearlo. ¿Había algo en su teléfono que yo no podía ver?

Ya estaban siendo demasiados los indicios de que algo no estaba bien en mi matrimonio con Laura.

A Mateo le encantaba quedarse en casa de mis padres, pasar la tarde o quedarse a dormir en casa de ellos.

Un viernes por la tarde, le dije a Laura que esa noche saldría a cenar con mis amigos, y que llevaría a Mateo a dormir a casa de sus abuelos.

Por supuesto no hubo objeción alguna, Laura se desentendía bastante de todo lo que tenía que ver con Mateo.

Esa noche, en verdad no me junté con mis amigos, salí mucho antes que ella, llevé a Mateo a casa de mis padres y volví para casa, pero no entré. Esperé a que saliera con su auto y la seguí para ver cómo eran sus salidas de los viernes.

Se encontraron las tres en un restaurante, Mercedes no estaba, y en ese momento pensé que tendría algún otro compromiso. Me estacioné a unos metros del local y fumando esperé hasta que terminaran de cenar. Salieron cerca de las doce de la noche, por supuesto las seguí hasta un pub a unas quince cuadras.

Estacioné antes que ellas, y entre rápidamente al bar, era un lugar realmente grande, con mesas en gran parte del salón, una barra cerca de la entrada y otra en la parte posterior, y con gente, mucha gente.

Me ubiqué al final de la barra de atrás y me pedí una cerveza. Entraron las tres, estuvieron un rato paradas hablando y riendo, hasta que se desocupó una mesa de uno de los laterales del bar donde se sentaron. Por la cantidad de gente que se movía dentro del bar, sería difícil que me ubicara a simple vista.

Charlaban y reían las tres, hasta que un hombre se acercó a la mesa, las saludó, y se sentó un momento con ellas. Diez o quince minutos después, ese hombre se fue con Mariela.

Laura y Anita, siguieron en aquella mesa, hasta que cerca de la una de la mañana, fueron a bailar al lugar que quedaba libre entre las mesas, donde ya había gente bailando. Por supuesto se les acercaban un montón de hombres, Laura esa noche estaba con un pantalón blanco muy ajustado, que le marcaba perfectamente el culo y la tanguita pequeña que llevaba puesta, y una camisa negra con algunos botones desprendidos, enseñando el nacimiento de sus pechos.

Los hombres se acercaban y luego de un momento se retiraban, como si los fuera despachando uno a uno, hasta que uno se puso frente a ella, la vi sonreír y vi al tipo tomarla por la cintura.

Entre tanta gente, por momentos, la perdí de vista, pero luego volví a verla nuevamente bailando con ese hombre.

Hablaban muy cerca y ella sonreía ante lo que el tipo le decía, muy cerca del oído.

Los volví a perder de vista entre la gente, y ya no pude volver a verlos, ¿se habrían ido del bar? ¿Estarían en algún otro rincón?

Tampoco volvieron a la mesa, la busqué por todo el lugar con la mirada, sin moverme, luego de varios minutos, de infructuosa búsqueda, decidí volver a casa, seguramente se habrían ido del bar, ¿A dónde?

Sí Laura se había ido con ese tipo, la situación se había complicado aún más, una cosa es que saliera con sus amigas a divertirse, incluso que bailara con otros hombres, pero que de repente desapareciera del bar, solo me daba a pensar, que Laura me estaba siendo infiel.

Salí del bar a las dos y cuarto de la mañana, y pude comprobar que su auto no estaba donde lo había dejado estacionado.

Llegué a casa, veinte minutos después, y me tiré en el sillón, prendí el tv, pero miraba sin mirar, mi matrimonio se estaba yendo por el barranco y no estaba seguro de cómo proceder.

Media hora después, me fui a dormir, aunque dormir es una forma de decir, me acosté pero me quedé despierto hasta que la escuche entrar las a las cinco menos cuarto de la mañana.

Fingí estar dormido, la escuché entrar al baño y darse una ducha, ¿sería para sacarse el sudor por el baile, o para borrar los rastros del polvo ese hombre?

A la mañana siguiente, fui a casa de mis padres a buscar a Mateo, y nos fuimos a almorzar a un restaurante cercano al Paseo del bosque de la ciudad.

Luego de comer, fuimos a pasear por el bosque, Mateo jugó con otros chicos mientras lo miraba desde un banco, sentado a la sombra.

Un rato después, escuché que alguien decía mi nombre, y al darme vuelta, supe quien era, se acercó caminando con su pequeña hija de la mano hasta el banco donde me encontraba.

-MERCEDES: Luca!

-LUCA: Hola Mercedes, ¿cómo estás?

-MERCEDES: Muy bien, ¿y vos?, ella es mi hija Milagros.

-LUCA: Hola hermosa! ¿Viniste a pasear con mamá?

-MILAGROS: Sí, a la calesita!

-MERCEDES: ¿Paseando con Mateo?

-LUCA: Anoche durmió en casa de mis padres, y hoy cuando lo fui a buscar, almorzamos y nos vinimos a jugar un rato al bosque.

-MERCEDES: ¿Y Laura?

-LUCA: Durmiendo seguramente, anoche llegó bastante tarde! ¿Vos madrugaste?

Le pregunté haciéndome el que nada sabía.

-MERCEDES: Anoche no salí con las chicas, bueno, en realidad hace un tiempo que no voy más con ellas los viernes!

-LUCA: No sabía, Laura no me comentó nada! ¿Pasó algo entre ustedes?

-MERCEDES: Bueno, en realidad sí, pasaron cosas que no me esperaba y bueno… ya no salgo con ellas.

-LUCA: ¿Están peleadas?

-MERCEDES: Algo así!

En ese momento, su hija, le reclamaba de ir a la calesita y cuando Mateo vino a tomar agua, le dije si quería ir también a dar una vuelta en calesita.

Fuimos los cuatro caminando, en realidad Mercedes y yo, los chicos iban corriendo.

-LUCA: Perdón Mercedes, no quería ser chusma.

-MERCEDES: No pasa nada, pero hubo hechos que hicieron que me alejara de ellas!

-LUCA: Entiendo si no querés contarme, no te sientas en la obligación de hacerlo.

-MERCEDES: En realidad, creo que te debieras enterar por Laura, no sé si es para hablarlo en este momento.

-LUCA: Te entiendo, si en algún momento necesitás hablarlo, no dudes en llamarme!

-MARCEDES: Quizás en otro momento nos podremos juntar, pero estaría bien que puedas hablarlo con Laura.

Estuvimos un buen rato en la calesita con los chicos, y a eso de las cuatro de la tarde, nos volvimos para casa.

Ese comentario de Mercedes, me dejó pensando, ¿qué era lo que tenía que hablar con Laura? ¿Qué tenía que ver mi esposa en lo que había pasado entre ellas?

Al llegar, me di cuenta que Laura aún dormía, lógicamente, había llegado bien tarde esa madrugada.

Cuando escuchó a Mateo, se levantó y apareció en la cocina, mateo estaba tomando un jugo de naranja con unas macitas.

-LAURA: Hola Amor! Hola Mateo!

A ambos nos saludó como si nos hubiéramos visto hace quince minutos, ni siquiera le preguntó a Mateo como la había pasado en la casa de los abuelos.

Por momentos, ese trato frio y distante con nuestro hijo, me dolía bastante, no parecía su madre.

-LUCA: No te escuché llegar, los chicos se fueron a su casa temprano y a las dos y media ya estaba en la cama.

-LAURA: Llegué como a las tres, pero estaba reventada de tanto bailar!

-LUCA: ¿Se baila en el bar al que van o fueron a algún boliche?

-LAURA: En el bar, después de la una más o menos, todo el mundo se pone a bailar.

-LUCA: ¿Y bailan las cuatro?

-LAURA: Si, siempre las cuatro, aunque hay que andar sacándose a los tipos de encima!

-LUCA: Y sí! Cuatro mujeres solas, deben atraer la atención del público masculino!

-LAURA: Sí! Pero no les damos cabida, nosotras hacemos la nuestra!

-LUCA: ¿Y se van todas juntas del bar? ¿O alguna se va temprano?

-LAURA: Anoche nos fuimos las cuatro juntas, a veces Mercedes se va antes, parece que Julio le tira la bronca cuando vuelve muy tarde!

Queriendo saber hasta dónde llegaban sus mentiras le dije:

-LUCA: Hace un rato hablé con Fernando y me dijo que anoche te vio en el pub Fulen, y que estabas bailando con un hombre!

-LAURA: Sí, anoche apareció Darío Fornari, un compañero de la secundaria que hacía un montón que no veía, nos vimos de casualidad, él estaba con unos amigos, me vio bailando y se acercó a saludarme. ¿No salía con vos Fernando?

-LUCA: Cenó con Fede y conmigo, pero se fue antes, como a la una se encontraba en ese bar con una chica.

-LAURA: Que lástima! Hace un montón que no lo veo, lo hubiera querido saludar!

Después de tan reveladora charla, se fue para el baño y yo me puse a jugar con Mateo.

Me había vuelto a mentir, en la hora de su llegada, en que Mercedes había salido con ellas, cuando yo ya sabía que hacía varios viernes que no lo hacía y seguramente en quién era ese hombre que estaba con ella.

Las mentiras eran cada vez más recurrentes y descaradas, aunque no tenía ninguna certeza de sus infidelidades, estaba casi seguro que las había.

Decidí entonces, tratar de volver a encontrarme con Mercedes, y para eso volví a ir al bosque el sábado siguiente, que por supuesto, Laura volvió a llegar casi al alba.

Nos quedamos con Mateo jugando cerca de la calesita, esperando a que Mercedes fuera también ese día.

Pasada las dos y media de la tarde, la vi acercarse.

-LUCA: Hola Mercedes! Nos volvemos a encontrar! Hola Milagros!

-MERCEDES: Hola Luca! Hola Mateo!

-LUCA: Desde el otro día que Mateo anduvo en la calesita, me dice de volver!

-MERCEDES: Nosotras venimos todos los sábados, es el día en que salimos juntas a pasear!

-LUCA: Nosotros también! Aprovechamos que mamá duerme!

Dicho todo esto delante de Mateo.

Compré unas fichas para los chicos y se subieron a dar unas vueltas.

Nosotros nos sentamos en el banco a un lado de la calesita a conversar.

-LUCA: ¿Seguís sin salir con las chicas?

-MERCEDES: No sé si en algún momento volveré a salir con ellas, desde que pasó lo que pasó, no he querido verlas.

-LUCA: El domingo pasado, intenté que Laura me contara lo que había pasado, pero no me contó nada, aunque no le comenté que nos habíamos encontrado.

-MERCEDES: Hacés bien Luca, no quiero meterte en medio de nuestros asuntos.

-LUCA: No quiero que pienses que quiero meterme entre ustedes, solo que me quedé pensando que pudo pasar para que estés tan enojada con ellas.

-MERCEDES: Te lo contaría pero no quiero que llegues a pensar que quiero crear problemas.

-LUCA: En verdad siento que Laura tiene algo que ver en lo que pasó, pero entiendo que no quieras contarlo.

-MERCEDES: Creo que por el momento, sería lo mejor.

-LUCA: Tengo que ser sincero con vos, la conversación del otro día, me dejó pensando y es por eso que decidí venir hoy para volver a encontrarte, a eso le tengo que sumar las actitudes de Laura en estos últimos tiempos, ella cree que no me doy cuenta a la hora que llega, y ya van varias mentiras, no lo puedo afirmar, pero creo que Laura me está siendo infiel, solo me falta confirmarlo.

-MERCEDES: Creo que en algún momento tendremos que hablar.

-LUCA: En eso estoy de acuerdo! Y en realidad es lo que quiero, hay una faceta de mi esposa que estoy ignorando y necesito saber con quién estoy casado, quien es la madre de mi hijo. ¿Qué te parece encontrarnos en la semana, sin los chicos, para poder conversar tranquilos?

Los chicos iban y venían todo el tiempo y nos demandaban, el momento no era el ideal para conversar de temas que creía, darían luz a mis sospechas.

Quedamos en encontrarnos con Mercedes, en la semana, ella me llamaría, en el momento en que pudiera dejar a su hija con su abuela.

Quedamos para el miércoles a las dos de la tarde, en algún lugar que no fuera muy frecuentado, para poder hablar tranquilos.

Yo salí antes de mi trabajo, y le mandé un mensaje con la ubicación del café donde nos encontraríamos.

Quince minutos después de mí llegada, la vi entrar a Mercedes, a diferencia de los sábados en qué nos habíamos encontrado, venía muy bien arreglada y maquillada.

-MERCEDES: Hola Luca!

-LUCA: Hola Mercedes! ¿Cómo estás?

-MERCEDES: En verdad un poco nerviosa!

-LUCA: Tranquila que no muerdo, solo vamos a conversar!

Traté de aflojar la situación, ya que en verdad la veía algo tensa, aunque que estuviera así no era un buen indicio.

-MERCEDES: No sé si hago bien en conversar con vos.

-LUCA: Si es por eso quédate tranquila, nadie se va a enterar de lo que hablemos, menos que menos Laura, que por supuesto no sabe qué me encontraría con vos.

-MERCEDES: Eso esperaba, no quiero tener más problemas con las chicas que los que tengo!

-LUCA: Tengo que decirte la verdad, lo que haya pasado, me tiene muy intrigado, sobre todo si Laura tiene algo que ver.

-MERCEDES: Luca, te voy a contar algo que ni siquiera ellas saben, hace poco más de tres meses que me separé de Julio.

-LUCA: Cuanto lamento oír eso! ¿Por una infidelidad?

-MERCEDES: No una, varias!

-LUCA: Perdón por la pregunta, no quiero sonar indiscreto ni juzgar a nadie, pero... ¿infidelidades de Julio o tuyas?

-MERCEDES: De Julio por supuesto!

-LUCA: Perdón Mercedes por la pregunta, pero no nos conocemos mucho, y tendría que haber preguntado de otra manera, te pido perdón.

-MERCEDES: Tranquilo! No pasa nada! Tenés razón, no nos conocemos demasiado y no tenés por qué saber qué tipo de mujer soy, o que tipo de matrimonio tenía.

-LUCA: Si tu separación, tiene que ver con qué te peleaste con las chicas, supongo que alguna de ellas tienen que ver.

-MERCEDES: Mucho!

-LUCA: ¿La infidelidad fue con alguna de ellas?

-MERCEDES: Perdón Luca, perdón por lo que te voy a decir, pero estoy muy enojada y dolida con ellas, lo que pasó lo tendrías que saber por Laura, ella es quien debiera de ponerte al tanto de lo ocurrido.

-LUCA: Mecha, claro está que no es intención de Laura, el ponerme al tanto de lo que hace, de hecho, es por eso que necesité hablar con vos, decime lo que tengas que decirme, no creo que sea muy diferente a lo que yo estoy pensando.

-MERCEDES: Desde que te conozco, me pareciste un buen tipo, incluso lo vi cuando Laura estaba embarazada y nos juntábamos en tu casa, y es por eso que creo que tendrías que saber algunas cosas que estoy segura que no sabés.

-LUCA: Por favor, también te considero una buena mina, siempre te vi bastante diferente a las chicas, aunque no hemos tenido mucho trato, veo que sos de otra manera.

-MERCEDES: Desde que nos conocemos, es que no comparto muchas cosas con ellas, aunque no las he criticado, cada quien es dueño de su vida, y no me creo ni mejor ni peor que ellas, solo que muchas cosas no las comparto.

-LUCA: También me pasa con mis amigos, en muchas cosas disentimos, pero no dejamos de ser amigos, nos conocemos bien, y sabemos y aceptamos como somos cada uno.

-MERCEDES: Eso ha sido siempre así, hasta que lo que pasó, rompió con ese acuerdo de amistad, con esos códigos que nos han mantenido unidas con el correr de los años. Luca voy a empezar por el principio.

-LUCA: Por favor!

-MERCEDES: Desde que nos conocemos, nos hemos contado todo, nos hemos bancado y nos hemos tapado en muchas situaciones, con chicos ocasionales, con los novios y con los maridos. Pero hasta hace un tiempo creía que seguía siendo así, que nos contábamos todo, hasta que me di cuenta, que yo quedaba afuera en varias cuestiones.

-LUCA: Te entiendo, esas cosas te ponen mal!

-MERCEDES: Te voy a preguntar algo, pero espero que no lo tomes a mal, ¿Sabés cual fue la causa por la que Laura terminó con Gerardo, el novio que tuvo antes de conocerte?

-LUCA: Por las reiteradas infidelidades de él, eso es lo que me dijo Laura.

-MERCEDES: Me lo imaginé, si te decía la verdad, muy probablemente la hubieras visto de otra manera, o quizás no.

-LUCA: ¿Y cuál es esa verdad?

-MERCEDES: El infiel no fue Gerardo, y ella no fue quien cortó la relación, la infiel fue Laura y en varias ocasiones, hasta que Gerardo la descubrió en su propia cama con otro tipo, y la mandó a la mierda. Perdón por enterarte así, pero la conozco y estaba segura de que no te había dicho la verdad.

-LUCA: Me doy cuenta que no conozco a la mujer con la que estoy casado, pero continuá por favor, quiero saberlo todo.

-MERCEDES: Quizás ya te hayas dado cuenta, pero Ana y Mariela, por lejos, siempre fueron las dos más rápidas de las cuatro, por ser infieles a sus maridos es que también se han divorciado. Nunca las critiqué, en última instancia, es su vida y la viven como quieren, muchas veces hemos tenido discusiones por esos temas, y en todas esas me han mandado a la mierda, diciendo que no me metiera en sus vidas. Allá ellas.

-LUCA: Y supongo que por eso te han dejado afuera de muchos temas.

-MERCEDES: Lo que me dolió, y me alejó de ellas no fue que me dejaran afuera de sus cosas, es más, estoy segura de que tiene otro grupo de whatsapp en el que no estoy.

Lo que más me dolió fue que se metieran con mi marido, en nuestros encuentros siempre decían que los tipos son todos iguales, aunque estén casados, ven una mujer que se les insinúa y se la cogen sin pensarlo. Recuerdo que les dije que para mí, no todos los hombres son iguales, que por ejemplo Julio o vos no eran esa clase de hombres. En ese momento, se rieron de mí, diciendo que estaba equivocada.

-LUCA: Y fueron a por tu marido!

-MERCEDES: Eso mismo fue lo que pasó! Y yo lo descubrí por mensajes en el teléfono de Julio, el boludo no había borrado los mensajes que se habían mandado y cuando lo enfrenté me terminó reconociendo lo que había pasado.

-LUCA: Y Julio cayó…

-MERCEDES: Sí! Cayó como un boludo, no se contuvo y se las terminó cogiendo.

-LUCA: Perdón Mecha, pero tengo que preguntar a cuál de las tres!

-MERCEDES: Perdón Luca, perdón por enterarte así, pero no se la pueden llevar de arriba después de haber estropeado mi matrimonio, sé que la culpa fue de Julio, por no haber dicho que no, pero yo nunca hubiera hecho lo que hicieron ellas, eso no me lo esperaba. Cuando me dijiste de tus sospechas sobre Laura, no quería que te pasara como a mí, que fui la última en enterarme.

-LUCA: Eso quiere decir que Julio se cogió también a Laura!

-MERCEDES: A las tres! Y encima pretendían que les diera la razón! Se justificaron diciendo que si no hubieran sido ellas Julio se hubiera cogido a otras, pero siendo el marido de una amiga, yo nunca lo hubiera hecho, ¿pensarían que después de eso yo seguiría siendo amiga de ellas? Perdón Luca!

-LUCA: No me estás contando nada que yo no imaginara, solo me faltaba la confirmación. Pero por favor necesito que me cuentes todo, estoy seguro que esa no fue la única vez que Laura me fue infiel.

-MERCEDES: Y en eso tenés razón, es una mierda tener que decirte esto, pero te ha sido infiel muchas veces, y en varias instigada por Ana y Mariela.

Hace un tiempo, cuando aún salía con ellas, una noche apareció Ana contando que se había hecho un usuario en una web de contactos y que estaba fascinada con la cantidad de chongos que ligaba, y nos insistió para que también nosotras tengamos un usuario. Yo por supuesto, nunca lo hice.

-LUCA: ¿Laura si?

-MERCEDES: Si Luca, Laura y Mariela también!

-LUCA: ¿Sabés cuál es esa web?

-MERCEDES: Sí, claro! Es…..com y se puede usar desde el teléfono o la computadora.

-LUCA: Laura la debe tener en el teléfono, rara vez la he visto usar la compu, seguramente por eso es que desde hace un tiempo su teléfono tiene contraseña, pero nunca me la dijo.

-MERCEDES: Yo la sé, varias veces me ha pedido que mirará sus mensajes, si no la ha cambiado es cero, cuatro, uno, dos.

-LUCA: Seguramente debe tener un nombre de fantasía en esa web, ¿lo sabes?

-MERCEDES: Sí claro! Nada imaginativo por cierto, es "laurita_69" al menos ese era, qué tiene una foto suya de perfil, con una bikini blanca, pero no se le ve la cara, seguramente podrás reconocerla.

-LUCA: No le conozco una bikini blanca!

-MERCEDES: No me extraña! Te ha ocultado tantas cosas!

-LUCA: ¿Sabes si se ha acostado con alguien de esa web?

-MERCEDES: Hasta donde yo sé, con dos o tres, los citaba los viernes en el bar dónde íbamos, luego de eso ya no supe más.

-LUCA: Antes de esa aplicación de citas, ¿sabes si me fue infiel con otros hombres?

-MERCEDES: Sí, también! Con un tal Pablo y con Darío, qué era compañero nuestro en la secundaria.

-LUCA: Hace un par de viernes, le dije que salía con mis amigos y la seguí, después del restaurante, se fueron a ese bar, y la vi con un hombre. Al día siguiente, le dije que un amigo la había visto con ese hombre, y me dijo que era ese tal Darío, compañero de la secundaria, y que hacía mucho que no se veían.

-MERCEDES: Lamento decirte esto Luca, pero con Darío te fue infiel varias veces, antes y después de casados, es más, con Darío fue con quién la encontró el anterior novio en su casa.

-LUCA: Qué hija de puta! ¿Con qué cara me dice que me ama?

-MERCEDES: Siempre dijo que te amaba, aunque nunca pude entender, cómo amándote, te metía así los cuernos, siempre decía que una cosa no tiene que ver con la otra, qué a vos te ama y con los otros es solo sexo.

-LUCA: Quizás sea una pregunta indiscreta, pero, ¿Alguna vez se quejó del sexo que tenía conmigo? ¿O de mi tamaño?

-MERCEDES: Nunca la escuché quejarse de vos, ni de el sexo con vos, es más, y perdón por la indiscreción, pero siempre dijo que tenías una buena herramienta, y que sabías usarla!

-LUCA: ¿Y entonces?

-MERCEDES: Esa es una buena pregunta, yo nunca le encontré la respuesta.

-LUCA: No sé quién es la mujer con la que estoy casado, ni quién es la madre de mi hijo.

-MERCEDES: Respecto a Mateo, tengo que decirte qué se embarazó por vos, para no perderte, pero no estaba muy convencida de tener un hijo, decía que el cuerpo después de un embarazo, le iba a cambiar mucho.

-LUCA: Ya lo creo, nunca fue la madre que se desvive por su hijo, incluso no ha dejado de ir al gimnasio, alguna vez que Mateo ha estado con fiebre.

Estuvimos conversando más de dos horas, me contó también de la relación que tenía con su ex marido, que nunca pensó que le haría eso, y que no me extrañara qué Ana y Mariela, me buscarán para acostarse conmigo, pero ya encontraría yo la forma de estar un paso por delante de esas dos mujeres.

Ese día llegué a casa, un poco más tarde de lo habitual, Laura me estaba esperando para irse a trabajar, le dije que había tenido una reunión de último momento en el trabajo, y con cara de pocos amigos, ni bien entré, ella se fue.

Ese momento, fue el principio del fin.

Continuará…

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